En Chile hay más de tres mil clubes de fútbol amateur y las peleas siempre han existido en sus historias. Sin embargo, dirigentes, jugadores y árbitros coinciden en que la violencia de las últimas décadas adquirió características más graves: las discusiones y los golpes que antes terminaban con el pitazo final dieron paso a amenazas de muerte, ataques con armas blancas, pistolas y homicidios.
“Jugué la Copa de Campeones en los años 90, era todo sanito. No había tanta violencia. Había peleas a gritos y combos, pero todo quedaba en la cancha”. Carlos Morales, de 56 años, ha sido miembro del club de fútbol amateur Estrella Roja de Valparaíso durante casi la mitad de su vida.
En ese tiempo ha visto pasar a familias completas por las gradas y también ha sido testigo de la escalada de violencia en el deporte. El club de la Quinta Región agrupa a cientos de vecinos. Sin embargo, Morales sostiene que hace años que ya no es lo mismo.
Las riñas a puño que se olvidaban con el pitazo final mutaron a ataques con cuchillos y armas de fuego. El tesorero de la organización dice que “el fútbol se está degenerando”.
De la pelea en la cancha a las amenazas con armas
La violencia no solo se extiende a los clubes y sus miembros, sino que también alcanza a otras áreas del fútbol. Con 42 años de experiencia arbitrando en las ligas amateur, Julio Díaz, de 50 años, cuenta que “antes el ambiente era mucho más familiar. Salíamos del camarín con susto, porque teníamos que pasar por entremedio de la gente, pero te decían: ‘Profe, no se preocupe, aquí perdimos, no importa. Profe, tenemos empanaditas para ustedes’. Te ibas caminando por la cancha, pero ahora ni eso puedes”.
Carlos Soto (57), dirigente del club Agustín Krogh de San Joaquín, comenzó a jugar desde los cuatro años y cuenta que las discusiones propias de los resultados eran cotidianas, pero perdedores y ganadores compartían bebidas y comida tras terminar el partido. Esa camaradería se fue diluyendo.
“Esto no es nuevo. Hace alrededor de 10 años que hay clubes con los que a uno le da miedo jugar, porque tienen características muy violentas”, afirma Morales.
Ese análisis lo comparte Soto, de Estrella Roja. “La violencia siempre ha existido, pero la diferencia de estos últimos seis años con lo que pasaba 30 años atrás es que antes las peleas eran más sanas. Combo a combo y a garabato limpio. Podía haber un golpe de nariz y nada más. Hoy día no. La cosa se desató y, lamentablemente, ya hay pistolas, arma blanca, un sinfín de cosas que se están utilizando en las peleas”, recalca.
Uno de los momentos que sacudieron a los miembros del equipo se dio hace casi tres años. Soto, que prefiere no revelar los nombres de los clubes involucrados por razones de seguridad, asegura que un dirigente deportivo de la comuna de San Joaquín recibió amenazas de muerte con armas de fuego tras un partido.
“Cuando nosotros supimos la noticia dijimos ‘hay que eliminar al club completo, no se pueden aceptar ese tipo de situaciones’. Después se presentó una moción del propio club agresor en la que dijeron que se iban a encargar de ese tema, que iban a individualizar al tipo que había lanzado la amenaza y después no supimos en que quedó”, relata.
Los comentarios entre los demás clubes estaban colmados de aprensiones. El dirigente manifiesta que fue un gran impacto para la directiva: “Nunca nos habíamos enfrentado a algo así. Ahí dimensionamos recién el nivel de violencia”.

Un partido de 2022 marcado por cuchillos y pistolas
El comentario entre el plantel del Atlético Cultural Balmaceda era que uno de los jugadores del equipo de San Bernardo, al que se enfrentaban, estaba utilizando un grillete electrónico que localiza a presos en libertad condicional o con reclusión domiciliaria.
Felipe Díaz (27), jugador del Atlético, asistió a ese partido de 2022. Cuando su equipo ganó el encuentro comenzaron los ataques. En medio de la golpiza, recuerda, el jugador con la tobillera los amenazó con un cuchillo. Así, los miembros del Atlético Cultural Balmaceda debieron ser escoltados por Carabineros para salir sin ser agredidos.
