Ernesto Miranda Rivas fue un dirigente anarcosindicalista chileno, zapatero y uno de los principales referentes del Movimiento Libertario 7 de Julio, cuya actividad se vinculó con la organización obrera, la fundación de la Central Única de Trabajadores y la tradición libertaria chilena de las décadas de 1950 y 1960. Su figura aparece asociada especialmente al Movimiento Unitario Nacional de Trabajadores (MUNT), de carácter anarcosindicalista, fundado en 1950, y a los primeros espacios de articulación que desembocaron en la creación de la CUT en 1953.
En 1978, el nombre de Ernesto Miranda Rivas conservaba relevancia dentro de la memoria del sindicalismo revolucionario y del anarquismo chileno. Ese año, la Coordinadora Nacional Sindical se presentó oficialmente el primero de Mayo, en un contexto de reorganización del movimiento obrero bajo la dictadura, mientras distintas corrientes libertarias reivindicaban la tradición de organización política y sindical asociada a Miranda.
Quién fue Ernesto Miranda Rivas
Miranda era un zapatero anarcosindicalista que integraba el Movimiento Libertario 7 de Julio, que “veía siempre a Blest -a pesar de su tendencia cristiana- como la mejor opción (de liderazgo) que tenían los sindicalistas revolucionarios”. Su trayectoria se desarrolló en estrecha relación con el movimiento obrero chileno y con los sectores que buscaban construir una organización sindical independiente de los partidos políticos.
La tradición de organización política libertaria en Chile se liga con la figura de Ernesto Miranda Rivas, forjador de la Central Única de Trabajadores y el Movimiento Libertario 7 de Julio en la década del 50 y 60 respectivamente. El Movimiento Unitario Nacional de Trabajadores (MUNT) de carácter anarcosindicalista fue fundado en 1950, cuyo principal dirigente fue Ernesto Miranda Rivas.
Su importancia histórica no se limita a la militancia anarquista. Miranda formó parte de los primeros espacios de dirección de la CUT y mantuvo vínculos con figuras de distintas corrientes de la izquierda revolucionaria, entre ellas Clotario Blest, Luis Vitale y Luciano Cruz.

El contexto sindical anterior a 1978
Nuestra historia se remonta a 1953, cuando se funda la Central Única de Trabajadores/as, fundada por el líder sindical Clotario Blest, todo gracias a la fusión de las organizaciones integrantes de la Comisión Nacional de Unidad Sindical (CNUS) creada en mayo de 1952. La CUT es sin duda heredera de la Federación Obrera de Chile (FOCH) - fundada en 1909 con en el nombre de Gran Federación Obrera de Chile, pero que cambió a FOCH en 1919 y la CTCH, puesto que compartían los objetivos de unificar y aglutinar el movimiento obrero tanto sus demandas como derechos.
Clotario Blest logró que organizaciones de pensamientos disímiles se encontraran bajo un mismo techo, ahí estaban las dos facciones de la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH), el Movimiento Unitario Nacional de Trabajadores (MUNT) de carácter anarcosindicalista fundado en 1950, cuyo principal dirigente fue Ernesto Miranda Rivas, el Comité Relacionador de Unidad Sindical (CRUS) fundado en 1950, la Junta Nacional de Empleados de Chile (Junech) fundada en 1948 y el Movimiento de Unidad Sindical (MUS), fundado en 1952.
La hoja de ruta de la Central apuntaba principalmente a la obtención de mejores condiciones de vida y trabajo para las y los trabajadores, a través de remuneraciones acorde al alza del costo de la vida, luchar por el pleno empleo, la creación de un subsidio estatal para los cesantes y la aplicación del principio de igual trabajo igual salario para mujeres y jóvenes.
La CUT apoyó al Gobierno de la Unidad Popular (UP) que encabezó Salvador Allende hasta su derrocamiento el 11 de septiembre de 1973. El 4 de enero de 1972 fue promulgada la Ley N° 17.594, que le concedió su personalidad jurídica y mecanismos de financiamiento para sus actividades. Además de concedérsele la participación dentro del proceso de planificación económica nacional y la administración de las empresas.
Gracias al trabajo de la CUT, en septiembre de 1973, había en Chile 940.035 trabajadores y trabajadoras sindicalizados, en un total de 6.700 sindicatos. 232.134 pertenecían al área industrial y 472.365 a los trabajadores agrícolas.
