En los Juegos Paralímpicos de Sídney 2000, la selección española de baloncesto se proclamó campeona en la categoría de discapacidad intelectual, pero la victoria quedó marcada por un fraude: diez de los doce jugadores no tenían ninguna discapacidad.
El engaño salió a la luz cuando el periodista Carlos Ribagorda, integrante del equipo, denunció que había participado en la competición sin tener ninguna discapacidad intelectual o motriz para demostrar que la mayoría de los jugadores tampoco sufrían discapacidad.
Cómo se descubrió el fraude
El fraude del equipo de baloncesto se conoció días después de que acabaran los Juegos Paralímpicos de Sídney cuando uno de los integrantes de la plantilla, el periodista Carlos Ribagorda, denunció que había participado en el evento sin tener ninguna discapacidad precisamente para demostrar que no se trataba de una práctica nueva. A partir de aquel momento se inició una investigación en la que se descubrió que la mayor parte de los jugadores españoles que disputaron los Juegos en esta disciplina no sufrían ninguna discapacidad.
El engaño fue descubierto un día antes de la clausura de los Juegos, cuando el periodista e integrante del equipo paralímpico, Carlos Ribagorda, denunció para la revista Capital que había participado en la competencia sin tener ninguna discapacidad intelectual o motriz, y con el único propósito de demostrar, en un reportaje, que la mayoría de los jugadores no sufrían ningún tipo de discapacidad. El único requisito indispensable para formar parte del equipo era jugar baloncesto.
«Mi primer encuentro se produjo en el autobús que nos llevaba a disputar la competencia. Allí pude comprobar que nadie era discapacitado. Todos viajaban con sus parejas tranquilamente. Eran como unas vacaciones con todo pagado», dijo Ribagorda.
«Nunca me realizaron un test para que demostrara mi supuesta discapacidad. Lo único que me pidieron para conocer mi estado físico, fue un reconocimiento médico y una prueba de seis lagartijas».
Cuando los periódicos españoles publicaron el triunfo de la selección de basquetbol ante Rusia, algunos identificaron a varios deportistas asegurando que no eran discapacitados. A raíz de esas declaraciones, el Comité Paralímpico Español (CPE) inició una investigación en la que se demostró que diez de los doce jugadores no tenían ninguna discapacidad.
El origen del plan
Dos años antes de los Juegos Paralímpicos de Sydney, la Selección Española juega la Copa Ibérica contra Portugal en Lisboa. "Esta Selección siempre gana y siempre gana fácil a Portugal y de repente pierden el partido", recuerda Quique Peinado, que afirma que "todo el mundo entiende" que Portugal tiene un jugador "que no conoce nadie" y que no tiene discapacidad.
"Nos machacaron recuerda", Juan Pareja, uno de los integrantes de la Selección Española. Como el equipo no está acostumbrado a perder, la Selección Española se marcha de Portugal con un gran fracaso, pero también con un plan.
"Empiezan a decir que si no meten a personas sin discapacidad no iban a poder competir y si no pueden competir no iban a tener subvenciones porque estas vienen por resultados", explica Quique Peinado, que cuenta cómo "todo el mundo que está dentro marca ese famoso partido contra Portugal como el momento al que todo el mundo se le enciende la bombilla".
"En vez de denunciarlo porque es un escándalo, dicen que es una manera de competir", explica Quique Peinado. Por su parte, Antonio García San Martín afirma que los directivos de la Federación "empiezan a meter fichajes como ayuda para elevar el nivel de la Selección y se les acaba yendo de las manos".
El periodista afirma que esta actividad se había repetido en eventos anteriores como en el Mundial de Brasil en 1998, con cuatro jugadores no discapacitados, y un año más tarde en el Eurobasket con nueve deportistas.
La Federación y los controles inexistentes
Ribagorda acusó a la FEDDI de actuar con absoluta impunidad, pues realizaron los trámites necesarios para presentar certificados médicos falsos de los doce jugadores. Incluso, en uno de los partidos, el propio entrenador supuestamente les dijo que «jugaran más lento o se darían cuenta que no eran discapacitados».
Según cuenta en el último número de su publicación, él mismo fue seleccionado por la Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectuales (FEDDI) para formar parte del equipo de baloncesto que ganó el oro olímpico, sin que previa ni posteriormente se le realizara ningún tipo de control.
El vicepresidente del Comité Paralímpico Español y presidente de la FEDDI, Fernando Martín Vicente, sostenía que todos los discapacitados intelectuales habían pasado controles en España y en Sídney. En el caso del equipo de baloncesto presentó doce certificados médicos supuestamente correspondientes a los jugadores.
