Pelao con polera chica de rugby: el ícono ochentero que sobrevivió a la noche santiaguina

Un pelado, con polera de rugby, acaba su whisky tal como lo hubiera hecho cuatro décadas atrás. La diferencia es que ahora, como si nada, bebe Blue Label.

En la Eve, la polera de rugby aparece como parte de una estética retro asociada a los hombres que buscan revivir la noche de los años ochenta. El atuendo se integra a una escena donde conviven el pelo teñido, los jeans apretados, los montgomery, las parkas sin mangas y otros pequeños/grandes íconos ochenteros.

La escena del pelao con polera de rugby

Junto al bar, un hombre de unos 50 años, con camisa bordada y pelo teñido, bebe un trago fluorescente. A su lado, un pelado, con polera de rugby, acaba su whisky tal como lo hubiera hecho cuatro décadas atrás.

Y al único que se jotea es a sí mismo. Es raro: es como si aquí, en la Eve, pocos supieran que existe Mercado Libre, la tienda on-line donde puedes vender todo lo que ya pasó.

Eso porque, aunque la Eve no sea el Museo de la Moda, aquí y allá hay quienes llevan pequeños/grandes íconos ochenteros. Al menos un par anda con Yellow Boots, dos chicas tienen el pelo escarmenado y con cintillo.

Hombre calvo con polera de rugby retro

La estética retro de la Eve

DISCOTEC EVE -un clásico en la vida nocturna de Santiago- se repleta de cuarentones y cincuentones dispuestos a rememorar cómo eran las cosas en la pre/post adolescencia. No faltan los cintillos, los jeans apretados, las barrigas abultadas.

Hay quienes han decidido bailar como si la vida fuera una kermés ochentera de nunca acabar. Más de 600 contertulios saltan, bailan.

Y lo primero en lo que reparas es en el hecho de que la industria farmacéutica nada pudo hacer por la piel en las últimas dos décadas. Los hombres no se ven atléticos con sweaters sin mangas.

Tampoco debieran ir a una disco con bufanda. Ni con montgmorey. Pero, en la Eve, al menos la mitad de los hombres debe usar montgomery.

Una discoteca convertida en máquina del tiempo

Si tienes 40, 50, te resultará familiar la Eve. Ahí está toda esa gente con la que, seguro, sin intercambiar palabra, alguna vez te topaste en Mundo Mágico mientras veías el show de los osos trompetistas.

Es la generación no generación que fue testigo de cómo cambiaron los celulares, de cómo pasamos del Pong al Súper Nintendo, de las primeras grabadoras al iPhone pantalla touch. De la TV en blanco y negro al Full HD, del Chavo del Ocho a Calle 7.

Del VHS al Blue Ray. Los que están ahí son los que se sorprendieron con Superman, con ET, con los Goonies.

En la Eve es inevitable creerse Marty McFly en la máquina del tiempo de Emmett Brown. Un tipo viste una insólita parka sin mangas MS7000. Esas que tan bien se veían en el bar de Portillo tres décadas atrás.

El vestuario masculino y sus símbolos

La ropa masculina de la escena mezcla prendas que alguna vez estuvieron asociadas a la juventud, al deporte, a los centros de esquí y a la vida nocturna. La polera de rugby funciona dentro de ese conjunto como una pieza reconocible, capaz de evocar una época sin necesidad de explicaciones.

Los hombres no se ven particularmente atléticos con sweaters sin mangas. Los hombres no debieran ir a una disco con bufanda. Eso déjenselo a Paulsen.

Tampoco es muy sexie usar montgmorey. Pero, en la Eve, al menos la mitad de los hombres debe usar montgomery.

Un hombre de unos 50 años, con camisa bordada y pelo teñido, bebe un trago fluorescente. A su lado, un pelado, con polera de rugby, acaba su whisky tal como lo hubiera hecho cuatro décadas atrás.

El ambiente de la noche retro

2 AM La Eve está repleta: frente a una gran barra, más de 50 personas aún comen y comen antes de decidirse a bailar. La Cuca tenía razón: comida y dancing es negocio seguro.

La luz negra, esa que antes era sinónimo de éxito en toda fiesta bien producida de colegio, ahora sólo revela la mala calidad de la tintura para el pelo. Es que el pelo de casi toda la gente se ve disparejo.

