La primera edad se refiere a la infancia y la juventud, la segunda edad corresponde a la madurez y la tercera edad identifica la vejez. Estas denominaciones ofrecen una visión general del desarrollo humano, aunque las fronteras entre las etapas no son rígidas y pueden variar según la persona, la cultura, la salud y las circunstancias sociales.
A lo largo de la vida, las personas pasan por fases muy diferentes entre sí. Conocer sus características ayuda a comprender los cambios físicos, psicológicos y sociales, a tomar decisiones saludables y a afrontar mejor las sucesivas etapas, especialmente durante la vejez.
Qué significan la primera, la segunda y la tercera edad
La primera edad es una época de la vida en la que se está aprendiendo y experimentando. Es una época llena de descubrimientos y aventuras que nos hacen sentir más vivos. En la primera edad, las personas están llenas de energía y vitalidad. Son curiosas e inquietas y quieren aprender todo lo que puedan sobre el mundo que les rodea.
La segunda edad es una época de estabilidad y de reflexión. Las personas en esta etapa de la vida han aprendido mucho, y han vivido muchas experiencias. En la segunda edad, las personas suelen ser más tranquilas y reflexivas. Se toman el tiempo para pensar en lo que han hecho y en lo que quieren hacer.
La tercera edad es una época de sabiduría y de experiencia. Las personas en esta etapa de la vida tienen grandes experiencias y muchas lecciones por compartir. En la tercera edad, las personas suelen ser más sabias y tolerantes. Han aprendido a aceptar las cosas como son y a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.
Estas categorías son orientativas y no describen de la misma manera a todas las personas. La adultez, por ejemplo, es una fase de la vida mucho más prolongada que la infancia y la adolescencia, por lo que en torno a ella se da una amplia variedad de circunstancias.
Las etapas de la vida por edad
Estudiar las etapas de la vida por edades permite tener una mejor visión y comprensión de los cambios que afrontamos y, aunque no se trata de una receta perfecta, despeja muchas dudas en nuestro paso por la vida. La clasificación puede incluir desde la concepción hasta la ancianidad, entendiendo que desde el momento del embarazo comienza a gestarse la vida y a transcurrir cambios en la formación del ser.
| Etapa | Rango orientativo | Características principales |
|---|---|---|
| Fase prenatal | Embarazo | Concepción, división celular y formación y maduración de los órganos. |
| Infancia | 0 a 6 años | Desarrollo inicial, adquisición del lenguaje, movimiento y socialización básica. |
| Niñez | 6 a 12 años | Educación formal, desarrollo cognitivo, habilidades sociales y pensamiento lógico. |
| Adolescencia | 12 a 20 años | Cambios físicos y hormonales, maduración sexual, búsqueda de identidad y autonomía. |
| Juventud | 20 a 25 años | Primeras interacciones sociales adultas, emancipación y elección de carrera u oficio. |
| Adultez | 25 a 60 años | Logros personales, desarrollo profesional, relaciones estables y crianza de hijos. |
| Ancianidad o tercera edad | 60 años en adelante | Adaptación al envejecimiento, reflexión sobre la vida y posible disminución de capacidades. |
Fase prenatal
La fase prenatal es la etapa del desarrollo que se lleva a cabo en el vientre materno y en la que el embrión comienza su proceso de desarrollo hasta convertirse en un neonato completamente formado.
- El período germinal es el momento de la concepción.
- En el período embrionario comienza la división de las células.
- En el período fetal los órganos comienzan a formarse y madurar.
Infancia: de 0 a 6 años
La infancia es la fase del desarrollo caracterizada por el aprendizaje de capacidades y habilidades psicomotrices, así como del lenguaje. El infante comienza a alimentarse con alimentos sólidos, realiza sus primeros desplazamientos de forma autónoma, primero gateando y luego caminando, y pronuncia sus primeras palabras.
Durante esta etapa también se desarrolla la interacción con la actividad física y comienzan a consolidarse competencias lingüísticas, motrices y sociales. La maduración neurológica y la adquisición de habilidades son fundamentales, aunque pueden emerger problemas de aprendizaje que requieren atención temprana y especializada.
Niñez: de 6 a 12 años
Para muchos especialistas, la niñez es la etapa del desarrollo psicosocial humano más importante, dado que es allí donde se adquieren las habilidades psicosociales y emocionales fundamentales para un desarrollo saludable y se sientan las bases de lo que será el individuo en el futuro.
- Se desarrollan habilidades cognitivas, como la asociación de ideas y el reconocimiento de colores, formas y estructuras.