“A mí me sacaron antes, porque me habían ofrecido quebrarme durante el partido. El entrenador me sacó y al final igual le pegaron un compañero y el árbitro puso una roja. Le pegaron al árbitro, nos intentaron acuchillar, con pistolas también nos amenazaron”, cuenta Díaz.
Barrios, alcohol, drogas y circulación de armas
Los dirigentes argumentan que los comportamientos de los miembros han cambiado junto a las características de los barrios. Sobre este punto, Soto señala que cuando se enfrentan a otros equipos es común ver a jugadores pasados de revoluciones por la droga o alcoholizados, lo que también influye en los niveles de violencia.
Para Ignacio Castillo, director de la Unidad de Crimen Organizado del Ministerio Público, la violencia armada en las canchas amateur se trata de un comportamiento que responde a múltiples factores.
Por una parte, existe una relación con las dinámicas del barrio, contextos con baja institucionalidad y, en los casos más complejos, tienen su raíz en el tráfico de drogas o vínculos con organizaciones criminales.
“En Chile existe una circulación al alza de armas y se trata principalmente de armas que en ningún caso pudieron ser inscritas. Es decir, armas absolutamente ilegales, las que aparecen no sólo en contextos propios del crimen organizado, sino también en dinámicas delictivas más tradicionales”, precisa el funcionario.
En agosto de 2025 se registraron más de 867.000 armas de fuego inscritas y aumentaron los delitos asociados a drogas y armas.
El fútbol formativo también queda expuesto
Diego Montecinos (27), jugador del Huracán de Llolleo y entrenador de la serie de cadetes, dice que la escalada de violencia también alcanza a los adolescentes:
“Nosotros ganamos la final al último minuto y el otro equipo agredió al árbitro con sillas. Entonces imagínate, es fútbol formativo, y era tal el nivel de violencia que ni los padres podían controlar a sus niños”.
El episodio muestra que la violencia no se limita a los partidos de adultos ni a los enfrentamientos entre hinchadas organizadas. También aparece en categorías juveniles, donde participan adolescentes, familias y entrenadores.
Clubes con grandes inversiones y preguntas sobre el dinero
Montecinos apunta además al crecimiento meteórico de algunos clubes. Mientras que la mayoría de las organizaciones apenas sobrevive con bingos, completadas y rifas para costear uniformes y traslados, hay otros planteles que incluso han contratado a exjugadores de ligas profesionales.
Y agrega: “Ya de amateur va quedando poco, porque hay clubes que están invirtiendo mucho. Ahí uno se pregunta: ¿De dónde sacan tanta plata?”.
El exfiscal y actual director del Centro de Estudios en Seguridad de la Universidad San Sebastián, Luis Toledo, afirma que este nexo se propició con la llegada de bandas criminales internacionales, que exportaron estos comportamientos.
Para las organizaciones es atractivo utilizar las estructuras de los equipos de fútbol para ganar territorio y conexión con los vecinos.
“Una cancha mueve a muchas personas y eso permite ser una plataforma funcional para el crimen organizado. Se ha demostrado que un club de barrio perfectamente puede mover millones de pesos sin llenar los estadios ni vender camisetas. Y cuando eso sucede, cuando el club mueve millones de pesos sin ningún éxito deportivo, estamos frente a un esquema claro de lavado activo”, explica Toledo.
En Chile ya se han registrado investigaciones de equipos amateur que resultaron ser una fachada para bandas de narcotraficantes.
En septiembre de 2025 la PDI detuvo a 18 personas que utilizaban el esquema de un club deportivo para lavar dinero proveniente del tráfico de drogas.
Este año, la Fiscalía de Valparaíso desbarató a un equipo amateur de Quilpué que enviaba droga hacia el norte a través de los buses en los que trasladaban a los jugadores.
Sin embargo, el prefecto inspector Jorge Abatte, jefe nacional de Delitos Contra las Personas de la PDI, precisa que estos son casos todavía puntuales y que la mayoría responde a riñas que escalan a homicidios por la alta circulación de armas de fuego.
| Situación | Antecedente |
|---|---|
| Clubes de fútbol amateur | Más de tres mil clubes en Chile |
| Armas de fuego inscritas | Más de 867.000 en agosto de 2025 |
| Lavado de dinero | 18 personas detenidas en septiembre de 2025 |
| Homicidios en este contexto | 12 homicidios durante 2025 |
Homicidios durante partidos amateur
Este conjunto de causas podría explicar lo que se ha ido intensificando cada año.
