Según la definición utilizada por la Organización Mundial de la Salud, una droga es toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce alguna alteración del funcionamiento natural del sistema nervioso central y puede crear dependencia psicológica, física o ambas.
Para la Organización Panamericana de la Salud, las sustancias psicoactivas son compuestos naturales o sintéticos que actúan sobre el sistema nervioso central y producen alteraciones en los procesos que regulan los pensamientos, las emociones, la percepción y el comportamiento. Esta categoría incluye drogas ilícitas, medicamentos con potencial de uso indebido y sustancias legales como el alcohol, el tabaco o algunos solventes industriales.
El consumo de drogas constituye un problema de salud pública porque puede producir intoxicación, deterioro de la coordinación, alteraciones cognitivas, lesiones, violencia, conductas sexuales de riesgo, enfermedades infecciosas, trastornos mentales, discapacidad y muerte prematura. Sin embargo, los problemas causados por las drogas y los trastornos por consumo de sustancias son prevenibles y tratables.
Qué entiende la OPS por sustancias psicoactivas
Las sustancias psicoactivas son diversos compuestos naturales o sintéticos, que actúan sobre el sistema nervioso generando alteraciones en las funciones que regulan pensamientos, emociones y el comportamiento.
Existen regulaciones para el control y fiscalización del uso de estas sustancias, ya sea para uso recreativo, como el alcohol o el tabaco; para uso farmacológico, como los tranquilizantes o analgésicos opiáceos, o de uso general, como los solventes industriales.
Hay un grupo cuyo uso es considerado ilícito y solo autorizado con fines médicos o de investigación, como el caso de la cocaína y sus derivados.
Las drogas son sustancias químicas que alteran el funcionamiento normal del cuerpo y mente al entrar. Este es un fenómeno global complejo y multifacético que ha capturado la atención de la sociedad durante décadas y requiere de una comprensión profunda.
Droga, consumo y trastorno por consumo de sustancias
El uso de sustancias psicoactivas siempre implica un grado de riesgo de sufrir consecuencias adversas sobre distintos órganos y sistemas, las cuales pueden darse en el corto plazo, como en el caso de la intoxicación, la cual incrementa el riesgo de lesiones por accidentes o agresión, así como conductas sexuales en condiciones inseguras.
El uso repetido o prolongado puede conducir al desarrollo de trastornos por consumo de sustancias, que son trastornos crónicos caracterizados por la pérdida de control sobre el consumo, la necesidad intensa de la sustancia y la persistencia del uso a pesar de sus consecuencias negativas para la salud, las relaciones sociales, el desempeño académico o laboral y el bienestar general.
El uso repetido y prolongado en el tiempo de estas sustancias, favorece el desarrollo de trastornos por dependencia, que son trastornos crónicos y recurrentes, caracterizados por necesidad intensa de la sustancia y pérdida de la capacidad de controlar su consumo, a pesar de consecuencias adversas en el estado de salud o en el funcionamiento interpersonal, familiar, académico, laboral o legal.
Los trastornos por consumo de drogas se refieren a afecciones en las que el consumo repetido de sustancias psicoactivas -como opioides, cocaína, anfetaminas o cannabis- provoca un deterioro significativo de la salud física, la salud mental o el funcionamiento cotidiano.
Estos trastornos pueden incluir dependencia, consumo perjudicial, síntomas de abstinencia y complicaciones médicas relacionadas con las drogas. Los trastornos por consumo de opioides implican el consumo problemático o perjudicial de opioides -incluidos medicamentos analgésicos recetados, heroína y opioides sintéticos como el fentanilo- que conlleva dependencia, riesgo de sobredosis y otras consecuencias graves para la salud.
La dependencia no es una falla moral
Cuando en la década de 1930 comenzó a estudiarse el comportamiento adictivo, se creía que las personas adictas carecían de fuerza de voluntad y moral, por esa razón la sociedad veía el consumo de drogas como una falla moral antes que un problema de salud, lo que llevó a enfatizar el castigo en lugar de la prevención y el tratamiento.
Gracias a la ciencia y descubrimientos innovadores sobre el cerebro nuestras respuestas a la adicción y a la mayor diversidad de trastornos por el consumo de drogas han cambiado radicalmente.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es una enfermedad física y psicoemocional que crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación.
El término adicción generalmente es asociado con comportamientos y hábitos perjudiciales para la salud del individuo (salud mental, social y física) pues implica una dependencia compulsiva.
Cómo se clasifican las drogas
Las drogas se clasifican, según sus efectos en depresoras, estimulantes y alucinógenas.
