La resistencia cardiovascular se refiere a la capacidad del cuerpo para realizar actividades físicas intensas o prolongadas, con eficiencia y sin fatiga extrema.
En el voleibol, esta capacidad debe entenderse de una forma específica. El deporte se caracteriza por movimientos explosivos y de breve duración que se van equilibrando con momentos de baja intensidad en los que los jugadores de voleibol deberán estar atentos al juego para poder cubrir su posición y estar listos para el ataque.
¿Qué es la resistencia cardiovascular?
La resistencia cardiovascular, también conocida como resistencia aeróbica, se refiere a la capacidad del cuerpo para realizar actividades físicas intensas o prolongadas, con eficiencia y sin fatiga extrema.
Es una medida esencial de la salud del sistema cardiovascular, que incluye el corazón, los pulmones y el sistema circulatorio. Este tipo de resistencia permite a una persona mantener niveles elevados de actividad física durante periodos prolongados.
La resistencia cardiovascular se mide principalmente por la eficiencia con la que el corazón, los pulmones y las arterias pueden suministrar oxígeno y nutrientes a los músculos activos y eliminar los productos de desecho durante el ejercicio.
En el desarrollo de la resistencia influyen diferentes factores. La resistencia aeróbica se desarrolla en presencia de oxígeno, mientras la anaeróbica significa lo contrario. La producción de la energía es básicamente, mediante metabolismo aeróbico, mientras que la transformación anaerobia en energía tiene lugar a partir de la glucólisis anaerobia.
La resistencia es considerada como la base de todas las capacidades físicas. También se relaciona con otras manifestaciones de la condición, como son: fuerza-resistencia, resistencia a la rapidez y fatiga muscular.
La resistencia cardiovascular y las demandas del voleibol
El tema del entrenamiento de la resistencia en el voleibol es una cuestión como mínimo, controvertida. Sin complicarnos demasiado en aspectos fisiológicos, desde un punto de vista metabólico nuestro deporte depende fundamentalmente de las fuentes de energía rápidas y por lo tanto del metabolismo anaeróbico.
El motivo es sencillo, nuestra actividad competitiva se compone de fases activas muy cortas de una media de 5 segundos para el voleibol masculino y de unos 7 para el voleibol femenino, seguidas de un número igual de fases pasivas que rondan los 12 segundos de duración en ambos géneros.
Durante estas fases pasivas la actividad del jugador o jugadora es prácticamente nula. Además la gran mayoría de nuestras acciones son de intensidad máxima o sub-máxima -saques, ataques, saltos de bloqueo, desplazamientos rápidos- por lo que acaba por ser determinante la capacidad de repetir estos esfuerzos sin que el rendimiento físico del jugador se vea perjudicado por la acción de la fatiga.
El voley, al tratarse de un deporte de equipo, presenta características acíclicas y tiene diferentes aspectos para analizar, ya que se caracteriza por la diversidad de acciones técnicas, coordinativas y también por variantes metabólicas en todo su desarrollo.
Esto determina entonces cierta complejidad en la preparación de los jugadores de voleibol, los cuales deben afrontar distintas variantes circunstanciales desde el punto de vista técnico y funcional, que son las que propone precisamente su disciplina deportiva.
Duración de los esfuerzos y las pausas
Maza (2005), en un intento de analizar las variables más significativas del voleibol encontró que la duración media de los puntos era entre 4 y 8 segundos, que la duración de la pausa intra-juego era entre 12 y 20 segundos, que la relación trabajo-descanso o esfuerzo-pausa era de 1/2.5-1/3, que la duración de los sets era entre 18 y 25 minutos y que la duración de los encuentros era de entre 80 y 120 minutos.
Asimismo, los intervalos más largos de actividad máxima no van más allá de 8-9 segundos siendo seguido por una pausa de alrededor de 7 segundos, por lo que se establece claramente que el sistema anaeróbico aláctico es el más solicitado.
| Variable del juego | Duración o relación |
|---|---|
| Duración media de los puntos | Entre 4 y 8 segundos |
| Pausa intra-juego | Entre 12 y 20 segundos |
| Relación trabajo-descanso | 1/2.5-1/3 |
| Duración de los sets | Entre 18 y 25 minutos |
| Duración de los encuentros | Entre 80 y 120 minutos |
| Intervalos más largos de actividad máxima | 8-9 segundos |
Por lo tanto, la resistencia propia del voleibol es una resistencia compleja que contempla la capacidad de prolongar la eficacia de las acciones técnicas durante todo un partido, que suelen ser de duración corta.