Miranda, la CUT y el sindicalismo revolucionario
Ernesto Miranda fue uno de los antiguos y estrechos amigos de Clotario Blest que habían formado parte del primer Consejo Directivo Nacional de la CUT. A estos encuentros asistían también dos antiguos y estrechos amigos de Clotario, que habían formado parte del primer Consejo Directivo Nacional de la CUT: el anarquista Ernesto Miranda y Luis Vitale, que después alcanzaría notoriedad en la academia como historiador, desde su primera obra de envergadura: “Interpretación Marxista de la Historia de Chile”.
Los tres, además, en diferentes formas habían tenido alguna relación con la fundación del MIR. Miranda era un zapatero anarcosindicalista que integraba el Movimiento Libertario 7 de Julio, que “veía siempre a Blest -a pesar de su tendencia cristiana- como la mejor opción (de liderazgo) que tenían los sindicalistas revolucionarios”. Puso a disposición el local de la Federación del Cuero y Calzado en calle San Francisco 269 para el Congreso Fundacional del MIR en 1965, aunque los anarquistas desestimaron desde los inicios la posibilidad de sumarse a la nueva entidad política.
En cambio, Clotario y Vitale fueron parte de los fundadores del MIR. El segundo, un antiguo cuadro trotskista, fue el redactor principal de su Declaración de Principios. No obstante, no pasó mucho tiempo antes que Blest abandonara las filas del emergente mirismo en 1967, por discrepancias con la generación más joven, que encabezaba Miguel Enríquez, y que ese año, en el Tercer Congreso, asumió la conducción.
| Elemento | Información |
|---|---|
| Dirigente | Ernesto Miranda Rivas |
| Oficio | Zapatero |
| Corriente política | Anarcosindicalismo |
| Organización sindical | Movimiento Unitario Nacional de Trabajadores (MUNT) |
| Año de fundación del MUNT | 1950 |
| Organización libertaria | Movimiento Libertario 7 de Julio |
| Espacio sindical | Central Única de Trabajadores |
| Local vinculado | Federación del Cuero y Calzado, calle San Francisco 269 |
La relación con Clotario Blest y Luciano Cruz
Los vínculos con Cruz son parte de las revelaciones del libro “Clima y Fauna de Chile (Antes de los Gorilas)”, escrito por el historiador Oscar Ortiz, quien fue su principal colaborador desde 1970 y hasta su partida en 1990. El texto ha sido publicado por “Ediciones Don Clota”, iniciativa autogestionada que recibe su nombre, precisamente, de la forma coloquial con la cual era conocido quien fue el principal líder de las y los trabajadores de Chile entre 1953 y 1962.
Cuenta el libro que “a finales de abril del 71, una llamada de Clotario” le pidió que lo visitara en forma urgente en su vieja casa de calle Ricardo Santa Cruz en el centro de Santiago. Conoció entonces a Luciano Cruz, “el dirigente del MIR más buscado por la policía, por su amplia trayectoria de acciones subversivas y revolucionarias”.
Señala la obra que Cruz “comenzó a acudir casi semanalmente a coloquios” sobre diversas materias con Blest. A estos encuentros asistían también dos antiguos y estrechos amigos de Clotario, que habían formado parte del primer Consejo Directivo Nacional de la CUT: el anarquista Ernesto Miranda y Luis Vitale, que después alcanzaría notoriedad en la academia como historiador, desde su primera obra de envergadura: “Interpretación Marxista de la Historia de Chile”.
En esa misma oportunidad, Luciano Cruz fue electo miembro del Comité Central con la más alta votación. En tanto, Vitale terminó expulsado en 1969, junto con los trotskistas que aún permanecían en el MIR, en particular por discrepancias respecto del modo de enfrentar las elecciones presidenciales que se registrarían en septiembre del año siguiente.
Miranda, Blest, Vitale y Cruz participaron de un espacio de intercambio político en el que convergían el sindicalismo, el anarquismo, el marxismo heterodoxo y las corrientes revolucionarias. El carácter plural de ese ámbito permite comprender la posición de Miranda dentro de la historia política chilena: como dirigente libertario, no quedó aislado de los debates generales de la izquierda, aunque los anarquistas desestimaron desde los inicios la posibilidad de sumarse al MIR.
