La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto militar global desarrollado entre 1939 y 1945, en el que participaron la mayoría de las naciones del mundo -incluidas todas las grandes potencias- agrupadas en dos alianzas militares opuestas: los Aliados y el Eje.
Fue la mayor contienda bélica en la historia de la humanidad, con más de cien millones de militares movilizados y un estado de guerra total en que los grandes contendientes destinaron toda su capacidad económica, militar y científica al servicio del esfuerzo bélico, borrando la distinción entre recursos civiles y militares.
Convertido en el conflicto más importante y devastador de la historia, la Segunda Guerra Mundial involucró de manera directa o indirecta a decenas de países de todo el mundo.
Los grandes bloques del conflicto
Divididos en dos bandos principales, las potencias del Eje estuvieron lideradas por la Alemania nazi, la Italia fascista de Mussolini y el Imperio japonés. Por su parte, las potencias Aliadas estuvieron comandadas por el Reino Unido, con Winston Churchill a la cabeza, Estados Unidos, liderado por el presidente Franklin D. Roosevelt, y la Unión Soviética de Iósif Stalin.
En un primer momento, los países aliados estaban formados tan solo por Polonia, Reino Unido y Francia, mientras que las fuerzas del Eje las constituían únicamente Alemania e Italia en una alianza llamada el Pacto de Acero. A medida que la guerra progresó, los países que iban entrando en ella se alinearon en uno de los dos bandos, dependiendo de cada situación.
| Bando | Líderes principales | Estados y apoyos destacados |
|---|---|---|
| Eje | Adolf Hitler, Benito Mussolini, Hirohito | Alemania, Italia, Japón; Bulgaria, Croacia, Hungría, Rumania, Eslovaquia |
| Aliados | Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt, Iósif Stalin | Reino Unido, Estados Unidos, Unión Soviética, Francia |
Los líderes del Eje
Adolf Hitler
Tras su llegada al poder en el año 1933, Adolf Hitler puso fin a la República de Weimar e instauró el dictatorial Tercer Reich.
Hitler impulsó políticas nacionalistas, antisemitas y expansionistas con el fin de reunir en un único estado a todos los alemanes, asegurar la supuesta pureza racial del pueblo alemán o ario y proporcionarle el espacio vital o Lebensraum al que consideraba que tenía derecho.
Éstas fueron las razones subyacentes en la ideología nazi que condujeron a la anexión de Austria y de los Sudetes checos en 1938, a la invasión de Checoslovaquia en marzo de 1939 y a la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939, lo que daría inicio a la Segunda Guerra Mundial.
De este modo, Alemania, que contaba con el ejército más numeroso y preparado de este bando, se convirtió en la principal potencia del Eje.
En poco más de una década, desde que ascendió al poder a comienzos de 1933 hasta su suicidio el 30 de abril de 1945, el Führer transformó el Viejo Continente.
Sus decisiones cambiaron una y otra vez el rumbo del conflicto. Algunos promovieron el enfrentamiento militar y otros trataron de evitarlo -o de no involucrar a sus países-, pero todos jugaron un papel determinante.
Benito Mussolini
Desde su ascenso al poder en 1922, Benito Mussolini, fundador del Partido Nacional Fascista de Italia, instauró en el país una política nacionalista y expansionista que acabaría influyendo en el propio Adolf Hitler.
En el año 1936 se firmó un tratado de amistad, conocido como Pacto de Acero, entre ambas naciones.
Mal preparada para la guerra, las aventuras bélicas de Mussolini acabaron implicando a su aliado alemán, que tuvo que acudir en su ayuda, como sucedió con el ataque a las fuerzas británicas en Egipto desde Libia, en junio de 1940, o la invasión de Grecia, en octubre de ese año.
En 1943, los Aliados invadieron gran parte de Italia y el gobierno de Mussolini cayó, siendo este encarcelado.
