Pan, trabajo, justicia y libertad: las luchas de los pobladores en dictadura

Pan, trabajo, justicia y libertad. Las luchas de los pobladores en dictadura (1973-1990) es un análisis político, desde una mirada histórica, sobre la situación de los movimientos sociales y los partidos políticos durante la dictadura en Chile; en particular sobre los pobladores, sus distintas fases de reorganización y sus críticas relaciones con los partidos políticos.

Los pobladores de Santiago vivieron, bajo la dictadura, un período crucial de su historia, una etapa altamente movilizadora y creativa, en que alcanzaron un inusitado protagonismo social y político, y se convirtieron, además, en una referencia obligada para la oposición política a los militares. Los pobladores, en una primera etapa, pudieron reencontrarse y reorganizarse en los lugares y programas solidarios que se generaron desde la Iglesia Católica entre 1973 y 1983, aproximadamente.

Desde estos espacios dieron vida a numerosas iniciativas comunitarias para hacer frente a la emergencia económica, social y política creada por la dictadura, que se expresó tanto en la represión como en el incremento de la pobreza. En una segunda etapa, estuvieron entre los más activos y confrontacionales, cuando la oposición a la dictadura fue capaz de poner en marcha sucesivas «Jornadas de Protestas Nacionales» entre los años 1983 y 1986.

En ellas adquirieron mayor visibilidad tanto las mujeres como los jóvenes pobladores, quienes asumieron un rol protagónico en la protesta social que desestabilizó a la dictadura y preparó las condiciones para el retorno a la democracia. Esta investigación histórica y política se enfoca en las distintas fases de organización exhibida durante la dictadura militar (1973-1990) por los pobladores, centrales para el movimiento social y la desestabilización con que se contribuyó a recuperar la democracia.

Una historia social de los pobladores

La historia del movimiento de pobladores es una historia que ha estado marginada, tal como lo reconoce Mario Garcés y, que la historiografía se ha preocupado poco. Hablar de poblador muchas veces ha quedado reducido como “sector popular urbano” o parte de una “clase obrera” empobrecida y urbana.

Es justo a partir de ese primer vacío historiográfico es que este autor busca reconstruir, visibilizar y ser parte de una historia de resistencia, pero también aportar al conocimiento histórico, de lo que fue la dictadura cívico-militar chilena. En el transcurso del siglo XX, la historia social, y sobre todo la historia centrada en los estudios de los sectores populares, se ha visto enriquecida por los aportes de Mario Garcés.

Tal como demuestra el autor, a mediados de la década de 1960 el concepto ‘poblador’ emerge de las ciencias sociales para comprender los fenómenos ocurridos por las oleadas migratorias desde las zonas rurales y el aumento importante de la urbanización en Chile. Los pobres urbanos habrían tenido “cabida” dentro del amplio espectro que comprende el concepto de ‘sectores populares’.

Sin embargo, Mario Garcés ha buscado demostrar el aporte significativo de los pobladores como un sujeto políticamente activo en el territorio y con sus propias propuestas y resistencias políticas en determinados periodos históricos de nuestro país. Así, por ejemplo, entre 1957-1970 los pobladores habrían desarrollado un movimiento popular sin precedentes, donde se acusaba las faltas de políticas públicas respecto de la situación habitacional, pero también, más profundamente, en todas las carencias de este grupo social.

La dictadura, por otra parte, es un tema que no ha estado ajeno a la agenda investigativa del autor: en sus obras ya se han trabajado conceptos relacionados a la resistencia, la memoria y el territorio. Los pobladores, su resistencia a la dictadura y el desarrollo de las capacidades organizativas y políticas de los sectores populares en el territorio son el tema central que trabaja en esta nueva obra.

Objetivos y tesis central del libro

Propone para este libro develar dos objetivos: por una parte, Pan trabajo… es una historia de los pobladores, aquel grupo pobre urbano que ha hecho del territorio su gestor identitario de sus demandas y necesidades; pero, también, considerar y ampliar el concepto ‘clase popular’, al integrar a los pobladores como un sujeto capaz de configurar movimientos sociales de alta significación política (p. 13).