- Evolucionan las habilidades para la lectura, la escritura y el pensamiento lógico.
- Se forman los primeros vínculos fuera del hogar a través de la educación y las actividades recreativas.
Adolescencia: de 12 a 20 años
La adolescencia es una etapa del desarrollo humano marcada por los cambios hormonales y físicos que determinarán la madurez sexual del individuo. También es una de las etapas de la vida más complejas, porque durante ella se producen transformaciones corporales, emocionales y sociales.
- La adolescencia temprana, de 12 a 15 años, se caracteriza por cambios corporales y hormonales.
- En la adolescencia tardía, de 15 a 20 años, termina de completarse el proceso de maduración sexual y el adolescente se prepara para la adultez.
Durante estas etapas, la crisis se centra sobre todo en la búsqueda de una identidad definitoria. Las preguntas se aproximan a lo que uno es y se proyectan otras cuestiones en tanto a lo que uno quisiera ser.
Cuando termina la infancia, las relaciones sociales y la interacción con el entorno intervienen en el desarrollo, pero también en el proceso de autoconocimiento, el cual se acentúa durante la adolescencia y la juventud. La experimentación se convierte en la base de la creación de conocimiento; sin embargo, puede causar confusión y estrés en momentos en los que aún no terminan de definirse los valores personales.
Juventud: de 20 a 25 años
En este rango de edad comienzan las primeras interacciones sociales adultas, aunque el individuo carece aún de madurez emocional. En esta etapa destaca la emancipación, ya que el individuo comienza a generar sus propios ingresos y a sentar las bases de su vida adulta.
El tránsito de la adolescencia a la adultez está marcado no solo por la consolidación de la identidad, sino también por la toma de decisiones. Los aspectos recurrentes van más allá de la elección de la carrera universitaria u oficio; alcanzan también ámbitos como el sentimental, el estilo de vida y el afrontamiento de las expectativas sociales.
La segunda edad: la adultez y sus características
La adultez es aquella etapa de la vida de las personas que comienza cuando estas alcanzan su mayoría de edad aproximadamente, siendo un periodo que comienza con el fin del desarrollo de las personas a nivel físico sobre todo, aunque también se dan unos cambios notables a nivel emocional y psicológico.
La mayoría de edad no significa estrictamente la llegada de la adultez, sino el hecho de ser una persona considerada como un actor responsable ante la ley, ya que la adultez podría llegar unos años después debido a que, en muchas ocasiones, cuando una persona alcanza la mayoría de edad todavía no ha alcanzado el nivel suficiente de madurez como para considerarse una persona adulta.
La adultez supone un paso importante hacia la construcción de un ser independiente y completo, gracias al comienzo del desarrollo de cierta madurez, estando marcada por los valores y las creencias de cada persona. En esta etapa las personas comienzan a tener una mayor independencia financiera, ya sea en mayor o menor medida en función de cada caso particular, un sentido de responsabilidad, el desarrollo del compromiso en diversos ámbitos y también la finalización de la etapa académica y/o el comienzo del desarrollo a nivel profesional.
Otro aspecto importante de la adultez es que las personas tienden generalmente a desarrollar unas relaciones más estables, tanto a nivel sentimental como también en cuanto a sus amistades. En definitiva, podría decirse que en la adultez los seres humanos normalmente suelen alcanzar la plenitud a distintos niveles: físico, biológico y mental, siendo también la etapa en la que las personas tienen la mayor carga de responsabilidades y de tareas.
Adultez temprana: aproximadamente de 18 a 40 años
La adultez temprana comienza tras finalizar la etapa de desarrollo de la adolescencia, abarcando un rango de edad que va desde los 18 años, coincidiendo con el comienzo de la mayoría de edad aproximadamente, hasta los 40 años. No obstante, muchos expertos consideran que la adultez de forma evolutiva comienza a los 21 años, al ser la edad en la que finaliza normalmente el periodo de desarrollo adolescente.
En esta etapa las personas se encuentran en un periodo lleno de expectativas de futuro, siendo un periodo de sus vidas que comienza con la formación a nivel de estudios superiores y/o con el ingreso en el mundo laboral. También puede ser una etapa para experimentar en distintos ámbitos hasta encontrar cuál es el que mejor encaja con uno mismo.
- Esta es la etapa en la que las personas alcanzan su plenitud física, siendo cuando más fuerza y energía poseen.
- Es la etapa en la que se logra el mayor desarrollo a nivel cognitivo.
