Qué pasó con el AC Milan: historia reciente, crisis y actualidad

El AC Milan pasó de ser uno de los clubes más poderosos del mundo a atravesar una prolongada crisis deportiva, económica e institucional. El declive comenzó durante los últimos años de la propiedad de Silvio Berlusconi, se agravó con la breve etapa de Li Yonghong y la gestión china, y obligó a Elliott Management a tomar el control del club en 2018.

La recuperación bajo Elliott permitió sanear las finanzas, mejorar la organización y reconstruir el equipo hasta conquistar la Serie A en la temporada 2021/22. Sin embargo, el Milan volvió a sufrir altibajos deportivos y problemas de planificación, por lo que su actualidad debe entenderse como una etapa de reconstrucción todavía incompleta, lejos de la regularidad y del protagonismo europeo de la época dorada.

La época dorada de Silvio Berlusconi

El AC Milan es uno de los clubes más exitosos de la historia del fútbol. El club ha ganado siete veces la Liga de Campeones, cuatro veces la Copa Mundial de Clubes, diecinueve títulos nacionales y cinco veces la Coppa Italia. Esto sitúa al Milan entre la élite absoluta del fútbol europeo.

Silvio Berlusconi ocupó la presidencia del AC Milan desde 1986 hasta 2017. Con él al mando, el equipo italiano conquistó cinco de las siete Copas de Europa que tiene y ocho campeonatos ligueros. 'Il Cavaliere' compró el conjunto rossonero el 20 de febrero de 1986.

Cuando Berlusconi adquirió el AC Milan en 1986 por aproximadamente 10 millones de euros, básicamente salvó al club de la quiebra. El Milan estaba profundamente endeudado y el anterior propietario, Giuseppe Farina, incluso había huido del país.

Berlusconi inmediatamente hizo que el club fuera más ambicioso y, con importantes inversiones, convirtió al Milan en un equipo de talla mundial. Trajo a estrellas, incluyendo al famoso trío holandés de Van Basten, Gullit y Rijkaard.

La llegada de Berlusconi a uno de los mejores equipos de la historia se produjo a lo grande. Se presentó como el máximo dirigente del club aterrizando en helicóptero en el centro del Arena Civida de Milán. El mismo verano Silvio sacó la cartera a pasear fichando jugadores como Roberto Donadoni, Daniele Massaro, Giuseppe Galderisi, Dario Bonetti y Giovanni Galli.

A base de talonario volvió a situar al Milan, durante 21 años en tres épocas diferentes, en lo más alto del fútbol mundial. Cogió a un Milan casi en la ruina y lo transformó en un grande capaz de ganarlo casi todo luchando ante los grandes colosos del Europa.

Por su mano pasaron entrenadores como Sacchi, Capello y Ancelotti y grandes jugadores como Ruud Gullit, Marco van Basten, Kaká, Seedorf o Pirlo que hicieron del Milan uno de los mejores clubes de la historia.

El Milan de Silvio Berlusconi estaba concebido para ser un gran vehículo de comunicación. Debía tener y transmitir clase y estilo, tanto en el juego como en el comportamiento.

La huella que han dejado Arrigo Sacchi, con su revolución técnica, Fabio Capello, con su juego pragmático y Carlo Ancelotti, heredero de los dos, no puede cuestionarla ningún aficionado de este deporte. Ni tampoco el talento de los tres holandeses, Gullit, Rijkaard y Van Basten, o de Shevchenko, Kaká, Pirlo y todos los galardonados con el Balón de Oro que vistieron la camiseta de los diablos rojinegros en estas décadas de triunfos extraordinarios.

Los problemas estructurales de la era Berlusconi

Sin embargo, a finales de la década de 2010, ese éxito parecía cada vez más lejano. Detrás de los trofeos y los éxitos deportivos se escondían problemas que más tarde conducirían al declive.

Si se analizan las bases financieras y deportivas del AC Milan durante la era de Silvio Berlusconi, queda claro que esos problemas habían comenzado mucho antes.

Esto quedó claro en la temporada 2001/02. El Milan gastó 146,5 millones de euros en nuevos jugadores, mientras que solo se ganaron 18,3 millones de euros con la venta de jugadores. Eso supuso una inversión neta de 128,2 millones de euros.

Estos gastos coincidieron con el regreso de Berlusconi como primer ministro de Italia. Por lo tanto, las inversiones en el Milan no solo eran importantes desde el punto de vista deportivo, sino que también reforzaban su imagen personal y política.