Por otro lado, es la historia de los pobladores en dictadura. Es decir, una historia de resistencia y lo que el autor ha planteado como “un gran ciclo de movilizaciones que se logró articular en torno a la solidaridad comunitaria y la cultura popular y que se habría convertido en una expresión activa del descontento social y de lucha activa encaminada a derrotar la dictadura” (p. 19).

El libro está compuesto por cuatro capítulos, cada uno de ellos con objetivos independientes, pero que se inscriben en demostrar la capacidad organizativa de los pobladores y cómo esta capacidad organizativa nacida de la “territorialidad” se transformó en resistencia a la dictadura cívico-militar, de manera paralela o “independiente” a los partidos políticos de izquierda de la década de 1970 y al proyecto político de la Unidad Popular.

PeriodoProceso principalRasgos destacados
1973-1982Reconstrucción del tejido socialReorganización territorial, solidaridad comunitaria y acción de la Iglesia
1983-1986Protestas nacionalesProtagonismo de pobladores, mujeres y jóvenes
Década de 1980Relaciones entre partidos y pobladoresDebates sobre las estrategias de oposición y el retorno a la democracia

En el texto se reconocen dos periodos importantes que se relacionan entre los conceptos trabajados de ‘dictadura’ y ‘poblador’: una fase que es denominada de “reconstrucción del tejido social”, entre 1973 y 1982, y “las protestas nacionales”, entre 1983-1986.

El golpe de Estado y la ruptura del tejido social

En el primer capítulo “Movimientos sociales y partidos políticos: entre la dictadura y el retorno a la democracia (1973-199)”, el autor se propone analizar y describir el contexto político de los pobladores y las organizaciones políticas que asumieron la resistencia hacia el régimen. También describe el periodo como la reconstrucción del tejido político social, que se habría “quebrado” desde el golpe y, por consiguiente, habrían perdido capacidad organizativa en los primeros años posterior a 1973.

Se pone énfasis en la configuración de la Alianza Democrática (AD), Movimiento Democrático Popular (MDP) y Bloque Socialista (BS) como parte de las organizaciones opositoras al régimen, y cómo estas habrían interactuado -y contrastando en parte- las relaciones que se dieron entre las acciones políticas de los pobladores y las organizaciones política resistentes.

El recorrido del capítulo responde a una secuencia temporal, entre la reconstrucción política resistente de las organizaciones y las acciones concretas de los pobladores. Finalmente, Mario Garcés reconoce que las acciones de los pobladores “resultaron ser los más activos en la lucha contra la dictadura” (p. 37).

El análisis termina con una crítica -que el autor profundizará en el cuarto capítulo- sobre las acciones políticas pendientes de las agrupaciones de izquierda y que asumieron ser una postura de oposición a la dictadura.

Villa Francia: el derrumbe de una experiencia de poder popular

El día del golpe, en Villa Francia, un pequeño grupo de jóvenes dirigentes del Comité de Abastecimiento Popular (CAP) decidió vender la mercadería que aún mantenían almacenada en su bodega. La acción comenzó muy ordenada, pero lentamente se fue generando un pequeño tumulto que fue creciendo en la medida que se divulgaba la noticia de lo que estaba ocurriendo: “los vecinos comenzaron a perder la calma, estiraban sus manos con el dinero y se les entregaba casi a tientas algún producto, el desorden fue en aumento y pronto se transformó en caos. Dentro del pequeño local no cabía más gente”.

El mesón colapsó y algunos vecinos “fuera de control quebraron botellas, y con el gollete en la mano amenazaron a los dirigentes, quienes huyeron por una puerta exterior. echaron andar para alejarse del lugar que había representado la máxima expresión del poder popular en Villa Francia durante el gobierno de Allende. Todo había terminado”.

