Las lecturas para la Primera Comunión de los niños pueden tomarse total o parcialmente de la Misa del día, de la Misa para la iniciación cristiana o de la Misa votiva de la Santísima Eucaristía.
La selección debe ayudar a comprender el sentido de la Eucaristía: Jesús reúne a su comunidad, alimenta a su pueblo, perdona, fortalece, invita a vivir una vida nueva y hace de todos los creyentes un solo cuerpo.
Cómo elegir las lecturas
Para una celebración de Primera Comunión pueden utilizarse lecturas del Antiguo Testamento, lecturas del Nuevo Testamento, un salmo responsorial y un Evangelio. También pueden emplearse las lecturas del día, las propuestas para la iniciación cristiana o las de la Misa de la Santísima Eucaristía.
Conviene escoger textos que puedan ser comprendidos por los niños y que estén relacionados con el bautismo, la alianza con Dios, el pan del cielo, la unidad de la Iglesia, el amor de Cristo y la participación en la mesa eucarística.

Lecturas del Antiguo Testamento para la Primera Comunión
1. Así será tu descendencia
Lectura del libro del Génesis 15, 1-6. 18a
La palabra del Señor llegó a Abrám en una visión, en estos términos: «No temas, Abrám. Yo soy para ti un escudo. Tu recompensa será muy grande.» «Señor, respondió Abrám, ¿para qué me darás algo, si yo sigo sin tener hijos, y el heredero de mi casa será Eliezer de Damasco?» Después añadió: «Tú no me has dado un descendiente, y un servidor de mi casa será mi heredero.» Entonces el Señor le dirigió esta palabra: «No, ese no será tu heredero; tu heredero será alguien que nacerá de ti.»
Luego lo llevó afuera y continuó diciéndole: «Mira hacia el cielo y, si puedes, cuenta las estrellas.» Y añadió: «Así será tu descendencia.» Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación. Aquel día, el Señor hizo una alianza con Abrám diciendo: «Yo he dado esta tierra a tu descendencia.» Palabra del Señor.
2. Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia
Lectura del libro del Génesis 17, 1-8
Cuando Abrám tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: «Yo soy el Dios Todopoderoso. Camina en mi presencia y sé irreprochable. Yo haré una alianza contigo, y te daré una descendencia muy numerosa.» Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo: «Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones.
Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones. Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes. Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el de tus descendientes.»
«Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios.» Palabra del Señor.
3. Dejen de lado todos los dioses extraños
Lectura del libro del Génesis 35, 1-4. 6-7a
Dios dijo a Jacob: «Sube a Betel y permanece allí. Levanta allí un altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.» Entonces Jacob dijo a sus familiares y a todos los demás que estaban con él: «Dejen de lado todos los dioses extraños que tengan con ustedes, purifíquense y cámbiense de ropa.
Ahora subiremos a Betel, y allí levantaré un altar al Dios que me respondió cuando estuve angustiado, y que estuvo conmigo en el viaje que realicé.» Ellos entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían consigo y los aros que llevaban en sus orejas, y Jacob los enterró debajo de la encina que está cerca de Siquém.
Así Jacob llegó a Luz -o sea, Betel- en la tierra de Canaán, junto con toda la gente que lo acompañaba. Allí erigió un altar, y puso a ese lugar el nombre de Betel. Palabra del Señor.
4. Elige la vida, y vivirás
Lectura del libro del Deuteronomio 30, 15-20
Moisés habló al pueblo diciendo: «Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella.
Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos, yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán.
Hoy tomo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra; yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes, con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel.
Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.» Palabra de Dios.
5. Serviremos al Señor, ya que él es nuestro Dios
Lectura del libro de Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b-25a
Josué reunió en Siquém a todas las tribus de Israel, y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, a sus jueces y a sus escribas, y ellos se presentaron delante del Señor. Entonces Josué dijo a todo el pueblo: «Si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: si a los dioses a quienes sirvieron sus antepasados al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes ahora habitan. Yo y mi familia serviremos al Señor.»
El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses. Porque el Señor, nuestro Dios, es el que nos hizo salir de Egipto, de ese lugar de esclavitud, a nosotros y a nuestros padres, y el que realizó ante nuestros ojos aquellos grandes prodigios.
El nos protegió en todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos por donde pasamos. Por eso, también nosotros serviremos al Señor, ya que él es nuestro Dios.» Entonces Josué dijo al pueblo: «Ustedes no podrán servir al Señor, porque él es un Dios santo, un Dios celoso, que no soportará ni las rebeldías ni los pecados de ustedes.
