El café instantáneo se impone en los almacenes porque combina rapidez, facilidad de preparación, variedad de formatos y un consumo cotidiano vinculado con la conversación y el encuentro. Su demanda se apoya en una fórmula sencilla: agua caliente o fría, ninguna habilidad especial y una bebida lista para consumir.
Sin embargo, su predominio comercial no elimina la discusión sobre el sabor, el procesamiento ni el precio. Para algunos consumidores, el café molido filtrado ofrece una experiencia superior con apenas un paso adicional, mientras que para otros la comodidad del soluble sigue siendo el criterio decisivo.

Por qué el café instantáneo ocupa un lugar central en los almacenes
Un almacén o negocio de barrio posee la ventaja, por sobre otros modelos de venta, de que son sus dueños los que generalmente atienden, por lo que tienen una relación muy directa con sus clientes y vecinos. "En ese contexto, el café, en tanto artículo cotidiano, representa un producto que se alinea perfecto con la dinámica de pequeños comercios y almacenes, ya que la relación axiológica (cortesía de la publicidad) del público con esta bebida tiene directa conexión con el encuentro y la conversación", señaló Diego Ramírez, docente de la Escuela de Administración y Negocios de Duoc UC, sede Maipú.
La bebida se adapta especialmente bien a este tipo de comercio porque puede venderse en pequeñas cantidades, presentarse en distintos formatos y consumirse de inmediato. Por el hecho de ser un producto que viene instantáneo, descafeinado o liofilizado, entrega a los negocios un amplio margen de posibilidades.
“El café instantáneo proporciona una dosis rápida de cafeína estemos donde estemos. Siempre habrá personas para las que la calidad es muy importante, pero para la mayoría sigue siendo solo café”, afirma Łukasz Jura, director de ventas de Coffee Machines Sale.
Variedades y formatos disponibles
La variedad en el mercado es amplia. En la actualidad existen formatos, como:
- Café en polvo en sticks de 1,8 gramos (equivalente a una cucharadita).
- En tarro de 50, 150, 400 gramos -por mencionar algunos-.
- En frasco de 170 gramos, en sobres de 12,5 de mixes en sabores cappuccino, moka, vainilla o caramelo latte.
- Además, hay cápsulas en formato de 16 unidades en diferentes sabores.
A tal punto llegó el gusto por el café, que incluso "se está desarrollando la inclusión de máquinas dispensadoras, lo cual ha fomentado la llegada de nuevas y diferentes variedades y sabores impulsadas por marcas como Nescafé, Blak, Marley Coffee, entre otras. Las cuales ofrecen diferentes tipos de cafés listos para el consumo inmediato: normal, café con leche, cortado, capuchino, mocachino, milo, entre otros sabores", señaló el especialista.
Este 2019 ha aumentado el consumo del café gracias a un crecimiento de la industria impulsado por la masificación de las máquinas de cápsulas para el hogar también, además de las empresas que comenzaron a abrir y proponer nuevos formas de tomar café, entre las que destacan las preparaciones frías y sus mezclas con otros productos funcionales: batidos, frutales y de esencias aromáticas, según explicó Ramírez.
| Formato | Características |
|---|---|
| Sticks | 1,8 gramos, equivalente a una cucharadita |
| Tarros | 50, 150 y 400 gramos |
| Frascos | 170 gramos |
| Mixes | Sobres de 12,5 con sabores cappuccino, moka, vainilla o caramelo latte |
| Cápsulas | Formato de 16 unidades en diferentes sabores |
El crecimiento mundial del café soluble
El café instantáneo representa el 25 % de todo el café consumido en el mundo. Con la demanda de conveniencia en aumento, algunas marcas de café de especialidad han experimentado con productos solubles de alta calidad.
En 1890, se concedió una patente a David Strang por un café soluble e instantáneo que se disolvía en agua. En 1938, impulsada por la creciente popularidad antes y durante la Primera Guerra Mundial, y para remediar el excedente de café tras el crack de Wall Street, Nestlé se asoció con el Instituto Brasileño del Café para lanzar su primer café instantáneo en polvo, Nescafé.
Para la década de 1970, un tercio de todo el café importado a Estados Unidos se convertía en café instantáneo liofilizado. Hoy en día, la Asociación Brasileña de la Industria del Café Soluble (ABICS) sostiene que el café instantáneo representa el 25 % de todo el café que se consume en el mundo y que su demanda ha crecido más de 2 % cada año.