El rendimiento estable se origina perfectamente en la zona aeróbica, pero en el voleibol prevalecen los procesos metabólicos anaeróbicos. La base de resistencia que sirve de sustento a la capacidad aeróbica permite sostener la resistencia durante toda la actividad y facilita la recuperación entre acciones.

¿Por qué es importante la resistencia cardiovascular en voleibol?
La preparación física en el voleibol es un factor fundamental, que marcará el éxito en cualquier partido, ya que en este deporte se ven implicados diferentes grupos musculares, por lo que habrá que trabajar tanto la musculación como la coordinación y la concentración para poder responder de manera activa a los diferentes movimientos que se realizan a toda velocidad en el campo de juego.
La resistencia necesaria en el voleibol no consiste únicamente en correr o mantener una actividad continua durante mucho tiempo. Su función principal es permitir que el jugador conserve la calidad técnica, la velocidad de reacción, la concentración y la capacidad de repetir acciones máximas y submáximas durante un encuentro.
Una buena resistencia permite ejecutar adecuadamente un sin número de acciones con la técnica correcta, mantener la eficacia de los desplazamientos y retrasar la aparición de la fatiga muscular.
Beneficios generales de la resistencia cardiovascular
Fortalece el corazón, por lo que puede bombear más sangre con menos esfuerzo, lo que reduce la frecuencia cardíaca en reposo y durante el ejercicio.
Mejora la eficiencia de los pulmones para captar oxígeno y expulsar dióxido de carbono, además de aumentar la capacidad pulmonar.
Reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares como la hipertensión, la enfermedad coronaria y los accidentes cerebrovasculares.
Mejora la salud metabólica, contribuyendo a la regulación del azúcar en sangre y el metabolismo de las grasas, lo que reduce el riesgo de diabetes tipo 2 y la obesidad.
Aumenta la energía y la resistencia general, permitiendo realizar actividades diarias con mayor facilidad y menor fatiga, lo que mejora la calidad de vida en general.
Reduce el estrés y mejora el estado de ánimo gracias a la segregación de endorfinas durante y después del ejercicio cardiovascular.
Beneficios específicos para el voleibolista
La resistencia cardiovascular favorece la recuperación rápida del cuerpo entre esfuerzos. La alternancia de ritmos entrena la recuperación rápida del cuerpo.
También ayuda a mantener niveles elevados de concentración, algo esencial porque la elevada velocidad con la que discurren las acciones y situaciones obliga a los jugadores a presentar estados de concentración muy grandes y a ejecutar todos sus movimientos con suma celeridad y explosividad.
De entre las acciones físicas que realiza el jugador, las de mayor intensidad son los saltos a máxima elevación y los desplazamientos en posición baja o defensivo.
El componente coordinativo juega un papel fundamental adquiriendo cada vez más valor. Las cualidades motrices -coordinación, equilibrio y agilidad- deben trabajarse de manera paralela en cada entrenamiento.
Cómo se mide la resistencia cardiovascular
La resistencia cardiovascular se puede evaluar mediante diversas pruebas, tanto en entornos clínicos como deportivos:
Pruebas de esfuerzo en cinta rodante o bicicleta ergométrica: evalúan la capacidad del corazón y los pulmones para responder a incrementos graduales de la intensidad del ejercicio.
Consumo máximo de oxígeno (VO2 máx.): es una medida clave que indica la cantidad máxima de oxígeno que una persona puede utilizar durante el ejercicio intenso. Un mayor VO2 máx. indica una mejor resistencia cardiovascular.
Pruebas de campo: actividades como correr una distancia fija en el menor tiempo posible, por ejemplo, una prueba de 12 minutos, también pueden proporcionar una estimación de la resistencia cardiovascular.
En voleibol, la evaluación no debe limitarse a una prueba aeróbica general. El rendimiento específico depende de la capacidad de repetir esfuerzos máximos y submáximos, mantener la técnica correcta y recuperarse durante las pausas.
Por tanto, la valoración debe relacionarse con las características del deporte, las necesidades de cada puesto y las características de cada jugador.
