El Pabellón de Alemania, también conocido como Pabellón Barcelona o Pabellón Mies van der Rohe, es una de las obras más relevantes de la arquitectura moderna. Fue diseñado por Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reich para representar a Alemania durante la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, celebrada en la montaña de Montjuïc.
Fiel a la filosofía de sencillez y minimalismo de Mies van der Rohe, ocupa un lugar pequeño y discreto dentro de la enormidad del parque de Montjuïc, pero su importancia artística y arquitectónica tiene un alcance mundial. El edificio se convirtió en la presentación al mundo del movimiento arquitectónico moderno y continúa siendo un espacio de referencia para comprender la modernidad arquitectónica.

Origen del Pabellón Alemán
En 1929 se celebraba la Exposición Internacional de Barcelona, donde participaron distintos países para mostrar sus innovaciones y propuestas artísticas. Para la ocasión, la ciudad catalana se engalanó con una variedad de nuevos y grandiosos edificios de estilo clásico. Y, en ese grandilocuente escenario, los arquitectos alemanes Mies van der Rohe y Lilly Reich idearon el pabellón que habría de representar a Alemania.
El Pabellón Alemán fue diseñado por Ludwig Mies van der Rohe en el año 1929 como la obra de representación Alemana para la Exposición Internacional de Barcelona celebrada en Montjuic ese mismo año. El Pabellón se concibió como un recinto de modestas dimensiones y refinados materiales.
Fue concebido para albergar la recepción oficial presidida por el rey Alfonso XIII junto a las autoridades alemanas. En su apertura en 1929, el Pabellón Mies van Der Rohe fue elegido para albergar la recepción oficial presidida por el rey Alfonso XIII, la reina Victoria Eugenia y ciertas autoridades llegadas de Alemania.
Originalmente llamado Pabellón Alemán, posteriormente renombrado Pabellón de Barcelona, fue la tarjeta de presentación de Alemania después de la Primera Guerra Mundial, emulando el progreso dentro de la cultura moderna de una nación que todavía tenía sus raíces en la historia clásica.
| Elemento | Información |
|---|---|
| Autoría | Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reich |
| Construcción original | 1929 |
| Exposición | Exposición Internacional de Barcelona |
| Ubicación | Montjuïc, Barcelona |
| Reconstrucción | 1983-1986 |
| Arquitectos de la reconstrucción | Ignasi de Solà-Morales, Fernando Ramos y Cristián Cirici |
Una obra decisiva para la arquitectura moderna
Las sencillas líneas del Pabellón Barcelona y su corte minimalista resultaron completamente rompedores en la España del momento, e introdujeron en la ciudad la verdadera arquitectura de vanguardia. Con paredes enteras de vidrio, muros de preciosos mármoles y brillantes acabados, el edificio de Ludwig Mies van Der Rohe evocó pura modernidad.
El Pabellón Alemán representa una nueva manera de concebir el espacio, completamente distinta de la tradicional y coherente con las posibilidades que ofrecen las nuevas estructuras de pilares metálicos. Mies lleva esta innovación constructiva al límite de sus posibilidades visuales permitiendo que los muros de cerramiento se distribuyan libremente por toda la planta.
Es un edificio importante en la historia de la arquitectura moderna, ya que en él se plasman todas las ideas del entonces naciente Movimiento Moderno con más libertad que en otras obras, su única función era difundir estas nuevas ideas, así como el uso de nuevos materiales y técnicas en la construcción.
El pabellón, junto a obras como la Bauhaus, de Walter Gropius y la Villa Savoye, de Le Corbusier, es uno de los edificios fundamentales de la arquitectura moderna. El Pabellón Alemán de Mies van der Rohe es uno de los ejemplos más inspiradores de la arquitectura moderna siglo XX ¡Es una obra maestra de la arquitectura!
El pabellón debe leerse como un manifiesto que determinará toda la arquitectura posterior de Mies e influirá en las sucesivas generaciones de arquitectos modernos. El edificio sintetiza el ideal de modernidad a través de la precisión constructiva y la claridad espacial.
Espacio, estructura y fluidez
Una pureza de formas casi minimalista caracteriza su disposición y diseño. La impresión total es la de un espacio lujoso creado por planos perpendiculares en las tres dimensiones.
