La Liga Hanseática fue una confederación comercial y defensiva de ciudades del norte de Europa que protegió las rutas marítimas, aseguró privilegios mercantiles y organizó una extensa red de puertos, factorías y enclaves entre el mar del Norte, el Báltico y el interior del continente. Su aparición estuvo estrechamente relacionada con el crecimiento urbano, la expansión del comercio de larga distancia y la necesidad de proteger a los mercaderes frente a la piratería, los robos, los impuestos abusivos y las restricciones impuestas por los poderes locales.
Su importancia histórica y económica reside en que convirtió la cooperación entre comerciantes y ciudades autónomas en una fuerza capaz de negociar con reyes, controlar rutas estratégicas, imponer bloqueos, defender privilegios y establecer normas comunes para el intercambio. Aunque nunca llegó a ser un Estado ni promovió el libre comercio en el sentido moderno, la Hansa creó una red transregional que favoreció la prosperidad de numerosas ciudades y dejó una huella duradera en la diplomacia, el derecho mercantil, la logística y la cultura urbana europea.
Origen y significado del término Hansa
Desde el siglo XII existieron en el imperio alemán diversas agrupaciones o ansas de comerciantes. "Ansa" es una palabra muy antigua que significa «agruparse, reunirse». Por ejemplo entre otras el ansa de Colonia, que se cuidaba sobre todo, del tráfico comercial con Inglaterra. Con el tiempo se unieron a ella numerosas ciudades de Westfalia de idénticos intereses.
La palabra Hansa significa precisamente “asociación” o “gremio”. La Liga Hanseática fue una poderosa organización medieval de negociantes y ciudades septentrionales de Europa, creada para defender el comercio marítimo en los mares Báltico y del Norte especialmente, aunque sus naves transitaban por el Atlántico, llegando incluso a veces al Mediterráneo.
Podemos decir que la LIGA HANSEÁTICA, es una histórica federación comercial y defensiva creada por varias ciudades del N. de Alemania en la Edad Media. Aunque es difícil determinar una fecha precisa para su creación, o nombrar un factor específico que explique su origen, es evidente que las primeras uniones federativas, así como las actividades conjuntas de algunas de estas ciudades, pueden trazarse al siglo XIII.
Las condiciones que favorecieron su formación
El mar Báltico, verdadero Mediterráneo del norte, conoció al final de la Edad Media una enorme actividad comercial. Pero aun así, todavía no había llegado la hora, para los tres reinos escandinavos, de jugar un papel importante en esa zona. Estos reinos, sometidos a las diversas combinaciones dinásticas y desgarrados por las luchas intestinas de sus respectivas noblezas, intentaron unificarse sucesivamente, pero apenas consiguieron más que frágiles resultados.
Por el contrario, van a ser las ciudades alemanas las que se hagan con el dominio de las orillas del Báltico. Aunque las consideraciones políticas tuvieron gran influencia en el desarrollo de la Liga, las económicas fueron de mucho mayor importancia.
Algunas de las circunstancias regionales que precedieron la formación de la Liga y que pueden considerarse como principales factores en ello son: la mengua del poder imperial con anterioridad al siglo XIII, y el consiguiente aumento en la libertad de las ciudades y de los príncipes que dominaban sus destinos para tomar determinaciones políticas o económicas de importancia; la necesidad de protección mutua contra los piratas que infestaban los mares del norte de Europa; la semejanza de las costumbres legales con que se gobernaban los grupos de comerciantes alemanes de poblaciones en el extranjero, guiados por las que imperaban en el N. de Alemania; el establecimiento de almacenes en estas urbes remotas, atendidos por empleados especiales dotados de fueros y privilegios exclusivos de los comerciantes alemanes; etc.
Su origen se remonta al siglo XIII, cuando los comerciantes alemanes que operaban en el mar del Norte y el Báltico comenzaron a asociarse para defender sus intereses frente a los piratas y los impuestos abusivos de los señores locales. En sus inicios, la Liga era una red flexible de ciudades portuarias y centros comerciales, unidas por acuerdos mutuos de protección y privilegios aduaneros.
Las primeras alianzas entre ciudades
En 1241 Lubeck y Hamburgo convinieron en un programa común para la defensa de la importante ruta que unía el Báltico con el Mar del Norte. La primera reunión que se registra de las "ciudades marítimas", incluidas Lubeck, Hamburgo, Luneburgo, Wismar, Rostock y Stralsund, tuvo lugar en 1256.
Durante el siguiente siglo, muchas ciudades sajonas, para proteger sus intereses mutuos, se unieron a la Liga, y muchas otras confederaciones menos trascendentes de ciudades alemanas, tanto del norte como del sur, surgieron en esa época. En la centuria de activo desarrollo comercial anterior a 1350, los comerciantes alemanes echaron los cimientos de la supremacía que ejercería en lo sucesivo la Liga Hanseática.
