La clasificación del envejecimiento debe entenderse como un proceso multidimensional: no depende únicamente de la edad cronológica, sino también de los cambios biológicos, la capacidad funcional, la salud mental, las relaciones sociales, las condiciones ambientales y las enfermedades que puede presentar cada persona.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS), en consonancia con la Organización Mundial de la Salud (OMS), promueve una visión del envejecimiento basada en la salud, la participación, la autonomía, la seguridad y la capacidad funcional. Por eso, distingue entre el envejecimiento individual y el poblacional, y desarrolla conceptos como envejecimiento fisiológico, patológico, saludable, activo, satisfactorio y envejecimiento con fragilidad o dependencia.
Qué se entiende por envejecimiento
El envejecimiento es un fenómeno presente a lo largo del ciclo vital desde el mismo proceso de la concepción hasta la muerte. El envejecimiento, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una etapa caracterizada por el descenso progresivo de las capacidades físicas y mentales, pues conforme pasa el tiempo se acumulan diversos daños moleculares y celulares.
Desde un punto de vista biológico, el envejecimiento es el resultado de la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, lo que lleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales, a un mayor riesgo de enfermedad y, en última instancia, a la muerte. Estos cambios no son lineales ni uniformes, y su vinculación con la edad de una persona en años es más bien relativa.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como el "Proceso fisiológico que comienza en la concepción y ocasiona cambios en las características de las especies durante todo el ciclo de la vida; esos cambios producen una limitación de la adaptabilidad del organismo en relación con el medio. Los ritmos a que estos cambios se producen en los diversos órganos de un mismo individuo o en distintos individuos no son iguales".
El envejecimiento puede definirse como la suma de todos los cambios que se producen en el ser humano con el paso del tiempo y que conducen a un deterioro funcional y a la muerte. Comprende aquellos cambios que se producen en cualquier célula o sistema orgánico en función del tiempo, independientemente de cualquier influencia externa o patológica como la enfermedad.
El envejecimiento es el conjunto de transformaciones y/o cambios que aparecen en el individuo a lo largo de la vida; es la consecuencia de la acción del tiempo sobre los seres vivos. Los cambios son bioquímicos, fisiológicos, morfológicos, sociales, psicológicos y funcionales.
La edad cronológica no define por sí sola el envejecimiento
Este folleto usa el estándar de las Naciones Unidas de 60 años de edad para describir a las personas «ancianas». Esta edad puede parecer joven en el mundo desarrollado y en aquellos países en vías de desarrollo donde ya se han producido importantes progresos en la esperanza de vida.
Sin embargo, independientemente de la edad que se utilice en los diferentes contextos, es importante reconocer que la edad cronológica no es un indicador exacto de los cambios que acompañan al envejecimiento. Existen considerables variaciones en el estado de salud, la participación y los niveles de independencia entre las personas ancianas de la misma edad.
¿Sabías que dos personas, aunque tengan la misma edad cronológica, no tienen por qué atravesar por la misma edad biológica? Esto significa que a consecuencia de sus circunstancias personales, base genética y factores ambientales, pueden seguir distintos ritmos de envejecimiento.
La edad no es el factor que determina los cambios que experimentamos en la vejez, pues los tipos de envejecimiento que pueden darse son muy diversos al vivir y crecer con nuestras singularidades. No hay tal cosa como la persona mayor «típica».
Algunos octogenarios tienen unas facultades físicas y psíquicas similares a las de muchos treintañeros. Otras personas, en cambio, sufren un deterioro considerable a edades mucho más tempranas.
En general, los 60 años de edad es aquella que gobiernos y organizaciones internacionales comienzan a definir como la del «adulto mayor», no obstante que las expectativas de vida varían en diferentes escenarios y hay muchos factores que afectan el proceso de envejecimiento de una persona. Algunas personas podrían ser «viejas» a los 35 años; otras viven en forma plena y productiva cumplidos ya los 100 años.
En muchos lugares las personas no definen su edad en términos de cuantos años han vivido, sino en términos de lo que son capaces de hacer. Promulgar amplias políticas sociales basadas únicamente en la edad cronológica puede ser discriminatorio y contraproducente para el bienestar de las personas de edad avanzada.
Envejecimiento individual y envejecimiento poblacional
En el envejecimiento se reconocen diferentes tipos, en los cuales sobresalen el envejecimiento poblacional y el envejecimiento individual. El envejecimiento poblacional es el incremento del número de adultos mayores con relación a la población a la que pertenecen; por el contrario, el envejecimiento individual es el proceso de evolución/fisiológico irreversible que experimenta el ser humano en el transcurso de la vida.
