1914-1918: historia de la Primera Guerra Mundial

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La Primera Guerra Mundial, también conocida como la Gran Guerra, fue un conflicto mundial entre dos coaliciones: los Aliados o Entente y las Potencias Centrales. Se desarrolló del 28 de julio de 1914 al 11 de noviembre de 1918, principalmente en Europa y Oriente Medio, aunque también hubo combates en partes de África y Asia-Pacífico.

La Primera Guerra Mundial marcó el primer gran conflicto internacional del siglo XX. La guerra que estalla en el verano 1914 debía ser corta según los estados mayores, pero acabó convirtiéndose en una lucha prolongada de desgaste, con una movilización económica, social y militar sin precedentes.

Mapa de los frentes de la Primera Guerra Mundial

Europa antes de 1914: prosperidad, imperialismo y tensiones

En 1914, Europa estaba en el cenit de su dominio mundial. Tras la Revolución Industrial y la explosión demográfica, Europa había logrado establecer una dominación política, económica y militar a nivel mundial, basada en una abrumadora superioridad técnica e intelectual.

En la actualidad viajar por casi toda Europa occidental supone cruzar un paisaje marcado por la prosperidad y la paz. Entre las zonas comerciales, las autopistas y los grandes bloques de viviendas construidos a partir de 1950, se encuentran las fábricas, los ferrocarriles y las casas de vecindad de la industrialización decimonónica, y en medio de todo ello perviven algunas reliquias de un mundo más antiguo hecho de iglesias, casitas rústicas y palacios: un mundo desaparecido hace ya mucho tiempo.

Y, sin embargo, entre las oleadas de expansión y prosperidad del siglo XIX y de las últimas décadas del XX el continente sufrió treinta años de ruina y de empobrecimiento, de estancamiento industrial y cataclismo político. Las huellas de esa época también han quedado grabadas en el escenario actual, aunque distinguirlas requiere un examen más atento. La impronta dejada en la generación que la vivió no se borraría en toda su vida.

La Primera Guerra Mundial se convirtió en una lucha global que se originó en Europa. Acabó con un siglo entero de paz. Desde la derrota de la Revolución francesa y de Napoleón en 1792-1815 no había habido ningún enfrentamiento general en el que participaran todas las grandes potencias.

En 1914, Europa dominaba casi toda África, con la excepción de Abisinia, actual Etiopía, y Liberia. Esta situación era una muestra del imperialismo europeo, que también provocó continuas tensiones entre países durante la colonización del continente, considerada muy desfavorable para Italia y Alemania y muy beneficiosa para Francia y el Reino Unido.

El establecimiento del protectorado francés sobre Túnez de 1881, la ocupación británica de Egipto de 1882 o el reparto más o menos pactado de África tras la Conferencia de Berlín animaron a las potencias a dominar vastos territorios.

El imperialismo que venían desarrollando desde hacía décadas las potencias involucradas fue la principal causa subyacente del conflicto. La rivalidad imperial se combinó con el nacionalismo, la competencia económica, la carrera de armamentos y la formación de alianzas militares cada vez más rígidas.

El sistema de alianzas

Aunque sus orígenes pueden remontarse a 1815, con la formación de la Santa Alianza entre Prusia, Austria y Rusia, fue en octubre de 1873, con la negociación de la Liga de los Tres Emperadores, cuando se empezó a fraguar el sistema de alianzas puesto en marcha durante la Gran Guerra.

Ideada por el canciller alemán Otto von Bismarck, la Liga de los Tres Emperadores prometía ser una alianza entre las monarquías de Austria-Hungría, Rusia y Alemania, aunque finalmente fracasó por la falta de acuerdo entre Austria-Hungría y Rusia sobre la política a seguir en los Balcanes.

A lo largo de su gobierno, Bismarck había trabajado por mantener a Rusia del lado alemán, en un esfuerzo por evitar una guerra en dos frentes contra Francia y Rusia. Así pues, solo dos años más tarde se creaba la Alianza franco-rusa para contrarrestar a la Triple Alianza.