Resistencia cardiovascular, resistencia específica y metabolismo
La resistencia aeróbica permite sostener actividades prolongadas y mejorar la eficiencia del corazón, los pulmones y el sistema circulatorio. Sin embargo, la resistencia propia del voleibol exige responder a esfuerzos breves, intensos y repetidos.
La producción energética durante el juego está condicionada por la duración de los puntos y por la sucesión de pausas activas y pasivas. Las acciones máximas o submáximas dependen especialmente de las fuentes de energía rápidas, mientras que la resistencia cardiovascular contribuye a la recuperación y a la consolidación del rendimiento en el deporte en cuestión.
La resistencia específica debe permitir prolongar la eficacia de las acciones técnicas durante todo un partido. En consecuencia, no es suficiente con desarrollar una buena resistencia general: también es necesario trasladarla a los saltos, los desplazamientos, los saques, los ataques, los bloqueos y las acciones defensivas.
No obstante, en edades tempranas el desarrollo de una base condicional es imprescindible. Ahora bien, esto a nuestro juicio no justifica el empleo de métodos o medios excesivamente alejados de la naturaleza propia del deporte, ni una gestión ineficiente del tiempo de entrenamiento, que con jóvenes acostumbra a ser escaso.
¿A qué edad se puede entrenar la resistencia?
La resistencia cardiovascular es una capacidad que se puede trabajar desde edades tempranas. Estudios ya clásicos demuestran que el nivel de consumo de oxígeno máximo (VO2máx) mostrado por niños y niñas relativamente jóvenes es similar al de los adultos, e incluso superior si lo relativizamos teniendo en cuenta su menor peso corporal.
Cuando hablamos de las fases sensibles para el desarrollo de la resistencia, la mayoría de autores que podemos consultar se refieren a la resistencia cardiovascular y sitúan los períodos óptimos entre los 10 y 12 años para las chicas y los 12 y 14 años para los chicos.
Los objetivos del trabajo de la condición física en jóvenes jugadores y jugadoras de voleibol son claramente diferentes de los que precisamos en jugadores adultos.
El entrenamiento debe adaptarse a la edad, al nivel de desarrollo, a la experiencia deportiva y a las necesidades individuales. Cada jugador de voleibol tiene un umbral diferente y debe ir aumentando progresivamente la intensidad.
Principios para mejorar la resistencia cardiovascular en voleibol
Calentamiento y enfriamiento
Comienza cada sesión de ejercicio con un calentamiento adecuado y termina con un enfriamiento para preparar y recuperar tus músculos.
Esto ayuda a prevenir lesiones, mejorar la movilidad y preparar al sistema cardiovascular para el esfuerzo. Además, favorece una recuperación más rápida después del entrenamiento.
Progresión gradual
Aumenta gradualmente la duración y la intensidad de tus sesiones de ejercicio para permitir que tu cuerpo se acostumbre a niveles más altos de actividad.
La adaptación progresiva mejora el rendimiento sin sobrecargar el organismo. De esta forma se evitan fatigas excesivas y se consolida la resistencia.
Variabilidad
Combina diferentes tipos de ejercicio para evitar la monotonía y estimular diferentes aspectos de la resistencia cardiovascular.
Alternar actividades mantiene la motivación y permite trabajar distintos grupos musculares. También mejora la capacidad de adaptación del cuerpo al esfuerzo.
Descanso y nutrición
Descansa lo suficiente entre sesiones de entrenamiento y asegúrate de consumir una dieta equilibrada rica en frutas, verduras y proteínas magras.
El descanso favorece la recuperación muscular y la prevención de lesiones. Una buena alimentación aporta la energía necesaria para rendir mejor.
Monitoreo regular
Utiliza dispositivos de seguimiento de fitness para rastrear tu progreso y ajustar tus objetivos según sea necesario.
El seguimiento permite detectar mejoras y posibles estancamientos. Así puedes ajustar la intensidad y mantener una evolución constante.
Relación entre carga y descanso
La preparación física en voleibol debe estar marcada por la relación carga-descanso, la continuidad, la periodización y la individualización.
Si los entrenamientos se suceden demasiado seguidos, sin descanso, no dará tiempo a que se produzca la fase de supercompensación, acumulándose una fatiga crónica por sobreentrenamiento.
