Bielsa campeón con Vélez: la transformación que llevó al Clausura 1998

Marcelo Bielsa condujo a Vélez Sarsfield al título del Torneo Clausura 1998, en una campaña que confirmó la capacidad del entrenador rosarino para transformar un plantel multicampeón mediante trabajo, disciplina táctica y una propuesta ofensiva. El equipo disputó 19 partidos, ganó 14, empató 4, perdió solo uno y cosechó 46 puntos.

Vélez convirtió 39 goles y recibió apenas 14, mientras que Martín Posse fue el máximo artillero del Fortín con 10 tantos. El 31 de mayo de 1998, aquel conjunto timoneado por el entrenador rosarino le puso el broche de oro a la década de mayor gloria deportiva en la historia de Vélez Sarsfield.

Marcelo Bielsa dirigiendo a Vélez

El desafío de asumir un Vélez acostumbrado a ganar

La empresa no iba a ser para nada sencilla para Marcelo Alberto Bielsa. Es que la vara estaba muy alta desde que un ídolo de la casa como Carlos Bianchi había conducido al equipo que venció al Milan en tierras japonesas por la Intercontinental 1994.

Fue la época dorada para Vélez Sársfield, club que apenas lucía en su vitrina el trofeo del Torneo Nacional de 1968 hasta la conquista del Clausura 93. Luego cayeron en fila la Libertadores e Intercontinental 94, el Apertura 95, la Interamericana, la Supercopa y el Clausura 96.

De golpe, se tuteaba con los más grandes del fútbol argentino e imponía respeto a nivel continental e internacional. Lo paradójico -y que pocos conocen- es que en Liniers habían tentado a Bielsa en el segundo semestre de 1992.

El rosarino había puesto punto final a su primera experiencia como entrenador en Newell’s Old Boys y se marchó al Atlas de México para organizar las “fuerzas básicas” (divisiones inferiores) de la entidad de Guadalajara.

Eduardo Luján Manera se había despedido de la conducción técnica del Fortín y el buzo de DT estaba vacante. Se comunicaron con Mario Zanabria, quien acompañó al Loco en su excursión por suelo azteca y lo advirtió en persona del interés, pero la respuesta fue negativa.

Y allí cerraron de inmediato a Bianchi. Cuántas sensaciones encontradas habrá tenido Marcelo Bielsa cuando el 31 de agosto del 94 Vélez dio el golpe en el estadio Morumbí frente al San Pablo de Telé Santana, su verdugo dos años atrás en al final de la Libertadores que disputó comandando a Newell’s.

Es que la historia entre la Lepra y el Fortín se espejó con dispar desenlace: ambos ganaron 1-0 en la ida como locales (goles de Eduardo Berizzo y el Turco Asad, respectivamente), pero cayeron por el mismo tanteador en Brasil y definieron en la tanda de penales.

La divina fortuna le hizo un guiño a Bianchi desde los 12 pasos luego de burlarse de Bielsa. En el Rojinegro fallaron Berizzo, Alfredo Mendoza y Fernando Gamboa; para los velezanos convirtieron los cinco que ejecutaron: Trotta, Chilavert, Zandoná, Almandoz y Pompei (falló Palhinha para los brasileños).

La llegada de Bielsa en agosto de 1997

El 28 de agosto de 1997 comenzaba una nueva etapa de la mano de un hombre que venía de tierras aztecas. Un hombre con ideales futbolísticos renovados, con tácticas vestidas mediante tintes revolucionarios.

Marcelo Bielsa era el hombre. Un hombre con credenciales basadas y solidificadas en la transparencia y el trabajo. El “Loco” se hacía cargo de un equipo acostumbrado a un estilo de juego que lo había instalado en las marquesinas del fútbol mundial.

Pero él quería cambiar. Era entonces un gran desafío para todos. Para el flamante Técnico. Para los consagrados jugadores.

Bielsa tenía claro que en su segunda travesía en el fútbol nacional habría exigencias importantes por la cosecha de trofeos recién conseguida. Eso no lo espantó.

“El fútbol profesional siempre condiciona al triunfo porque de eso se trata. Es verdad que es una institución que viene de su ciclo más brillante, pero si no fuera así, igual sería necesario ganar. En esto siempre hay que ganar. No veo en el pasado inmediato un condimento que me obligue más que si las cosas no fueran así”, declaró Bielsa tras ser presentado como nuevo entrenador de Vélez en agosto de 1997.