Aunque este modelo funcionaba en términos deportivos, era difícil de mantener desde el punto de vista financiero. La estabilidad financiera del Milan dependía en gran medida de la empresa Fininvest, propiedad de Berlusconi.

Durante años, esta empresa compensó las pérdidas del club. Solo en 2010 y 2011, Fininvest pagó 71,7 y 68,9 millones de euros, respectivamente, para cubrir los déficits.

Las cifras de 2010 muestran la magnitud del problema: el Milan tuvo unos ingresos de 227,7 millones de euros, pero gastó 329 millones. La diferencia tuvo que ser compensada por el propietario en cada ocasión.

Incluso en los años en los que el Milan obtuvo beneficios, quedó claro que el club no era financieramente sólido. Estos beneficios se debían principalmente a la venta de jugadores estrella y no a una gestión empresarial estable.

Por ejemplo, la venta de Andriy Shevchenko generó un beneficio de 31,5 millones de euros. La venta de Kaká reportó 4,6 millones de euros, y las ventas de Zlatan Ibrahimović y Thiago Silva, juntas, solo 5 millones de euros.

Esto demostró lo dependiente que se había vuelto el Milan de la venta de jugadores clave. Además, el club invirtió muy poco en la formación de jóvenes.

Para un club financieramente sano, desarrollar su propio talento es a menudo esencial. Sin embargo, bajo la dirección de Berlusconi, el AC Milan apenas logró que los jugadores jóvenes se abrieran paso en el primer equipo. No fue hasta 2011 cuando Mattia De Sciglio lo consiguió.

El éxito se compró principalmente, en lugar de construirse. Cuando el apoyo financiero del propietario se detuvo, quedó claro lo vulnerable que era realmente el club.

Al final del mandato de Berlusconi, el Milan tenía poca deuda, pero el club operaba con pérdidas estructurales. El Milan perdía más de 70 millones de euros al año y dependía completamente del apoyo del propietario.

El principio del declive deportivo

Los rossoneri ganaron su último título de la Liga italiana en 2011 y para el anterior hay que remontarse a 2004. En total, dos Ligas en 18 años.

Además, desde que conquistó su séptima Copa de Europa en 2007 no ha superado los octavos de final de la competición de clubes más importante del mundo. El regreso a los años de gloria parece todavía lejano.

Desde el último doblete de Scudetto y Supercopa en 2011, el Milán ganó sólo un título, la Supercopa italiana de 2016, disputada en Arabia Saudí, gracias al decisivo Gigio Donnarumma, que detuvo el penalti de Paulo Dybala.

La trayectoria del declive estuvo marcada por la pérdida progresiva de líderes. En la siguiente temporada, el conjunto de Allegri sufrió una hemorragia de campeones. Dejaron el fútbol Oddo, Inzaghi y Zambrotta y se fueron Pato, Cassano, Nesta, Van Bommel y Gattuso.

El vestuario casi se quedó sin líderes. En ese momento ya se podía notar el desinterés de Silvio Berlusconi, el presidente de un gran imperio que llevó el Milán sobre el techo del mundo.

El presupuesto para los mercados veraniegos e invernales bajó progresivamente. No se fichaba a los campeones de los mejores conjuntos del mundo sino a jugadores de equipos como el Génova, cuyo presidente, Enrico Preziosi, era muy amigo de Adriano Galliani, histórico director deportivo de la época berlusconiana.

Pasaron de una camiseta a otra hasta 33 futbolistas, algunos con discreto éxito, como El Shaarawy, Boateng o Borriello. Comenzaron a fichar a jugadores de equipos inferiores. Hicieron un auténtico desastre.

Pellegatti no le perdona a Galliani que dejara que la Juve fichase a Carlos Tévez del Manchester City por 15 millones en 2013. En el Milán se incorporó Alessandro Matri, una de las decepciones del ataque rossonero, pagado 11 millones y procedente precisamente de la vecchia signora.

La llegada de jugadores de bajo nivel y el dinero mal invertido llevaron a una diatriba interna entre Galliani y Barbara Berlusconi, a la que Silvio había dejado el control administrativo del club.

La hija del cavaliere criticó en varias ocasiones a Galliani por la gestión del mercado y Pellegatti considera esta relación complicada como otro elemento que contribuyó al declive del Milán.

Para Pellegatti, el gol anulado injustamente a Muntari durante el Milán-Juventus del 25 de febrero de 2012 fue un escándalo que marcó para siempre a los aficionados del equipo entonces entrenado por Massimiliano Allegri.

