Fútbol masculino y femenino: diferencias, desigualdades y evolución del deporte

El fútbol masculino y femenino comparten las mismas reglas esenciales, los mismos campos, las mismas porterías y los mismos objetivos deportivos, pero todavía se desarrollan en condiciones económicas, mediáticas e institucionales muy diferentes. La diferencia más importante no está en la capacidad técnica de quienes juegan, sino en la profesionalización, los salarios, la exposición pública, la inversión y las oportunidades disponibles.

El fútbol femenino ha experimentado un crecimiento extraordinario en los últimos años, con récords de asistencia, audiencias internacionales cada vez mayores y una presencia más relevante en los medios de comunicación. Sin embargo, persisten brechas salariales, desigualdades de infraestructura, contratos inestables y una cobertura inferior a la del fútbol masculino.

Un mismo deporte con condiciones históricamente desiguales

A estas alturas del partido, a nadie le sorprende que se hable de mujeres que juegan al fútbol. Y es que el crecimiento del fútbol femenino es, cuanto menos, imparable. Todos los clubes de fútbol importantes cuentan con divisiones dedicadas a las chicas, aunque hay que reconocer que algunos han sido reacios hasta ahora, y han perdido un tiempo que sí han aprovechado otros para convertirse en potencias nacionales e incluso internacionales.

Partiendo del acceso al deporte, de poder jugarse de manera igualitaria a nivel reglamentario, se podría inferir que a nivel profesional existiría una regulación en cuanto a nivel económico de cada uno de los jugadores y jugadoras. No obstante, se encuentran casos locales como los estudiados por Martínez, Goellner y Rodríguez en Fútbol y mujeres: el panorama de la liga profesional femenina de fútbol de Colombia (2019) donde, con el auge del fútbol femenino y la apertura de la liga en 2017, el deporte y su nivel económico se relaciona con la gran visibilidad que puedan tener en los medios de comunicación, estos últimos, como afirman Giellner, Silva y Botelho (2013) son los encargados de hacer notorio los grandes eventos para los hinchas en todo el mundo.

Así, las reflexiones en torno al fútbol masculino y femenino van más allá del acceso al deporte, a poder jugar y profesionalizarse, sino que es un tema de comunicación, género y economía donde aún falta mucho por recorrer para que, tanto en las reglas como en el hacer, exista más equidad entre hombres y mujeres.

Diferencias físicas y similitudes técnicas

A nivel físico en diversas pruebas se notó que las chicas acusan más las distancias recorridas y los tiempos de juego. En la segunda parte se notan más evidencias de cansancio que en el caso de los jugadores masculinos. Sin embargo, a nivel técnico no hay ninguna diferencia entre géneros.

Tanto ellas como ellos mostraron un buen control del balón, posesión durante el partido, toques y hasta enfrentamientos ganados. Cabe destacar que siempre hay excepciones, y muchas jugadoras pueden superar con creces a la mayoría de hombres, sobre todo si no son futbolistas de élite.

Los partidos de fútbol femenino se juegan en los mismos campos que los equipos masculinos, sin ninguna diferencia. Es decir, que los equipos corren las mismas distancias, hacen los mismos regates y marcan en las mismas porterías que lo hacen los chicos de sus respectivos clubes. En este sentido no existen diferencias entre fútbol femenino y masculino.

Reglas, estilo de juego y profesionalización

El periodista Tom Garry, del periódico británico The Telegraph, lleva ocho años cubriendo el fútbol femenino. Y señala varios aspectos de su juego que lo diferencian del masculino y que lo hacen más atractivo en su opinión, sobre todo en el fútbol de selecciones.

“Las jugadoras, en general, fingen menos cuando reciben faltas y muestran más deportividad”, le dice Garry a BBC Mundo. Esta deportividad quedó reflejada a la perfección tras la tanda de penaltis entre Inglaterra y Nigeria en octavos de final.

