Algunas partes del cuerpo son más sensibles que otras, lo que las convierte en herramientas esenciales para nuestra capacidad de discernir los detalles más intrincados del mundo que nos rodea.
Esta capacidad es clave para nuestra supervivencia, ya que nos permite navegar con seguridad por nuestro entorno y comprender y responder rápidamente a nuevas situaciones.
Quizás no sea sorprendente que el cerebro dedique un espacio considerable a estas superficies sensibles de la piel que están especializadas para el tacto fino y discriminativo y que continuamente recopilan información detallada a través de las neuronas sensoriales que las inervan.
La intensidad del dolor corporal depende de diferentes factores como pueden ser la contextura física, el género, la capacidad de resistir dolor y la zona donde se produzca la molestia. Por ejemplo, las partes con menor porcentaje de músculo y aquellas donde se concentran las terminaciones nerviosas son las más sensibles al dolor.
El umbral del dolor es diferente en cada individuo, aunque los especialistas aseguran que hay algunas zonas más propensas a sentir un fuerte dolor que otras. La genética y factores hormonales también serán determinantes para soportar las molestias corporales.
Sensibilidad táctil y sensibilidad al dolor
La sensibilidad táctil y la sensibilidad al dolor no son exactamente lo mismo. Algunas zonas destacan porque permiten distinguir estímulos muy próximos, mientras que otras duelen especialmente cuando reciben un golpe debido a la falta de músculo, grasa o protección ósea.
Sin duda alguna, los dedos de la mano y, en concreto, el índice y el meñique son las zonas del cuerpo con mayor sensibilidad táctil.
Esto es así porque poseen a nivel dérmico un elevado número de receptores sensitivos que permiten discernir entre dos estímulos aplicados simultáneamente y separados entre sí sólo 1 ó 2 milímetros, como se aprecia en el gráfico inferior.
El típico rebote de una pelota que te da justo en la punta del dedo índice y te quieres morir del dolor. Según un estudio publicado en la revista 'Annals of Neurology', los extremos de los dedos son más sensibles que casi cualquier otra parte del cuerpo.
Pero no es que sean unos exagerados: al parecer, el área cerebral encargada de asimilar el dolor y enviar las señales del mismo cuenta con numerosos chivatos -los nervios- en los dedos.

Por qué algunas zonas están sobrerrepresentadas en el cerebro
Los científicos saben desde hace mucho tiempo que ciertas partes del cuerpo están sobrerrepresentadas en el cerebro, como lo muestra el mapa sensorial del cerebro, llamado homúnculo somatosensorial, un esquema de las partes del cuerpo humano y las áreas correspondientes del cerebro donde se procesan las señales de estas partes del cuerpo.
La impactante ilustración incluye manos y labios extragrandes como dibujos animados.
Pero, ¿cómo resulta la conexión entre las neuronas sensoriales y el cerebro en una piel tan exquisitamente sensible? Un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard ha revelado un mecanismo que puede ser la base de la mayor sensibilidad de ciertas regiones de la piel.
La investigación, realizada en ratones y publicada en la revista Cell, muestra que la sobrerrepresentación de las superficies sensibles de la piel en el cerebro se desarrolla en la adolescencia temprana y puede identificarse con el tronco encefálico.
Además, las neuronas sensoriales que pueblan las partes más sensibles de la piel y transmiten información al tallo cerebral forman más conexiones y más fuertes que las neuronas en las partes menos sensibles del cuerpo.
Regiones de piel sensible
Al principio del desarrollo, la piel sensible y sin pelo de la pata de un ratón estaba representada en proporción a la densidad de las neuronas sensoriales.
Sin embargo, entre la adolescencia y la edad adulta, esta piel sensible se volvió cada vez más sobrerrepresentada en el cerebro, aunque la densidad de las neuronas permaneció estable, un cambio que no se observó en la piel de las patas, menos sensible y vellosa.
“Esto inmediatamente nos dijo que hay algo más que la densidad de inervación de las células nerviosas en la piel para explicar esta sobrerrepresentación en el cerebro”, subrayó Ginty.
Anteriormente, se pensaba que la sobrerrepresentación de las regiones sensibles de la piel en el cerebro podría atribuirse a una mayor densidad de neuronas que inervan esas áreas de la piel.
Sin embargo, un trabajo anterior del laboratorio de Ginty reveló que, si bien la piel sensible contiene más neuronas, estas neuronas adicionales no son suficientes para tener en cuenta el espacio cerebral adicional.
