La voleibolista vinculada a Pablo Escobar: qué se sabe de esta historia

La referencia a una voleibolista relacionada con Pablo Escobar aparece en el testimonio de Victoria Eugenia Henao, esposa del narcotraficante, quien describió las numerosas relaciones paralelas que Escobar mantenía mientras estaba casado.

En su libro Mi vida y mi cárcel con Pablo Escobar, Victoria Henao sostuvo que Escobar se relacionaba simultáneamente con distintas mujeres, entre ellas reinas de belleza, modelos, amantes ocasionales y una voleibolista de Caldas.

La mención de la voleibolista de Caldas

Allá por 1982, Pablo resultó electo representante suplente en la Cámara de Representantes.

Y con el objetivo de cumplir sus tareas periodísticas surgió en su vida Virginia Vallejo, reconocida profesional, además escritora, modelo, locutora, conductora de la televisión colombiana y quien con el tiempo se convertiría en su biógrafa.

Se enamoraron y juntos protagonizaron una historia de pasiones que dio que hablar.

Lo que sorprendió fue que él seguía adelante también con su esposa, con Wendy y un poco más esporádicamente con “Alcira, reina del café, con la reina de Antioquia, con Luz Angela, reina de Medellín y con una voleibolista de Caldas.

Y estaba por llegar otra que haría historia con él: Elsy Sofía, reina de la ganadería.

Todas al mismo tiempo”, detalló así Victoria Eugenia Henao, la madre de sus hijos, en su mencionado libro, conocido como “El testimonio de la esposa del narco más peligroso del mundo”.

Pablo tenía tiempo para todas.

La frase constituye la principal referencia incluida en el material disponible sobre la deportista. El texto no identifica su nombre, no ofrece datos biográficos sobre ella y tampoco precisa la duración de esa relación.

El contexto de las relaciones de Escobar

Estaba más que claro que Pablo Emilio Escobar se sentía capaz de conquistar a cualquier mujer.

Se sentía cómodo en el rol de la seducción permanente que ejercía sin pudor ante aquellas que le interesaban.

No le preocupaba para nada si aparecían obstáculos en el camino para llegar a ellas.

Al contrario, las dificultades le provocaban aún más interés.

El narco más famoso de la historia sedujo durante su corta vida a una gran cantidad de mujeres: modelos, reinas de belleza, jóvenes vírgenes y, como se dijo, prostitutas: 49 de ellas terminaron asesinadas.

A medida que la violencia y los negocios crecían, la voracidad sexual de Escobar iba en aumento.

Al jefe narco ninguna mujer se le resistía.

Y él no hacía ningún esfuerzo para conquistarlas.

El método que usó durante décadas era simple, abusivo: cuando llegaba a un lugar y le gustaba una mujer, enviaba a sus esbirros con una botella de champagne o whisky.

Sabía que al enterarse quién les había enviado el obsequio, se lo irían a agradecer cuerpo a cuerpo.

Además de con sus ocasionales amantes, algunas más estables que otras, Escobar se la pasaba de fiesta con mujeres que hacía llegar de distintas partes del mundo a hoteles top cuando viajaba a los Estados Unidos, tanto en Miami como en Nueva York.

Otras arribaban también cuando se hallaba en Colombia procedentes de Brasil y hasta de clubes nocturnos franceses como el Folies Bergére y el Crazy Horse.

Pablo Escobar hizo llevar a Colombia a mujeres desde destinos lejanos como París.

Las mujeres mencionadas junto a la voleibolista

Mujer mencionadaReferencia en el material
Victoria Eugenia HenaoEsposa de Pablo Escobar y madre de sus dos hijos
Virginia VallejoPeriodista, presentadora y escritora; mantuvo una relación con Escobar durante cinco años
Wendy Chavarriaga GilAmante de Escobar cuya historia terminó con su asesinato
AlciraReina del café
Reina de AntioquiaMencionada entre las relaciones de Escobar
Luz AngelaReina de Medellín
Voleibolista de CaldasNombrada por Victoria Henao sin identificarla
Elsy SofíaReina de la ganadería

La relación con la voleibolista aparece, por tanto, dentro de una enumeración de vínculos simultáneos y no como una historia desarrollada con detalles propios.

