La primera venida de Jesucristo significa que el Mesías prometido entró en la historia humana para revelar al Padre, enseñar la verdad, restaurar el evangelio eterno y realizar la expiación por los pecados del mundo. Jesús vino como un bebé nacido en un pesebre de Belén, tal como fue profetizado, y vivió entre los hombres como el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad.
Durante su nacimiento, vida, ministerio, muerte y resurrección, Jesús cumplió muchas de las profecías mesiánicas anunciadas en las Escrituras. En su Primera Venida realizó la obra más trascendente jamás cumplida por hombre o Dios desde el amanecer de la creación hasta la eternidad sin fin: llevó a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre, venció la muerte y abrió el camino de la salvación.
Qué significa la primera venida de Cristo
Desde los albores de la historia sagrada, profetas y visionarios hablaron de un Redentor que vendría a salvar a la humanidad. Esa esperanza se transmitió de generación en generación, a menudo en sombras, símbolos y figuras, hasta que en la plenitud de los tiempos se manifestó en la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios.
Nuestro Señor vino una vez, en la plenitud de los tiempos, para revelar a su Padre, enseñar sus verdades y llevar a cabo la expiación infinita y eterna. Todos los santos profetas, durante los cuatro largos milenios desde Adán hasta el hijo de Zacarías, miraron hacia adelante a esa venida; todos sabían que el Mesías Prometido moraría como mortal en la tierra; todos enseñaron aquella porción de su verdad salvadora que sus oyentes estaban preparados para recibir; y su mensaje fue que la salvación, y todo lo que a ella pertenece, está en Cristo que había de venir.
Él vino una vez -nacido en un establo, recostado en un pesebre- para redimir a su pueblo; restaurar su evangelio eterno; efectuar la expiación infinita y eterna; traer salvación. Él es el Señor Omnipotente por quien todas las cosas existen y por cuya sangre expiatoria viene la redención.
El Mesías prometido no es una figura distante o abstracta; es un Redentor cercano, que camina con nosotros, que entiende nuestras pruebas porque las vivió en carne propia. Narrar su primera venida no es solo contar un episodio histórico, sino testificar de la grandeza de un amor que rompió las cadenas de la muerte y abrió las puertas de la vida eterna.
El Mesías prometido antes de su nacimiento
El título «El Mesías Prometido» resuena como una afirmación de fe y cumplimiento profético. Las profecías mesiánicas presentaban a un Redentor que vendría a salvar a la humanidad y mostraban que Cristo sería el centro de la fe y el hilo que conecta toda revelación divina.
Él fue con el Padre «desde el principio», el Creador de mundos incontables, y sin embargo, también el humilde Jesús de Nazaret que vivió entre los hombres y sufrió en Getsemaní por los pecados del mundo. La obra invita a ver en cada promesa cumplida el testimonio de un Dios fiel, que prepara todas las cosas para la salvación de sus hijos.
Los profetas antiguos anunciaron su naturaleza, su filiación divina, su misión redentora, su ministerio mortal, su sufrimiento, su muerte y su triunfo sobre la tumba. Todas las cosas dan testimonio de Cristo, y la Ley de Moisés, las fiestas, los sacrificios y los tipos proféticos señalaban hacia él.
Profecías mesiánicas relacionadas con la primera venida
El nacimiento del Mesías
En su primera venida, Jesucristo vino a la tierra como un bebé nacido en un pesebre de Belén, tal como fue profetizado. Cuando Jesucristo vino a la tierra por primera vez, la mayoría de las personas no supo que eso había sucedido. Él nació de una mujer humilde, lejos de casa, y lo acostaron en un pesebre.
El nacimiento en circunstancias humildes muestra una diferencia fundamental entre la primera y la segunda venida. En su primera venida, Jesús llegó bajo las más humildes circunstancias. En su segunda venida, Jesús será el Rey conquistador y vendrá con los ejércitos celestiales a su lado.
