Las enfermedades relacionadas con los rescatistas pueden aparecer durante la emergencia o desarrollarse años después por la exposición a polvo, humo, sustancias químicas, agentes biológicos, estrés extremo y jornadas laborales prolongadas. Entre los problemas descritos se encuentran enfermedades respiratorias, cáncer, alteraciones neurológicas y sensoriales, lesiones cutáneas, trastornos digestivos y afecciones de salud mental.
El seguimiento de los participantes en las labores de rescate y recuperación del World Trade Center demuestra que las consecuencias sanitarias pueden persistir durante décadas. Veinticinco años de seguimiento médico muestran que los efectos sobre la salud de quienes participaron en las labores de rescate y recuperación continúan hasta hoy.
Qué enfermedades pueden afectar a los rescatistas
Los problemas de salud asociados incluyen asma, enfermedades respiratorias crónicas, distintos tipos de cáncer y afecciones de salud mental, entre otras patologías. Entre las afecciones se encuentran enfermedades respiratorias de las vías superiores e inferiores y la enfermedad por reflujo gastroesofágico.
Los estudios sobre cánceres en los bomberos han tenido resultados mixtos, pero hay evidencias que vinculan esta ocupación con cánceres de cerebro, tiroides, esófago, vejiga, testículos, próstata y cérvix, así como melanoma y enfermedad de Hodgkin.
Los rescatistas también pueden presentar alteraciones de la percepción quimiosensorial, lesiones cutáneas, síntomas gastrointestinales, dolores de cabeza, mareos, náuseas, vómitos, problemas hormonales y daños celulares. Algunos trastornos duraron más de 20 meses.
Enfermedades respiratorias
La inhalación de polvo, humo, gases y partículas puede causar síntomas respiratorios nuevos o agravar enfermedades previas. De los 60000 a 70000 socorristas estimados, por lo menos 6500 padecieron de nuevos síntomas respiratorios importantes o se les agravaron los que ya presentaban, y después de siete años muchos trabajadores seguían experimentando un funcionamiento anormal de sus pulmones.
Las sustancias presentes en los escenarios de desastre pueden irritar las vías respiratorias y afectar la función pulmonar. En el caso del derrame de petróleo del Deepwater Horizon, las sustancias tóxicas motivo de preocupación incluían el propio petróleo, incluyendo una penetrante bruma de petróleo, benceno, tolueno etilbenceno y xileno, gases y materia particulada proveniente de la quema intencional de petróleo, y la mezcla de petróleo crudo y dispersantes utilizados para ayudar a descomponer el petróleo en el agua.
Los habitantes que residen a una distancia de la costa de hasta 50 millas se han quejado de los olores fuertes. Otros han tenido que duplicar su dosis de medicamento contra el asma, añade, y algunos apenas han podido respirar.
Cáncer
El cáncer constituye una de las consecuencias de aparición más tardía. Determinados tipos de cáncer y otras patologías pueden desarrollarse muchos años después, lo que mantiene abierto el seguimiento médico de quienes estuvieron en la zona afectada.
El cáncer de piel no melanoma ha sido el más frecuente entre los miembros del programa, seguido por el cáncer de próstata. En septiembre de 2026, además, el FDNY incorporó a su muro conmemorativo los nombres de 36 miembros que murieron por enfermedades relacionadas con las tareas de rescate y recuperación posteriores al 11-S.
| Indicador | Dato |
|---|---|
| Miembros del FDNY certificados por al menos una enfermedad física relacionada con su exposición | 10.562 |
| Miembros certificados por al menos una condición de salud mental | 4.496 |
| Miembros con una certificación relacionada con cáncer | 4.257 |
| Respondedores con cáncer vivos cinco años después del diagnóstico | 86% |
| Residentes del estado de Nueva York no expuestos, vivos cinco años después del diagnóstico | 63% |
El informe también señala que el 86% de los respondedores del World Trade Center diagnosticados con cáncer seguían vivos cinco años después del diagnóstico, frente al 63% de los residentes del estado de Nueva York que no estuvieron expuestos al World Trade Center y fueron diagnosticados con los mismos tipos de cáncer.
Salud mental y estrés postraumático
Las emergencias pueden producir trastorno de estrés postraumático, depresión, ansiedad y otros problemas psicológicos. Más de 1700 sufrieron también probables padecimientos mentales graves, y algunos de ellos se siguieron viendo afectados incluso cinco años después.