Si abandonan al Señor para servir a dioses extraños, él, a su vez, los maltratará y los aniquilará, después de haberles hecho tanto bien.» Pero el pueblo respondió a Josué: «No; nosotros serviremos al Señor.»
Josué dijo al pueblo: «Son testigos contra ustedes mismos, de que han elegido al Señor para servirlo.» «Somos testigos», respondieron ellos. «Entonces dejen de lado los dioses extraños que hay en medio de ustedes, e inclinen sus corazones al Señor, el Dios de Israel.»
El pueblo respondió a Josué: «Nosotros serviremos al Señor, nuestro Dios y escucharemos su voz.» Aquel día Josué estableció una alianza para el pueblo. Palabra del Señor.
6. Naamán quedó limpio
Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 9-15a
Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: «Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio.»
Pero Naamán, muy irritado, se fue diciendo: «Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel.
¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?» Y dando media vuelta, se fue muy enojado.
Pero sus servidores se acercaron para decirle: «Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías hecho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!»
Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio. Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel.» Palabra del Señor.
7. Derramaré mi espíritu sobre tu descendencia
Lectura del libro del profeta Isaías 44, 1-3
Y ahora escucha, Jacob, mi servidor, Israel, a quien yo elegí. Así habla el Señor, el que te hizo, el que te formó desde el seno materno y te ayuda. No temas, Jacob, mi servidor, Iesurún, a quien yo elegí.
Porque derramaré agua sobre el suelo sediento y torrentes sobre la tierra seca; derramaré mi espíritu sobre tu descendencia y mi bendición sobre tus vástagos. Palabra del Señor.
8. Escribiré mi Ley en sus corazones
Lectura del libro del profeta Jeremías 31, 31-34
Llegarán los días -oráculo del Señor- en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque yo era su dueño -oráculo del Señor-.
Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días -oráculo del Señor-: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo.
Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: «Conozcan al Señor.» Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande -oráculo del Señor-. Porque yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado. Palabra del Señor.
9. Serán purificados con agua pura
Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 24-28
Así habla el Señor: «Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos.
Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes.
Ustedes habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.» Palabra de Dios.
También pueden utilizarse las lecturas del Antiguo Testamento propuestas para la Vigilia pascual.
Lecturas del Nuevo Testamento
1. Háganse bautizar en el nombre de Jesucristo
Lectura de los Hechos de los apóstoles 2, 14a. 36-40a. 41-42
El día de Pentecostés, Pedro, poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: «Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.» Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?»
Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar.»
Y con muchos otros argumentos les daba testimonio. Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil. Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Palabra del Señor.
2. Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?
Lectura de los Hechos de los apóstoles 8, 26-38
El Ángel del Señor dijo a Felipe: «Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto.» El se levantó y partió. Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías.
El Espíritu Santo dijo a Felipe: «Acércate y camina junto a su carro.» Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: «¿Comprendes lo que estás leyendo?» El respondió: «¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?» Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él.
El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca. En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra?
El etíope preguntó a Felipe: «Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?» Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús.
Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: «Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?» Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó. Palabra del Señor.
3. Por el bautismo llevemos una vida nueva
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 6, 3-11
Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección. Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado.
Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él.
Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Palabra de Dios.
O bien más breve:
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 6, 3-4. 8-11
Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él.
Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Palabra de Dios.
4. ¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 28-32. 35. 37-39
Hermanos: Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.
¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó.
Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor. Palabra de Dios.
5. Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 12, 12-13
Hermanos: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. Palabra de Dios.
Lecturas de la Misa de la Santísima Eucaristía
1. Melquisedec hizo traer pan y vino
Lectura del libro del Génesis 14, 18-20
Melquisedec, rey de Salém, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y vino, y bendijo a Abrám, diciendo: «¡Bendito sea Abrám de parte de Dios, el Altísimo, creador del cielo y de la tierra! ¡Bendito sea Dios, el Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos!» Y Abrám le dio el diezmo de todo. Palabra de Dios.
2. El Señor pasó de largo por aquella puerta
Lectura del libro del Éxodo 12, 21-27
Moisés convocó a todos los ancianos de Israel y les dijo: «Vayan a buscar un animal del ganado menor para cada familia e inmolen la víctima pascual. Luego tomen un manojo de plantas de hisopo, mójenlo en la sangre recogida en un recipiente, y marquen con la sangre el dintel y los dos postes de las puertas; y que ninguno de ustedes salga de su casa hasta la mañana siguiente.
