El gol del Chapa Suñé: la historia del tiro libre que le dio a Boca el Nacional 1976

El 22 de diciembre de 1976, Boca venció 1-0 a River en la primera final superclásica de la historia y conquistó el Campeonato Nacional. El único gol del partido lo marcó Rubén “Chapa” Suñé con un tiro libre ejecutado rápidamente, mientras Ubaldo Matildo Fillol todavía acomodaba la barrera.

Durante más de cuatro décadas, aquel tanto fue conocido como el “gol fantasma” porque la transmisión televisiva había conservado otros momentos del encuentro, pero no la jugada decisiva. El 14 de noviembre del 2019, Boca publicó por primera vez las imágenes recuperadas de aquella ejecución y puso fin a uno de los grandes misterios de la historia del fútbol argentino.

Qué fue el gol del Chapa Suñé

27 minutos del segundo tiempo. Rubén Suñé se hace cargo del tiro libre que busca romper el cero en la primera final de la historia entre Boca y River. Pícaro para verlo y talentoso para ejecutarlo, el Chapasaca el remate ni bien apoya el balón mientras Ubaldo Matildo Fillol todavía acomoda la barrera.

Suave sobre el ángulo del palo izquierdo, se incrusta la pelota que genera el delirio de más de 45 mil almas. El gol del triunfo. El gol del título. El gol. “fantasma”.

Así se lo denominó durante décadas -y aún sigue siendo así- a aquel disparo quirúrgico del mediocampista que le permitió al Xeneize de Juan Carlos Lorenzo adjudicarse el Campeonato Nacional de 1976 ante su eterno rival, ni más ni menos que en la primera cita de esa magnitud.

Rubén Suñé ejecutando tiro libre ante River

La primera final superclásica

El 22 de diciembre de 1976 Boca y River jugaron la primera final superclásica de la historia (y que no se repetiría hasta el 2018). El Xeneize se impuso por 1-0.

Resulta una referencia ineludible en el recorrido de 105 años de enfrentamientos oficiales entre River y Boca. La final del Nacional había sido única hasta este año. Se le acercó, le hizo un poco de sombra, la definición de la Supercopa Argentina en febrero de este año en Mendoza.

Pero antes de estas finales de Libertadores, lo que sucedió el 22 de diciembre de 1976 había sido único y parecía inigualable. Fue en la cancha de Racing, con un sorpresivo tiro libre de Rubén Suñé para el 1-0 final y que le permitió a Boca festejar el bicampeonato (había ganado el Metropolitano).

El camino de Boca y River hasta la final

El Nacional contó con un formato diferente a todos los que se disputaron entre 1967 y 1985. Participaron 34 equipos y se dividió en dos zonas de ocho y dos de nueve. Los dos primeros de cada zona se clasificaban directamente a cuartos de final.

Las instancias finales se jugaron a un solo partido. Boca igualó el primer puesto de la Zona A con Quilmes y jugó un desempate para definir el 1-2: ganó Boca 2-1 y evitó enfrentarse con River, que ganó la Zona B con comodidad, y segundo quedó Banfield.

En cuartos, Boca venció 2-1 a Banfield y River 2-1 a Quilmes. En semifinales, Boca despachó a Huracán (1-0) y River a Talleres (1-0). Los caminos se alinearon.

InstanciaBocaRiver
Desempate de zonaBoca 2-1 QuilmesRiver ganó la Zona B
Cuartos de finalBoca 2-1 BanfieldRiver 2-1 Quilmes
SemifinalesBoca 1-0 HuracánRiver 1-0 Talleres
FinalBoca 1-0 RiverRiver 0-1 Boca

Una final a todo o nada

“Boca y River están por jugar la final del Campeonato Nacional de 1976. Noventa minutos a todo o nada, a un solo partido y en cancha neutral. Si empatan, habrá media hora de alargue. Y si siguen sin sacarse ventajas, deberán ejecutar penales” relata con detalle Diego Estévez en el libro La Final, El Superclásico más decisivo en tiempos de tinieblas, una obra imperdible sobre aquel inolvidable encuentro.