En el caso de la salud mental, el número de miembros que reportan síntomas de trastorno de estrés postraumático y depresión ha disminuido desde el período inmediatamente posterior al 11-S. Esta disminución no significa que hayan desaparecido las consecuencias psicológicas ni que todos los afectados se recuperen al mismo ritmo.
Sus preocupaciones sobre el estrés se basan en un corpus creciente de datos científicos que demuestra que el estrés psicológico acompañado de exposición a sustancias tóxicas puede incrementar los efectos adversos sobre la salud.
El caso del World Trade Center
Las consecuencias del atentado del 11 de septiembre de 2001 no terminaron cuando se apagaron los incendios ni cuando fueron retirados los escombros del World Trade Center. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 dejaron casi 3.000 muertos en Nueva York, el Pentágono y Pensilvania.
Cuando las Torres Gemelas colapsaron, una enorme nube de polvo y humo cubrió el Bajo Manhattan. Durante las tareas de rescate, recuperación y limpieza, miles de bomberos, policías, médicos, voluntarios y trabajadores quedaron expuestos durante horas, días o incluso meses.

Las investigaciones posteriores vincularon esa exposición con sustancias y partículas peligrosas presentes en los restos del World Trade Center. El problema tampoco quedó limitado a quienes ingresaron a la Zona Cero.
El Registro de Salud del World Trade Center de Nueva York realiza el seguimiento de unas 71.000 personas, entre trabajadores de rescate, residentes, empleados, estudiantes y otras personas que estuvieron expuestas a las consecuencias de los atentados.
Resultados del seguimiento del FDNY
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y la comisionada del Departamento de Bomberos de la ciudad, Lillian Bonsignore, presentaron el Informe de Impacto en la Salud a 25 Años del World Trade Center, elaborado por el Programa de Salud del World Trade Center del FDNY.
El informe reúne los resultados de 25 años de seguimiento médico, tratamiento e investigación de bomberos, técnicos de emergencias médicas, paramédicos, oficiales, civiles, jubilados y otros miembros del FDNY que respondieron al World Trade Center y participaron en las labores de rescate y recuperación.
Uno de los principales datos del informe es que 10.562 miembros del FDNY están certificados actualmente por al menos una enfermedad física relacionada con su exposición durante el 11-S. Además, 4.496 miembros están certificados por al menos una condición de salud mental, mientras que 4.257 cuentan actualmente con una certificación relacionada con cáncer.
Más del 84% de los respondedores inscritos continúa participando en el programa de salud del FDNY. El informe también señala que más de 600 integrantes del departamento murieron durante las últimas dos décadas y media por enfermedades relacionadas con su trabajo en el World Trade Center.
El organismo también informó que 12.161 miembros del FDNY fueron diagnosticados con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas del World Trade Center. Dentro de ese grupo, 4.257 fueron diagnosticados con cáncer, mientras que otros presentan enfermedades respiratorias, físicas o de salud mental.
Alcance entre rescatistas y sobrevivientes
El propio programa sanitario federal sostiene que más de 96.000 personas fueron diagnosticadas con enfermedades físicas o mentales como consecuencia de las exposiciones del 11-S. El World Trade Center Health Program, administrado por los CDC, ofrece actualmente seguimiento médico y tratamiento para enfermedades relacionadas con el 11-S a sobrevivientes y rescatistas.
El programa atiende a casi 150.000 integrantes que viven en los 50 estados y territorios de Estados Unidos. Las investigaciones continúan incluso ahora.
Un estudio publicado en 2026 encontró que los integrantes del programa de salud que fueron seguidos durante años presentaban un menor riesgo de muerte por cualquier causa que determinados grupos de respondedores que no estaban incorporados al programa, un resultado que refuerza la importancia del control médico prolongado.
Riesgos en incendios, derrames y accidentes químicos
Los riesgos a la salud tienden a ser aun mayores para los múltiples voluntarios que acuden presurosos a la escena de crisis tales como derrames de petróleo, ataques terroristas, huracanes, descarrilamientos de trenes y escape de sustancias químicas.