Carlos Ribagorda, en cambio, mantenía que ni a él ni a sus compañeros se les realizó jamás prueba alguna. "¿Cómo es posible que nadie se haya ocupado de verificar el estado físico y mental de los jugadores?", planteaba el redactor de la revista Capital.
La investigación y la retirada de las medallas
La investigación del Comité Paralímpico Español concluyó que diez de los doce jugadores no tenían ninguna discapacidad. Los implicados fueron obligados a devolver sus medallas y la categoría de baloncesto para personas con discapacidad intelectual fue eliminada del certamen.
A los dos únicos atletas discapacitados del equipo se les permitió conservar la medalla debido al esfuerzo que habían hecho durante la competencia.
Los diez «falsos jugadores paralímpicos» eran: Adolfo Poveda, Ángel Prieto, Benito Martínez, Carlos Adán, Daniel y Jordi Pons, Enrique Castro, Fernando Arias, Juan Luis Rodríguez y Carlos Ribagorda, quien destapó el fraude.
El caso también puso de manifiesto que la irregularidad no se limitaba necesariamente al equipo de baloncesto. Ribagorda extendió el fraude a las selecciones de tenis de mesa, natación y atletismo, y señaló que tampoco se trataba de un problema exclusivo de España, sino que afectaba también a Brasil, Portugal o Rusia.
El trasfondo económico
Según Ribagorda, era un fraude con trasfondo económico, pues la Federación percibió la oportunidad perfecta para sanear las cuentas y poder «rentabilizar» la actividad paralímpica en España, por lo que cada medalla tenía un valioso precio.
Lo que motivó todo, fue una especie de plan ADO, programa de ayuda económica a deportistas y entrenadores, destinado a los discapacitados. «A más medallas, más dinero».
Los atletas discapacitados cobraban el dinero de las becas, pero, más tarde tenían que devolver esas ayudas a la Federación bajo el concepto de «donaciones».
La explicación que encuentra Ribagorda para este fraude es sencilla: "sin medallas no hay dinero", como, según cuenta en su artículo, afirmaba el seleccionador de baloncesto Eduardo García.
Y era mucho el dinero que estaba en juego: 1.000 millones en publicidad y el presupuesto de la misión española en los próximos paralímpicos, que ese año fue de 1.200 millones de pesetas.
Al menos cinco de las 107 medallas obtenidas recientemente por la selección española en los Juegos Paralímpicos correspondían, según Carlos Ribagorda, a deportistas sin ningún tipo de discapacidad. El periodista afirmó también que, de los doscientos atletas españoles que viajaron a Sídney en la segunda quincena de octubre para competir por España, al menos quince no tenían ningún tipo de discapacidad física ni intelectual.
Un fraude que venía de antes
El asunto no comenzó en Sídney. Al parecer fue hace dos años cuando la FEDDI se percató de las ventajas del engaño.
Ni el oro en el Campeonato Mundial de Baloncesto de Brasil en 1998, ni el obtenido en Varsovia en el Campeonato de Europa en 1999 se consiguieron de forma limpia.
Ribagorda afirmó que el fraude ya se había producido en el Mundial de Brasil de 1998, con cuatro jugadores no discapacitados, y en el Eurobasket de 1999, con nueve deportistas.
"Pese a obtener ambos campeonatos irregularmente, Fernando Martín Vicente, presidente de la Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectuales, no tuvo reparos en recoger la prestigiosa copa Barón de Güel de manos del Rey el 13 de julio de 1999", escribió Ribagorda.
Así fue como se garantizaron el patrocinio para los Juegos Paralímpicos.
El proceso judicial
Después de 13 años de juicio, Fernando Martín Vicente, expresidente de la FEDDI, fue el único condenado de los 19 involucrados por el fraude del supuesto equipo «paralímpico» español de baloncesto que ganó el oro en Sídney 2000.
El fiscal y la acusación popular pedían dos años de prisión para todos los involucrados, pero finalmente se pactó retirarles los cargos y condenar sólo al máximo dirigente de la Federación.
La sanción fue de 5.400 euros, luego de que Fernando Martín Vicente aceptara el delito continuado de falsedad en documento oficial y de estafa.
Además, hizo efectivo un pago de 142.355 euros para restaurar el dinero que presuntamente defraudó al cobrar subvenciones concedidas a deportistas supuestamente discapacitados.
