Declaración de guerra de Chile durante la Segunda Guerra Mundial

Chile declaró el estado de beligerancia contra Japón en 1945 y, posteriormente, avanzó hacia la declaración formal de guerra, principalmente para cumplir las condiciones de ingreso al nuevo sistema internacional representado por las Naciones Unidas. La decisión fue precedida por años de neutralidad, intensas presiones estadounidenses y la ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania, Italia y Japón el 20 de enero de 1943.

La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto bélico más importante del siglo XX. Entre 1939 y 1945, Europa vivió el enfrentamiento de dos grandes alianzas: las potencias del Eje, con Alemania, Italia y Japón como principales protagonistas, y los Aliados, con Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Rusia, entre otros.

La neutralidad chilena durante la guerra

En Chile, la guerra era un tema lejano, pero Juan Antonio Ríos lo abordaba con su tradicional cautela. Tras recibir la presidencia en abril de 1942, Ríos decidió mantener la política de neutralidad del país en la guerra, que ya había establecido el gobierno Aguirre Cerda.

“El país tenía la experiencia de la Primera Guerra Mundial cuando logra mantenerse neutral pese a las exigencias y presiones de Washington, había resultado beneficioso a sus intereses. Por otra parte, al igual que lo que había ocurrido en 1914, la opinión pública, el estamento político y las Fuerzas Armadas estaban divididas en sus preferencias y cercanías”, apunta Miguel Navarro Meza, profesor de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos.

El nuevo presidente llegó a La Moneda cuando solo habían pasado unos meses del ingreso de Estados Unidos al conflicto, en diciembre de 1941, tras el ataque japonés a Pearl Harbor. A partir de allí, la neutralidad de Chile se vio en permanente tensión.

La Segunda Guerra Mundial comenzó con la invasión de Polonia y las posteriores guerras relámpago desarrolladas por los nazis. Desde entonces tuvieron lugar batallas de relevancia como Dunkerque, Stalingrado, Iwo Jima o Berlín, así como asesinatos masivos como el Holocausto o el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki.

Mapa de alianzas de la Segunda Guerra Mundial

Las presiones de Estados Unidos

Así, el gobierno del presidente Franklin D. Roosevelt articuló toda su batería de recursos sobre América del Sur. “Se supeditaron préstamos de dinero al país, supeditando también ventas de armas -apunta Mauricio Paredes-. También la presión se vio en acciones concretas en contra de agentes espías del Eje presentes en el país (varios alemanes y un puñado de japoneses) por parte del FBI y de la Policía de Investigaciones de Chile”.

Al gigante del norte le preocupaba la acción de grupos de interés del Eje en el país. “Durante la guerra, Japón logró crear un bloque de apoyo en Chile, con fuerza hasta enero de 1943, y con mayor debilidad después. También existió un grupo de personas críticas al liderazgo estadounidense en América Latina”, apunta Pedro Iacobelli, doctor en Historia y Director del Instituto de Historia de la U de los Andes.

También la política interna se agitó en torno al conflicto, más por su componente de lucha contra el fascismo que le imprimieron algunos grupos. “Se enfrentaban los partidos de gobierno, de Izquierda, inclinados a la ruptura con el Eje (aunque no de entrar decididamente a la contienda) y los de oposición, de Derecha, firmes en mantener la neutralidad”, apunta Miguel Navarro.

“Las presiones para llevar a declarar la guerra involucró a grupos chilenos que veían fundamental apoyar a EEUU -detalla Iacobelli-. También presiones norteamericanas contra el gobierno de Ríos, a través de su secretario para el hemisferio. Finalmente la promesa de mayores inversiones en Chile, si declaraba la guerra al Eje”.

Incluso, el gobierno de Roosevelt movió sus piezas en el tablero aprovechando las viejas rencillas regionales. “Por ejemplo, Estados Unidos generó enormes acercamientos hacia Perú, entregando préstamos, armas y validando un incipiente liderazgo regional del país vecino”, apunta Mauricio Paredes.

El temor a un ataque japonés

La fulminante ofensiva japonesa contra Pearl Harbor no había sido pasada por alto en La Moneda. “Durante el resto de 1942, la Administración Ríos se aferró a la neutralidad, en parte por un temor, real o presuntivo de un posible ataque japonés a las costas chilenas, muy desguarnecidas”, detalla Navarro.

El temor en palacio era porque había certeza de que las fuerzas armadas chilenas no estaban preparadas para entrar en una guerra. El impacto de La Gran Depresión recortó dramáticamente los gastos de defensa nacional.

“Las condiciones en que se encontraba la Armada de Chile al inicio de la Segunda Guerra Mundial eran de extrema debilidad, lo cual se arrastraba desde inicios de los años treinta. Así lo acreditan los distintos documentos secretos de la misma institución naval”, detalla el doctor en Historia, Cristián Pfeifer, autor del libro La Segunda Guerra Mundial en las costas de Chile.