Como indica Eugenio Cabrera, protagonista de los sucesos que narramos como líder juvenil del CAP y actualmente historiador de Villa Francia, se comenzaba a vivir otro tiempo histórico con los bandos militares que repetían las radios al servicio de los militares, y algunos grupos, incluidos los pobladores de Villa Francia, celebraban el golpe cantando e insultaban a los vecinos más reconocidos como partidarios de la Unidad Popular.

Sin embargo, algunos militantes de izquierda se reunieron y buscaron algunas formas de organización para defender al “gobierno popular”. En la escuela de la población instalaron altoparlantes por medio de los cuales convocaban a la población a la defensa del gobierno.

Una y otra vez resonaba la voz de Margarita, una joven militante que invitaba a los pobladores a reunirse y a resistir. Otra vecina, militante del Partido Socialista, recolectaba elementos para hacer curaciones y atender a los heridos de la probable resistencia.

Otros vecinos juntaban botellas para hacer bombas molotov y se especulaba sobre la posibilidad de atacar a un tanque con estos medios. Esa noche, a oscuras, y con toque de queda vigente, un grupo de unos cincuenta vecinos se reunió en la escuela y uno de los dirigentes hizo un breve recuento del golpe, de lo acontecido durante el día y de la probabilidad de que llegaran armas para defender al gobierno.

También preguntó quiénes de los de allí reunidos contaban con experiencia con las armas o si habían disparado alguna vez. Sólo un joven contestó; el resto guardó silencio. Como comenta Eugenio Cabrera, “era un dramático testimonio de la real capacidad que existía para defender al gobierno y el proceso bárbaramente interrumpido”.

La Legua: movilización, enfrentamientos y represión

Hay que agregar que esa misma noche se reunieron algunos miembros de la comunidad cristiana en la casa del sacerdote Mariano Puga, donde se confirmó la muerte de Allende, se realizó una pequeña liturgia, y luego se retiraron a sus casas en pleno toque de queda.

En la población La Legua, don Luis Durán, dirigente histórico del Partido Comunista en La Legua, recuerda que desde temprano los legüinos trataban de informarse de lo que estaba ocurriendo, que la gente se reunía, “pero sin saber qué hacer, o estaban indecisos de ir al centro, porque la locomoción ya no pasaba”.

Y mientras permanecían en las calles, vieron aparecer a un grupo de jóvenes armados que se enfrentaron con carabineros, “pero los carabineros se fueron, no sé, se arrancaron, pero después volvieron, pero más preparados, volvieron por acá, por Álvarez de Toledo, con una micra de carabineros”.

Margarita, hija de don Luis, que estudiaba en el Pedagógico, fue a clases esa mañana, pero ya al mediodía se encontraba en casa de su padre; allí se reunió con su pareja, Luis Orellana, almorzaron, y luego decidieron salir y caminar hacia Legua de Emergencia por la calle Comandante Riesle.

Por el camino se encontraron con una columna de militantes socialistas, que dirigía Amoldo Camú, encargado militar del Partido Socialista, al que ambos conocían. Luis Orellana le indicó al grupo que no dispararan, que “la zona es toda de izquierda y que hay harta gente en la calle en ese momento”.

La columna se desplazó hacia la industria Sumar-sección Poliéster, donde trabajadores armados disparaban y lograron impactar a un helicóptero, que fue averiado y se vio obligado a devolverse hacia la Base Aérea de El Bosque.

Una vez reorganizadas las fuerzas en Sumar, decidieron desplazarse hacia la industria Madeco, cruzando nuevamente la población La Legua. Durante la tarde se registraron al menos dos enfrentamientos, el más importante en calle Los Copihues, donde un joven del grupo de los socialistas impactó con una bazuca a un bus de carabineros, produciéndose varios heridos.

Según los relatos de carabineros, el tiro solo rompió el vidrio delantero del bus, pero luego los enfrentamiento s continuaron y el bus resultó completamente destruido. y cuando ingresó una ambulancia de carabineros, que rescató solo a uniformados y se negó a trasladar civiles, también fue atacada.