Ese episodio facilitó a la vecchia signora el empate de Matri tras el tanto de Nocerino que adelantó a los diablos en la primera parte. El Milán perdió la oportunidad para hacerse con su segunda Serie A consecutiva y la Juve consiguió el primero de una racha interminable de scudetti.

Según Pellegatti, "si no hubieran anulado ese gol, el Milán habría ganado la Serie A e Ibrahimovic y Thiago Silva no se habrían marchado para firmar con el PSG".

La inestabilidad en el banquillo

El Milan ha rotado de entrenadores sin consolidar un estilo de juego definido. Mientras equipos como el Inter o la Juventus han construido equipos con filosofías claras, el Milan ha oscilado entre distintos sistemas sin éxito.

En las últimas ocho temporadas, el Milán ha despedido a ocho entrenadores. El último en irse fue Marco Giampaolo, con una sólida trayectoria en equipos más pequeños como Sampdoria y Empoli.

El AC Milan, uno de los clubes más emblemáticos del fútbol italiano, ha experimentado un notable declive en los últimos años.

Los llaman “diablos” pero ahora están viviendo de verdad el infierno en la tierra. El Milan de hoy no es ni la sombra de lo que era con técnicos como Arrigo Sacchi, Fabio Capello o Carlo Ancelotti.

El equipo 18 veces campeón de Italia y siete de Europa destituyó este martes a su entrenador, Marco Giampaolo, tras el peor inicio de temporada desde 1997.

En los primeros seis partidos, los rossoneri sumaron seis puntos y también cuatro derrotas, como no ocurría desde hace 81 años. No bastó la última victoria en casa del Génova, resuelta gracias a un penalti marcado por el centrocampista Franck Kessie (1-2).

La pésima calidad del juego milanista convenció a la directiva de que el vestuario necesita un cambio radical. Y como siempre ha pasado en los últimos años -ocho entrenadores despedidos en seis temporadas- el chivo expiatorio es otra vez quien gestiona el conjunto.

El hombre llamado a reemplazar Giampaolo, que desaprovechó su primera experiencia en un gran equipo, será Stefano Pioli, otrora técnico de Inter y Lazio, según afirma la prensa italiana.

Su nombre salió inesperadamente en los medios en la noche del lunes. Unas horas antes ya se daba por hecho el fichaje de Luciano Spalletti, que había aceptado la propuesta del Milan.

Sin embargo, el exentrenador de la Roma, relevado este año en el Inter por Antonio Conte, no pudo llegar a un acuerdo para rescindir el contrato que lo liga a los nerazzurri, a los que pedía un año de sueldo, según informó La Gazzetta Dello Sport.

El Inter rechazó su propuesta y obligó el Milan a apostar por su plan b. Pioli firmará un contrato hasta 2021, a razón de 1,5 millones de euro anuales, mucho menos de los cuatro que Spalletti cobraba en el Inter.

Pioli y Conte representan las dos caras de la actual situación de Milan e Inter. Pioli, pese a 16 años de carrera como técnico profesional, nunca consiguió un trofeo.

Conte ganó tres campeonatos y logró que la Juventus volviera a competir en la élite tras el descenso a la segunda serie en 2006 por el escándalo de apuestas conocido en Italia como Calciopoli.

Con él, el Inter empezó bien la temporada y está expresando un juego que convence a su afición, pese a la derrota (1-2) del pasado domingo contra la Juventus, que le arrebató el liderato de la Serie A.

La venta a los inversores chinos

En 2016, el AC Milan fue adquirido por Sino-Europe Sports por aproximadamente 600 millones de libras esterlinas. Esta adquisición tenía como objetivo anunciar una nueva era de éxitos.

Formaba parte de una tendencia más amplia de inversores chinos que compraban clubes de fútbol en todo el mundo. Al principio, había mucho optimismo.

En el verano siguiente a la adquisición, el Milan gastó más de 200 millones de euros en nuevos jugadores, entre ellos Leonardo Bonucci y André Silva.

La venta se oficializó en 2017 y el nuevo club fichó a Massimiliano Mirabelli y Marco Fassone para encargarles un mercado que hizo soñar a hinchas como Serafini y Pellegatti.

Llegaron más de 10 jugadores -entre los que estaba Leonardo Bonucci, que se convirtió automáticamente en capitán- y se gastaron 195 millones.