- En la adultez temprana también se alcanza el desarrollo completo de la propia identidad.
- Las personas en esta etapa comienzan a independizarse de sus padres.
- Es una etapa de cambio y evolución hacia un estilo de vida y rodeado de compañías que sean afines.
- Se comienzan a asentar las bases de los propios valores morales, creencias y opiniones.
El tránsito de la adolescencia a la adultez puede generar ansiedad, dudas y profundos cuestionamientos en torno a si las elecciones tomadas son las más correctas u oportunas para cumplir con la realización personal.
Adultez media: aproximadamente de 40 a 60 años
La adultez media comienza cuando las personas cumplen los 40 años y finaliza al cumplirse los 60 años aproximadamente, siendo la etapa previa a la adultez tardía o la vejez. En este periodo evolutivo es característico que las personas se centren en la educación de sus hijos, en su trabajo e incluso en la preparación de un futuro retiro.
- A partir de esta etapa comienzan a disminuir las capacidades de las personas a nivel cognitivo.
- También comienza poco a poco el declive a nivel físico, como la pérdida de fuerza y el aumento de peso.
- En esta etapa suelen comenzar un declive a nivel sensorial, por ejemplo, pérdida de vista.
- Durante esta etapa se asientan los valores morales en base a lo aprendido a lo largo de la vida.
- Las personas suelen poseer una mayor flexibilidad para adaptarse al entorno.
- Es una etapa en la que las personas se encuentran mejor preparadas para enfrentarse a las adversidades.
- Suele haber una mayor inclinación por la búsqueda del bienestar y la tranquilidad que en etapas anteriores.
El declive a nivel cognitivo y físico que suele comenzar a lo largo de la adultez media puede variar considerablemente en función de cada persona, dependiendo de su estilo de vida, sus hábitos de alimentación, el nivel de actividad física y otros hábitos importantes para mantener la mente activa.
La adultez se configura como una de las etapas de la vida en la que hay mayor estabilidad. La identidad se encuentra formada y se han superado las crisis en torno a las decisiones vitales. Sin embargo, en este momento, la madurez que dichos aspectos significan lleva a la reflexión y evaluación de la vida.
La crisis de la mediana edad, que ocurre entre los 40 y los 60 años, puede llegar a un estado de confusión con el pasado e, incluso, desasosiego por el advenimiento de la vejez y la muerte. En este periodo, los individuos alcanzan un nivel más profundo de conciencia sobre sus gustos, expectativas y necesidades, por lo que pueden tomar acciones para alcanzar una mayor satisfacción personal.
Adultez tardía: desde los 60 años
La adultez tardía comienza en torno a los 60 años de edad, una fase que por algunos teóricos es considerada como la de la vejez y, en las edades más avanzadas, como la etapa de la ancianidad o la tercera edad.
Esta etapa comienza con la preparación de las personas para su jubilación, una experiencia de transición que no es bien recibida por todos, ya que muchas personas no encuentran la forma de ocupar el tiempo libre que les ha quedado tras concluir su etapa laboral.
Es fundamental que las personas se vayan preparando poco a poco durante sus últimos años de vida laboral y que encuentren actividades que les resulten agradables para mantenerse activas y ocupadas. Una buena manera de comenzar con optimismo la entrada de la adultez tardía y con un estado de ánimo elevado es disfrutando de momentos en compañía de personas allegadas, manteniéndose activos a nivel físico y mental y practicando actividades que mantengan a las personas ocupadas y con ilusión.
Además, al igual que ocurre en la adultez media, el declive a nivel físico y mental puede disminuir considerablemente si la persona mantiene un estilo de vida saludable, llevando una alimentación equilibrada, descansando lo suficiente, practicando de manera rutinaria ejercicio físico y ejercitando la memoria a través de la lectura, el aprendizaje de nuevas habilidades o los juegos mentales.
La tercera edad: vejez, ancianidad y senectud
La tercera edad es el término con el que nos referimos a las últimas décadas de vida de una persona. Este periodo se caracteriza por un declive de las funciones físicas y cognitivas de la persona, aunque los cambios no se presentan de la misma manera en todos los individuos.