Las drogas se clasifican según su función y el rol que desempeñan en la sociedad. Algunas se utilizan con fines médicos para controlar síntomas, aliviar el dolor o tratar enfermedades.
Son prescritas por profesionales conociendo la situación y por lo mismo consideradas seguras y efectivas cuando son utilizadas de manera correcta, de tal manera que en el sentido más amplio del término los medicamentos son considerados como drogas, pues afectan el comportamiento del cuerpo.
El abuso de medicamentos recetados o la automedicación puede tener riesgos en la salud y efectos secundarios no deseados.
Drogas depresoras
Las drogas depresoras disminuyen la actividad del sistema nervioso central y pueden producir somnolencia, relajación, confusión y deterioro de la coordinación. Entre ellas se encuentran el alcohol, los sedantes, los hipnóticos y algunos analgésicos opioides.
Los sedantes, los hipnóticos y las píldoras para dormir incluyen medicamentos como benzodiazepinas y compuestos relacionados. Estas sustancias son depresoras del sistema nervioso central y suelen recetarse para tratar el insomnio, la ansiedad y otros trastornos del estado de ánimo, así como para el manejo de espasmos musculares, crisis convulsivas y traumatismos.
Los sedantes y los hipnóticos pueden causar problemas, en particular cuando se usan con más frecuencia o en dosis más elevadas de lo prescrito, pueden provocar problemas de salud o dependencia.
Los síntomas de abstinencia incluyen: ansiedad severa y pánico, insomnio, depresión, cefalea, sudor y fiebre, náuseas, vómitos y convulsiones.
Las sobredosis de benzodiazepinas por sí solas raramente causan la muerte. Sin embargo, cuando se combinan otras sustancias depresoras como el alcohol, opioides u otros sedantes, el riesgo de sobredosis y muerte aumenta significativamente.
Su uso se puede asociar con:
- Cefaleas
- Confusión, somnolencia y mareos
- Depresión
Drogas estimulantes
Las drogas estimulantes son aquellas que afectan nuestra actividad cerebral y por lo tanto el sistema nervioso central. Se aumenta temporalmente el estado de alerta, la capacidad de concentración y la energía del individuo.
Un ejemplo de esto es la cafeína, la cual se encuentra naturalmente en plantas como el té, el cacao o el café y también se puede producir de manera sintética, es una de las sustancias psicoactivas más consumidas en el mundo.
Si bien puede tener beneficios, también al igual que todo si se consume en exceso nos puede llegar a afectar. Sabemos que todos los cuerpos son diferentes y la sensibilidad a la cafeína no es la excepción, algunas personas pueden consumir grandes cantidades sin experimentar ningún cambio negativo, mientras que otras pueden ser mucho más sensibles.
Los estimulantes de tipo anfetamínico incluyen sustancias como anfetamina, dexanfetamina, metanfetamina y MDMA (éxtasis). Estas sustancias actúan sobre el sistema nervioso central produciendo efectos estimulantes.
Su consumo puede generar efectos adversos para la salud física y mental, especialmente cuando se utilizan de forma repetida o en dosis elevadas.
Drogas alucinógenas y psicodélicas
Las drogas psicodélicas son aquellas que alteran profundamente la conciencia y el pensamiento, sustancias como los hongos psilocibios o el LSD.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se caracterizan por su capacidad de producir distorsiones en las sensaciones y alterar marcadamente el estado de ánimo y los procesos de pensamiento.
Incluyen sustancias de una amplia variedad de fuentes naturales y sintéticas, y son estructuralmente diferentes a otras sustancias psicoactivas.
Es conocido por su capacidad para alterar profundamente la percepción, el pensamiento y las emociones de una persona por esa razón es una sustancia ilegal en muchos países y sus posibles riesgos para la salud mental.
El uso de LSD puede ser peligroso, especialmente en dosis elevadas o en situaciones controladas.
Drogas recreativas y medicamentos
Las drogas recreativas son aquellas que al consumirlas alteran el estado de ánimo de la persona o la percepción de la realidad con el fin de obtener placer, se encuentran por ejemplo la marihuana, el alcohol y la cocaína.
El consumo de drogas es un tema complejo y depende de diversos factores. En términos generales, se considera justificable cuando está respaldado por razones médicas legítimas y supervisión profesional, situaciones como tratar, aliviar o prevenir enfermedades y trastornos.
