Sociedad actual sin tiempo real: entre la aceleración, las pantallas y la conexión humana

portalcenter.cl

Hablar de los cambios en la sociedad actual en los últimos 20 años es como comparar un teléfono con botones con un smartphone: técnicamente ambos sirven para lo mismo, pero la experiencia no tiene nada que ver.

En apenas dos décadas, hemos pasado de conectarnos a internet con paciencia infinita a vivir prácticamente dentro de él. Los cambios de la sociedad actual son rápidos y profundos. La cultura actual exige al individuo más que nunca la capacidad del poder de cambio y de adaptación a nuevas circunstancias que se transforman vertiginosamente.

La forma en la que se suceden los avances científicos y tecnológicos es vertiginosa. Es mucho más rápido que el tiempo que el hombre necesita para interiorizarla y adaptarse. Analizar los cambios en la sociedad actual implica entender que no hay un único factor responsable. Más bien, se trata de una combinación de avances tecnológicos, cambios culturales y nuevas prioridades sociales.

Reloj digital y persona rodeada de pantallas

Una sociedad construida alrededor de la velocidad

Para empezar, uno de los cambios más evidentes ha sido la digitalización. A principios de los 2000, comprar online generaba desconfianza; hoy, es parte de la rutina. Plataformas como el comercio electrónico o el streaming han modificado hábitos de consumo de forma radical.

Además, el acceso inmediato a la información ha cambiado nuestra manera de aprender. Sin embargo, también ha reducido nuestra tolerancia a la espera. Esperar se ha vuelto incómodo. Queremos respuestas rápidas, entregas en 24 horas y soluciones inmediatas.

Por otro lado, la vida nos pasa por delante mientras nosotros estamos detenidos eligiendo entre la cantidad de opciones que tenemos. Y nos quedamos sin tiempo para lo que realmente es importante, porque al final es lo que nos hace feliz, y es estar con los otros.

Las personas atadas al reloj viven bajo un ritmo más apresurado, estos individuos se ubican en una cultura temporal monocronica, donde las personas se concentran en una sola actividad por vez.

Además de un lenguaje único donde ahorita no tiene una medida temporal clara, la población actual, literalmente, pierde el tiempo, no porque lo desperdicien, sino porque el trabajo, los traslados y las presiones económicas así lo marcan, por lo que el tema debe incluirse en la agenda socioeconómica y política de Latinoamérica, coincidieron expertos reunidos en la Jornada Otros tiempos, otras vidas.

La pobreza temporal y la desigualdad

Esto se relaciona también con el concepto de pobreza temporal, definida como la insuficiencia o escasez de un espacio del día disponible por parte de las personas para descansar o disfrutar del ocio, debido a una carga excesiva de trabajo, sea este remunerado o no.

Difícilmente habrá una justicia temporal sí persisten las relaciones de intercambio eco-temporal desigual en el comercio mundial. No son cuestiones micro, sino macro.

La doctora en Historia agregó que por más que la física cuántica nos informe que el tiempo en realidad es una ilusión con lo cual nos arroja a veces al insomnio o al despeñadero ontológico este, es el tiempo humano y con el que contamos.

La falta de tiempo, por tanto, no depende únicamente de la organización individual. También está relacionada con las condiciones laborales, los desplazamientos, las presiones económicas y la distribución desigual de las obligaciones. La aceleración de la vida cotidiana puede convertirse así en una experiencia social compartida, pero no necesariamente vivida bajo las mismas condiciones.

Tecnología avanzada y disponibilidad permanente

Y luego está el factor tecnología avanzada. Herramientas como ChatGPT o la inteligencia artificial han dado un salto que hace 20 años parecía ciencia ficción. De hecho, ahora es posible automatizar tareas, generar contenido o resolver dudas en segundos.

En el siglo XXI, época de muchos cambios, se trata de que los hijo/as puedan aprender a pensar por sí mismos y de que confíen en sus propias posibilidades. Que se puedan convertir en personas autónomas.

La tecnología ofrece posibilidades de aprendizaje, comunicación y creación, pero también introduce una exigencia de disponibilidad permanente. La conexión deja de ser una actividad concreta y se convierte en el entorno habitual de la vida diaria.

En un mundo donde la tecnología y las redes sociales han crecido enormemente en las últimas dos décadas, podría resultar imposible pensar que hay lugares del mundo donde no haya acceso a internet o a las diferentes redes sociales.

Cuando internet está bloqueado

En Turkmenistán, la relación con internet muestra una realidad completamente distinta a la de las sociedades hiperconectadas. En este lugar el Gobierno tiene el control total del internet y los medios de comunicación.