El local de la Federación del Cuero y Calzado
Uno de los episodios más significativos asociados a Ernesto Miranda fue la disposición del local de la Federación del Cuero y Calzado para el Congreso Fundacional del MIR en 1965. Puso a disposición el local de la Federación del Cuero y Calzado en calle San Francisco 269 para el Congreso Fundacional del MIR en 1965, aunque los anarquistas desestimaron desde los inicios la posibilidad de sumarse a la nueva entidad política.
Este hecho muestra la existencia de relaciones de colaboración entre organizaciones que mantenían diferencias ideológicas y estratégicas. La cesión del espacio no significó la incorporación del movimiento libertario al MIR, sino una forma de facilitar un encuentro político en un momento de reorganización de la izquierda revolucionaria chilena.
La trayectoria de Miranda se desarrolló, por tanto, en dos planos relacionados: la construcción de una tradición anarcosindicalista propia y la participación en redes más amplias de solidaridad, discusión y coordinación dentro del movimiento popular.
Escupamos la Historia: Breve historia sobre el anarcosindicalismo en Chile.
La dictadura y la reorganización del movimiento sindical
El golpe militar y su Junta de Gobierno comenzó su férrea persecución a nuestros dirigentes y dirigentas, trabajadores y trabajadoras. El mundo sindical estaba amenazado por la dictadura de Pinochet. Ocho meses después el gobierno de facto de Augusto Pinochet canceló la personalidad jurídica, siendo disuelta y requisados sus bienes el 24 de septiembre de 1973, 13 días después del golpe de Estado.
El 11 de septiembre de 1973 constituye un punto de inflexión dramático en Chile, no solo desde el punto de vista histórico sino también político, historiográfico, epistemológico y afectivo. La derrota del proyecto de la Unidad Popular desarticuló a los partidos de izquierda tradicionales y extraparlamentarios, y al mismo tiempo, al movimiento sindical y popular.
La izquierda política en general fue proscrita y sus militantes perseguidos, encarcelados, torturados, desaparecidos y exiliados. Los anarquistas, en particular, que vivían desde 1957 su propia diáspora al interior del movimiento obrero y popular chileno, igualmente sufrieron -en menor intensidad- la represión de los militares golpistas.
Si bien, entre 1957 y 1973 su presencia habría sido poco significativa en el movimiento de trabajadores local salvo por algunas limitadas iniciativas de las que han quedado exiguos registros históricos, en la década de los ochenta en plena dictadura pinochetista, comienza a verificarse un proceso de reconfiguración y recomposición que permitirá posteriormente su visibilización pública en el período transicional.
1978 y la Coordinadora Nacional Sindical
En 1975 dirigente de diversas organizaciones comienzan a reunirse en la Fundación de Beneficencia y Educación Monseñor José Cardijn. Allí, se hacían diagnósticos de la vida de las y los trabajadores y la urgente necesidad de organizase surgiendo la idea de lo que más adelante sería la Coordinadora Nacional Sindical.
La CNS nace con 17 entidades textiles, del plástico, de la construcción, del cuero, el calzado y de líneas blanca. En sus orígenes se planteó como una organización de carácter transitorio, que orientaba los esfuerzos por reagrupar lo que quedaba del movimiento sindical, fortalecerlo, capacitarlo y desarrollarlo, con la idea de generar una central nacional, por lo que se planteó como primera tarea la recuperar la democracia.
Con la venia del cardenal Raúl Silva Henríquez, se crea la Pastoral Obrera, a cargo de monseñor Alfonso Baeza. El respaldo de la Vicaría al trabajo de la CNS se materializó en un viejo garaje propiedad de la Vicaría en el sector de Santa Mónica con Bulnes.
En 1978, la Coordinadora Nacional Sindical se presentó oficialmente el primero de Mayo. El 20 de octubre de 1978, se dictan tres decretos leyes orientados a destruir el naciente movimiento sindical.
La actividad de la CNS se produjo en un escenario de represión, restricciones legales y debilitamiento institucional del sindicalismo. La reorganización de los trabajadores recuperó prácticas de coordinación que habían sido desarticuladas después del golpe de Estado y mantuvo viva la aspiración de reconstruir una organización sindical nacional.
La tradición libertaria y la memoria de Miranda
La historiografía sobre el anarquismo en Chile se ha nutrido de dos vertientes. La primera ligada al mundo académico, se relaciona con el cultivo de la historia social chilena durante la década de los ochenta y de los noventa, y más importante aún, con el “renacer” de la (“nueva”) historia política (y cultural) en Chile desde los años noventa.