La comodidad como principal ventaja
La belleza y el éxito del café instantáneo radicaban en exigir poco a quienes lo consumían: agua caliente o fría y ninguna habilidad especial para su preparación. Como anunciaba un café instantáneo de mediados del siglo XX: “sin cafetera, sin posos de café, sin residuos“.
El café instantáneo proporciona una dosis rápida de cafeína estemos donde estemos. La preparación no requiere moler granos, utilizar una cafetera ni controlar variables específicas. Esta simplicidad explica su presencia en hogares, oficinas, viajes, máquinas dispensadoras y pequeños comercios.
El formato también permite ofrecer una amplia gama de alternativas. Existen productos normales, descafeinados, liofilizados, mezclas con leche, sabores dulces, preparaciones frías y combinaciones con otros productos funcionales.
La crítica al café instantáneo
¿Si el verdadero café ya es tan fácil de preparar, qué suma el instantáneo? Polémica en Twitter y una reflexión: ¿será que la moda compleja de preparar café, a lo barista y en casa, terminó provocando un renovado gusto por el tipo de infusión cómoda e insípida que el autor detesta?
Para el periodista gastronómico, el café instantáneo implicar arruinar un producto natural para convertirlo en uno procesado. «¿Por qué me disgusta (y no entiendo) al café instantáneo? Líquido oscuro, intomable e innecesario…»
Hace unos días una usuaria de Twitter acusó a los amantes del café de snobs, advirtiendo que eran incapaces de disfrutar siquiera de un café instantáneo. Me sentí aludido: si bien hace unos meses yo mismo acusé a algunos baristas y cafeterías de ser snobs (opinión que mantengo intacta), esta vez me tocó estar del otro lado del mostrador, del lado de los acusados.
Realmente odio el café instantáneo, odio la supuesta “técnica” del batido (batir el polvo de café con azúcar antes de agregar agua), odio la repostería con café instantáneo, odio los cócteles con café instantáneo. Más de una vez pedí un simple café (por ejemplo, en un viaje en avión) para recibir en cambio un líquido oscuro e intomable, que sólo en apariencia parecía ser realmente café.
Voy más allá: no sólo me disgusta, sino que además no lo entiendo. El café, el verdadero, el que se vende molido en cualquier supermercado, ya es “instantáneo”. Granos molidos que tan sólo deben mezclarse con agua y luego filtrarse para tener una taza lista para beber.
¿Por qué entonces arruinar algo natural, un grano tostado y cuidado, tan fácil de preparar, para convertirlo en un producto procesado, más caro y feo. Ok, lo admito, esto de feo es subjetivo, pero seamos serios, es amargo, ácido… feo.
Cómo se fabrica el café instantáneo
A contramano de la mejor gastronomía, donde cada vez se prioriza más la pureza de la materia prima, el café instantáneo implica sumar procesos a algo que no lo precisa: la industria primero debe preparar un café de verdad (muy concentrado) y luego quitarle el agua a ese café de verdad.
Esto se logra de dos maneras posibles: aplicando calor o, al revés, deshidratando por congelación. El resultado es un polvo soluble en agua.
Es similar a lo que se hace con la leche en polvo, y como todos sabemos, a nadie se le ocurriría preparar un Nesquik con leche en polvo. Incluso en este caso (el de la leche en polvo), se entiende por qué deshidratarla: es una manera de abaratar el transporte (por su menor peso) y facilitar su conservación en el tiempo.
En el café, nada de esto es realmente necesario: los granos empaquetados soportan bien el tiempo y ocupan un espacio similar a su versión instantánea.

El filtrado como paso adicional
Además: el filtrado, un paso más que nunca hay que resignar. El café, el verdadero, el que se vende molido en cualquier supermercado, ya es “instantáneo”. Granos molidos que tan sólo deben mezclarse con agua y luego filtrarse para tener una taza lista para beber.
Por suerte, hacer un rico café hogareño es fácil y no precisa de extravagancias. Tan sólo es necesario un buen café molido (sí, cuanto mejor sea el café más rico será el resultado, pero lo mismo pasa con el vino, con los salames, con el chocolate, bah, con cualquier cosa que comamos).
A ese café se le debe agregar agua caliente y luego filtrarlo. Listo. Es así: preparar café de verdad es muy fácil, casi tanto como hacer el soluble, apenas requiere un único paso extra, el filtrado, que se puede lograr con uno de esos filtros de tela que se venden en cualquier super o almacén de barrio por apenas $100 y que duran cientos de usos.
En dos minutos podés tener un rico café en tu taza. ¿Realmente precisás algo más “instantáneo” que eso?
