El término «cancerbero» ocupa un lugar especial tanto en la mitología como en el lenguaje deportivo. En el fútbol, se utiliza como sinónimo de portero, arquero, guardameta o meta, pero su origen se encuentra en una de las criaturas más conocidas de la mitología griega: el perro monstruoso que vigilaba las puertas del Hades.
La relación entre el guardián mitológico y el portero de fútbol resulta especialmente expresiva. Cancerbero impedía que los muertos abandonaran el inframundo y que los vivos penetraran en él; el cancerbero deportivo, por su parte, protege la portería e intenta evitar que el balón atraviese sus límites.
Qué significa la palabra «cancerbero»
Para aquel jugador encargado de evitar los goles del equipo contrario, el término más usual es el de portero, pero cómo no, esta palabra también cuenta con sus respectivos sinónimos: arquero, guardameta, meta o cancerbero entre otros tantos.
Este último término proviene de un ser mitológico. Tanto la mitología griega como la mitología romana hablan del mismo personaje, pero con el nombre cambiado: Kérberos para los griegos y Cerbero para los romanos.
Por tanto, el perro guardián es el Can Cerbero, que ha servido para denominar así al portero de fútbol.
| Ámbito | Nombre o significado |
|---|---|
| Mitología griega | Kérberos |
| Mitología romana | Cerbero |
| Fútbol | Portero, arquero, guardameta, meta o cancerbero |
El origen mitológico de Cerbero
Hay muchas criaturas únicas mencionadas en la mitología griega. Una de las más conocidas es precisamente Cerbero.
Según la mitología griega, Tifón fue el padre de Cerbero. Era un gran dragón (y dios) que escupía fuego. Tenía grandes ojos rojos brillantes, cien alas y cientos de cabezas. Los dioses que vivían en el Monte Olimpo tenían muchísimo miedo de este personaje.
La misión de la vida de Tifón era destruir el mundo y poner obstáculos en el camino de Zeus que intentaba avanzar hacia el Reino de los Cielos.
La madre de Cerbero era Equidna. Era una criatura mitad serpiente y mitad mujer humana. Tenía la cabeza y el torso de una mujer hermosa y era conocida por sus profundos ojos negros. La parte inferior de su cuerpo era la de una serpiente.

La apariencia del perro de tres cabezas
Se trata de un monstruo con tres cabezas de perro y una cola con forma de serpiente que se encarga de vigilar las puertas de Hades, es decir, del Infierno.
A las puertas de Hades, el infierno, vivía una fiera monstruosa. Se llamaba Kérberos en Grecia y Cerbero en Roma y tenía tres cabezas y una cola formada con una serpiente.
El lomo se cubría con infinidad de cabezas de serpientes. Esta horrible criatura era hija de Tifón y de Equidna, como hemos visto, y se decía que su mordedura era terrible.
Cerbero se representa con mayor frecuencia moviéndose a lo largo de las orillas del río Estigia. Este río fue el límite establecido entre los muertos del inframundo y la vida de la tierra.

La función de Cerbero en el Hades
Su misión era evitar que los muertos salieran de allí y que los vivos no pudiesen entrar.
Cerbero acariciaba con su cabeza a quienes entraban en los infiernos, pero luego no les dejaba salir y, siempre al acecho, devoraba a quienes pretendían flanquear las puertas del Hades.
También ahuyentaba a los vivos que querían adentrarse en el mundo de las tinieblas.
Lo cierto es que este perro de tres cabezas era muy amable y amistoso con los muertos, así como con todos los nuevos espíritus que entraban al inframundo.
La combinación de vigilancia, fuerza y capacidad para impedir el paso explica la asociación entre Cerbero y el portero de fútbol. El primero custodiaba una frontera mitológica; el segundo defiende la línea de gol.
Por qué se llama «cancerbero» al portero de fútbol
Es por eso por lo que a día de hoy, a los porteros también se les llaman cancerberos, pues estos defienden su propio «infierno», la portería, y evitan que los «vivos», es decir, los goles, entren allí.
El portero cuenta con su cuerpo y con sus reflejos para poder detener el balón, pero cuando estos fallan, un buen aliado puede ser el larguero.