Factores que determinan el daño
El daño asociado al uso de sustancias psicoactivas depende de la interacción de múltiples factores, tales como:
- El tipo de sustancia utilizada
- La forma y frecuencia de consumo
- Las características biológicas y psicológicas de la persona
- El contexto social, económico y cultural en el que ocurre el consumo
El daño asociado al uso de sustancias psicoactivas, a corto o a largo plazo, depende de la interacción de un conjunto de factores, tales como el tipo de sustancia y la forma de consumo, las características personales, físicas y psicológicas, del consumidor, pero también del contexto social en el que se produce el consumo.
Hay sustancias que tienden a ser más adictivas que otras por la forma en la que interactúan con el cuerpo y esto es más complejo de lo que parece pues la adicción involucra factores psicológicos, ambientales, culturales, biológicos e incluso genéticos.
Las consecuencias pueden incluir problemas de salud física y mental, sobredosis, lesiones, enfermedades infecciosas, discapacidad y muerte prematura.
Principales consecuencias para la salud pública
El consumo de drogas es un problema de salud pública; se asocia con violencia familiar, escolar, laboral y social, disminución de la salud física y mental, así como de la calidad y el tiempo de vida, en general, afecta a toda la población, aunque representa mayor peligro para niños y jóvenes.
Las drogas impactan en múltiples esferas, afectan el desarrollo económico y social, aumentan los costos de atención a la salud al asociarse con lesiones y con más de 60 enfermedades infecciosas (i.e., vih, hepatitis B y C) y crónicas (cirrosis, cardiovasculares, cáncer, enfermedades mentales, etc.).
Tienen una manifestación visible en diferentes formas de violencia que puede estar asociada con el crimen organizado, con actividades delictivas vinculadas con la adquisición de drogas en el mercado ilegal o inducidas por la intoxicación con sustancias psicoactivas.
El uso continuo de drogas puede causar dependencia y discapacidad además de problemas crónicos de salud.
Las consecuencias sociales del uso perjudicial o dependencia de drogas llegan mucho más allá del usuario y afectan a sus familias y a otras relaciones personales.
Una adicción puede tener un impacto profundo, devastador y negativo en la vida de la persona que la experimenta pues puede conducirlos a presentar comportamientos erráticos, problemas financieros, bajo rendimiento laboral y educativo (la productividad disminuye en la lucha), les puede conducir a la desintegración de las relaciones familiares, problemas legales, cambios de humor, aislamiento social que contribuye a la alienación, riesgo de comportamientos peligrosos y ruptura de relaciones, como resultado se pueden presentar conflictos y falta de confianza.
Algunas sustancias tienen el potencial de aumentar la violencia en algunas personas, es una relación compleja y es influenciada por varios factores, un ejemplo es el alcohol que puede afectar el juicio y contribuir a comportamientos impulsivos.
Las consecuencias varían según el tipo de droga, la cantidad consumida y la frecuencia de uso.
Consecuencias según el tipo de droga
Cannabis
El cannabis es la droga ilícita más consumida en el mundo. Se estima que alrededor de 228 millones de personas consumieron cannabis en el último año, lo que representa la mayor proporción del consumo mundial de drogas ilícitas.
En la Región de las Américas, el cannabis representa una proporción importante de los trastornos por consumo de drogas. Se estima que el 31,5% de los trastornos por consumo de drogas están relacionados con el cannabis, lo que lo convierte en la segunda sustancia más frecuente asociada a estos trastornos después de los opioides.
Entre las personas con trastornos por uso de sustancias en la Región:
- 36.0% de los hombres presentan trastornos relacionados con cannabis
- 25.7% de las mujeres presentan trastornos relacionados con cannabis
El consumo es más frecuente entre personas jóvenes, siendo el grupo de 15 a 24 años el más afectado en términos de incidencia de trastornos por consumo de drogas.
Aunque la mortalidad directa por sobredosis de cannabis es poco frecuente, su consumo puede asociarse con diversos efectos adversos para la salud, especialmente cuando se inicia a edades tempranas o se combina con otras sustancias.
La intoxicación aguda con cannabis se asocia con un mayor riesgo de:
- Ansiedad
- Deterioro de la atención y la memoria
- Disforia
- Mayor riesgo de sufrir accidentes y traumatismos
- Náuseas
- Pánico
- Paranoia
Estos efectos también pueden incluir deterioro psicomotor, lo que aumenta el riesgo de lesiones accidentales, accidentes de tránsito y errores en actividades que requieren coordinación y precisión.
El riesgo puede aumentar cuando el cannabis se consume junto con alcohol u otras sustancias.
El THC puede inducir síntomas psiquiátricos, incluyendo ansiedad, paranoia y síntomas psicóticos, incluso en personas sanas.
Estos efectos pueden ser más intensos en personas con vulnerabilidad previa a trastornos de salud mental y cuando se consumen productos con mayor concentración de THC.