Francia deseaba la revancha tras la derrota sufrida frente a Prusia en la guerra franco-prusiana de 1870-1871. La III República francesa perdió Alsacia y Lorena, que pasaron a ser parte del nuevo Reich alemán.

Tras la unificación alemana y la fundación del Imperio alemán en 1871, después de la victoria teutona en la guerra franco-prusiana, el poder industrial y económico alemán creció enormemente y con él la carrera de armamentos se puso en marcha.

Desde mediados de la década de 1890, el gobierno del emperador Guillermo II empezó a dedicar cuantiosos recursos económicos a la construcción de la Marina Imperial alemana. Esta política intensificó la rivalidad naval con el Reino Unido.

Las Potencias Centrales

  • Imperio alemán.
  • Imperio austrohúngaro.
  • Imperio otomano.
  • Reino de Bulgaria, entre 1915 y 1918.

Los Aliados

  • Imperio británico.
  • Francia.
  • Imperio ruso, entre 1914 y 1917.
  • Reino de Italia, entre 1915 y 1918.
  • Estados Unidos, entre 1917 y 1918.
  • Bélgica.
  • Imperio del Japón.
  • Reino de Grecia, entre 1917 y 1918.
  • Reino de Serbia.
  • Reino de Montenegro.
  • Reino de Rumanía, entre 1916 y 1918.

La Triple Alianza estaba formada por las Potencias Centrales, principalmente el Imperio alemán y Austria-Hungría. Italia había sido miembro de la Triple Alianza junto a Alemania y Austria-Hungría, pero no se unió a las Potencias Centrales, pues Austria, en contra de los términos pactados, fue la nación agresora que desencadenó el conflicto.

La Triple Entente estaba formada por el Reino Unido, Francia y el Imperio ruso. Ambas alianzas sufrieron cambios y fueron varias las naciones que acabarían ingresando en las filas de uno u otro bando según avanzaba la guerra: Italia, el Imperio del Japón y Estados Unidos se unieron a la Triple Entente, mientras el Imperio otomano y el Reino de Bulgaria se unieron a las Potencias Centrales.

Los Balcanes, el «polvorín de Europa»

Austria-Hungría precipitó la «crisis bosnia» con la anexión oficial de la provincia de Bosnia y Herzegovina, un antiguo territorio otomano ocupado desde 1878 por Austria.

Esto enfureció al Reino de Serbia y a su protector, el Imperio ruso, que seguía una política basada en el paneslavismo y compartía la religión ortodoxa con sus aliados eslavos.

Las maniobras de la diplomacia rusa en los acuerdos de paz provocaron que la región se desestabilizara, lo que, sumado a la fractura que ya existía en los Balcanes, hizo que la región fuese conocida como el «polvorín de Europa».

Entre 1912 y 1913, la Liga de los Balcanes y el Imperio otomano libraron la primera guerra de los Balcanes. Su resultado, plasmado en el Tratado de Londres de 1913, redujo aún más las fronteras del Imperio otomano y aumentó las ganancias territoriales de Bulgaria, Serbia, Montenegro y Grecia, al tiempo que se creaba un nuevo Estado albanés independiente.

La situación militar y económica en vísperas de la guerra

En vísperas de la deflagración que daría comienzo a la guerra, las Potencias Centrales tenían una producción industrial y un gasto militar significativamente inferior al de la Entente.

CoaliciónPoblaciónHombres válidos para la guerra
Potencias Centrales, incluyendo a Turquía138 millones33 millones
Entente y sus colonias708 millones179 millones

El gasto militar total de la Entente en 1913 era aproximadamente el doble que el de las Potencias Centrales, aunque Alemania tenía un arsenal de artillería mucho más moderno que el de todos sus adversarios, lo que le daría una ventaja significativa en la futura e inesperada guerra de trincheras.