El Pabellón define sus espacios mediante el juego ortogonal de planos desplazados, los muros se disponen de tal modo que generan una absoluta fluidez espacial en el interior del edificio. Los muros de cerramiento no siguen una distribución convencional, sino que se colocan libremente en la planta para organizar las vistas, los recorridos y las relaciones entre los distintos espacios.
La estructura se crea con ocho pilares de acero en forma de cruz que sostienen una cubierta plana. Completan la obra unas paredes interiores, exentas de la estructura y grandes cristaleras.
En las zonas interiores, la cubierta se sostiene sobre 8 pilares metálicos cruciformes separados de los muros de tal forma que sea evidente que estos no tienen la función de carga sino que intervienen como definidores y organizadores del espacio.
Los ocho pilares cruciformes están forrados en acero cromado. La separación entre los pilares y los muros hace visible la independencia entre estructura y cerramiento, una de las características esenciales de la concepción espacial del edificio.
El diseño consiste en una única estancia que se abre al exterior con grandes cristaleras. El edificio, además, carece de puertas, teniendo así un acceso directo al exterior. Realmente, el Pabellón de Mies van der Rohe es solamente una pequeña habitación pero, al desdibujarse los límites entre interiores y exteriores, el espacio resulta verdaderamente amplio.

La cubierta y la sensación de ingravidez
Cada aspecto del Pabellón Alemán tiene la importancia arquitectónica que se puede ver en el advenimiento de la arquitectura moderna en el siglo XX, sin embargo, uno de los aspectos más importantes del pabellón es el techo.
El perfil bajo de la cubierta aparece en la elevación como un plano que flota por encima del volumen interior. La estructura del techo está soportada por ocho columnas cruciformes delgadas que le permiten transmitir la sensación de flotar sobre el volumen a la vez que libera el interior para permitir un plano abierto.
El Pabellón de Barcelona tiene una baja orientación horizontal que se acentúa con el techo también bajo y plano que pareciera flotar tanto en el interior como en el exterior. Este carácter se ve reforzado por los grandes voladizos de la cubierta y la ligereza de las columnas de acero que relacionan estos planos y crean un efecto de ingravidez.
Al elevar el pabellón sobre un pedestal conjuntamente con el perfil estrecho del sitio, se acentúa la horizontalidad del edificio. Las horizontales se acentúan con los grandes voladizos, descubriendo el edificio como algo fluido.
El recorrido arquitectónico y las vistas enmarcadas
La poca altura de la construcción estrecha la línea de visión del visitante, forzando a adaptarse a las vistas enmarcadas por Mies. El interior del pabellón se compone de lugares creados por las paredes que trabajan conjuntamente con los planos bajos del techo para estimular el movimiento, así como para activar el paseo arquitectónico de Mies.
En este recorrido, las vistas enmarcadas inducirán el movimiento a través del estrecho paso que se abre a un volumen mayor. El visitante no percibe el edificio como una sala única y estática, sino como una sucesión de espacios que se descubren progresivamente.
El patio de recepción, definido por el área de acceso y lugar donde se ubica el espejo de agua, establece una interesante relación entre la opacidad de los muros, el reflejo del agua y la transparencia de la cristalera del pabellón, una esquina que marca el acceso al recinto.
El patio trasero completa la composición espacial. El pabellón ha sido diseñado como una composición proporcional en el que el interior se yuxtapone a dos espejos de agua.
Los patios y los espejos de agua
Entorno al edificio, dos estanques poco profundos refrescan el espacio. El espejo de agua más pequeño se encuentra justo detrás del espacio interior permitiendo que la luz se filtre a través del volumen interior, iluminando los adoquines de mármol y travertino.
El espejo de agua superficial más grande complementa el volumen, ya que se extiende por el resto del plano exterior. La presencia de las láminas de agua amplía visualmente el conjunto y multiplica los reflejos de la arquitectura.
Otro aspecto remarcable del pabellón es la selección de materiales de gran calidad y colores muy intensos, así como la introducción de dos láminas de agua en los espacios exteriores.
En este lugar se crea una interesante relación entre la opacidad de los muros, el reflejo del agua y la transparencia de la cristalera del pabellón. El agua no funciona únicamente como elemento decorativo, sino también como parte de la composición espacial y perceptiva.

Materiales: vidrio, acero y mármol
Vidrio, acero y cuatro clases de mármol, estaban destinados a albergar la recepción oficial presidida por el rey Alfonso XIII junto a las autoridades alemanas.