Envejecimiento individual
El envejecimiento individual es un proceso irreversible, único, individual y universal de cambio que involucra todas las dimensiones del ser humano y disminuye la velocidad de los procesos del cuerpo.
El envejecimiento puede definirse como la disminución de la capacidad del organismo para adaptarse al medio ambiente, lo que requiere especial atención sanitaria. Esta etapa del ciclo de vida comprende un amplio conjunto de procesos biológicos, psicológicos y sociales relacionados con la edad adulta.
El envejecimiento no se debe limitar únicamente al declive fisiológico y esperado de las estructuras, funciones corporales y a limitaciones en el funcionamiento o en la participación social, sino que también involucra aspectos como procesos patológicos previos, así como ganancias psicológicas (experiencia) y sociales.
Envejecimiento poblacional
El envejecimiento de la población se refiere a una disminución de la proporción de niños y jóvenes y un aumento de la proporción de personas de 60 años y más.
Todos los países del mundo están experimentando un incremento tanto de la cantidad como de la proporción de personas mayores en la población. En 2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más.
En 2050, la población mundial de personas de 60 años o más se habrá duplicado (2100 millones). Se prevé que el número de personas de 80 años o más se triplique entre 2020 y 2050, hasta alcanzar los 426 millones.
Este cambio en la distribución de la población de los países hacia edades más avanzadas -lo que se conoce como envejecimiento de la población- empezó en los países de ingresos altos, pero los cambios más importantes se están viendo actualmente en los países de ingresos bajos y medianos.
En 2050, dos tercios de la población mundial de más de 60 años vivirá en países de ingresos bajos y medianos. En 2050, el 80% de las personas mayores vivirá en países de ingresos bajos y medianos.
El envejecimiento de los habitantes es un signo más del estado de la población de un país. En este sentido nuestro continente va a ser el que más rápidamente va a envejecer en los próximos años, pero mientras los países desarrollados de Europa, Canadá y Estados Unidos primero se enriquecieron y luego se envejecieron, en América Latina esto no va a suceder así.
Nos envejeceremos aún siendo pobres lo que trae un desafío único para nuestra región. Se ha comprobado que en nuestros países, el crecimiento numérico del segmento de población de personas mayores de 60 es más acelerado en últimos las últimas décadas.
Clasificación biológica y funcional del envejecimiento
La clasificación del envejecimiento no se limita a una sola categoría. En la práctica, una persona puede presentar simultáneamente cambios fisiológicos, deterioro cognitivo, transformaciones sociales, limitaciones funcionales o enfermedades que modifiquen su trayectoria vital.
| Tipo o condición | Descripción principal |
|---|---|
| Envejecimiento fisiológico | Cambios biológicos propios del paso del tiempo, sin que necesariamente exista una enfermedad que explique el deterioro. |
| Envejecimiento patológico | Cambios asociados a enfermedades, malos hábitos o factores que aceleran el deterioro y pueden producir dependencia. |
| Envejecimiento cerebral o cognitivo | Modificaciones en la memoria, la atención, el lenguaje, la velocidad de procesamiento y las funciones ejecutivas. |
| Envejecimiento funcional o físico | Variaciones en la fuerza, la movilidad, el equilibrio y la capacidad para realizar actividades básicas e instrumentales. |
| Envejecimiento social y emocional | Cambios en las relaciones, los roles familiares, la participación social y el equilibrio emocional. |
| Envejecimiento saludable, activo o satisfactorio | Proceso orientado a conservar la capacidad funcional, la autonomía, la participación, la seguridad y el bienestar. |
| Fragilidad y dependencia | Situaciones en las que disminuyen las reservas funcionales y aumenta la necesidad de apoyo, cuidados o atención prolongada. |
Envejecimiento fisiológico o normal
Los cambios biológicos que sufre el organismo conforme pasa el tiempo obedecen al proceso de envejecimiento fisiológico. Estas alteraciones afectan de forma distinta a cada persona, y se diferencia del resto de tipos de envejecimiento porque mide el deterioro molecular que sufrimos desde que nacemos.
En un envejecimiento saludable, el envejecimiento fisiológico presenta un proceso lento de deterioro o disminución funcional equilibrado en varios órganos y sistemas de manera coordinada.
El envejecimiento fisiológico es una condición de personas mayores independientes y autónomas limitadas tan solo por este proceso. Experimentan la vejez tratando de adaptarse a los cambios que suceden en su organismo.