El armamento ligero de la infantería era de una calidad similar en todos los países y tan solo los británicos poseían rifles superiores a la media. En el mar, la Entente, gracias al Imperio británico, era muy superior a sus oponentes y un bloqueo naval sobre Alemania era más que posible.

Las divisiones de infantería

En 1914, la división de infantería alemana completa estaba formada por 17.500 hombres entre oficiales y soldados, 72 piezas de artillería y 24 ametralladoras; la francesa, por 15.000 hombres entre oficiales y soldados, 36 piezas de artillería y 24 ametralladoras; y la británica, por 18.073 hombres entre oficiales y soldados, 76 piezas de artillería y 24 ametralladoras.

Estos eran los efectivos teóricos, pero los reales, una vez iniciada la campaña, fueron inferiores de manera prácticamente invariable. Durante la guerra, la mayoría de los ejércitos redujo el número teórico de efectivos y aumentó su potencia de fuego.

Un cuerpo de ejército comprendía normalmente dos divisiones de infantería; y un ejército, dos o más cuerpos de ejército. Un grupo de ejércitos, unidad característica de las fuerzas militares francesas y alemanas a partir de 1914, y equivalente a los «frentes» noroccidental y suroccidental de los rusos, comprendía varios ejércitos, con un total que oscilaba entre 500.000 y 1 millón de hombres, o incluso más.

La artillería y las ametralladoras

Las piezas de artillería, a las que en el texto se hace referencia normalmente como «cañones», se dividían en cañones propiamente dichos, con un cañón largo por el que salía el proyectil siguiendo una trayectoria tensa o rasante, y obuses y morteros, con un cañón más corto por el que salía el proyectil siguiendo una trayectoria curva con un ángulo de caída pronunciado.

Además, se clasificaban por su calibre, es decir, el diámetro interno del cañón, aunque en Gran Bretaña muchas de las piezas eran designadas con el peso del proyectil utilizado.

Tipo de piezaEjemplos
Cañón ligero clásico75 mm francés, 77 mm alemán y 18 libras británico
Obuses de campaña de tipo medioAlemanes de 120 y 150 mm, francés de 155 mm y británico de 6 pulgadas
Cañones de campaña más pesadosCalibre superior a 170 mm
Obuses más pesadosEntre 200 y 400 mm

Las ametralladoras se dividían en pesadas y ligeras. Todas las utilizadas en 1914 eran pesadas, su peso oscilaba entre los 40 y los 60 kilogramos, y para su funcionamiento era necesario disponer de un equipo de tres a seis hombres.

Los buques de guerra

Los buques de guerra mejor armados y blindados eran llamados «buques capitales». Estas naves comprendían los acorazados y los cruceros de batalla.

Los cruceros de batalla disponían de una artillería similar a la de los acorazados, pero eran más rápidos porque su blindaje era más ligero.

Los buques capitales considerados más modernos eran los acorazados dreadnought o los cruceros de batalla, de aproximadamente 17.000 toneladas de desplazamiento, siempre y cuando su velocidad y su potencia de fuego fueran comparables o superiores a las del buque británico Dreadnought de 1906.

Sin embargo, en 1914 casi todas las armadas utilizaban buques capitales dreadnought o de un modelo anterior, o incluso variantes híbridas.

Los cruceros se dividían en pesados o «blindados», de más de 10.000 toneladas, destinados a entrar en combate como naves de reconocimiento de los buques capitales, y ligeros, de entre 2.000 y 14.000 toneladas, barcos con menor blindaje cuyo principal cometido era vigilar las rutas comerciales y defender los puertos coloniales.

El asesinato de Francisco Fernando y la crisis de julio

Aunque el imperialismo fue la principal causa subyacente, el detonante del conflicto se produjo el 28 de junio de 1914 en Sarajevo, Bosnia, con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero de la corona austrohúngara, y de su esposa, la duquesa Sofía.

El atentado fue cometido por Gavrilo Princip, un joven nacionalista serbio. Un grupo de seis militantes de la organización revolucionaria Joven Bosnia, vinculada a la organización secreta Mano Negra, se había reunido en la calle por donde estaba previsto que pasara la caravana del archiduque con la intención de asesinarlo.

