El cerebro humano es un órgano fascinante y complejo. Gracias a él las personas sentimos, pensamos y somos capaces de llevar a cabo una amplia variedad de tareas y procesos mentales que nos diferencian del resto de animales, y nos convierten en seres únicos y excepcionales.
El cerebro humano es un órgano que se ubica dentro de la cabeza y está protegido por el cráneo. Se encarga de regular cada función vital del cuerpo y está compuesto por miles de millones de células nerviosas. El cerebro humano controla el pensamiento, el aprendizaje, la resolución de problemas, la memoria, el habla, la lectura y la escritura, entre otras funciones mentales.
El cerebro humano se suele asociar con la racionalidad que lo diferencia de los cerebros animales. Pero la teoría de los 3 cerebros sirve para explicar mejor la diferencia entre los instintos, las emociones y la racionalidad de los seres humanos.

Qué es el cerebro racional
El tercer cerebro es el racional o neocórtex y se ubica en la corteza cerebral. Es el más sofisticado de los tres cerebros porque realiza funciones cognitivas como el lenguaje, la reflexión, el pensamiento racional, el aprendizaje, la toma de decisiones, la planificación y la resolución de problemas.
La neocorteza, también llamada cerebro pensante, es la parte más reciente en la evolución del cerebro, así como es característica de los mamíferos más desarrollados, especialmente los humanos. Esta región abarca la mayor parte de la corteza cerebral y está asociada con funciones cognitivas superiores, como el pensamiento racional, la planificación, el lenguaje, la toma de decisiones y la conciencia de uno mismo.
Esto significa que la neocorteza permite procesar la información de manera compleja, resolver problemas y adaptarse a situaciones cambiantes del entorno.
La última capa, el cerebro cognitivo-ejecutivo o neocorteza (85% del volumen cerebral) se encuentra en el cerebro de los mamíferos superiores (los homínidos). La neocorteza es el asiento del pensamiento. Se activa siempre después que el sistema instintivo-emocional, es de acción lenta y da lugar a conductas reflexivas y conscientes.
El neocórtex es el hito evolutivo más reciente del desarrollo de nuestro cerebro. En esta estructura tan compleja reside la capacidad para aprender todos los matices de la realidad y de trazar los planes y las estrategias más complicadas y originales.
Funciones de la parte racional del cerebro
La parte racional del cerebro participa en numerosos procesos que requieren análisis, control consciente y elaboración de respuestas. Entre sus funciones principales se encuentran:
- Razonamiento: permite analizar información, comparar alternativas y establecer relaciones entre diferentes ideas.
- Pensamiento racional: ayuda a valorar los datos de forma consciente y deliberada.
- Planificación: permite anticipar situaciones, establecer objetivos y organizar los pasos necesarios para alcanzarlos.
- Toma de decisiones: interviene al evaluar opciones y sus posibles consecuencias.
- Resolución de problemas: facilita la búsqueda de estrategias para responder a dificultades nuevas o complejas.
- Lenguaje: participa en la comprensión y la producción del habla, así como en la lectura y la escritura.
- Aprendizaje: permite incorporar conocimientos y adaptarlos a distintas circunstancias.
- Autoobservación: hace posible analizar los propios pensamientos, emociones y conductas.
- Automotivación: contribuye a mantener una conducta orientada hacia objetivos.
- Control de los impulsos: ayuda a frenar o moderar respuestas automáticas que pueden resultar perjudiciales.
Son los responsables de las funciones cognitivas ejecutivas superiores: razonar, pensar, evaluar, vetar impulsos emocionales, tomar decisiones, hacer planes, trazar estrategias, autoobservación, automotivación, lenguaje.
El área responsable de nuestra inteligencia emocional ya que posee la capacidad de frenar los instintos emocionales perjudiciales, moderarlos, llevándolos de la expresión más primitiva hacia la más humana.
Los lóbulos prefrontales: el núcleo del control racional
El área que nos diferencia de las otras especies, y nos hace realmente humanos son los lóbulos prefrontales.
La neocorteza (en concreto, los lóbulos prefrontales) es la parte del cerebro que se encarga de las conductas más reflexivas y humanas. Pero esta zona necesita más tiempo para analizar toda la información entrante.