Virginia Vallejo y la vida sentimental de Escobar

Virginia Vallejo, periodista, hechizó a Pablo Escobar Gaviria durante una entrevista y tuvo una relación con él que se prolongó por cinco años.

Entre 1983 y 1987, tuvo una relación romántica con Pablo Escobar, jefe del Cartel de Medellín.

En 1982, Virginia visitó con su novio Aníbal Turbay la Hacienda Nápoles, propiedad de Pablo Escobar, que en ese momento era suplente electo a la Cámara de Representantes por el movimiento Alternativa Liberal.

En enero de 1983, la periodista lo entrevistó para su programa Al Ataque, en el basurero de Medellín, donde el país pudo ver la obra de Medellín Sin Tugurios.

La relación entre Escobar y Vallejo se fue intensificando y duró cinco años.

Terminó en 1987, en vísperas del inicio de la guerra contra el Estado y el cartel de Cali.

Virginia Vallejo nació el 26 de agosto de 1949 en Cartago (Colombia), hija de Juan Vallejo Jaramillo y Mary García Rivera.

Tras graduarse de bachiller en 1967, fue contratada como profesora de inglés en el Centro Colombo Americano y, luego, como asistente del presidente del Banco del Comercio.

En 1972 inició su carrera en los medios de comunicación: presentadora del programa Oiga Colombia, editora internacional del noticiero TV Sucesos-A3, presentadora de Cuidado con las Mujeres, entre otros.

En los años 80, fue presentadora del Noticiero 24 Horas, y de diversos programas en radio y televisión entre los que se destacan Llegaron las Mujeres y El Show de las Estrellas.

En 2007 publicó el libro Amando a Pablo, odiando a Escobar, que fue relanzado por Planeta y Penguin Random House en 2017 y 2018.

Este libro autobiográfico, publicado originalmente en 2007 y de nuevo en 2017 por Península, es la fuente de la serie Narcos y del largometraje Loving Pablo, con Javier Bardem como Pablo Escobar y Penélope Cruz como su amante.

Virginia Vallejo y Pablo Escobar

La relación con Wendy Chavarriaga Gil

Su esposa describió con detalles inéditos que una de las amantes que marcó a fuego su vida fue Wendy Chavarriaga Gil, una morena muy alta y atractiva cuya vida culminaría de manera sangrienta a pedido del mismísimo Pablo.

Wendy Chavarriaga Gil medía 1,85, tenía ojos verdes y unas piernas que parecían no tener fin.

Era dueña de su propia fortuna y de una lujosa vivienda en los alrededores del Club Campestre de Medellín, a dos cuadras de la casa de la familia Escobar.

Ni el poder ni el dinero de Escobar la podían encandilar.

Al final logró seducirla, y esta vez sin ayuda de nadie.

El primer encuentro duró sólo 25 minutos, suficientes para enamorar al narco.

Wendy fue, dicen, la única que hizo tambalear el matrimonio con Henao.

Quizás porque la había seducido por su cuenta, Escobar se entusiasmó con Wendy más que con el resto de sus amantes.

“Soy un campeón”, se jactaba de su conquista delante de sus amigos.

De a poco, Wendy comenzó a ejercer una sutil influencia sobre él.

Escobar no se pensaba divorciar de su esposa: era la madre de sus hijos.

Tenía a Juan Pablo, de seis años, y esperaba a Manuela, luego que Victoria se sometiera a un costoso tratamiento de fertilidad.

En el espacio que existía para sus amantes había, sin embargo, una prohibición tajante.

Un mandamiento de oro.

Un pecado que no perdonaría.

No podían quedar embarazadas.

Y Wendy desoyó ese mandato.

En un momento empezó a esquivar a Pablo, a poner excusas para no verlo.

Conocía lo que pensaba Escobar y tomó la decisión de viajar a los Estados Unidos, donde él no podría tomar represalias.

Pero los ojos del narco estaban en todas partes, y se enteró de las dos cosas: que su amante estaba embarazada y que planeaba huir.

La mandó a llamar para encontrarse en “La Escarcha”.