Ante la impotencia política del imperio germánico, numerosas ciudades alemanas habían tomado la iniciativa de unirse para defender sus intereses, como, por ejemplo, en la Liga de las ciudades wendas, en torno fundamentalmente a Lübeck y Hamburgo. La lucha contra Dinamarca motivó una ampliación de esta unión, con la Alianza de Colonia, o Hansa 11367 que agrupaba, por primera vez, a todas las ciudades interesadas en el comercio nórdico desde el Zuiderzee holandés hasta Prusia, desde Westfalia a Sajonia.
Esta alianza se consideraba a sí misma vinculada al emperador, pero, de hecho, constituía un poder político, económico y militar independiente, sin llegar por ello a ser un Estado: no disponía ni de finanzas, ni de ejército ni incluso de cancillería.
La transformación de una red de mercaderes en una alianza urbana
La mayoría de historiadores que han investigado sobre la Hansa coinciden en un punto divisorio en su transcurso. El crecimiento y la evolución tienen un punto de inflexión, un momento decisivo en el que las estrategias desarrolladas por los mercaderes para conseguir beneficios comerciales tanto en sus territorios como en los que fueron colonizando en los siglos XII, XIII y XIV, protección frente a la piratería y a los asaltantes, en definitiva, la unión de comerciantes en el noroeste de Europa para generar un mercado estable, pasa a ser algo más, se convierte en una cuestión más amplia y copa la actividad de ciudades enteras que ahora se involucran para actuar en conjunto.
Y es que con este cambio la Hansa no pierde su esencia, la confederación surgida sigue siendo una comunidad con intereses comerciales que busca que sus actividades estén seguras y tenga privilegios frente a aquellos otros que también las practican allá donde se iban estableciendo.
La Liga funcionaba de forma cooperativa. Cada ciudad miembro conservaba su autonomía política, pero tomaban decisiones adoptadas en las asambleas generales: allí se discutían desde los precios del trigo hasta las alianzas con reinos vecinos, e incluso se organizaban bloqueos comerciales contra quien amenazara sus rutas.
La Liga Hanseática nunca dispuso de una flota militar común y, en definitiva, se puede decir que nunca declaró la guerra a nadie. Sin embargo, las ciudades del mar Báltico entablaron una larga serie de guerras contra los reyes de los países del norte, a fin de seguir teniendo voz en el cabildo en cuanto a las relaciones comerciales con los pueblos escandinavos.
Extensión territorial y composición
Alrededor de unas setenta ciudades debían ser miembros permanentes de la Hansa, mientras que otras cien serían lo que se ha llamado ciudades "pasivas". En su apogeo, durante los siglos XIV y XV, la Liga controlaba el comercio del mar Báltico y del norte de Europa, y llegó a contar con más de 200 ciudades, entre ellas Hamburgo, Bremen, Riga, Tallin, Gdansk o Brujas.
Vinculada con el desarrollo urbano, el comercio floreció, dando poder y riqueza a casi 200 urbes, de las que unas 70 formaban el núcleo fuerte, la mayoría portuarias. Hoy formarían parte de 16 países europeos, todos ligados a los mares del Norte y Báltico.
Una ciudad hanseática debía tener un puerto fácilmente accesible, contar con una producción propia de productos de primera necesidad y buenas comunicaciones terrestres para la distribución en lugares alejados de la costa.
Esto se debe a la lejanía geográfica entre las diferentes ciudades hanseáticas, contando con enclaves desde Inglaterra hasta Rusia y desde Escandinavia hasta adentrarse bien en Centroeuropa.
Había algunas ciudades que disfrutaban de un papel hegemónico. Lübeck, Colonia, Dortmund, Visby, Hamburgo, Bremen. , son varias de las más destacadas. El resto de componentes eran muy dados a seguir los pasos de los más desarrollados buscando conseguir grados de autonomía similares, una de las cosas en las que más las envidiaban.
| Grupo o función | Características |
|---|---|
| Ciudades principales | Lübeck, Colonia, Dortmund, Visby, Hamburgo y Bremen. |
| Miembros permanentes | Alrededor de unas setenta ciudades. |
| Ciudades “pasivas” | Otras cien ciudades que se incorporaban y salían según sus intereses. |
| Enclaves comerciales | Inglaterra, Rusia, Escandinavia y Centroeuropa. |
Lübeck y Hamburgo: el centro del sistema hanseático
Su primer gran centro fue Lübeck, en la actual Alemania, por su posición estratégica entre ambos mares. Lübeck, en el norte de Alemania, es conocida como la ciudad de las siete torres. Elevadas iglesias medievales dominan su horizonte y ayudan a definir su historia.
