Herpes zóster: primeros síntomas y cuándo consultar

Los primeros síntomas del herpes zóster suelen ser dolor, ardor, hormigueo, picazón, entumecimiento o una marcada sensibilidad en una zona concreta de la piel. Estas molestias aparecen generalmente en un solo lado del cuerpo o de la cara y pueden comenzar entre 1 y 5 días antes de que se observe la erupción, aunque en algunos casos aparecen días o incluso semanas antes.

Después surge una erupción formada por pequeñas vesículas agrupadas y llenas de líquido, que siguen el trayecto de un nervio, normalmente en forma de una franja unilateral. Reconocer esta fase inicial es importante porque los medicamentos antivirales son más eficaces cuando se empiezan dentro de las primeras 72 horas posteriores a la aparición de la erupción.

Qué es el herpes zóster

El herpes zóster, también conocido como culebrilla, es una infección viral que causa una erupción dolorosa en la piel. Está causado por el virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela.

Después de tener varicela, el virus no desaparece: permanece latente en los ganglios nerviosos durante años o incluso décadas. Cuando el sistema inmunitario se debilita, el virus puede reactivarse, desplazarse por el nervio afectado hasta la piel y provocar la erupción característica.

El nombre popular «culebrilla» hace referencia a la distribución en franja o banda que suele seguir el trayecto de un nervio, conocido como dermatoma. La erupción aparece habitualmente en un solo lado del cuerpo.

Primeros síntomas del herpes zóster

Dolor, ardor o sensación de quemazón

El dolor suele ser uno de los primeros signos del herpes zóster. Puede describirse como ardor, quemazón, dolor punzante, pulsátil o eléctrico, y puede variar de leve a intenso.

Por lo general, aparece en una zona específica del cuerpo, sigue el recorrido de un nervio y afecta únicamente a un lado. Las áreas más frecuentes son el tronco, las costillas, la espalda, la zona lumbar, la cara y, en algunos casos, un brazo o un muslo.

Hormigueo, picazón o entumecimiento

Algunas personas notan cosquilleo, hormigueo, picazón o entumecimiento en la zona donde posteriormente aparecerá la erupción. Estos síntomas pueden confundirse con una irritación de la piel, una contractura, una alergia o un problema nervioso de otra causa.

La sensación puede mantenerse aunque todavía no existan lesiones visibles. En algunos casos, el dolor aparece sin sarpullido, una presentación poco frecuente conocida como zóster sine herpete.

Hipersensibilidad al tacto

La piel puede volverse extremadamente sensible. Incluso el roce de la ropa, las sábanas o una caricia puede resultar doloroso o producir una sensación de quemazón.

Esta sensibilidad aumentada puede acompañarse de dolor superficial, aunque la piel todavía parezca normal a simple vista.

Fiebre, cansancio y malestar general

En algunos casos, los primeros síntomas incluyen fiebre baja, dolor de cabeza, escalofríos, fatiga, malestar general, dolor abdominal o molestias musculares.

Estos síntomas generales no aparecen en todas las personas y pueden ser más difíciles de distinguir de los signos de otras infecciones.

Cómo evoluciona la erupción

Primera fase: manchas y enrojecimiento

Después de la fase inicial de dolor, ardor, picazón u hormigueo, aparece un enrojecimiento localizado de la piel. La zona suele corresponder al mismo territorio donde comenzaron las molestias nerviosas.

La erupción normalmente se limita a un lado del cuerpo o de la cara y no cruza la línea media. En el tronco puede extenderse desde la espalda hacia el pecho siguiendo la línea de las costillas.

Segunda fase: vesículas agrupadas

Las manchas rojas evolucionan rápidamente a pequeñas vesículas llenas de líquido. Las ampollas suelen agruparse en racimos y seguir el trayecto de un nervio.

El sarpullido suele aparecer como una única franja en el lado izquierdo o derecho del cuerpo. También puede localizarse en la cara, la frente, la nariz o alrededor de un ojo.

Erupción de herpes zóster en banda unilateral

Tercera fase: ampollas, costras y cicatrización

Las vesículas pueden romperse y formar costras al cabo de unos días. En general, las ampollas duran entre 7 y 10 días, mientras que las costras suelen desprenderse entre 2 y 4 semanas después del inicio del sarpullido.

La erupción activa suele resolverse en 2 a 4 semanas, aunque algunas lesiones pueden dejar cambios temporales de color o cicatrices residuales.

El dolor agudo suele mejorar durante ese mismo período, pero puede persistir durante meses o incluso años, especialmente en personas mayores.

Dónde aparece con mayor frecuencia

Herpes zóster en el torso

El torso es una de las localizaciones más habituales. La erupción puede aparecer en un lado del pecho, la espalda, las costillas o la zona lumbar y adoptar una forma de banda.