La expectativa fue enorme. Miles de hinchas intentaron estar. La AFA definió al Cilindro como escenario. Era el de mayor capacidad. En una época de restricciones tras el golpe del 24 de marzo, en Avellaneda no las hay. Donde cabía uno cabían dos.

Salieron a la venta 70.000 generales y 12.000 plateas. Luego, la AFA intentó reducir la capacidad a 50.000. Ante la presión de los clubes, las mantuvo.

Los de Boca se ubicaron en el anillo superior. Los de River, todos en el piso inferior. Siempre resultó difícil determinar si hubo más hinchas de un lado que del otro. Boca, River y Racing dieron, como siempre, entradas de protocolo; los colados estaban a la orden del día.

Por eso no es exagerado asegurar que hubo al menos cien mil almas. El único registro quedó en la retina de algunos “pocos” privilegiados: aquellos casi 90 mil hinchas que explotaron el estadio de la Academia con un número récord, los jugadores y los distintos simpatizantes que lo sintonizaron en vivo.

El contexto y la multitud en el Cilindro

El partido se transmitió en directo por Canal 7, pero las imágenes y especialmente el gol del Chapa Suñé se perdió en el tiempo. Fue una final de película y eso que todavía no se hizo ninguna película con la final.

En un país militarizado, el Superclásico más convocante de la historia apenas contó con 350 efectivos. Había mano dura, los hinchas , paralizados como la mayoría de la gente, lo sabían y entonces nadie ponía en juego su vida.

Hubo incidentes menores pero cuatro décadas después resulta difícil entender que no haya resultado una tragedia aquel encuentro. Más con el fresco recuerdo de la Puerta 12 del Monumental en 1968, cuando murieron 71 hinchas.

Eso sí, nadie respetó un lugar, todos buscaron la mejor visión, aunque cometiendo injusticias ante quien abonó un poco más por la entrada. “Era necesario un Maracaná”, tituló Clarín la crónica de Guillermo Gasparini.

Y así describe cómo estaba la cancha: “Lo vemos en todos los pasillos poblados, en aquellos que pugnan por treparse a las cabinas bajas de transmisión (. ) También se nota en los dos sectores populares, donde no hay espacio para moverse hacia los costados”.

En la obra La Final, Sergio Brignardello, quien entonces tenía 16 años y luego formó parte de la Comisión Directiva de Boca, contó que por los saltos se desfasó una tribuna y fueron miembros de La Doce los que lograron acomodar la junta.

Cómo se ejecutó el tiro libre

El árbitro fue uno de los mejores de la historia del fútbol argentino: Arturo Andrés Ithurralde, quien se reunió antes con los capitanes. Al juez le gustaba agilizar el juego, pero además avisó de las nuevas instrucciones de la FIFA para los tiros libres: si había la distancia correspondiente, no era necesario esperar el silbato.

Fue lo que hizo Suñé a los 27 minutos del segundo tiempo. Mientras Ubaldo Matildo Fillol acomodaba la barrera, definió el Superclásico.

“Podía patear sin esperar la orden del referí, y yo aproveché que Fillol estaba acomodando la barrera sin que yo la pidiera; lo sorprendió”, contó años después Suñé, quien se tomó a pecho el aviso del árbitro Arturo Ithurralde al momento del sorteo que lo enfrentó con Roberto Perfumo.

¿Qué le había dicho? Que se podía jugar rápido la pelota en los tiros libres sin esperar la autorización. Una nueva regla que el Chapa le sacó el jugo al máximo para firmar su nombre en la historia grande de Boca y dar lugar al mito.

“Y aparece el héroe. Rubén José Suñe, ‘El chapa’, pone la pelota en el punto fatal y no pierde un segundo. Patea. Patea mientras Ubaldo Matildo Fillol, ‘El Pato’” -un monstruo sagrado de los tres palos- todavía está acomodando la barrera.