En 1241 Lubeck y Hamburgo convinieron en un programa común para la defensa de la importante ruta que unía el Báltico con el Mar del Norte. Lübeck y Dortmund, por ejemplo, participaban activamente en la dieta del Imperio romano-germánico, en la cual tenían representación propia como ciudades independientes que estaban ligadas al mismo.
Hamburgo en el s. XIV La ciudad, que había sido fundada por Carlomagno, se convirtió, en el s. XII, en una ciudad libre. Gracias a su alianza con Lübeck y a su propio emplazamiento, pudo convertirse en centro del comercio exportador, hacía el mar del Norte, de todos los productos del Báltico.
Su situación hizo de ella una importante encrucijada marítima, y la situó en primer plano, tanto para el comercio de la cerveza como también en calidad de puerto exportador del trigo de la zona del Báltico.
Pero Lübeck era la "Reina de la Hansa", en el corazón de una red que se extendía no solo a través del mar, al norte, sino también hacia el interior, proporcionando todo tipo de bienes, como cera del este de Europa y arenque de Escandinavia, a ciudades prósperas en el resto de Alemania.
Entre 1356 y 1669 fue sede de más de 100 reuniones de la Hansetag, la asamblea que reunía a representantes de ciudades hanseáticas para trazar estrategias y promover sus intereses.
<\tagimg>Mapa de las principales ciudades hanseáticasLa Hansetag: organización, decisiones y límites
En Lübeck se reunía la única instancia regular, el Hansetago asamblea de miembros. Este parlamento dictaba ordenanzas, fijaba los contingentes militares y los impuestos para la financiación de éstos.
Los miembros de la Liga Anseática discutían sus intereses comunes durante las jornadas anseáticas que se solían celebrar en Lubeck. En estas sesiones participaban los delegados de cierto número de ciudades. Se votaban leyes y se arbitraban litigios.
Las dietas eran el elemento característico de la confederación como institución. No se convocaban con regularidad y acudían normalmente los miembros más interesados en los temas a debatir, siendo más frecuentes a escala regional.
En la dieta se discutían temas de índole económico, se exponían los problemas y las necesidades que tenían en sus factorías las ciudades participantes, yendo desde diferentes peticiones para modificar sus actividades e itinerarios a la solicitud de ayuda frente a los reinos que les abolieran los derechos y privilegios por los que se habían establecido allí respecto de otras asociaciones, incluso locales.
Pero también se debatía acerca de la presencia de ciertos miembros de la liga, se decidía cuando entraban nuevos y cuando debían salir. En definitiva, la organización interna se basaba en la dieta como estructura, como institución, la cual estaba encabezada por las ciudades más consolidadas y que disfrutaban de mayor independencia en sus respectivos estados, seguidas del conjunto de ciudades más activas en la liga que tenían una participación regular y, por último, las ciudades que se encontraban más al margen de la dieta, que actuaban como "pasivas" y que se incorporaban y salían de la confederación según sus intereses propios y las exigencias de terceras partes con los problemas que les sobrevenían.
Pese a la escasa producción documental para evitar ser suplantados, aprovechándose de sus ventajas comerciales, y que los componedores de la liga fluctuaban constantemente, según sus intereses, se puede tener una idea de los miembros gracias a las listas que registraban la asistencia de las ciudades al elemento característico de la confederación como institución, la dieta (Hansetag).
Protección comercial y poder político
El poder de la Liga era suficiente como para hacer respetar sus privilegios a los demás Estados y garantizar la seguridad de sus súbditos. Cualquier medio era bueno para llevar a cabo esta política, desde la intriga diplomática hasta la guerra, pasando por el bloqueo de los puertos que se mostraban reacios ante el comercio alemán.
En uno de los documentos que la Hansa tuvo que presentar ante la Corona inglesa durante su confrontación en el año 1469, la institución trata de explicar su propia naturaleza: "Una confederación firme de numerosas ciudades, pueblos y comunidades con el propósito de asegurar que las empresas comerciales terrestres y marítimas tuvieran los resultados deseados y favorables, y protegerlas con efectividad frente a piratas y ladrones para que en sus emboscadas no robaran a sus mercaderes sus bienes y mercancías".
Lloyd añade a esta definición que otro objetivo era protegerse frente a las tasas, a los impuestos, a los aranceles y a cualquier pago o traba que los príncipes trataban de imponer a los comerciantes.
La Liga contaba con poderosas flotas armadas capaces de enfrentarse a reyes y piratas por igual. En 1361, por ejemplo, cuando el rey de Dinamarca atacó Visby, una ciudad hanseática en la isla de Gotland, la Liga respondió con una guerra comercial y naval que obligó al monarca a rendirse.