Cuando la inglesa Chloe Kelly anotó el penalti decisivo, apenas festejó unos segundos. Enseguida fue a consolar a la portera nigeriana, quien lloraba amargamente tras ser eliminada. El gesto dio la vuelta al mundo y fue halagado como muestra del buen ambiente entre los equipos aunque se jugaban mucho en cada partido.

Jugadoras de fútbol consolando a rival

Garry también observa que más equipos intentan salir jugando desde la defensa con el balón controlado en vez de utilizar el pelotazo. “Hay un alto porcentaje de equipos que muestran menos actitudes defensivas, menos proclives a aparcar ‘el clásico autobús delante de la portería’”.

Para los no entendidos, esa expresión implica acumular muchos jugadores en defensa, lo cual es una táctica criticada y aplaudida según el color de la camiseta. Pero se puede decir con seguridad que un juego más ofensivo suele ser más atractivo para el espectador.

“Definitivamente muchos equipos femeninos presionan arriba, juegan al ataque e intentan priorizar la técnica sobre el físico”, añade Garry. Sin embargo, hay quienes alegan que estas características del juego femenino pueden también deberse a que, en general, el balompié femenino tiene una "menor profesionalización".

“Conceptos defensivos, tácticas de pérdida de tiempo y fingimiento se enseñan en las academias. Muchas jugadoras senior actuales no han tenido esa formación completa desde los 12-13 años como en el caso de los hombres”, coinciden Garry y Christine Philippou, experta en finanzas del deporte en la Universidad de Portsmouth en Reino Unido.

Garry, por último, aclara que se necesitan más de datos y estadísticas para profundizar en estas observaciones.

La brecha salarial entre futbolistas

La principal diferencia: el salario. Este sí que es un punto en el que se nota una gran diferencia entre los jugadores de fútbol profesional masculino y el femenino.

La equiparación salarial parece una utopía cuando se observan las cifras que cobran unos y otras. Mientras que hay futbolistas que tienen una ficha estratosférica, y cada año se supera cuando se abre el mercado de fichajes, casi la mitad de las chicas que juegan al fútbol no perciben ningún salario, mientras que una tercera parte tiene un sueldo que no les permite poder dedicarse solo a este deporte.

De hecho, muchas jugadoras de todo el mundo se han quejado porque tienen mejor rendimiento que muchos hombres y aún así no cobran más que un pequeño porcentaje en comparación con ellos, como ocurre con las primas por ganar el último mundial, que logró Estados Unidos.

Además, la brecha salarial deportiva entre el pago de hombres y mujeres, se presenta no solo en ámbito nacional sino también en el contexto europeo, como se explica en el artículo de BBC Cuánto cobran las futbolistas que ganaron la Eurocopa femenina (y cómo se compara con los hombres) (2022).

En países como Inglaterra tanto hombres como mujeres cobran por partido 2.000 euros, no obstante, al momento de ser parte de un club, recibir patrocinadores y bonificaciones, y jugar un torneo como la Eurocopa, las mujeres ganaron 1 millón de euros, en comparación con los 5 millones de euros ganados por el premio mayor de la misma competencia en la subdivisión masculina.

En el camino la tendencia mundial ha ido equiparando, por ejemplo, los salarios y premios entre hombres y mujeres. Las selecciones de fútbol de Noruega, Nueva Zelanda y Australia fueron las pioneras.

El gigante Brasil siguió el camino y ahora la mentada Marta ganará lo mismo que Gabriel Jesús cuando representen al Scratch. Esto es apenas el inicio del emparejamiento de cancha, porque según la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales, los hombres ganan en promedio 1.200% más que las mujeres.

Un ejemplo brutal: Neymar ganó en 2018 lo mismo que 1.693 mujeres de las principales ligas del mundo.