La segunda vertiente tiene directa vinculación con el mundo militante, es decir, con sus protagonistas contemporáneos (individuales y colectivos), que comenzaron a rescatar su propia historia desde fuera de la academia y de los espacios institucionales, en vinculación con organizaciones sociales, colectivos, bibliotecas y grupos de propaganda, con una finalidad eminentemente política más que intelectual.
En las últimas tres décadas, la historia del anarquismo y su desarrollo organizativo en Chile ha concitado el interés de numerosos cientistas sociales, especialmente de los historiadores, asociado al “renacer” tanto de la historia política como cultural.
La crisis epistemológica que significó la derrota política de 1973 para la izquierda y la intelligentzia chilena, conllevó a que la historiografía local influenciada por la nueva historia social centrara su atención en aquellos actores sociales y corrientes ideológicas y políticas -tales como el mutualismo, anarquismo, marxismo heterodoxo, etc.- que habían sido “despreciadas” e invisibilizadas por la historia tradicional “estado-céntrica” o “estatalista”.
La recuperación del anarquismo como objeto histórico
En este contexto historiográfico, especialmente desde fines de los años ochenta y comienzos de los noventa, hasta el día de hoy, connotados historiadores nacionales y extranjeros han realizado un sinnúmero de investigaciones en formato de libros, artículos en libros y en revistas especializadas de historia y ciencias sociales, así como tesis de grado y seminarios de título, relevando el rol de los anarquistas en la constitución y consolidación del movimiento obrero moderno en Chile y en los movimientos sociales posdictatoriales.
Los aportes políticos, ideológicos y culturales del anarquismo en las luchas sociales y populares del siglo XIX y XX son innegables, y han sido corroborados desde el punto de vista historiográfico por esa ingente producción de los últimos 35 años, en la cual es posible distinguir tres momentos.
- El primero, enmarcado durante los años ochenta y vinculado con la reemergencia del anarquismo criollo en el contexto de la lucha antidictatorial (1981-1989).
- El segundo, desde la finalización de la dictadura de Augusto Pinochet y el inicio de la “transición democrática” hasta la visibilización pública del anarquismo a propósito de la represión contra las corrientes insurreccionalistas y antiautoritarias (1990-2009).
- El tercero, relacionado con el rebrote del anarquismo en el seno del movimiento estudiantil y, en menor medida, en algunos gremios de trabajadores como los portuarios (2010-2015).
Como se desprende de lo señalado anteriormente, es necesario precisar que la revalorización histórica del anarquismo no es -ni ha sido- casual. Al contrario, se relaciona de forma directa con la reemergencia que ha tenido desde fines de los años ochenta hasta el día de hoy no solo en Chile sino también en América Latina.
Dicha situación ha conllevado a que diversas organizaciones e individualidades anarquistas intenten dotar de identidad y tradición su accionar y pensamiento, rastreando la historia del anarquismo en Chile, identificándose con ella y alejándose simbólica y culturalmente de la potente e innegable influencia marxista que durante gran parte del siglo XX ejerció a nivel de organizaciones revolucionarias y populares.
Ernesto Miranda en la cultura política libertaria
La búsqueda identitaria del anarquismo criollo ha nutrido el rescate de la historia del movimiento obrero y popular en Chile y han surgido, en este sentido, nuevos objetos de estudios producto de nuevas interrogantes e hipótesis, así como nuevas preocupaciones históricas, donde el anarquismo -como temática- ha tenido un protagonismo inusitado.
La figura de Ernesto Miranda fue recuperada como parte de esa tradición. UMLEM Chile explicó que la iniciativa muralista nació en la ciudad de Concepción el año 2004, producto de la necesidad orgánica de referenciar nuestro proyecto político Comunista Libertario en términos gráficos y como forma de solidarizar con luchas populares que se enmarcaran en los criterios clasistas.
En un inicio tomó el nombre de Unidad Muralista Lata En Mano; ya que nació como un grupo de grafittis de jóvenes en un barrio y en la medida que dichos compañeros se iban politizando se decidió cambiar de nombre. La tradición de organización política libertaria en Chile se liga con la figura de Ernesto Miranda Rivas, forjador de la Central Única de Trabajadores y el Movimiento Libertario 7 de Julio en la década del 50 y 60 respectivamente; consideramos que existía una deuda con la figura del compañero y como Comunistas Libertarios decidimos tomar dicho nombre en su homenaje.
