Reporteras de guerra: narrar los conflictos desde la primera línea

Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, y más aún con la llegada de sus tropas a su capital, Kiev, los medios de comunicación han estado monitoreando muy de cerca los sucesos con los corresponsales de guerra, quienes transmiten de primera mano el qué, cómo y por qué de lo que está ocurriendo.

Este esfuerzo de los periodistas, que ponen en riesgo su vida estando al pie del cañón, tiene un sentido mucho mayor que el de entretener. La acción de los medios de comunicación como cuarto poder se acentúa en los conflictos donde la población queda abrumada por propaganda que solo busca mantener los ánimos altos, llegando a manipular, esconder o invertir datos.

Esta labor se realiza “no sólo para tener una sociedad informada y libre, sino para dar voz a los actores en los conflictos y, especialmente, a la población civil que en la mayoría de los casos queda silenciada bajo el ruido de la guerra”.

Las reporteras de guerra han sabido hacerse un hueco en un mundo de hombres para narrar desde otra perspectiva los horrores de las guerras.

El precio de informar desde una zona de conflicto

“En este momento no creo en nada. Nuestros chalecos de prensa nos están convirtiendo en objetivos y se estás convirtiendo en una sentencia de muerte para nosotros”, declaró recientemente Christina Assi, una reportera de guerra libanesa que perdió un miembro en acto de servicio, a Noticias ONU.

El 13 de octubre de 2023, Assi, que trabajaba como reportera gráfica para la Agencia France Presse (AFP), perdió la pierna derecha después de que dos ataques aéreos israelíes hicieran blanco en la ladera expuesta donde ella y otros colegas observaban el conflicto en curso entre las fuerzas israelíes y los militantes de Hezbolá.

Este año, la conmemoración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el 3 de mayo, ha estado marcada por el dolor, ya que casi 300 periodistas han muerto en los últimos conflictos.

Christina Assi es una de las pocas supervivientes, y nunca imaginó que sería objeto de un atentado simplemente por hacer su trabajo.

Reportera de guerra con chaleco de prensa

El día del atentado

Relató los angustiosos acontecimientos de aquel día, una de sus primeras misiones importantes, que rápidamente se convirtió en la experiencia más traumática de su vida.

“Empezaba a anochecer, estábamos a punto de irnos y, de repente, de la nada, nos atacaron”, relató.

“La primera vez que estuve en el suelo, no entendía muy bien lo que estaba pasando y gritaba pidiendo ayuda. Mi colega Dylan se apresuró a ayudarme y me hizo un torniquete. Pero 40 o 47 segundos después, nos volvieron a atacar”.

Tras el segundo ataque, Assi se encontró sola junto a un coche en llamas. Sangrando y gravemente herida, no tuvo más remedio que arrastrarse para salvar la vida.

“Mi chaleco de prensa pesaba demasiado y el cinturón de la cámara me asfixiaba”, recuerda.

En ese momento empezó a perder la fe en las leyes y convenciones internacionales.

“Los periodistas nos quedamos solos”.

“Nuestros chalecos de prensa nos están convirtiendo en objetivos: se está convirtiendo en una sentencia de muerte para nosotros”.

El silencio de la comunidad internacional

Para Assi, la respuesta de la comunidad internacional al atentado, incluidas las condenas y las peticiones de investigación de la ONU, ha sido totalmente ineficaz.

“Creo que necesitamos algo más que palabras. Necesitamos acciones concretas y que ocurra algo que conduzca a la justicia de un modo u otro. Si no es ahora, será después”, afirmó.

Condenó enérgicamente la impunidad con la que continúan las agresiones a periodistas.

“Nuestros casos están siendo desestimados como daños colaterales cuando, de hecho, no lo son. Son crímenes de guerra, y debe haber una investigación real”.

Los periodistas olvidados de Gaza

Assi también hizo hincapié en que la misma impunidad se aplica a los periodistas palestinos de Gaza, que han estado documentando la guerra desde el primer día.

“Han sido silenciados, atacados de todas las formas posibles. Está en todas las redes sociales y en las noticias, y sin embargo no se ha hecho nada. No se ha tomado ninguna medida para proteger a estos periodistas”, afirmó.

Señaló que la falta de presencia internacional no ha frenado la violencia.

“Incluso con las escasas imágenes que hemos recibido, está claro lo horrible que es todo. Pero el mundo no ha reaccionado como debería.