En 2024, un menor de 17 años fue detenido por homicidio frustrado contra un adolescente de 14 años, cuando ambos jugaban un partido amateur en Coyhaique.
Como este, hay al menos una decena de casos. El año 2025 cerró con 12 homicidios en este contexto.
Ese desenlace fatal se repitió el domingo 1 de marzo en San Antonio, cuando Nicolás Vial, uno de los jugadores de Estrella Roja, fue asesinado a tiros por un jugador del equipo rival, Cerro Alegre.
El sujeto al que detuvieron por ese homicidio tenía antecedentes penales por lesiones y robo. También estaba cumpliendo una condena por receptación.
La suspensión de los torneos regionales
La Asociación Nacional de Fútbol Amateur (ANFA) decidió suspender los torneos regionales luego del asesinato en San Antonio.
Una determinación que contrasta con todos los campeonatos que continuaron, pese a las muertes de hinchas o jugadores.
Hoy, Justo Álvarez, director de la asociación, no explica por qué no ocurrió antes. Sin embargo, defiende que “el torneo se suspendió porque mataron a una persona en un campo deportivo. Por eso lo paré, y creo que es un hecho grave. Si mañana ocurriera una cosa parecida, va a ser peor la cosa. Ahí yo creo que debería terminarse con los torneos”.
Ariel Marchant, presidente de la Asociación Regional de Fútbol Amateur (ARFA) de Valparaíso, le da otra explicación: “Yo creo que porque fue un jugador el que murió, es muy diferente a lo que ha sucedido siempre”.
Las cifras difieren. Al menos desde julio de 2025, dos jugadores han muerto en el contexto de partidos de fútbol, según informaciones de prensa.
En Colina, un miembro del Club San Martín fue baleado por un joven de 17 años que pertenecía al Club Santa Marta.
En esa riña falleció una segunda persona: el padre del adolescente que antes había sido atacado a tiros.
Árbitros y familias: el miedo a participar
Díaz, árbitro con más de 40 años de experiencia, dice que la violencia también ha afectado la inscripción de nuevos jueces para los partidos, que ven con temor dedicarse a un rubro tan expuesto.
El mismo miedo que sienten en el club Agustín Krogh.
Su dirigente cuenta que en 2024 tomaron la decisión como directiva de no presentarse ante un partido por el historial del equipo rival, también de San Joaquín, de peleas con pistolas y cuchillos.
“Preferimos pagar la multa, aunque no nos sobra la plata, que exponer a nuestras familias. No se gana por fútbol, se gana por prepotencia”.
La frase resume el impacto de la violencia sobre el sentido original de las competencias amateur. Los clubes no solo deben considerar el resultado deportivo, sino también la posibilidad de que jugadores, árbitros, dirigentes y familiares queden expuestos a agresiones.
La pérdida de la comunidad barrial
Rodrigo Figueroa, académico del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile, explica que los episodios de violencia son un reflejo de la sociedad.
“Ya no está la comunidad propia de barrios, de apoyarse. La moral social ha ido desapareciendo y el otro es visto como un enemigo”, indica el experto en sociología del deporte.
La transformación también es visible en las relaciones posteriores a los partidos. Carlos Soto recuerda que perdedores y ganadores compartían bebidas y comida tras terminar el encuentro. Esa camaradería se fue diluyendo.
La cancha deja así de funcionar como un espacio de encuentro entre vecinos y puede transformarse en un escenario de rivalidad permanente. La identificación con el club, cuando se combina con amenazas, consumo de alcohol o drogas, acceso a armas y conflictos territoriales, desplaza la convivencia que antes vinculaba a los equipos.
Los hinchas organizados y la violencia en el fútbol chileno
El fenómeno de la violencia en el fútbol chileno también ha sido analizado a partir de las hinchadas organizadas, aunque este ámbito corresponde principalmente al fútbol profesional y a los estadios.
Con la revuelta social de octubre de 2019, las y los hinchas y barras han pasado de ser actores secundarios a actores protagonistas en la movilización social.