Porque el Señor pasará para castigar a Egipto; pero al ver la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará de largo por aquella puerta, y no permitirá que el Exterminador entre en sus casas para castigarlos.
Cumplan estas disposiciones como un precepto permanente, para ustedes y para sus hijos. Cuando lleguen a la tierra que el Señor ha prometido darles, observen este rito.
Y cuando sus hijos les pregunten qué significado tiene para ustedes este rito, les responderán: "Este es el sacrificio de la Pascua del Señor, que pasó de largo en Egipto por las casas de los israelitas cuando castigó a los egipcios y salvó a nuestras familias."» Palabra de Dios.
3. El Señor dio pan al pueblo desde lo alto del cielo
Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15
En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. «Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea.»
Entonces el Señor dijo a Moisés: «Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo, y el pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba, para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley.
Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: "A la hora del crepúsculo ustedes comerán carne, y por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo, el Señor, soy su Dios."»
Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él. Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra.
Al verla, los israelitas se preguntaron unos a otros: «¿Qué es esto?» Porque no sabían lo que era. Entonces Moisés les explicó: «Este es el pan que el Señor les ha dado como alimento.» Palabra de Dios.
4. Esta es la sangre de la alianza
Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8
En aquellos días: Moisés fue a comunicar al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo respondió a una sola voz: «Estamos decididos a poner en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor.»
Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce tribus de Israel.
Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar.
Luego tomó el documento de la alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: «Estamos resueltos a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho.» Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas.» Palabra de Dios.
5. El maná, alimento dado por Dios
Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a
Moisés habló al pueblo diciendo: Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos.
Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor.
No olvides al Señor tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones.
No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca, y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres. Palabra de Dios.
6. Fortalecido por ese alimento caminó hasta la montaña de Dios
Lectura del primer libro de los Reyes 19, 4-8
El profeta Elías caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!»
Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. Pero un ángel lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come!» El miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo.
Pero el Ángel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!» Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb. Palabra de Dios.
7. Coman de mi pan y beban del vino
Lectura del libro de los Proverbios 9, 1-6
La Sabiduría edificó su casa, talló sus siete columnas, inmoló sus víctimas, mezcló su vino, y también preparó su mesa. Ella envió a sus servidoras a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad: «El que sea incauto, que venga aquí.»
Y al falto de entendimiento, le dice: «Vengan, coman de mi pan, y beban del vino que yo mezclé. Abandonen la ingenuidad, y vivirán, y sigan derecho por el camino de la inteligencia.» Palabra de Dios.
Lecturas del Nuevo Testamento sobre la Eucaristía
1. La comunidad perseveraba en la fracción del pan
Lectura de los Hechos de los apóstoles 2, 42-47
Los hermanos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.
Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo.
Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse. Palabra de Dios.
2. Comimos y bebimos con él después de su resurrección
Lectura de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43
Pedro, tomando la palabra, dijo: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder.
El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo.
Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección.
Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre.» Palabra de Dios.
3. Jesucristo nos purificó por medio de su sangre
Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5-8
Jesucristo es el «Testigo fiel, el Primero que resucitó de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra». El nos ama y nos liberó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre.
¡A Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén. El viene sobre las nubes y todos lo verán, aún aquellos que lo habían traspasado.
Por él se golpearán el pecho todas las razas de la tierra. Sí, así será. Amén. Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que vendrá, el Todopoderoso. Palabra de Dios.
4. Han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero
Lectura del libro del Apocalipsis 7, 9-14
Yo, Juan, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: «¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!»
Y todos los Angeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: «¡Amén! ¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!»
Y uno de los Ancianos me preguntó: «¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?» Yo le respondí: «Tú lo sabes, señor.»
Y él me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero.» Palabra de Dios.
Salmos responsoriales
Salmo 22
R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.
Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.
Salmo 33
R. ¡Bendeciré al Señor en todo tiempo!
Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el señor: que lo oigan los humildes y se alegren. R.
Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos. Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores. R.
Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra. ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en él se refugian! R.
Teman al Señor, todos sus santos, porque nada faltará a los que lo temen. Los ricos se empobrecen y sufren hambre, pero los que buscan al Señor no carecen de nada. R.
Salmo 39
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé confiadamente en el Señor: él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. R.
Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: «Aquí estoy.» R.
«En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo. Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón.» R.
Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor. R.
Salmo 77
R. El Señor les dio como alimento un trigo celestial.
Lo que hemos oído y aprendido, lo que nos contaron nuestros padres, no queremos ocultarlo a nuestros hijos, para que pongan su confianza en Dios, para que no se olviden de sus proezas. R.