Finalmente, gracias a la ayuda de Adolf Hitler, el dictador italiano pudo escapar y formar la República Social Italiana, más conocida como República de Saló, en la zona de la Italia ocupada por la Alemania nazi, a la que siguió prestando su apoyo.
Hirohito y Hideki Tojo
Japón se había apoderado de la provincia china de Manchuria en 1931, instalando allí un Estado títere, y en 1937 invadió China.
El Imperio japonés sí que fue capaz de librar por su cuenta la guerra del Pacífico, conflicto que tuvo su inicio en 1941 cuando Japón decidió atacar sin previa declaración de guerra Pearl Harbor, la base de la Flota del Pacífico estadounidense.
Este hecho se revelaría clave para el futuro devenir de la guerra ya que supuso la entrada en la contienda de los norteamericanos, con lo que la balanza empezó a desequilibrarse irremediablemente para el Eje.
El emperador japonés, pese a su alianza con la Alemania nazi y la Italia fascista, tardó más de dos años en admitir ante los miembros del Gobierno la conveniencia de entrar en guerra con Occidente. Cuando estuvo finalmente convencido, en 1941, lo hizo con todas las consecuencias.
Los líderes aliados
Winston Churchill
La palabra fue su arma decisiva para ganar la guerra; al menos, de puertas adentro. Maestro de la retórica, elevó la moral del pueblo al tiempo que incrementaba el poder militar británico, en especial su aviación.
Cuando comenzó la guerra en septiembre de 1939 Chamberlain era el primer ministro británico, pero en mayo del año siguiente tuvo que dimitir ocupando su puesto nuestro protagonista que dio un paso hacia delante ante una situación crítica y dramática.
El 13 de mayo de 1940 en la Cámara de los Comunes pronunció uno de los discursos más famosos, por no decir el más famoso: «…no tengo otra cosa que ofrecer, sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” (…) pelearemos en las playas, pelearemos en los sitios de desembarco, pelearemos en los campos y en las calles, pelearemos en las colinas: nunca nos rendiremos».
Trabajó arduamente para conseguir la ayuda de los Estados Unidos en el esfuerzo bélico y los japoneses en Pearl Harbor se la pusieron en bandeja de plata.
Con el desembarco de Normandía, 6 de junio de 1944, a parte de lo que supuso para el devenir de la guerra a él de forma personal le supuso quitar se una espina que perduraba desde el desastre en Galípoli en la Primera Guerra Mundial.
Su papel en la Conferencia de Yalta de febrero de 1945 fue clave enfrentándose a Stalin en su propio terreno.
Franklin D. Roosevelt
Antes de que EE. UU. entrara en la Segunda Guerra Mundial, Roosevelt ya había escrito algunas páginas de la historia de su país como le había sucedido a Churchill.
La depresión económica que se vivía en la década de los años 20 con la crisis bursátil de 1929 le dieron la oportunidad con sus propuestas y consiguió la confianza de sus compatriotas para ser presidente.
Estas propuestas se resumen en lo que hemos conocido como New Deal una serie de recetas de política económica que por los mismos años teorizó John M. Keynes.
A pesar de ser reacio a la entrada de su país en la guerra, si que se alineó desde el primer momento con el bando aliado en defensa de las libertades, al que apoyó desde el principio de la guerra con el acuerdo de Cash and Carry, suministrando al Reino Unido ayuda por valor de unos ocho mil millones de dólares.
Roosevelt ya tenía el respaldo popular que lo aprovechó presentado en el Congreso la Ley de Préstamo y Arriendo prevista para ayudar a Reino Unido, Grecia y China, y de la que también se benefició la URSS.
La Ley entró en vigor el 11 de marzo de 1941.
«Ayer, 7 de diciembre de 1941, una fecha que pervivirá en la infamia, Estados Unidos fue deliberadamente atacado por sorpresa por fuerzas navales y aéreas del Imperio de Japón.