Según Margarita Durán, entre los legüinos más activos estuvieron jóvenes militantes del PC, unos quince aproximadamente, la mayoría de los cuales fue ejecutado o hecho desaparecer en los días posteriores al golpe.

Pero también la población se mostró muy movilizada: Participa mucha gente cuando ve toda esta cosa muy activa, que vienen estos militantes, que viene esta columna, y después del enfrentamiento mismo la gente es muy solidaria, toman armas, digamos, los chicos mirando [ . ] La población participó como en pleno, como abriéndole las puertas a los compañeros, como ayudándolos, como haciéndoles coartadas para que entraran, una cosa así impresionante, yo te digo, nunca lo hubiera esperado de cierta gente que ni siquiera era de izquierda, pero había una cosa como de conciencia de clase”.

Luego de los enfrentamientos, según nos relató Margarita Durán, vino un compás de espera, en que todavía algunas personas pensaban que La Legua podía ser una zona liberada. Sin embargo, la realidad era muy distinta, La Legua era un caso aislado, y las energías de los militantes que permanecieron en la población, se orientaron a esconder armas y personas.

En los días siguientes comenzó a correr el rumor de que La Legua sería bombardeada, lo que hizo que algunos pobladores abandonaran el barrio buscando refugio en casas de familiares de otras poblaciones. La incertidumbre se prolongó hasta el día 16 de septiembre, en que La Legua fue allanada, previo vuelo rasante de aviones, con un enorme dispositivo policiaco-militar”.

Santa Adriana: los primeros relatos de la represión

En la población Santa Adriana, por los testimonios que conocemos, los pobladores fueron testigos de una serie de sucesos represivos que marcaron la historia de la población.

Como indica la historiadora Nicole Acevedo, los primeros relatos que escuchó sobre el golpe fueron los que le proporcionó su madre: “Ella me contó que ese día, como cada mañana, los miembros de su familia se dirigían al trabajo cuando los sorprendió un cerco de agentes militares en Callejón Lo Ovalle con Ochagavía (actual Avenida José Joaquín Prieto).

La intersección estaba bloqueada por un número importante de efectivos con armamento de guerra, lo que impidió que los pobladores pudieran transitar por esas calles. Arriba, en la Carretera Panamericana Sur, se situaban francotiradores que apuntaban en distintas direcciones.

Mis abuelos, mis tías y mi madre tuvieron que devolverse a la casa en un clima de incertidumbre”.

La Iglesia y la reconstrucción del tejido social

En el segundo capítulo del libro -“Los pobladores: el golpe de Estado, la reconstrucción del tejido social y la acción de la iglesia en las poblaciones (1973-1982)”- el autor desarrolla el “grueso investigativo” de la situación de los pobladores en Santiago.

Se propone la reconstrucción histórica por medio de entrevista, apelación a la memoria y la historia oral. El capítulo se concentra en función de las experiencias de los pobladores y la capacidad de solidaridad surgida entre los pobladores, y las condiciones de represión y exclusión política y social experimentada por la dictadura, lo que, a su vez, trajo mayor pobreza (p. 59).

En relación con dicho contexto, el autor propone que la Iglesia representó un papel fundamental en cuanto a la solidaridad con las poblaciones, la reconstrucción de la capacidad organizativa e, incluso, en asumir posturas claras sobre las protestas de los familiares de detenidos desaparecidos y la violación de los DD.HH.

En este capítulo se contrasta la acción que tuvo la Iglesia en diversos espacios territoriales, que el autor dividió en etapas que se desarrollaron entre el golpe y 1982, pero que concluyó en un apoyo fundamental a las poblaciones que sufrieron la mayor represión de la dictadura.

A modo general, este apartado está dividido en dos objetivos implícitos: por un lado, el papel desempeñado por la Iglesia y su acción en diversas realidades territoriales de los pobladores; pero también contextualizar, describir y analizar el contexto socio-políticos de las poblaciones Lo Hermida, Villa Francia, Pablo Neruda, Malaquías Concha, Santa Adriana y La Legua, por nombrar algunas, en el golpe, y de qué manera este afectó en la profundización de la exclusión, la represión y la pobreza.