Sin embargo, a finales de 2017, la situación cambió repentinamente. El Gobierno chino introdujo normas más estrictas para la inversión extranjera en el deporte.

Esto dificultó el envío de dinero a clubes extranjeros. La adquisición se financió en gran medida con dinero prestado. Cuando la refinanciación se hizo imposible y hubo que pagar las deudas, se produjo una grave crisis.

El empresario, junto a otros inversores, pagó 500 millones de euros por el paquete accionarial de Berlusconi y se hizo cargo de una deuda de 240 millones de euros.

El año pasado, el Milan tenía una gran deuda con el fondo inversor y el plazo para que Li la pagase llegó a su fin.

Solo un año después, se descubrió la desastrosa situación económica del nuevo presidente, que dejó el Milán en manos del fondo de inversión estadounidense Eliot.

Cuando el empresario chino Li Yonghong compró el Milan, el mundialmente conocido club italiano, casi nadie en Italia había oído hablar de él. Pero en China tampoco es un personaje conocido.

Además, la mina de fosfato de la que procede aparentemente su riqueza tiene un nuevo dueño que al parecer no quiere saber nada de Li.

La crisis financiera y el Fair Play financiero

Las inversiones de Li Yonghong devolvieron las competiciones europeas al Milán pero también lo hundieron con una balance en rojo de 145,9 millones de euros, debido a la disminución de los beneficios, de los patrocinadores y de los ingresos económicos de los partidos en casa.

La UEFA acusó el Milán de no haber respetado el fair play financiero y los altos cargos del club alcanzaron un acuerdo retirándose de la Europa League de este año.

Si el Milán se hubiera calificado para la Champions League, el estado financiero habría sido mejor, coinciden Pellegatti y Serafini. Pero Gattuso no logró el milagro y terminó quinto en la tabla con 68 puntos.

Si a la falta de éxito sobre el césped se añade una crisis financiera, cuesta imaginarse al Milan recuperando la gloria perdida.

El Milan se arriesga a una sanción de la UEFA por el posible incumplimiento del ‘fair play financiero’. Como gastó más de lo que ingresó, el Milan podría ser suspendido de las competiciones europeas en el futuro.

“El AC Milan continuará siendo objeto del proceso de supervisión en curso y la situación se volverá a evaluar en los primeros meses de 2018”, señaló la UEFA en un comunicado la semana pasada, después de rechazar las primeras cuentas que presentó el club milanés.

Si bien el club se había clasificado para la fase de grupos de la Europa League 2019/2020, el club rossonero fue excluido de la misma por problemas financieros.

El Milan ni siquiera pudo participar a la Liga Europa por incumplimiento del Fair Play financiero.

El declive deportivo antes de Elliott

En diez años, el Milan había pasado de ser campeón de la Liga de Campeones en 2007 a un club con problemas financieros, que finalmente fue adquirido por el fondo de inversión estadounidense Elliott Management.

Para muchos aficionados, esto supuso una humillación. Consideraban que la identidad del club se había sacrificado en aras de los intereses financieros y que el Milan había caído en manos de inversores implacables del mundo financiero.

A finales de agosto de la temporada 2017/2018, el Milan consiguió clasificarse para una competición europea después de cuatro años. Su paso por la Europa League acabó en los octavos de final, donde perdió ante el Arsenal.

Disputó también la Supercopa de Italia, pero no pudo levantar de nuevo el título tal y como hizo en 2016. El Milan de Gattuso acabó en la Serie A sexto, lo que hizo que volviese a jugar competición continental.

Para su desgracia, su aventura por la Europa League fue más corta que la anterior, tras caer en la fase de grupos, aunque en liga acabó en puestos europeos.

Tras la llegada de numerosos fichajes, el inicio de temporada ha dejado mucho que desear, el Milan marcha muy lejos de los puestos europeos, lo que ha provocado la destitución de Giampaolo y la llegada de Pioli.

Esta temporada el Milán ha tocado el fondo. En las primeras 12 jornadas de la Serie A, el conjunto que ahora entrena Stefano Pioli, sumó 13 puntos y siete derrotas.

La última vez que arrancaron así, los rossoneri terminaron décimos en el curso 1941-42 y el fascismo todavía gobernaba Italia, en plena Segunda Guerra Mundial.

Ni siquiera en 1979 o 1981, cuando luego descendieron a la Segunda División, habían empezado tan mal.

Elliott Management: estabilidad en lugar de espectáculo

En julio de 2018, Elliott Management tomó el control total del club después de que su propietario, Li Yonghong, no pudiera pagar una deuda de 32 millones de euros.