“Aquí todo está bloqueado”, le dijo Byashim Ishanguliyev, un vendedor de frutas en Turkmenistán, a AFP.

“Algunas personas consiguen conectarse a una VPN, pero es temporal (porque) también se bloqueará (...) Internet es lento, así que si alguien consigue descargar un video, un clip o una película interesante, lo vemos todos juntos”, dijo el joven de 19 años a la agencia de noticias internacionales.

Sin embargo, para el presidente de la antigua república soviética de Asia central, rica en hidrocarburos, estas medidas son ‘pocas e insuficientes’, ya que a mediados de enero del 2024 anunció su intención de ‘reforzar la ciberseguridad del país’.

Mapa de Turkmenistán y control de internet

El periodista de AFP, que se dirigió hasta algunos puntos estratégicos de la capital de Turkmenistán, aseguró que los habitantes “solo ven propaganda para promover el culto a la personalidad de los Berdymujamedov”, quienes han gobernado por años.

Además, asegura en su informe para AFP que los medios de comunicación de Turkmenistán han creado una realidad paralela en el país, por lo que bloquean el internet con el principal fin de eliminar que esta se derrumbe.

“Los medios turcomanos, todos estatales, solo difunden informaciones oficiales, con especial énfasis en las letanías de agradecimientos y alabanzas a las autoridades del país”, asegura el reportero de la agencia de noticias internacionales.

Este caso permite observar que el acceso a internet no representa únicamente velocidad, entretenimiento o comunicación. También implica acceso a información, diversidad de perspectivas y posibilidad de contrastar la realidad oficial. Cuando internet y los medios están controlados, la sociedad puede quedar aislada de otras interpretaciones de los acontecimientos.

Relaciones personales: más conexión y más soledad

Por otro lado, las relaciones personales han cambiado de forma notable. Hoy es más fácil conectar con alguien al otro lado del mundo, pero también más difícil mantener relaciones profundas.

Las redes sociales han creado una paradoja interesante: estamos más conectados que nunca, pero a menudo nos sentimos más solos. Antes, llamar por teléfono era lo habitual. Hoy, enviamos mensajes instantáneos o audios.

Las redes sociales han redefinido la amistad. Hace años las redes sociales prometían acercarnos. Hoy, ¿cuántas veces elegimos deslizar la pantalla sin sentir? ¿Cuántas conversaciones por chat se tornaron cadenas de stickers en vez de silencios compartidos durante una conexión real?

La conexión humana no necesita filtros ni hashtags: se alimenta de miradas, gestos y pausas.

El teletrabajo, casi inexistente hace 20 años, es ahora una realidad en muchos sectores. Ver una película ya no implica ir al cine o alquilar un DVD. Hoy puedes formarte desde casa con cursos online.

La era del scroll infinito

Las redes sociales nos dieron respuestas al instante, likes inmediatos y emociones de bandeja de entrada, pero al mismo tiempo nos robaron el suspenso, la espera y la alegría del descubrimiento lento.

¿Qué pasó con caminar sin rumbo, mirar al cielo, sentir que el pensamiento propio era suficiente o incluso aburrirnos?

Hoy, el deseo se ha digitalizado: se vive en stories, se consume en tiempo real y la contemplación -ese presente sin filtro- pasó a segundo plano, si no existe como contenido, si no se sube a las redes, ¡no existe!

Qué raro que ya no tengamos paciencia para imaginar, que cualquier pausa sea tiempo perdido, que crear sin socializar sea casi un sinsentido, que el aburrimiento no forme parte del vocabulario y menos forme parte de la vida moderna.

Que imaginar un relato en silencio parezca una pérdida de tiempo mientras nuestras pantallas deciden por nosotros qué pensar, qué sentir y cuándo.

El descarte digital y la fragilidad de los vínculos

Esa sensación de “todo es reemplazable” que Zygmunt Bauman llamó “amor líquido”, se extiende también a nuestras conexiones. Las amistades, los vínculos, el arte propio: todo puede volver a “borrarse”, deslizarse al costado de la pantalla.

Si no entretiene, si no es original, si no genera comentarios, desaparece. Y en ese espacio urgente solo quedan relaciones fugaces, superficiales y efímeras.

La velocidad de las plataformas favorece una relación basada en la sustitución constante. Las conversaciones, los contenidos y las personas compiten por una atención limitada. En ese contexto, una pausa puede interpretarse como falta de interés y una respuesta tardía como una forma de distancia.

Imaginación como acto de rebeldía

Pero todavía estamos quienes soñamos sin filtros, quienes escribimos sin publicar en 24h, quienes compartimos lecturas sin saber si habrá “me gusta”.