El Mesías como descendiente de David
Dios también le prometió a David que levantaría a su hijo para que se sentara en su trono y gobernara su reino: «Cuando se cumplan tus días y duermas con tus padres, yo pondré después de ti tu descendencia, que saldrá de ti, de tus entrañas, y estableceré su reino. Él edificará una casa a mi nombre, y yo afirmaré el trono de su reino para siempre».
Esta promesa a David se cumplió en Jesucristo, quien vino de la simiente de David. Los judíos esperaban la venida del Mesías porque sabían que establecería el gobierno de David de nuevo en la tierra.
Isaías anunció que vendría uno sobre cuyos hombros estaría el gobierno del mundo, y que sería llamado Maravilloso, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. La duración de su gobierno y de su paz no tendría fin sobre el trono de David.
El Mesías como siervo sufriente
Jesús cumplió el papel del siervo sufriente anunciado en Isaías capítulo 53 durante su primera venida. En la primera venida, Jesucristo fue el siervo sufriente; en la segunda venida será el Rey conquistador.
Las profecías presentaban dos aspectos del ministerio del Mesías: sufriría para llevar a cabo la redención y también reinaría con poder. Como los profetas del Antiguo Testamento no hicieron esta distinción clara entre los dos advenimientos, muchos estudiosos judíos creyeron que habría un Mesías sufriente y un Mesías conquistador. Fallaron en entender que el mismo Mesías cumpliría los dos papeles.
La misión de Jesucristo en su primera venida
En su Primera Venida realizó la obra más trascendente jamás cumplida por hombre o Dios desde el amanecer de la creación hasta la eternidad sin fin. Siendo la Resurrección y la Vida, por mandato de su Padre, llevó a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre y rescató a toda la creación de su condenación caída.
Él vino al mundo en la plenitud de los tiempos para poner en plena operación todos los términos y condiciones del plan de su Padre; para llevar a cabo la inmortalidad y hacer disponible la vida eterna al hombre; para abolir la muerte y traer a la luz la vida y la inmortalidad mediante su evangelio.
Sin él no habría creación; ni probación mortal; ni redención de la muerte, del infierno, del diablo y del tormento eterno. Sin él no habría vida después de la muerte; ni vida eterna para aquellos que creen y obedecen; ni felicidad eterna para todas las cosas creadas.
Revelar al Padre y enseñar la verdad
Jesucristo vino para revelar a su Padre, enseñar sus verdades y llevar a cabo la expiación infinita y eterna. Sus palabras y hechos, sus enseñanzas y milagros, su triunfo sobre la tumba -todo lo que hizo y dijo, todas las cosas que le conciernen- no tienen igual ni paralelo entre los miles de millones de almas que han respirado o habrán de respirar el aliento de vida en este planeta.
Esta obra se envía con el propósito de persuadir a los hombres a creer en Cristo, a aceptarlo como su Legislador, Salvador y Rey, y a guiarlos en ese camino de obediencia y devoción que los preparará para disfrutar de su compañía para siempre en la gloria eterna.
Realizar la expiación
El acontecimiento más trascendente de toda su existencia eterna, el hecho más glorioso desde el amanecer de la creación hasta la eternidad sin fin, la obra culminante de su infinita bondad, tuvo lugar en un jardín llamado Getsemaní, fuera de una ciudad llamada Jerusalén, cuando él, tabernáculo en la carne, soportó el peso de los pecados de todos aquellos que creen en su nombre y obedecen su evangelio.
¡Qué maravillas de gracia redentora se manifestaron cuando habitó entre los hombres como el Hijo de María y tomó sobre sí los pecados del mundo bajo la condición del arrepentimiento! La salvación era, y es, y ha de venir, en y por la sangre expiatoria de Cristo, el Señor Omnipotente.
Los principales acontecimientos de la primera venida
El nacimiento en Belén
El nacimiento de Jesús en Belén constituye el comienzo visible de su vida mortal y el cumplimiento de las profecías sobre el nacimiento del Mesías. En su primera venida, Jesucristo vino a la tierra como un bebé nacido en un pesebre de Belén, tal como fue profetizado.