El consumo de cannabis durante la adolescencia puede interferir con los procesos de maduración cerebral, aumentando la vulnerabilidad a problemas cognitivos, dependencia y trastornos de salud mental.
En las últimas décadas se ha documentado un aumento en la concentración de THC en los productos de cannabis y una diversificación de las formas de consumo, incluyendo extractos, comestibles y productos para vaporización.
Estos cambios pueden aumentar los riesgos para la salud, especialmente entre adolescentes, jóvenes y personas con vulnerabilidad a trastornos de salud mental.
Cocaína
La cocaína es un estimulante potente del sistema nervioso central asociado con múltiples efectos para la salud física y mental.
Su consumo puede provocar una amplia gama de complicaciones médicas, así como conductas de riesgo que aumentan la probabilidad de lesiones, violencia y transmisión de infecciones, incluidas infecciones de transmisión sexual y virus transmitidos por la sangre.
En la Región de las Américas, los trastornos por consumo de cocaína representan una proporción importante de la carga de enfermedad asociada al uso de sustancias psicoactivas.
Se estima que:
- 15.4% de la prevalencia de trastornos por consumo de drogas están asociadas a la cocaína
- 12.0% de las muertes relacionadas con trastornos por uso de sustancias se atribuyen a esta sustancia
- 10.6% de los años de vida ajustados por discapacidad (DALYs) asociados a estos trastornos están vinculados al consumo de cocaína.
La cocaína es la tercera sustancia que más contribuye a la carga total de trastornos por uso de sustancias en la región, después de los opioides y el cannabis.
El consumo de cocaína puede producir efectos adversos para la salud.
Entre las complicaciones más relevantes se encuentran:
- Toxicidad aguda y sobredosis
- Arritmias y otras complicaciones cardiovasculares
- Infarto agudo de miocardio
El consumo frecuente también puede provocar psicosis inducida por sustancias, caracterizada por paranoia, agitación y alteraciones de la percepción.
La combinación de cocaína con alcohol aumenta significativamente la toxicidad cardiovascular y hepática, debido a la formación de metabolitos con mayor potencial tóxico.
Los problemas físicos más comunes asociados con el consumo de cocaína incluyen:
- Agotamiento
- Cefaleas
- Disminución de la inmunidad a las infecciones
- Entumecimiento y/u hormigueo
- La persona se rasca o hurga la piel en forma repetida
- Mayor riesgo de sufrir accidentes y traumatismos
- Pérdida de peso
- Piel fría y húmeda
Los problemas psicológicos pueden incluir:
- Ansiedad
- Comportamiento violento o agresivo
- Depresión
- Deterioro de la memoria
- Dificultad para conciliar el sueño
- Fluctuaciones del estado de ánimo
- Paranoia
Estimulantes de tipo anfetamínico
En la Región de las Américas, los trastornos por consumo de estimulantes de tipo anfetamínico representan una proporción relevante de la carga de enfermedad asociada al uso de drogas.
- 10,2% de la prevalencia de trastornos por consumo de drogas se asocia a estimulantes de tipo anfetamínico
- 6,4% de las muertes relacionadas con trastornos por uso de sustancias se atribuyen a estas sustancias
- 6,1% de los años de vida ajustados por discapacidad (DALYs) vinculados a estos trastornos están asociados al consumo de estimulantes de tipo anfetamínico.
Dentro del total de muertes por trastornos por uso de sustancias en la región, el 7,1% de las muertes en hombres están asociadas a estimulantes de tipo anfetamínico y el 4,9% de las muertes en mujeres se relacionan con estas sustancias.
El consumo de estimulantes de tipo anfetamínico puede producir diversos efectos adversos para la salud.
Entre los riesgos se encuentran:
- Arritmias
- Cefaleas
- Contractura de la mandíbula
- Daño hepático
- Deshidratación
- Deterioro de la resistencia a las infecciones
- Insomnio
- Dolor muscular
- Disnea
- Estrés cardiovascular
- Hemorragia cerebral
Los efectos sobre la salud mental incluyen:
- Alteraciones del estado de ánimo
- Paranoia
- Psicosis inducida por sustancias
- Deterioro de la memoria
- Dificultad para concentrarse
Sedantes, hipnóticos y opioides
Los trastornos por consumo de drogas están impulsados principalmente por el consumo de opioides y afectan de manera desproporcionada a los hombres jóvenes.
Los trastornos por consumo de opioides representaron más del 75% de las muertes relacionadas con los trastornos por consumo de drogas.
Los opioides incluyen medicamentos analgésicos recetados, heroína y opioides sintéticos como el fentanilo. Su consumo problemático puede causar dependencia, sobredosis y otras consecuencias graves para la salud.