ConceptoMujeresHombres
Mejor pagado/a del mundo en 2020 en fútbolMorgan, US$ 4,6 millonesCristiano, US$ 104 millones
Premio al ganador/a del MundialUS$ 4 millonesUS$ 38,6 millones
Audiencia planetaria en el Mundial de Fútbol1,1 millones de personas3,5 millones de personas
Partidos televisados por fecha en fútbol chileno1 de 89 de 9

¿Y en Chile? La liga femenina sigue siendo amateur, con apenas un puñado de clubes haciendo contratos profesionales que en muy pocos casos llegan al millón de pesos y el resto son solo ayudas económicas para transporte y movilización.

Dos días después del 8 de marzo conviene mirar con algo de distancia una realidad incómoda: el fútbol femenino chileno llega a 2026 atrapado en una paradoja. Mientras el discurso oficial habla de crecimiento, profesionalización y mayor visibilidad, la realidad cotidiana de la mayoría de las jugadoras sigue marcada por precariedad, improvisación y desigualdad estructural.

La situación de la liga femenina en Chile

La temporada 2026 de la Liga Femenina comenzará el 14 y 15 de marzo. Habrá un torneo de 26 fechas con 13 equipos antes de los playoffs que definirán al campeón.

En el papel, el campeonato parece consolidado: hay calendario, bases reglamentarias y algunos ajustes organizativos -como la incorporación formal del VAR para la final- que buscan transmitir mayor profesionalismo. Pero el problema del fútbol femenino chileno nunca ha sido el calendario. Es el modelo.

Desde 2022 los clubes están obligados a tener planteles femeninos profesionales, lo que fue celebrado como un hito. Sin embargo, en la práctica el sistema se convirtió en una profesionalización parcial: muchas jugadoras siguen con contratos a muy corto plazo, salarios bajos o condiciones que apenas cumplen el mínimo legal.

Las propias futbolistas han señalado reiteradamente cuáles son sus prioridades: contratos estables, infraestructura adecuada y atención médica profesional. Es decir, condiciones básicas en cualquier liga que aspire a ser competitiva. Mínimos elementales para corregir desigualdades demasiado evidentes.

En Chile todavía hay planteles que entrenan en horarios marginales, comparten infraestructura con divisiones formativas masculinas o dependen del compromiso personal de entrenadores y dirigentes. Los clubes grandes dominan; el resto sobrevive.

Y, sin embargo, el interés de las mujeres por jugar fútbol crece cada año. Desde esa perspectiva, el abandono institucional resulta aún más injustificado.

La estructura competitiva también revela otra desigualdad. El fútbol femenino chileno se sostiene esencialmente sobre un puñado de clubes. El caso más evidente es Colo Colo, que volvió a ganar el campeonato en 2025 y mantiene una hegemonía histórica.

Universidad de Chile y Santiago Morning han sido los otros protagonistas habituales. Fuera de ese pequeño grupo, muchos clubes apenas logran mantener la rama femenina.

Cuando un equipo enfrenta problemas económicos o deportivos, la sección femenina suele ser la primera en reducirse o desaparecer. Universidad Católica, por ejemplo, recién comienza a enfrentar la deuda histórica que mantiene en este ámbito.

El resultado es una liga con competitividad irregular, donde el desarrollo depende demasiado de proyectos aislados y donde el problema de fondo es la ausencia de un verdadero proyecto país.

Audiencias, estadios y crecimiento internacional

La asistencia demuestra que el interés por el fútbol femenino existe cuando las competiciones reciben visibilidad y apoyo. La final del torneo de 2017 en el estadio El Campín llevó a 33.327 asistentes que colmaron el estadio.

Sin embargo, a pesar de la acogida de partidos como el mencionado, esta no se ve reflejada equitativamente en los pagos a las jugadoras, a la continuidad de la Liga Femenina y, al mismo tiempo, a la atención de los medios de comunicación.

La Euro de 2022 certificó la explosión de popularidad del fútbol femenino desde el Mundial de Francia 2019, rompiendo récords de asistencia y consiguiendo una cobertura mediática que enganchó a millones de espectadores.