El hincha ha estado desde los inicios de la revuelta social. Tanto desde lo individual como desde lo colectivo, se han visto circular y manifestarse públicamente a diferentes hinchadas a nivel nacional.
Desde el 18 de octubre, a raíz del llamado a evasión masiva y protesta de los secundarios en el transporte público en Santiago, miles de personas, colectivos y organizaciones de la sociedad civil decidieron salir a la calle a nivel nacional a mostrar su descontento y malestar por décadas de políticas neoliberales.
Pues bien, es en este contexto que el fútbol, como una dimensión relevante dentro de la vida cotidiana de muchos de las y los ciudadanos, no ha estado al margen de la protesta social y de los cuestionamientos al orden social vigente.
Diversas hinchadas, de distintos equipos del país, han llevado una serie de acciones tanto en la propia protesta social, convocada en las calles y plazas públicas, como al interior de los estadios.
Las barras, los y las hinchas, se han sumado con sus orgánicas, con sus cánticos, con su “aguante”, a la protesta social a lo largo del país, convirtiéndose en un auténtico soporte, material y simbólico, de las manifestaciones en las plazas públicas.
El origen del barrismo organizado
Siguiendo el recorrido de Rodrigo Soto, Verónica Moreira, Carlos Vergara (2013), existe un consenso respecto al origen del barrismo en Chile en 1986 con la formación de las facciones de la Garra Blanca, del club de fútbol Colo Colo, y de Los de Abajo, del club de fútbol Universidad de Chile, en pleno contexto represivo de la dictadura cívico-militar (1973-1990).
Las características nuevas que definen su origen, tomando distancia así con el clásico hincha del fútbol según Cifuentes y Molina (2000), Recassens (1999) y Santacruz (1991), se encuentran el contexto sociohistórico que significó la experiencia autoritaria y la llegada del régimen democrático.
Durante el periodo represivo, fue precisamente la juventud quienes se vieron principalmente afectados por la represión y control del Estado autoritario, y con ello, una clausura de espacios de representación y organización política, con especial crudeza en los sectores populares de la población, siendo estos mismos, además, los principales protagonistas de acciones de protesta contra el régimen (Salazar y Pinto, 2002:273).
En ese sentido, como dan cuenta los resultados de Cifuentes y Molina (2000), dentro del relato sobre los orígenes de las principales barras, se reconoce que a causa de las restricciones y el rechazo al régimen dictatorial cívico-militar, fueron una causal de que jóvenes de sectores populares encontraran en el barrismo un espacio de desahogo y protesta respecto a la realidad que se les imponía.
Los “piños” y el “aguante”
Respecto a algunos rasgos claves, la noción de “piños” resulta nuclear para la comprensión de las barras.
En Cifuentes y Molina (2000) la caracterizan como una estructura fundamental, pues son “…el motor del accionar de la Barra. Es el motor micro identitario desde donde se tejen a partir de una territorialidad, lazos generacionales, experiencia de clase y consumos socio-deportivos-, las primeras afirmaciones y negaciones sociales”. (p.5).
En ese sentido, siguiendo con los autores, el “piño” es una forma de agrupación juvenil popular legítima la cual opera como un verdadero soporte colectivo que otorga integración simbólica identitaria y protección material en torno a la violencia con otros “piños” rivales.
Por su parte, en Abarca y Sepúlveda (2003), por ejemplo, se detalla algunos alcances en torno “los piños” y sobre el “ethos del aguante” que las estructura.
En ese sentido la “ideología del aguante” se expresa a través de la puesta en desafíos para las individuales tanto en las acciones de barrismo al interior de los estadios como en la territorialidad en la confrontación con otros piños rivales.
De esta manera la estructura de poder y la legitimidad (de orden) del barrista transitan a través del capital social y simbólico fraguado por acciones que demuestren el “aguante” fuera y dentro del recinto deportivo, es decir, dentro de la cancha como un compromiso de la entrega física a una pasión por el equipo en la galería, y fuera de la cancha como un sistema de prestigio y autoridad basado en el ejercicio de la violencia bajo un código de procedimiento en la ley del “más malo” respecto a los piños rivales o cualquier ocasión donde la eficacia de la violencia pueda ser medida (Ibid., 2003).