Ella fue.

Durante horas parecieron ser los amantes de siempre.

Hasta que Escobar se deshizo del abrazo y llamó a sus hombres.

Allí estaban algunos de quienes gozaban mayor confianza: Yeison, La Yuca, Carlos Negro y Pasquín.

Entre los cuatro la sujetaron con fuerza y un enfermero le inyectó un sedante.

Cuando Wendy despertó, a su lado estaba Pablo Escobar con el rostro pétreo.

La rodeaban las espantosas pruebas del sometimiento que había sufrido.

Vio sangre sin limpiar sobre la cama y se dobló por el agudo dolor que sentía en su vientre.

El narco, el hombre que fue dueño de la vida y la muerte de miles en Colombia, también fue el propietario de sus sueños.

“Te lo saqué”, le dijo con frialdad.

Para que la escena fuera más macabra, al aborto se lo practicó un veterinario.

Estaba embarazada de cinco meses y acababa de conocer el lado más sombrío de su amante.

Como pudo fue hacía una ventana del departamento para arrojarse al vacío, pero dos guardaespaldas la detuvieron.

Escobar, herido por la “traición”, concluyó la relación.

Ese día de 1983, Wendy juró venganza.

“Lo único que Escobar les tenía prohibidísimo a sus amantes era que quedasen embarazadas y Wendy no cumplió.

Ella quedó embarazada por plata, pero el patroncito no quiso saber nada y le mandó a dos ‘pelaos’ y al veterinario para que le sacaran el bebe”, confirmó años después Popeye, uno de los sicarios más cercanos a Escobar.

La muerte de Wendy y el papel de Popeye

Dispuesta a todo, Wendy fue a buscar a Popeye, el apodo de Jhon Jairo Velásquez Vásquez.

Sabía los lugares que frecuentaba y no le fue difícil hallarlo en un boliche de moda de Medellín.

Tampoco tuvo problemas en seducirlo.

Fueron a un departamento que Escobar le había comprado a Wendy cuando eran amantes.

A Popeye el corazón le saltaba del pecho.

El soldado hizo el amor en la cama de su general.

Pero cuando llegó el día y la temperatura bajó, la lealtad de Popeye pudo más que el flechazo intempestivo.

Wendy, segura del poder de su belleza, subestimó la fuerza que puede tener el miedo.

Sin pensarlo demasiado, el sicario se plantó frente a su patrón y, como pudo, le contó lo sucedido.

Escobar no era tonto.

Lo miró y, casi paternal, le dijo: “Hace el amor muy bueno, Pope.

Pero déjeme que le diga, usted no es un hombre para Wendy: ella es para capos.

Tenga cuidado, ahí hay algo raro”.

Su intuición no fallaría.

Pero le dio permiso a Popeye para que continuara con la relación.

Cada movimiento de la pareja fue seguido por Escobar.

Intervino el teléfono de su ex amante.

Y descubrió, como preveía, que Wendy usaba a Popeye para vengarse de él.

Cuando reunió las pruebas, mandó llamar a Velásquez Vásquez.

Popeye entró a la reunión y vio a Pipina, mano derecha de Escobar, junto al narco.

Un frío le corrió por la espalda.

Al lado del narco había un grabador.

Escobar apretó play.

Se escuchó la voz de Wendy en medio de una llamada telefónica: “Popeye no me dijo aún dónde está Pablo.

Sí, sí, cuando me diga le aviso”.

La comunicación de la examante era con un efectivo del Bloque de Búsqueda, una unidad especial de la Policía colombiana creada con un solo fin: capturar vivo o muerto a Pablo Escobar Gaviria.

La sentencia de muerte de Wendy acababa de ser firmada.

Popeye citó a Wendy en un lujoso restaurante de Medellín.

Había asesinado con sus propias manos a tres mil personas.

Pero no pudo apretar el gatillo contra esa mujer de 28 años.

“La amaba demasiado”, confesó años después.

Envió a dos hombres para hacer el trabajo sucio.

La orden era primero usar un revólver y luego rematarla con una pistola.

Sabrían que el momento para actuar llegaría cuando la vieran ponerse de pie y dirigirse hacia el teléfono del lugar.