Con frecuencia esos trabajadores no cuentan con el entrenamiento y el equipo avanzado que protegen a los socorristas profesionales hasta cierto punto. Éstos y muchos otros factores hacen de la protección de la salud de los socorristas durante los desastres un reto de enormes dimensiones.
Derrames de petróleo
Los derrames de petróleo también son una fuente de efectos adversos sobre la salud de los socorristas, si bien sólo se han estudiado los efectos en la salud de 7 de los 38 accidentes de grandes buques cisterna en el mundo, según una reseña de 2010 publicada por Francisco Aguilera et al.
Después del accidente del buque cisterna Prestige en 2002, que dañó la costa norte de España y áreas aledañas de Francia, mientras más trabajó la gente en la limpieza, más problemas de salud presentó.
Los voluntarios a quienes no se instruyó sobre el uso de equipo de protección personal tendieron mucho menos a utilizar ese equipo y también presentaron significativamente más náuseas, vómito, mareos, dolores de cabeza y de garganta y problemas respiratorios.
Los trabajadores también presentaron reducciones de las concentraciones de prolactina y cortisol y niveles elevados de metales en su sangre. Casi una quinta parte de aquellos que limpiaron a las aves sufrieron lesiones, y muchos trabajadores en diversos entornos presentaron un daño considerable a su ADN.
Pero aun en aquellos que utilizaron equipo de protección personal como mascarillas y ropa especial, algunas veces estas medidas resultaron menos benéficas de lo esperado.
Deepwater Horizon
Desde la explosión de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon de la BP el 20 de abril de 2010 se han reportado toda una gama de problemas agudos de salud en algunos de los más de 40100 socorristas que han acudido a limpiar el petróleo derramado.
La escala de la contaminación, casi sin precedentes, y los prolongados periodos durante los que están trabajando los socorristas causan preocupación a muchas personas respecto a los efectos a corto y largo plazo tanto en los socorristas como en el público en general.
Por lo que se refiere sólo a problemas agudos, 967 trabajadores habían reportado lesiones o enfermedades para el 20 de junio, fecha de las cifras más recientes del Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional.
Únicamente se han atribuido siete casos a la exposición al petróleo o a otras sustancias químicas, pero es imposible determinar cuántos de los accidentes tratados y de las incidencias de mareo, náuseas y desmayos pueden ser resultado de una reacción a la exposición a sustancias tóxicas, y ni el NIOSH ni otro personal médico independiente han verificado los datos de incidencia reportados por la BP.
Accidentes químicos y lesiones cutáneas
En 1991, cuando el descarrilamiento de un tren cerca de Dunsmuir, California, hundió un vagón cisterna en el río Sacramento, se derramaron en el agua 19000 galones de metam sodio.
La reacción entre el plaguicida y el agua formó rápidamente varias sustancias nocivas, incluyendo metil isotiocianato, sulfuro de hidrógeno y bisulfuro de carbono. Entre los socorristas se encontraban prisioneros locales que pasaron un tiempo considerable en el agua sacando peces muertos; unas dos terceras partes de ellos sufrieron de dermatitis en los pies y tobillos.
Otros empleados estatales y federales que realizaron un trabajo similar no sufrieron de dermatitis. Análisis posteriores revelaron que la mayoría de las personas ilesas se quitaron rápidamente las ropas húmedas después de concluir su trabajo.
Por qué algunos rescatistas enferman y otros no
Varios estudios han concluido que 11 a 16% de la población es significativamente más vulnerable a la exposición a las sustancias tóxicas que el resto.
Los porcentajes de los primeros socorristas que han sufrido daños en las emergencias mencionadas tendían a caer dentro de este rango o cerca de él; por lo menos 10% de los socorristas del WTC enfermaron, lo mismo que 19% de las personas que limpiaron a las aves cubiertas de petróleo después del accidente del Prestige y 7% de los residentes, incluidos muchos socorristas, después del accidente del buque cisterna MV Braer en las cercanías de las islas Shetland.
En algunos casos, los porcentajes fueron muy superiores: 53% para los residentes del área, incluyendo a los trabajadores de limpieza, tras el desastre del buque cisterna Erika, cerca de Bretaña, Francia, en 1999, y 64% de los prisioneros de Dunsmuir.
Sin embargo, advierte que el tipo específico de vulnerabilidad varía de una persona a otra y es impredecible, y además es posible que los socorristas profesionales sean un poco menos vulnerables debido al “efecto del trabajador saludable”.