Entonces mandó a las nubes en lo alto y abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ellos el maná, les dio como alimento un trigo celestial. R.
Todos comieron un pan de ángeles, les dio comida hasta saciarlos. Los llevó hasta su Tierra santa, hasta la Montaña que adquirió con su mano. R.
Salmo 109
R. Tú eres sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec.
Dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies.» R.
El Señor extenderá el poder de tu cetro: «¡Domina desde Sión, en medio de tus enemigos!» R.
«Tú eres príncipe desde tu nacimiento, con esplendor de santidad; yo mismo te engendré como rocío, desde el seno de la aurora.» R.
El Señor lo ha jurado y no se retractará: «Tú eres sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec.» R.
Salmo 115
R. La copa que bendecimos es la comunión de la Sangre del Señor.
¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo? Alzaré la copa de la salvación e invocaré el Nombre del Señor. R.
¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos! Yo, Señor, soy tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. R.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor. Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo. R.
Salmo 144
R. Abres tu mano, Señor, y nos sacias con tus bienes.
Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder. R.
Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das la comida a su tiempo; abres tu mano y colmas de favores a todos los vivientes. R.
El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad. R.
Salmo 147
R. El que coma de este pan vivirá eternamente.
¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! El reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.
El asegura la paz en tus fronteras y te sacia con lo mejor del trigo. Envía su mensaje a la tierra, su palabra corre velozmente. R.
Revela su palabra a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel: a ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos. R.
Segundas lecturas relacionadas con la Eucaristía
Ya que hay un solo pan, todos formamos un solo cuerpo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 10, 16-17
Hermanos: El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo?
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan. Palabra de Dios.
Evangelios apropiados para la Primera Comunión
Jesús recibe y bendice a los niños
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 13-16
En aquel tiempo llevaron unos niños a Jesús, para que los tocara; pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban.
Jesús, viendo esto, se enojó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos.
Os aseguro que el que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Tomó en sus brazos a los niños y los bendijo poniendo las manos sobre ellos. Palabra del Señor.
Jesús, pan vivo bajado del cielo
Del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”.
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día”. Palabra del Señor.
Esquema de una celebración de Primera Comunión
Una celebración puede incluir el canto de entrada, el saludo, el acto penitencial, la oración colecta, la primera lectura, el salmo responsorial, la segunda lectura, el canto del Aleluya, el Evangelio, la homilía, la oración universal, la presentación de las ofrendas, la oración sobre las ofrendas, la plegaria eucarística, el Padre Nuestro, el rito de la paz, la fracción del pan, la comunión, la oración después de la comunión y la bendición.
Bienvenida
Buenos días a todos y bienvenidos a la parroquia de San José. Hoy, cumpliendo el mandato del Señor de celebrar el Memorial de su muerte y resurrección, nos hemos reunido alrededor de su mesa para celebrar la Eucaristía.
En ella, algunos de los miembros más pequeños de nuestra comunidad recibirá por vez primera el Cuerpo del Señor Sacramentado. Para favorecer el clima de oración, de escucha y por respeto al lugar y al momento en el que nos encontramos, a partir de ahora todos los teléfonos celulares deberán estar apagados.
Los invito a ponernos de pie para recibir al sacerdote.
Oración universal
Oremos a Dios nuestro Padre, unidos a su Hijo, Jesucristo, para que conserve en su Espíritu a cuantos acudimos a Él. A cada petición respondemos “Escúchanos Padre”.
- Te pedimos por el Papa Francisco para que nos siga conduciendo por el buen camino, enseñándonos la alegría que proviene del Evangelio. Oremos. Todos: Escúchanos Padre.
- Te pedimos por las catequistas, diáconos y sacerdotes que conocemos y los de nuestra comunidad, para que continúen con su hermosa labor de educarnos en la fe y sigamos valorando la gran importancia que tiene nuestra formación cristiana. Oremos. Todos: Escúchanos Padre.
- Te pedimos por todos nosotros, los que hoy hemos escuchado la Palabra de Dios y comulgaremos al participar plenamente en esta Eucaristía, para que vivamos siempre en el corazón de Jesús. Oremos. Todos: Escúchanos Padre.
- Te pedimos por nuestros papás y padrinos para que tengan buena salud física y espiritual. Oremos. Todos: Escúchanos Padre.
- Te pedimos por los pobres y necesitados, para que encuentren en nosotros ayuda y compañía. Oremos. Todos: Escúchanos Padre.