Cuando la comitiva pasó por la calle, Čabrinović lanzó una granada al coche de Francisco Fernando, pero falló. Algunos viandantes resultaron heridos en las inmediaciones por la explosión, pero el convoy continuó su marcha y los demás asesinos no actuaron cuando el coche pasó por delante de ellos.

Una hora más tarde, cuando Francisco Fernando regresaba del ayuntamiento de Sarajevo en dirección a un hospital para visitar a los heridos por el atentado, la caravana se equivocó y giró hacia una calle donde, casualmente, se encontraba Gavrilo Princip.

El asesinato condujo a un mes de maniobras diplomáticas entre las principales potencias europeas: Austria-Hungría, Alemania, Rusia, Francia y el Reino Unido. Este proceso fue conocido como la crisis de julio.

Al contrario de lo que cabría esperar en vista de los acontecimientos posteriores, la reacción de la población en Austria fue débil, casi indiferente. El evento no provocó ninguna impresión en absoluto.

Las autoridades austrohúngaras animaron una serie de disturbios antiserbios en Sarajevo, en los que croatas y bosnios asesinaron a dos personas de origen serbio y dañaron numerosos edificios de propiedad serbia.

Se organizaron acciones violentas contra serbios fuera de Sarajevo y en la ciudad se produjeron más de un centenar de detenciones de sospechosos de haber participado o ayudado en el asesinato del archiduque.

Los ataques se extendieron a otras grandes ciudades del Imperio austrohúngaro en las actuales Bosnia, Croacia y Eslovenia. Las autoridades encarcelaron o extraditaron en toda Bosnia a unos 5500 prominentes serbios, de los cuales entre 700 y 2200 murieron en prisión.

Del ultimátum a la guerra general

El asesinato desató una crisis diplomática cuando Austria-Hungría dio un ultimátum al Reino de Serbia y se invocaron las distintas alianzas internacionales forjadas a lo largo de las décadas anteriores.

El día 25, Serbia decretó la movilización general y esa misma noche declaró que aceptaba todos los términos del ultimátum, excepto el artículo sexto, que exigía el envío de una delegación austriaca a Serbia para participar en la investigación del asesinato.

El 28 de julio, los austrohúngaros iniciaron las hostilidades con el intento de invasión de Serbia.

Al día siguiente, después de celebrarse un consejo de ministros en Rusia presidido por el mismo zar, Rusia ordenó la movilización general de sus tropas en los distritos y flotas del mar Báltico, el mar Negro, Odesa, Kiev, Kazán y Moscú.

El 29 de julio, Rusia salió en ayuda de su protegido serbio y declaró, de forma unilateral y fuera de los procedimientos previstos en los acuerdos militares franco-rusos, la movilización parcial contra el Imperio austrohúngaro.

El 30 de julio Rusia ordenó una movilización general contra Alemania, y en respuesta esta se declaró en «estado de peligro de guerra».

El káiser Guillermo II de Alemania pidió a su primo, el zar Nicolás II de Rusia, que detuviera la movilización general de su país. El zar se negó y Alemania respondió con un ultimátum donde exigía la desmovilización rusa y el compromiso de no apoyar a Serbia.

Otro ultimátum fue enviado a Francia, donde se pedía que no apoyase a Rusia si esta salía en defensa de Serbia.

Mientras Rusia se movilizaba, Alemania invadió Bélgica, que se había declarado neutral, y Luxemburgo en su camino a Francia. La violación de la soberanía belga llevó al Reino Unido a declarar la guerra a Alemania.

Los planes militares y el fracaso de la guerra rápida

Como se prepararon los estados mayores para la guerra. Conformemente a los planes de su estado mayor, Alemania desata la ofensiva por el oeste vía Bélgica.