En el segundo caso, el organismo no sólo recupera las fuentes de energía utilizadas o agotadas, sino que además se hace más resistente ante ese estímulo, aumentándolas en exceso. Este proceso es conocido como supercompensación.
La adaptación al entrenamiento
La Ley del Síndrome General de Adaptación se basa en la idea de que el cuerpo sin una fuerza perturbadora, en su estado natural se encuentra en una situación de equilibrio, que llamamos homeostasis.
Sin embargo, esta situación puede ser rota por factores externos como puede ser el ejercicio físico, tras los cuales el cuerpo reacciona buscando de nuevo el equilibrio.
Fase de alarma
Tras una resistencia inicial el equilibrio se rompe e inmediatamente se ponen en marcha todos los sistemas del organismo para intentar volver al equilibrio perdido.
Fase de resistencia
Una vez conseguidos los ajustes necesarios, el organismo aguanta la acción del estímulo estresante intentando mantener un cierto equilibrio.
Fase de agotamiento o adaptación
En el primer caso, si los entrenamientos se suceden demasiado seguidos, sin descanso, no dará tiempo a que se produzca la fase de supercompensación, acumulándose una fatiga crónica por sobreentrenamiento.
En el segundo caso, el organismo no sólo recupera las fuentes de energía utilizadas o agotadas, sino que además se hace más resistente ante ese estímulo, aumentándolas en exceso. Este proceso es conocido como supercompensación.
La ley del umbral y la individualización
La Ley del Umbral, también llamada Ley de Schultz, indica que cada persona tiene un nivel diferente de excitación ante un mismo estímulo.
Para que se produzca la adaptación y por tanto supercompensación, es necesario llegar a ese nivel de intensidad mínimo. Además, Schultz comprobó que hay un nivel máximo de intensidad por encima del cual se pueden producir daños en el organismo.
De esta manera, la Ley del Umbral viene a decir que cada jugador de voleibol tiene un umbral diferente y debe ir aumentando progresivamente la intensidad.
Además, cada uno debe ser consciente de sus límites para evitar la sobrecarga o sobreentrenamiento que puede llegar a perjudicar su rendimiento y dañar su salud.
Métodos de entrenamiento más adecuados
No recomendamos en ningún caso el empleo de la carrera continua como medio principal para el entrenamiento de la resistencia en el voleibol.
Los medios de entrenamiento que proponemos contemplan el uso de las acciones técnicas, o las habilidades motrices propias del voleibol como medios motrices principales.
Respecto a los métodos de entrenamiento también querríamos clarificar algunos aspectos. Los métodos más eficaces en nuestro deporte son aquellos que contemplan las variaciones en la intensidad de los ejercicios combinado con el empleo de pausas activas y pasivas.
El porqué es sumamente sencillo, es exactamente lo que pasa en el juego.
Cualquier actividad física que practiquemos con jóvenes que sea eficiente en su dinámica, con pausas bien gestionadas y gran cantidad de tiempo útil, se muestra eficaz en la mejora de la resistencia.
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Trabajo interválico
El entrenamiento interválico permite alternar fases de esfuerzo con pausas. Esta organización reproduce mejor la estructura del voleibol que una actividad continua y uniforme.
Las pausas pueden ser activas o pasivas. Durante las pausas activas se mantiene un movimiento de baja intensidad, mientras que las pausas pasivas permiten una recuperación más completa.
La elección de una u otra debe responder al objetivo de la sesión, al nivel de los jugadores y a la intensidad de los esfuerzos realizados.
Ejercicios integrados con balón
Los ejercicios que incorporan saques, recepciones, desplazamientos, ataques, bloqueos y acciones defensivas permiten trabajar simultáneamente la resistencia, la técnica, la coordinación y la toma de decisiones.
La preparación física debe estar integrada dentro del entrenamiento de un deportista, en este caso de un jugador de voleibol, con el fin de mejorar su rendimiento.
Juegos menores y juegos deportivos
El trabajo puede organizarse mediante juegos menores predeportivos y juegos deportivos.
Estos medios posibilitarán una mayor dinámica en todo el proceso escolar y permitirán desarrollar la resistencia sin separar completamente la preparación física de la naturaleza del voleibol.
Ejercicios para desarrollar la resistencia cardiovascular
1. Desplazamientos específicos de voleibol
Los desplazamientos rápidos, las posiciones bajas y los cambios de dirección forman parte de las acciones físicas más exigentes del voleibol.