La responsabilidad de las corresponsales de guerra

Con esta información se pueden evitar los abusos de poder, el atropello a los derechos humanos y los crímenes de guerra, así como mostrar y condenar las desigualdades sociales y las injusticias.

Sin ellos se conseguiría una población ignorante de los acontecimientos injustos, deshumanos o trágicos en los que, por medio de instituciones o de su gobierno, podrían ayudar a los menos favorecidos.

Esta labor social de los periodistas está muy acompañada por una responsabilidad.

Dentro de esta responsabilidad, el periodista debe tener dos visiones que le permitan transmitir la información precisa y en su totalidad.

  • Primero, debe ser “infante de primera línea”, quien nos transporte al conflicto.
  • También necesita la visión de “Estado Mayor” que conoce el contexto general, político, económico, estratégico y cultural.

Cabría hacerse la pregunta: ¿Es la misión del periodista de guerra relatar las catástrofes e injusticias o es la de ayudarlo a cambiar?

En definitiva, su labor no se limita a entretener a una audiencia, sino a buscar la movilización civil para acabar con estas injusticias.

Su importancia y responsabilidad se puede resumir en las palabras de Christiane Amanpour, corresponsal de guerra de CNN: “Cuando la gente buena no hace nada, los malos triunfan”.

Por último, recordando la entrega del Premio Luka Brajnovic a título póstumo al periodista David Beriáin el 17 de febrero, su esposa remarcó que los periodistas de guerra son: “El vehículo entre lo que sucede y los que estamos recibiendo la historia”.

Además, señaló como Kapuscinski deja claro en su libro Los cínicos no sirven para este oficio, que los periodistas deben ser ante todo buenas personas: “Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias.

La labor de los periodistas de guerra es esencial para poder comprender la situación de las personas que, sufriendo injusticias, son olvidadas por perspectivas que nacen de la indiferencia: el pensar que su situación no me afecta y los que se excusan diciendo que no pueden hacer nada para ayudarlos.

Reporteras que abrieron camino

La historia del periodismo de guerra está marcada por mujeres que se hicieron un hueco en redacciones y escenarios bélicos dominados por hombres.

Martha Gellhorn

El espíritu nómada de esta eterna corresponsal de guerra, una de las más importantes del siglo XX, la llevó a pisar por primera vez un conflicto con la Guerra Civil española.

Le siguieron 60 años de carrera que incluyeron la Segunda Guerra Mundial, Vietnam o los conflictos árabe-israelíes.

No escribía sobre la política, sino sobre los efectos de la guerra en los civiles: avergonzó a la ONU por el trato a los refugiados en la guerra de Timor y se dice que salvó la vida de más de 1.500 mujeres y niños.

A los 20 años ya estaba firmando crónicas desde París.

Su último fue trabajo fue a los 81 años, cubriendo la invasión estadounidense de Panamá de 1989.

Freya Stark

La llamaban “la divorciadora” por la presión que hizo desde sus columnas para obtener una ley de divorcio, tal y como hizo también por el voto femenino.

Conocida como “la dama de los corresponsales de guerra británicos”, fue la primera en dar la exclusiva de la invasión alemana de Polonia que provocó el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Consagró su vida a su oficio, cubriendo conflictos de Vietnam a Oriente Próximo.

Carmen de Burgos, Colombine

En 1909, esta almeriense apodada “Colombine” cogió las maletas y se fue a cubrir la Guerra de Melilla, denunciando la barbarie que suponía y defendiendo la objeción de conciencia.

La llamaban “la divorciadora” por la presión que hizo desde sus columnas para obtener una ley de divorcio, tal y como hizo también por el voto femenino.

Entrevistó a Trotski y enviaba crónicas desde el frente de la Primera Guerra Mundial, narró qué pasó en la Revolución Rusa o la labor de las sufragistas.

Antibélica y pacifista, escribió para el ABC, El Liberal o el New York Times y escribió novelas.

Clare Hollingworth

Conocida como “la dama de los corresponsales de guerra británicos”, fue la primera en dar la exclusiva de la invasión alemana de Polonia que provocó el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Además del Telegraph, trabajó para The Guardian, periodo en el que se hizo un auténtico nombre como periodista cubriendo la guerra de Algeria en los 50 y los 60.

Marie Colvin

Si hay algo que se destaca de esta mítica reportera del Sunday Times, es la fiereza de sus crónicas en primera línea que la llevaron desde Sierra Leona a Kosovo.