Escucha Padre bueno, nuestras plegarias y derrama tu amor sobre todos los hombres. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Todos: Amén.
También pueden emplearse estas peticiones:
- Por nuestro Santo Padre el Papa Francisco, los obispos, sacerdotes, diáconos, hermanas y hermanos religiosos, para que puedan vivir en fidelidad su vocación al servicio de Dios, guiando a las personas que les han sido confiadas. Roguemos al Señor.
- Por nuestros padres, familiares y amigos. Que Dios continúe bendiciéndolos, protegiéndolos y guiándolos para aumentar nuestro conocimiento en Dios y podamos crecer en su amor día a día. Roguemos al Señor.
- Por nuestros catequistas, sacerdotes, líderes parroquiales y todos los que han colaborado en el camino de fe de estos niños y niñas que recibirán por vez primera el cuerpo del Señor. Roguemos al Señor.
- Oremos por nuestros niños y niñas que hoy están recibiendo su Primera Comunión, para que puedan crecer amando a Jesús, que se hace presente en el Sacramento de la Eucaristía. Roguemos al Señor.
- Por nuestras peticiones personales, que guardamos en silencio en nuestro corazón. Roguemos al Señor.
Oración sobre las ofrendas
Señor, al celebrar el memorial de nuestra salvación, imploramos humildemente tu clemencia, a fin de que este sacramento de amor sea para nosotros signo de unidad y vínculo de caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Todos: Amén.
Oración después de la comunión
Dios nuestro, que la participación en este banquete celestial nos santifique, de modo que, por la recepción del Cuerpo y la Sangre de Cristo, se estreche entre nosotros la unión fraterna. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Todos: Amén.
Cantos adecuados para la celebración
- Entrada
- Aleluya
- Ofertorio
- Santo
- Padrenuestro
- Comunión
- Salida
Entre los cantos propuestos se encuentran «Somos ciudadanos de un mundo», «Tomado de la mano con Jesús yo voy», «Junto a Ti, Señor, rezaré», «El Señor nos ha reunido junto a él», «Iluminar es hoy el reto», «Jesús, sé que estás ahí en el sagrario», «El Señor Dios nos amó como nadie amó jamás», «Señor, toma mi vida nueva» y «Junto a ti, María».
Canto de comunión
Jesús, sé que estás ahí en el sagrario, esperando que alguien te venga a acompañar. Sin hablar, como en la cruz. Tus ojos buscan dónde descansar.
Jesús, mírame, estoy junto a Ti. Aunque sólo soy un niño, yo lo quiero de verdad y le canto con los ángeles a Jesús en el altar.
Aunque sea muy poquito lo que yo le puedo dar, a Él le gusta que yo vaya a buscarlo en el altar.
Otro canto eucarístico
El Señor Dios nos amó como nadie amó jamás. Él nos guía como estrella cuando no existe la luz. Él nos da todo su amor mientras la fracción del pan. Es el pan de la unidad, el pan de Dios.
Es mi cuerpo: tomad y comed. Es mi sangre: tomad y bebed. Pues yo soy la Vida, yo soy el Amor. Oh, Señor, condúcenos hasta tu amor.
El Señor Dios nos amó como nadie amó jamás. Sus paisanos le creían hijo de un trabajador. Como todos, Él también ganó el pan con su sudor, y conoce la fatiga y el dolor.
El Señor Dios nos amó como nadie amó jamás. Él reúne a los hombres y les da a vivir su amor. Los cristianos, todos ya, miembros de su cuerpo son, nadie puede separarlos de su amor.
Inicio de la MISA DE PRIMERA COMUNION
Orientación para escoger una combinación de lecturas
Una combinación centrada en la Eucaristía puede incluir la lectura del Éxodo sobre el maná, el Salmo 22, la lectura de la primera carta a los Corintios sobre el único pan y el Evangelio según san Juan sobre Jesús, pan vivo bajado del cielo.
Otra combinación puede presentar la vida comunitaria de los primeros cristianos mediante la lectura de los Hechos de los apóstoles 2, 42-47, el Salmo 22 y el Evangelio según san Marcos, en el que Jesús recibe y bendice a los niños.
Si se desea destacar la unidad de la Iglesia, puede escogerse la lectura de la primera carta a los Corintios 10, 16-17: «El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan.»
Si se desea subrayar la renovación de la vida cristiana, puede utilizarse la lectura de la carta a los Romanos 6, 3-11: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.»