“La capacidad públicamente demostrada de un varón para actuar en consecuencia con esta demanda, es la principal fuente de su prestigio personal y grupal.
Hinchadas, protesta y suspensión del fútbol
El sábado 19 de octubre, a raíz de la declaración de Estado de Excepción constitucional por parte del gobierno y toque de queda por el jefe de zona, se suspende indefinidamente todo espectáculo masivo, entre ellos el fútbol.
La Asociación Nacional de Fútbol Profesional, en adelante ANFP, luego de pasados algunos días, el martes 22 decide ratificar la suspensión indefinida del fútbol en todas sus ramas, masculina, femenina y series menores.
El martes 05 de noviembre, la Confederación Sudamericana de Fútbol, CONMEBOL, luego de una reunión con los representantes de los equipos de Flamengo y River Plate, y de la ANFP, anunció que la final de la Copa Libertadores de América se trasladará a la ciudad de Lima y ya no se realizará en Santiago, debido al contexto de manifestación social en el país.
Pese a que el gobierno había ratificado hace menos de una semana que la final se realizaría en el país.
La participación de las y los hinchas, y las barras, en lo que va de la revuelta se puede identificar en dos grandes momentos.
El primer momento denominado ‘‘Perdimos mucho tiempo peleando entre nosotros’’ que tiene como gran hito el llamado a la unión entre barras y suspensión total de la actividad futbolística.
El viernes 22 de noviembre, a un mes del inicio de la revuelta social, la plaza dignidad se preparaba para una nueva jornada de manifestación masiva.
En las murallas del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), centro que se ha convertido en símbolo de las expresiones culturales en plena Alameda, se leía un cartel con el lema ‘‘Perdimos mucho tiempo peleando entre nosotros’’ sobre los colores de Colo Colo, Universidad de Chile, Universidad Católica, Cobreloa, Unión Española y Santiago Wanderers, haciendo un llamado a la unión entre hinchadas y barras en la movilización contra el modelo neoliberal y el gobierno de Sebastián Piñera (Arellano, 2019).
El viernes 29 de noviembre, luego de la suspensión de la semana pasada del partido entre Unión La Calera y Deportes Iquique, junto con el llamado de diversas barras a paralizar el fútbol chileno, la ANFP decidió suspender de manera definitiva el campeonato nacional masculino y declarar como campeón al equipo de Universidad Católica de manera anticipada.
Enfrentamientos en estadios durante 2020
El martes 28 de enero, el club de fútbol Colo Colo se estrenaba victoriosamente de local en el campeonato nacional ante el equipo Palestino.
Sin embargo, este día estaría lejos de significar una alegría para el pueblo albo.
Debido a los múltiples traumatismos que significó la acción demencial de carabineros, Jorge murió a la edad de 37 años en la posta central.
Dejó tras de sí, una familia, amigos, amigas y camaradas.
Al día siguiente las palabras de la magistrada Andrea Acevedo, encargada de tomar las medidas cautelares al carabinero implicado en la muerte de Jorge, resonaron por todo el país sin dejar indiferente a nadie.
Valiéndose de su rol, y muy lejos de lo esperado, realizó un juicio público sobre la víctima, indicando que era parte de una barra que se caracterizaba por no tener una ‘‘actitud acorde a las reglas sociales y al Estado de derecho’’ y que había que considerar su ‘‘estado etílico’’ al momento de los hechos, junto con señalar que al victimario no le estaban lanzando ‘‘flores y challas’’ y que en un contexto así, era bastante lógico que alguien quisiera preservar su vida aumentando la velocidad para salir del lugar.
Las palabras de la jueza significaron repetir una actitud, que antes de la revuelta venían realizando personeros de los otros poderes del Estado y que sin duda contribuyeron en gran medida a comenzar la revuelta social.
Durante todo el día del miércoles 29 de enero se llevaron a cabo manifestaciones en diversos puntos del país.
La muerte de Neco marcó una nueva etapa dentro de la revuelta social y las palabras de la jueza alimentaron el sentir de vulnerabilidad y violencia de un sistema económico, político y judicial clasista y persecutor de la manifestación popular.