El sicario llamó al restaurante desde un teléfono fijo ubicado a media cuadra del lugar y preguntó por ella.

Escuchó al mozo decir su nombre y se quedó pegado al auricular.

Oyó el taconeo de la mujer acercarse.

También dos disparos.

Y el grito ahogado de Wendy.

“Quería oírla morir, porque yo me sentí pequeño, usado, idiota”, contó después.

Enseguida apareció por el restaurante.

Vio el cadáver sobre un mar de sangre.

Era la forma de asegurarse que le había cumplido a su patrón.

“Me salió de adentro un espíritu maligno.

Me había traicionado a mí y a mi Dios, don Pablo.

Yo la quería con toda mi alma, pero me sentí usado.

Ella me enamoró para vengarse de Pablo.

Me estaba utilizando para llegar a él.

Y sabía que la mataban a ella o me mataban a mí.

Y preferí que fuera ella”, relató mucho tiempo más tarde, con la mirada y el corazón vacíos.

“Nunca sentí nada igual”, admitió.

Victoria Eugenia Henao y el matrimonio con Escobar

Para comprender el contexto en el que aparece mencionada la voleibolista de Caldas, también es necesario considerar la relación de Escobar con Victoria Eugenia Henao, la única mujer con la que se casó y con quien tuvo dos hijos.

La conoció a comienzos de los años 70, cuando ambos vivían en el barrio La Paz del municipio de Envigado en Antioquia.

Pablo pasó en su moto y fue amor a primera vista para ambos.

El tema es que ella era una niña de 12 años, y él un muchacho de 23.

Desde el primer instante Escobar se propuso conquistarla, entre miradas cómplices y tiraditas de besos.

Hasta que le envió un mensaje a través de Yolanda, una de sus íntimas amigas, quien lo primero que le remarcó fue la diferencia de edad entre ambos, detalle que no le importó para nada.

Así empezaron a cruzarse y él avanzaba todo lo que podía.

Comenzó a hacerle pequeños regalos que luego fueron más importantes.

Hasta lograr encuentros cortos, de un par de horas, sin que su familia supiera que eran con él, pero encuentros al fin, casi siempre acompañada por su amiga.

Cuando se enteraron Leonor, su mamá, y sus hermanos, la situación se complicó y mucho, pero Pablo, que estaba acostumbrado a hacer lo que quería, siguió adelante como si nada y juntos empezaron un coqueteo que continuó en noviazgo.

Por supuesto que él mantenía encuentros paralelos con otras chicas, así fue siempre, hasta su muerte.

Finalmente viajaron a Cali, y pese a que parte de la familia de Victoria la esperó allí para convencerla de que regresara, la boda se concretó en marzo de 1976 en la parroquia de la Santísima Trinidad en Palmira, donde vivía su abuela Lola.

Ella por entonces tenía 15 años y cursaba el bachiller; él 26 y sus actividades siempre estaban al margen de la ley y relacionadas con la producción y el tráfico de cocaína, detalle que la adolescente ignoraba por completo.

Aunque de a poco empezaba a abrir un poco más los ojos debido a que su flamante marido volvía a caer preso y debía visitarlo en la cárcel.

Entre visitas le confió que estaba embarazada de Juan Pablo, su primer hijo, que nació el 24 de febrero de 1977.

En 1984 llegaría su hija Manuela para felicidad de ambos, pero eso no impidió que Pablo viviera de juerga.

Su mujer, a quien apodaban “La Tata”, siempre supo de sus infidelidades.

Pero también estaba segura que luego de cada aventura regresaría con ella.

En una oportunidad, Escobar quedó en la mira de su esposa.

Estaban en la hacienda Nápoles y sus amigos, que ignoraban la presencia de “La Tata”, llegaron en un jet privado junto a diez modelos para hacer una gran fiesta.

Esa vez ella lo encaró delante de todos: “No me quedo un segundo más en este lugar Pablo.

Es una falta de respeto lo que haces conmigo…”.

Él le respondió haciéndose el ofendido: “Pero mi amor, Héctor (Roldán) trajo a estas mujeres para mis amigos, no puedo decirles que no…”.