La escena del pesebre expresa la humildad de su llegada. El Mesías esperado por generaciones no apareció inicialmente con una manifestación pública de poder político, sino como un niño nacido de una mujer humilde y acostado en un pesebre.
La vida mortal de Jesús
Mientras moró en la tierra vivió una vida como ninguna otra persona que jamás haya nacido de una madre. Sus palabras y hechos, sus enseñanzas y milagros, su triunfo sobre la tumba -todo lo que hizo y dijo, todas las cosas que le conciernen- no tienen igual ni paralelo entre los miles de millones de almas que han respirado o habrán de respirar el aliento de vida en este planeta.
El Mesías ministra como mortal, predica y enseña, manifiesta compasión, llama al arrepentimiento y dirige a las personas hacia Dios. Su ministerio revela el carácter del Padre y muestra la forma en que deben vivir quienes desean recibir la salvación.
La proclamación del evangelio
La venida del reino fue preparada por Juan y Jesús. Juan el Bautista vino a preparar el camino para Cristo y predicó que el reino estaba cerca. Jesús también se preparó para la venida de su reino y predicó que estaba cerca.
Jesús enseñó a sus discípulos a orar por la venida del reino y los envió a predicar que el reino estaba cerca. También prometió edificar su iglesia y darle las llaves del reino a Pedro.
El reino de Dios se establecería cuando Roma gobernara el mundo. Juan y Jesús se prepararon para ello, y llegó en perfección en Pentecostés. Los hombres entraron en él escuchando y creyendo en el Evangelio, arrepintiéndose de sus pecados y siendo bautizados para la remisión de los pecados.
La muerte en la cruz
El Mesías fue crucificado y murió para llevar a cabo la expiación. Jesús cumplió las profecías del siervo sufriente al aceptar el sufrimiento, cargar con los pecados y ofrecer su vida por la humanidad.
La cruz no fue un fracaso de la misión de Cristo, sino el centro de la obra redentora. Cristo vino en el momento oportuno para cumplir el propósito eterno de Dios y efectuar la expiación infinita y eterna.
La resurrección
La resurrección de Jesucristo confirmó su victoria sobre la muerte y manifestó que él es la Resurrección y la Vida. Su triunfo sobre la tumba abrió el camino para la inmortalidad y la vida eterna.
La resurrección forma parte inseparable del significado de la primera venida: Cristo no solo murió por los pecados, sino que venció la muerte y garantizó la resurrección de la humanidad.
La ascensión al cielo
Después de su resurrección, Jesús ascendió al cielo. Los ángeles declararon a los apóstoles: «Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo».
La ascensión conecta la primera venida con la promesa de la segunda. Jesús vino una vez para realizar la redención y volverá para consumar la salvación de los hombres y reinar con gloria en la tierra.
La Iglesia y el reino en relación con la primera venida
La iglesia de Cristo, que es el reino de Cristo, fue construida por el mismo Jesucristo. Fue comprada con su sangre y está formada por todos los salvos. La iglesia fue planeada por Dios desde la eternidad.
Cristo vino en el momento oportuno. Él estableció la iglesia como Dios había planeado antes de que la tierra fuera creada: «a fin de que ahora a los principados y potestades en las regiones celestiales sea dada a conocer por medio de la iglesia la multiforme sabiduría de Dios, conforme al propósito eterno que se propuso en Cristo Jesús Señor nuestro».
La iglesia fue prometida por Dios a los grandes hombres de la antigüedad. Dios le dijo a Abraham que haría una gran nación a partir de su simiente y que toda la tierra sería bendecida por su simiente. Cristo es la Simiente prometida de Abraham que bendijo a todas las naciones al morir por nuestros pecados.
El cumplimiento en Pentecostés
La iglesia llegó a la perfección el primer día de Pentecostés después de la ascensión del Señor. Jesús ordenó a sus apóstoles que permanecieran en Jerusalén y esperaran la promesa del Padre, y les dijo que recibirían poder cuando hubiera venido sobre ellos el Espíritu Santo.