Casualidades de la vida, los jugadores de fútbol que han heredado el nombre de este monstruo mitológico también cuentan con «tres cabezas» que, en más de una ocasión, han salvado goles prácticamente cantados: los postes.
La comparación convierte la portería en una especie de entrada al inframundo y presenta al guardameta como el encargado de protegerla. Sus reflejos, sus manos, los postes y el larguero pueden impedir que el balón llegue al fondo de la red, del mismo modo que Cerbero impedía atravesar las puertas del Hades.
Orfeo y Hércules: los héroes que superaron al guardián
Según la mitología clásica, Carcerbero era un portero extraordinario, pues en toda su carrera deportiva, solo dejó encajar dos goles: uno fue de Orfeo, que ayudado por los dioses, con un dulce canto lo distrajo para entrar al Infierno en busca de su amada, Eurídice, y otro, del tocayo del equipo local de Alicante, es decir, Hércules.
Este último se enfrentó al monstruo de las tres cabezas de perro ahogándolo con la fuerza de sus brazos y lo sacó al mundo exterior para ofrecérselo a Euristeo, el cual se lo había encargado.
Sin embargo, cuando Euristeo vio al bicho tan feo y tan terrorífico, decidió no quedárselo y devolverlo al inframundo.
La imagen de Orfeo funciona como una metáfora de la distracción y la habilidad, mientras que Hércules representa la fuerza necesaria para superar una defensa aparentemente infranqueable.
El cancerbero y los postes de la portería
Cuando el guardameta no consigue detener el balón con el cuerpo o con los reflejos, los postes pueden convertirse en sus aliados. En esta representación, las «tres cabezas» del cancerbero futbolístico están formadas por los dos postes y el larguero.
Aún así, también se dan casos en los que el jugador de campo de turno puede ejercer de Orfeo o de Hércules.
Un defensor puede interponerse en la trayectoria del balón y salvar a su equipo en el último instante. En otras ocasiones, un atacante logra superar al portero mediante una acción de técnica, precisión o fuerza, como si desafiara las puertas del inframundo.
Un ejemplo futbolístico: España contra Paraguay
En resumidas cuentas, Piqué comete un penalti sobre un contrario y Cardozo se prepara para colar el balón en el Hades español. Sin embargo, se encontró con los reflejos de Iker Casillas, el cancerbero, el ‘Santo’.
Poco después, vuelve a haber penalti, pero esta vez, de Paraguay sobre España. Xabi Alonso fue el encargado entrar al Hades paraguayo y así fue, pero debido a una mala colocación de la alineación, el árbitro obligó al vasco a repetir la pena máxima.
Esta vez, el cancerbero Justo Villar impidió que la pelota entrase a su inframundo.
Ya en el minuto 81, Iniesta se apropió del balón y vio a Cesc en buena posición para marcar, así que se lo pasó. El catalán desafió las puertas del infierno paraguayo, pero se topetó con una de las tres cabezas de Cancerbero.
El esférico volvió al mundo de los vivos, pero España no se daba por vencida y David Villa volvió a desafiar a Cancerbero.
Al igual que Cesc, el ‘Guaje’ se topó con las cabezas del monstruo mitológico, pero su balón fue caprichoso y pudo con el perro.
De esta manera, la selección española desafió a Cancerbero y a las estadísticas, pues por primera vez en la historia, pudo pasar de cuartos en unos mundiales de fútbol.
Iker casillas para penalti a Cardozo mundial 2010
El valor del término en el lenguaje deportivo
Una lengua tan rica como la española siempre tiene gran variedad de sinónimos para cada palabra, también dentro del campo semántico del fútbol.
La palabra «cancerbero» aporta al lenguaje futbolístico una imagen más intensa que la simple denominación de portero. El guardameta aparece como un vigilante que protege una zona decisiva, controla el acceso a su portería y frustra los intentos del rival.
Uno de ellos es la lengua española y el reportaje de hoy es un claro ejemplo de la relación existente entre ambos, relación a la cual se suma la mitología.
Cancerbero era un perro de tres cabezas que evitaba que los vivos entraran al Infierno.
Los porteros que reciben este nombre heredan, en sentido figurado, la función del monstruo: permanecer atentos, custodiar la entrada y evitar que el peligro atraviese la frontera que separa el campo de juego de la portería.
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