Tanto que, a ratos, casi agradezco no tener pelo. Suena: Un nuevo estilo de baile. Y yoooo /No lo sabíaaaaa.

2:30 AM El DJ es personaje. El DJ es el DJ Tata, el más viejo de Chile y otro clásico de la noche capitalina.

Su nombre quizás no les dirá mucho, pero conténtense con saber que se llama Elías Lloyd y es un abuelo frente a la tornamesa, con pelo totalmente cano, y una polera de Don Ramón.

Lloyd es una leyenda que trabajó en la Studio 27, en la Oz y en varias discos de Viña; Lloyd es un tipo que tuvo disquerías en Santiago y, bueno, ahora está en la Eve.

CLÁSICAS DE LA DISCOTEC DE ORO VOL 1 - VIDEO

La nostalgia como experiencia compartida

La Eve es, por lo mismo, también una pesadilla. Es como entrar a la Casa del Terror de Fantasilandia.

Ok: no está Fredy Krueger, pero sí un señor igual al Lolo Peña, con abrigo, traje y corbata. Y el Lolo Peña baila y baila, sin soltar su trago, mientras en los parlantes de la Eve suena David give me love. Give me love.

3:00 AM En las mujeres predomina el look perno: polera blanca, chalequito, medallita con la Virgen. Da lo mismo qué Virgen. Hay costumbres que no cambian.

Puede ser: ahí enfrente están Los Ángeles de Charlie: tres rubias de, fácil, 50 años que andan para todos lados juntas siguiendo a su propia Farrah.

3:30 AM ¿Lo dije? El ambiente, en la Eve, es por decirlo de algún modo, más honesto que el que podrías encontrar, no sé, en Las Urracas.

Aquí, de hecho, nadie twitea, nadie mueve sus pulgares ante la BlackBerry, nadie engrupe y nadie toma mucho. En la última adolescencia, la más tardía, la ansiedad ha sido reemplazada por la resignación.

La imagen del hombre maduro en la pista

Suena Do you remember mientras no pocos hombres se tocan el pelo bendecido por Grecian 2000. Sorprende enterarse que, bien entrado el siglo XXI, muchos hombres se tiñen el pelo.

Y, al menos en la Eve, les da exactamente lo mismo si se nota o no. En la barra del bar son las manos las que revelan la edad.

Al menos ahí todas las manos parecen de abuelo, de abuela. Luego está el resto del cuerpo. Qué diablos: lo que no hizo el Balthus en un año no lo puede hacer la Eve en una noche.

En un rincón, otro grupo de oficina celebra un cumpleaños. Hay más velas que torta. Hay algo de heroico en el ambiente.

Y, aunque nadie lo dice, la consigna silenciosa entre la bulla no parece ser otra que. aún se puede. Se puede mover el esqueleto, pinchar, coquetear, conquistar.

La polera de rugby dentro del imaginario ochentero

La polera de rugby no aparece aislada, sino junto a un repertorio de prendas y gestos que evocan una forma de vivir la adolescencia y la noche. Su presencia acompaña al whisky, al pelo teñido, a los pantalones ajustados y a la actitud de quien intenta mantener intacta una imagen de décadas atrás.

La Eve es, por lo mismo, también una pesadilla. Es como entrar a la Casa del Terror de Fantasilandia. Ok: no está Fredy Krueger, pero sí un señor igual al Lolo Peña, con abrigo, traje y corbata.

Un tipo viste una insólita parka sin mangas MS7000. Esas que tan bien se veían en el bar de Portillo tres décadas atrás.

Tampoco debieran ir a una disco con bufanda. Ni con montgmorey. Pero, en la Eve, al menos la mitad de los hombres debe usar montgomery.

La historia de la Eve

Un ícono ochentero La Eve se fundó en 1969, en una casa en la misma esquina de Luis Carrera con Vitacura donde está hasta el día de hoy.

Fue un éxito de inmediato y todas las bellezas de la época se movían en su pista. Fue varios años después, en 1983, que la Eve pasó al subterráneo del centro comercial construído por la oficina de arquitectos Boza, Luhrs y Muzard.

Y entró entonces a la década que la convertiría en el epicentro de la noche santiaguina: los 80. Junto con la Gente, la Eve vivió su esplendor en los años de los pantalones amasados, de Madonna y Debbie Gibson.