Cuando llegó Pentecostés, los apóstoles estaban juntos en Jerusalén. Todos fueron bautizados en el Espíritu Santo. Pedro señaló que la profecía de Joel sobre el derramamiento del Espíritu de Dios se había cumplido.
Luego Pedro predicó al Señor crucificado y mostró cómo Dios había levantado a Jesús para reinar con él en su trono. Los judíos se sintieron compungidos en el corazón y preguntaron qué debían hacer.
Pedro anunció el medio por el cual se entra al reino: «Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados». Ese día, tres mil almas obedecieron el Evangelio y fueron añadidas por Dios a la iglesia.
Por qué algunos no reconocieron al Mesías
Cuando Jesucristo vino a la tierra por primera vez, la mayoría de las personas no supo que eso había sucedido. La humildad de su nacimiento y la naturaleza espiritual de su misión no correspondían a las expectativas de quienes esperaban una liberación política inmediata.
Los judíos del tiempo de Jesús anhelaban el fin de la opresión romana. Esperaban que el Mesías derrocara a los opresores, arreglara lo que debía ser arreglado, estableciera de nuevo el reino en Israel y cumpliera las promesas del Antiguo Testamento.
Habían leído que el Mesías gobernaría sobre el trono de David, que la justicia y la paz prevalecerían, y que Jerusalén viviría en prosperidad y seguridad. Sin embargo, muchos no comprendieron que las profecías también hablaban de un Mesías que sufriría, moriría y llevaría a cabo la redención antes de manifestarse como Rey conquistador.
Los profetas del Antiguo Testamento no hicieron esta distinción clara entre los dos advenimientos. Como resultado de las profecías que parecen hablar de dos individuos, muchos estudiosos judíos creyeron que habría un Mesías sufriente y un Mesías conquistador. Fallaron en entender que el mismo Mesías cumpliría los dos papeles.
La relación entre la primera y la segunda venida
La primera venida y la segunda venida forman un único desarrollo del plan de salvación. En su Primera Venida, Jesús fue el siervo sufriente; en su Segunda Venida, Jesús será el Rey conquistador. En su primera venida, llegó bajo las más humildes circunstancias; en su segunda venida, vendrá con los ejércitos celestiales a su lado.
Él vino una vez para redimir a su pueblo, restaurar su evangelio eterno, efectuar la expiación infinita y eterna y traer salvación. Él vendrá otra vez con diez millares de sus santos y con toda la gloria del reino de su Padre para destruir a los impíos, limpiar la viña de corrupción, rescatar a los que aman su venida y traer salvación.
El hecho es que nadie puede comprender la futura Segunda Venida sin antes adquirir un conocimiento de la Primera Venida. Este conocimiento pone el fundamento para entender la vida que él vivió entre los mortales y su futuro retorno para reinar entre ellos durante el Milenio.
Desde Adán hasta Juan, llamado el Bautista, todos los profetas miraron hacia adelante a ambas venidas; y desde Pedro hasta el último apóstol que se levantará en esta dispensación, todos han testificado y testificarán de su retorno prometido con poder, acompañado de las huestes celestiales.
La esperanza cristiana fundada en la primera venida
La segunda venida de Jesucristo es la esperanza de los creyentes de que Dios está en control de todas las cosas y que es fiel a las promesas y profecías de su Palabra. La primera venida demuestra que Dios cumple sus promesas y que el Mesías anunciado realmente entró en la historia.
La obra invita a preparar el corazón para recibir a Cristo, no solo como el que vino una vez, sino como aquel que volverá en gloria. Todo lo que somos y todo lo que esperamos se centra en Cristo.
La salvación está en Cristo, ahora y para siempre. Por medio de la doctrina y del testimonio de los profetas, los hombres son invitados a venir a Cristo, creer en su palabra, vivir su ley y obtener salvación en el reino de su Padre.
La primera venida de Cristo, por tanto, no es únicamente el relato del nacimiento de un niño en Belén. Es la manifestación histórica del Mesías prometido, el cumplimiento de las profecías, la revelación del Padre, la proclamación del evangelio, la expiación por los pecados, la victoria sobre la muerte y el fundamento de la esperanza en su regreso.
