Valentina Vladímirovna Tereshkova fue la primera mujer que viajó al espacio exterior. El 16 de junio de 1963, con 26 años, despegó como única tripulante de la nave soviética Vostok 6 y completó 48 vueltas alrededor de la Tierra durante tres días.
Tras más de 70 horas de vuelo, abandonó la cápsula el 19 de junio de 1963 y descendió en paracaídas desde 6.000 metros de altura hasta aterrizar cerca de Karaganda, en Kazajistán. Con aquella misión, Tereshkova se convirtió en una pionera de la exploración espacial y en un símbolo de la participación de las mujeres en ámbitos que hasta entonces se consideraban exclusivamente masculinos.

Quién fue Valentina Tereshkova
Valentina Vladímirovna Tereshkova nació en Yaroslavl, en la Unión Soviética, el 6 de marzo de 1937. Provenía de una familia muy humilde y proletaria de la URSS de posguerra.
Su padre perdió la vida en la guerra que desde el invierno de 1939 libraron Rusia y Finlandia. Contando con solo 3 años de edad, la pequeña Valentina se quedó bajo el amparo de su madre y de una hermana mayor.
Las penurias económicas y el avance de la Segunda Guerra Mundial evitaron que Valentina asistiera a la escuela, la cual pudo cursar hasta el año 1945. Según otras biografías, no fue a la escuela hasta los ocho años y abandonó su formación académica pocos años más tarde para trabajar en una fábrica textil.
Trabajó en una fábrica textil mientras completaba sus estudios en una escuela nocturna. A los 17 años abandonó sus estudios, aunque posteriormente continuó su formación hasta graduarse en ingeniería espacial.
Cuando le hacían esta pregunta a Valentina Tereshkova, ella no se lo pensaba, siempre había soñado con ser maquinista. Soñaba con recorrer ciudades y países observando el paisaje mientras conducía un tren y transportaba mercancía y pasajeros desde su cabina.
Pero el destino la llevaría a otra cabina, la de una nave espacial. Las adversidades bélicas no impidieron que Tereshkova acariciara desde entonces, el sueño más grande de toda su vida: “sentirse libre y volar por los aires”.
Su afición por el paracaidismo
Antes de llegar a los veinte, la joven mostró un gran interés por el paracaidismo y se unió al Aeroclub local. Su primer salto lo dio el 21 de mayo de 1959.
A los 22 ya había realizado su primer salto. Al principio le daba miedo aventarse del avión, pero después aprendió muy bien a manipular el paracaídas.
Empleada en 1959, en una fábrica de neumáticos decidió “dar vuelo a su vieja idea y experimentar la libertad”, por lo que, se inscribió en un aeroclub de paracaidismo de la Fuerza Aérea Soviética.
De hecho era muy audaz, se lanzaba desde el avión y hasta el último momento abría el paracaídas. Su experiencia como paracaidista fue decisiva para que pudiera presentarse como candidata al programa espacial soviético.
Para unirse al Cuerpo de Cosmonautas, Valentina Tereshkova se incorporó a la Fuerza Aérea Soviética, gracias a su experiencia como paracaidista. Tras competir con 400 participantes y someterse a pruebas rigurosas, Tereshkova fue dada de alta con el rango de soldado en la Fuerza Aérea Soviética.
La selección para el programa espacial soviético
En 1961, la Unión Soviética había lanzado el programa Vostok, cuyo primer éxito protagonizó Yuri Gagarin al convertirse en la primera persona en salir al espacio exterior. Ahora había que escoger a un candidato para otro vuelo del programa, para el que se buscaba a una mujer.
En aquella época, la ex Unión Soviética (URSS) competía con Estados Unidos para conquistar el espacio. Los soviéticos lanzaron el primer satélite el 4 de octubre de 1957 y luego lo hicieron los norteamericanos.
Y en 1961, la URSS lanzó al primer astronauta al espacio: Yuri Gagarin. Uno de los generales soviéticos leyó que los norteamericanos pondrían a una mujer en el espacio y pensó: “esto es inadmisible”.
Convenció a los demás que había que ganarle a Estados Unidos en esa hazaña. Reclutaron a más de 400 mujeres, una de ellas era Valentina.