Por lo tanto, para que la neocorteza guíe nuestras conductas es imprescindible educar al cerebro y dotarle de herramientas que le permitan modular y gestionar los primeros impulsos procedentes del sistema instintivo emocional.
Esta capacidad de los lóbulos prefrontales de modelar las respuestas instintivo emocionales se denomina inteligencia emocional.
La segunda opción y la más humana es aquella en la que los lóbulos prefrontales realizan una evaluación reflexiva y ponderada de todos los datos, frenando o moderando los impulsos emocionales automáticos perjudiciales procedentes del sistema instintivo emocional, integrando el razonamiento con la emoción, dando lugar a respuestas conscientes más humanas.
Cómo se organiza el cerebro humano
Cada cerebro está dividido por 2 fisuras longitudinales que dan como resultado 2 hemisferios: el derecho y el izquierdo. El hemisferio derecho es responsable de controlar los músculos del lado izquierdo del cuerpo y el hemisferio izquierdo se encarga de controlar los músculos del lado derecho del cuerpo.
A su vez, cada hemisferio del cerebro tiene 4 lóbulos, que son zonas delimitadas por grandes surcos o cisuras: lóbulo frontal, lóbulo parietal, lóbulo temporal y lóbulo occipital.
La corteza cerebral, donde se encuentra la neocorteza, participa en las funciones cognitivas superiores. Dentro de ella, los lóbulos frontales y, especialmente, las regiones prefrontales, desempeñan un papel fundamental en la evaluación de la información y la regulación de la conducta.
El cerebro racional dentro del modelo del cerebro triuno
En 1960 el médico y neurocientífico estadounidense Paul MacLean propuso la teoría del cerebro triuno o triúnico, que consiste en un modelo para el cerebro y una vía para el entendimiento del comportamiento de los seres humanos.
Según MacLean, el cerebro de los seres humanos es en realidad tres cerebros en uno porque se divide en tres cuerpos separados o subsistemas que poseen una inteligencia, subjetividad y memoria propias; pero que, al mismo tiempo, interactúan entre sí para producir la conducta.
El cerebro triuno está compuesto por el cerebro instintivo o complejo reptiliano, el cerebro emocional o sistema límbico y el cerebro racional o neocórtex.
La idea del cerebro triple de Paul MacLean se fundamenta en la idea de que en el encéfalo humano habitan 3 sistemas cerebrales distintos, con sus propias lógicas de funcionamiento, y que cada uno de ellos ha ido apareciendo en nuestra línea evolutiva de manera secuencial, el uno sobre el otro.
En 1950, el neurocientífico Paul MacLean desarrolló la teoría del cerebro triuno, que explica que el cerebro humano actual está formado por la superposición evolutiva de tres cerebros.
Estos "tres cerebros en uno" no trabajan de manera independiente, sino que el cerebro funciona en red; las tres zonas están interconectadas.
| Sistema cerebral | Características principales | Funciones relacionadas |
|---|---|---|
| Cerebro instintivo o complejo reptiliano | Parte más antigua; respuestas rápidas, automáticas e impulsivas | Supervivencia, respiración, ritmo cardíaco, temperatura corporal y homeostasis |
| Cerebro emocional o sistema límbico | Centro de la emotividad y la motivación | Emociones, memoria, deseo, alegría, amor y comportamiento social |
| Cerebro racional o neocórtex | Parte más reciente; procesamiento lento, analítico y deliberado | Lenguaje, reflexión, planificación, decisiones, creatividad y resolución de problemas |
Relación entre el cerebro racional y el sistema instintivo-emocional
El primer cerebro es el instintivo, también conocido como complejo reptiliano. Fisiológicamente, este cerebro del instinto se ubica en el tallo cerebral y sus funciones se relacionan con la supervivencia humana. Un ejemplo de ello es la homeostasis, que es el estado de equilibrio que existe entre los sistemas del cuerpo para sobrevivir adecuadamente.
El segundo cerebro es el emocional o sistema límbico, conformado por el hipotálamo, la amígdala y el hipocampo, que se encargan de regular las respuestas emocionales y además contribuyen a la formación de la memoria.
Tanto el cerebro emocional como el cerebro reptiliano trabajan juntos para garantizar la supervivencia. Hablamos así del sistema instintivo-emocional.