Habitualmente se empieza a hablar de tercera edad a partir de los 65 años, pero las particularidades que afectan a esta parte de la vida no tienen por qué darse hasta más adelante. Dadas las particularidades de este momento de la vida, puede iniciarse en diferentes momentos según la persona y el estado de salud en el que se encuentre.
| Denominación | Rango orientativo | Características |
|---|---|---|
| Senectud | De los 60 hasta los 70 años | Transición hacia la vejez, adaptación a cambios y posible jubilación. |
| Vejez | De los 70 a los 90 años | Mayor probabilidad de cambios de salud, limitaciones sensoriales y necesidad de apoyo. |
| Grandes ancianos | Más de 90 años | Mayor riesgo de dependencia y necesidad de cuidados, aunque cada trayectoria es diferente. |
La ancianidad, también llamada tercera edad, es la última etapa del desarrollo humano y se caracteriza por el deterioro progresivo de las capacidades físicas y cognitivas. Sin embargo, factores como la calidad de vida y los hábitos de salud adquiridos en etapas vitales previas pueden influir de forma positiva en esta fase.
La tercera edad, momento en que las personas ya no son consideradas ni jóvenes ni adultas, puede decirse que han alcanzado un rango mayor, pues son llamadas ancianas o abuelas. Aunque la edad exacta en la que se considera a alguien como parte de la tercera edad puede variar, por lo general se cree que es a partir de los 65 años.
Por qué la vejez no es una etapa única
Normalmente nos referimos a esta etapa como vejez o tercera edad. Pero lo cierto es que se trata de un período más amplio que podríamos dividir en diferentes fases. Esta diferenciación es necesaria tanto por la variación en el estado de salud de la persona como por los cambios en las circunstancias respecto a su vida y su situación.
Distinguimos entre un niño y un joven adulto, o más aún entre un bebé y un adolescente, pese a que todos son menores de edad. Del mismo modo, debemos también detenernos a diferenciar por edad los grupos de adultos mayores que nos encontramos en la vejez.
Las diferentes fases no están ligadas directamente a la edad ni siguen un patrón uniforme. Las trayectorias varían significativamente entre los individuos y pueden verse completamente alteradas por eventos imprevistos.
El aumento de la esperanza de vida comporta replantearse la división de los estratos de las edades de la vida y de su significación. En referencia a la vejez, ya no tiene sentido entenderla como una etapa única y homogénea.
Envejecimiento poblacional
En las últimas décadas se ha producido un notable envejecimiento de la población. Esto se debe a diversos factores, que van desde la disminución de los nacimientos hasta la mejoría de la calidad de vida de los ancianos derivada de los avances médicos y tecnológicos.
A mediados del siglo pasado comenzó a evidenciarse un fenómeno importante a nivel mundial, el envejecimiento de la población, con un incremento gradual de las personas mayores. Este fenómeno se debe a dos factores principalmente: por un lado, a la disminución de la mortalidad, que ha contribuido al incremento de la esperanza de vida, y por otro lado, a la disminución del número de nacimientos.
Esto, junto con los desarrollos científicos, tecnológicos, educativos y sociales, ha logrado que las personas vivan más años. Según proyecciones de la Organización Mundial de la Salud, en el año 2050 la población mundial de personas de 60 años o más se habrá duplicado, alcanzando los 2.100 millones, mientras que las previsiones apuntan a que los mayores de 80 años se triplicarán, llegando a los 426 millones.
El Instituto Nacional de Estadística ha determinado que en 2021 la esperanza de vida al nacer era de 85,8 años para las mujeres y de 80,2 años para los hombres. Una media de 83 años, una de las más altas del mundo. En 2020, los mayores de 65 años en el país suponían un 21% del total, cifra que se espera que alcance el 30% para 2050.
En España se estima que existen algo más de 8 millones de personas en la tercera edad que suponen más de un 20% de la población, número que se verá incrementado en los próximos años, siendo un 30% de la población de España para el año 2050 según proyecciones realizadas por el INE.
Envejecimiento primario y secundario
Envejecimiento primario
Desde el inicio de la vida, desde que somos el fruto de la unión entre un óvulo y un espermatozoide, nuestras células se están dividiendo. Sin embargo, llega un punto en que estas divisiones se producen de manera defectuosa o dejan de producirse.
El envejecimiento primario es, por tanto, aquel que tiene lugar a consecuencia de los cambios que ocurren en el cuerpo a lo largo del tiempo. Debido a estos cambios disminuye la función celular, la piel pierde elasticidad, la densidad ósea es menor y al cuerpo le cuesta más reparar el daño celular.
Se trata, por tanto, de algo inevitable y natural. Todas las personas, sin importar la edad, estamos en proceso de envejecimiento, porque este proceso comienza con el nacimiento y termina con la muerte.