A poco de comenzar el Apertura de ese año, la dirigencia fortinera le avisó a Osvaldo Piazza que no le renovarían el contrato e intentaron repatriar a Bianchi, que había tenido una experiencia con la Roma de Italia.

Los roles se invirtieron: el Virrey dijo “no” y Bielsa les ganó la pulseada a Francisco Ferraro y Manera, los otros nombres que se barajaban.

Tanto a Raúl Gámez, flamante presidente que cuando ya formaba parte de la comisión directiva había propuesto a Bielsa, como al vice Guillermo Pizzoglio, los tentaban sus cualidades como estratega, su pasión por el juego, la inteligencia y creatividad para planificar.

En diálogo con Infobae, Pistola recordó sobre su primer encuentro: “Me enteré que estaba en Rosario y salí en vuelo para allá. Hablé con él a las 10 de la mañana y, cuando llegué a las 3 de la tarde, me sorprendió con todo lo que sabía de Vélez. Conocía a todos los profesionales y también los juveniles. Nos pusimos de acuerdo bastante rápido porque había deseo de que viniera”.

Iba a ser acompañado por sus ayudantes Claudio Vivas y Javier Torrente, más el preparador físico Carlos Kisluk (se sumó al PF del club Gabriel Macaya), el médico Ricardo Coppolecchia y el kinesiólogo Carlos Leoni, entre otros auxiliares.

Aunque contaría con un séquito más numeroso que trabajaría a la sombra: entre ellos, se destacó el por entonces periodista Gabriel Wainer (enviado a Brasil a observar posibles fichajes).

Un comienzo irregular y la resistencia al nuevo sistema

El arranque, el primer semestre, no fue feliz. Vélez finalizó cuarto en el Torneo Apertura y alternaba malas y buenas.

Los nuevos conceptos tácticos esgrimidos por el entrenador chocaban imprudentes contra la fría realidad de los resultados. Arreciaban los rumores de conflictos internos.

Conflictos que no apagaron la llama triunfal de aquel plantel multiganador, que de a poco, se fue adaptando a las exigencias del sabio DT. La planificación a largo plazo que caracteriza a esta Institución acalló voces, prolongó la confianza y redundó en el éxito.

Así la vergüenza que sintió por esos días Bielsa se transformó en promesa para conseguir lo que él y todos finalmente buscaban. “Es mentira que los técnicos deban adecuarse a sus jugadores. El orgullo de los entrenadores no les permite ceder y siempre piensan en imponer sus conceptos”.

Fiel a su estilo. Firme en su objetivo. “Sin la adhesión de los jugadores no hay esquema que sirva”, explicaba por esos días Marcelo.

Y esa adherencia de la que hacía mención comenzó a funcionar no solo dentro del campo de juego, sino también en la banca, en la tribuna y en las oficinas del Club.

Allí se enterraban esos choques duros con los históricos y empezaba a escribirse nuevamente la historia, como un juego de palabras predilecto de un caprichoso escritor de fútbol.

El conflicto con José Luis Chilavert

El arquero paraguayo era uno de los referentes del plantel multicampeón de Vélez Sársfield. De lengua filosa, había declarado en contra de la dirigencia del club: “Es una vergüenza lo que hicieron con Piazza. Esta actitud aceleró mis deseos de irme”.

En los últimos mercados, Chila había coqueteado con River y Boca, pero Gámez y el resto de la Comisión Directiva tenían como política no venderles jugadores a los dos clubes más grandes del país o a aquellos que fueran a pelear por el título.

No obstante, el plantel fortinero era de los mejores pagos del fútbol argentino por salarios y premios. Gámez pretendía a un tipo como Bielsa para evitar la relajación de un grupo que ya había ganado todo.

Con el rosarino se aseguraba el trabajo y la dedicación para repetir el éxito. Antes de presentarse ante el plantel, el DT reflexionó sobre cómo iba a fomentar la motivación de sus jugadores: “Depende de la naturaleza de los futbolistas. Los futbolistas motivables siempre van a ofrecer una grieta o un costado por donde ponerlos y los que no son motivables, aunque uno haga un intento exagerado, no va a conseguir convocarlos”.