Dice que la ciencia está aún demasiado poco desarrollada para utilizar la información genética, los bioindicadores o la historia familiar como herramientas de predicción. No obstante, todavía hay varias opciones para medir o evaluar cuándo los socorristas necesitan tomar precauciones adicionales.
Limitaciones de la protección y de la vigilancia
Los socorristas profesionales, como los bomberos, pueden no hacer mucho énfasis en los estudios sobre los efectos en la salud. “Van a hacer lo que necesitan hacer sin importar su propia seguridad”, dice Don Donahue, director ejecutivo del Centro de Políticas de Salud y Preparación del Instituto Potomac de Estudios Políticos, en cuya familia extensa hay bomberos.
Ese enfoque heroico es un maná para la gente a la que salvan, pero los bomberos pueden llegar a pagar un alto precio con trastornos tales como cáncer. Los socorristas no han sido estudiados adecuadamente y se les tiende a ignorar.
Una de ellas consiste simplemente en confiar en los sentidos humanos. No obstante, muchas sustancias tóxicas son difíciles de oler en concentraciones transportadas por el aire que pueden ocasionar daños a la salud.
Es más, el detenerse, aun brevemente, a evaluar el olor en una situación dada va en contra de la mentalidad tradicional de los socorristas de hacer al instante aquello que necesiten hacer.
Otra opción es revisar rápidamente los síntomas de salud posteriores al desastre en la población general: si la población general se está viendo afectada, aun cuando estén más apartados de la fuente de exposición y no estén trabajando duramente cerca de las sustancias tóxicas, esa es una señal de advertencia para los trabajadores.
Basarse en cualquiera de estos enfoques sería congruente con el principio precautorio que sostiene que es sabio suponer que una sustancia es peligrosa hasta que se demuestre que es segura.
Problemas de las normas y del monitoreo
A fin de cuantificar mejor estas decisiones, la práctica actual predominante entre los funcionarios de salud pública consiste en comparar muestras de las emisiones tóxicas en un área de desastre con los parámetros de salud disponibles.
Depender de las normas de salud disponibles y del monitoreo limitado es motivo de preocupación para Murray: “Situaciones como la del Golfo centran más claramente la atención en un problema que comúnmente ignoramos”, a saber, que las normas de la OSHA son “horriblemente obsoletas”, y que no hay normas que contemplen de una manera precisa factores tales como la exposición real a múltiples sustancias tóxicas.
También señala que no existen normas que tomen en cuenta la exposición y el estrés soportado durante los días de trabajo extralargos en tiempos de crisis, los cuales pueden prolongarse por semanas o incluso meses: “todas nuestras medidas se van al traste”, dice.
Crane observa también que los monitores limitados no documentan la exposición en los microambientes de millares de trabajadores individuales, y el monitoreo terrestre no capta los niveles elevados que pueden existir costa afuera cerca del petróleo fresco.
Importancia del seguimiento médico prolongado
Una de las características más difíciles de dimensionar del impacto del 11-S es que algunas enfermedades no aparecen inmediatamente después de la exposición. El seguimiento prolongado permite detectar patologías tardías, observar la evolución de los síntomas y mantener el tratamiento cuando las consecuencias se manifiestan años después.
Los datos recopilados durante estos 25 años fueron fundamentales para documentar las consecuencias de la exposición en el World Trade Center y ayudaron a respaldar la necesidad de mantener el apoyo federal a los afectados.
Esta investigación también contribuyó a la aprobación en 2010 de la Ley de Salud y Compensación James Zadroga del 11-S, su renovación en 2015 y la financiación completa del programa en 2026 para garantizar que pueda continuar atendiendo a los respondedores y sobrevivientes durante el resto de sus vidas.
4X09 | RESCATISTA cuenta cómo fue rescatar en el 11-S en NUEVA YORK | Héctor Méndez
Más del 84% de los respondedores inscritos continúa participando en el programa de salud del FDNY. Las investigaciones continúan incluso ahora.
El control médico prolongado resulta especialmente importante cuando la exposición combina contaminantes, esfuerzo físico, estrés psicológico y turnos extensos. La información disponible muestra que las enfermedades relacionadas con los rescatistas no deben evaluarse únicamente durante los primeros días o semanas posteriores a una emergencia.
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