La originalidad en el uso de los materiales siempre destacada en la obra, no radica en la novedad de los mismos sino en el ideal de modernidad que representaban y su aplicación rigurosa, en cuanto a su geometría, de la precisión de sus piezas y de la claridad de su montaje.
Para la reconstrucción del pabellón se utilizaron grandes superficies de vidrio, acero de alto contenido en cromo, hormigón armado, piedra y cuatro tipos diferentes de mármol, el travertino romano, el mármol verde de los Alpes, el mármol verde antiguo de Grecia y el ónice doré del Atlas en África, todos ellos con las mismas características y procedencia que los utilizados originalmente por Mies en 1929.
| Material | Aplicación o procedencia |
|---|---|
| Travertino romano | Zócalo, paredes exteriores, suelos, bancos y patios |
| Mármol verde de los Alpes | Revestimientos interiores y composiciones murales |
| Mármol verde antiguo de Grecia | Revestimientos de gran intensidad cromática |
| Ónice doré del Atlas en África | Superficies interiores y muros de piedra |
| Vidrio | Grandes superficies y cerramientos transparentes |
| Acero cromado | Pilares cruciformes y elementos estructurales |
Conjuntamente con el diseño, los materiales son los que otorgan al Pabellón su verdadera esencia arquitectónica, así como las cualidades etéreas y experimentales que el pabellón encarna.
El vidrio y el acero dan marco y cubren las paredes levantadas con los grandes bloques de mármol, que por si mismos se convierten en la “obra de arte” del pabellón, con sus magníficos colores y dibujos.
La combinación de las distintas piedras, que contrastan con las formas sencillas de la arquitectura y los acabados reflectantes del cristal y el acero cromado, aportan interés a todo el espacio. Al fin y al cabo, no hay decoraciones, solo el bello contraste de los materiales.
El travertino romano
Sin embargo, el material más utilizado en este caso es el travertino italiano, que envuelve el zócalo y las paredes exteriores junto al espejo de agua.
El pabellón se apoya sobre un zócalo de mármol travertino romano clásico, material que se repite a lo largo del patio de recepción, tanto en el suelo, las paredes y el largo banco que recorre todo la pared paralela al estanque de agua.
Cuando se expone al sol, el travertino se ilumina como si dispusiera de una fuente secundaria de luz que disuelve la piedra natural y la llena de luz sobre el espacio.
El mármol y el diseño de las superficies
La aplicación que Mies le da al mármol se crea a través de un proceso de separación, llamado “brochado”, que crea una partición simétrica, que ya se encuentra en el material.
Los muros de mármol no son simples cerramientos. Sus vetas, colores y dibujos participan activamente en la percepción del espacio y convierten las superficies en elementos visuales de primer orden.
Influencias artísticas y arquitectónicas
Fruto del continuo análisis al que ha sido expuesto a lo largo de los años, se le atribuyen distintas influencias entre las que destacan el particular gusto de su creador por la arquitectura tradicional japonesa, el suprematismo y el neoplasticismo.
Bruno Zevi lleva a cabo una investigación donde sitúa estéticamente la arquitectura del pabellón dentro del neoplasticismo, un movimiento anticlásico del que Mies formaba parte.
El dinamismo de los planos horizontales y verticales del pabellón responde claramente a los principios estéticos de este movimiento de vanguardia y se contrapone claramente a la concepción estática del arte grecorromano.
Para conseguirlo, y por extraño que pueda parecer, Mies Van der Rohe se nutrió del estilo clásico, utilizando en las paredes un tipo de mármol muy habitual en los templos romanos y optando por un suelo que recuerda al de algunos templos clásicos.
El resultado combina referencias históricas y una concepción espacial radicalmente moderna. La tradición aparece en los materiales y en ciertas asociaciones formales, mientras que la estructura, la transparencia y la libertad de los planos pertenecen plenamente a la arquitectura de vanguardia.
El Pabellón como prototipo de vivienda
Contra la opinión generalizada, este pabellón también debería leerse como un nuevo prototipo de vivienda que Mies ha ido presentando sucesivamente en distintas exposiciones internacionales: la Glasraum en Stuttgart, 1927; el Pabellón Alemán en Barcelona, 1929; y la Casa para un Soltero en Berlín, 1931.