Este proceso depende de múltiples factores: genéticos, ambientales, de nuestro estilo de vida y de los efectos de ciertas enfermedades, en función de la gravedad de la patología. Entre los cambios biológicos que experimenta nuestro cuerpo, también encontramos una disminución en la función del sistema inmunitario y cambios hormonales, haciéndonos más vulnerables ante posibles agentes externos.
Cambios biológicos del envejecimiento fisiológico
El envejecimiento biológico hace referencia a los cambios en el organismo a lo largo del tiempo. Son los responsables de que nos fatiguemos antes o necesitemos más tiempo para realizar tareas, pero también de que nos cueste mucho más recuperarnos de una enfermedad o de una caída.
El envejecimiento biológico describe los cambios físicos acumulados en células, tejidos, órganos y sistemas corporales. En la práctica clínica geriátrica, se mide valorando la fragilidad, la fuerza de prensión, la velocidad al caminar y la capacidad para levantarse de la silla, entre otros aspectos.
- Sistema cardiovascular: cambios en el músculo cardíaco que reducen la capacidad de respuesta del corazón al esfuerzo.
- Sistema musculoesquelético: disminución progresiva de la masa y fuerza muscular (sarcopenia), así como de la densidad ósea.
- Sistema nervioso: reducción del volumen cerebral, pérdida de sinapsis y disminución del flujo sanguíneo cerebral.
- Riñones y sistema urinario: disminución del filtrado glomerular (la capacidad de los riñones para limpiar la sangre), entre otros.
- Sistema respiratorio: menor elasticidad pulmonar y debilidad de la musculatura respiratoria.
- Piel y envejecimiento facial: disminución de colágeno y elastina, adelgazamiento de la piel, menor hidratación y peor capacidad de reparación.
A estos últimos no se les presta, a menudo, la atención que merecen. La realidad es que se relacionan con estado nutricional, hidratación, exposición solar y enfermedades crónicas.
El mecanismo exacto responsable del deterioro funcional relacionado con la edad se desconoce, pero se reportan varios factores biológicos, como disfunción mitocondrial, autofagia reducida, reducción del estado bioenergético celular, reducida longitud de telómeros y daños en el ADN, disfunción endotelial, daño oxidativo, inflamación crónica de bajo nivel, degeneración neurológica, deterioro neuromuscular, cambios en la vasodilatación, disfunción metabólica, cambios hormonales, cambios en la oxitocina y sarcopenia.
Características del envejecimiento normal
El proceso de existir implica que sufriremos cambios en nuestro organismo que forman parte del envejecimiento normal de las personas, caracterizado por un deterioro funcional y un aumento del riesgo a padecer enfermedades.
Las personas mayores independientes y autónomas pueden estar limitadas tan solo por este proceso. La salud debe vigilarse durante esta etapa, teniendo en cuenta que la prevención, el cuidado y unos buenos hábitos son medidas básicas para tener un envejecimiento saludable.
La «salud» de un adulto mayor se mide en términos de función mejor que de patología. La buena salud y el envejecimiento satisfactorio se definen por la «capacidad para funcionar de manera autónoma en un contexto social determinado».
Si es social e intelectualmente activa, el adulto mayor puede considerarse sano, aun cuando tenga alguna enfermedad crónica y esté tomando fármacos.
Envejecimiento patológico
El envejecimiento patológico es el proceso de aparición de cambios que se producen a consecuencia de enfermedades o malos hábitos. No forma parte de los tipos de envejecimiento normal y saludable.
El envejecimiento patológico, llamado también envejecimiento secundario, se produce a partir de un proceso de envejecimiento prematuro generalmente específico de un tejido por enfermedades crónicas.
El envejecimiento patológico se explica por cambios producidos como consecuencia de enfermedades añadidas al proceso de envejecimiento normal e interfieren con el funcionamiento social y laboral de la persona, incluso generando discapacidad.
Un ejemplo es la Enfermedad de Alzheimer (EA), en la que la persona en medio de su proceso fisiológico de envejecimiento cerebral desarrolla un proceso patológico adicional de orden neurodegenerativo que compromete no solo la memoria, sino el funcionamiento e independencia en general.
Factores asociados al envejecimiento patológico
- Factores culturales: los ideales edadistas que nos inculcan sobre alcanzar la eterna juventud repercuten a largo plazo, haciendo que las personas sufran un gran rechazo a hacerse mayores y provoquen casos de depresión.
- Factores biológicos: padecimiento de enfermedades como diabetes, hipertensión o alzhéimer, entre otras.
- Factores emocionales: en este periodo vital es más probable que sucedan eventos traumáticos, como pérdidas de seres queridos, provocando procesos de duelo en la vejez.