Envejecimiento secundario
El envejecimiento secundario hace referencia a los cambios que tienen lugar como resultado del estilo de vida y de factores ambientales. Estas circunstancias pueden acelerar el proceso de envejecimiento primario, lo que derivará en un aumento del riesgo de enfermedades crónicas y de síndromes geriátricos.
A diferencia del primario, el envejecimiento secundario se puede prevenir o retrasar manteniendo un estilo de vida saludable, siguiendo una dieta equilibrada y practicando ejercicio con regularidad, entre otras medidas.
Las cuatro etapas de la vejez
La vejez puede dividirse en diferentes fases según el grado de autonomía, la capacidad funcional, el estado de salud y las necesidades de apoyo. Estas etapas no son compartimentos cerrados: no todos pasan por ellas, no siempre aparecen en el mismo orden y una persona puede conservar capacidades elevadas durante muchos años.
Primera etapa: libertad y capacidad relativamente estable
Los adultos mayores de edad avanzada son aquellos cuyas edades están comprendidas entre los 60 y los 74 años. Por lo general, exceptuando a los pacientes que padecen patologías incapacitantes, nuestros mayores suelen ser independientes a esta edad.
Esto quiere decir que la mayoría viven en sus domicilios, solos o en pareja, y que pueden realizar las actividades propias de la vida diaria. Entre estas se encuentran cocinar, limpiar la casa, vestirse y asearse, así como realizar actividades como cuidar de los nietos, viajar o practicar hobbies.
La primera edad del retiro, activa y de buena salud, es aquella en la que se ejerce de abuelo, se disfruta del ocio, del compromiso cívico o incluso del mantenimiento de cierta actividad profesional. Es la etapa en la que todavía pueden hacerse cambios en el proyecto vital y cumplir deseos y aspiraciones.
En definitiva, en contraposición a la percepción clásica de la vejez como etapa de declive, hablamos de un momento vital en el que el desarrollo personal aún es posible. Suelen ser, además, el centro de gravedad de la solidaridad familiar, cuidando a menudo de la generación precedente y sucesora.
Cómo actuar durante esta etapa
En esta etapa, no podemos más que servir como apoyo externo de nuestros mayores si así nos lo requieren, pero no debemos presionarles si no precisan de nuestra ayuda.
Es conveniente hacerles entender que en el futuro cambiará su situación, por lo que deben estar preparados mentalmente y tener presente esta realidad en su vida. Esto puede traducirse en reformas en el hogar que faciliten la movilidad o en llevar a cabo trámites administrativos que requieran una lucidez de la que tal vez carezcan el día de mañana.
Segunda etapa: dependencia parcial y capacidad disminuida
Esta segunda etapa se caracteriza por una cierta interdependencia. Se produce entre los 75 y los 85 años, si bien no se trata de una ciencia exacta y estos números pueden variar dependiendo del envejecimiento secundario de cada adulto mayor.
La segunda etapa de la vejez empieza cuando la salud y el dinamismo empiezan a decaer, a menudo conduciendo a una condición personal cada vez más frágil. Supone un proceso de adaptación constante a progresivas limitaciones, a la vez que se agranda la brecha entre los deseos y las posibilidades.
Las neuronas no transmiten los mensajes desde el cerebro con la misma velocidad, lo que se traduce en pérdidas de memoria y lentitud a la hora de realizar las tareas. Esto no se reduce a la función cognitiva o motora, sino que se extiende a la percepción.
El 75% de los ancianos sufren pérdidas de olfato, una merma de su capacidad auditiva y empeora la visión, como ocurre con las conocidas cataratas, entre otras alteraciones. Lo que antes no conllevaba esfuerzo ahora se torna difícil, y crece la necesidad de acudir a los demás.
Es también la edad en la que la solidaridad familiar da un vuelco: los mayores pasan de ayudar a necesitar ser ayudados por su entorno. Es el momento de la adaptación de la vivienda y del recurso creciente a servicios de atención a la persona y dispositivos de asistencia.
Cómo actuar durante esta etapa
La ayuda es fundamental en esta etapa. Es probable que nuestros mayores sigan queriendo vivir solos, pero no siempre es posible, al menos sin asistencia que les permita realizar con seguridad tareas como cocinar sin que olviden apagar el fuego, limpiar sin que se suban a alturas o asearse sin descuidar su higiene.
No todos los mayores llegan a esta etapa al mismo tiempo, por lo que no debemos hacerles más dependientes de lo que son. Podemos hablar de una persona de 75 años que necesita ayuda hasta el final de su vida tras haber sufrido una caída o de otra de 85 que únicamente precise de asistencia puntual para llevar a cabo ciertas tareas. No hay dos casos iguales.