Se hizo un silencio incómodo y todo continuó como si nada.

Pero Victoria conocía cada uno de los escondites amorosos de Pablo Escobar.

Hasta un penthouse de dos pisos sobre la avenida Colombia, en el centro de Medellín, al que hacía llamar en clave “La Escarcha”.

El ascenso político y la red de relaciones

Por esos años, Escobar tenía ambiciones políticas.

Quería llegar al Congreso de su país y comenzó a hacer campaña.

Fue, también, el momento en que Wendy comenzó a cruzar la frontera que el jefe narco imponía a sus amantes.

Pablo por entonces tenía su propio programa de noticias llamado Antioquia al día en el canal Telemedellín que se emitía desde una propiedad cuya dueña era nada menos que Wendy.

Por ese entonces Escobar había comenzado una carrera política para llegar a ser congresista representando al movimiento Alternativa Popular.

Y ella lo acompañaba y se mostraba a su lado en cada encuentro político tanto público como privado.

Las excusas ante Victoria, su esposa, eran siempre las mismas.

“Me ayuda en mi carrera para llegar a la Cámara de Representantes, nada más que eso.

Vos sos la única mujer de mi vida”, escuchaba ella, le creía aunque desconfiaba y seguía adelante como podía.

A algunas hasta se atrevió a llevarlas hasta su Hacienda Nápoles, su preferida, conocida entre otras cosas porque había montado un zoológico con animales que trasladó desde los Estados Unidos en barcos y aviones.

También las veía cuando lo deseaba en la disco Kevins, adonde además concurría con su esposa.

Y cuando ella llegaba sola con su grupo de amigas, a Pablo le avisaban y se retiraba por la puerta de atrás.

La violencia del entorno de Pablo Escobar

El terror, el peligro, el miedo, la codicia, el dinero, la corrupción, la muerte.

Todo eso formó parte del mundo de Pablo Emilio Escobar Gaviria, el famoso narcotraficante colombiano que tuvo a su país de rodillas y contribuyó a generar una guerra que se llevó la vida de más de 10.000 personas.

El hombre de barrio humilde que forjó un imperio y ganó toneladas de dinero hasta el día de su muerte en 1993 es el dueño de una historia que no parece acabar.

La violencia no se limitaba a sus negocios criminales.

También determinaba sus relaciones personales y la conducta que esperaba de las mujeres que estaban cerca de él.

El final entre Pablo y la periodista notable estaba cerca.

Él fue quien decidió cortar el romance para siempre por una causa que no toleró, una supuesta infidelidad que describió su propia esposa en el capítulo Las mujeres de Pablo.

Según su mujer, a Escobar le confirmaron que lo habría engañado nada más y nada menos que con Gilberto Rodríguez Orejuela, uno de los líderes del Cartel de Cali, enemigo acérrimo de su marido.

Y no hubo vuelta atrás.

Pablo Escobar murió el 2 de diciembre de 1993, acribillado a balazos sobre el techo de la casa del barrio Los Olivos de Medellín donde se ocultaba.

Lo mataron efectivos del Bloque de Búsqueda.

Popeye vivió algunos años más: encarcelado en 1992, pasó 23 años tras las rejas.

El narcotraficante más peligroso de la historia (inicio, auge y final de Pablo Escobar).

Qué puede afirmarse sobre la deportista

La información disponible permite afirmar que una voleibolista de Caldas fue mencionada por Victoria Eugenia Henao entre las mujeres que mantuvieron algún tipo de relación con Pablo Escobar.

Sin embargo, el material no aporta su identidad, edad, equipo, trayectoria deportiva, lugar de nacimiento ni circunstancias concretas del vínculo.

Por esa razón, no es posible presentar como hechos confirmados datos adicionales sobre la deportista.

La referencia debe entenderse dentro de la descripción general de la vida sentimental de Escobar y no como una biografía independiente de la voleibolista.

La mención también debe diferenciarse de las historias de Virginia Vallejo y Wendy Chavarriaga Gil, cuyos nombres, actividades y acontecimientos aparecen desarrollados con mayor amplitud.

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