La adopción de su nombre expresa una operación de memoria política: Miranda aparece como un referente capaz de vincular la lucha sindical, la organización libertaria y la construcción de una identidad revolucionaria contemporánea.
La “Bandera de Miranda”
La memoria de Ernesto Miranda también fue asociada con una reinterpretación libertaria de la bandera chilena. UMLEM Chile explicó que hay tres antecedentes que sustentan la introducción de la “Bandera de Miranda” en sus murales.
Primero del hecho anecdótico en que Ernesto Miranda se refirió a la bandera de Chile en cuanto a que era un emblema asentado en las masas populares, pero que era necesario subvertirlo cambiando el azul por el negro libertario y darle otro sentido.
El segundo antecedente es que la bandera de Chile lleva por color el azul representativo de la tradición republicana burguesa, en términos de la simbología de blasón; de esta forma la bandera que pintamos no es la de Chile y aquí entra el tercer antecedente y fundamental.
Entendemos que la contradicción del periodo se manifiesta en la lucha soberana y popular de liberación del pueblo chileno y mapuche contra el Estado de Chile, el imperialismo y sus aliados, de esta forma con la bandera de Miranda hemos querido representar al Pueblo de Chile, así como reflejamos con el Kultrun al hermano pueblo mapuche.

El muralismo como herramienta de memoria política
La iniciativa muralista se definió como una forma de referenciar gráficamente un proyecto político y de solidarizar con luchas populares. UMLEM Chile señaló que rescata el carácter revolucionario de la tradición muralista en cuanto a estructura de propaganda fundamentalmente para dar a conocer el proyecto.
El carácter informativo, romper el cerco, dar a conocer el proyecto, potenciar gráficamente los conflictos y trabajos de inserción; con algo que va a perdurar en el tiempo y que va a formar parte de la subjetividad popular; en definitiva un elemento de disputa ideológica, de construir un imaginario diametralmente distinto al del bloque en el poder.
No solo hacemos muralismo, sino que también rallamos consignas, en las calles, en las micros, por que creemos que todo es un campo de disputa, y ésta debe ser constante.
La relación entre Miranda y esta cultura visual se explica por la necesidad de conectar la memoria sindical del siglo XX con las luchas sociales posteriores. Su nombre dejó de funcionar únicamente como una referencia biográfica y pasó a representar una tradición política basada en la organización obrera, el antiautoritarismo y la acción colectiva.
La reorganización sindical entre 1978 y 1988
El 1 de mayo de 1980, Manuel Bustos, presidente de la CNS, hace un llamado a impulsar la unión entre los trabajadores, a exigir la derogación de las leyes laborales y a formar un frente común con sectores políticos democráticos, la juventud y el pueblo para la recuperación democrática.
Paralelamente, comienza un ambicioso plan de capacitación para más de 500 dirigentes sindicales de todo el país. En enero de 1981, son encarcelados Manuel Bustos y Alamiro Guzmán, presidente y secretario general de la CNS por quince días.
El 25 de febrero de 1982, es asesinado Tucapel Jiménez, presidente de la ANEF. Las reuniones entre la CNS y la ANEF avanzaban para lograr la unidad de los trabajadores.
El 22 de febrero de 1983, Rodolfo Seguel es elegido presidente de la CTC, Confederación de Trabajadores del Cobre, y el 11 de mayo 1983 se realiza una gran Protesta Nacional Pacífica, que resulta en una gran demostración de rechazo al régimen.
El 30 de octubre de 1984 se realiza el Paro Nacional. En 1985, Manuel Bustos y Arturo Martínez son detenidos, redactando el documento “Tenemos las manos Limpias”. El año 1987, la venida del Papa Juan Pablo II a Chile marca una serie de manifestaciones por la justicia y la paz en nuestro país.
Paralelamente, la CNS realiza su octava asamblea en la que se decide su disolución para avanzar a la formación de una Central Unitaria de Trabajadores.
La refundación de la CUT en 1988
Relegados en Parral y Chañaral respectivamente, Manuel Bustos y Arturo Martínez escapan de manera clandestina para llegar hasta la comuna de El Quisco en la Provincia de San Antonio.