La final de la Euro femenina de 2022 colmó la capacidad de 87.192 sillas del estadio de Wembley, la mayor asistencia para una final de Eurocopa -femenina o masculina- en la historia.

Y el interés de los fans, hombres y mujeres, continuó durante el Mundial de Australia y Nueva Zelanda este 2023 que conquistó España ante Inglaterra en la final.

Los aficionados destacan el fútbol femenino por su ambiente más seguro y festivo en las gradas, pero en este último torneo también gozaron con la explosión de nuevas estrellas y la emoción y calidad de los partidos.

Los golazos de las colombianas Linda Caicedo y Catalina Usme ante Alemania y Jamaica respectivamente, la agónica tanda de penaltis entre Francia y Australia, la riqueza táctica de Japón y la exhibición de las españolas en la final ya quedan para siempre en la memoria.

Estadio lleno durante partido de fútbol femenino

La atención del fútbol femenino ha crecido exponencialmente en los últimos años. Durante el Mundial de Francia 2019 la audiencia media en directo alcanzó los 17,27 millones de espectadores, el doble de los 8,39 millones que se registraron en el Mundial de Canadá en 2015, según datos de la FIFA.

En este último Mundial de 2023, casi dos millones de personas acudieron a los partidos en total, superando en 600.000 el récord anterior. "Es un momento imparable. Los números, datos y todo de esta Copa del Mundo han eclipsado a 2019", celebró Sarai Bareman, directora de fútbol femenino de la FIFA.

El papel de los medios de comunicación

A esto, es necesario añadir la importancia de los medios de comunicación, cuya función fundamental es dar a conocer el deporte sin importar quiénes son sus personajes.

Así, partiendo de la popular premisa el fútbol mueve al mundo, es importante tener en cuenta a Elisabeth Noelle Neumann en a La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social (1977), en donde se explica cómo una gran cantidad de los usuarios crean su opinión a partir de la información que dan los medios de comunicación.

En el caso del fútbol femenino solamente ocurre cuando hay un gran torneo como una Copa Mundial, entre tanto, al fútbol masculino constantemente se le da una visibilidad mucho más grande.

resulta más importante hablar de las ligas masculinas y sus súper estrellas que mantener la liga femenina, así la hinchada se haga presente en los escenarios cuando el deber de aficionados los llama.

Ejemplo de ello es la conservación del empate de Colombia contra la Unión Soviética de 1962, que se mantiene en Señal Memoria.

“Hoy, así como se le puede regalar una pelota de fútbol a una niña, también se puede programar un partido de la selección femenina en prime time. Hace diez años ambas cosas hubieran sido inimaginables”. Así de claro. Así de tajante.

Y es que de un tiempo a esta parte, el deporte femenino comenzó a reclamar espacio, dineros y coberturas que antes eran casi exclusivamente de los hombres. Nadie lo cuestionaba mucho. Nadie parecía asombrarse. Hoy, la realidad dice absolutamente lo contrario.

No por nada, por ejemplo, las Rojas lideraron en rating en dos de sus tres partidos durante el Mundial de 2019. Los peaks (entre 24 y 25), eso sí, estuvieron lejos de los que marcó, por ejemplo, la Roja de Alexis y Vidal en la Copa América que se jugó con semanas de diferencia el año pasado (sobre 50 puntos en promedio), aunque a los hombres les favorecía el horario.

“Es una falacia eso de que el deporte femenino no genera lo que el masculino, porque el deporte es un fenómeno social que genera un efecto como el teatro: hay una representación simbólica y aparecen héroes o personajes secundarios, donde cada uno cumple un rol en que la sociedad se refleja.

Entonces, el deporte como fenómeno es transversal, sin género, porque tenemos héroes masculinos y femeninos”, analiza Jorge von Marées, sociólogo de la Universidad Católica.