En América del Norte, el estudio destaca un marcado aumento de los trastornos relacionados con los opioides -en particular los opioides sintéticos de alta potencia, como el fentanilo- así como con las anfetaminas.
Alcohol e inhalables
El alcohol representa el principal problema de salud pública del país, se estima que el consumo per cápita de bebidas formales es de 4.5 litros para la población mayor de 15 años y de 1.4 litros adicionales si se considera el alcohol que no paga impuestos.
Su abuso se asocia con índices elevados de accidentes y lesiones por violencia.
México presenta altos índices de problemas derivados de intoxicación aguda asociados con la ingesta de grandes cantidades de alcohol por ocasión de consumo y elevadas tasas de trastornos asociados con su uso crónico.
Se suma la contribución del consumo de bebidas alcohólicas a la carga global de enfermedad en México, pues deriva en altos niveles de mortalidad por cirrosis y otras enfermedades.
Los inhalables son un grupo heterogéneo de sustancias contenidas en productos industriales y del hogar que incluyen: solventes (tolueno, pegamentos, gasolina), aerosoles (pinturas, desodorantes, cocina), gases (gas de encendedor, extinguidores) y nitritos (limpiadores de cabezas de video, desodorantes para habitaciones).
Son las drogas de inicio más temprano y las más prevalentes hasta los 15 años; después de esta edad, la mariguana es más frecuente.
Los inhalables siguen siendo las drogas de preferencia de los niños y adolescentes en situación de calle.
Magnitud del problema en las Américas
Los trastornos por consumo de drogas constituyen un problema de salud pública grave y en aumento en la región de las Américas.
Según los hallazgos publicados recientemente en la Revista Panamericana de Salud Pública, el consumo de drogas se encuentra entre los diez principales factores de riesgo que contribuyen a muertes y discapacidad en la región.
En 2021, se estimó que 17,7 millones de personas en las Américas vivían con un trastorno por consumo de drogas, lo que dio lugar a casi 78.000 muertes directamente atribuibles a estos trastornos, una tasa de mortalidad cuatro veces mayor que el promedio mundial.
Estos trastornos representan una carga importante de enfermedad, con 77 717 muertes directamente atribuibles a trastornos por consumo de drogas en ese año.
Los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) asociados a estos trastornos casi se triplicaron entre 2000 y 2021, con un aumento promedio cercano al 5% anual.
Los adultos jóvenes, en particular los hombres, registraron la mayor carga, mientras que las muertes entre las mujeres también aumentaron, lo que genera una preocupación adicional.
Los autores estiman que 145.515 muertes por cualquier causa en las Américas en 2021 se debieron a afecciones como sobredosis por opioides, cáncer de hígado, cirrosis y suicidio atribuibles al consumo de drogas.
Esta cifra refleja el impacto más amplio del consumo de drogas en la salud de la población y explica por qué se considera uno de los diez principales factores de riesgo de mortalidad y discapacidad en la región, junto con la hipertensión arterial, el índice de masa corporal elevado (sobrepeso y obesidad), los riesgos alimentarios y el consumo de tabaco.
Se estima que más de 316 millones de personas en el mundo usaron drogas en el último año, lo que equivale aproximadamente al 6% de la población de 15 a 64 años.
Aproximadamente 61 millones de personas presentan trastornos por consumo de drogas, lo que significa que cerca de 1 de cada 5 personas que usan drogas desarrolla problemas significativos de salud o dependencia.
Solo una de cada 11 personas con trastornos por consumo de drogas recibe tratamiento, lo que refleja una importante brecha de acceso a servicios de salud.
A nivel mundial, el consumo de drogas se asocia con una carga significativa de enfermedad, con casi medio millón de muertes y cerca de 28 millones de años de vida ajustados por discapacidad (DALYs) atribuibles al consumo de drogas en 2021.
Las drogas ilegales son usadas con más frecuencia en los países de ingresos altos de las Américas, pero las consecuencias de la dependencia de drogas para la salud -enfermedades, discapacidades y defunciones- ocurren de manera desproporcionada en los países de ingresos bajos y medios, donde las personas tienen menos acceso a la atención de salud.
| Indicador | Dato |
|---|---|
| Personas con trastornos por consumo de drogas en las Américas en 2021 | 17,7 millones |
| Muertes directamente atribuibles a estos trastornos en 2021 | casi 78.000 |
| Muertes por cualquier causa atribuibles al consumo de drogas en 2021 | 145.515 |
| Muertes relacionadas con trastornos por consumo de drogas atribuidas a opioides | más del 75% |
| Personas que usaron drogas en el mundo durante el último año | más de 316 millones |
| Personas con trastornos por consumo de drogas en el mundo | aproximadamente 61 millones |
Patrones regionales del consumo
El panorama de los trastornos por consumo de drogas varía de manera significativa en la región.