Tereshkova reunía todas las cualidades y por ello fue seleccionada. Aunque carecía de la formación adecuada, la agencia del espacio soviética decidió prepararla, junto con otras tres mujeres.
Valentina entrenó durante dos años para ser la mejor cosmonauta. En el Centro de Entrenamiento de Cosmonautas, además de la preparación física, recibió instrucción en temas de matemáticas, meteorología, astronomía, física y navegación espacial.
El programa espacial soviético se mantenía en secreto. Incluso la madre de Valentina desconocía que ella viajaría al espacio.
Se trataba de una misión secreta, así que su mamá no sabía nada, ella pensaba que su hija realizaba prácticas de paracaidismo. La mamá se enteró que Valentina era la primera astronauta mujer cuando unos vecinos le avisaron que su hija estaba en la televisión y ella no lo podía creer.
Les respondió: “están equivocados, esa no es mi hija”. Pero se enteró de la verdad.
La misión de la Vostok 6
El 16 de junio de 1963 una nave llamada Vostok 6 con Valentina Tereshkova como única tripulante fue lanzada con éxito al espacio. Comenzaba la primera andadura espacial femenina.
A sus 26 años, la astronauta rusa Valentina Tereshkova se convirtió en la primera mujer en volar al espacio exterior como única tripulante a bordo de la nave Vostok 6, que dio 48 vueltas a la Tierra en tres días.
| Dato de la misión | Información |
|---|---|
| Nave | Vostok 6 |
| Fecha del lanzamiento | 16 de junio de 1963 |
| Tripulación | Valentina Tereshkova como única tripulante |
| Duración | Más de 70 horas de vuelo |
| Órbitas | 48 vueltas alrededor de la Tierra |
| Regreso | 19 de junio de 1963 |
| Zona de aterrizaje | Karaganda, Kazajistán |
Su nombre en clave era “Chaika”, que significa “gaviota” en ruso. En el contexto de la Guerra Fría, el programa espacial soviético se mantenía en secreto.
La misión estaba programada para llevarse a cabo 10 días antes, pero el Sol tuvo erupciones solares muy violentas y estos rayos cósmicos del viento solar son muy dañinos para los humanos. Esto retrasó la misión.
“Fueron días de angustia para la cosmonauta”. Una vez pasados los rayos cósmicos lanzaron al espacio a Tereshkova y en todo momento tuvo náuseas.
Las dificultades durante el vuelo
Sin embargo, como más tarde reconocería la propia protagonista, el vuelo no fue todo lo plácido que cabía esperar. Durante los tres días de viaje, Tereshkova experimentó fuertes nauseas y jaquecas, las cuales no le impidieron mantener al día el diario de a bordo y llevar a cabo todos los detalles de la misión.
Además, se había producido un error en la programación de la trayectoria y ella misma tuvo que variarla para conseguir que la nave no se alejara de la Tierra y pudiera regresar tal y como estaba previsto.
El primer día reconoció que había una instrucción mal planteada y en vez de regresarla a la Tierra, estaba programado lanzarla hacia el espacio exterior. Era un error de un General, se comunicó para tratar de arreglarlo.
Durante su viaje sideral no descansó, en todo momento estaba pendiente de los aparatos y muy angustiada. Más tarde, el General se enteró de su error y se reconfiguraron las instrucciones para el reingreso de su nave a la Tierra.
Esto fue un secreto por mucho tiempo, porque les prohibieron hablar sobre el asunto que era un “error inadmisible”. Después de 30 años, el general confesó su error y Valentina pudo platicar de ese asunto que la angustió durante su viaje.
“Casi no comió, los alimentos que llevaba no le gustaron, llevaba pasta de dientes, pero no le dieron cepillo. Eran otros tiempos”.
El regreso a la Tierra
Tras 48 vueltas a la tierra y más de 70 horas de vuelo, el 19 de junio de 1963 Tereshkova abandonaba la cápsula de vuelo y terminaba su descenso en paracaídas desde 6.000 metros de altura hasta poner los pies en Karaganda, Kazajistán.