La reacción contra la preparación demasiado compleja
Hay un punto que merece atención en el tuit que mencioné en un principio; un punto que le da algo de razón a la persona que lo escribió: con la moda del café y con tanto especialista pregonando en redes, a veces pareciera que hacer un café en casa es difícil: requiere medir los granos de manera milimétrica, molerlos luego con un molino de duelas carísimo, tener una bellísima cafetera japonesa Hario, controlar con termómetro digital la temperatura del agua, etc, etc, etc.
Y no: todo eso es una estupidez, un juego solo apto para un nicho especialista que, justamente, termina alejando a mucha gente de poder beber café en casa, empujándolos a elegir esa caricatura que es el café instantáneo.
Por suerte, hacer un rico café hogareño es fácil y no precisa de extravagancias. Tan sólo es necesario un buen café molido (sí, cuanto mejor sea el café más rico será el resultado, pero lo mismo pasa con el vino, con los salames, con el chocolate, bah, con cualquier cosa que comamos).
La discusión, por lo tanto, no se limita a elegir entre una preparación completamente instantánea y un ritual barista lleno de accesorios. También existe una alternativa sencilla basada en café molido, agua caliente y filtrado.
¿Es realmente más barato el café instantáneo?
En Chile, las oferta de café es amplia. Encontramos desde el café soluble o instantáneo del Supermercado, pasando por el café en grano de especialidad de la tienda gourmet, hasta el café de la máquina vending o las capsulas para cafeteras.
Sin embargo, la duda es ¿Qué cafés elegir de acuerdo al precio? El café instantáneo, que en apariencia parece la opción más económica, esconde más de lo que parece.
Si hacemos cuentas, un café instantáneo popular de 200g cuesta alrededor de 11.190 pesos, lo que da un precio por taza de 277 pesos. En cambio, un café de especialidad de 1 kg por 24.990 pesos, rinde 100 tazas, reduciendo el precio a 249 pesos por taza.
| Tipo de café | Presentación | Rendimiento o precio por taza |
|---|---|---|
| Café instantáneo popular | 200g por alrededor de 11.190 pesos | 277 pesos por taza |
| Café de especialidad | 1 kg por 24.990 pesos | 100 tazas; 249 pesos por taza |
El café instantáneo, aunque rápido de preparar es elaborado mediante procesos industriales, por lo que no se compara con un café natural extraído en tu cafetera, con la frescura, aromas y sabores que sólo se pueden sentir con cafés especiales como el café Alto Amazonas.
Este café siendo especialidad es económico y destaca por su baja acidez, intensidad media y una fragancia única que mezcla vainilla, caramelo y limón.
El café soluble de especialidad
La relación entre el café de especialidad y el instantáneo ha dado un giro completo. Considerado al inicio como un producto inferior a lo ofertado por el mercado de especialidad, se reinventó posteriormente como un producto que podría ayudar a hacer accesible el café de especialidad y ampliar la cuota de mercado.
Ahora, el experimento del sector con el café instantáneo parece estar decayendo y corre el riesgo de quedar eclipsado por otros productos prácticos. Los altos costos de producción y la saturación del mercado arrebatan al café instantáneo de especialidad el éxito esperado.
A pesar de la popularidad mundial del café instantáneo, el sector de la especialidad históricamente ha preferido guardar distancia. Ha favorecido un enfoque más artesanal, la antítesis del producto instantáneo.
En las últimas décadas, el café de especialidad ha cambiado de opinión, o al menos lo ha intentado. El elitismo y los precios más elevados del sector han sido objeto de críticas y la competencia emergente de otros mercados ha obligado a replantear el enfoque.
Con el fin de satisfacer la demanda de productos cómodos y de alta calidad, muchas empresas de especialidad buscaron seguir siendo relevantes en un mercado en constante evolución desarrollando productos como las cápsulas y el café soluble.
El precio de la comodidad
A pesar de eso, la estrategia de marketing para este formato ha resultado ser más complicada de lo esperado. En consecuencia, actualmente, el café soluble de especialidad se encuentra estancado en el mercado.
El café soluble de especialidad debería haber sido igual de sencillo, simplemente usando granos de mayor calidad. Dirigirse a un público exigente en cuanto a sabor y calidad con un producto cuya prioridad es la comodidad es un reto incluso para el mejor vendedor.
“El reducido número de clientes de este tipo de productos puede deberse al hecho de que no satisfacen sus preferencias gustativas”, afirma Łukasz.