No escribía sobre la política, sino sobre los efectos de la guerra en los civiles: avergonzó a la ONU por el trato a los refugiados en la guerra de Timor y se dice que salvó la vida de más de 1.500 mujeres y niños.

Gerda Taro

Fue la primera fotoperiodista en morir en combate.

Lo hizo cubriendo la batalla de Brunete, en plena guerra civil española.

Robert Capa y el pequeño zorro rojo

El nombre del “pequeño zorro rojo”, su pelo y su capacidad para colarse eran inconfundibles, no fue tan reconocido como el de Robert Capa, pero detrás del seudónimo convertido en fenómeno fotográfico estuvo tanto ella como su amante Endre Friedmann, aunque fuese él quien se llevase el mérito.

Françoise Demulder

Esta francesa iba para pianista, pero con 21 años se compró un billete de ida a Saigón para contarle al mundo con su Leica el lado humano de la guerra de Vietnam.

Sus fotografías buscaban momentos cotidianos, alejadas de las icónicas de guerra.

Las imágenes que tomó de sus captores del Vietcong dieron la vuelta al mundo en la portada de la revista Life en 1968.

Líbano y la guerra civil fueron el punto álgido de su carrera como fotógrafa de combate.

Carolyn Cole

Como hizo Lee Miller unos años antes, dejó su carrera como modelo en París para captar con su cámara los conflictos de Vietnam y Camboya.

En 1977 se convirtió en la primera mujer en ganar el premio a foto del año del World Press Photo por una fotografía de la expulsión de los palestinos del barrio de Karantina, Beirut, durante la guerra civil libanesa.

También cubrió conflictos en Cuba, Pakistán y Etiopía.

Kate Webb

Esta neozelandesa se forjó una reputación como una de las reporteras más intrépidas de la Guerra de Vietnam.

Durante el conflicto la dieron por muerta, pero reapareció 23 días después junto a otros periodistas que también habían sido secuestrados por las tropas vietnamitas en Camboya.

Sus coberturas se centraron en Asia, de la guerra del Golfo a la ocupación soviética de Afganistán.

Trabajó para United Press International y desde 1985 en la Agence France-Presse, donde estuvo hasta que se retiró en 2001.

Christiane Amanpour

Esta periodista de origen iraní es la jefa internacional de los corresponsales de la CNN y uno de los rostros más reconocidos en la cobertura de la violencia que ha asolado Iraq desde la Guerra del Golfo.

Sus entrevistas son históricas: fue la última en hablar con el general libio Gadafi y con el presidente egipcio Hosni Mubarak antes de que fuese destituido.

La ex-corresponsal en jefe más reconocible de la BBC tiene fama de ser una mujer con los nervios de acero.

Lo demostró en 1980, cuando retransmitió en directo la operación para liberar a 26 rehenes secuestrados en la embajada iraní en Londres o en las protestas de la plaza de Tiananmen, China, en 1989, cuando consideró que reportar lo que estaba sucediendo era más importante que su propia seguridad.

Marguerite Higgins

“Era valiente, estúpidamente valiente” llegó a decir de ella su editor del New York Herald Tribune, que amenazó con despedirla si no abandonaba Corea.

Fue precisamente la cobertura de este conflicto lo que le valió a Higgins convertirse en 1951 en la primera mujer que ganó el premio Pulitzer en la categoría de Periodismo de Asuntos Internacionales.

Lee Miller

Con un doctorado de Harvard bajo el brazo, llegó a París para convertirse en fotógrafa y promover el cambio cultural entre Francia y Estados Unidos.

La Segunda Guerra Mundial le pilló de pleno, y decidió dedicarse a cubrir la realidad que estaban viviendo los civiles durante el conflicto: “Trato de conseguir la verdad y traerla de vuelta para intentar que otros la enfrenten y decidan hacer algo al respecto”.

Entre sus condecoraciones recibió la Legión de Honor y la Cruz de Guerra Francesa.

La de una estadounidense que dejó su carrera como modelo para ponerse detrás de la cámara: “prefiero tomar una foto antes de ser una” dijo en una ocasión.

Con ella Vogue abrió sus páginas de moda a los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial.

Una de sus fotos más icónicas es esta, en la bañera de Hitler el mismo día que el Führer se suicidó.

Margaret Bourke-White

Otra de las plumas que cubrió los efectos de la Segunda Guerra Mundial.