- Factores sociales: es una etapa donde hay mayor propensión al aislamiento social, sobre todo si existen carencias de apoyo social o familiar, o sentimientos de vacío.
Durante esta etapa vital se dan otro tipo de síntomas que no se consideran parte del deterioro funcional natural. A pesar de que estas enfermedades o patologías que aparecen en la tercera edad dependen de varios factores, entre ellos la genética, la mayoría de ellas podrían prevenirse o al menos reducirse.
Envejecimiento cerebral, psicológico o cognitivo
Dentro de los tipos de envejecimiento, el cerebral se asocia a la pérdida de conexiones neuronales y cuyo mantenimiento adecuado es esencial para el funcionamiento normal del cerebro. Con el tiempo, esta pérdida puede aumentar y afectar a nuestra capacidad de aprendizaje y retentiva.
El envejecimiento psicológico o cognitivo engloba los cambios que se producen en la forma de pensar, recordar, concentrarse y tomar decisiones a medida que pasan los años.
La acumulación de proteínas en forma de agregados dentro y fuera de las neuronas es, a su vez, una característica común del envejecimiento cerebral, y puede relacionarse con enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson.
Cambios cognitivos frecuentes
- Merma de la memoria a corto plazo: la capacidad para recordar información reciente puede verse afectada de forma precoz en el proceso de envejecimiento.
- Deterioro de habilidades lingüísticas: pueden aparecer dificultades como la pérdida del vocabulario o bloqueos para encontrar determinadas palabras.
- Ralentización cognitiva: el tiempo de reacción y la capacidad para ejecutar tareas pueden verse mermados porque nuestro cerebro procesa más lento los impulsos nerviosos.
- Velocidad de procesamiento: la mente tarda más en reaccionar y en recuperar información.
- Atención: resulta más difícil mantener la concentración durante mucho tiempo o hacer varias tareas a la vez.
- Memoria de trabajo: cuesta más retener información inmediata para operar con ella, por ejemplo, hacer un cálculo mental.
- Funciones ejecutivas: se necesita más tiempo para planificar, resolver problemas complejos o cambiar de una tarea a otra.
El envejecimiento cognitivo normal tiene un patrón identificable de cambios. Si estas alteraciones dificultan la vida diaria, entonces hablamos de un envejecimiento patológico, asociado con deterioro cognitivo leve, demencias o estados confusionales.
Factores que pueden acelerar el deterioro cognitivo
- Enfermedades cardiovasculares.
- Sedentarismo y fragilidad física.
- Consumo de tabaco y alcohol.
- Trastornos del sueño.
- Aislamiento social.
- Falta de estimulación mental.
Todos estos factores contribuyen al deterioro de las neuronas y por eso es importante adoptar hábitos que mantengan la mente activa.
Medidas para proteger la salud cerebral
Existen medidas que pueden ayudarnos a mantener un cerebro saludable conforme nos hacemos mayores. Una dieta con abundancia de alimentos ricos en antioxidantes, como el betacaroteno, flavonoides, vitaminas A, B1, B12, C, D y E, así como minerales como selenio, zinc y magnesio, pueden mejorar nuestra calidad de vida y prevenir el envejecimiento cerebral.
La actividad física regular también favorece la salud de nuestro cerebro, a la par que reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. La estimulación mental también ayuda a mantener un cerebro en forma: a través de la lectura, los juegos de memoria, el aprendizaje de nuevas habilidades o la estimulación cognitiva online podemos poner a prueba y ejercitar nuestras capacidades.
La estimulación cognitiva incluye lectura, escritura, juegos de mesa, crucigramas, sopas de letras, actividades manuales o aprendizaje de cosas nuevas, como idiomas, música o informática básica.
La actividad física mejora el flujo sanguíneo cerebral y se asocia con menor deterioro cognitivo y menor riesgo de demencia. Mantener conversaciones, compartir actividades grupales o asistir a un centro de día protege frente a la soledad no deseada y el deterioro cognitivo.
Envejecimiento funcional o físico
El envejecimiento funcional se centra en la capacidad para realizar actividades básicas, como levantarse, caminar, asearse y vestirse, y actividades instrumentales, como hacer la compra, manejar dinero y tomar medicación.
Todo esto afecta a la independencia diaria y al riesgo de caídas o dependencia. Con la edad, la sarcopenia y los cambios en la postura reducen la fuerza, la movilidad y el equilibrio.
Aun así, con ejercicio adaptado y fisioterapia se logra recuperar parte de la capacidad funcional. La actividad física regular y el entrenamiento multicomponente (fuerza, equilibrio, resistencia y marcha) mejoran la salud física y la calidad de vida de las personas mayores.