En América del Norte, el estudio destaca un marcado aumento de los trastornos relacionados con los opioides -en particular los opioides sintéticos de alta potencia, como el fentanilo- así como con las anfetaminas.
En contraste, en el Caribe, Centroamérica y Sudamérica, los principales contribuyentes a los trastornos por consumo de drogas en la última década han sido el consumo de cannabis y cocaína.
Durante la pandemia de COVID-19 se observaron aumentos significativos en los trastornos por consumo de opioides y anfetaminas.
El estrés asociado a la crisis, las interrupciones en los servicios de salud y el aislamiento social pueden haber intensificado vulnerabilidades preexistentes y contribuido al aumento de la carga relacionada con el consumo de drogas durante este período.
Niñez, adolescencia, género y vulnerabilidad
Los factores de riesgo involucrados en el consumo son variados. Estar informados es la mejor herramienta para la prevención.
La adolescencia es una etapa de especial riesgo, cuya evidencia es que 65% de los usuarios de drogas se inician antes de los 17 años y la media de edad de inicio de quienes usaron drogas y desarrollaron dependencia es también a los 17 años, en tanto que quienes usaron y no desarrollaron dependencia iniciaron el consumo dos años más tarde.
El promedio de inicio para la dependencia al alcohol es más tardía y ocurre a los 25 años.
La enfermedad mental tiene una edad de inicio temprana, las encuestas de epidemiología psiquiátrica realizadas en México muestran que 50% de los trastornos mentales se inicia antes de los 21 años.
El inicio temprano se ha asociado con un mayor riesgo de dependencia a drogas cuando los adolescentes se encuentran con ellas, de manera que cuando anteceden problemas de ansiedad o depresión, el riesgo de consumir drogas y desarrollar dependencia a ellas se incrementa entre 3 y 10 veces.
En las mujeres, el fenómeno de consumo de cualquier droga es más reciente.
La Encuesta Nacional de Adicciones de 2008 mostró mayor índice de consumo en las adolescentes de 12 a 17 años que en las de 18 a 34; mientras que en los hombres la incidencia acumulada es mayor entre el grupo de 18 a 34 años.
Una variable que influyó de manera importante en estas diferencias es la exposición a la oportunidad, cuando ésta se controla, las diferencias entre hombres y mujeres desaparecen.
Diversos estudios muestran que en los hombres hay más asociación con conducta antisocial y en las mujeres, con la depresión.
Los familiares de los enfermos y en particular las mujeres, quienes con más frecuencia están a cargo del cuidado de los enfermos, presentan también mayor riesgo de enfermedad y en particular de presentar depresión.
Los trastornos por consumo de drogas afectan de manera desproporcionada a poblaciones vulnerables y están estrechamente relacionados con otros problemas de salud, incluidos los trastornos mentales, las enfermedades infecciosas y las lesiones.
Producción, tráfico, distribución y consumo
Las drogas en sus diferentes manifestaciones han invadido nuestro entorno. Se trata de un fenómeno de múltiples facetas que incluye las etapas de producción, tráfico, distribución, consumo y dependencia; afectan a todos los grupos de la población y tienen implicaciones importantes para la salud pública de la nación.
El problema requiere de enfoques novedosos que permitan enfrentar un problema complejo y cambiante.
Atender este complejo fenómeno implica incidir en la oferta y sus consecuencias, en la demanda y sus implicaciones y en el contexto, que incluye una cultura que valida violencia como mecanismo para resolver conflictos.
El problema no puede entenderse si no se integran los componentes de oferta y demanda, tiene un carácter único, obliga a aprender de su historia y a buscar soluciones propias.
México cuenta con un sistema avanzado de recuperación de información útil para la toma de decisiones.
A México lo distingue su situación geográfica, vecino del mercado de consumo más grande del mundo y vía de paso para la cocaína que se produce en la región andina con el objetivo principal de llegar a Estados Unidos y en medida decreciente hacia Europa.
México produce opio y se ha convertido después de Afganistán (74% de la producción potencial mundial de opio) en el segundo productor de opio en el mundo para el mercado ilegal con 5% de la producción mundial, que abastece principalmente el mercado norteamericano.
Esta sustancia, cuyo consumo local se había mantenido en la frontera norte del país, se ha extendido a otras localidades.