El gobierno alemán debía decidir qué plan de despliegue militar ponía en práctica mientras trataba de mantener a Francia neutral. Alemania planeaba poner en marcha una versión modificada del Plan Schlieffen, el Aufmarsch II West.

Francia, Reino Unido, Italia y Rusia planifican ofensivas coordinadas mientras que Alemania intenta debilitar al ejército francés en Verdún.

Al principio, todos los bandos estaban entusiasmados y confiaban en una victoria rápida y decisiva. Sin embargo, los planes preconcebidos fracasaron y los ejércitos se encontraron ante una forma de guerra que no había sido prevista adecuadamente.

Los alemanes fueron detenidos por los franceses a pocos kilómetros de París y se inició una guerra de desgaste donde las líneas de trincheras apenas sufrirían variación alguna hasta 1917.

El frente occidental y la guerra de trincheras

El sistema de trincheras y fortificaciones de Europa occidental se extendía en total unas 475 millas. Abarcaba aproximadamente desde el mar del Norte hasta la frontera de Suiza.

En Europa, los combates se caracterizaron por la guerra de trincheras, el uso generalizado de artillería, ametralladoras y armas químicas, así como por la introducción de tanques y aviones.

La guerra de trincheras convirtió el frente occidental en un espacio de posiciones fortificadas, bombardeos prolongados y ofensivas que podían causar enormes pérdidas sin producir grandes cambios territoriales.

En esencia, la guerra es trauma y sufrimiento, pues conlleva la captura, la mutilación y el asesinato de seres humanos, con la consiguiente destrucción de sus propiedades, por muchos que sean los eufemismos con los que cualquier lengua intente enmascarar su verdadero significado.

Además, implica un proceso recíproco característico, una competición en crueldad que puede acabar convirtiendo al hombre más pacífico en un asesino consumado y también en una víctima.

Trincheras y soldados en el frente occidental

El frente oriental

Por otra parte, la vasta extensión del frente oriental impedía la guerra de trincheras a gran escala, pero el alcance del conflicto seguía siendo igual al del frente occidental.

En el frente oriental, el ejército ruso logró algunas victorias frente a los austrohúngaros, pero fue detenido por los alemanes en su intento de invadir Prusia Oriental.

La extensión territorial, las distancias y la movilidad de los ejércitos hicieron que el frente oriental tuviera una dinámica distinta de la del frente occidental. Aun así, las campañas provocaron grandes pérdidas, desplazamientos de población y una profunda crisis política en Rusia.

Los frentes de Oriente Medio, los Balcanes y otros escenarios

En noviembre de 1914, el Imperio otomano entró en la guerra, lo que significó la apertura de distintos frentes en el Cáucaso, Mesopotamia y en la península del Sinaí.

También se produjeron intensos combates en otros lugares de Europa, como en el norte de Italia, los Balcanes, Grecia y la Turquía otomana.

La dimensión mundial del conflicto se debió a la participación de todas las grandes potencias industriales y militares de la época y a la extensión de sus imperios coloniales. La guerra afectó a territorios europeos, africanos, asiáticos y del Pacífico.

Las armas y la transformación de la guerra

Los cuatro años de guerra fueron testigos de una revolución militar más que notable, en la que ambos bandos buscaron afanosamente -y al final descubrieron- la forma más efectiva de utilizar armas modernas.

Las enormes pérdidas en todos los bandos del conflicto se debieron en parte a la introducción de nuevas armas y tácticas militares, como la artillería de largo alcance, los tanques, el gas venenoso y la guerra aérea.

Los líderes militares tampoco lograron ajustar sus tácticas a la naturaleza cada vez más mecanizada de la guerra.

El uso de la artillería pesada permitió destruir posiciones, infraestructuras y ciudades enteras. Las ametralladoras dificultaron los ataques frontales y favorecieron la defensa desde posiciones fortificadas.

Las armas químicas introdujeron una forma de combate que provocaba asfixia, quemaduras, ceguera y lesiones graves. La guerra aérea comenzó a emplearse para reconocimiento, bombardeo y combate entre aeronaves.