En general, los cafés solubles de especialidad no han logrado alcanzar el éxito en ningún segmento. Para el consumidor medio tienen un precio demasiado elevado para ser un producto de conveniencia. Para los consumidores de especialidad, su sabor y calidad no valen la pena.
Especialmente, ahora que hay opciones más asequibles y de mayor calidad en el mercado.
Los minoristas populares de Estados Unidos anuncian un precio de US $10,48 por 10,5 onzas de café instantáneo, lo que equivale a 150 tazas o poco menos de 14 centavos por taza.
Al mismo tiempo, algunos tostadores de especialidad anuncian su café instantáneo a un precio superior a US $18 por 48 onzas, o seis sobres de 8 onzas, alrededor de US $2,50 por taza.
Incluso las cadenas de especialidad como Blue Bottle, en la que Nestlé tiene una participación mayoritaria, venden “café instantáneo artesanal” a un precio por taza casi el doble que el de otros productos Nescafé.
Por supuesto, la calidad y el precio del café verde influyen en el precio al consumidor; sin embargo, con una serie de costos adicionales asociados a la producción de café soluble e instantáneo, se ha convertido en una práctica insostenible para muchas empresas, sobre todo porque los consumidores parecen poco dispuestos a absorber estos costos.
Por qué el soluble de especialidad tiene dificultades
Para las empresas de especialidad pueden surgir barreras y costos extra que obstaculicen el éxito de sus productos solubles.
En países como Alemania y Rumanía los impuestos especiales y los aranceles adicionales sobre el café soluble, un total de €4,87/kg y €900/tonelada, respectivamente, merman los ingresos y aumentan los costos de producción.
Además, los gastos generales asociados a la producción de café soluble se acumulan en el precio final al consumidor. Estos incluyen el proceso de liofilización, la compra de equipos o la contratación de terceros.
“En comparación con el mercado global del café, el mercado de especialidad es incomparablemente más pequeño. Es lógico que el producto llegue a un número menor de clientes potenciales”, afirma Łukasz.
“El costo de producción en sí es similar. La diferencia radica en el precio de las materias primas y, naturalmente, en la escala de esta producción”.
Las bolsas de goteo como alternativa
Si bien los productos solubles de especialidad pueden haber fracasado, otros productos prácticos, como las bolsas de goteo, han tenido más éxito.
Aunque el mercado mundial de bolsas de goteo es más reducido que el del café instantáneo, ya tiene una cuota de mercado razonable y se espera que crezca de forma constante.
Para las empresas de especialidad, productos como las bolsas de goteo representan además un medio más rentable para elaborar café fácil de preparar. Su fabricación requiere considerablemente menos equipo e inversión que sus homólogos solubles.
“Sin duda, el costo de producción es menor que el del café soluble, incluso a pequeña escala. Podemos producir nosotros mismos las bolsas de goteo en la tostaduría. Esto nos da más control sobre el sabor del producto final y sobre cómo se preparará según las normas generalmente aceptadas”, afirma Łukasz.
El crecimiento de estos productos en el mercado de especialidad también indica que los clientes quieren comodidad, pero con un elemento de artesanía que haga que la experiencia sea más auténtica.
“Es una opción para las personas que prefieren que su café se prepare de una manera más avanzada. Permite un control preciso del ritmo de vertido”, afirma Łukasz.
CLAVES para FILTRO DE TELA. Café de Especialidad
La competencia de otros formatos prácticos
El café soluble de especialidad también se enfrenta a retos de otros sectores. Segmentos en crecimiento como el de los productos listos para consumir (RTD) van ganando rápidamente cuota de mercado, aprovechando la demanda de comodidad y accesibilidad.
Aunque este experimento del café de especialidad con el formato soluble instantáneo no ha tenido tanto éxito como la industria esperaba, puede que no haya sido en vano.
A pesar de su tasa de éxito relativamente baja, es una demostración de que el sector está dispuesto a adaptarse a los nuevos tiempos y a la demanda de los consumidores, sin perder su principio de alta calidad.
Seguridad y autenticidad del producto
La expansión del café instantáneo también ha estado acompañada por alertas relacionadas con productos adulterados. La alarmante declaración de Nestlé por venta de Nescafé falso: los riesgos y cómo identificar productos adulterados.
Nestlé emitió un declaración explicando cómo identificar el producto falso y los riesgos que tiene su consumo.
Tras denuncia de Sernac en Fiscalía: cómo saber si una recarga de café instantáneo es falsa.
Si alguna persona adquirió este producto debe dejar de consumirlo y solicitar la devolución del dinero o el cambio del producto en el lugar de compra, acreditando la adquisición de una falsificación.