La incorporación de la actividad deportiva debe hacerse de manera gradual y bajo un plan personalizado de fisioterapia geriátrica que evalúe el nivel funcional inicial del anciano.
Prevención de caídas y conservación de la autonomía
Aquí, las técnicas de cuidado van orientadas tanto a mejorar la seguridad en el entorno, como a trabajar la funcionalidad física de la persona.
- Ejercicio específico de fuerza y equilibrio.
- Ajuste de fármacos que favorecen mareos o somnolencia.
- Adaptación del hogar, con iluminación, retirada de alfombras sueltas y colocación de barandillas.
- Uso de calzado adecuado.
- Corrección de problemas visuales y auditivos.
- Control de enfermedades crónicas y del estado nutricional.
El trabajo de la autonomía también requiere acompañar al adulto mayor para mantener su motivación y favorecer su autoestima.
Envejecimiento social y emocional
El envejecimiento social y emocional describe cómo cambian las relaciones, el rol en la familia y en la sociedad, y el equilibrio emocional con el paso de los años. Impacta directamente en el bienestar diario de la persona mayor que cuidas.
En la vejez no solo hay cambios de rol, sino también pérdidas de salud, de seres queridos, de roles. La capacidad de adaptarse a estos cambios, es decir, la resiliencia emocional, se trabaja a través de una red social y relaciones estables, la participación en actividades con otros y el sentimiento de utilidad dentro de la familia.
Soledad no deseada y salud
El envejecimiento social deriva en la denominada soledad no deseada, que en personas mayores se manifiesta con aumento de depresión y ansiedad, trastornos del sueño y mayor sensación de fatiga, mayor deterioro cognitivo y mayor incidencia de demencia, así como más riesgo de enfermedades cardiovasculares y mayor mortalidad.
Esta soledad aparece también cuando la persona se siente desconectada o sin apoyo emocional, aunque reciba cuidados físicos.
En este periodo vital es más probable que sucedan eventos traumáticos, como pérdidas de seres queridos, provocando procesos de duelo en la vejez. A su vez, es una etapa donde hay mayor propensión al aislamiento social, sobre todo si existen carencias de apoyo social o familiar, o sentimientos de vacío.
Medidas para conservar la participación social
- Favorecer la participación de la persona mayor en decisiones cotidianas, como qué ropa ponerse, qué comer o qué actividad realizar.
- Mantener el contacto con familiares y amigos, en persona o por teléfono y videollamada.
- Promover la asistencia a centros de día, asociaciones de mayores, grupos de lectura o talleres adaptados.
- Integrar paseos, visitas al barrio, mercado o parque, siempre que la movilidad lo permita.
- Detectar y comentar con el equipo sanitario cualquier signo de depresión, miedo intenso, aislamiento progresivo o pérdida de interés.
Tu acompañamiento es importantísimo para que la persona mayor no se sienta atrapada por sus limitaciones, sino reconocida en sus capacidades aún presentes.
Envejecimiento saludable
El envejecimiento saludable es un proceso continuo de optimización de oportunidades para mantener y mejorar la salud física y mental, la independencia y la calidad de vida a lo largo de la vida.
La OMS propuso el modelo de envejecimiento saludable en 1998, indicando que consiste en una etapa previa a la edad cronológica de los 60 años, en la que la adquisición de hábitos y estilos de vida saludable desde edades muy tempranas previenen no solo algunas enfermedades y discapacidades, sino que impactan positivamente el proceso de envejecimiento.
Sin embargo, el Informe Mundial sobre Envejecimiento y Salud amplió el concepto de envejecimiento saludable como un proceso que fomenta y mantiene la capacidad funcional del adulto mayor en pro del bienestar en la vejez, por lo tanto, envejecer de manera saludable no es sinónimo de envejecer sin enfermedades.
El envejecimiento saludable es el proceso mediante el cual las personas adultas mayores fortalecen estilos de vida que les permiten lograr el máximo de bienestar, salud y calidad de vida por medio del autocuidado, ayuda mutua y autogestión.
La evidencia indica que la proporción de la vida que se disfruta en buena salud se ha mantenido prácticamente constante, lo que implica que los años adicionales están marcados por la mala salud.
Cuando las personas pueden vivir esos años adicionales de vida con buena salud y en un entorno propicio, su capacidad para hacer lo que más valoran apenas se distingue de la que tiene una persona más joven.