La capichosa vuela, precisa, perfecta, milagrosa, toca palo y travesaño, y ‘se anida en la red’, como decía Fioravanti, el mayor relator de la vieja guardia. Fillol la mira, atónito, cuando llega a su destino de leyenda: el ángulo superior izquierdo”, cuenta en una crónica histórica Alfredo Serra para Infobae.

Trayectoria del tiro libre de Suñé

El recuerdo de los protagonistas

Jorge Ribolzi: “Cada detalle es clave”

Jorge Ribolzi tenía 23 años cuando fue bicampeón con Boca en 1976. Había llegado de Atlanta y para el Toto Juan Carlos Lorenzo fue uno de los pilares del esquema táctico. Y, obviamente, titular indiscutido en la final disputada en la cancha de Racing.

“Dadas las circunstancias de que era la primera final por un campeonato que se llegaba a jugar con River, la previa había comenzado unos 15 días antes”, le cuenta el Ruso a Clarín. Y agrega: “Nosotros la vivíamos con ansiedad, con responsabilidad y con el compromiso que uno iba a asumir ese partido que era único, era especial, pero no solo para Boca, sino que para River también”.

El volante, que disputó 106 partidos (20 goles) entre 1976 y 1981, no imaginaba una final superclásica. “Era difícil pensar que Boca y River iban a jugar una final de Copa Libertadores, porque hasta hace poco no se cruzaban”, asegura, y explica:“Por cómo estaban las zonas siempre llegaban un argentino y un brasilero, o un colombiano, pero se dio y realmente es un partido de mucha trascendencia. Tal vez hoy no nos demos cuenta de todo lo que va a ser o lo que va a significar después de terminar la Copa Libertadores”

De aquella definición, Ribolzi hace hincapié en el gol de Suñé. “Esos detalles son de partidos de Copa, y uno también entendió por la experiencia, por los años y el haber vivido eso, que en partidos de Copa o finales, cada detalle es clave e importante”, relata, y confiesa lo que pasó en el vestuario:

“La anécdota de ese detalle puntual es la charla técnica del Toto Lorenzo. Él nos repitió tres veces en esa charla que la barrera de River no se formaba rápido, nos dijo que el que se tuviera confianza le pegara, y por eso le pegó Suñé, que no era un jugador que estaba dentro de los que pateaban tiros libres”.

Leopoldo Luque: “Soy un poco culpable”

El santafesino Leopoldo Jacinto Luque tiene 69 años y hace rato que está radicado en Mendoza. Desde allí, le recuerda a Clarín lo que fue esperar la final:

“La previa fue como la de todo clásico. Todos son importantes, a este se le agregaba que era la primera vez que se jugaba por algo tan importante, en un torneo que clasificaba a una competencia internacional. Boca -River es una cosa muy especial”.

Aunque ya pasaron 42 años, el delantero todavía reconoce su responsabilidad en el gol del Chapa Suñé“Soy un poco culpable del gol porque hay jugadores que tienen ciertas misiones que cumplir. Yo era uno de esos. Mientras se armaba la barrera tenía que estar tapando la pelota porque podían sorprender al arquero.

Justo el Pato estaba acomodando la barrera y no llegué. No creí que le iba a pegar desde ahí. Y como no pidió distancia, le pegó de calladito. Perdimos 1 a 0 aunque había jugadores de mucha experiencia”, confiesa.

Por qué el gol se convirtió en un misterio

Este contexto, le dio a ese Superclásico del 22 de diciembre (hace 45 años) un lugar privilegiado en los libros de la historia futbolera, pero la “desaparición” de ese derechazo que dejó atónito al Pato, lo hizo aún más.

Es que por más de 40 años ningún archivo pudo rescatarlo. El gol del Chapa se esfumó, dando lugar a un sinfín de suspicacias.

Para sorpresa de muchos, esa definición mano a mano que el Xeneize se llevó en la cancha de Racing, en medio de un país teñido de negro por el nacimiento de la dictadura militar, fue transmitido por Canal 7. ¿Y entonces? Se preguntarán.