Exposición pública, referentes y patrocinio

En ese sentido, Chile se ha ido llenando de heroínas. Lo que antes eran casos aislados, como Marlene Ahrens o Anita Lizana, hoy se ven multiplicados. Christiane Endler, Kristel Köbrick, Bárbara Riveros, Francisca Crovetto, Fernanda Valdés y tantas otras.

“El fútbol femenino ya es un fenómeno global: Christiane Endler es mucho más conocida que muchos jugadores titulares de la selección masculina. Deportistas como Köbrich, Ducó, Crespita Rodríguez o Erika Olivera forman parte de la memoria emotiva deportiva de los chilenos”, concuerda Nakasone.

El sociólogo Von Marées asiente, advierte y ejemplifica: “Las Marcianitas o la selección femenina, donde se ve a Tiane Endler como un claro ejemplo de heroína, que logra concentrar el interés de la industria, llegando incluso a ser rostro de marcas, demuestra que el interés que se genera está correlacionado con el nivel de exposición más que con el género.

Las marcas apoyan al deporte masculino porque es el que tiene pantalla”.

La mayor exposición permite que las jugadoras se conviertan en referentes deportivos, pero también muestra que la visibilidad no se distribuye de manera espontánea: depende de las decisiones de los medios, las federaciones, los clubes y los patrocinadores.

Ambientes de los estadios y diversidad de aficionados

Cuando Inglaterra jugó y acogió las finales de las Eurocopas masculina y femenina en el estadio de Wembley en Londres, las celebraciones mostraron dos ambientes muy distintos.

En la primera, la masculina, Inglaterra se enfrentó a Italia. Y lo que comenzó como una fiesta acabó como una “vergüenza nacional” por los miles de hinchas ebrios, muchos también drogados, que protagonizaron actos de violencia y vandalismo y forzaron los accesos del estadio.

Aquellas imágenes contrastaron con la celebración familiar, emotiva y sin incidentes, que se vivió en el verano siguiente cuando las inglesas vencieron a Alemania en un título histórico.

Por fortuna, episodios extremos como los de la Euro en 2021 en Inglaterra no se repiten cada vez que hay una final, pero los partidos de fútbol masculino siguen siendo territorio hostil para muchos, con frecuentes insultos racistas, sexistas y misóginos.

“Son comportamientos que durante mucho tiempo hemos asumido como parte del fútbol, pero que en la versión femenina estamos viendo que no tiene que ser así”, le dice a BBC Mundo Stacey Pope, profesora asociada del Departamento de Deporte y Ciencia del Ejercicio en la Universidad de Durham en Reino Unido.

Pope investigó las percepciones de los aficionados de las selecciones nacionales masculinas y femeninas de Inglaterra, uno de los países con mayor profesionalización del fútbol femenino.

“Los entrevistados sentían que este es un espacio más amigable para las familias y mucho más acogedor para mujeres, niños y aficionados LGBT”, cuenta Pope sobre los resultados.

Esos encuestados encontraron el ambiente del fútbol femenino mucho más seguro, con menos vulgaridad, ebriedad y agresiones físicas y verbales que a veces sufrían en el masculino.

El fútbol femenino es una industria creciente y aún faltan más investigaciones de este tipo para sacar conclusiones más generales, pero Paola Kuri, analista mexicana y seguidora de tanto fútbol femenino como masculino, corrobora lo hallado por Pope.

“En el fútbol varonil se ven episodios de odio y racismo que no vemos en el femenil, donde prima un ambiente de movimiento social más respetuoso y, más que los colores, se celebra también la oportunidad y lucha de las jugadoras”, le dice Kuri a BBC Mundo.

Juntas directivas y nuevas audiencias

Expertos y organismos deportivos llevan años motivando a que haya más diversidad en las juntas directivas de los clubes y federaciones. FIFPRO, organización que representa a más de 65.000 futbolistas a nivel mundial, pide más esfuerzo a las estructuras del fútbol.