Esa adquisición supuso el final de un periodo difícil que había comenzado años antes: la llamada «era de las bromas».

Entre 2013/14 y 2019/20, el Milan terminó a menudo en la mitad de la tabla y se alejó mucho del nivel al que estaban acostumbrados sus seguidores. Para muchos aficionados, era como si el club hubiera perdido su identidad.

El papel de Elliott suele malinterpretarse. La empresa no se hizo con el control del club para obtener beneficios rápidos ni para imponer una visión deportiva.

Elliott tuvo que intervenir porque el Milan era financieramente inestable y la supervivencia del club estaba en peligro.

Bajo el liderazgo de Elliott, el AC Milan inició un periodo de recuperación. Esto se logró no mediante grandes y arriesgados gastos, sino a través de la disciplina y la estructura.

La estabilidad financiera pasó a ser más importante que los éxitos rápidos. La buena gestión sustituyó al caos y la planificación a largo plazo sustituyó a las decisiones nostálgicas.

Los objetivos de la recuperación

El plan de recuperación de Elliott se basaba en tres objetivos clave:

  • eliminar los mayores riesgos financieros
  • mejorar la gobernanza y la organización
  • fortalecer los ingresos comerciales estables

Pérdidas asumidas para salvar al club

Las cifras financieras de 2018 a 2020 muestran que el Milan aún no gozaba de buena salud financiera en sus primeros años bajo la dirección de Elliott.

TemporadaSituación financiera
2017/18pérdidas de aproximadamente 99 millones de euros
2018/19pérdidas aproximadas de 132 millones de euros
2019/20pérdidas de aproximadamente 187 millones de euros

Es importante señalar que estas pérdidas no se cubrieron con nuevas deudas ni con la venta de activos del club. En su lugar, Elliott compensó el déficit con su propio dinero.

La empresa invirtió aproximadamente 265 millones de euros en 2018/19 y aproximadamente 145 millones de euros en 2019/20.

Los temores de los aficionados de que Elliott agotara el club resultaron infundados. Elliott se comportó como un inversor que quería estabilizar el club y asegurar su futuro.

La reorganización comercial

Una parte importante de ello fue el fortalecimiento de la marca AC Milan y el aumento de los ingresos comerciales.

Si Elliott solo hubiera intentado proteger al club de los riesgos, probablemente los ingresos se habrían estancado. En realidad, ocurrió lo contrario.

Las cifras financieras del AC Milan muestran que el club pasó conscientemente de un modelo inestable e insostenible a una forma más estable de generar ingresos.

Elliott introdujo una nueva estrategia centrada en aumentar las actividades comerciales del club. El objetivo era crear ingresos estables y a largo plazo a través de contratos de patrocinio y asociaciones comerciales.

Durante los cinco años que Elliott estuvo involucrado con el club, los ingresos por patrocinio aumentaron de aproximadamente 38 millones de euros en 2018/19 a aproximadamente 58 millones de euros en 2021/22.

Los ingresos comerciales y las regalías se duplicaron, pasando de aproximadamente 11 millones de libras esterlinas a aproximadamente 25 millones.

Los ingresos por derechos de retransmisión crecieron con fuerza, en parte debido a la mejora de los resultados deportivos, hasta superar los 130 millones de libras esterlinas en 2021/22.

Este crecimiento no se produjo por sí solo. Elliott invirtió en gestores comerciales con experiencia y profesionalizó la organización.

Se nombró a Casper Stylsvig, con experiencia en el Manchester United y el Fulham, y James Murray, antes en el Arsenal.

El objetivo de Elliott era hacer que el AC Milan dependiera menos de los ingresos incidentales y, en su lugar, garantizar un crecimiento comercial estructural.

Otro momento importante fue la revalorización de la marca «Milan» en 2022. El club valoró la marca en aproximadamente 174 millones de euros y la incluyó como activo intangible en su balance.

Esto se hizo de acuerdo con la legislación italiana y mejoró la situación financiera y la credibilidad del club. Sin embargo, no generó ningún beneficio económico ni fiscal adicional.

En otras palabras, reforzó la imagen financiera del club sin cambiar su liquidez. Esto está en línea con la estrategia de Elliott, que se centró en la estabilidad más que en los beneficios rápidos.

La reconstrucción deportiva

Elliott no consideraba las inversiones en jugadores como gastos ordinarios, sino como una forma de fortalecer y estabilizar el club.