El dolor puede preceder a las lesiones visibles y, en ocasiones, puede confundirse inicialmente con dolor muscular, costal o de espalda.

Herpes zóster en la cara

Cuando el virus afecta al nervio trigémino, la erupción puede aparecer en la cara, la frente, la nariz o alrededor del ojo. Esta localización requiere especial atención porque puede comprometer estructuras oculares.

Las ampollas o el dolor cerca del ojo o en la nariz son señales para buscar atención médica de inmediato.

Herpes zóster oftálmico

Cuando el virus afecta la rama oftálmica del nervio trigémino, puede producir dolor alrededor del ojo, enrojecimiento, sensibilidad a la luz o ampollas en la frente y la nariz.

Esta forma puede causar queratitis, uveítis, glaucoma secundario, cicatrices en la córnea o pérdida temporal o permanente de la visión. Requiere atención especializada urgente.

Herpes zóster cerca del oído

Si el herpes zóster aparece dentro o cerca del oído, puede causar problemas de audición o equilibrio, dolor de oído, vesículas en el pabellón auricular y debilidad de los músculos de un lado de la cara.

La combinación de dolor de oído, ampollas, parálisis facial, pérdida auditiva o vértigo puede corresponder al síndrome de Ramsay Hunt y requiere valoración médica urgente.

Señales de alerta

El herpes zóster requiere evaluación médica, especialmente cuando el dolor o la erupción son intensos. La consulta debe realizarse de inmediato si aparecen ampollas o dolor cerca de un ojo o en la nariz.

  • Dolor o ampollas alrededor del ojo, en la frente o en la nariz.
  • Enrojecimiento ocular, sensibilidad a la luz o cambios en la visión.
  • Confusión, debilidad, parálisis facial, pérdida auditiva o vértigo.
  • Erupción muy extensa o localizada en varios dermatomas.
  • Fiebre alta, superior a 38,5 °C, con mal estado general.
  • Herpes zóster en una persona con VIH, cáncer, trasplante, quimioterapia o tratamiento inmunosupresor.

Las personas con sistemas inmunitarios debilitados tienen mayor riesgo de presentar una erupción generalizada y complicaciones graves, como neumonía, encefalitis, hepatitis o afectación de otros órganos.

Por qué se produce

Para desarrollar herpes zóster es necesario haber estado previamente en contacto con el virus varicela-zóster. Después de la varicela, el virus permanece en estado latente en el sistema nervioso.

La reactivación puede producirse cuando disminuye la capacidad del sistema inmunitario para mantener el virus controlado. El riesgo aumenta con la edad y también puede elevarse durante períodos de estrés intenso, enfermedad o tratamiento con medicamentos que debilitan las defensas.

Quién tiene mayor riesgo

Factor de riesgoRelación con el herpes zóster
Edad mayor de 50 añosEl sistema inmunitario tiende a debilitarse con la edad.
Sistema inmunitario debilitadoEl VIH, el sida, algunos tipos de cáncer y el trasplante de órganos pueden aumentar el riesgo.
Medicamentos inmunosupresoresLos corticoides, la quimioterapia, la terapia biológica y los medicamentos contra el rechazo pueden favorecer la reactivación.
Estrés prolongadoLos períodos de mucho estrés pueden debilitar temporalmente el sistema inmunitario.
Determinadas enfermedadesLa diabetes, la nefropatía crónica y la enfermedad pulmonar pueden incrementar el riesgo.
Antecedente de trauma o cirugíaPuede desencadenar la reactivación local en el dermatoma correspondiente.

Cualquier persona que haya tenido varicela puede desarrollar herpes zóster, aunque la mayoría de los casos se presentan en personas mayores de 50 años.

Es poco frecuente tener herpes zóster más de una vez, pero puede ocurrir. Las recurrencias son más probables en personas inmunodeprimidas.

¿Es contagioso el herpes zóster?

El herpes zóster en sí no se contagia de una persona a otra. Sin embargo, el líquido de las vesículas puede transmitir el virus varicela-zóster a una persona que nunca tuvo varicela o que no recibió la vacuna contra esa enfermedad.

En ese caso, la persona expuesta desarrollará varicela, no herpes zóster. El riesgo de transmisión es bajo si la erupción permanece cubierta.

Las personas con herpes zóster no pueden propagar el virus antes de que aparezcan las ampollas ni después de que todas las lesiones hayan formado costras.

Para reducir el riesgo de transmisión:

  • Mantenga la erupción cubierta.
  • No toque ni rasque las lesiones.
  • Lávese las manos con frecuencia.
  • Evite el contacto directo con el líquido de las ampollas.
  • Manténgase alejado de personas embarazadas que no hayan tenido varicela o no estén vacunadas.
  • Evite el contacto con recién nacidos, bebés prematuros y personas con sistemas inmunitarios debilitados.

