En mayo de 1989, después de 15 años de vivir el exilio, el Grupo Quilapayún retornó a Chile y realizó su primer concierto masivo en el Estadio Santa Laura junto a artistas como Keko Yunge y el Grupo Congreso.
El recital fue presentado como un acontecimiento de reencuentro musical y político-cultural, en un recinto que durante la década de 1980 se había convertido en un espacio de resistencia pacífica contra la dictadura, de lucha por la recuperación de la democracia y de expresión de las mayorías oprimidas.

El concierto de Quilapayún en Santa Laura
“Gran concierto para el nuevo tiempo” es el nombre que escogieron para el recital que compartirán el miércoles 1° de febrero, en el estadio Santa Laura, los grupos Quilapayún y Congreso, además de Keko Yunge y su nuevo conjunto “La base Antártica”.
Recital compartido será el 1° de febrero, a las 20 horas. El valor de las entradas es de 500 pesos.
Según contaron los integrantes de Quilapayún, “esto tiene un significado especial en momentos que nos han puesto dificultades para algunos escenarios”, como fue en Playa Ancha y en La Tortuga de Talcahuano.
“Haremos una muestra con tres representantes de la música popular chilena. Quilapayún podrá aportar la nueva canción con 15 años en el exilio; Congreso es una vertiente diferente, con una creación de años dentro del país, y Keko Yunge, un exponente joven”.
Para “Congreso”, tambien presentes en la conferencia de prensa donde se hizo el anuncio, esta “será una experiencia bonita, porque hay una intención común. La gente que nos conoce verá otro tipo de música y quienes vayan por Quilapayún podrán también apreciar lo nuestro. La presencia de Keko arrastrará a los jovenes que no nos conocen”.
Los integrantes de Quilapayún agregaron que para ellos es muy importante hacer un recital compartido, “porque es una manera de mostrar diferentes expresiones que se fueron desarrollando en forma paralela, pero forman parte de un mismo crisol e identidad.
Esto adquiere una connotación emocional muy importante que nos aleja de todo cálculo. Es la necesidad del reencuentro afectivo a través de la música”.
Ellos confesaron que no conocen el trabajo musical de Keko, pero que sí están al tanto, a través del disco, de lo que ha hecho Congreso en estos años y “de alguna manera nos sentimos emparentados”.
Sobre los recitales que ofrecieron en el California el reciente fin de semana, manifestaron su satisfacción al haber encontrado tan buena respuesta en el público. “Nosotros demostramos que nos reconciliamos con todos”.
Sobre el alto valor de las entradas, explicaron que se debe a los gastos que implica una producción de esa naturaleza, y que ahora en el estadio de plaza Chacabuco podrá ir gente que no tuvo acceso al teatro.
Programa y características del espectáculo
El precio del concierto en el Santa Laura será de 500 pesos y abrirá Keko Yunge, a las 20 horas, para continuar a las 21 con Congreso y cerrar, a las 22, con el Quilapayún, grupo que adaptará su show a ese escenario al aire libre, “con una síntesis distinta, equilibrando todo a las condiciones precisas”.
Contaron que el espectáculo que realizaron en el California lo han mostrado en los cinco continentes y en diferentes idiomas. “Cantamos los temas en castellano, pero el diálogo con la platea es en su lengua. Lo hacemos en inglés, francés, alemán y algo de holandés”.
| Hora | Artista o grupo |
|---|---|
| 20 horas | Keko Yunge |
| 21 horas | Congreso |
| 22 horas | Quilapayún |
El regreso de Quilapayún después del exilio
En mayo de 1989, y después de 15 años de vivir el exilio, el Grupo Quilapayún retornó al país y realizó su primer concierto masivo en el Estadio Santa Laura junto a artistas como Keko Yunge y el Grupo Congreso.
El regreso se produjo en un año marcado por numerosas actividades políticas, artísticas y culturales opositoras que reafirmaron la idea y la imagen de ser un recinto, un espacio de resistencia frente a la dictadura y de lucha por la recuperación de la democracia y por el respeto a la vida y a los derechos fundamentales de las personas.