Estos antecedentes ponen el escenario para un incremento de hepatitis B, C y de VIH.
El cultivo de hoja de coca se concentra en la región andina -Colombia, Perú y Bolivia-. México se ha convertido en la principal ruta de salida con destino -en su mayor parte- al mercado americano.
Se estima que 90% de la cocaína decomisada en Estados Unidos pasó por la frontera con México.
La perspectiva de salud pública de la OPS
Definir el fenómeno de las drogas desde una perspectiva de salud pública permite reconocer diferencias entre las drogas y sus riesgos.
Esta perspectiva se aleja de conceptualizaciones que ven a las drogas como fin último, con el decomiso y la detención de personas como la meta, en cambio ve a las sustancias en su interacción con las personas que las usan o tienen potencial para hacerlo, que viven en contextos con mayor o menor riesgo y que son más o menos vulnerables a la experimentación y al paso del uso a la dependencia por una combinación de factores heredados y adquiridos.
Se define el problema como una enfermedad y por tanto no se ve en el encarcelamiento de los enfermos la solución de los problemas.
Esta visión permite, también, analizar el consumo de sustancias y sus variaciones en frecuencia y cantidad, tanto como factor de riesgo para sufrir lesiones o centrarse en el estudio de la dependencia como una enfermedad.
La perspectiva de salud pública reconoce variaciones entre las sustancias y sus efectos, y asimismo favorece dictar políticas acordes; identifica diferencias entre hombres y mujeres en sus necesidades de atención, y facilita integrar el papel de la cultura y del contexto en la forma en que el problema se manifiesta.
Conceptualizar el problema desde una perspectiva de salud pública, en la que el foco de atención sean la salud y el bienestar social, permite evaluar riesgos y ventajas de las diferentes medidas y por tanto orientar la acción minimizando costos.
Alcances y límites del enfoque sanitario
A pesar de estos importantes alcances de la perspectiva de salud pública, los problemas sociales no pueden conceptualizarse sólo sobre la base de los indicadores de salud.
Por ejemplo, un mismo homicidio que se registra en los indicadores de mortalidad puede implicar la muerte de un traficante, un policía, un comprador adicto y a lo mejor distribuidor que no ha pagado su deuda o una persona ajena que iba de paso.
De la misma manera, la negligencia que sufre un niño cuando su madre es adicta afecta su calidad de vida y lo pone en riesgo de enfermar, pero sólo puede cuantificarse si a los tradicionales indicadores de morbimortalidad se añaden indicadores de calidad de vida o bienestar.
Todas las políticas tienen consecuencias no deseadas que deben considerarse frente a los beneficios que representa cada acción.
Ejemplos de consecuencias no deseadas son la violencia por la lucha de mercados o el aumento en la adicción a narcóticos como resultado de la política de ampliación de su disponibilidad para la atención de los enfermos, práctica que crea mercados y la oportunidad de la desviación.
Prevención, detección y tratamiento
Existen numerosas intervenciones basadas en evidencia científica que pueden reducir el uso de sustancias psicoactivas y sus consecuencias para la salud.
Estas incluyen estrategias de prevención, detección temprana, tratamiento de los trastornos por uso de sustancias, servicios de reducción de riesgos y daños y programas de recuperación y rehabilitación.
Cuando se lo identifica tempranamente, los riesgos del uso riesgoso de drogas pueden ser reducidos o restringidos mediante evaluaciones de la salud e intervenciones breves.
Cuando se lo identifica tempranamente, el uso riesgoso de drogas puede ser reducido o restringido mediante evaluaciones de la salud e intervenciones breves, antes de que las personas que lo consumen se vuelvan dependientes.
El tratamiento debe ser accesible, especialmente para los grupos más vulnerables, adecuado a las necesidades y perfil particulares de la población usuaria, mantenido en el largo plazo, enfocado a la recuperación y al resguardo de los derechos humanos.
Para aumentar la efectividad de estos abordajes, las intervenciones deben ser:
- Los servicios deben ser accesibles y asequibles, garantizando que todas las personas con trastornos por uso de sustancias puedan recibir el tratamiento adecuado.
- Deben estar basados en evidencia, ser diversos y centrarse en mejorar el bienestar.
- Culturalmente pertinentes.
- Responder a las necesidades específicas de las poblaciones afectadas.
- Mantenido a lo largo del tiempo.
- Enmarcadas en los derechos humanos y reducir el estigma asociado al consumo de drogas.
- Con pocos requisitos para llegar a quienes más lo necesitan, especialmente en las etapas iniciales del trastorno.