Hasta Grace Jones, en una visita a Chile, cantó ahí. La música argentina comenzaba a arrasar, y toda la taquilla de esta época prefarándula hacía colas para entrar a bailar a la discoteque de la manzanita.

Entrando a los 90 siguió funcionando, sin ser el epicentro de antaño, pero siempre con éxito. Se convirtió en un lugar de adolescentes que iban a bailar al mismo lugar de sus padres y siguió siendo testigo de la noche santiaguina.

En 2007 fue remodelada, comenzando una senda "retro": para el adulto ochentero que quería revivir la época dorada de sus pistas. En música y en público, volvió al origen.

Pero hoy sus fiestas durante la semana han vuelto a atraer a la juventud y a buena parte de la taquilla actual.

La noche como oportunidad de reencontrarse

Es Julio comienza en Julio, pero al revés. O sea, muchos hombres y muchas mujeres buscan una nueva oportunidad en la vida, en la noche.

La libido, al ritmo de Toto y Ceratti, da sus últimos estertores antes del amanecer. No miento si digo que la Eve, el Club Eve, es como uno de esos encuentros de colegio en el que todos tienen cara de conocidos pero, finalmente, no sabes quién es quién.

Te patina el disco duro. ¿Quién es esa?, te preguntas una y otra vez. Esa morena-rubia ¿no es Paola Camaggi después del último Verano Belmont?

¿Puedo hacer una confesión? Desde que viajé a Moscú que no sentía que tantas mujeres me miraran.

Pero, bueno, ese es el secreto que parece haber encontrado la Eve, disco creada por los Muzard a fines de los 60, para cobijar en sus renovados 1.400 metros el concepto de resto-dance que, cada fin de semana, captura a casi mil personas que llegan atraídas por la oportunidad de encontrar lo perdido.

Sobra, por lo mismo, nostalgia. Suena I am walking on sunshine. Ah, ah.

La última parte de la noche

4:30 AM Pido un mojito . Y, como tengo hambre, unos fetuccini. Frente a mi mesa hay una negra Modelo. También mucha rubia Budweiser.

La gente más pituca bebe agua artesanal de glaciar. Claro: ya no somos los mismos. ¿Somos o no somos?

Eso es lo que no dejas de preguntarte en la Eve; la disco que, cuando abrió sus puertas en 1969, sus clientes no dejaban de celebrar la erótica coincidencia.

Cómo no: la ciudad, enloquecida, se aprestaba a la única revolución, la revolución de las hormonas, que realmente conoció.

Suenan Los Prisioneros: sexo compro, sexo arriendo, sexo vendo. Sexo, sexo, sexo.

Se acerca el amanecer e, impajaritablemente, los hombres se ponen sus anteojos para leer la cuenta antes de sacar la Redcompra.

Canta Charly: No voy en tren, voy en avión. Y entonces uno piensa que, pobres, a las Ángeles de Charlie se les pasó el tren, pero también el avión.

Y la esperanza no se acaba. Viaje de amor. Y música ligera. Dice Ceratti, imperturbable.

La pista de baile como viaje al fondo de la memoria

Qué tontera eso de meterse a Facebook. ¿Para qué buscar el pasado en Internet si esto es mucho más entretenido? -decía Pablo, jefe de informática de una empresa que ha venido en masa a la fiesta.

La verdad, no me acuerdo muy bien cómo era la Eve veinte, treinta años atrás. Lo que sí sé es que como está ahora no debe ser muy diferente.

Del cenit caen tres bolas con espejos. Y, a lo largo de la pista de baile, una franja retroiluminada, cono esas escenografías de los programas de Enrique Maluenda, insiste en asegurar que la vida es un show que, cada semana, tendrá una nueva oportunidad.

Miro al muro y reparo en que la decoración tiene algo de submarino. Cierto: la Eve no es el Ocean Pacific, pero todo esto no es otra cosa que un viaje al fondo de la memoria.

Llego a casa. Saco las servilletas del pantalón. Mi mujer pregunta: -¿Cómo te fue?

-Noche de thriller. Michael Jackson sonó toda la noche -respondo, antes de largarme a dormir.

tags: #pelao #con #polera #chica #de #rugby