Immanuel Holger, Subsecretario de Marina de la época, hizo una exposición muy detallada al presidente Arturo Alessandri Palma en el año 1937, en la que detallaba la falta de armamento, las naves en mal estado y la falta de cañones antiaéreos, entre otras carencias.

La situación se hacía más difícil para nuestra marina, ya que Argentina, que era potencia regional en aquella época, había modernizado su Marina y estaba en litigio con Chile por las islas del canal de Beagle.

Entre 1942 y 1943, la Armada se movilizó y se hicieron planes junto a la Armada Norteamericana para un eventual ataque japonés, pero este nunca se produjo, por la sencilla razón que Chile nunca estuvo en los planes bélicos del gobierno japonés.

El territorio chileno estaba demasiado alejado de los campos de batalla del Pacífico para atreverse a realizar cualquier acto hostil en su contra. El propio presidente Franklin Roosevelt le señaló al embajador chileno apostado en Washington, Rodolfo Michels, en agosto de 1942, que Chile no correría ningún peligro de una eventual incursión japonesa.

Defensa costera chilena durante 1942

La ruptura de relaciones con el Eje en 1943

Hacia los primeros días de 1943, las victorias de EE.UU. en Guadalcanal y en Nueva Guinea hicieron retroceder a las fuerzas japonesas. Fue el momento en que el presidente Ríos dio el paso.

Tras consulta al Senado, el 20 de enero de ese año, a las 9 y media de la mañana, según consta la prensa de la época, firmó en La Moneda el decreto que establecía la ruptura de relaciones diplomáticas con el Eje.

El texto le fue entregado por el subsecretario de RREE, Enrique Gajardo. Horas después, a las 7 de la tarde, y acompañado por el gabinete, el Presidente -vestido de impecable traje blanco- se dirigió al país desde su oficina en La Moneda, para informar la decisión.

En Washington, el secretario de Estado, Mr. Cordell Hull, manifestó su agrado. “Saludo esta acción como una contribución de importancia a la seguridad del continente”.

FechaDecisión
20 de enero de 1943Ruptura de relaciones diplomáticas y consulares con Alemania, Italia y Japón
14 de febrero de 1945Comunicación pública sobre el estado de beligerancia contra Japón

Tiempo atrás, había consentido en romper relaciones diplomáticas con Alemania, Italia y Japón, las llamadas potencias del Eje (se hizo el 20 de enero de 1943) y en su fuero interno, pensaba que con eso le bastaba.

Con la ruptura de relaciones vinieron las primeras medidas. “Patrullajes aéreos sobre las rutas de navegación cercanas a la costa, mantener activas las baterías de costa y antiaéreas que protegían los puertos desde lo que se embarcaban materias primas estratégicas, principalmente cobre y salitre, y patrullajes navales que se efectuaban en conjunto con la Eastern Pacific Task Force la Armada de Estados Unidos”, apunta Miguel Navarro Meza.

Las consecuencias para los residentes japoneses

Entre los ciudadanos residentes de los países del Eje, los japoneses fueron los que se llevaron la peor parte. Ya desde 1942 eran señalados en la opinión pública como una suerte de enemigo público.

“Cuando cesan las relaciones diplomáticas, Chile se sumó a los países latinoamericanos (menos Argentina) en congelar cuentas bancarias japonesas, confiscar algunos bienes”, detalla Pedro Iacobelli.

En febrero de 1945, la Cancillería chilena explicó por qué la beligerancia se acotaba solo a Japón y no involucraba a Alemania e Italia. “Al producirse el 20 de enero de 1943 la ruptura de relaciones diplomáticas y consulares entre Chile y los países del Eje, el Gobierno del Japón hizo manifestación de que estimaba dicha ruptura como un estado de beligerancia y como declaración de guerra”.

La fórmula para declarar la guerra solo a Japón

Aquella tarde del cálido verano de 1945, en los jardines de la residencia de Cerro Castillo, el Presidente Juan Antonio Ríos estaba inquieto. Acompañado por su canciller, Joaquín Fernández, recibió al embajador de Estados Unidos en Chile, Mr. Claude Bowers.

Bowers había estado presionando durante semanas al gobierno para conseguir que el país declarase la guerra a las potencias del Eje. La Segunda Guerra Mundial entraba en su fase de definición; los aliados, liderados por EE.UU., se proyectaban como vencedores y comenzaban a trazar el nuevo orden mundial.

Pero hasta entonces, Ríos albergaba algunas dudas. Esto era distinto, era posicionar al país en el tablero del poder.

Lo que más complicaba a Ríos, era que una declaración de guerra contra el Eje, involucraba a Alemania, país con el que no estaba dispuesto a enemistarse. Según detalla Paredes, el embajador Bowers rememoró años más tarde aquella reunión y la manera en que lograron convencer al dubitativo presidente chileno.