En aquella época las cápsulas espaciales eran esferas y cuando reingresaban a la Tierra se desprendía la parte inferior y el astronauta con un asiento bajaba en paracaídas para aterrizar en un desierto.
“No se sabía muy bien la locación, acaso menos de 28 kilómetros de extensión en el sitio de diámetro donde podían aterrizar”.
En su retorno a la Tierra accionó perfectamente el paracaídas, llegó a una zona desértica donde llegaron unos campesinos y le robaron su paracaídas, porque pensaron que era algo muy valioso.
No se molestó, al contrario, les ofreció de su comida. Los pobladores del lugar entendieron que se trataba de algo extraordinario.
Después ellos mismos le llevaron sopa y pan mientras venían a recogerla. Se había convertido en una leyenda de aeronáutica espacial.

Una hazaña pionera para las mujeres
Valentina Tereshkova abrió camino para las mujeres astronautas. El 16 de junio de 1963, se enteraron de que Valentina Tereshkova había sido la primera mujer en volar al espacio habiendo completado 48 órbitas alrededor de La Tierra.
Aquel día, Valentina se puso al volante de la nave Vostok 6 en solitario y demostró, una vez más, que las mujeres eran igual de capaces que los hombres, “tanto en la Tierra como en el espacio”.
En los años 60, las mujeres no eran consideradas dignas de los mismos derechos que los hombres, y se las consideraba inferiores a ellos no solo física, sino psíquicamente.
La misión de Tereshkova tuvo por ello un significado que superaba el ámbito técnico. Su presencia en el espacio cuestionó la idea de que las mujeres carecían de las capacidades físicas o intelectuales necesarias para participar en la exploración espacial.
El programa Mercury 13 en Estados Unidos
Solo un par de años antes de la hazaña de Valentina, en Estados Unidos se llevaba a cabo el programa Mercury 13, “Woman in Space Program”.
El Mercury 13 empezó siendo un proyecto de investigación de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en el que estudiaban las capacidades de las mujeres para el vuelo espacial.
En principio, barajaban la idea de que el cuerpo de la mujer era más pequeño y ligero que el del hombre, lo que las convertía en pasajeras ideales para los vehículos y trajes espaciales.
En la selección de candidatas, el programa consistía en las mismas pruebas físicas y psicológicas a las que se había sometido a los hombres del programa Mercury 7.
A pesar de la dureza de las pruebas y el escepticismo social que colocaba a la mujer como incapaz de llevar a cabo esta tarea, 13 de las 19 mujeres participantes superaron las pruebas.
Y no solo eso, en muchos casos, las participantes femeninas superaron las marcas de los hombres. “13 de las 19 mujeres que participaron en el programa Mercury 13 superaron las pruebas, en muchos casos mejorando las marcas de los hombres”.
Desafortunadamente, ni el alto nivel de las Mercury, como se las conoce, ni las buenas intenciones del programa, fueron razón suficiente para convencer a algunos hombres de la capacidad de la mujer para desempeñar tareas que hasta entonces habían sido consideradas “de hombres”.
Unos días antes de presentarse a unas pruebas en Florida, donde se someterían a avanzados análisis aeromédicos usando equipamiento militar y un avión a reacción, recibieron un telegrama donde se les comunicaba la cancelación de las pruebas, ya que necesitaban una petición oficial de la NASA.
Pero la NASA no dio vía libre. En los años 60, se había establecido que uno de los requisitos para poder convertirse en astronauta era poseer experiencia en programas de prueba de jets militares.
Todas y cada una de las Mercury eran pilotos con experiencia y logros, pero el entrenamiento con jets militares no estaba disponible para las mujeres.
De alguna manera, estaban enmascarando la discriminación sexual de género con un argumento que, de por sí, estaba basado en esta discriminación.
Algunas de las participantes, indignadas, intentaron sacar adelante el proyecto y decidieron llevar el caso ante el Comité del Senado para restaurar el programa.
Pero no lo consiguieron, no encontraron el apoyo de los astronautas de la época (todos hombres) e incluso algunas de las integrantes se opusieron a admitir que había discriminación sexual de género.