El sistema instintivo emocional (cerebro reptiliano y cerebro límbico) es la parte del cerebro que se encarga de esta función, dando lugar a conductas impulsivas, inconscientes, automáticas y rápidas, en ocasiones, dañinas.
El cerebro emocional se vincula con la interacción entre los elementos del mundo interno y los del mundo externo, es decir, entre los estímulos del entorno y las funciones de supervivencia de los seres humanos, lo que da como resultado una emoción determinada.
El neocórtex también se encarga de regular las emociones más complejas que se generan en base a las percepciones o interpretaciones que realizamos de lo que nos rodea.
En conjunto, estos tres cerebros trabajan continuamente para equilibrar nuestras respuestas instintivas, emocionales y racionales en la vida cotidiana.
Respuesta rápida y pensamiento deliberado
En los últimos años, se han identificado diferentes sistemas en el cerebro humano que tienen un papel crucial en cómo pensamos y tomamos decisiones.
A la hora de entender cómo funciona nuestra mente y cómo llevamos a cabo la toma de decisiones, es fundamental tener en cuenta que ambos sistemas trabajan juntos y se complementan entre sí.
Este sistema, también considerado como el cerebro “emocional” de los seres humanos, es rápido, intuitivo, automático y, en muchos casos, subconsciente. Es el encargado de procesar información de forma rápida y sin esfuerzo consciente.
A la hora de accionar un comportamiento determinado, el Sistema 1 puede ser influido por estímulos o señales visuales y auditivas que se asocien con la tarea en cuestión.
Sin embargo, no todo son ventajas. Este sistema, debido a que está orientado a reducir a toda costa el tiempo y el esfuerzo cognitivo invertidos, en ocasiones hace uso de reglas o heurísticas que funcionan como atajos mentales.
El Sistema 2, en contraposición al anterior, hace referencia a la parte “racional” de nuestro cerebro. Se caracteriza por un procesamiento de la información lento, analítico y deliberado.
Se encarga de procesar información de forma consciente y, en consecuencia, su uso supone un gran esfuerzo mental.
El Sistema 2 puede ser influido por mensajes persuasivos que apelen a la propia racionalidad, y tengan el potencial de convencer a sus receptores de los beneficios de llevar a cabo determinada acción.
Por un lado, el Sistema 1 genera impresiones y sentimientos de forma automática y sin esfuerzo, y es la principal fuente de nuestras creencias y elecciones conscientes.
Por otro lado es importante tener en cuenta que, en ciertas situaciones que requieren de gran autocontrol y esfuerzo mental, es el Sistema 2 el que toma el control de nuestras acciones, anulando los impulsos del Sistema 1.
Aunque implica mayor esfuerzo y tiende a ser perezoso, su intervención resulta crucial para ejecutar con éxito este tipo de tareas.
Cómo llega la información a la parte racional del cerebro
Ante un estímulo externo de este tipo, la información ingresa al tálamo a través de los sentidos.
Desde el tálamo, la información llega en 125 ms a la amígdala (área del sistema instintivo emocional), donde es codificada como amenazante, placentera o neutra.
En el primer caso, una situación codificada como amenazante, se enciende la señal de alarma a nivel cerebral y se activa el sistema nervioso simpático, lo que produce un "rapto emocional" en el que los centros frontales son inhibidos y anulados y el sistema instintivo emocional toma el mando de la situación dando lugar a conductas reactivas, impulsivas, automáticas, inconscientes de tipo ataque o huida.
Si en ese momento, por aprendizaje, en vez de reaccionar, respiramos o contamos hasta diez, por ejemplo, damos tiempo a que la información llegue a través del camino largo a los lóbulos prefrontales, donde será evaluada y modulada, dando lugar a una respuesta reflexiva y consciente.
Tras 500 ms, la información, a través del camino largo, llega del tálamo a la corteza cerebral.
La segunda opción y la más humana es aquella en la que los lóbulos prefrontales realizan una evaluación reflexiva y ponderada de todos los datos, frenando o moderando los impulsos emocionales automáticos perjudiciales procedentes del sistema instintivo emocional, integrando el razonamiento con la emoción, dando lugar a respuestas conscientes más humanas.

Conducta reactiva y conducta reflexiva
A fin de facilitar todo este enredo cerebral, podemos resumir hablando de dos tipos de conducta.