Las noches del miércoles y jueves 30 se transformaron así en una reemergencia de las movilizaciones a través de enfrentamientos entre manifestantes y carabineros.
El viernes 31 de enero comenzaba una nueva fecha del torneo nacional, el ambiente era tenso debido a que diversas hinchadas llamaban a paralizar el fútbol por completo.
En Coquimbo, primer partido de la fecha, jugaba el local y el equipo de fútbol Audax Italiano.
En la tarde del 31 de enero, en Santiago, el llamado por redes sociales a congregarse a las 18.00 horas en Plaza Dignidad, ex Plaza Baquedano, se cumplió.
Miles de personas ocuparon la plaza principal de la capital.
Barras de los clubes de Colo Colo, Universidad Católica, Universidad de Chile y Santiago Wanderers se congregaron en la plazoleta Baquedano y en conjunto entonaron diversos cánticos y animaron la concentración con bombos y fuegos de artificio.
El sábado 01 y domingo 02 de febrero serán recordados como días de enfrentamientos entre hinchas de la Universidad de Chile como de la Universidad Católica con Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile.
El partido de la U se desarrolló con enfrentamientos en los alrededores del estadio y cánticos contra el gobierno (Olea, 2020).
Mientras que el partido del equipo Universidad Católica se desarrolló con enfrentamientos con Carabineros tanto en los alrededores del estadio como en galerías, junto con cánticos, lienzos y el enfrentamiento contra guardias de seguridad del recinto y contra otros hinchas que buscaban que el partido se desarrollara en plena normalidad (Editorial AlAireLibre.cl, 2020b).
El martes 04 de febrero se jugó el partido de Universidad de Chile contra el club brasileño Internacional de Porto Alegre por la Fase previa de la Copa Libertadores de América.
El partido que estuvo en duda desde días antes de ser jugado estuvo enmarcado en un clima tenso de nuevos enfrentamientos entre barristas y fuerzas especiales.
Los conatos se dieron nuevamente en los alrededores del Estadio, mientras que en la galería sur se inició una barricada que fue cubierta por la transmisión oficial y que fue acompañada por lienzos y cánticos denunciando las violaciones a los derechos humanos perpetradas por el gobierno de Sebastián Piñera (Zamorano, 2020).
El domingo 16 de febrero jugaban los equipos Colo Colo y Universidad Católica en el Estadio Monumental David Arellano, en lo que debía ser el primer encuentro masivo del campeonato actual.
El partido comenzó en un ambiente tenso, ya que era el primer partido de local que jugaría Colo Colo luego de la muerte de su hincha y que estaría marcado, a su vez, por la ausencia de la barra visitante.
El encuentro se desarrolló en medio de cánticos, cortes provocados por estruendos de bombas de ruido y fuegos de artificio, junto con un gran lienzo desplegado en tribuna con el lema ‘‘Los Pacos los Mataron’’ en relación a los asesinatos perpetrados por Carabineros a Jorge Mora y Ariel Moreno, ambos hinchas albos.
El partido finalmente se suspendería en el minuto 63’ luego de que juegos pirotécnicos se lanzaran directamente a la cancha y uno de ellos le llegara directamente a un jugador de Colo Colo en su cuerpo, quien sufrió heridas leves en su muslo derecho.
Luego de esto, el árbitro decidió suspender el partido.
Al otro día, la noticia de la suspensión y de los desmanes se tomó los medios de comunicación.
Desde la prensa el discurso era el de siempre: la culpa es de los ‘‘antisociales’’, ‘‘desadaptados’’, ‘‘delincuentes’’, entre otros calificativos.
Blanco y Negro (ByN), sociedad anónima que administra el club Colo Colo, no tardaron en comunicar que una vez identificadas las personas responsables, se les prohibiría el ingreso a los partidos de por vida.
Registros de participantes y partidos de riesgo
Ante las alertas de violencia en la cancha, la Municipalidad de Quilpué, donde se han registrado varios incidentes, presentó ante la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados un plan con las cuatro asociaciones de fútbol amateur para identificar partidos de riesgo y control de participantes sancionados.
El diputado Jorge Guzmán (Evópoli), presidente de la Comisión de Deportes, señala que en la instancia legislativa han planteado propuestas para mantener un registro de los miembros de los clubes con prácticas violentas, que podría estar a cargo del Ministerio de Deportes o Seguridad.