Tercera etapa: dependencia completa y pérdida significativa de capacidades
En esta etapa el anciano pasa a necesitar ayuda para todas las actividades básicas, desde hacer la compra o asearse hasta simplemente comer. No hay una edad concreta a la que se dé esta etapa, pero suele ser más común a partir de los 85 años.
Esta fase representa el segmento de la población que padece un deterioro de las capacidades. Se trata de un periodo totalmente diferente al anterior y requiere un enfoque y atenciones especiales.
En esta etapa puede aparecer una pérdida de autonomía y necesidad de cuidados. No todo el mundo tiene por qué pasar por esta fase y el riesgo se relaciona directamente con el avance de la edad.
En esta edad es frecuente el traslado del adulto mayor a centros especializados, donde personal cualificado se encarga de sus cuidados y está vigilado permanentemente.
La dependencia suele limitar y empobrecer las relaciones interpersonales, con lo que es clave combatir el aislamiento. Es la etapa de los cuidados, de la interdependencia y de poner en marcha mecanismos y modelos de atención que aseguren una calidad de vida digna y el mayor bienestar posible, partiendo del respeto pleno a la dignidad y los derechos de la persona, a sus intereses y preferencias y contando con su participación efectiva.
Cómo actuar durante esta etapa
Ante todo debemos prepararnos mental y emocionalmente tanto para esta etapa como para la que la sucederá. Debemos estar tranquilos y trasladar serenidad a nuestros mayores, para que se sientan cómodos y arropados, y no elevar su nivel de estrés.
Tanto si nos ocupamos personalmente como si ponemos su cuidado en manos de profesionales, podemos buscar apoyo psicológico que nos ayude a lidiar con esta tarea. Sobre todo en el primer caso, cuando con frecuencia se produce el síndrome del cuidador quemado.
Cuarta etapa: cuidados prolongados y dependencia avanzada
La cuarta etapa, como la anterior, no comprende un rango de edad determinado. Puede producirse en cualquier momento, cuando la situación de la persona mayor se ha cronificado hasta tal punto que ya es imposible su recuperación.
No hablamos de una enfermedad en concreto, sino de un cuadro patológico de incapacidad y dependencia con el que tanto el mayor como sus seres queridos tendrán que convivir hasta el final.
Otra de las etapas de la vejez la conforman las personas mayores que presentan pérdidas significativas de la capacidad o pueden tener gran probabilidad de que les suceda. Dentro de la sanidad, el objetivo de los tratamientos a este sector serán los cuidados a largo plazo.
Estos cuidados desempeñan un papel fundamental al garantizar que las personas mayores conserven un nivel de capacidad funcional que respete sus derechos fundamentales, libertades esenciales y dignidad humana.
Cómo actuar durante esta etapa
Aunque es posible que nos hayamos preparado para esta etapa, siempre es duro ver cómo nuestros seres queridos se van apagando. Dependiendo de las circunstancias particulares de cada uno, trataremos de que disfruten en la medida de lo posible de su vida, aunque esta tenga muchas limitaciones.
El objetivo de las políticas públicas es favorecer que la persona siga viviendo en su domicilio, porque es lo que desea la mayoría. Si no es posible, debe poder acceder a un centro de acogida para ancianos dependientes.
Características físicas de la tercera edad
Durante esta etapa de la vida pueden producirse cambios físicos, fisiológicos y sensoriales que afectan de forma distinta a cada persona. Desde una perspectiva biológica, el proceso de envejecimiento se distingue por la acumulación progresiva, a lo largo de toda la existencia, de daños moleculares y celulares.
- La masa muscular tiende a ir disminuyendo, en relación con el deterioro de la fuerza y la función musculoesquelética.
- La densidad ósea también sufre una disminución, lo que puede incrementar la posibilidad de sufrir una fractura.
- El cartílago articular experimenta transformaciones que incrementan la susceptibilidad de los tejidos.
- La piel puede perder elasticidad.
- Se produce un empeoramiento de los sentidos, especialmente de la vista y el oído.
- Puede disminuir la agilidad y aumentar la dificultad para realizar determinadas actividades.
La densidad ósea debe vigilarse porque su disminución puede derivar en una discapacidad que empeoraría considerablemente el bienestar de la persona. Sin embargo, estos cambios físicos no tienen que ser iguales para todos los individuos.
Características cognitivas y psicológicas
A medida que avanzamos en edad se producen transformaciones en la capacidad mental. Los cambios más comunes que se observan son los fallos de memoria y una disminución en la velocidad de procesamiento de la información.