“Nos dimos cuenta de que había un número bastante reducido de neuronas que inervaban la piel sensible en comparación con lo que esperaríamos”, destacó el coautor Brendan Lehnert, investigador en neurobiología, quien dirigió el estudio con Celine Santiago, también un investigador en el laboratorio de Ginty.
El papel del tronco encefálico
A continuación, el equipo determinó que el tallo cerebral, la región en la base del cerebro que transmite información de las neuronas sensoriales a regiones cerebrales de orden superior más sofisticadas, es el lugar donde se produce la representación ampliada de las superficies sensibles de la piel.
Este hallazgo llevó a los investigadores a una conclusión: la sobrerrepresentación de la piel sensible debe surgir de las conexiones entre las neuronas sensoriales y las neuronas del tronco encefálico.
Para investigar aún más, los científicos compararon las conexiones entre las neuronas sensoriales y las neuronas del tronco cerebral para diferentes tipos de piel de la pata.
Descubrieron que estas conexiones entre las neuronas eran más fuertes y numerosas para la piel sensible y sin pelo que para la piel menos sensible y con pelo.
Por lo tanto, concluyó el equipo, la fuerza y la cantidad de conexiones entre las neuronas juegan un papel clave en impulsar la sobrerrepresentación de la piel sensible en el cerebro.
Finalmente, incluso cuando las neuronas sensoriales en la piel sensible no fueron estimuladas, los ratones desarrollaron una representación expandida en el cerebro, lo que sugiere que el tipo de piel, en lugar de la estimulación táctil a lo largo del tiempo, causa estos cambios cerebrales.
Si bien el estudio se realizó en ratones, la sobrerrepresentación de las regiones sensibles de la piel en el cerebro se observa en los mamíferos, lo que sugiere que el mecanismo puede generalizarse a otras especies.
Desde una perspectiva evolutiva, los mamíferos tienen formas corporales muy variadas, lo que se traduce en sensibilidad en diferentes superficies de la piel.
Por ejemplo, los humanos tienen manos y labios muy sensibles, mientras que los cerdos exploran el mundo utilizando hocicos muy sensibles.
Por lo tanto, Ginty sostuvo que este mecanismo podría proporcionar la flexibilidad de desarrollo para que diferentes especies desarrollen sensibilidad en diferentes áreas.
Las partes del cuerpo más expuestas a golpes dolorosos
Con los dolores es difícil hacer un ranking de intensidad. Los médicos advierten que depende de muchos factores: genéticos, hormonales... y hasta de cuestiones emocionales, y que cada persona soporta mejor un tipo u otro.
Aún así, hay cierto consenso respecto a algunas partes del cuerpo en las que vemos las estrellas cuando nos dan un golpe porque están más desprotegidas de músculo o por concentrar muchas terminaciones nerviosas.
“En general, son las zonas más desprotegidas, en las que no hay musculatura o concentran más terminaciones nerviosas”, explica Ander Álava, especialista en Medicina Física y de Rehabilitación del vizcaíno Hospital San Juan de Dios.
| Zona | Por qué puede doler especialmente |
|---|---|
| Codo | El nervio cubital se encuentra muy cerca de la superficie. |
| Extremos de los dedos | Concentran numerosas terminaciones nerviosas. |
| Rodilla y tibia | Disponen de poco acolchado muscular y graso. |
| Coxis | Es una zona ósea poco protegida. |
| Córnea | Está muy expuesta y contiene muchas terminaciones nerviosas sensoriales. |
1. El codo y el nervio cubital
Habrás oído hablar de él cuando un inesperado golpe seco te ha hecho notar un escalofrío seguido de un intenso dolor hormigueante.
Se trata de un gran nervio que se encuentra en la parte posterior del codo y que cubre el húmero hasta llegar a la raíz de la mano.
Lo que ocurre es que el famoso hueso de la risa avisa al cerebro de que ha sufrido un dolor intenso, pero paralelamente el nervio también envía señales de dolor en la otra dirección.
Esto es, hacia tu mano y dedo.
Se encuentra en la parte posterior del codo y cubre el húmero hasta llegar a la raíz de la mano.
Como apenas hay grasa y músculo en la zona del codo, cuando nos damos un golpe, el nervio sensible al dolor se activa rápidamente.
2. La tibia
También rodeada de poco músculo y con apenas grasa en la zona, el hueso queda a la intemperie ante una patada o golpe.