El año registra también la realización de masivos conciertos en el Estadio Santa Laura con la presencia del grupo Congreso y del cantautor argentino Piero.
Este último, y después de seis o siete intentos por ingresar a Chile a mostrar sus canciones, logra presentarse en el estadio, en un masivo concierto en el que pudo interpretar canciones como “Para el pueblo lo que es del pueblo” y “Que se vayan ellos”.
La gira musical de Quilapayún
Al margen del gran recital compartido, Quilapayún inicia hoy su gira por el sur, en Punta Arenas; para proseguir el 26 en Puerto Montt, 27 en Osorno, 28 en Valdivia, el 29 cerrarán el show de la Ferbio en Concepción, el 30 en Temuco, el 31 en Rancagua, junto a Payo Grondona, y el 2 de febrero, dos funciones en el Fortin Prat de Valparaíso, en las que compartirán escenario con Congreso.
El afiche dentro de la historia del Estadio Santa Laura
De los recintos deportivos de todo el país el estadio Santa Laura es quizás el reducto que en el transcurso de sus más de noventa años de existencia ha construido una relación muy particular y única con el género femenino.
Este longevo y especial vinculo no sólo abarca diversas esferas del quehacer deportivo nacional, sino que se extiende también a otros ámbitos tan relevantes y significativos como el social, el comunitario, el histórico, el religioso, el artístico, el cultural y el político.
A diferencia de otros campos deportivos de Chile que tras el golpe cívico militar del 11 de septiembre de 1973 que derrocó al presidente constitucional Salvador Allende Gossens fueron utilizados como campos de concentración, de detención, de tortura, desaparecimiento y muerte, el estadio Santa Laura no sólo fue el “refugio del futbol”, como lo señalara el Premio Nacional de Periodismo Deportivo, Julio Martínez Prádanos, sino que en los años ochenta se transformó indiscutiblemente en un espacio de resistencia pacífica contra la dictadura, de lucha por la recuperación de la democracia, de expresión político-cultural de las mayorías oprimidas y en un recinto en el que las manifestaciones de las mujeres opositoras a la dictadura militar se hicieran recurrentes.
En consecuencia, es posible sostener que la relación de las mujeres con el estadio Santa Laura no es fortuita, no puede ser calificada de reciente y que más bien es histórica.
Origen y características del recinto
Construido por el club Unión Deportiva Española el año 1922 en la misma ubicación que ocupa actualmente, hasta la aparición del flamante Estadio Nacional, el Santa Laura fue tenido por el mejor de Santiago.
Contó en su origen con una cancha de fútbol y cuatro de tenis, una piscina y un velódromo con una pista de 500 metros, “cerrado completamente con muralla de cal y ladrillos”.
La cancha fue la primera de las instalaciones del polideportivo en terminarse. El campo de juego estaba cercado con una sólida palizada de color blanco.
En el costado poniente se levantaron tribunas techadas y, en el lado opuesto, 60 metros de galerías, alcanzando una capacidad inicial de 5 mil personas.
Fue inaugurada el 10 de mayo de 1923, con un clásico de colonias: Unión Española contra Audax Italiano.
Una década después, en esa misma cancha se disputó el partido con que debutó el fútbol profesional en Chile, el 22 de julio de 1933, entre Audax Italiano y Morning Star.
| Elemento | Dato |
|---|---|
| Construcción | 1922 |
| Inauguración | 10 de mayo de 1923 |
| Capacidad inicial | 5 mil personas |
| Pista de velódromo | 500 metros |
| Primer partido inaugural | Unión Española contra Audax Italiano |
| Debut del fútbol profesional en Chile | 22 de julio de 1933 |
El Estadio Santa Laura no fue concebido únicamente como un recinto destinado a la práctica del fútbol, como se conoce hoy.
Muy por el contrario, para la época constituyó un verdadero complejo deportivo que ofrecía modernas instalaciones para practicar el ciclismo, la natación, el basquetbol, el tenis, el waterpolo, la pelota vasca, el hockey; y una nutrida actividad social tanto para los socios del club como para los vecinos que progresivamente comenzaron a instalarse en las proximidades del recinto.