Un buen equipo no solo debe aportar éxitos deportivos, sino también contribuir financieramente al futuro del club.

Para lograrlo, se llevó a cabo una profunda reestructuración de la organización deportiva. A Paolo Maldini, icono del club, se le asignó un papel importante en la política técnica.

Además, Hendrik Almstadt, con experiencia en Goldman Sachs y en la empresa de inversiones 3i, fue nombrado para desarrollar un sistema de ojeadores y análisis de talentos basado en datos.

No se trataba de una elección emocional, sino de un paso consciente hacia una gestión profesional.

Este enfoque también se hizo evidente en las decisiones contractuales. El AC Milan decidió no renovar varios contratos costosos, aunque eso significara perder a jugadores de primer nivel.

El ejemplo más conocido es el de Gianluigi Donnarumma. A pesar de su condición de gran talento y producto de la cantera, se marchó libre al París Saint-Germain porque no se pudo llegar a un acuerdo sobre un nuevo contrato.

En términos deportivos, esto supuso una pérdida, pero financieramente, el club se mantuvo fiel a su estrategia: el Milan no quería firmar contratos que supusieran riesgos a largo plazo.

El título de la Serie A en 2021/22

La paciencia de Elliott se vio finalmente recompensada con el título de liga en la temporada 2021/22, lo que supuso el inicio de una nueva era para el Milan.

El que fuera el equipo más joven de la historia en ganar el título de Serie A volvió a situarse en el centro del fútbol italiano.

Para ambos clubes, este apoyo resultó finalmente importante para recuperar la salud financiera, mejorar la gobernanza y restaurar el orgullo de los aficionados por su club.

Contrariamente al estereotipo de los duros inversores estadounidenses, el ejemplo del Milan muestra cómo el capital institucional, cuando se utiliza con cuidado, puede ayudar a un club de primera división en decadencia a recuperar la estabilidad financiera, volver a competir en el terreno de juego y hacer que sus seguidores vuelvan a sentirse orgullosos.

La recaída deportiva posterior al Scudetto

De la celebración al drama pasando por la incredulidad y el enfado. El Duomo de Milán ha abandonado el estado de felicidad permanente que supuso el último 'Scudetto' del Milan para sumirse, ahora, en una apatía que lo hace parecerse más al Milan de la terrible 'Banter Era' que al que venció el año pasado maravillando a toda Italia y Europa.

El que fuera el equipo más joven de la historia en ganar el título de Serie A se desgaja poco a poco y ha sufrido un aranque de 2023 catástrofico: a 12 puntos del liderato en la liga, derrotado en Supercoppa (0-3 vs Inter) y eliminado en Coppa (0-1 ante el Torino).

El 4-0 que se vivió anoche en el Olímpico de Roma, ante la Lazio, hundió un poco más a un Milan que se queda sin objetivos para lo que resta de 2022/23.

Repetir el 'Scudetto' se antoja imposible salvo pinchazo histórico del Napoli y hacer algo importante en Champions suena más a otras épocas que la actual.

No somos el Milan de los 90 ni esperen fichajes como los de los clubes ingleses, decía Paolo Maldini tras la derrota de este martes cuando se le preguntaba si habría fichajes para reforzar el equipo en este mal momento.

Una crudeza en la respuesta que no acogían bien los 'tifosi' del Milan.

Los problemas de Stefano Pioli

“Son tantas las cosas que no funcionan, lo mental, táctico”, intentaba explicar Pioli en rueda de prensa tras la derrota ante la Lazio.

“Es un momento delicado. En las últimas dos semanas y media no hemos mostrado ni resultados ni buenas prestaciones. Sin pelota necesitamos una comunicación más clara. Solo conozco un modo de mejorar: trabajar”, sentencia.

Stefano Pioli ya es cuestionado por algunos sectores de la hinchada 'rossonera', aunque para la directiva el italiano sigue teniendo bastante crédito.

No obstante, igual que señalar únicamente al técnico es injusto, obviar su participación en esta 'crisis' sería negar la realidad.

Stefano Pioli no ha sido capaz de cambiar las cosas cuando el barco ha empezado a irse a pique. Por ahora, al menos.

No hay alternativa al once habitual, y si entran los suplentes lo hacen completamente desconectados de la sintonía del elenco milanista.

Por no hablar, claro, del estricto 4-2-3-1 que pocas veces se cambia.