El jugador debe repetir desplazamientos breves y explosivos, alternándolos con pausas activas o pasivas. De esta forma se trabaja la capacidad de responder a esfuerzos máximos y submáximos sin perder eficacia técnica.
2. Circuitos técnicos con balón
Los circuitos pueden incluir desplazamientos, recepciones, colocaciones, ataques, bloqueos y defensas organizados en diferentes estaciones.
El objetivo es mantener una gran cantidad de tiempo útil, utilizar las acciones técnicas propias del voleibol y controlar la intensidad de cada fase.
3. Repetición de saltos y acciones de bloqueo
Los saltos a máxima elevación se encuentran entre las acciones físicas de mayor intensidad que realiza el jugador.
La repetición debe planificarse considerando la relación entre esfuerzo y pausa, la calidad de la ejecución y las necesidades de cada puesto específico.
4. Juegos reducidos
Los juegos reducidos permiten combinar periodos de alta intensidad con movimientos más moderados.
Estos deportes combinan periodos de alta intensidad con movimientos más moderados, lo que mejora la capacidad del corazón y los pulmones para manejar diferentes niveles de actividad.
En el voleibol, los juegos reducidos también pueden estimular la concentración, la coordinación, la agilidad y la velocidad de respuesta.
5. Carrera de larga distancia
Participar en maratones o carreras de media distancia requiere una capacidad física elevada para mantener un ritmo constante y prolongado.
Los corredores de largas distancias entrenan su cuerpo para optimizar la utilización de energía y mejorar la resistencia, permitiendo así correr kilómetros sin agotarse rápidamente.
Este tipo de entrenamiento mejora la capacidad pulmonar y fortalece el corazón. Además, desarrolla la resistencia mental necesaria para mantener el esfuerzo durante largos periodos.
Sin embargo, la carrera continua no debe emplearse como medio principal para el entrenamiento de la resistencia en el voleibol.
6. Natación de fondo
Mantenerse nadando durante largos periodos sin descanso es una forma excelente de mejorar la resistencia general del cuerpo.
La natación trabaja casi todos los grupos musculares, y el esfuerzo continuo en el agua obliga al corazón y los pulmones a trabajar de manera más eficiente.
La resistencia del agua incrementa el esfuerzo sin impacto en las articulaciones. También mejora la coordinación y la capacidad respiratoria.
7. Ciclismo de montaña
Subir colinas y mantener un ritmo constante en terrenos variados y desafiantes pone a prueba y mejora la resistencia del cuerpo de manera significativa.
El ciclismo de montaña no solo fortalece las piernas, sino que también mejora la función cardiovascular al exigir una circulación sanguínea eficiente y una respiración controlada.
Los cambios de pendiente y terreno obligan al cuerpo a adaptarse continuamente. Esto incrementa la tolerancia al esfuerzo y mejora el rendimiento físico general.
8. Ejercicios aeróbicos moderados
Actividades como caminar rápido, trotar o andar en bicicleta son métodos eficaces para mejorar la resistencia del cuerpo gradualmente.
Estos ejercicios, aunque de intensidad moderada, cuando se practican regularmente, fortalecen el sistema cardiovascular al aumentar la frecuencia cardíaca de manera sostenida.
Son ideales para mantener una buena condición física sin sobrecargar el organismo.
Caminar a paso ligero, correr, montar en bici, nadar y hacer ejercicio en clases grupales son maneras excelentes de mejorar la resistencia aeróbica.
A medida que te acostumbres a estos entrenamientos de cardio, podrás hacerlos más exigentes.
Intensidad y frecuencia del entrenamiento cardiovascular
Evidentemente, no todo el mundo empieza con la misma condición física, por lo que al principio no hay que excederse con los entrenamientos aeróbicos si el cuerpo no está acostumbrado.
Se recomienda trotar o caminar para empezar.
Si tienes un nivel más avanzado, se sugiere empezar con ejercicio cardiovascular de 3 a 5 días a la semana, durante un mínimo de 150 minutos en total.
Para estimular el metabolismo de las grasas y obtener energía, debes trabajar al 65 o 75 % de tu frecuencia cardíaca máxima.
¿Qué es imprescindible para alcanzar este objetivo de resistencia? Elegir los ejercicios aeróbicos que más te gusten.