La conducta reactiva o defensiva que viene gobernada por el sistema instintivo emocional (amígdala en caso de amenaza y núcleo accumbens en caso de placer). Se trata de una conducta impulsiva, inconsciente y automática.
El segundo tipo de conducta es la respuesta humana, reflexiva y ponderada.
Por desgracia, el tipo de conducta que predomina en nuestra sociedad a día de hoy es la reactiva. Y esto se debe en parte al estilo de vida que llevamos en el que el estrés, las prisas, la búsqueda rápida y fácil de resultados, la competitividad, el querer llevar la razón a toda costa, el rencor y el resentimiento nos rodean constantemente.
El cerebro racional no siempre consigue imponerse de inmediato a las respuestas automáticas. A pesar de ser el neocórtex mucho mayor en volumen que el sistema instintivo emocional, tiene menos poder que este último a la hora de controlar nuestras conductas, dando lugar a comportamientos impulsivos, de los cuales, en muchas ocasiones, nos arrepentimos.
No obstante, la capacidad de los lóbulos prefrontales de modelar las respuestas instintivo emocionales es una habilidad educable y entrenable.
El papel del aprendizaje y la autorregulación
Por lo tanto, es esencial educar el cerebro y proporcionar herramientas que permitan gestionar los primeros impulsos procedentes del sistema instintivo emocional.
Este conocimiento permite elegir libremente cómo actuar sin dejarse llevar por el primer impulso, evitando así consecuencias indeseables.
Los educadores podrán, de esta forma, dotar de herramientas a los niños para favorecer su auto observación, y su autoconocimiento y así, convertirse en dueños libres de sus conductas y decisiones, sin automatismos ni justificaciones.
Todo educador (padres, profesores, pediatras) debe conocer cómo funciona el cerebro para así dotar al niño de habilidades socioemocionales que le permitan actuar bajo el mandato de los lóbulos prefrontales.
El niño necesita de un adulto que le sirva de modelo para ir aprendiendo, poco a poco, a gestionar esos impulsos emocionales. El adulto en este caso, se convierte en "sus lóbulos prefrontales" todavía no completamente formados.
Desarrollo de la parte racional durante la infancia
Desde el nacimiento y durante los primeros tres años de vida, el sistema instintivo emocional se encuentra muy desarrollado, no así el sistema cognitivo ejecutivo.
Más concretamente, hasta el año de vida, el cerebro que rige la conducta del niño es el cerebro reptiliano. Actuará con el objetivo de cubrir sus necesidades básicas de hambre, frío, sueño... En este nivel, poco sirve razonar con el bebé que llora ya que no tiene desarrollado su parte racional. Solo queda ir satisfaciendo sus necesidades.
A partir del primer año, la parte emocional del cerebro convive con la reptiliana. La conducta del niño viene entonces guiada por este sistema, buscando en todo momento satisfacer sus necesidades de amor y seguridad, además de sus necesidades básicas.
Alrededor del tercer año de vida, el cerebro racional cobra cada vez más protagonismo en la vida y en las conductas del niño. Es entonces capaz de frenar los impulsos emocionales perjudiciales del sistema instintivo emocional.
Algunos estudios demuestran que en niños de cinco años ya se han desarrollado, parcialmente, algunas funciones ejecutivas como son la memoria de trabajo, la inhibición y la flexibilidad cognitiva.
Pero los lóbulos prefrontales no terminan de madurar hasta los 20-25 años, por lo que todavía necesita al adulto como guía de sus conductas.
El desarrollo cerebral depende de procesos lentos y continuos de intercambio con el medio y consigo mismo. Las conductas resultantes estarán acordes a ese desarrollo cerebral.
Es así que la función ejecutiva, que requiere de una maduración del lóbulo prefrontal y sus múltiples conexiones corticosubcorticales, no se manifestará de modo óptimo hasta la edad adulta.
Es por ello que en la infancia el autocontrol depende de otro que cumpla con la tarea ordenadora de la conducta, hasta tanto se desarrollen las bases neurofuncionales necesarias.
Un caso histórico sobre los lóbulos prefrontales
El primer caso en el que se observó una implicación directa de los lóbulos prefrontales en la conducta humana data de 1848, el famoso caso de Phineas Cage, descrito por el doctor Harlow.