La lucha contra Dinamarca motivó una ampliación de esta unión, con la Alianza de Colonia, o Hansa 11367 que agrupaba, por primera vez, a todas las ciudades interesadas en el comercio nórdico desde el Zuiderzee holandés hasta Prusia, desde Westfalia a Sajonia.
Copenhague cae y Valdemaro se ve obligado a aceptar una paz humillante, en Stralsund en el año 1370, por la que se reconocen a las ciudades confederadas numerosos privilegios, sobre todo respecto a los estrechos que separan el Báltico y el mar del Norte; esta victoria anuncia el advenimiento de una nueva potencia: La Liga Hanseática.
El papel de la Orden Teutónica
Entre las personas que acudían en representación de sus factorías a las dietas había un personaje singular, el único gobernante aceptado en la confederación, el Gran Maestro de la Orden Teutónica, el cual jugaba un papel importante en la Hansa.
Su pueblo había ido avanzando hasta situarse en la región de Prusia-Livonia, lugar en el que ya había comerciantes hanseáticos y en el que se desarrollaron numerosos enclaves de los mismos.
Además, durante la expansión de la Hansa con su continua fundación de ciudades en los siglos XII y XIII, esta orden le sirvió de soporte militar para la colonización del este del Báltico.
Otro factor que añadir a la suma es que Prusia-Livonia se abastecía y utilizaba las vías hanseáticas para comercializar la producción de las vastas tierras que poseían.
Las factorías y los kontors
Los anseáticos también establecieron oficinas y factorías comerciales en el extranjero, en los que almacenaban sus mercancías en espera de una ocasión favorable para su venta. Las factorías más importantes fueron Brujas, Londres, Bergen (Noruega), Visby y Novgorod.
Por lo general estaban agrupadas en un barrio de la ciudad rodeado por una sólida cerca y a veces por un muro y puertas fortificadas. Los anseáticos que vivían o invernaban allí constituían una guilda (gremio) de comerciantes, independiente pero bajo la autoridad de síndicos y consejeros elegidos por ellos mismos.
Por la noche las puertas permanecían herméticamente cerradas. Los anseáticos montaban la guardia en las murallas, con perros amaestrados, y a la más mínima amenaza de peligro todos los «huéspedes» acudían a defender la factoría armados de pies a cabeza y con la espada en la mano.
Londres nunca fue formalmente una de las ciudades hanseáticas, pero fue un eslabón crucial en la cadena, conocido como "kontor" o puesto comercial. La comunidad de comerciantes alemanes que vivía a orillas del Támesis estaba exenta de aranceles y ciertos impuestos.
Esta fue la base londinense de la Liga Hanseática, una poderosa red comercial que operó durante cientos de años, y se extendió desde el este de Inglaterra hasta el corazón de Rusia. El Steelyard llegó a dominar el comercio de telas de Inglaterra, y la riqueza de sus comerciantes alemanes fue capturada en los retratos del siglo XVI de Hans Holbein.
Ninguno de sus edificios -los almacenes, la capilla, el gremio o los barrios residenciales- siguen en pie hoy. Pero como señala la concejal londinense Alison Gowman, su presencia se revela en los nombres de lugares, como Steelyard Passage o el pub Pelt Trader (Comerciante de Pieles).
Visby y el nacimiento de una red internacional
En la segunda mitad del siglo XIII, los habitantes de Visby, una ciudad en la isla sueca de Gotland, construyeron una gran barrera para mantener fuera a los campesinos. Querían proteger la riqueza que el comercio internacional estaba trayendo a su ciudad desde el otro lado del Mar Báltico.
Los agricultores locales se veían obligados a pagar una tarifa o impuesto si querían vender sus productos en la ciudad. El muro provocó una guerra civil, y un hecho aleccionador resuena a través de la historia: el comercio crea ganadores y perdedores.
Enormes acumulaciones de monedas encontradas en Gotland, del mundo árabe y Asia Central, dan testimonio de la importancia temprana de la ciudad en el comercio internacional. "Desde la era vikinga, el comercio era una fuente importante de ingresos para las personas en Gotland", dice la historiadora sueca Erika Sandstrom.
Los comerciantes locales, que comerciaban en particular con sus contrapartes en el norte de Alemania, formaron gremios o "Hansa" (de aquí viene el término "hanseático") para promover sus intereses y construir sus redes.
A medida que se abrió el mundo medieval, Visby comenzó a conectarse con otras partes de la región báltica, y nació la amplia red de comerciantes y, posteriormente, ciudades que se convirtieron en la Liga Hanseática. Visby fue uno de sus primeros centros de poder.
Visby había negociado con Nóvgorod y prosperó, pero luego los alemanes llegaron a Visby, se establecieron también en Nóvgorod y lentamente se hicieron cargo del comercio.