El Milan es uno de los pocos equipos que mantiene la figura del #10, con Brahim Díaz o Charles De Ketelaere, y mientras que muchas voces piden pasar a un tridente en el centro del campo, con un acompañante extra para Tonali y Bennacer, Pioli no apuesta por ello.

La fragilidad defensiva

El principal problema del Milan es evidente: defiende muy mal.

Si la temporada pasada los éxitos se asentaron sobre una zaga perfectamente estructurada y comandada desde la portería, este curso es una debacle.

Han encajado 24 goles en 19 partidos y ha sufrido seis goles a balón parado: solamente la Cremonese, colista, encaja más en acciones de pelota parada.

Si el drama empieza en la defensa, con un portero ausente por las lesiones, Tomori y Kalulu muy lejos de su mejor nivel, la caída en picado del rendimiento se resume a todas las líneas del campo.

Desde que arrancó 2023, el Milan ha encajado en todos los partidos jugados y los laterales no ayudan a frenar esa sangría: Calabria está en uno de sus momentos más bajos y Theo Hernández parece que se quedó en Qatar 2022.

Por delante, Tonali y Bennacer son los únicos que responden a las expectativas pero solos no pueden sostener a un equipo que se cae a pedazos y, basándonos en los dos últimos partidos, ni siquiera compite.

Las estrellas y los fichajes, lejos de su mejor nivel

Con ellos, Rafael Leao, que sigue 'haciendo números', con 8 goles y 5 asistencias, es tan brillante como irregular.

Olivier Giroud, pendiente de su renovación, parece haber desaparecido y se suma a una lista de piezas de ataque que poco o nada terminan de aportar.

Brahim ha dejado atrás sus mejores partidos de la temporada, De Ketelaere no hace acto de presencia, Messias o Saelemaekers no dan el nivel, Rebic es imprevisible hasta para sus propios compañeros.

Los fichajes no han funcionado nada.

Charles De Ketelaere es el mejor ejemplo de que el mercado de verano no fue una ventana de aciertos para Paolo Maldini y su equipo.

El belga llegó por 35 millones de euros, absorviendo la mayor parte del presupuesto que había disponible para fichajes.

La nueva propiedad de Red Bird Capital, de Estados Unidos, no mejoró la situación respecto al Fondo Elliott y dejó sus palabras de un futuro dorado en eso, palabras.

El Milan sobrevive con lo que genera, que no es mucho si lo comparamos con la Premier League o los grandes de Europa, y un 'mercado de errores' lleva a los 'rossoneri' a una travesía por el desierto de al menos 12 meses: hasta que empiece la próxima temporada, vaya.

De los fichajes realizados en verano, ninguno es titular. De Ketelaere apenas ha jugado 1.000 minutos y no marca ni asiste.

Thiaw y Vranckx, perfiles jóvenes, no superan los 200 minutos, Dest es suplente de forma clara y Divock Origi, que llegó con un contrato de 4 millones de euros netos por temporada, está más tiempo lesionado que en las convocatorias.

“Origi y De Ketelaere tienen 4 y 5 años de contrato respectivamente, y no podemos juzgarlos desde los primeros cinco meses”, se defiende Paolo Maldini, el Director del Área Técnica.

Las lesiones y el problema de MilanLab

La larga y permanente lista de bajas es el otro gran problema del Milan.

Todo, claro, ejemplificado en Mike Maignan. Que el mejor portero del 'Calcio' se haya perdido más de la mitad de lo que llevamos de temporada es catastrófico para un Milan que no tiene con qué reemplazarlo.

Tatarusanu parece más un hándicap que un apoyo para una defensa que tiembla en cada partido.

Junto a Maignan figuran en la lista de bajas jugadores como Ibrahimovic, Florenzi o Ballo-Touré.

Además, con intermitencia durante la temporada, han caído casi todos los futbolistas: ahora Tomori o Theo Hernández, en el pasado reciente Rebic, Kjaer, Calabria, Krunic, Saelemaekers.

Lejos queda, desde luego, aquellos tiempos en los que MilanLab, una innovación planteada por Berlusconi, fue una segunda juventud para una plantilla tan veterana como la del Milan.

La falta de una estrategia de largo plazo

El AC Milan ha carecido de una estrategia coherente en la gestión de su plantilla y fichajes.

A diferencia de la Juventus, que ha implementado un modelo basado en decisiones a medio plazo y una dirección deportiva sólida, el Milan ha optado por enfoques cortoplacistas, como fichajes impulsivos sin una visión clara de juego o proyecto.