Phineas Cage, obrero de ferrocarriles, era conocido por su amabilidad, responsabilidad, educación y buenas maneras.
Un accidente le perforó el cráneo en la zona del lóbulo prefrontal y el globo ocular con una barra de metal.
Sobrevivió al accidente, pero sufrió cambios notorios en su personalidad y temperamento.
Se volvió impulsivo, imprudente, irresponsable, irascible e impaciente.
El caso de Cage está considerado como una de las primeras pruebas científicas que sugerían que una lesión del lóbulo frontal podía alterar las capacidades sociales y conductuales y aspectos de la personalidad de la persona.
El intérprete del hemisferio izquierdo
A este nivel existen dos opciones si tenemos en cuenta la teoría del neurocientífico Gazzaniga.
Esta teoría, fundada en varios experimentos, explica que el cerebro humano (el hemisferio izquierdo, para ser exactos) contiene un "intérprete", esto es, un grupo de redes neuronales especializado en dotar de sentido y coherencia a las conductas inconscientes y automáticas del sistema instintivo emocional.
Es capaz de justificar cualquier tipo de conducta, incluso a costa de inventar parte de la historia.
La existencia del "intérprete" demuestra la necesidad que tenemos de convencernos y de convencer a los demás de la coherencia de nuestros actos impulsivos, automáticos e inconscientes.
Se trata de una herramienta humana muy potente, que nos hace estar seguros de lo que decimos, pensamos y hacemos.
Si no conocemos esta capacidad del lóbulo prefrontal izquierdo, creeremos que siempre actuamos correctamente, y que siempre tenemos razón, sin margen de duda y sin posibilidad de cambio.
Interacción entre los tres sistemas cerebrales
Cabe mencionar que los tres cerebros interactúan entre sí constantemente, están interconectados y se influyen de manera recíproca.
Las experiencias que vivimos y las respuestas emocionales consecuentes desencadenan reacciones en el cerebro reptiliano y límbico, mientras que la neocorteza regula y controla dichas respuestas.
A la hora de entender cómo funciona nuestra mente y cómo llevamos a cabo la toma de decisiones, es fundamental tener en cuenta que ambos sistemas trabajan juntos y se complementan entre sí.
Está claro que hay una enorme variabilidad entre los humanos.
Un estudio australiano quiso comprobar si realmente hay diferencias en nuestro cerebro según seamos más proclives a la racionalidad o a la emoción.
Esta investigación constató que existían diferencias físicas entre las personas cuyas respuestas demostraban ser más emocionales y las personas cuya tendencia era más racional.
Para llegar a esta conclusión midieron la diferencia de respuestas cerebrales entre las personas que mostraban empatía afectiva, referida a la capacidad que tiene el individuo para responder adecuadamente al estado emocional de otra persona; y cognitiva o capacidad de comprender lo que está pensando la otra persona.
Por tanto, se puede decir que disponemos de “dos cerebros” ya que cada uno de ellos tiene su propio sistema de registro.
No obstante, este equilibrio se puede romper cuando aparecen las pasiones o emociones fuertes, desbordando nuestra emoción y dejando inhabilitada a la razón.
En definitiva, la armonía que existe entre los tres tipos de cerebro es fundamental para regular nuestro bienestar y equilibrio emocional.
CORTEZA PREFRONTAL | ÁREAS DEL CEREBRO
Situaciones que exigen pensamiento racional
El Sistema 1 genera impresiones y sentimientos de forma automática y sin esfuerzo, y es la principal fuente de nuestras creencias y elecciones conscientes.
En ciertas situaciones que requieren de gran autocontrol y esfuerzo mental, es el Sistema 2 el que toma el control de nuestras acciones, anulando los impulsos del Sistema 1.
¿Crees que decidimos del mismo modo a la hora contratar una hipoteca, que de pedir comida a domicilio para cenar un sábado? ¿Y de elegir una universidad?
La contratación de una hipoteca, la elección de una universidad y otras decisiones con consecuencias a largo plazo requieren un procesamiento más lento, analítico y deliberado.
Como diseñadores de productos y servicios, uno de nuestros principales retos es ser capaces de entender qué sistema está al mando en cada momento, durante el recorrido o la experiencia de nuestros usuarios.