Sin apoyo gubernamental y antes que el Estado de Chile comenzara a desarrollar una progresiva política de construcción de infraestructura deportiva en el país, el estadio de los hispanos fue construido en la zona norte de Santiago, muy próximo a la Avenida Independencia, en noviembre del año 1922 e inaugurado seis meses más tarde con un partido que concitó el interés de la hinchada itálica, española y de los crecientes seguidores que comenzaban a ver y a seguir la práctica del fútbol en las numerosas canchas de las ciudades puerto, ferroviarias y de la capital del país en donde este deporte ancló.
En el año 1922 se había materializado el sueño de aquellos emigrantes españoles que a fines del siglo XIX y comienzos del XX llegaron a Chile desde diversas zonas de España para iniciar sus nuevas vidas, desarrollando actividades productivas ligadas principalmente al comercio, al calzado, a la madera, a la agricultura, a la banca, etc.
Riojanos, vascos, catalanes, gallegos, valencianos, aragoneses, castellanos, andaluces, extremeños, asturianos, entre otros, llegaron con sus tradiciones, costumbres, expresiones artísticas, deportes, colores, sabores y olores a insertarse en la vida nacional y contribuir al desarrollo del país en diversos ámbitos de su quehacer.
Dirigentes de la época como Rosendo de Santiago Alvarez y Evaristo Santos Planillo, jugadores como Juan Legarreta Ugarte y Juan Lapiedra Cañizar, con la colaboración del arquitecto catalán José Forteza Ubach, entre muchos otros activos y entusiastas socios, adquirieron, despejaron, prepararon el terreno de la antigua chacra La Obra y levantaron las primeras tribunas y galerías del estadio que en el medio deportivo local de aquel entonces fue conocido como “las canchas de Santa Laura” y que con el tiempo el estadio tomaría el nombre de la calle que tenía ese nombre.
Santa Laura como espacio social y cultural
Diez años después de la inauguración del Estadio Santa Laura, el objetivo de los dirigentes fundadores de la actual Unión Española se había cumplido con creces y gozaban de un reconocido prestigio, respeto y agradecimiento por el aporte y la contribución que habían hecho al poner a disposición del país, del deporte nacional, de la ciudadanía y de la comunidad sus instalaciones deportivas y comunitarias.
La unidad lograda entre los migrantes que provenían de las distintas comunidades de la península ibérica, no sin dificultades, problemas y conflictos dolorosos, mostraban y proyectaban la imagen de una comunidad plenamente inserta en el desarrollo y el progreso del país, pujante y dispuesta a continuar contribuyendo en diversos ámbitos del quehacer nacional.
Las modernas instalaciones del Estadio Santa Laura eran prueba de ello.
Con el pasar de los años, el agotamiento de su dirigencia y con el nacimiento de otras instituciones y recintos deportivos en Santiago y en provincias, el Estadio Santa Laura vio disminuir en forma paulatina su influencia sobre la comunidad y en el ambiente deportivo, para transformarse casi por obligación en un recinto para la práctica únicamente del fútbol.
Por algunos periodos el Estadio sufrió el abandono, el descuido y la despreocupación.
Se convirtió así en un espacio deportivo íntimo, al que acudían solo los hinchas más fieles del fútbol a disfrutar las jornadas de la segunda división a media semana o a las jornadas dobles que se jugaban los días sábados y que eran transmitidas por la televisión abierta.
Entre hinchas del fútbol y el fortín de los hispanos se consolida un mutuo sentimiento de cariño, aprecio y respeto.
En sus 96 años de existencia, desde su construcción, el Estadio Santa Laura ha cambiado en varias oportunidades su fisonomía inicial para responder de ese modo a los requerimientos y demandas que el fútbol profesional y el deporte exige de tiempo en tiempo, sin embargo, nunca ha cambiado su relación de intimidad con los habitantes del espacio urbano en el que se encuentra inserto, de cariño y de proximidad con los hinchas del fútbol, con la comunidad, con la ciudadanía y con el país.