Muchas personas mayores también observan dificultades para mantenerse centradas en varias tareas a la vez. El deterioro cognitivo puede estar influido por la situación socioeconómica, la presencia de enfermedades crónicas, el uso de medicamentos y el estilo de vida.
Durante esta etapa de la vida también pueden producirse cambios psicológicos, a veces debido al deterioro cognitivo y, en otras ocasiones, debido a la situación y circunstancias de la persona que le hacen caer en depresión.
Con todo, es relevante que se promueva la actividad intelectual mediante la psicopedagogía en la tercera edad y que se destaque la relevancia de la terapia a través de la psicología geriátrica. Ambas son herramientas efectivas que pueden frenar los cambios cognitivos en la vejez y mejorar el bienestar de las personas que se encuentran en esta fase de la vida.
La crisis vital de la vejez
En la vejez, la crisis vital se centra en el afrontamiento del declive tanto físico como cognitivo, además de tomar en cuenta un aspecto crucial: el legado individual, sobre todo en la familia. Sumado a esto, durante esta etapa de la vida se reflexiona sobre el bienestar y la mortalidad.
La senectud se presenta, por lo tanto, como una etapa de la vida en la que la protagonista es la profunda cavilación sobre la vida vivida, las satisfacciones, el lugar en la familia, la paternidad o maternidad y el aprovechamiento de los últimos años de vida.
Las consideraciones acerca del sentido de la vida son inabarcables en un artículo de estas características. Los modelos de envejecimiento deben contemplar el acompañamiento a las personas para que puedan vivir todas las etapas de la vejez con sentido y significado, permitiendo que cada quien pueda escoger cómo quiere vivir, qué quiere hacer en esta vida y hasta dónde quiere llegar.
Viejismo y percepción social de la vejez
Las actitudes que frecuentemente mostramos a las personas mayores se encuentran relacionadas con la percepción social que se mantiene de ellas, y esta imagen determina en gran medida la posición social en la que se encuentran.
Se han mantenido dos ideas ambiguas sobre lo que es la vejez: una asegura que es una etapa de la vida en la que prevalece el beneficio de la experiencia; la otra sostiene que se trata de una etapa de pérdidas e incluso la considera sinónimo de enfermedad.
Los estudios sobre la imagen social de la vejez han concluido que la percepción social sobre las personas mayores es básicamente negativa. En una sociedad que sustenta valores orientados a la fuerza, a la agilidad para el éxito y a la conquista de bienes materiales, la vejez puede aparecer como una suerte de desecho.
Esta visión despectiva sobre este grupo social da origen a prácticas discriminatorias que consideran a las personas mayores como diferentes a las demás en sus opiniones, afectos y necesidades. A esta manera despectiva de ver a las personas mayores se le llama, desde la gerontología, viejismo, el cual puede poner a una persona mayor en un estado de vulnerabilidad.
Es responsabilidad de la sociedad informarse para tratar de manera digna, integral y sin discriminación a las personas mayores, considerándolas como sujetos socialmente activos, integrantes de la sociedad y portadoras de derechos.
Envejecimiento activo
El envejecimiento activo es un concepto creado por la Organización Mundial de la Salud a finales de los años noventa que fomenta un envejecimiento más saludable y participativo con la sociedad.
El envejecimiento activo se basa en cuatro pilares que deben trabajarse tanto a nivel personal como social:
- Salud física y mental: a través de hábitos de vida saludables, una alimentación equilibrada y ejercicio físico adecuado a las condiciones de cada persona.
- Participación en la sociedad: involucrando a las personas mayores en actividades que les permitan socializar, contribuir y mejorar su estado de ánimo y bienestar general.
- Seguridad: facilitando el acceso a recursos sanitarios, acompañamiento y apoyo para evitar la soledad.
- Aprendizaje durante toda la vida: mediante cursos y actividades que supongan un reto físico o intelectual.
A través de estos cuatro pilares se articula el envejecimiento activo, con el que se busca potenciar el bienestar físico, social y mental de las personas mayores. Es fundamental acabar con la percepción negativa que existe sobre la vejez y fomentar su participación en la sociedad a través de actividades culturales, sociales y políticas.
Las actividades tienen que partir de una motivación personal intrínseca y han de tener sentido y significado para quien las realiza. Los paradigmas del envejecimiento deben focalizarse en el ser, no solo en el hacer.