¿Sabes esa sensación cuando te recorre un escalofrío porque te das con la pata de la mesa o la silla en la que estás sentado?
La tibia forma parte de las zonas similares al codo por su escasa protección y por la cercanía del hueso a la superficie.
3. La parte interior del pie
Si te dan una patada inesperada o tú mismo te golpeas la parte interior del pie de algún modo, contener el grito de dolor te va a resultar bastante complicado.
Además de estar menos fortalecido y entrenado, también cuenta con un refuerzo mucho más fino y los nervios que tiene debajo están más cerca de la superficie.
4. Los dedos de las manos
Estamos acostumbrados a ver las escenas de películas en las que cuando se tortura a una persona se le clavan astillas en las uñas.
Tiene su explicación. Un estudio publicado en la revista ‘Annals of Neurology’ colocaba los extremos de los dedos como uno de los puntos más sensibles del cuerpo, ya que están llenos de terminaciones nerviosas que envían señales de dolor directamente al cerebro.
Los dedos índice y meñique destacan por su elevada sensibilidad táctil, aunque los extremos de los dedos, en general, pueden reaccionar con gran intensidad ante golpes, cortes o presión.
5. La rodilla
Tanto si te das en la parte frontal como en la posterior, lo cierto es que la rodilla no cuenta con el suficiente acolchado.
En otras palabras: cuando nos damos un golpe fuerte en la rodilla, el cuerpo envía señales de dolor desde dos áreas por el precio de una.
La tibia y la rodilla figuran entre los puntos específicos del cuerpo que duelen más que otros al recibir un golpe.
6. El coxis
Zonas similares a esta son la tibia y la rodilla, el coxis o una mordedura en la lengua.
El coxis es una zona ósea especialmente vulnerable a los impactos directos, porque se encuentra en la parte inferior de la columna y no cuenta con una protección muscular abundante.
La espalda y la zona lumbar
Una de las zonas más habituales y sensibles al dolor es la espalda, más precisamente la zona lumbar.
Esta zona puede sufrir dolores por un mal movimiento, la vida sedentaria y la artrosis, como también por el paso del tiempo.
Es decir, casi todos están expuestos a sufrir un fuerte dolor en la zona lumbar.
“Los problemas de espalda son una de las causas más frecuentes del dolor, consecuencia del efecto del paso del tiempo, la artrosis, la vida sedentaria y el trabajo repetitivo. Y principalmente, en la zona lumbar”, destaca María Luisa Franco, especialista en Anestesiología y presidenta de la sección del Dolor en la Academia de Ciencias Médicas del País Vasco.
“En el 5% de los casos, el dolor de espalda se cronifica y es el responsable del 80% del gasto sanitario en cualquier país”, precisa esta especialista.
Los ataques de lumbago son muy invalidantes y ponen a prueba nuestra resistencia ante el dolor.
Se pueden combatir pero no solo con medicamentos.
“El paciente se debe implicar, hacer ejercicio es una parte imprescindible del tratamiento”, advierte María Luisa Franco.
Lumbalgia: 4 ejercicios para aliviar el dolor lumbar | Fisioincorpore
La córnea y el ojo
La córnea es otro punto débil.
Es la estructura más expuesta del ojo y concentra muchas terminaciones nerviosas sensoriales.
Una úlcera corneal es una de las patologías que provocan más dolor, apunta el especialista en Rehabilitación.
La piel facial es la parte del cuerpo más expuesta a agentes externos.
Es la parte de nuestro cuerpo que más sufre la exposición al sol y UV.
Los problemas en la piel facial y los signos de envejecimiento son muy visibles en la cara y pueden causar molestias significativas y afectar a la confianza de una persona.
La lengua y otras zonas delicadas
Una mordedura en la lengua puede producir un dolor intenso porque se trata de una zona con abundante sensibilidad y movimiento constante.
La lengua también participa en funciones esenciales como hablar, masticar y percibir sabores, por lo que una lesión en ella puede resultar especialmente molesta.
Dolores que pueden alcanzar una intensidad extrema
El doctor Ander Álava sitúa también las fracturas de huesos como una de las experiencias más duras, e incluso los esguinces de tobillo -que puede llegar a hacernos perder el conocimiento-.
Entre los primeros puestos de padecimientos intensos está la neuralgia del trigémino.
“Es un dolor terrible, de los peores”, completa la doctora María Luisa Franco.
Afecta el nervio trigémino, que transmite las sensaciones del rostro al cerebro.