Le pido al Congreso declarar, que debido al cobarde ataque no provocado efectuado por Japón el Domingo 7 de diciembre, existe un estado de guerra entre los Estados Unidos y el Imperio de Japón».
Iósif Stalin
Stalin gobernó la URSS de forma tiránica desde 1929 hasta su fallecimiento en 1953, transformando un país semifeudal en una potencia económica y militar.
Eso sí, al precio de una represión sanguinaria y de inmensos sacrificios impuestos a la población.
Implantó un régimen totalitario, anulando todo tipo de libertades, negando el más mínimo pluralismo y aterrorizando a la población instaurando un régimen policial.
Ese fue el motivo por el que no tuvo reparos en firmar un pacto de no agresión con la Alemania nazi para asegurarse la tranquilidad en sus fronteras, el reparto de Polonia y la anexión de Estonia, Letonia y Lituania.
Pero la invasión alemana de junio de 1941 echó por tierra esos planes.
A pesar de ello, supo reaccionar y movilizó al país apelando a sus sentimientos nacionalistas.
Otros protagonistas decisivos
Charles de Gaulle
Alertado del armisticio que Pétain tenía previsto firmar con Alemania, De Gaulle huyó primero a Londres (1940) y después a Argel (1943) para promover una nueva Francia libre frente al régimen pronazi de Vichy.
La resistencia se ganó el respaldo británico, si bien el general galo nunca llegó a confiar plenamente en los aliados: «Francia no tiene amigos, sólo intereses».
Una vez liberada París, volvió a su tierra y se situó al frente del Gobierno provisional.
Philippe Pétain
Entre su elección en junio de 1940 para encabezar el Gobierno y su ascenso -sólo un mes después- a jefe de Estado con amplios poderes, el mariscal Pétain tuvo tiempo para firmar un armisticio que cedía a los nazis el tercio noroccidental de Francia.
El resto quedó bajo su dominio con una capital artificial en Vichy.
De «Libertad, igualdad, fraternidad» se pasó a «Trabajo, familia, patria», el lema de un nuevo Estado rural y católico.
Douglas MacArthur y otros mandos militares
Sus posteriores homólogos estadounidenses Douglas MacArthur (comandante en jefe de las tropas americanas en el Pacífico) y George S. Patton (teniente general al frente del III Ejército aliado) sobresalieron igualmente.
MacArthur sirvió en Francia en 1917 como jefe de Estado Mayor de la 42 División de Infantería norteamericana.
Fue ascendido a general de brigada y luego de división y obtuvo numerosas condecoraciones; entre ellas, dos Corazones Púrpura.
Se hizo famoso por negarse a ponerse la máscara antigás hasta que todos sus hombres lo hubieran hecho.
Otro militar brillante en ambas conflagraciones fue el ruso Gueorgui Zhúkov.
Nacido en 1896 en el seno de una humilde familia campesina, en la Gran Guerra fue recompensado dos veces por su valor con la Cruz de San Jorge y ascendido a oficial.
El americano Patton (izda.) y el ruso Zhúkov (dcha.), aquí celebrando juntos la victoria aliada en la II Guerra Mundial (Berlín, 1945), combatieron con mérito y honores también en la Primera.
Contexto previo: cómo se llegó a la guerra
La Segunda Guerra Mundial en Europa puede entenderse como la prolongación de los conflictos no resueltos tras la Primera Guerra Mundial.
La pérdida de territorios y colonias, sumada a una fuerte crisis económica y política, creó un ambiente de frustración que muchos alemanes dirigieron hacia los grupos que habían impulsado la revolución de Noviembre y la caída del antiguo régimen.
El Tratado de Versalles establecía la compensación que Alemania debía pagar a los vencedores de la Primera Guerra Mundial.
La desmovilización forzosa del ejército hasta la fuerza máxima de cien mil hombres permitida por el tratado dejó en la calle a una cantidad enorme de militares de carrera que se vieron obligados a encontrar un nuevo medio de subsistencia en un país vencido, con una economía en pleno declive, y tensión social.