Marcándole el vestuario, otro experimentado como el Pacha Raúl Cardozo mencionó ante el periodismo que él prefería la filosofía de Ángel Cappa como entrenador, algo que llegó a los oídos de Bielsa.

Esa frase hizo eclosionar su ira. Bielsa reunió a todos antes de una práctica y utilizó la palabra “cobardía” a la hora de expresarse.

Chilavert, de pocas pulgas, lo interrumpió y le dijo que no iba a permitir que empleara ese término ante jugadores que habían ganado todo. Le enrrostró su frase de cabecera: “Tú no has ganado nada”.

Allí se levantó el telón de una puja interna de liderazgo en la que a Bielsa, desde la dirigencia, le dieron vía libre para hacer y deshacer a su antojo.

Vélez redondeó una buena campaña pero no llegó a pelear por el título junto a River (campeón) y Boca (segundo): terminó cuarto, con 8 ganados, 8 empatados y 3 perdidos.

Chilavert (sin capitanía por la designación de Mauricio Pellegrino) atajaría todo el torneo pese a la discordia reinante con su DT.

Cuando retomaron los trabajos en enero de 1998 para afrontar el Torneo Clausura, el aire se cortaba con cuchillo.

Fue después de una reunión de grupo que Bielsa lo increpó a Chilavert: “Si a usted no le gusta cómo trabajo, váyase”. El paraguayo no titubeó, se paró y se dirigió al vestuario.

“Acá hay 5 jugadores que se tienen que ir atrás de él”, advirtió el entrenador. No voló una mosca, nadie acusó recibo.

El entrenamiento, con experimentados como Víctor Sotomayor (30 años), Zandoná (31), Pellegrino (26), Marcelo Gómez (28), Camps (26), Carlos Compagnucci (29) y Asad (27) prosiguió con ellos y todos los juveniles a los que el entrenador apuntaba explotar.

“El tema con Chilavert lo resolvió él porque lo provocó él. Yo le dije que era el técnico y que hiciera lo que tuviera que hacer. Esos jugadores venían de salir campeón de todo, se hace difícil trabajar con un grupo así”, rememoró Gámez, quien bancó la postura del técnico de turno más allá de que no tenía pergaminos en la institución.

Chilavert puso en riesgo su semestre previo a la Copa del Mundo en Francia por plantársele y fue separado de la pretemporada en el Hindú Club.

Hasta quedó marginado de una serie de amistosos previos a la competencia oficial. Parecía que Pablo Cavallero o Ariel De la Fuente se harían cargo del arco velezano, pero Bielsa dio marcha atrás y propuso una tregua para contar con la estrella guaraní.

Chilavert terminó atajando todos los encuentros y convirtió 4 tantos a lo largo del campeonato (dos de penal, a Boca y Lanús, y dos de de tiro libre, a Gimnasia y Esgrima de Jujuy y Colón).

La igualdad entre el referente y el juvenil

En Liniers todavía se pueden hallar algunas esquirlas de lo que fue la conflictiva relación entre el arquero y el técnico.

Le contó Lucas Castromán a Infobae: “En mi primer día de entrenamiento con el plantel profesional, Marcelo juntó a todos en una ronda como hacía siempre y me presentó ante el grupo. Lo primero que dijo fue ‘usted, señor José Luis Chilavert para mí, Marcelo Bielsa, vale, es y va a ser considerado de la misma manera que usted, señor Castromán, que recién arranca con la Primera’.

Ya está, creo que eso resumió todo para mí, para Chilavert y para el resto del grupo. El tipo no quería explicarle a los 30 tipos lo que pretendía, agarró al referente número 1, al capitán, al que más cobraba, y lo puso a la altura del piojo que se sumaba al plantel.

Usted y usted están a la misma altura. ¿El resto qué iba a decir? Chilavert no iba a hablar porque lo comparó conmigo, Bielsa sabía que Chilavert no se iba a rebajar a hablar con un pibe de inferiores y yo sabía que con Chilavert, que lo tenía ahí arriba, no me iba a pelear porque era un estandarte.

El resto iba a darle para adelante. En 10 palabras resumió todo”.