El estadio varias veces fue refaccionado y su capacidad pasó de los cinco mil espectadores que cobijó en el año 1923 a 28.000 en la década de 1980.
El recinto como escenario de resistencia
El estadio Santa Laura ha pasado a formar parte de la historia de Chile, ha estado presente, de muy diversas formas, en los distintos acontecimientos históricos, políticos, sociales, artísticos, religiosos, deportivos y culturales vividos en Chile en los últimos 90 años.
Muy pocos son los espacios urbanos de carácter deportivo que logran construir y mantener en el tiempo tejidos comunitarios, sociales y culturales de relaciones, emociones y sentimientos con quienes acuden a ellos a disfrutar de sus instalaciones y de los espectáculos que ofrecen.
En Chile el Estadio Santa Laura ha logrado estructurar y hacer perdurar esa relación simbiótica con quienes han acudido por décadas a sus tribunas y galerías.
De ahí entonces que el Estadio Santa Laura no podía estar ausente de los acontecimientos que rodearon las luchas y las movilizaciones por la defensa de los derechos humanos, por la recuperación de la democracia y por el establecimiento del estado de derecho en Chile, en las que cientos de miles de personas participaron activamente en la década de los ochenta en contra de la dictadura cívico militar que instauró Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973.
En efecto, y quizás por su carácter de recinto privado, el Estadio Santa Laura fue uno de los primeros espacios urbano deportivos utilizados por la oposición a la dictadura para desarrollar en Santiago actividades políticas con amplia convocatoria social y política.
Los primeros registros datan de marzo del año 1979, cuando un grupo de mujeres opositoras lo consigue para realizar un acto de celebración del Día Internacional de la Mujer.
La prensa de la época indica que el acto opositor no pudo efectuarse porque a última hora las autoridades de facto negaron la autorización.
El estadio también fue utilizado el 11 de julio de 1987 para la celebración del Día de la Dignidad Nacional, acto organizado por la Confederación de Trabajadores del Cobre y organizaciones opositoras.
Ante más de siete mil asistentes los dirigentes de oposición, Nicanor Araya de la Cruz y Radomiro Tomic Romero, llamaron a oponerse a la privatización del cobre, a la unidad de las fuerzas opositoras y recordaron también, con emotivas palabras, el día en que el gobierno del Presidente Salvador Allende nacionalizó en 1971 las riquezas minerales del país.
Actividades artístico-culturales previas al regreso de Quilapayún
Al año siguiente, en el estadio de los españoles se realizaron dos actividades artístico-culturales con un marcado trasfondo político opositor.
El 15 de enero de 1988 la Radio Umbral, nacida al alero de la Iglesia Metodista de Chile, organizó la actividad denominada “Por el rescate y defensa de nuestra identidad”.
En aquella oportunidad más de 20 mil asistentes de todas los barrios y comunas de la región metropolitana concurrieron a una jornada de música, poesía y canto que congregó a numerosos artistas y grupos musicales, tales como Raúl Acevedo, Payo Grondona, Quelentaro, Sol y Lluvia, Mauricio Redolés, Pedro Yáñez y Schwenke y Nilo, entre otros.
Junto a numerosos artistas y contra todo diagnóstico médico en aquella oportunidad estuvo presente María Paz Santibáñez, la estudiante de piano que en septiembre de 1987 fuera baleada en la cabeza durante las protestas estudiantiles contra el rector de la Universidad de Chile, José Luis Federici, interpretando en piano hermosas melodías.
En tanto, el 25 de marzo del mismo año, y después de estar cinco años fuera del país, las tribunas, galerías y la cancha del estadio colmadas con una multitudinaria asistencia reciben a Los Jaivas, en un histórico concierto de celebración de sus 25 años de vida como grupo y que además constituía la despedida de Chile y el inicio de una larga gira internacional.
El concierto convocó a un gran número de jóvenes opositores a la dictadura, quienes no perdieron la oportunidad de expresar en cánticos y consignas su rechazo al régimen militar, dada la proximidad del plebiscito de ese año.
En concierto es recordado también porque fue el último en el que participó el baterista del grupo, Gabriel Parra, muerto trágicamente en Perú el 15 de abril de ese año.