Todo eso favoreció la creación y organización de los Freikorps, así como otros grupos paramilitares.
El caldo de cultivo existente a nivel social, combinado con la Gran Depresión de inicios de los 30, hizo que la débil República de Weimar no fuera capaz de mantener el orden interno.
Sobre esa ola de descontento y rencor, el Partido Nazi, liderado por Adolf Hitler se presentó como el elemento necesario para devolver la paz, la fuerza y el progreso a la nación.
Así se justificó la represión brutal de cualquiera que no pensara del mismo modo o fuera percibido como un enemigo del Estado.
El principal objetivo declarado de la política exterior alemana de la época inmediatamente anterior a la guerra era la recuperación de esos territorios, así como del Corredor polaco y la Ciudad libre de Dánzig.
Esas reclamaciones territoriales constantes constituían elementos importantes de inestabilidad internacional.
La anexión de los Sudetes fue aceptada en los Acuerdos de Múnich en septiembre de 1938 tras una conferencia tripartita entre Alemania, Francia y Gran Bretaña.
Sin embargo, en marzo de 1939 los ejércitos de Alemania entraron en Praga tomando el control de los territorios checos restantes.
El fracaso del apaciguamiento demostró a las potencias occidentales que no era posible confiar en los tratados que pudieran firmarse con Hitler, así como que sus aspiraciones expansionistas no podían seguir siendo toleradas.
Por su parte, Alemania y la URSS firmaron el 23 de agosto del mismo año el Pacto Ribbentrop-Mólotov.
Hitler pasó entonces a centrarse en la preparación del futuro conflicto con los Aliados cuando invadiera Polonia con el fin de incorporarla a Alemania.
Otros liderazgos del conflicto
Las potencias Aliadas estuvieron encabezadas por Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética. Estos países estaban gobernados por el primer ministro británico Winston Churchill, el presidente de EE. UU. Franklin D. Roosevelt y el premier soviético Joseph Stalin.
Las potencias del Eje estuvieron lideradas por la Alemania nazi, la Italia fascista de Mussolini y el Imperio japonés.
A las tres potencias del Eje se unirían otros países que desempeñaron su papel como fuerzas de apoyo, aportando tropas y suministros.
Aliados del Eje: Hungría, Rumania y Bulgaria enviaron tropas a los principales frentes de batalla y acabaron por unirse al Pacto Tripartito.
Co-beligerantes: Finlandia, Tailandia, Irán e Irak combatieron contra los mismos enemigos que las potencias del Eje, aunque sin ser sus aliados.
Gobiernos colaboracionistas: Alemania contó con el apoyo de diversas entidades estatales formadas en los territorios europeos ocupados por el Eje.
Otros 15 estados independientes también firmaron la declaración en esa misma fecha.
Además, la declaración fue firmada por los gobiernos en el exilio de otros ocho estados que estaban ocupados por las potencias del Eje.
Después de que los soviéticos rechazaron su propuesta de armisticio, Bulgaria se rindió el 8 de septiembre de 1944.
A finales de agosto de 1944 estalló en Eslovaquia una insurrección nacional contra el gobierno pronazi. En respuesta, Alemania ocupó el país para sofocar la revuelta.
Después de la derrota de todos sus aliados del Eje, Japón siguió combatiendo solo durante el verano de 1945.
Imagen del conflicto

La Segunda Guerra Mundial alteró las relaciones políticas y la estructura social del mundo. Tras la conflagración, se fundó la Organización de las Naciones Unidas con el fin de fomentar la cooperación internacional y de prevenir potenciales conflictos.
La Unión Soviética y Estados Unidos se erigieron como superpotencias rivales, estableciéndose el escenario para la Guerra Fría, que se prolongó durante los siguientes cuarenta y seis años.
Al mismo tiempo, la influencia de las grandes potencias europeas entró en decadencia, materializada en el inicio de la descolonización de Asia y África.