El 20 y el 21 de agosto 1988 en punta de Tralca, la Coordinadora Nacional Sindical (CNS) y el Comando Nacional de Trabajadores (CNT) se unifican para dar vida a la Central Unitaria de Trabajadores de Chile, CUT, en la que se nombró como presidente honorario a don Clotario Blest y Manuel Bustos como primer presidente de la multigremial.
La refundación institucional de la CUT se produjo diez años después de la presentación oficial de la CNS en 1978. En esa secuencia histórica, la memoria de Ernesto Miranda quedó vinculada a la continuidad de una tradición sindical que había buscado unir organizaciones de distintas tendencias y preservar la autonomía de los trabajadores.
En 1990, bajo la presidencia de Patricio Aylwin, la CUT tiene un rol protagónico al lograr el 27 de abril firmar un Acuerdo Marco que definía los lineamientos generales de la política socio-económica e institucional del gobierno, y expresaba la voluntad de las partes, Gobierno, trabajadores y empresarios, a mantener un diálogo permanente y buscar los acuerdos para dar a Chile la oportunidad de conjugar desarrollo, equidad y democracia.
La vigencia de su legado
De ahí la Central Unitaria de Trabajadores logró no solo la unidad de las distintas organizaciones del mundo del trabajo, instalando una Agenda Laboral de interés transversal para la restitución del valor del trabajo para quienes lo desempeñan.
Durante el gobierno del presidente Lagos en la década del 2000, la CUT, participó activamente en la puesta en marcha del Seguro de Cesantía, instrumento de apoyo a los trabajadores que permanece hasta hoy.
El 13 de agosto de 2003 la CUT logró organizar el histórico primer Paro Nacional que convocó a millones de trabajadores a lo largo del país, primera movilización de envergadura en democracia denominado “Chile puede ser mejor”.
Durante el segundo gobierno de la Presienta Michelle Bachelet (2014-2018) la CUT jugó un rol importante en la reforma laboral que llevó adelante el ejecutivo y la reforma tributaria que permitió educación gratuita para miles de jóvenes que hoy acceden a la educación superior.
La trayectoria posterior de la CUT no reproduce exactamente el programa anarcosindicalista de Miranda, pero conserva la cuestión central de la unidad obrera, la organización sindical y la defensa de los derechos laborales. Por ello, la figura de Miranda continúa siendo utilizada como referencia histórica por sectores libertarios y por organizaciones que buscan reconstruir una tradición política propia.
Ernesto Miranda Rivas y la historiografía del anarquismo chileno
La “nueva” historia política chilena es un “mosaico” compuesto de diversas concepciones teóricas y epistemológicas, caracterizado por un afán crítico y revisionista, heredado en muchos casos de los cultores de la nueva historia social.
Muchos de los representantes de estas tendencias historiográficas comenzaron a preocuparse no solo por la historia de la “clase obrera” -como había sido lo habitual antes de 1973- sino también por los campesinos, pobladores, estudiantes, indígenas, profesionales, etc.
Como señala Eduardo Devés, producto del quiebre epistemológico que significó el Golpe de Estado de 1973, el “obrerismo y el clasismo cedieron paso a una historia de los grupos que podían constituirse en alternativa al autoritarismo. Ese fue un cambio decisivo”. El anarquismo fue uno de ellos.
Dentro de ese proceso, Miranda constituye un objeto histórico especialmente relevante porque permite observar la articulación entre sindicalismo, anarquismo y cultura política revolucionaria. Su trayectoria también ayuda a superar una visión reducida del anarquismo como corriente exclusivamente doctrinaria, al mostrar su intervención concreta en sindicatos, federaciones, locales obreros y espacios de coordinación.
La recuperación de su figura permite estudiar las prácticas de organización y solidaridad que atravesaron el movimiento obrero chileno, así como las relaciones entre militantes libertarios y otras tendencias de la izquierda. También permite comprender cómo una figura de las décadas de 1950 y 1960 fue reinterpretada por organizaciones posteriores en un contexto marcado por la dictadura, la transición democrática y la reaparición pública del anarquismo.
La historia de Ernesto Miranda Rivas se sitúa así en la intersección entre la fundación de la CUT, el anarcosindicalismo, el Movimiento Libertario 7 de Julio, la colaboración con Clotario Blest y la construcción de una memoria libertaria que continuó proyectándose en el Chile posterior a 1978.