Factores que favorecen un envejecimiento saludable
Los estilos de vida que han demostrado tener un impacto significativo en la salud, bienestar y calidad de vida en la vejez son la alimentación adecuada, ejercicio físico, periódico y seguro, adecuada higiene personal, sueño suficiente y reparador, recreación y alta autoestima.
- Alimentación equilibrada: priorizar verduras, frutas, legumbres y cereales integrales, asegurar un aporte suficiente de proteínas y adaptar las texturas si hay problemas de deglución o dentición.
- Hidratación: cuidar una hidratación adecuada, ofreciendo líquidos con frecuencia.
- Actividad física: realizar paseos diarios, ejercicios de fuerza sentados o de pie con apoyo y actividades recreativas.
- Prevención: controlar enfermedades crónicas y realizar revisiones médicas periódicas.
- Descanso: mantener un sueño suficiente y reparador.
- Salud emocional: favorecer la conversación, la escucha sincera y la participación en actividades grupales.
- Relaciones sociales: mantener el contacto con familiares, amistades y vecinos.
- Hábitos saludables: evitar el consumo de tabaco y limitar el alcohol.
La dieta equilibrada cobra aún mayor importancia en la tercera edad, ya que reduce el riesgo de osteoporosis, hipertensión, cardiopatía y algunos cánceres.
Es vital comentar con el equipo sanitario cualquier cambio en el apetito, pues podría esconder depresión, problemas dentales o efectos secundarios de medicamentos. También es importante vigilar la pérdida de peso no intencionada.
La presencia de enfermedades crónicas exige un control estrecho a través de revisiones de salud y de medicación, sobre todo a partir de los 60-65 años.
Envejecimiento activo
La Organización Mundial de la Salud propuso el envejecimiento activo como el proceso de optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad a fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen.
El concepto de envejecimiento activo va más allá de estilos saludables y del sector salud, es un concepto inter y multisectorial.
Gracias al aumento progresivo de la esperanza de vida, se ha puesto el foco a nivel mundial en potenciar el envejecimiento activo. Su principal objetivo es el de mantener una calidad de vida lo más alta posible sin importar qué edad tengamos y, sobre todo, considerando nuestras circunstancias personales.
El envejecimiento activo es también una forma de evitar el sedentarismo, reducir la soledad en personas mayores, además de la prevención de posibles consecuencias más graves, como la depresión. A su vez, busca una participación activa de las personas mayores en cada ámbito, dotándoles de mayor independencia y dignidad.
La Organización Mundial de la Salud sostiene que los países podrán afrontar el envejecimiento si los gobiernos, las organizaciones internacionales y la sociedad civil, promulgan políticas y programas de «envejecimiento activo» que mejoren la salud, la participación y la seguridad de los ciudadanos de mayor edad.
Determinantes del envejecimiento activo
Se reportan seis determinantes del envejecimiento activo: determinantes económicos, conductuales, personales, sociales, relacionados con los sistemas sanitarios y sociales, y los relacionados con el entorno físico.
- Determinantes económicos: ingresos, protección social y condiciones materiales de vida.
- Determinantes conductuales: actividad física, alimentación, consumo de tabaco y alcohol, y otros hábitos de salud.
- Determinantes personales: factores biológicos, genéticos y psicológicos.
- Determinantes sociales: apoyo familiar, participación, redes comunitarias y ausencia de discriminación.
- Sistemas sanitarios y servicios sociales: prevención, atención primaria, atención integrada y cuidados continuados.
- Entorno físico: vivienda, transporte, accesibilidad, seguridad y espacios que faciliten caminar.
Aunque algunas de las variaciones en la salud de las personas mayores se deben a la genética, los factores que más influyen tienen que ver con el entorno físico y social, en particular la vivienda, el vecindario y la comunidad, así como características personales como el sexo, la etnia o el nivel socioeconómico.
Los entornos físicos y sociales pueden afectar a la salud de forma directa o a través de la creación de barreras o incentivos que inciden en las oportunidades, las decisiones y los hábitos relacionados con la salud.
Los entornos propicios, tanto físicos como sociales, también facilitan que las personas puedan llevar a cabo las actividades que son importantes para ellas, a pesar de la pérdida de facultades.
Envejecimiento satisfactorio
Para alcanzar una longevidad satisfactoria, debe lograrse un envejecimiento saludable, etapa esta última que comienza mucho antes de los 60 años.
Esta solo puede obtenerse desarrollando desde edades tempranas hábitos y estilos de vida saludables, así como realizando prevención temprana de algunas enfermedades y discapacidades.
Envejecimiento satisfactorio: condición de salud, que en su sentido más amplio, permite a las personas de edad satisfacer sus expectativas personales y cubrir las exigencias que le impone el medio donde viven.