El capítulo se construye a partir de una cantidad importante de entrevistas, documentos y discusión historiográfica, transformándolo en un aporte significativo desde la historia social a la memoria e historia del pasado reciente chileno.

Mario Garcés concluye el apartado considerando que las acciones de reorganización políticas realizadas por los pobladores en sus territorios se habrían transformado en “la nueva realidad”, caracterizadas por la solidaridad, y reconstruyendo el movimiento popular chileno como un actor capaz de oponerse a la dictadura (p. 117).

Las poblaciones como espacios de organización y resistencia

Los pobladores, en una primera etapa, pudieron reencontrarse y reorganizarse en los lugares y programas solidarios que se generaron desde la Iglesia Católica entre 1973 y 1983, aproximadamente. Desde estos espacios dieron vida a numerosas iniciativas comunitarias para hacer frente a la emergencia económica, social y política creada por la dictadura, que se expresó tanto en la represión como en el incremento de la pobreza.

Los Centros de Apoyo, las ONG y la Educación Popular formaron parte de ese proceso de reconstrucción. La solidaridad comunitaria permitió recuperar vínculos, organizar respuestas frente a la pobreza y sostener iniciativas sociales en territorios sometidos a la vigilancia, la exclusión y la represión.

La capacidad organizativa nacida de la “territorialidad” se transformó en resistencia a la dictadura cívico-militar, de manera paralela o “independiente” a los partidos políticos de izquierda de la década de 1970 y al proyecto político de la Unidad Popular.

Las Protestas Nacionales y el protagonismo popular

En el tercer capítulo -“Las protestas nacionales, los pobladores y la búsqueda de una salida política a la dictadura (1983-1986)”- el autor centra su atención en los efectos políticos en los pobladores de la Constitución de 1980, marcada como una Constitución “autoritaria y neoliberal”, pero también, en “los efectos de la crisis recesiva de la economía”.

Ambos factores habrían sido determinantes a la hora de iniciar las manifestaciones y las protestas en contra de la dictadura, en la cual, los pobladores (sectores populares) habrían desarrollado un papel protagónico.

Este apartado, transcurre desde la descripción de las protestas nacionales desde un perspectiva del protagonismo popular, hacia la descripción de las diversas jornadas de protesta. El autor analiza y describe los eventos que fueron desarrollándose entre 1982-1986, haciendo un constante hincapié en su propuesta central, “los pobladores fueron sujetos activos políticamente y su oposición al régimen se centró en el rechazo de la violencia y la represión”.

Se documenta ávidamente el escenario político que están viviendo los pobladores. Para ello, se rescata el aporte de los jóvenes, las mujeres y diversas agrupaciones territoriales, que habrían sido el verdadero soporte de la resistencia (p. 150).

Como en todo el libro, el contraste entre lo hecho por los pobladores y el aporte de las comunidades cristianas, se imbrica en el escenario de “resistencia” del poblador, apoyando la hipótesis de que en Chile hubo una resistencia a la dictadura, donde los pobladores, por medio de la solidaridad marcada en el territorio, lograron ser un actor social de primer orden para hacer visible el descontento con el régimen pinochetista (p. 180).

Mujeres y jóvenes pobladores

En ellas adquirieron mayor visibilidad tanto las mujeres como los jóvenes pobladores, quienes asumieron un rol protagónico en la protesta social que desestabilizó a la dictadura y preparó las condiciones para el retorno a la democracia.

Se rescata el aporte de los jóvenes, las mujeres y diversas agrupaciones territoriales, que habrían sido el verdadero soporte de la resistencia (p. 150). Las protestas nacionales permitieron que experiencias construidas en los territorios adquirieran una dimensión política más amplia.