Quilapayún en Chile [1989] - La vida total
El año 1989 en el Estadio Santa Laura
Durante el año 1989 en el estadio Santa Laura se realizaron numerosas actividades políticas, artísticas y culturales opositoras que reafirmaron la idea y la imagen de ser un recinto, un espacio de resistencia frente a la dictadura y de lucha por la recuperación de la democracia y por el respeto a la vida y a los derechos fundamentales de las personas.
En enero de 1989 las Juventudes Comunistas de Chile celebran en el Estadio Santa Laura el Tercer Festival Víctor Jara, con una gran concurrencia y una intensa jornada político cultural.
En mayo de 1989, y después de 15 años de vivir el exilio, el Grupo Quilapayún retornó al país y realizó su primer concierto masivo en el Estadio Santa Laura junto a artistas como Keko Yunge y el Grupo Congreso.
En junio de 1989 el Partido Comunista de Chile convocó al acto político cultural con el que clausuraba su XV Congreso, con la participación de más de 20 mil personas en la tribuna, galerías y cancha del estadio.
En octubre de 1989 las Juventudes Comunistas de Chile realizaron un acto político, artístico y cultural con el que clausuraron su VIII Congreso.
En el acto llamado “Hey, queremos Chile” y al que llegaron cerca de 30 mil personas actuaron Illapu, Luis Lebert, Mauricio Redolés, entre otros.
El 13 de enero del año 1990, y en el contexto de la celebración del 78 aniversario del Partido Comunista, el estadio de los hispanos vuelve a ser utilizado por la oposición para realizar un acto multitudinario en contra el régimen militar y por la recuperación de la democracia.
La oradora principal de la actividad fue la fallecida ex parlamentaria comunista Gladys Marín.
Finalmente, el 10 de marzo de 1990, un día antes del cambio de mando en el país y del inicio del periodo de transición hacia una plena democracia, el Estadio Santa Laura abrió otra vez sus puertas para recibir a más de 30 mil personas que acudieron a ver al grupo Sol y Lluvia.
En esa actividad memorable se cantó y bailó por el retorno a la democracia, por el último día del dictador en el poder, en un acto que se llamó “Adiós General, Adiós Carnaval”.
La dimensión política y cultural del afiche
Durante casi una década el Estadio Santa Laura se transformó en la trinchera desde la cual el pueblo y la ciudadanía enfrentaron política, artística y culturalmente a la dictadura de Pinochet.
Durante una década el estadio Santa Laura se convirtió en el fortín que resguardó el espíritu democrático y los anhelos de justicia y libertad de los chilenos.
Por casi diez años el Estadio Santa Laura fue el espacio urbano deportivo que se transformó en uno de los íconos, de los símbolos de la resistencia contra la dictadura y la lucha por la recuperación de la democracia en Chile.
En ese contexto, el afiche de Quilapayún en el Estadio Santa Laura en 1989 no remite únicamente a un concierto: también se relaciona con el regreso público de un grupo fundamental de la nueva canción chilena, con el reencuentro de los músicos exiliados con su país y con una programación cultural que utilizaba el estadio como espacio de reunión colectiva.
Nada de lo anterior pudo haber sido posible si la dirigencia de la Unión Española de la época no hubiese tenido la voluntad, la decisión y la valentía de facilitar su estadio para la realización de actividades que terminaron siento contrarias o abiertamente opositoras a la dictadura militar de Pinochet.
Era conocida la distancia ideológica y política que Francisco Fluxá Ginart y Abel Alonso Sopelana, ambos dirigentes de Unión Española y de la Asociación Central de Fútbol, tenían con las autoridades de la dictadura militar de la época.
Al recordar un nuevo aniversario del golpe cívico militar de 1973 que terminó con la democracia y la libertad en Chile, es importante y necesario reconocer y destacar que el Estadio Santa Laura fue uno de los espacios urbanos deportivos en los que la vida, la democracia, la justicia, la libertad, la diversidad, la cultura y el respeto a los derechos fundamentales de las personas, anidó en sus pastos para volver a renacer en primavera.