Para que se produzca se necesita:
- Un envejecimiento saludable.
- Estilos de vida satisfactorios.
- Mantenimiento de las reservas funcionales corporales.
- Prevención de las enfermedades y discapacidades.
- Una sociedad más amigable con las personas de edad.
Si bien la mayor parte de los adultos mayores está en condiciones de mantenerse libre de discapacidad, la falta de un envejecimiento saludable desemboca en una vejez «patológica», y una proporción de ellos, que aumenta con la edad, se torna frágil y necesita apoyo, atención o institucionalización, muchas veces por el resto de sus vidas.
Fragilidad, dependencia y envejecimiento geriátrico
Anciano frágil: personas mayores que por condiciones biológicas, psicológicas, sociales o funcionales están en riesgo de desarrollar un estado de necesidad.
Anciano en estado de necesidad: personas que por su discapacidad física o mental, por abandono social o por privación económica necesitan de un sistema de cuidados continuados y de largo plazo.
Una persona es dependiente si, de forma permanente y a causa de la edad, una discapacidad o enfermedad, no puede realizar con autonomía sus tareas básicas diarias o tomar sus propias decisiones. La dependencia será mayor o menor en función del grado de pérdida de autonomía que presente la persona.
El envejecimiento geriátrico se refiere a adultos mayores que dependen de otras personas para realizar actividades básicas de la vida diaria, como vestirse, ir al baño o realizar otros movimientos.
Si una persona presenta un grado de dependencia, los tipos de envejecimiento que se desencadenen variarán y necesitarán de unos cuidados más exhaustivos.
Una vez que pase el periodo de recuperación volverá a ser un anciano sano, pero en caso contrario, será un anciano frágil.
Cuidados a largo plazo
Cuidados a largo plazo: sistema de cuidados que se brinda por tiempo prolongado, en la comunidad, pudiendo ser brindadas en sus domicilios o en instituciones, hospitales o distintas instituciones.
El aumento de la esperanza de vida ha traído consigo un incremento en la demanda de servicios de asistencia a domicilio a personas mayores, y la tendencia seguirá al alza teniendo en cuenta las previsiones de envejecimiento de cara a futuro.
Las dos formas más habituales en las que se prestan estos servicios de cuidados en el hogar son:
- Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD): enfocado en prestar ayuda en el día a día del adulto mayor.
- Servicio de Teleasistencia Domiciliaria (TAD): orientada a ofrecer una atención integral las 24 horas del día ante cualquier tipo de emergencia o necesidad de la persona usuaria.
Dentro de estas instituciones/centros se encuentran las estancias diurnas, llamadas centros día, que buscan atender a la persona mayor y ofrecer descanso a la familia cuidadora.
Los centros día son una opción para no institucionalizar al adulto mayor dependiente, y en el adulto mayor sano, una opción de actividad, recreación y dignificación.
Una opción para brindar cuidado integral de los adultos mayores son los centros día, los cuales son una alternativa intermedia entre conservar su ambiente habitual/familiar y casos de institucionalización.
Salud mental durante el envejecimiento
Aunque cada vez está más visibilizada, es en la vejez cuando debemos darle más importancia a la salud mental. Según la OMS, el 14% de los adultos de 60 años o más viven con un trastorno mental, ya sea neurológico o emocional, siendo los más frecuentes la demencia, la depresión y la ansiedad.
Uno de los principales problemas de estos trastornos radica en que están mal diagnosticados, pues la identificación por el propio paciente puede ser imprecisa, o los profesionales no pueden determinar dicha patología si se solapa con otras enfermedades físicas.
Por otro lado, debido a los estigmas que tradicionalmente se han asociado a la salud mental, las personas mayores suelen ser reacias a admitir los síntomas de su enfermedad o a acudir al psiquiatra.
Conviene saber que, una vez detectado el problema, la mayoría de personas que siguen un tratamiento adecuado recupera su salud, consigue superar o tratar el problema y lleva una mejor calidad de vida.
Es esencial identificar y abordar con rapidez los trastornos mentales y neurológicos, pues la salud mental de los adultos mayores puede mejorar a través de un envejecimiento activo y saludable.
En caso de sufrir deterioro cognitivo, la persona que lo padece puede ir de forma presencial a talleres de estimulación de la memoria para entrenar la mente y ralentizar el deterioro donde, a su vez, tendrá la oportunidad de socializar.
Enfermedades agudas y evolución funcional
Con el paso de los años, nuestro cuerpo va haciéndose más débil y nuestro sistema inmunitario es más frágil, por lo que es más fácil que aparezcan afecciones y que nuestro organismo tarde más en deshacerse de ellas, condicionado en función de los tipos de envejecimiento que atravesemos.