Todas ellas son variaciones de una nueva tipología de casas patio. La organización del pabellón, basada en planos libres, patios y una relación continua entre interior y exterior, permite interpretarlo no solo como un espacio representativo, sino también como una investigación sobre nuevas formas de habitar.
La escultura de Georg Kolbe
En una esquina se encuentra la estatua de “Alba o la Mañana” de Georg Kolbe. La escultura es una réplica perfectamente realizada de la que, bajo el nombre de «Amanecer», realizó el escultor George Kolbe para el pabellón original.
Una experiencia distinta se tiene si se aproxima por la parte posterior del pabellón, en cuyo caso la escultura aparecerá como punto focal. En cualquier caso, la imagen de la estatua se multiplica en los reflejos del mármol, agua y los cristales.
La escultura está magistralmente situada en un extremo del estanque pequeño, en un punto donde no solamente se refleja en el agua sino también en el mármol y en los cristales, dando la sensación de que se multiplica en el espacio y contrastando sus líneas curvas con la pureza geométrica del edificio.

La Silla Barcelona
Mies van der Rohe diseñó, especialmente para el Pabellón, una silla forrada con piel clara y perfil metálico plateado que, con el tiempo, se convirtió en un icono del diseño moderno.
Como parte del proyecto, Mies van Der Rohe y Lilly Reich introdujeron también el diseño de una silla -la famosa Silla Barcelona-, que encajaba a la perfección con la estética minimalista del interior.
Perfiles de acero cromado y dos cojines de piel, constituyen esta silla que todavía hoy es utilizada por diseñadores de interiores de todo el mundo.
Su posición junto al estanque pequeño refuerza el diálogo entre mobiliario, arquitectura, agua y reflejos. La silla no aparece como un objeto aislado, sino como parte de una composición espacial cuidadosamente controlada.

Desmontaje y reconstrucción
El Pabellón Mies van der Rohe fue derruido tras la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Fue desmontado al finalizar la exposición, 1930, pero con el tiempo esta obra se convirtió en un referente clave para la historia de la arquitectura del siglo XX, así como para la trayectoria de Mies van der Rohe.
La primera propuesta de reconstrucción del pabellón de Alemania fue realizada en el propio Mies van der Rohe por parte del Grupo R, que recibió la respuesta entusiasta del arquitecto, pero el proyecto no prosperó por el desinterés de la Administración.
Hay una segunda propuesta de Joan Bassegoda i Nonell del año 1964, y diez años más tarde el profesor Fernando Ramos organizó un seminario destinado a conocer exhaustivamente el edificio, ya que originariamente apenas había un proyecto.
En los años 50, Oriol Bohigas se puso en contacto con Mies van der Rohe para reconstruir el pabellón de Barcelona. Mies dio su consentimiento y estaba dispuesto a llevarlo a cabo personalmente, sin embargo no autorizó la reconstrucción del monumento a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo porque no respetaba el emplazamiento original.
En 1980, e impulsado por el arquitecto catalán Oriol Bohigas, se empezó a gestar en el ayuntamiento la idea de reconstruir el edificio en su emplazamiento original.
La propuesta definitiva nace en 1981, cuando algunos estudiosos e historiadores ya tienen un conocimiento bastante completo de los materiales archivados en Barcelona, Berlín, Nueva York y Chicago.
Este conocimiento, además de algunas hipótesis de trabajo y del análisis de los restos encontrados en el mismo sitio, pudo garantizar la rigurosa fidelidad de la reconstrucción, basada en el edificio original y no tanto en los planos redibujados que había hecho el propio Mies por encargo de Werner Blaser.
Ignasi de Solà-Morales, Fernando Ramos y Cristián Cirici completaron la reconstrucción en 1986, con motivo del centenario del nacimiento de Mies.
El Pabellón Mies van der Rohe, fiel a su filosofía de sencillez y minimalismo, fue reconstruido en 1986 en su emplazamiento original. La reconstrucción se aparta del original en aspectos tales como la impermeabilización de la cubierta, la recogida de aguas o la seguridad.
Hoy, el edificio que se puede visitar es una réplica exacta de la obra original en su forma, materiales y organización espacial, aunque incorpora las adaptaciones técnicas necesarias para su conservación y funcionamiento contemporáneo.
La sede actual y su función cultural
Actualmente el edificio es la sede de la Fundación Mies van der Rohe y funciona como un pequeño salón de actos para eventos con poco aforo.