La exigencia física para Chilavert

En el ya mencionado 0 a 0 entre Vélez y Boca en el que Maradona habló del “baile” que el Fortín le dio al Xeneize en la primera mitad, Diego probó a Chilavert con un remate de tiro libre que obligó al arquero paraguayo a estirarse cuanto pudo para sacar la pelota del ángulo (la bocha dio en la unión entre el palo derecho y el travesaño luego del roce de Chila).

Esa jugada fue la razón de Bielsa para exigirle al guaraní que bajara de peso y se exigiera al máximo otra vez. Sí, así fue.

El Loco colgó en la puerta de la habitación en la que Chilavert concentraba un póster con su imagen sacándole del ángulo el tiro libre a Maradona.

Se había instalado que el arquero estaba un poco excedido de grasas corporales y se excusaba con el consumo de algunas medicinas (corticoides) que tomaba para lidiar con un dolor de rodilla.

“¿Vio la pelota de la foto? Usted la sacó por orgulloso, solo porque el que pateaba era Maradona. Bueno, yo lo quiero así todos los domingos, no importa quién patee”, lo desafió.

Apenas seis semanas después de esa particular charla motivacional, el 1 había bajado 8 kilos.

Del enfrentamiento al respeto

De enemigos íntimos a líderes del éxito de Vélez. Con el tiempo, uno entendió al otro.

Y hasta grabaron una anécdota brillante: Chilavert le había regalado una chomba gris de mangas largas (con la que se lo vio dirigir varios partidos) y le recomendó a Bielsa visitar Manhattan, distrito de la mejor ciudad del mundo, Nueva York, según él.

El diálogo se dio justo antes de la Copa del Mundo que los reuniría en Corea-Japón en 2002. A Chila, que jugaba en el Racing de Estrasburgo de Francia, le sonó el celular.

- José Luis, soy Marcelo Bielsa. Lo llamo para agradecerle porque me demostró que es un gran profesional, en Vélez nunca me tiró el grupo para atrás. Sabe que estoy caminando por la Quinta Avenida y tenía razón, Nueva York es extraordinaria. Lo llamé también para preguntarle dónde había comprado esa chomba que me regaló.

“Bielsa fue uno de los mejores técnicos que tuve en mi carrera”, es la frase que sella el supremo respeto entre ambos.

La preparación táctica y la adhesión del plantel

Pellegrino y Sotomayor, zagueros centrales vueltos en líbero y stopper de la mano de Bielsa para continuar cosechando gloria.

Fernando Pandolfi, una de las piezas de aquel mecanismo que funcionaba de maravillas elogió la labor en el crecimiento individual y grupal, y la influencia del técnico en aquel logro:

“Las charlas de Marcelo eran de una hora con mediocampistas y defensores, y otra hora con mediocampistas ofensivos y delanteros. El quería debatir, no le importaba, no quería tener razón, quería que resolviéramos algunas jugadas.

Nos explicaba que ahora el sistema era muy distinto a lo que estábamos acostumbrados, y que todos teníamos que correr a la par. No había manera de que uno se quedara a la sombra, o volviera caminando, tomando aire.

Todo había que hacerlo para conveniencia del equipo, ordenados tácticamente. En algún momento fue difícil de captarlo, especialmente para los que no eran titulares, pero nos mejoró a todos, por eso no creo que nadie puede hablar mal de Bielsa. ”.

En otra entrevista, Pandolfi manifestó: “La gran mayoría habla bien de él porque es incorruptible en todo. Me refiero a incorruptible en cuanto a sentimientos o poner un jugador por apellido. Jamás.

Siempre ponía a los que mejor estaban. Hace que todos los que estén afuera se rompan el culo, porque sabés que si estás bien, te va a poner. Y dando clases de fútbol todo el tiempo.

Era un tipo que a veces decías: ‘¿qué estamos haciendo?’ Y después, con el correr del tiempo, te das cuenta de que cuando todos hacen lo que él dice, el equipo vuela y te pasa por arriba.

Marcelo te vuelve loco y aprendés muchísimo. Le sacás el jugo por otro lado”.

Ese no fue el único contacto casi inverosímil que tuvo el entrenador con uno de sus dirigidos, ya que con Fernando Pandolfi también protagonizó una charla insólita.

A alguien del círculo íntimo de Bielsa, el Rifle llegó a confesarle: “No te lo tomes a mal, pero ¿viste que a Marcelo siempre le dicen que el maestro esto, que al maestro lo otro? Bueno, mirá, a mí lo único que me enseñó es que ‘con cabello grueso, peine fino, Pandolfi; y con cabello fino, siempre peine grueso’”.