La necesidad de identificar partidos de riesgo responde a una realidad en la que los clubes ya evalúan previamente la seguridad de sus rivales. En 2024, el club Agustín Krogh decidió no presentarse a un partido por el historial del equipo contrario de peleas con pistolas y cuchillos.
“Preferimos pagar la multa, aunque no nos sobra la plata, que exponer a nuestras familias”.
El impacto sobre los clubes
Aunque el daño al fútbol amateur ya está hecho.
Morales, tesorero del Club Estrella Roja, comenta que tras los funerales del jugador asesinado, decidieron no participar más de la Copa de Campeones.
Lo mismo han decidido otros clubes, como Guillermo Rivera, que retiró a sus equipos masculinos y femeninos.
Este club ya había sido víctima del plantel de Cerro Alegre: en 2024 fueron amenazados con pistolas al término de un partido.
Por lo mismo, el presidente del club, Patricio Hernández, advirtió a la dirigencia de Estrella Roja.
“Les dijimos que se cuidaran, porque nosotros tuvimos que salir escoltados por Carabineros”.
La dirigencia de Valparaíso agradeció la preocupación y destacó que el partido se jugaría con luz de día, a las 16.00, lo que les brindaría mayor seguridad.
El domingo, Hernández estuvo atento a la transmisión. A pocos minutos de que el encuentro finalizara, el video se cortó.
La pregunta que todos repetían era qué había pasado. Hernández tenía un mal presentimiento.
Minutos más tarde, el presidente de Estrella Roja, Ricardo Tobar, envió un primer mensaje al grupo: ‘Balearon a un jugador, está grave’.
Diez minutos después, Tobar actualizó la noticia: “Lamentablemente, nuestro jugador no resistió y murió”, escribió.
Hernández quedó en shock y recordó la conversación que habían tenido.
“Creí que podría haber una pelea, pero había tomado otro ribete”, dice.
La dimensión política de las hinchadas
¿Qué relación tienen las hinchadas organizadas de fútbol con la política?
En la realización de este artículo se utilizó como técnica el análisis de contenido cualitativo, definida por Krippendorff (1999: 28) como “una técnica de investigación destinada a formular, a partir de ciertos datos, inferencias reproducibles y válidas que puedan aplicarse a su contexto”.
De lo anterior, la primera pregunta que cabe realizar es ¿Cómo entender la emergencia de este actor social en las calles durante la revuelta social?, y partir de ella, ¿Qué relación tienen las hinchadas organizadas y la política en Chile?
Siguiendo a Soto y Moreira (2013:238), en Chile las relaciones de las barras organizadas con instituciones políticas y/o autoridades políticas o deportivas prácticamente no se ha estudiado a diferencia del caso argentino.
Finalmente, luego de este recorrido, la producción académica respecto a la dimensión política, como organización política, del barrismo organizado en Chile parece tener como último registro prácticamente los antecedentes en su mismo origen en el contexto de las protestas contra la dictadura cívico-militar de los años 80’.
Resulta curioso que en los resultados de las investigaciones que pretendieron caracterizar el fenómeno del barrismo organizado no hubiera apartados que toquen la dimensión política al interior de ellas durante los años 90 y 2010.
Lo que se constata es que en el caso chileno no existe, ni como teoría ni objeto de investigación, tampoco por lo pronto como un hallazgo en algún estudio, el fenómeno de la dimensión política en las barras organizadas.
De esta manera, y retornando, ¿cómo es posible, a partir de la revisión académica, responder la emergencia del barrismo organizado en la revuelta social?
Para nosotros es posible hallar algunas respuestas a partir del ciclo de movilizaciones sociales que inicia en 2010 a nivel global (Pleyers, 2017), y que en el caso Chile ocurre con fuerza en el año 2011 con las protestas de las y los estudiantes universitarios en contra de las políticas neoliberales que regían y continúan rigiendo el sistema educativo.
Aquel ciclo revela al menos dos transformaciones o procesos en curso en la sociedad chilena.
Respecto al proceso de politización de la sociedad, desde el año 2011 en adelante, se han ido formando una seri...