Pero la cancelación del programa Mercury 13, y todos los esfuerzos no fueron en vano. Estas 13 mujeres ya habían demostrado su capacidad para viajar al espacio y su desempeño había abierto los ojos a una parte de la sociedad.
Las mujeres que viajaron después de Tereshkova
Desde aquella misión, ninguna mujer volvió a viajar al espacio hasta casi 20 años después, cuando la cosmonauta soviética Svetlana Savitskaya voló en la misión Soyuz T-7 el 19 de agosto de 1982.
La segunda mujer que fue al espacio fue Svetlana Savitskaya en 1982. Ya en 1983, fue la norteamericana Sally Ryde la primera mujer no soviética que subió al espacio.
En 2014, hace cinco años, ya subiría la primera mujer europea al espacio, la italiana Samantha Cristoforetti.
A partir de ahí, otras mujeres han culminado misiones en el espacio exterior, pero ninguna lo ha hecho de nuevo en solitario.
De las más de 500 personas que han viajado al espacio, poco más de 60 han sido mujeres.
Y ninguna ha llegado a pisar la Luna, aunque la intención de la NASA era que en 2024 la primera mujer llegara a nuestro satélite natural.
La formación y la vida de Tereshkova después del espacio
Tras la misión espacial estudió ingeniería espacial, graduándose en 1969 y obteniendo el doctorado en ingeniería en 1977.
Después de su viaje sideral, Valentina estudió una licenciatura, maestría y doctorado en ingeniería y decidió embonar naves dirigidas al espacio.
Tras su andadura espacial, Tereshkova tuvo su primera hija e inició entonces su carrera política. Poco después de su regreso del espacio se casó con Adrian Nicolaiev, también cosmonauta.
Su hija Elena fue la primera persona cuyos dos padres habían viajado al espacio. La cosmonauta se casó con un astronauta y tuvieron una hija, “la única chica que ha sido hija de dos cosmonautas”.
Al año se divorciaron y ella se casó con otro hombre con quien estuvo toda su vida.
Con posterioridad se interesó por la política y, debido a su prominencia, desempeñó diversos cargos políticos en la Unión Soviética.
Este camino la llevaría a convertirse en miembro del Soviet Supremo y del Comité Central del Partido Comunista. Pero su carrera no terminó con el colapso de la URSS.
La excosmonauta siguió involucrada en política, participó en la Conferencia Mundial de la ONU con motivo del año Internacional de la Mujer en 1975, y en 1982 recibió el premio Simba por su labor de promoción de las mujeres.
Posteriormente se dedicó a la función pública y obtuvo un puesto en el parlamento ruso. Luchó por los derechos de las mujeres, en su momento algunos quisieron minimizar sus logros.
Recibió muchos reconocimientos en su país y en el resto del mundo. A los 76 años se manifestó dispuesta a presentarse como voluntaria para viajar a Marte, su planeta favorito.
El legado de la primera mujer en el espacio
Hoy, Valentina sigue siendo considerada una heroína en la Rusia postsoviética y por su inteligencia y valor, un ejemplo a seguir para muchas mujeres y niñas en el mundo.
Valentina Tereshkova, que se convirtió en la primera mujer en el espacio en 1963, aparece en un traje espacial en esta foto de archivo sin fecha.
Desde entonces, muchas otras mujeres han culminado misiones en el espacio exterior, pero ninguna lo ha hecho de nuevo en solitario.
La primera mujer que viajó al espacio demostró que una mujer podía afrontar una misión espacial completa, soportar un entrenamiento exigente, resolver problemas durante el vuelo y regresar a la Tierra tras completar una hazaña que permanecía reservada a los hombres.
Valentina y Yuri Gagarin visitaron México, en ese entonces Julieta Fierro era muy joven y soñaba con llegar a las estrellas. La astrónoma fue a verlos y le firmaron su libro de física.
“Eso fue un momento muy emocionante para mí”, concluyó.
Para los navegantes de Europa, el nombre de la profesión es astronauta, igual que el de los Estados Unidos. Lo correcto es hablar de cosmonautas cuando nos referimos a las personas pilotos espaciales soviéticas o rusas y taikonautas si son de China.