Cómo se diagnostica

En la mayoría de los casos, el diagnóstico es clínico. El profesional de la salud reconoce la erupción característica en banda unilateral y la relaciona con el dolor neuropático y los antecedentes médicos.

No suelen ser necesarios exámenes de laboratorio de rutina. Si la erupción es atípica, el diagnóstico es incierto o la persona está inmunodeprimida, se puede tomar una muestra del líquido de una vesícula o del tejido de la lesión para analizarla en el laboratorio.

La PCR del líquido de las vesículas es una prueba de alta sensibilidad y especificidad para confirmar la presencia del virus varicela-zóster. También pueden utilizarse la inmunofluorescencia directa o, en casos seleccionados sin lesiones cutáneas evidentes, pruebas serológicas.

Tratamiento y momento de consulta

No existe una cura que elimine el virus del organismo, pero los medicamentos antivirales pueden reducir la duración y la intensidad del episodio y disminuir el riesgo de complicaciones.

Los antivirales utilizados incluyen aciclovir, valaciclovir y famciclovir. El tratamiento es más eficaz cuando se inicia dentro de las primeras 72 horas posteriores a la aparición de las ampollas.

Por eso, ante un dolor o ardor localizado en un solo lado del cuerpo, especialmente si aparecen vesículas, es importante consultar lo antes posible y no esperar a que la erupción se extienda.

Los analgésicos pueden ayudar a controlar el dolor. Según su intensidad y características, el profesional sanitario puede indicar paracetamol, antiinflamatorios u otros medicamentos para el dolor neuropático.

Cuidados de la piel

  • Mantener las lesiones limpias y secas.
  • No reventar las ampollas.
  • No rascarse la erupción.
  • Aplicar compresas frías y húmedas para aliviar el ardor y la picazón.
  • Utilizar loción de calamina si el profesional sanitario la considera adecuada.
  • Los baños de avena pueden aliviar parte del prurito.

Rascarse las vesículas puede retrasar la cicatrización y aumentar el riesgo de infecciones bacterianas secundarias.

Complicaciones posibles

Neuralgia posherpética

La neuralgia posherpética es la complicación más frecuente. Consiste en dolor neuropático persistente en la zona donde apareció la erupción, incluso después de que las lesiones cutáneas hayan desaparecido.

El dolor puede durar semanas, meses o incluso años, y puede interferir con el sueño, el trabajo y la vida diaria. El riesgo aumenta con la edad, especialmente en personas mayores de 60 o 70 años.

Complicaciones oculares

Cuando el herpes zóster afecta la cara o el área alrededor del ojo, puede causar problemas oculares y pérdida de visión. La afectación puede ser temporal o permanente.

La queratitis, la uveítis, el glaucoma secundario y las cicatrices corneales son complicaciones que requieren evaluación especializada.

Problemas neurológicos y auditivos

El herpes zóster en la cara puede afectar distintos nervios y provocar parálisis facial, alteraciones de la audición o problemas de equilibrio.

En casos muy poco frecuentes puede producir encefalitis, inflamación del cerebro, mielitis transversa o accidente cerebrovascular.

Infecciones y afectación de otros órganos

Las vesículas pueden infectarse con bacterias y provocar impétigo, celulitis u otras infecciones de la piel.

En personas con inmunosupresión grave, el virus puede generalizarse y causar neumonía, hepatitis, encefalitis o afectación de otros órganos.

Prevención mediante vacunación

La vacunación es la estrategia más eficaz para prevenir el herpes zóster y reducir el riesgo de neuralgia posherpética.

La vacuna recombinante contra el herpes zóster se administra en dos dosis. Está recomendada para adultos a partir de los 50 años y también para personas de 19 años o más que tienen el sistema inmunitario debilitado por una enfermedad o un medicamento, de acuerdo con la valoración sanitaria correspondiente.

La vacuna contra el herpes zóster se utiliza para prevenir la enfermedad, no para tratar un episodio activo. Puede administrarse aunque la persona haya tenido varicela o herpes zóster anteriormente.

La vacuna contra la varicela también puede reducir el riesgo de herpes zóster en etapas posteriores de la vida, porque los niños vacunados tienen menos probabilidades de desarrollar herpes zóster que quienes contrajeron varicela de forma natural.

La vacuna no garantiza que nunca aparezca herpes zóster, pero puede reducir la probabilidad de desarrollar la enfermedad y disminuir su intensidad y el riesgo de neuralgia posherpética.

tags: #herpes #zoster #primeros #sintomas