Productos y rutas comerciales
Los mercaderes de la Hansa proporcionan a Occidente, fundamentalmente, productos brutos y materias primas procedentes del norte y del este de Europa: trigo de Prusia y de Polonia, cobre v hiendo de Suecia, arenques de Escania, salazones y madera de Noruega, píeles y cera de Rusia, madera y caballos de Polonia, etc.
La Hansa adquiere una gran reputación por la calidad de su madera, que se utiliza, en Flandes y en Inglaterra, para la construcción de barcos. La ciudad de Danzig se encarga del suministro de velas v cuerdas de cáñamo, así como de los polvos necesarios para la tintura de los paños.
Entre los productos que se trasladaban estaban los que procedían del Norte de Europa, tales como pieles, madera, trigo, lana y cera. Los del Sur eran sobre todo vino, especias, tejidos y joyas.
| Procedencia | Productos principales |
|---|---|
| Norte y este de Europa | Pieles, madera, trigo, lana, cera, arenques, salazones, cobre, caballos. |
| Prusia y Polonia | Trigo. |
| Suecia | Cobre. |
| Noruega | Salazones y madera. |
| Rusia | Pieles y cera. |
| Flandes e Inglaterra | Paños, lana, estaño y vino. |
| Región de Bourgneuf | Sal indispensable para la conservación del pescado. |
Estos productos son intercambiados en Brujas o en Londres por paños de Flandes o Inglaterra, por la lana o estaño inglés, por vino y, sobre todo, por sal, indispensable para la conservación del pescado, que se adquiere en la región de Bourgneuf.
Este aflujo de mercancías permitió a los alemanes desarrollar todas las modalidades comerciales, desde la venta ambulante en el campo escandinavo hasta los grandes negocios que requerían créditos e inversiones de capitales en compras inmobiliarias en las ciudades hanseáticas.
Las principales factorías comerciales
Novgorod
Lubeck mantuvo continuas relaciones con Novgorod para la compra de pieles, pellejos, miel y cera. A su vez, los alemanes exportaban a Novgorod harina de centeno, malta, cerveza y vino.
El establecimiento de Novgorod fue especialmente lucrativo pero, en cambio, provocó muchas dificultades. El zar Iván III el Grande toma Novgorod y expulsa de allí a los mercaderes hanseáticos.
Bergen
En Bergen, el «Puente alemán», los anseáticos compraban pescado seco y salado, alimento tanto más importante cuanto que entonces eran numerosos los días de ayuno, grasa de foca, aceite de pescado, plumas, pieles y madera para la construcción.
Londres
En Londres compraban grandes cantidades de estaño y lana e importaban vino y madera de ébano. El Steelyard llegó a dominar el comercio de telas de Inglaterra.
En su momento, probablemente tuvieron alrededor del 15% de la cuota de mercado de las importaciones y exportaciones inglesas. Su reputación de fiabilidad era tal que a menudo se ha sugerido que la moneda de Reino Unido, la libra esterlina, debe su nombre a una forma abreviada de "Easterling", como se conocía localmente a los comerciantes hanseáticos.
Brujas
En Brujas adquirían tejidos de lana y vendían productos de su propio país, y también especias y mercancías que les llegaban de Oriente. En el siglo XV, Brujas corrió la misma suerte.
Entonces, los anseáticos trataron preferentemente con ciudades jóvenes en pleno desarrollo, entre otras, Amberes y Amsterdam.
La coca y la capacidad de transporte
La nave preferida fue la coca, de origen atlántico, con alto bordo, corta eslora y amplia manga. Podía tener una o varias cubiertas.
Tenía gran resistencia para navegar en mares adversos, baja necesidad de marineros y, sobre todo, gran capacidad de carga, ya que podía transportar entre veinte y cuatrocientas toneladas de mercancía según el tamaño de la nave.
Durante los siglos XII y XIII fue la más usada en la Hansa. Se crearon para las florecientes rutas comerciales a través del Báltico, y, en efecto, fue uno de los primeros precursores del moderno barco de contenedores.
Este no era un barco hecho para asaltar o para conflictos, era un barco de transporte, bastante lento. Su función principal era que podía transportar productos a granel.
<\tagimg>Réplica de una coca hanseática medievalEl apogeo económico de la Liga
Hacia fines del siglo XIV ésta era tan poderosa que había logrado dominar completamente el tráfico mercantil en los mares del Norte y Báltico y desde Londres hasta Novgorod.
La Liga Hanseática, que disponía de un millar de buques de alta mar, se convirtió, a finales del s.XV, en la primera potencia naval. Apoyándose en los enclaves de Novgorod, Bergen, Brujas y Londres, las cerca de 100 ciudades agrupadas en la Liga acaparaban todos los productos del norte de Europa.