Los tanques aparecieron como respuesta a la dificultad de atravesar las trincheras, las alambradas y los terrenos devastados por los bombardeos.

Aviones alemanes Albatros D.III en Francia 1917

Verdún y el Somme

Alemania intentó debilitar al ejército francés en Verdún. La batalla fue una de las más largas y mortíferas de la Primera Guerra Mundial.

Las casas a lo largo del río Meuse resultaron dañadas durante la batalla de Verdún en diciembre de 1916.

El 1 de julio de 1916 se produjo la mayor pérdida de vidas humanas en un solo día. La fecha corresponde al inicio de la batalla del Somme, una de las grandes ofensivas del frente occidental.

La batalla del Somme mostró la capacidad destructiva de la artillería, las ametralladoras y las nuevas tácticas de asalto. Dos soldados británicos con máscaras antigás y una ametralladora Vickers participaron en la batalla del Somme de 1916.

Batalla del Somme soldados británicos máscaras antigás

La entrada de Italia

Italia, que había pertenecido a la Triple Alianza, no se unió inicialmente a las Potencias Centrales.

Más tarde, el Reino de Italia se incorporó al bando aliado y combatió principalmente contra Austria-Hungría en el frente alpino y en el norte de Italia.

El terreno montañoso, las condiciones climáticas y la dificultad de transportar suministros hicieron de este frente uno de los escenarios más exigentes del conflicto.

La entrada de Estados Unidos

En abril de 1917 se produjo un cambio decisivo en las hostilidades. Citando la política alemana de guerra submarina sin restricciones y su intento de aliarse con México, Estados Unidos le declaró la guerra a Alemania el 6 de abril de 1917.

Las nuevas tropas y materiales de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense, American Expeditionary Force o AEF, aportaron una ventaja decisiva a los Aliados.

La incorporación estadounidense reforzó la capacidad militar, industrial y financiera de la Entente en un momento en que los ejércitos europeos estaban agotados por años de combate.

La Revolución rusa y la retirada del conflicto

Esta ventaja recién obtenida para los Aliados fue inicialmente contrarrestada por los acontecimientos que tuvieron lugar en el frente oriental de la guerra.

En 1917, Rusia, una de las principales potencias aliadas, se vio sacudida por dos revoluciones. En la primera se derrocó al gobierno imperial. La segunda llevó a los bolcheviques al poder.

La caída del gobierno ruso tras la Revolución de Febrero marcó el inicio del desenlace de la guerra.

El efecto inmediato de la Revolución rusa en el escenario europeo fue una brutal y prolongada guerra civil en territorios que anteriormente habían estado gobernados por Rusia entre 1917 y 1922 y la decisión del nuevo liderazgo bolchevique de hacer una paz separada con las Potencias Centrales.

El resultado final fue un tratado de paz que se firmó el 3 de marzo de 1918 en Brest-Litovsk, actualmente Brest, Bielorrusia.

De conformidad con este tratado, Rusia, que ya entonces estaba bajo control bolchevique, renunció a sus pretensiones sobre Finlandia, Ucrania, Estonia y Letonia.

La retirada rusa, confirmada por el Tratado de Brest-Litovsk, dio provisionalmente una superioridad numérica al ejército alemán en el frente del oeste.

El Tratado de Brest-Litovsk liberó a Alemania para concentrar sus fuerzas en el frente occidental.

Revolución de Febrero soldados rusos Petrogrado

La ofensiva alemana de 1918 y la contraofensiva aliada

Tras la firma del Tratado de Brest-Litovsk, Alemania pudo trasladar tropas desde el frente oriental al occidental.

Para finales de julio de 1918, las fuerzas alemanas ya habían avanzado hasta situarse a 50 millas de París, lo cual llevó al káiser Guillermo II a asegurarle al pueblo alemán que la victoria estaba a su alcance.