“Wright y yo pasamos una hora con él y con Fernández. Ambos aprecian profundamente el que hayamos venido primero a Chile; ambos dejaron muy en claro que ven la ventaja y buscarán una solución. Cuando se sugirió que sería suficiente que Chile declarara que se encuentra, legalmente hablando, en un estado de beligerancia contra Japón, ambos repentinamente se animaron, intercambiaron miradas que indicaron alivio, y Ríos pensó que se podría hacer sin abrirse a un posible ataque, porque antes de la ruptura había dicho en público que la ruptura equivale a una declaración de guerra…”.

Y así ocurrió. “La expresión que Bowers usa al referirse a que Ríos y su Canciller ‘se animaron’, en inglés es perk up, que usualmente se utiliza para describir los efectos que tiene una buena taza de café para alguien adormilado. Cuando Ríos entiende que no necesita tocar a Alemania, evidentemente recupera la alegría y expresa alivio”, explica Paredes a Culto.

La declaración del estado de beligerancia

Días después, ya en febrero de ese año, Ríos instruyó al embajador chileno en Washington, Marcial Mora, suscribir la Declaración de las Naciones Unidas del 1 de enero de 1942.

En virtud de ese acuerdo, el país establecía el estado de beligerancia con Japón, ya que era un requisito que imponía la misma. “Cada Gobierno se compromete a utilizar todos sus recursos, tanto militares como económicos contra aquellos miembros del ‘Pacto Tripartito’ y sus adherentes con quienes se halle en guerra”, detallaba en su punto uno.

En un comunicado compartido a la prensa el 14 de febrero de ese año, la Cancillería explicaba por qué la beligerancia se acotaba solo al país del sol naciente y no involucraba a Alemania e Italia.

En Santiago, fue el canciller subrogante, Alfonso Quintana, quien pasadas las 18.00 horas confirmó la noticia de la declaración del estado de beligerancia y anunció el pronto envío al Congreso del proyecto de ley que solicitaba la autorización para declarar la guerra.

Reunido con los periodistas en un salón del Ministerio de Relaciones Exteriores, hizo leer el comunicado oficial y luego respondió algunas consultas. Entonces uno de los ágiles de la prensa levantó la mano y le preguntó qué pasaría con los residentes japoneses en el país.

“Manifestó que por el momento, la situación de estos súbditos no variaría”, registró El Mercurio. Aunque no demoraría mucho en variar.

Por qué Chile declaró la guerra a Japón

Para inicios de abril de 1945, la Segunda Guerra Mundial ya estaba definida. “Hanover tomada por asalto; Americanos a 165 kms de Berlín”, titulaba La Nación en la portada de su edición del 11 de abril.

Los aliados ya ocupaban Italia, habían liberado Roma y avanzaban prestos hacia el norte. Benito Mussolini veía con impotencia cómo se derrumbaba su efímera República de Saló, un estado títere de Alemania, y solo pensaba en huir a Suiza.

Por su lado, Adolf Hitler observaba cómo el cerco de los aliados sobre el Tercer Reich solo se estrechaba más y más. El 16 de abril comenzó la decisiva ofensiva soviética sobre Berlín, hecho que terminó por derrumbarlo todo para el Führer.

Ambos dictadores no llegarían vivos a mayo: Mussolini fue capturado y fusilado por partisanos antifascistas, el 28 de abril, y su cadáver colgado de los pies en una gasolinera de Milán; mientras que Hitler se suicidó en su bunker solo dos días después.

Tras esa tarde en Cerro Castillo, Ríos ya estaba decidido a firmar la declaración de guerra, era una de las atribuciones especiales del Presidente de la República según lo estipulaba la vigente Constitución de 1925.

En realidad, para entonces era una decisión que ya no podía evitar. Había un objetivo en mente y para ello, declarar la guerra era impajaritable.

“El gobierno del Presidente Ríos declaró la guerra a Japón fundamentalmente por el interés que Chile ingresase al nuevo sistema internacional representado por las Naciones Unidas. Era prioritario para su administración que fuese miembro fundador del nuevo organismo pero esto implicaba haber declarado la guerra al Imperio del Japón”.

“Ya desde 1942, en las etapas más iniciales de lo que después serían las ‘Naciones Unidas’ se acordó que para integrarse sería necesario estar en guerra con las potencias del Eje. Hacia mediados de 1945, rendida Italia en 1943 y Alemania en mayo, y ante la inminencia de la sesión constitutiva del nuevo organismo, no quedó a Chile otra alternativa que declarar la guerra”.

Chile y el nuevo orden internacional

La pérdida en vidas humanas se cifra entre 50 y 70 millones de personas, al tiempo que el Viejo Continente quedó dividido en dos bloques antagónicos.

El conflicto transformó el equilibrio político mundial y dio paso a nuevas instituciones internacionales. En ese contexto, la decisión chilena no respondió únicamente a una participación militar directa, sino también al propósito de incorporarse al orden internacional que se estaba formando al terminar la guerra.

Descubre cómo la mayor alianza militar de la historia fue capaz de frenar el ascenso del nazismo y el fascismo y aprende más sobre personajes decisivos como Churchill, Stalin, Hitler, Mussolini o Goebbels.

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