En su apogeo, la Liga contó con la lealtad de casi 200 ciudades en todo el norte de Europa. Esta prosperidad económica le proporcionó los medios para imponer su poder y defender sus intereses.
Su influencia era tan grande que, durante un tiempo, ningún puerto del norte podía prosperar sin su beneplácito.
La mayoría de historiadores que han investigado sobre la Hansa coinciden en un punto divisorio en su transcurso. El crecimiento y la evolución tienen un punto de inflexión, un momento decisivo en el que las estrategias desarrolladas por los mercaderes para conseguir beneficios comerciales tanto en sus territorios como en los que fueron colonizando en los siglos XII, XIII y XIV, protección frente a la piratería y a los asaltantes, en definitiva, la unión de comerciantes en el noroeste de Europa para generar un mercado estable, pasa a ser algo más, se convierte en una cuestión más amplia y copa la actividad de ciudades enteras que ahora se involucran para actuar en conjunto.
Normas, confianza y calidad comercial
A medida que se desarrollaba el comercio, ciudades que estaban separadas por cientos de kilómetros necesitaban tener la seguridad de que todos estaban recibiendo un trato justo. Entonces, crearon un sistema de normas y regulaciones comunes.
Una lista acordada de pesos y medidas fue particularmente importante. En ese momento había mucha inseguridad en el comercio. Te encuentras en el mercado con una bola de tela, pero ¿cómo decides cuánto vale? Era necesario tener estándares comunes para evitar conflictos.
La imitación también era un gran problema, por lo que había mucha regulación sobre, por ejemplo, el tipo de tela que se podía comerciar: tenía que estar estampada, sellada o plegada de la manera correcta.
En otras palabras, la Liga Hanseática era proactiva sobre el control de calidad. Las telas altamente apreciadas de Brujas o Leiden eran marcas registradas, a pesar de que no existía una ley internacional que impidiera la copia de otro producto.
Era importante para los comerciantes que la mercancía que llegaba a Nóvgorod fuera en realidad lo que afirmaba ser, porque podría haber un infierno que pagar si no. De hecho, muchos de los temas que dominan las discusiones comerciales modernas -productos falsificados, marcas registradas y reglas de origen- se hacen eco del período hanseático.
A veces, por supuesto, surgían disputas, e incluso socios comerciales naturales se peleaban. Pero la Liga Hanseática aguantó durante un tiempo notablemente largo porque ayudó a garantizar la calidad, organizar la logística y crear confianza.
La importancia económica de la Liga Hanseática
Integración de mercados
La Hansa conectó regiones productoras de materias primas con centros consumidores y manufactureros. Los productos del norte y del este de Europa llegaban a ciudades comerciales de Alemania, Flandes e Inglaterra, mientras que los artículos occidentales se distribuían hacia Escandinavia, Rusia, Prusia y el Báltico.
La Liga Hanseática fue una alianza comercial internacional que permitió organizar intercambios regulares en una época en la que las comunicaciones eran lentas, las rutas estaban expuestas a la violencia y las monedas, pesos y normas variaban de una ciudad a otra.
Especialización urbana
La expansión hanseática impulsó una división regional del trabajo. Algunas ciudades se especializaron en la navegación y el almacenamiento; otras funcionaron como centros de producción, transformación, financiación o redistribución.
Hamburgo se convirtió en centro del comercio exportador hacia el mar del Norte de los productos del Báltico. Danzig se encargó del suministro de velas y cuerdas de cáñamo, así como de los polvos necesarios para la tintura de los paños.
Financiación y crédito
Este aflujo de mercancías permitió a los alemanes desarrollar todas las modalidades comerciales, desde la venta ambulante en el campo escandinavo hasta los grandes negocios que requerían créditos e inversiones de capitales en compras inmobiliarias en las ciudades hanseáticas.
La existencia de redes estables, factorías, almacenes y normas comunes redujo ciertos riesgos de las operaciones a larga distancia y favoreció la confianza entre comerciantes que podían encontrarse a cientos o miles de kilómetros de sus ciudades de origen.
Desarrollo urbano
En los siglos XI a XIII hay una economía en expansión: se fundan ciudades, crecen los mercados y la población de Europa crece notablemente durante ese período.
La Liga llevó mucha riqueza, tanto a los comerciantes como a las ciudades que participaban en ella, que podían estar situadas tanto en las regiones costeras como a lo largo de importantes ríos.
La prosperidad comercial contribuyó a financiar edificios religiosos, murallas, almacenes, puertos y espacios administrativos, además de consolidar la autonomía de numerosas ciudades frente a los poderes territoriales.
Seguridad y reducción del riesgo
La finalidad fundamental de la cooperación era mantener abiertas las rutas comerciales y proteger las mercancías frente a piratas, ladrones, señores locales y autoridades que pretendían imponer nuevos pagos.