Esto ha llevado a plantillas desequilibradas y falta de identidad táctica.

El club ha priorizado fichajes de jugadores extranjeros de segundo nivel en lugar de desarrollar talento local.

Esta tendencia ha debilitado la conexión con la afición y ha limitado el crecimiento de jóvenes promesas italianas, un problema que también afecta a otros equipos de la Serie A.

La falta de confianza en los jóvenes ha resultado en plantillas mediocres y sin proyección.

El equipo invierte en los jóvenes pero le falta explotar a los talentos de su cantera y llevar al vestuario alguien con carisma.

La primavera, el equipo de promesas, descendió a la Serie B y De Sciglio, Locatelli, Cutrone y Cristante, que destacaron cuando se estrenaron en la Serie A, ya no juegan en Milán.

Otros se quedaron sin impresionar ni crecer, como cuenta Serafini: “Hay jugadores cuyo crecimiento es cero como Suso, Calhanoglu, Kessie o Rodríguez. Este último, cuando juega con su selección, es otro jugador. Lo mismo le pasa a Rebic”.

La infraestructura y el contexto del fútbol italiano

La crisis económica del fútbol italiano ha impactado fuertemente al Milan.

Los estadios envejecidos, como San Siro, y la falta de modernización en instalaciones reflejan un abandono generalizado, tanto en el club como en la liga.

Además, la venta del club a empresarios extranjeros no ha garantizado una estabilidad financiera sostenible.

La decadencia del Milan es un reflejo de problemas estructurales en el fútbol italiano: falta de renovación, gestión obsoleta y una mentalidad cortoplacista.

La actualidad institucional y la llegada de RedBird

La semana pasada se anunció que RedBird Capital había refinanciado el último préstamo de Elliott. Ese préstamo formaba parte de la venta del club en 2022.

Esto pone fin oficialmente a la participación de Elliott en el AC Milan.

Esta primera parte se centra en la reconstrucción del AC Milan bajo la gestión de Elliott Management. El artículo es especialmente actual, ya que se escribió poco después de que Elliott se despidiera definitivamente del club.

Ahora que el inversor Elliott Management ha vendido su última participación financiera, es un buen momento para echar la vista atrás a todo el periodo en el que Elliott ha estado involucrado con el club.

RedBird Capital se convirtió en la nueva propiedad después de la etapa de Elliott. Sin embargo, la nueva dirección recibió un club más estable que el que había heredado el fondo estadounidense en 2018, aunque todavía con importantes retos deportivos y económicos.

Actualmente el presidente es Paolo Scaroni.

Qué necesita el Milan para volver a la élite

Ahora el objetivo es claro: mantener los puestos Champions, perder el cupo para la próxima temporada supondría una perdida de poder adquisitivo que podría hacer tambalearse el proyecto, y soñar con hacer un buen papel en la presente edición de la Liga de Campeones.

La recuperación exige mantener la disciplina financiera, fortalecer la dirección deportiva, reducir la dependencia de fichajes fallidos y conseguir que la inversión en jóvenes se traduzca en jugadores importantes para el primer equipo.

También resulta esencial construir una identidad táctica estable y evitar la sucesión de cambios en el banquillo que ha caracterizado varias etapas recientes.

La ausencia de una dirección deportiva clara y a largo plazo ha producido plantillas desequilibradas, mientras que la inestabilidad en el banquillo ha impedido consolidar un estilo de juego definido.

El Milan ya no es un protagonista en Europa, a diferencia de su glorioso pasado. Su ausencia en fases decisivas de la Champions League y su dependencia de la Copa Italia, como única vía para clasificar a torneos europeos, evidencian su declive.

Además, el equipo ha mostrado graves debilidades como visitante, igualando récords negativos en derrotas fuera de casa.

El capital privado es a menudo criticado en el mundo del fútbol internacional. Sus detractores afirman que los inversores socavan la identidad de los clubes y hacen que el fútbol sea demasiado comercial.

Sin embargo, el periodo de Elliott mostró que los inversores, si lo abordan de la manera correcta, pueden estabilizar los clubes y, en ocasiones, incluso ayudarles a redescubrir su identidad.

El caso del Milan muestra que sanear las cuentas puede devolver al club a la competición, pero no garantiza por sí solo una reconstrucción deportiva duradera. La estabilidad financiera, una estrategia deportiva coherente, la formación de jóvenes y una identidad táctica reconocible siguen siendo las condiciones necesarias para que el club vuelva a competir regularmente por los títulos italianos y europeos.

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