Esta norteamericana comenzó su carrera en 1932 para el Chicago Daily News y ejerció como corresponsal para las revistas Time y Life cubriendo por ejemplo el blitz alemán y otros aspectos del conflicto.

En París conoció a su tercer marido, el escritor Ernest Hemingway, del que dijo en su autobiografía que la llamó “carroñera” y destrozó algunos de sus escritos.

Ruth Cowan

Cuando solicitó un puesto como reportera en el Chicago Daily News, su editor Peter Knox le dijo: “no tenemos mujeres en el personal”.

A lo que ella contestó: “no puedo cambiar mi sexo, pero podéis cambiar vuestra política”.

Y lo hicieron.

Fue contratada en el diario para el que cubrió toda la Segunda Guerra Mundial.

Reportó el blitz de Londres en 1943, la derrota de la flota italiana en Malta y los juicios de Nuremberg.

Lee Miller y las supervivientes que se hicieron reporteras

Esta francesa vivió en primera persona los horrores de la Segunda Guerra Mundial, pero no como periodista: a los 19 años se unió a la Resistencia francesa, fue capturada por la Gestapo y deportada al campo de concentración de Ravënsbruck.

Pudo sobrevivir, a su escapada no pesaba más de 26 kg, y se convirtió en reportera.

Virginia Cowles

Comenzó como periodista de moda, pero su ambición para ser reportera de noticias se vio estimulada cuando le llegó la oportunidad de entrevistar a Mussolini.

Cubrió la liberación de París y la invasión aliada de Alemania a finales de la Segunda Guerra Mundial, así como la guerra civil española.

En nuestro país fue colega de Martha Gellhorn, con quien escribió una comedia teatral, Love goes to war, sobre sus experiencias como corresponsales.

Nellie Bly

Bajo este seudónimo se encontraba Elizabeth Jane Cochran, una pionera del periodismo de investigación que antes de meterse a corresponsal de guerra escribió para el New York World de Joseph Pulitzer dos reportajes que la harían célebre.

Una investigación para denunciar las condiciones deplorables de un psiquiátrico de Nueva York, se hizo internar haciéndose pasar por una enferma, y el récord que batió en dar la vuelta al mundo en menos de 80 días.

Anna Politkóvskaya

Una de las voces más críticas con el régimen de Putin que sacó a la luz los abusos perpetrados por las tropas rusas durante el conflicto de Chechenia y denunció la falta de libertad para informar.

Recibió varias amenazas de muerte, pero nunca pensó en marcharse: “El exilio no es para mí. De ese modo, ellos ganarían”.

Janine di Giovanni

Uno de sus trabajos iniciales fue cubrir la Primera Intifada a finales de los 80 y desde entonces, la editora de Oriente Medio de Newsweek ha sido testigo de conflictos que la han llevado desde Ruanda a Sierra Leona, Timor o Sarajevo, como contó hace 6 años en esta imprescindible charla TED.

Desde hace años se ha especializado en Irak y en Siria, es consejera sobre Siria para ACNUR.

Marina Ginestà

Tenía 17 años cuando el fotógrafo Hans Gutmann la inmortalizó en el viejo hotel Colón de Barcelona.

Una imagen que, sin pretenderlo, se convirtió en un icono en plena Guerra Civil.

Esta miliciana ejerció como periodista para varios medios republicanos y también como intérprete del corresponsal del diario soviético Pravda, Mijail Kolstov.

“Éramos periodistas y nuestra profesión era que no decayera nunca la moral, difundíamos el lema de Juan Negrín ‘con pan o sin pan, resistir’”.

De la primera línea a la sociedad

La labor de las reporteras de guerra no consiste únicamente en describir operaciones militares o movimientos estratégicos.

Su trabajo permite mostrar el impacto de los conflictos sobre quienes quedan atrapados en ellos y ofrecer una perspectiva que puede quedar oculta bajo las declaraciones oficiales.

La información precisa puede ayudar a que la sociedad comprenda la situación de las personas que sufren injusticias y a que no sean olvidadas por perspectivas que nacen de la indiferencia.

Las periodistas que trabajan en conflictos armados actúan como vínculo entre los acontecimientos y quienes reciben la historia.

La guerra puede intentar imponer silencio, pero las imágenes, las crónicas y los testimonios permiten que las víctimas sigan teniendo voz.

tags: #reporteras #de #guerra #guerra #de #guerra