La Liga también actuaba mediante la diplomacia, la presión económica, los bloqueos y, cuando era necesario, la guerra. Por eso, su importancia económica no puede separarse de su capacidad política y militar.
La Hansa no fue una zona de libre comercio
La gente a veces usa mal el término y dice que la Liga Hanseática promovió el libre comercio. Absolutamente no lo hicieron. Toda su estrategia consistía en crear monopolios y negociar privilegios.
Era una organización que protegía el comercio de algunos mercaderes. No era comercio libre.
La comunidad de comerciantes alemanes que vivía a orillas del Támesis estaba exenta de aranceles y ciertos impuestos. El éxito también generó resentimiento y disputas con los comerciantes locales, pero fue un ejemplo temprano de cooperación paneuropea.
Los privilegios que antes habían garantizado su prosperidad empezaron a verse como monopolios abusivos por los propios habitantes del norte de Europa.
La importancia política y diplomática
La Liga fue una alianza comercial, pero sus decisiones afectaban a la política internacional del norte de Europa. Sus ciudades negociaban con monarcas, apoyaban a determinados poderes, exigían la conservación de sus derechos y castigaban a los puertos que intentaban limitar sus actividades.
La Liga ciertamente intervino a veces en política, apoyando a monarcas, imponiendo boicots comerciales y lanzando guerras. Pero Alison Gowman insiste en que el objetivo principal siempre fue financiero.
Fue para mantener abiertas sus rutas comerciales. Y, en ese sentido, se trataba de la libertad para comerciar más que del libre comercio.
Lübeck y Dortmund participaban activamente en la dieta del Imperio romano-germánico, en la cual tenían representación propia como ciudades independientes que estaban ligadas al mismo.
La Orden de Kalmar y las amenazas del siglo XV
El s. XV fue una época de grandes transformaciones, tanto para el Báltico como para el resto de Europa. Los tres reinos escandinavos que se habían declarado «unidos para siempre» en una asamblea de nobles en Kalmar (Suecia), en 1397, se enfrentaban.
Suecia soportaba mal la presencia del rey danés al frente de dicha unión; en el año 1434, una insurrección nacional expulsa a las guarniciones danesas del país.
No obstante, la unidad de Escandinavia fue restablecida por el rey Cristian I, que fundó la universidad de Copenhague, para limitar así la influencia del pensamiento alemán.
Esta influencia fue severamente criticada en todos los terrenos: en 1410, los caballeros de la orden teutónica fueron aplastados por los polacos en Tannenberg; el zar Iván III el Grande toma Novgorod y expulsa de allí a los mercaderes hanseáticos.
El declive de la Liga Hanseática
El éxito contenía su propio límite. A medida que surgieron nuevos Estados fuertes en el norte de Europa, como Inglaterra, Holanda o Suecia, empezaron a competir con las ciudades de la Liga, que perdió su ventaja.
Los conflictos bélicos también pasaron factura: las guerras entre Suecia, Dinamarca y los reinos alemanes devastaron las rutas hanseáticas, y muchas de sus ciudades fueron absorbidas por Estados más grandes.
La mayor fuente de preocupación para la Hansa procede de los Países Bajos, cuyos navíos penetran ya en el Báltico. Los holandeses alientan las ansias de independencia de Dinamarca, la cual vence en el istmo de Holstein, en 1472, a los navíos de la Liga, y suprime los derechos de tránsito por los estrechos, controlando también la ruta de Lübeck a Hamburgo.
Aun así, todavía no es el declive definitivo de la Hansa, aunque sí un golpe muy importante que significaría que sus días están contados, ante el auge de las grandes potencias que resurgen en Escandinavia.
Otros factores desafiaron la posición dominante de Gotland: la piratería, mejores métodos de navegación, barcos que podían viajar más lejos y más rápido, y ataques militares desde Dinamarca. Visby no pudo controlar lo que había creado, y aunque la ciudad tuvo su momento de gloria, eventualmente fue ignorada.
El cambio de las rutas comerciales
El golpe definitivo se lo dieron las coronas hispánicas, cuando la llegada de los españoles a América hizo que las rutas comerciales cambiaran hacia el Atlántico.
El surgimiento de los estados nacionales como centros de poder político desafió su modelo comercial, al igual que la aparición de nuevos mercados y rutas comerciales en todo el mundo.
Además, las nuevas potencias marítimas contaban con barcos más rápidos, mejores técnicas de navegación y una política estatal de apoyo al comercio que la Liga no podía igualar.
Incluso ideas que suenan modernas como el cambio climático desempeñaron su papel, ya que los bancos de arenque, una mercancía hanseática clave, se mudaron fuera del Báltico en el siglo XV en busca de aguas más cálidas.