Vale aclarar, Pandolfi se volvió devoto del Loco con el correr del tiempo.

El equipo que nació en el campo

Debut en casa frente a Racing con victoria y con la participación en la red de dos de las principales valores de ese torneo: Patricio Alejandro Camps y Martín Andrés Posse.

Los pequeños en el ataque del Fortín se las ingeniaban para romper cualquier defensa con sus goles y entrega. Y así llegaban triunfos importantísimos.

En la Bombonera, en Jujuy, en Rosario, en La Plata, en Liniers; en donde fuera el equipo se hacía fuerte, y ganaba, y gustaba, y goleaba.

Cualidades de un conjunto que se sostenía con la voz de mando de José Luis Félix Chilavert; con la solidez y la prestancia del capitán Mauricio Pellegrino y de Víctor Hugo Sotomayor; con la fiereza de Flavio Zandoná; con el oficio del Pacha Cardozo;

con el hambre de Claudio Husaín y Carlos Compagnucci; con la clase y el amor propio de Christian Bassedas; con la artillería del Beto Camps y la velocidad del Cholito Posse.

Y quedaron perlas inolvidables: los infinitos cabezazos de Darío Husaín y Posse en la goleada ante Colón, el bombazo del chiquilín Castromán para enmudecer la Bombonera, el último capítulo en La Plata ante Gimnasia, con una formación repleta de pibes.

Bielsa fue locura cuerda. Locura sostenida desde las cercanías a la línea de cal con ese andar nervioso.

Cordura en su defensa a rejatabla de un dibujo ofensivo, audaz y prágmatico, apoyado en intérpretes inteligentes para llevarlo a la acción y transformarlo en resultados positivos.

La campaña del Clausura 1998

DatoRegistro
Partidos disputados19
Victorias14
Empates4
Derrotas1
Puntos46
Goles convertidos39
Goles recibidos14
Máximo artilleroMartín Posse, 10 tantos

El equipo comenzó el campeonato con un triunfo ante Racing por 2-0 en el José Amalfitani. Patricio Camps abrió el marcador en el primer tiempo y Martín Posse amplió la ventaja en el complemento.

En la segunda fecha, Vélez venció 2-1 a Gimnasia y Tiro de Salta en el Gigante del Norte. Martín Posse y Patricio Camps marcaron los goles del conjunto de Bielsa.

La tercera jornada terminó con una nueva victoria en casa: Vélez derrotó 3-0 a Unión de Santa Fe, con dos goles de Patricio Camps y uno de Carlos Cordone.

En la cuarta fecha llegó uno de los triunfos más significativos del torneo. Vélez venció 3-2 a Boca Juniors en La Bombonera, con goles de Lucas Castromán, José Luis Chilavert y dos tantos del equipo local en contra de la secuencia del partido.

La campaña también incluyó un empate sin goles ante Platense y una victoria por 1-0 frente a Newell’s en Rosario, con gol de Patricio Camps.

Vélez empató 0-0 con Argentinos Juniors, cayó 2-1 ante San Lorenzo y luego venció 2-1 a Estudiantes de La Plata.

El conjunto de Bielsa recuperó impulso con un contundente 3-0 ante Independiente. Patricio Camps marcó dos goles y Darío Husaín completó la cuenta.

En Jujuy, Vélez superó 2-0 a Gimnasia con goles de Christian Bassedas y José Luis Chilavert.

El 19 de abril de 1998, el equipo protagonizó una de las goleadas más recordadas del campeonato. Vélez derrotó 6-1 a Colón en el José Amalfitani.

José Luis Chilavert, Martín Posse, Federico Domínguez, Carlos Cordone y Darío Husaín participaron de una goleada que reflejó la potencia ofensiva del campeón.

El partido ante Racing

Fecha: 1ª 17 de febrero de 1998. Estadio: José Amalfitani. Árbitro: Aníbal Hay.

VÉLEZ SARSFIELD 2 José Luis Chilavert; Flavio Zandoná, Sebastián Méndez, Mauricio Pellegrino, Raúl Cardozo; Lucas Castromán (87’Federico Domínguez), Marcelo Gómez, Fernando Pandolfi (65’Rodrigo Bilbao); Martín Posse, Patricio Camps, Carlos Cordone (57’Carlos Compagnucci). DT: Marcelo Bielsa.