Cuidados y apoyos en la tercera edad
Los cuidados para la tercera edad son un conjunto de acciones y actividades destinadas a mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Estos cuidados incluyen atención médica, cuidados de enfermería, fisioterapia, terapia ocupacional, así como actividades recreativas y sociales.
Los hogares para adultos mayores más comunes son los hogares de cuidado, los hogares de reposo y los hogares de día. Los hogares de cuidado brindan atención médica y cuidados especializados a las personas mayores, incluidos cuidados de enfermería y fisioterapia.
Los hogares de reposo brindan atención médica y cuidados básicos a las personas mayores con condiciones médicas más complejas. En estos hogares, los adultos mayores pueden descansar y recuperarse de enfermedades o lesiones.
Los hogares de día brindan atención médica y cuidados básicos a las personas mayores durante el día, para que luego puedan regresar a casa por la noche. En estos hogares, los adultos mayores pueden participar en actividades recreativas y sociales, así como en actividades de rehabilitación.
El cuidado es un enorme desafío social. Las personas cuidadoras tienen necesidades específicas que deben ser atendidas: económicas, emocionales, físicas y de relación social.
Las relaciones intergeneracionales aluden a las relaciones de cuidados entre generaciones: las personas mayores reciben los cuidados familiares tras haber sido ellas proveedoras de cuidados, y los más pequeños son educados y socializados en el deber de ayudar a otras generaciones.
Cómo vivir la tercera edad con bienestar
Aceptar los cambios
Es importante aceptar los cambios que se experimentan durante la tercera edad. Esto no significa que se deba renunciar a todo lo que se disfrutaba antes, sino que simplemente se trata de adaptarse a las cosas, entendiendo que algunas se pueden hacer y otras no.
Mantenerse activo
Aunque algunos cambios físicos pueden hacer que las actividades sean más retadoras, es fundamental mantenerse activo. Hacer ejercicio regularmente puede ayudar a mejorar el estado de salud general y también puede hacer que la mente esté activa constantemente.
Disfrutar de las actividades cotidianas
A medida que se envejece, se deben ver las pequeñas cosas de la vida con una mirada diferente. Esto puede significar pasar tiempo con los nietos, leer un buen libro o simplemente dar un paseo por el parque.
La primera edad del retiro puede ser una etapa de ocio, compromiso cívico, actividad profesional, participación familiar y realización de deseos que habían quedado pendientes.
Socializar
Aunque algunas personas mayores pueden sentirse solas, es importante mantenerse social. Buscar actividades que se disfruten y hacer nuevos amigos puede ayudar a mejorar el estado de ánimo y también puede ser muy gratificante.
La participación social permite que las personas mayores sigan siendo miembros activos de su comunidad y ayuda a reducir los riesgos de aislamiento y soledad.
Tomar decisiones saludables
Se deben tomar decisiones saludables durante la tercera edad. Esto significa hacer ejercicio, comer una dieta saludable y evitar el consumo de alcohol y tabaco.
Otra cosa que se debe tener en cuenta es mantenerse activo mentalmente, ya que esto puede ayudar a prevenir el deterioro cognitivo. La lectura, el aprendizaje de nuevas habilidades y los juegos mentales pueden contribuir a ejercitar la memoria.
La gerontología y la atención a lo largo de la vida
Desde la gerontología es importante dejar claro que vejez y envejecimiento son conceptos diferentes. Al proceso que inicia desde el nacimiento y termina con la muerte se le conoce como envejecimiento. Este proceso se encuentra influenciado por aspectos biológicos, psicológicos y sociales.
La vejez es una etapa de vida que comienza a los 60 años y es considerada la última etapa de vida y forma parte del envejecimiento. Para quienes trabajan con y para personas mayores es indispensable contar con una idea clara de estos conceptos.
La gerontología surge como una aliada, por ser una disciplina que tiene como responsabilidad conocer qué pasa en la vejez y explicar el envejecimiento como un proceso del ciclo de vida, con la finalidad no solo de que las personas vivan más, sino mejor.
En cada una de las etapas del desarrollo humano, la psicopedagogía desempeña un rol relevante en la estimulación del aprendizaje y, por extensión, del desarrollo de las capacidades cognitivas, como la memoria, la atención y el razonamiento.
La psicopedagogía se presenta como una herramienta fundamental en el fomento del desarrollo integral y en la búsqueda del bienestar en cada etapa de la vida. Facilita la superación de dificultades de aprendizaje, afianza el crecimiento y brinda apoyo frente al deterioro, por lo que contribuye a una vida plena y enriquecida.