El Pavellón Mies van der Rohe, símbolo del Movimiento Moderno, es una pieza clave de la arquitectura del siglo XX. Reconstruido en 1986 en su emplazamiento original, sigue siendo un espacio de referencia para comprender la modernidad arquitectónica.
Su influencia no se limita a la arquitectura. El edificio ha inspirado innumerables construcciones y viviendas a lo largo de las décadas, además de convertirse en un referente para arquitectos, diseñadores de interiores y estudiosos de la historia del diseño.
¿Dónde está el Pabellón Barcelona?
La construcción fue ubicada a los pies del Museo Nacional de Arte de Cataluña, en una estrecha franja de terreno en la parte oeste de la Plaza de Carles Buigas, en un espacio transversal al gran eje de Montjuic, ciudad de Barcelona, Catalunya, España.
El Pabellón forma parte del complejo de Montjuïc y se encuentra en uno de los principales conjuntos culturales y arquitectónicos de Barcelona.
Cómo visitar el Pabellón Alemán
Si planeas una visita a la capital catalana, no te puedes perder el Pabellón Mies van Der Rohe. Parte del complejo de Montjuic, la mejor manera de llegar al Pabellón Alemán es en metro, Estación Espanya, líneas 1 y 3, o autobús.
El Pabellón Barcelona está abierto a diario de 10 am a 8 pm y la entrada general cuesta 9 euros, a excepción de los meses de invierno, entre noviembre y febrero, cuando cierra a las 6 pm.
| Modalidad | Precio o condición |
|---|---|
| Entrada general | 9 € |
| Entrada reducida | 5 € |
| Grupos | 7 € por persona |
| Visita especializada de arquitectura | 115 € |
| Primer domingo de mes | Gratuita |
Entrada reducida
- estudiantes
- personas en situación de desempleo
- Targeta Rosa Reduïda
- Targeta Família Nombrosa
Entrada para grupos y descuentos
Los grupos tienen un precio de 7 € por persona, con un mínimo de 15 personas y con reserva previa obligatoria.
Se aplica un descuento del 25 % a los titulares de billete de bus turístico, tarjeta BCN Card y billete Barcelona City Tour, así como a los arquitectos colegiados en el COAC y a los miembros de Docomomo Internacional.
Entrada gratuita
- primer domingo de mes
- menores de 16 años
- carné del ICOM
- guías turísticos profesionales y periodistas en ejercicio
- Passi Metropolità d’Acompanyant d’un Discapacitat
- profesorado de enseñanza reglada con grupos de alumnos
- carné de la Associació Museòlegs de Catalunya
- Targeta Rosa Gratuïta
- estudiantes de primaria, secundaria, bachillerato y ciclos formativos de centros educativos catalanes en visita concertada en horario lectivo
- titulares de la tarjeta acreditativa de discapacidad de la Generalitat de Catalunya
- 23 de abril, Sant Jordi
- 24 de septiembre, La Mercè
En caso de baremo de tercera persona reconocido, el acompañante también accede gratuitamente.
Los horarios, tarifas y condiciones de acceso pueden estar sujetos a cambios según la programación y las normas vigentes de la Fundación Mies van der Rohe.
¿Quién fue Mies van der Rohe?
El arquitecto alemán-estadounidense Ludwig Mies van Der Rohe, 1886, Aachen, Alemania-1969, Chicago, Estados Unidos, es una de las grandes figuras de la arquitectura del siglo XX.
A lo largo de su carrera, desarrolló un estilo de vanguardia, basado en premisas minimalistas, apostando siempre por la idea “menos es más”. Fue director de la escuela de arte Bauhaus y, en general, es considerado como uno de los pioneros de la arquitectura moderna.
Mies van der Rohe, al igual que Gropius, fue director de la Bauhaus y ambos se exiliaron a EE.UU en 1937 ante la consolidación del nacionalsocialismo.
Su evolución seguirá dos modelos: una tipología como el pabellón cercana al minimalismo como la Casa Farnsworth, 1949, y otra tipología son sus rascacielos como cajas de cristal como el edificio Seagram.
El Pabellón Alemán de Barcelona es la única obra de Mies van der Rohe en España y concentra muchas de las ideas que definieron su trayectoria: simetría perfecta, espacios diáfanos, claridad, sencillez y minimalismo.