- Basados en una “pirámide de tratamiento”, en la que las intervenciones más intensivas se reserven para los casos más graves o complejos, maximizando la eficiencia y minimizando los costos.
- Basarse en datos sobre la prevalencia del consumo de drogas y las necesidades de tratamiento, respaldados por sistemas de información que permitan la evaluación continua del sistema.
- Coordinados entre los sectores de salud, asistencia social, justicia, y otros, para garantizar un ciclo de atención continuo y diversificado.
Las herramientas como el Cuestionario de Identificación de los Trastornos Debidos al Consumo de Alcohol (AUDIT, en inglés) y la Prueba de Detección de Consumo de Alcohol, Tabaco y Sustancias (ASSIST, en inglés), desarrolladas por la OMS, son reconocidas como estrategias costoefectivas para reducir los daños y cerrar la brecha en el tratamiento.
Respuesta regional de la OPS
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) trabaja con los países de la Región para fortalecer el enfoque de salud pública en la prevención, el tratamiento y la reducción de las consecuencias del uso de sustancias.
Entre las áreas prioritarias de cooperación técnica se incluyen:
- Fortalecimiento de los sistemas de salud para el tratamiento de los trastornos por uso de sustancias
- Integración de los servicios de salud mental y consumo de sustancias en la atención primaria
- Desarrollo de políticas basadas en evidencia
- Prevención del consumo de drogas en poblaciones vulnerables
- Fortalecimiento de los sistemas de información y vigilancia epidemiológica
La OPS también promueve la cooperación entre países, instituciones académicas y organismos internacionales para mejorar la respuesta regional a los problemas relacionados con el uso de sustancias.
La OPS insta a los países a fortalecer los programas de prevención del consumo de drogas dirigidos a jóvenes y poblaciones de alto riesgo; ampliar el acceso al tratamiento y a los servicios de reducción de daños, incluido el tratamiento asistido con medicamentos para los trastornos por consumo de opioides; integrar los servicios relacionados con el consumo de sustancias en la atención primaria de salud y en los servicios comunitarios; mejorar los sistemas de vigilancia y datos para detectar tendencias emergentes, en particular las relacionadas con los opioides sintéticos y el consumo combinado de drogas; y garantizar enfoques sensibles al género, dado el aumento de la carga entre las mujeres.
“Debemos colocar la atención de la salud mental y del consumo de sustancias en el centro de nuestros sistemas de salud”, afirmó el doctor Renato Oliveira e Souza, jefe de la Unidad de Salud Mental y Consumo de Sustancias de la OPS.
“Los servicios comunitarios centrados en las personas, respaldados por un liderazgo sólido en salud pública y por estrategias nacionales informadas por los patrones epidemiológicos, pueden ayudar a revertir estas tendencias y salvar miles de vidas en las Américas”.
Políticas públicas y reducción del estigma
El debate internacional en torno a las políticas públicas es amplio y complejo, se trata de un campo regulado internacionalmente en el que la ideología desempeña un papel importante.
El mayor debate gira en torno a la legalización o la prohibición, pero carece de claridad en sus objetivos y definiciones.
Por ejemplo, ¿se habla de un libre mercado de drogas?, ¿se trata de la mariguana o de todas las drogas?, de despenalización (manteniendo la prohibición y el registro de antecedentes penales, pero incluyendo medidas como ofrecer tratamiento en lugar de cárcel u otras que se apliquen durante el proceso y que busquen reducir la severidad de las penas a imponer), también se habla de descriminalización (manteniendo la prohibición pero estableciendo solamente penas administrativas en lugar de la cárcel), de regulación de mercados (como el de medicamentos psicotrópicos).
Cada una de estas opciones tiene implicaciones diferentes, por lo que cualquier propuesta debe de partir de una definición clara de conceptos.
La clasificación de si son las drogas buenas o malas no es precisa ni científica, a menudo depende de factores sociales, legales, culturales y de salud.
Posiblemente no sea lo mejor clasificarlas de esta manera, es mejor considerar los beneficios potenciales, riesgos y efectos.
Algunas drogas tienen un alto potencial de adicción, pero no las hace inherentemente malas, significa que requieren de precaución al utilizarse.
Depende del uso, es benéfica o mortal, tanto para el que consume, como para quienes rodean al individuo y muchos argumentan que la prevención y el tratamiento de las adicciones deben ser enfoques más prominentes que la represión.
La educación y la concienciación pública son herramientas poderosas para prevenir el abuso de drogas y sus consecuencias negativas, son componentes clave en la lucha contra la adicción, pues ayudan a tomar decisiones informadas sobre su uso.
Es esencial que las políticas sean flexibles y basadas en evidencia.

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