El Comité Paralímpico Español retiró las medallas a los jugadores que participaron del fraude e inició una investigación que concluyó en un proceso judicial que finalizó en 2013.
El expresidente de la Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectuales fue el único de los 19 imputados en el caso de los «falsos paralímpicos» que fue condenado, mientras que al resto de los imputados se les retiraron los cargos.
«Estoy muy contento porque este fallo corrobora todo lo que había denunciado y el fraude de Martín Vicente», declaró Ribagorda.
Las consecuencias para el deporte paralímpico
Después del escándalo, el Comité Paralímpico Internacional no permitió que los atletas con síndrome de Down compitieran más en Juegos Paralímpicos.
Era necesario un sistema fiable y legítimo, capaz de determinar la elegibilidad de los atletas en la competencia. Los esfuerzos fueron en vano, pues no lograron encontrar una solución satisfactoria.
Por ese motivo, se estableció una iniciativa conjunta entre la Federación Internacional de Deporte para Atletas con Discapacidad Intelectual (INAS) y el Comité Paralímpico Internacional (IPC), con el respaldo de universidades y científicos del deporte de todo el mundo.
«Para ser elegible, cada atleta se ha sometido a una estricta evaluación general, junto con una evaluación del deporte específico», dijo Jan Burns, jefa de elegibilidad del INAS.
Luego de una extensa investigación y experimentación científica en conjunto con los diferentes órganos deportivos de gobierno, el IPC votó en 2009 restablecer el programa de eventos en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Finalmente, después de 12 años de ausencia, cerca de 120 atletas con discapacidad intelectual pudieron volver a competir, luego de someterse a diferentes pruebas y ser seleccionados por sus respectivos Comités Nacionales.
Bob Price, presidente del INAS, dijo: «A pesar de que 120 atletas es una cifra relativamente pequeña, es comparable al número de atletas que estuvieron en Sídney 2000. Es un gran logro para el INAS».
El impacto sobre los deportistas con discapacidad
Quique Peinado denunciaba que "los que más han pagado por esto son personas con discapacidad que tienen en el deporte un vehículo que posiblemente conduce gran parte de la autoestima de su vida".
"Tienen un objetivo que puede ser la hostia, que es participar en los Juegos Olímpicos, que es lo más grande para un deportista, y que nunca lo van a poder conseguir porque unos señores decidieron hacer trampas", aseguraba haciendo referencia a que después de este fraude el baloncesto para las personas con discapacidad quedó fuera de la competición para siempre.
Uno de los dos únicos jugadores con discapacidad que compitieron en los Juegos Paralímpicos, Juan Pareja, no ha vuelto a jugar al baloncesto.
"Se me quitaron las ganas de demostrar. Te quitan algo tan preciado, por lo que habías luchado tanto, la ilusión que habías puesto. Que hagan esto no tiene perdón. No tiene sentido. ¿Cómo puede hacer estas cosas esta gente?", lamentaba.
El caso tuvo una repercusión que superó el ámbito deportivo. The Guardian incluyó el caso del equipo de baloncesto de jugadores discapacitados que no lo eran entre las diez mentiras más importantes de la historia del deporte.
La película Campeones, dirigida por Javier Fesser, también recordó la mancha más negra en la historia del deporte español: el oro ganado por la selección de baloncesto en los Juegos Paralímpicos de 2000.
El silencio de los implicados
A pesar de las repercusiones, ninguno de los implicados dio nunca ningún tipo de explicación.
«A mí me gustaría que algún día tuviera la ocasión de hablar con ellos. Ya ha pasado mucho tiempo y ya son mayorcitos para asumir lo que hicieron y decir, 'oye, yo me metí en esto por esto, por esto y por esto'», reclamaba Antonio G. San Martín, colaborador de Gigantes del Basket.
«A nosotros también nos gustaría, pero no han querido intervenir en el programa», desvelaba Mamen Mendizábal.
El caso volvió a ser analizado en el programa Anatomía de, presentado por Mamen Mendizábal, que dedicó su primer episodio a la estafa paralímpica de Sídney 2000 y contó, entre otros expertos, con el periodista deportivo Quique Peinado.
En 2025 se cumplen 25 años de la celebración de los Juegos Paralímpicos de Sídney, una competición en la que un equipo español hizo trampas. El paso del tiempo no ha borrado las consecuencias para los deportistas con discapacidad ni la necesidad de recordar cómo una victoria deportiva quedó convertida en uno de los episodios más bochornosos del deporte español.