“Es crucial que tanto nuestra junta directiva -como los ejecutivos de todo el fútbol profesional- puedan identificarse realmente con todos los jugadores y representarlos”, ha dicho Jonas Baer-Hoffmann, secretario general de FIFPRO.

Según Philippou, este problema se da menos en el fútbol femenino gracias a una mayor diversidad en sus juntas directivas. Una diversidad que, de acuerdo a la experta, contribuye a encontrar nuevas audiencias y expandir el negocio.

“El fútbol masculino debería aprender que hay mucha más diversidad de aficionados interesados en el juego que no se han sentido incluídos en sus partidos, entre otras cosas por su ambiente más hostil”, afirma Philippou.

Debido a la mayor madurez del mercado fútbol masculino, mayoritariamente formado por hombres, “se ha perdido la noción de vender el producto a nuevas audiencias”.

“Pero el fútbol femenino está demostrando que existe otra demografía masiva interesada que no estaba siendo atendida”, añade.

Philippou atribuye este constante crecimiento, entre otros factores, a lo que ocurre en las oficinas. “Mientras más voces diversas haya en la toma de decisiones y las juntas se parezcan más a la diversidad de sus fans, más y mejores decisiones se pueden tomar en favor de ellos”, explica.

La evolución de la participación femenina

Pero los cambios se producen poco a poco. Como está cambiando el fútbol en España, en 2017 el número de licencias de jugadoras subió un 36% mientras que en los chicos un 7%, desde 2005 el número de licencias de chicas se ha multiplicado por cinco mientras el de chicos no ha llegado a doblarse.

Aunque siga habiendo una diferencia abrumadora, ya que del total de licencias sólo un 6% son mujeres.

El fútbol femenino no carece de talento. Tampoco de interés. La selección ha tenido momentos competitivos en Sudamérica y varias jugadoras han emigrado a ligas extranjeras.

Incluso en un momento en que la selección masculina atraviesa una de sus crisis más profundas, el potencial del fútbol femenino sigue siendo evidente.

Lo que falta es algo más básico: un proyecto estructural que conecte formación, competencia profesional y desarrollo comercial.

Otros países del continente han avanzado con mayor decisión. Brasil, Argentina y Colombia han invertido más en sus ligas profesionales, en la televisación y en la formación juvenil.

Chile, en cambio, parece moverse entre impulsos puntuales y decisiones administrativas que no modifican la base del sistema. Incluso las recientes modificaciones reglamentarias -ajustes en fichajes o en las bases del torneo- son cambios marginales frente a los desafíos reales.

El lenguaje y la denominación del deporte

Se ha demostrado en bastantes ocasiones que el lenguaje castellano tiene algunos vestigios machistas que se tratan de ir corrigiendo. En los deportes de equipo, aún se puede apreciar que cuando se habla del fútbol, baloncesto, balonmano, rugby. se da por hecho que es el masculino.

En cambio, se utiliza 'femenino' para hablar del practicado por mujeres. Como ya dijo Boskov, el fútbol es fútbol. Aunque no sea la intención o se produzca porque históricamente ha sido así, se da a entender que el femenino es una categoría diferente.

Desde la sección de consultas de la Fundéu respondieron lo siguiente: "Dado que tradicionalmente el fútbol solo era practicado por hombres, igual que otros deportes, no es incorrecto de hablar de fútbol femenino o liga femenina de fútbol, entre otras denominaciones".

Lo segundo está claro, un liga en la que solo dejan jugar mujeres es femenina y si son solo hombres es masculina, pero el deporte en sí, sea lo que sea 'tradicionalmente', no lo es.

Sería entendible si en esos casos, las disciplinas en femenino tuvieran normas, tiempos o algo diferente. Pero no es así.