En el caso del voleibol, la frecuencia, el volumen y la intensidad deben ajustarse a la edad, la categoría, el puesto, el nivel de condición física y la fase de la temporada.
Relación entre resistencia, fuerza y coordinación
La preparación física comprende las cualidades motoras: fuerza, velocidad, resistencia, flexibilidad y coordinación.
Además de estas cualidades físicas básicas, destacan también las cualidades motrices -coordinación, equilibrio y agilidad- que deben trabajarse de manera paralela en cada entrenamiento.
La resistencia cardiovascular no puede desarrollarse de forma aislada cuando el objetivo es mejorar el rendimiento en voleibol. Los saltos, los desplazamientos, los cambios de dirección y los gestos técnicos requieren fuerza, velocidad y coordinación.
La fuerza de los músculos de la espalda y los músculos abdominales aumentó significativamente el rendimiento del remate, mientras que la fuerza de los músculos internos de la pierna tuvo un nivel de influencia muy significativo en los resultados de remate.
Esto muestra la relación entre la resistencia muscular, la fuerza del tronco y la capacidad de ejecutar acciones técnicas de alta intensidad.
Preparación física según el puesto y el jugador
Otra premisa que define este deporte es la elevada velocidad con la que discurren las acciones y situaciones, lo que obliga a los jugadores a presentar estados de concentración muy grandes y a ejecutar todos sus movimientos con suma celeridad y explosividad.
No todos los jugadores llevan a cabo ni la misma cantidad ni igual tipo de acciones durante cada competición.
Lo que está claro es que aunque el entrenamiento de voleibol tenga unas características específicas, su forma de aplicación dentro de cada posición y de cada jugador es diferente.
Por esta razón, se hace necesario no sólo conocer las características del deporte, sino también las características de cada jugador y las necesidades de cada puesto, desde el saque hasta el remate.
Por tanto, la especificidad debe ser la base de la preparación física en voleibol, conociendo las necesidades y adaptando el entrenamiento a cada puesto y además a cada jugador.
El objetivo es sacar el máximo partido de cada jugador, para que sea lo más efectivo posible dentro del juego del equipo.
Integración de la preparación física en el entrenamiento
La clave para el adecuado rendimiento del deportista es la integración de los diferentes aspectos que influyen en su rendimiento:
Técnica: partiendo de las reglas del voleibol, ser capaz de implementar aquellas técnicas que mejoran su juego, ya sea en saque, remate o defensa.
Táctica: conocer las diferentes tácticas de juego y saber en qué momento aplicarlas mediante la observación del equipo rival.
Preparación física: el jugador debe mantenerse en forma mediante un entrenamiento de voleibol exhaustivo donde se trabajen las diferentes cualidades físicas.
Factores psicológicos: tener confianza en su juego y en el equipo y observar las señales de debilidad que pueda encontrar en sus adversarios para emplearlas a su favor.
Componentes afectivo-sociales: mantener una buena relación con los compañeros, basada en la confianza y en el respeto.
El entrenamiento de voleibol se caracteriza por necesitar elevados niveles técnicos y de inteligencia táctica.
En él, el jugador deberá estar preparado a nivel físico y con todos los sentidos alerta, ya que el voley se sustenta en movimientos explosivos y de breve duración que se van equilibrando con momentos de baja intensidad.
Principios básicos del entrenamiento en voleibol
Antes de iniciar la preparación física en el voleibol se deben tener en cuenta unos principios y normas básicas del entrenamiento que deberán aplicarse a los jugadores según las necesidades que presenten.
Unidad funcional.
Estímulo eficaz.
Progresión.
Adaptación.
Variedad.
Relación carga-descanso.
Continuidad.
Periodización.
Individualización.
Multilateralidad.
Especificidad.
Participación activa y consciente.
Transferencia.
La preparación física debe estar integrada dentro del entrenamiento de un deportista, en este caso de un jugador de voleibol, con el fin de mejorar su rendimiento.
La resistencia cardiovascular es una habilidad vital que mejora la calidad de vida y reduce el riesgo de enfermedades crónicas. Incorporar actividades físicas regulares en tu vida y seguir los principios de progresión, variedad, descanso, nutrición e individualización ayuda a mejorar esta capacidad y a sostener el rendimiento físico en el voleibol.
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