RACING CLUB 0 Albano Bizarri; Andrés Gaitán, Carlos Galván, Claudio Úbeda, Carlos Mac Allister; Pablo Michelini, Javier Lux, Pablo Bezombé (56’Martín Perezlindo), Gastón Córdoba; Maximiliano Estévez, Martín Vilallonga. DT: Ángel Cappa.

Goles: PT: 10´Patricio Camps; ST: 2´Martín Posse. Expulsados: ST: 9´ Marcelo Gómez.

La victoria en la Bombonera

Fecha: 4ª 28 de febrero de 1998. Estadio: La Bombonera. Árbitro: Ángel Sánchez.

BOCA JRS 2 Oscar Córdoba; Sergio Castillo (46’Luis Calvo), Jorge Bermúdez, Néstor Fabbri, Rodolfo Arruabarrena; Nolberto Solano, Diego Cagna, Juan Román Riquelme (86’Ariel Rosada), Diego Latorre; Guillermo Barros Schelotto (65’Claudio Caniggia), Martín Palermo. DT: Héctor Veira.

VÉLEZ SARSFIELD 3 José Luis Chilavert; Flavio Zandoná, Sebastián Méndez, Mauricio Pellegrino, Raúl Cardozo; Lucas Castromán (85’Rodrigo Bilbao), Carlos Compagnucci, Fernando Pandolfi (46’Darío Husaín); Martín Posse, Patricio Camps, Carlos Cordone (71’Christian Bassedas). DT: Marcelo Bielsa.

Goles: PT: 27´Lucas Castromán, 40´Martín Palermo; ST: 6´Rodolfo Arruabarrena, 15´Diego Latorre, 43´José Luis Chilavert (penal). Expulsados: ST: 42´Néstor Fabbri.

La goleada ante Colón

Fecha: 12ª 19 de abril de 1998. Estadio: José Amalfitani. Árbitro: Horacio Elizondo.

VÉLEZ SARSFIELD 6 José Luis Chilavert; Sebastián Méndez, Víctor Sotomayor, Mauricio Pellegrino, Raúl Cardozo (73’Federico Domínguez); Carlos Compagnucci, Christian Bassedas, Fernando Pandolfi (66’Carlos Cordone), Patricio Camps; Martín Posse (70’Lucas Castromán), Darío Husaín. DT: Marcelo Bielsa.

COLÓN (Santa Fe) 1 José Pablo Burtovoy; Hernán Suárez, Luis Medero, Pablo Morant, Dante Unali; Marcelo Saralegui, Marcelo Goux, Nelson Agoglia; Pedro Uliambre, Esteban Fuertes (38’Claudio Javier Marini), Gustavo Sandoval (59’Cristian Castillo). DT: Daniel Córdoba.

Goles: PT: 12´Marcelo Saralegui, 33´José Luis Chilavert; ST: 5´Martín Posse, 8´Martín Posse, 38´Federico Domínguez, 43´Carlos Cordone, 44´Darío Husaín.

Expulsados: PT: 31’Pablo Morant. Incidencias: PT: 33’ José Pablo Burtovoy le contuvo un penal a José Luis Chilavert.

Los números de un campeón dominante

Vélez fue un campeón con mayúsculas y que no dejó ninguna duda. Su derrotero en el Torneo apabulla con la elocuencia de los números.

“No es un revancha. Estoy feliz, pero el campeón es el mejor solo por un rato. Creo que la clave fue que este plantel es duro mentalmente”, reconocía por esa época Marcelo Bielsa en el vestuario ganador en medio de los festejos.

Los números del Vélez de Marcelo Bielsa en la 97/98 fueron arrolladores. Cosechó 78 puntos y aventajó a River (segundo) y Boca (tercero) en la tabla general.

Fue el equipo que más victorias consiguió (22, contra las 21 del Millonario y el Xeneize), el que menos perdió (apenas 4 cotejos), el que más goles convirtió (81) y el que menos recibió (37), a pesar de muchos siempre le achacaron tener endebles defensas como contrapunto de sus poderosos ataques.

Velez Campeon Clausura 1998 | Futbol de Primera

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