Nos tomamos el tiempo de conocer, de construir mundos propios, de sentir el peso de la duda y la belleza del error creativo.

Esa resistencia -esa práctica de no usar las redes y usar nuestra imaginación- guarda un acto radical: elegimos la lentitud, el encuentro sin mediadores digitales.

Volvemos al café con charla extensa, a las caminatas con música, a los silencios que no hay que llenar, elegimos recuperar el diálogo cara a cara, el gesto sin emoji o la risa inesperada.

Y claramente, a permitir aburrirnos, ya que eso desarrolla nuestra capacidad para imaginar.

Como experiencia personal, hace más de dos años que decidí cerrar mis redes sociales, y fue un acto de liberación hacia mi misma, ya que antes el tiempo se me escapaba entre notificaciones y pantallas y hoy lo recuperé en forma de palabras, dibujos, pensamientos y silencios y descubrí que la imaginación crece cuando no está sujeta a algoritmos ni a tendencias efímeras: pues lo creativo nace, justamente, en los márgenes de la desconexión.

Aprendí también a habitar las conversaciones de otra manera, escuchar sin mirar el celular, reír sin pensar en registrar la foto, compartir sin urgencia de la validación, de estar presente en un encuentro real ya que es una experiencia cada vez más escasa y, por eso mismo, más valiosa.

Antitecno-narcisitas y uso consciente de las redes

Las pocas personas que quedamos sin usar las redes sociales para “conectar”, no somos antisociales, somos antitecno-narcisistas.

Donde no rechazamos las redes, rechazamos que ellas organicen el mundo, nos negamos a ser cuerpos que se calibran por likes y comentarios, reclamamos tiempo: para leer, para pensar, para crear y para soñar.

Por eso abogo por un uso más consciente, incluso menor, de las redes sociales. No se trata de demonizarlas, sino de ponerlas en su lugar: una herramienta y no un sustituto de la vida.

Mientras más tiempo dedicamos a deslizar pantallas, menos espacio dejamos para imaginar, crear y sentir de verdad.

Y al final, ¿qué es más revolucionario que elegir la presencia real en un mundo obsesionado con lo virtual?

Desconexión digital consciente: reconstruyendo la conexión humana

Familia, crianza y adaptación social

Es en esta y no en otra en la sociedad en la que nos ha tocado ejercer la labor de padres/madres. Los hijo/as no crecen ajenos a los cambios sociales.

La familia necesita un marco de referencia para guiar, orientar y educar a sus hijo/as. La inestabilidad e incertidumbre que genera este mundo cambiante fomenta inseguridad y miedo.

Esta situación, pese a que la mayoría de las personas la interpretan como algo positivo, en ocasiones nos lleva a una insatisfacción continua que genera niveles de estrés y ansiedad. Esto es fuente de deterioro en nuestra calidad de vida.

En ocasiones, la falta de tiempo para compartir con los hijo/as, la influencia creciente de los medios de comunicación y la falta de capacidad crítica, y la falta de dedicación o de conocimientos para mejorar como persona y ofrecer así a nuestros hijo/as un mejor modelo de conducta, contribuyen al malestar y a la génesis de dificultades.

Los padres y madres emprenden la crianza y educación de sus hijo/as llenos de ilusión y entusiasmo.

La tarea familiar se desarrolla, sin embargo, en un contexto de cambios acelerados, exposición constante a mensajes digitales y reducción de los espacios compartidos. La educación requiere tiempo, escucha y presencia, precisamente elementos que la cultura de la inmediatez tiende a debilitar.

La necesidad de recuperar el tiempo real

Porque conectar y estar presente no significa ingenuidad, sino apostar por la imaginación y por algo fundamental, conectar de forma humana.

Y en este contexto líquido, elegir lo real, lo físico y lo espontáneo es una forma de amor propio, de rebeldía creativa y de comunidad posible.

Así como aquel artículo que escribí hace ya un año, el cual reivindicaba el amor en tiempos de descarte, hoy reivindico la conexión auténtica en tiempos de virtualidad e inteligencia artificial.

Yo lo aprendí cuando solté las redes, y descubrí que el silencio no era vacío, sino un espacio fértil, que el tiempo sin pantalla se convierte en tiempo de crear, de amar, de estar, que los encuentros reales, sin mediar notificación, se vuelven memorables.

Por eso, somos más los que aún queremos conexiones reales, sin filtros y estamos aquí, sin miedo a imaginar otra manera de sentir y habitar el mundo.

tags: #sociedad #actual #sin #tiempo #real