Sin embargo, tras una gran ofensiva alemana a principios de 1918 a lo largo de todo el frente occidental, los Aliados hicieron retroceder a los alemanes en una serie de exitosas ofensivas.

A partir del mes de agosto las fuerzas francesas, británicas y estadounidenses no cesaron de avanzar en el frente occidental.

La llegada de tropas estadounidenses, la superioridad material aliada y el agotamiento de las Potencias Centrales contribuyeron a transformar el equilibrio militar.

El hundimiento de las Potencias Centrales

Las Potencias Centrales comenzaron a rendirse, comenzando con Bulgaria y el Imperio otomano en septiembre y octubre de 1918, respectivamente.

El 3 de noviembre, las fuerzas austrohúngaras firmaron una tregua cerca de Padua, Italia. El Imperio austrohúngaro firmó un armisticio el 3 de noviembre de 1918.

A finales de septiembre, los líderes militares alemanes informaron al káiser de que la guerra estaba perdida y que Alemania debía pedir un armisticio.

El 4 de octubre, el canciller alemán envió un telegrama al presidente estadounidense Woodrow Wilson con una petición para negociar la paz con los Aliados.

La noticia de que Alemania había pedido la paz conmocionó al pueblo alemán y provocó descontento con el gobierno.

El 9 de noviembre de 1918, en medio del malestar generalizado, se anunció la abdicación del káiser. Ese mismo día se proclamó la república alemana.

El armisticio del 11 de noviembre de 1918

Dos días más tarde, Erzberger se reunió con una delegación de los Aliados victoriosos bajo el mando del mariscal de campo francés Ferdinand Foch, comandante general de las fuerzas aliadas, en un vagón de ferrocarril en el bosque de Compiègne y aceptó las condiciones del armisticio.

El 11 de noviembre de 1918 a las 11:00 a. m. cesaron los combates en el frente occidental.

La «Gran Guerra», como la llamaban sus contemporáneos, había terminado.

En la época los europeos también se refirieron a ella como «la guerra para acabar con la guerra» y también la describieron como «la guerra para acabar con todas las guerras», debido a su percepción generalizada de su magnitud, devastación y pérdida de vidas sin precedentes.

Las pérdidas humanas

La Primera Guerra Mundial fue uno de los conflictos más mortíferos de la historia, con un saldo de unos 10 millones de militares muertos y más de 20 millones de heridos, además de unos 10 millones de muertos civiles por causas que incluían el genocidio.

Más de 8,5 millones de soldados murieron como resultado de las hostilidades, una cifra que supera las muertes militares de todas las guerras entre potencias europeas del siglo XIX.

Alemania y Rusia sufrieron la mayor cantidad de muertes de militares: aproximadamente 1.773.700 y 1.700.000, respectivamente.

Ningún organismo oficial llevó una cuenta minuciosa de las bajas civiles durante los años de la guerra, pero los estudiosos afirman que hasta 13.000.000 de no combatientes murieron como resultado de las hostilidades, principalmente por hambre, enfermedades, acciones militares y masacres.

Como consecuencia del conflicto, millones de personas fueron desarraigadas o desplazadas de sus hogares en Europa y Asia Menor.

Osario de Douaumont cementerio de Verdún

Una catástrofe social y humana

¿Por qué recordamos aún el 11 de noviembre? ¿Por qué seguir conmemorando los casi diez millones de soldados caídos entre 1914 y 1918?

En parte, la respuesta es que la Primera Guerra Mundial tuvo unas características que la hicieron emblemática de otras guerras modernas, no solo del siglo XX, sino también posteriores.

Supuso para los combatientes unas experiencias nuevas y terribles y obligó a los distintos frentes a llevar a cabo una movilización sin precedentes.

Además de representar un verdadero desastre, se convirtió en condición previa de futuros desastres, incluida la Segunda Guerra Mundial, cuyas víctimas fueron muchos millones más.

Impulsó la creación de nuevos mecanismos de supervivencia sociales para afrontar la muerte, la mutilación y la desolación y, sin embargo, en muchas regiones del mundo, su legado sigue provocando derramamientos de sangre en la actualidad.