Un estudio del Departamento de Medicina del Dolor de la Universidad de Stanford llegó a esa misma conclusión: “Es el peor dolor que puede sufrir un ser humano”.
Afecta más a las mujeres, por cierto.
¿Los hombres son más sensibles al dolor que las mujeres?
Como se menciona anteriormente, la genética también cumple un rol fundamental en la capacidad para resistir el dolor.
Existe un informe de las universidades canadienses de McGill University y Toronto que realizaron experimentos con ratones y humanos para develar la incógnita.
Primero comenzaron estudiando a ratones para conocer la hipersensibilidad al dolor que tenían.
Allí, observaron una gran diferencia en los niveles de los machos y las hembras.
Ante ello, decidieron expandir el experimento a pruebas humanas.
Para esta investigación citaron a 41 hombres y 38 mujeres entre 18 y 40 años.
Estas personas se reunieron en una habitación donde les aplicaron calor en el antebrazo para ver cómo reaccionaban a un dolor leve.
Luego, las personas debían calificarlo del 1 al 10, repetir el proceso con una intensidad de dolor mayor y volver al día siguiente.
Para esto, los pacientes se colocaron una pulsera que medía la tensión arterial.
Al volver al segundo día, los científicos detectaron que los hombres calificaron la prueba leve aún más dolorosa que el día anterior, algo que no ocurrió con las mujeres.
El segundo día de pruebas, tanto los humanos como los ratones machos presentaron estrés antes de volver a recibir calor en los brazos.
Este estrés causó una mayor sensibilidad al dolor, y esto se comprobó luego de que a los ratones se les otorgara un medicamento que bloquea la memoria.
Al no recordar el dolor leve sufrido el día anterior, los ratones volvieron a presentar los mismos niveles de dolor que tuvieron el primer día de pruebas.
“Nos propusimos hacer un experimento para observar la hipersensibilidad al dolor en ratones, y encontramos unas sorprendentes diferencias en los niveles de estrés entre los ratones machos y hembras.
Había razones para esperar una mayor sensibilidad al dolor el segundo día, pero no había ninguna razón para esperar que fuera específico para los hombres.
El cuero cabelludo, las manos y los pies
Para cuidar nuestro cuero cabelludo debemos masajear la cabeza con las yemas de los dedos y nunca con las uñas, este acto estimula la circulación sanguínea y mejora la oxigenación del cuero cabelludo.
Como nuestra principal herramienta de trabajo, durante el día pueden estar expuestas a productos agresivos para la piel como detergentes.
Otro factor que afecta negativamente al cuidado de nuestras manos es la humedad.
Nos lavamos las manos una media de 3 veces al día y, en estos días, esta cifra puede multiplicarse por 5.
La piel de las manos puede irritarse por el contacto repetido con agua, detergentes y otros productos agresivos.
Piel especialmente sensible asociado a la sudoración.
Son zonas más expuestas a la humedad y a la proliferación bacteriana.
Hay zonas que sufren mayor impacto y resecan la piel.
Estas zonas son de las más perjudicadas ya que sirven de apoyo y están en contacto con superficies por lo que hacen que la piel se dañe más.
Qué determina que una zona sea delicada
- La cantidad de terminaciones nerviosas.
- La cercanía de los nervios a la superficie de la piel.
- La escasez de músculo y grasa.
- La exposición constante a golpes, fricción, humedad o agentes externos.
- La función que cumple la zona en el tacto, el movimiento o la protección.
- La genética, los factores hormonales y la capacidad individual para resistir el dolor.
- Las cuestiones emocionales e incluso culturales.
Los investigadores quieren investigar cómo las diferentes regiones de la piel le dicen a las neuronas que las inervan que adquieran diferentes propiedades, como formar más conexiones y más fuertes cuando inervan la piel sensible.
“¿Cuáles son las señales?”, se preguntó Ginty.
“Esa es una gran, gran pregunta mecanicista”.
Además, los hallazgos, aunque fundamentales, algún día podrían ayudar a aclarar las anomalías táctiles observadas en ciertos trastornos del desarrollo neurológico en humanos.
Y aunque Lehnert describió el estudio como puramente impulsado por la curiosidad, señaló que existe una clase predominante de trastornos del neurodesarrollo en humanos llamados trastornos de coordinación del desarrollo que afectan la conexión entre los receptores táctiles y el cerebro, y por lo tanto podrían beneficiarse de dilucidar más la interacción entre los dos.