La pérdida de factorías y privilegios
Los poderes dinásticos aumentaban lentamente y las grandes prerrogativas de la Liga Anseática se fueron desmoronando. Perdió muchos privilegios, y las autoridades locales cerraron sus factorías, en 1494 en Novgorod y en 1598 en Londres.
Ingleses y holandeses se convirtieron en rivales cada vez más temibles para la Liga Anseática, hasta el punto de que las factorías empezaron a declinar. En el siglo XV, Brujas corrió la misma suerte.
Cada vez fue mayor el número de ciudades que abandonaron la confederación: en 1669 sólo quedaban seis. La organización se fue debilitando poco a poco, hasta que en 1669 se celebró la última asamblea, con apenas tres ciudades asistentes: Lübeck, Bremen y Hamburgo.
Hacia el siglo XVII, la Liga Hanseática era ya una sombra de lo que fue: una federación simbólica de ciudades sin poder real.
Aunque tampoco tenemos fechas concretas de cuándo empezó a decaer, sí que sabemos que en el siglo XVIII era más un nombre que una potente confederación urbana. Parece que fueron múltiples los motivos de su desaparición paulatina, entre los que se encuentran los diversos enfrentamientos bélicos y el cambio que se produjo en los modelos de negocio con la llegada al continente americano.
La Hansa y la cooperación económica europea
Mucho antes de que existiera la Unión Europea, el continente ya había conocido una alianza internacional basada en la cooperación económica. Surgió en el norte de Europa, no de los reyes ni de los señores feudales, sino de los gremios de mercaderes: hombres prácticos, centrados en el negocio, que decidieron unirse para proteger sus rutas y su prosperidad.
La Liga Hanseática fue una precursora de la cooperación económica europea, un modelo temprano de alianza económica en el que la seguridad, la diplomacia y el comercio estaban estrechamente ligados.
Pero no se puede equiparar directamente con la Unión Europea. Lo que la Liga no tenía, por supuesto, era el tipo de estructuras políticas y económicas que ahora asociamos con la UE.
La Hansa creó una red y desarrolló prosperidad en un momento en que el Báltico era un lugar bastante sombrío. Así que la transformación que ayudaron a generar fue el origen de la prosperidad del noroeste de Europa.
Sus normas de arbitraje y sus rutas marítimas establecieron las bases del derecho mercantil moderno, y muchas de sus antiguas ciudades siguen hoy hermanadas bajo el nombre de “Nueva Hansa”.
Legado histórico, urbano y cultural
Aun así, su legado perdura. Tanto Hamburgo como Bremen todavía se conocen oficialmente como ciudades hanseáticas libres, y son estados por derecho propio en la república federal alemana.
Más al este, a lo largo de la costa, el equipo de fútbol local se llama Hansa Rostock, mientras que el nombre de la aerolínea nacional, Lufthansa, también conmemora glorias comerciales pasadas.
En 1991 el Consejo de Europa certificó el “Itinerario cultural de La Hansa”, del que forman parte 190 ciudades en 16 países, muchas de las cuales son lugares declarados patrimonio mundial por la UNESCO.
En mayo de 2015 se inauguró en Lübeck una institución patrimonial para dar a conocer qué fue y qué significó esta poderosa liga, el European Hansemuseum. Un hecho que muestra la importancia que se le concede a la historia hanseática.
Muy recientemente, la UNESCO ha incluido 17 documentos históricos de la Liga en el registro mundial de la «memoria del mundo».
En la actualidad, muchas de las antiguas ciudades hanseáticas conservan murallas, almacenes, iglesias, puertos y trazados urbanos relacionados con la expansión de la Liga. Estos vestigios permiten observar cómo el comercio internacional transformó la arquitectura, la vida social y la organización política de las ciudades medievales.
La nueva Liga Hanseática
La nueva Liga Hanseática nace en febrero de 2018, con la firma simbólica de los ministros de finanzas de Estonia, Finlandia, Irlanda, Letonia, Lituania, Países Bajos, Dinamarca y Suecia.
Hay dos importantes variaciones con respecto a la medieval, Alemania no se encuentra entre los países de esta nueva alianza, pero sí Dinamarca, que había sido un enemigo de la Liga Hanseática clásica.
Esta unión paneuropea primigenia, que se estableció para defender los intereses comerciales de diversas ciudades portuarias del mar del Norte y del Báltico, fue la alianza más poderosa de la Edad Media.
Aunque durante la Edad Moderna terminó decayendo como tal, en el siglo XXI se ha hecho uso de su tradición para generar otra más moderna, con algunas diferencias, entre cuyos objetivos está la preservación de ese importante Patrimonio Marítimo originado hace siglos como resultado de las actividades comerciales de la Hansa originaria.