Las enfermedades agudas aparecen por causas diversas -por ejemplo, un catarro o la rotura de un hueso- y son fáciles de diagnosticar. Podemos tardar días o meses, en función de qué enfermedad estemos padeciendo, en recuperarnos de la afección para regresar a un buen estado de salud.
Si el adulto mayor padece una enfermedad aguda y esta no remite, se adecuarán los cuidados a las necesidades que presente.
La Década del Envejecimiento Saludable y la respuesta de la OPS
La Década del Envejecimiento Saludable 2021-2030, declarada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre del 2020, es la principal estrategia para construir una sociedad para todas las edades.
Esta iniciativa mundial aúna los esfuerzos de los gobiernos, la sociedad civil, los organismos internacionales, los equipos de profesionales, el mundo académico, los medios de comunicación y el sector privado encaminados a mejorar la vida de las personas mayores, sus familias y sus comunidades.
La Década tiene en su base la Estrategia y Plan de Acción Mundiales de la OMS sobre el Envejecimiento y el Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento, y es un apoyo para el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) lidera la agenda concertada de la Década del Envejecimiento Saludable en las Américas 2021-2030, a través del trabajo interprogramático, interagencial e intersectorial.
Las cuatro áreas de acción de la OPS
La Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) de las Naciones Unidas tiene como objetivo reducir las desigualdades en materia de salud y mejorar la vida de las personas mayores, sus familias y sus comunidades a través de la acción colectiva en cuatro esferas.
- Cambiar la forma en que las personas piensan, sienten y actúan hacia la edad y el envejecimiento: esta área busca combatir el edadismo, los estereotipos, los prejuicios y la discriminación relacionados con la edad.
- Asegurar que las comunidades fomenten las capacidades de las personas mayores: las comunidades deben ofrecer entornos físicos y sociales accesibles, seguros y favorables para la autonomía, la participación y la vida independiente.
- Ofrecer atención integrada centrada en la persona y servicios de salud primaria que respondan a las personas mayores: la atención debe considerar las necesidades, preferencias, capacidades y circunstancias de cada persona.
- Brindar acceso a la atención a largo plazo para las personas mayores que la necesitan: los cuidados deben responder a la dependencia, la fragilidad, la discapacidad y las necesidades continuadas de apoyo.
Las personas mayores sanas e independientes contribuyen al bienestar de la familia y la comunidad y constituye un mito presentarlas como receptoras pasivas de servicios sociales o de salud.
Sin embargo, en los actuales momentos, el número de personas mayores aumenta exponencialmente en coyunturas socioeconómicas complejas e inciertas y sólo las intervenciones oportunas permitirán potenciar la contribución de este grupo al desarrollo social y prevenir que se convierta en un factor de crisis para la estructura sanitaria y de la seguridad social de las Américas.
La OPS tiene un rol protagónico en el desarrollo de la Década del Envejecimiento Saludable para las Américas en asegurar el desarrollo de propuestas, acciones, intervenciones y alianzas exitosas con socios líderes e esenciales de la Región.
Principios de la clasificación promovida por la OPS
La respuesta integral de salud pública debe atender las enormes diferencias que existen en las experiencias y necesidades de las personas mayores.
La diversidad que se aprecia en la vejez no es una cuestión de azar. En gran medida se debe a los entornos físicos y sociales en que se encuentran las personas, puesto que ese entorno influye en sus oportunidades y sus hábitos relacionados con la salud.
La relación que mantenemos con nuestro entorno viene determinada por características personales como la familia en la que nacimos, nuestro sexo y etnia, y eso da lugar a desigualdades en nuestra relación con la salud.
A menudo se da por supuesto que las personas mayores son frágiles o dependientes y que constituyen una carga para la sociedad. Los profesionales de la salud pública, así como la sociedad en general, deben hacer frente a estas y otras actitudes edadistas, ya que pueden dar lugar a situaciones de discriminación y afectar a la formulación de políticas y la creación de oportunidades para que las personas mayores disfruten de un envejecimiento saludable.
Este tipo de políticas y programas han de basarse en los derechos, las necesidades, las preferencias y las capacidades de las personas mayores. Además, también tienen que considerar una perspectiva del ciclo vital que reconozca la importante influencia de las experiencias vitales anteriores en la manera de envejecer de las personas.
Las personas de edad avanzada ofrecen valiosos recursos, a menudo ignorados, que realizan una importante contribución a la estructura de nuestras sociedades.

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