El protagonismo juvenil y el movimiento de mujeres forman parte de los aspectos analizados en el tercer capítulo, junto con el “año decisivo” y la represión a los pobladores en ese tiempo, las detenciones y otras formas de represión.

Las relaciones críticas entre partidos y pobladores

Finalmente en el cuarto y último apartado -“Las críticas relaciones de los partidos políticos con los pobladores en los años ochenta”- centra su análisis en el papel desempeñado por las agrupaciones partidistas de izquierda y que se trasformaron en opositoras al régimen de Agusto Pinochet.

En su análisis, el autor busca comprender el vínculo entre los partidos de izquierda y las agrupaciones políticas territoriales de los pobladores. A partir justamente de esas relaciones es que el autor desarrolla una crítica respecto a cómo operaron y cuáles fueron los alcances de la izquierda como una “oposición efectiva a la dictadura”.

Mario Garcés establece que los partidos se terminaron agrupando en dos sectores políticos con énfasis distintos; es decir, algunos orientados en reconstruir el tejido social y otros en un accionar directo con motivo de derrocar al régimen (p. 207).

El texto termina con una crítica de carácter teórico a la izquierda chilena de la década de 1980, en cuanto a que hubo una incapacidad de comprender de manera amplia el concepto ‘clase popular’ incluyendo a los pobladores -tal como quedó demostrado en el presente libro reseñado- en la cual se apeló a conceptos tradicionales, pragmáticos y que tenían una perspectiva “clasista”.

La transición a la democracia y los movimientos sociales

Entre los aspectos analizados destacan en el primer capítulo: Reconstrucción del tejido social y la izquierda; Las Protestas Nacionales; El fracaso del “año decisivo; Camino al plebiscito de 1988; La transición a la democracia y los movimientos sociales.

El libro examina la relación entre las movilizaciones territoriales, las estrategias de los partidos opositores y la búsqueda de una salida política a la dictadura. Los pobladores aparecen como actores centrales de un proceso que vinculó solidaridad, organización comunitaria, protesta social y disputa política.

Los pobladores de Santiago vivieron, bajo la dictadura, un período crucial de su historia, una etapa altamente movilizadora y creativa, en que alcanzaron un inusitado protagonismo social y político, y se convirtieron, además, en una referencia obligada para la oposición política a los militares.

Estructura y ficha técnica

DatoInformación
TítuloPan, trabajo, justicia y libertad. Las luchas de los pobladores en dictadura
AutorMario Garcés
EditorialLom ediciones
Categoría literariaCiencias sociales y humanidades
Género literarioHistoria y Política
Año de publicación2019
Número de páginas232 páginas
ISBN978-956-00-1233-3
Formato16 x 21 cm.
Peso415 gramos

Contenidos principales

  • Reconstrucción del tejido social y la izquierda.
  • Las Protestas Nacionales.
  • El fracaso del “año decisivo”.
  • Camino al plebiscito de 1988.
  • La transición a la democracia y los movimientos sociales.
  • Los pobladores y el golpe de Estado.
  • La acción social y política de la Iglesia.
  • La reconstrucción del tejido social en las poblaciones.
  • Herminda de La Victoria y El Montijo Sur.
  • Huechuraba, La Legua, Malaquías Concha y Santa Adriana.
  • Los Centros de Apoyo, las ONG y la Educación Popular.
  • El protagonismo juvenil.
  • El movimiento de mujeres.
  • El “año decisivo” y la represión a los pobladores.
  • Las detenciones y otras formas de represión.

Mario Garcés (Santiago, 1952) tiene una decena de libros publicados, el último de los cuales es Estallido social y una nueva constitución para Chile. Pan, Trabajo… es una publicación que, sin duda alguna, abrirá nuevos espacios de discusión y enriquecerá el conocimiento histórico tanto de los sectores populares marginados -incluso por las mismas corrientes marxistas de la época- como de los pobladores; pero, también, sobre la dictadura, en cuanto se constituye como un texto de memoria de quienes resistieron por medio de la solidaridad y el territorio.

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