Insólitamente, ese minuto exacto de euforia -y gloria posterior- azul y oro no quedó guardado. Paradójicamente, en la filmación figuran otros pasajes del encuentro, como una enorme atajada de Hugo Orlando Gatti o un gol anulado a Boca, pero no el de Suñé.

Por décadas, fue un “gol fantasma”. Nadie pudo rescatarlo en formato de video para revivirlo. Sólo se conocían una foto del Chapa pateando el tiro libre y otro de Fillol, arquero del Millonario, con la mirada en la pelota, ya dentro del arco.

Para el resto, para los más jóvenes. una mera ilusión. Se creía que sólo iba a vivir en el recuerdo de los hinchas que estuvieron ese día en la cancha de Racing. O bien, que iba a ser imaginado por los que no asistieron al Cilindro, gracias a los registros fotográficos.

Las hipótesis sobre la desaparición de la cinta

Muchas fueron las hipótesis acerca de por qué nunca se había dado con el paradero de aquel tiro libre que el Chapa ejecutó mientras el Pato Fillol acomodaba la barrera.

Algunas decían que esa parte de la cinta había sido incendiada por miembros de la última dictadura militar argentina que eran simpatizantes del Millonario. Pero lo cierto es que eso nunca se supo.

Una leyenda urbana afirma que la cinta había desaparecido en aquella época donde gobernaba la Junta Militar presidida por Jorge Rafael Videla (versión adoptada por el propio Chapa antes de su fallecimiento); otra que el mismísimo Almirante Carlos Alberto Lacoste, hincha de River, había tenido que ver con el asunto por cuestiones de amor y odio; y hay quienes creen que las imágenes simplemente se descuidaron y perdieron en el camino.

Las esperanzas de poder volver a ver aquella legendaria ejecución del mediocampista estaban casi agotadas. Sólo se conocían registros fotográficos y el relato de quienes habían presenciado la jugada en el estadio o por televisión.

El hallazgo del video perdido

La revelación se dio gracias a un arduo trabajo de la Subcomisión de Historia del Departamento de Cultura del club. Gracias a la cantidad de socios que se sumaron al área de investigación de la institución, se llegó a conocer que una persona de Entre Ríos del país tenía en su poder aquel anhelado video.

A mediados de 2019, una persona se acercó al club diciendo que tenía el famoso gol del “Chapa” Suñé. Él lo filmó con una cámara de 8mm directo sobre la tele, en la repetición del partido que se pasó un día después.

Ese rollo de película quedó entre cientos en su casa y no lo encontraba hasta que finalmente lo halló. Una vez que desde la Subcomisión de Historia se pudo adquirir, quedó ver la forma de digitalizarlo.

Después de 43 años, el famoso “gol fantasma” con el que Rubén Suñé nos dio el título ante River en la final del Nacional 1976 volvió a verse.

El 14 de noviembre del 2019, más de 40 años después, desde el conjunto de la Ribera publicaron por primera vez aquel famoso tanto y se puso fin al misterio.

“Boca recupera un tesoro: acá está el golazo de tiro libre del Chapa Suñé, el que definió la final del Nacional 76. Para que lo vean por primera vez las nuevas generaciones y lo revivan los hinchas veteranos”, escribió la institución en las redes sociales.

"Chapa" Suñé recordó su gol en la final de 1976

Cómo se recuperó y digitalizó la filmación

La historia es casi inverosímil: el dueño del archivo tenía el hobby de grabar imágenes desde la televisión con su hermano y tuvo la lucidez de apretar el botón rec el día siguiente del partido, justo cuando estaban emitiendo la repetición.

Lo cierto es que el anónimo olvidó que tenía registrado el gol de Suñé junto a un montón de otros rollos que ni siquiera estaban bien rotulados. De hecho ni siquiera estaba al tanto de que aquel tanto se consideraba “fantasma” por haberse extraviado el registro fílmico.