Fuentes de la Fundéu a las que ha tenido acceso RTVE.es han matizado que "el uso que se está haciendo de fútbol y fútbol femenino se debe a aspectos externos, pragmáticos de la lengua" y continúan argumentando que "cuando un término que tradicionalmente ha tenido un referente único (en este caso fútbol al practicado por los hombres), empieza a tener otro u otros referentes (el de mujeres), empieza a ser necesario el uso de adjetivos que especifiquen de cuál de estos nuevos referentes se trata (fútbol a secas se reserva para su significado original y se utiliza fútbol femenino para el nuevo referente)".

David Aganzo: “El fútbol no es ni masculino ni femenino, es fútbol”. El presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles, David Aganzo, ha comentado a RTVE.es que "de igual manera que no se habla de periodistas masculinos y femeninos" y ha añadido que "los y las futbolistas ejercen la misma profesión", el fútbol, ha aclarado.

Esa comparación es más gráfica si se hablara de periodismo, para el masculino, y periodismo femenino, porque tradicionalmente hubiera sido practicado por hombres.

El exjugador de Real Madrid y Rayo Vallecano, entre otros, ha añadido que "desde 2016, las se pueden afiliar a nuestra asociación y a todos los efectos no hay distinción entre afiliados y afiliadas porque ambos trabajan en el mismo ámbito laboral" y ha aseverado que desde AFE "siempre tratamos de dar normalidad a este asunto".

David Aganzo, ha valorado que "las opciones deben ir encaminadas a no discriminar" y entienden que "desde los medios de comunicación, sobre todo los de titularidad pública, juegan un papel fundamental para evitar estereotipos y estigmatizar categorías".

La Fundéu ha comentado a RTVE.es que "la única solución para hacer un tratamiento equitativo de esta cuestión en deportes como el fútbol sería hacer lo mismo, hablar siempre de fútbol masculino y de fútbol femenino, lo que quizá en este caso no resulte adecuado periodísticamente".

Continúan desde la Fundación del Español Urgente comentando que "hay otros deportes, como la natación y el atletismo, en los que no se considera necesario añadir los adjetivos distintivos porque en cada prueba se indica si es de hombres o de mujeres".

En la redacción de las noticias no se habla de natación (como natación masculina) y natación femenina, se opta por hablar de natación y luego de deportistas concretos (hombres o mujeres) o por hacer un uso paralelo de los adjetivos porque la participación sí es paritaria: natación/tenis femenina/o y natación/tenis masculina/o.

Por lo tanto, según los organismos consultados, las soluciones serían dos:

  • Utilizar siempre la fómula masculino y femenino acompañando al nombre del deporte.
  • El uso de simplemente el nombre del deporte y después hablar de jugadoras/es, liga femenina/masculina.

El desafío de consolidar el crecimiento

En su búsqueda de mayor profesionalización e inversión, los analistas también advierten que el fútbol femenino debe protegerse de “errores” del fútbol masculino que a la larga pueden minar su popularidad.

Philippou pone como ejemplo la distancia económica entre los clubes de élite y los modestos, que impacta el nivel de las competiciones. “En el fútbol femenino ya se está empezando a notar en aquellos clubes poderosos que han abierto secciones femeninas, aunque no al mismo nivel que en el masculino”.

Hoy el fútbol femenino tiene más cobertura mediática que hace una década. Hay finales televisadas, clásicos que convocan público y una narrativa institucional que insiste en el progreso.

Pero sin inversión sostenida, sin infraestructura y sin condiciones laborales dignas para las jugadoras, esa visibilidad corre el riesgo de convertirse en una fachada.

El fútbol femenino chileno está creciendo, sí. Pero lo hace más por la convicción de sus protagonistas que por la fortaleza de su estructura.

Puede que el fútbol femenino aún tenga que crecer más, y que en muchos sentidos, incluido el económico, todavía hay importantes brechas entre ambos, pero en su camino ya deja lecciones dentro y fuera de la cancha de las que puede tomar nota la versión masculina.

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