Por último, constituyó un tipo especial de cataclismo, una catástrofe causada por el hombre a través de sus actos políticos y, como tal, puede suscitar, un siglo después, emociones poderosas y plantear, como presagio, cuestiones espinosas.

Sus víctimas no perecieron ni por un virus desconocido ni por un fallo mecánico o un error humano. La suerte que corrieron fue el resultado de una política de Estado deliberada, decidida por gobiernos que una y otra vez rechazaron cualquier alternativa a la violencia, no solo con la simple aquiescencia, sino también con el apoyo activo de millones de sus súbditos.

Cuando se desencadenó la guerra en un continente pacífico, pareció que se hubiera producido un salto atrás a lo primitivo, un resurgimiento atávico de violencia interétnica.

Pero lo cierto es que el conflicto tenía por protagonistas a las sociedades más ricas y tecnológicamente avanzadas de la época, transformadas por la industrialización, la democratización y la globalización tras la última campaña con la que pueda ser comparado, a saber, las guerras napoleónicas de hacía un siglo.

Se convirtió en el prototipo de un nuevo modelo de conflicto armado.

La caída de los imperios

Tras el fin de la guerra, cuatro grandes imperios dejaron de existir: el alemán, el ruso, el austrohúngaro y el otomano.

Los Estados sucesores de los dos primeros perdieron una parte importante de sus antiguos territorios, mientras que los dos últimos se desmantelaron.

El mapa de Europa y sus fronteras cambiaron por completo y varias naciones se independizaron o se crearon.

El principio de las nacionalidades, así como la política de poder de los vencedores, fundaron la remodelación de las fronteras del continente europeo durante los diferentes tratados firmados en 1919-1920.

La Conferencia de Paz de París y el Tratado de Versalles

Tras seis meses de negociaciones en la Conferencia de Paz de París, el 28 de junio de 1919 los países aliados firmaron el Tratado de Versalles con Alemania y otros tratados a lo largo del siguiente año con cada una de las potencias derrotadas.

La reorganización territorial, la desaparición de los grandes imperios y la creación de nuevos Estados modificaron profundamente el equilibrio político europeo.

Se fundó la Sociedad de Naciones con el objetivo de evitar que un conflicto de tal magnitud se repitiese; sin embargo, dos décadas después estalló la Segunda Guerra Mundial.

La memoria de la Gran Guerra

Antes de la Segunda Guerra Mundial, los acontecimientos de 1914-1918 se conocían comúnmente como la Gran Guerra o, simplemente, la Primera Guerra Mundial.

En agosto de 1914, la revista The Independent escribió: «Esta es la Gran Guerra. Se nombra a sí misma».

De forma similar, en octubre de ese año, la revista canadiense Maclean's afirmó: «Algunas guerras se nombran a sí mismas. Esta es la Gran Guerra».

El primer uso registrado del término «Primera Guerra Mundial» fue en septiembre de 1914, por el biólogo y filósofo alemán Ernst Haeckel.

Sobre todo tras el fracaso de los planes preconcebidos, la gente de la época fue perfectamente consciente de lo insólito de aquella guerra y de la falta de precedentes históricos.

Muchos sintieron que sus políticos y sus generales estaban perdiendo la razón.

Pero la guerra no estalló ni se prolongó de manera fortuita o por la fatalidad, y es un error presentarla como un sacrificio totémico de los niños de Europa que los que ostentaban el poder fueron incapaces de impedir.

Aunque ningún gobierno controlara el conjunto del sistema internacional, lo cierto es que todos podían elegir entre la guerra y la paz.

El conflicto de 1914-1918 supuso una agitación de proporciones descomunales y la literatura que ha generado es igualmente colosal.

Ciertos debates, aparentemente resueltos e incluso osificados, han vuelto a abrirse y determinados acontecimientos que parecían familiares han recuperado su frescura y su novedad.

La Primera Guerra Mundial

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