Y hace poco empezó a revisar sus cajones. Hace algunos meses un hombre se acercó al Museo para informar que tenía material fílmico del tanto de Suñé en un rollo de 8 milímetros.

Se hizo un contacto directo tratando de no generar tanta expectativa porque ya se habían llevado varios chascos con archivos falsos y se procedió a digitalizarlo una vez constatada la autenticidad.

Restaba un detalle: el acuerdo económico. Los integrantes de la subcomisión xeneize tomaron el papel de la cúpula dirigencial y encabezaron las negociaciones bajo secreto. Pactaron no hacer público el monto pero Infobae confirmó que se trató de un número de cuatro cifras en dólares.

Uno de sus miembros desembolsó el dinero para asegurar la adquisición aunque de la factura se hará cargo Boca. Y el final fue feliz para todos.

Se realizó tras reparar un viejo proyector, capturándolo desde una moderna cámara HD 4k. Y ahora está acá, para que lo veamos todos, todos los días.

Debieron conseguir un proyector especial para que durante el proceso de digitalización no se perdiera el control y calidad de imagen. “Realmente nadie lo podía creer cuando apareció nítida la imagen”, reveló Schoua, tras la gesta concretada la semana pasada.

La importancia del gol para Boca

De los 36 goles que convirtió Rubén “Chapa” Suñé en Boca Juniors, el más importante (O al menos el más gritado), fue aquel que le convirtiera al “Pato” Fillol, en la Final del Torneo Nacional de 1976.

Y para darle más importancia aún, no solo por que fue en una Final, ante River, sino que a esto le sumamos, que ese fue el único gol del “Chapa” en ese certamen. Y para colmo, valió un Título.

“Ese gol cambió mi vida”, declaró hace algún tiempo en otra entrevista con este medio el gran protagonista de aquella final.

El impiadoso destino quiso llevárselo físicamente justo unos meses antes de que tuviera la oportunidad de ver su obra maestra una vez más.

Las formaciones de la final

Boca

Hugo Gatti; Vicente Pernía, Francisco Sá, Roberto Mouzo, Alberto Tarantini; Carlos Veglio, Rubén Suñé, Jorge Ribolzi; Ernesto Mastrángelo, Juan Taverna, Darío Felman. Suplentes: Héctor Pistone, Armando Ovide, José Luis Tesare, Mario Zanabria, Enrique Oviedo. DT: Juan Carlos Lorenzo.

River

Ubaldo Fillol; Pablo Comelles, Roberto Perfumo, Daniel Passarella, Héctor López; Juan José López, Reinaldo Merlo, Alberto Beltrán; Pedro González, Leopoldo Luque, Oscar Más. Suplentes : Luis Landaburu, Eduardo Saporiti, Héctor Ártico, Victorio Cocco, Emilio Comisso. DT: Ángel Labruna.

DatoInformación
PartidoRiver 0-1 Boca
CompeticiónCampeonato Nacional 1976
Fecha22/12/1976
EstadioRacing
GolSuñé
ÁrbitroIthurralde
Entrenador de BocaLorenzo
Entrenador de RiverLabruna

Una final con protagonistas históricos

Tal vez lo único que no pueda igualar estas finales de Copa Libertadores sea el peso de los protagonistas en la historia de sus clubes y de nuestro fútbol.

Desde Juan Carlos Lorenzo y Angel Amadeo Labruna en en el banco, pasando por Reinaldo Merlo y Roberto Mouzo (máximas presencias en sus clubes) hasta el Pato Fillol y el Loco Hugo Gatti en los arcos.

Pero como el dicho popular que dice billetera mata galán, final de Libertadores mata Nacional.

La final del Nacional de 1976 fue, durante muchos años, el único partido que definió un campeonato entre Boca y River. La historia del gol del Chapa Suñé quedó ligada para siempre a esa singularidad, al engaño táctico de un tiro libre ejecutado en el instante justo y a la recuperación de una imagen que parecía perdida.

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