Cuándo se hizo la primera Biblia y cómo llegó a existir

La respuesta depende de qué se entienda por «la primera Biblia». Los textos bíblicos se escribieron y recopilaron durante muchos siglos, mientras que la primera Biblia cristiana completa conservada en un único volumen es el Códice Sinaítico, copiado en griego a mediados del siglo IV d. C., entre los años 330 y 350.

Si la pregunta se refiere a la primera Biblia completa impresa en castellano a partir de los idiomas originales, fue la Biblia del Oso, publicada por Casiodoro de Reina en Basilea el 28 de septiembre de 1569. En cambio, la Biblia de Gutenberg, completada aproximadamente en 1455, fue el primer gran libro impreso en Europa con tipos metálicos móviles, pero estaba escrita en latín.

Qué significa exactamente «la primera Biblia»

La Biblia no nació de una sola vez ni fue escrita originalmente como un único libro. Es como una pequeña biblioteca que contiene muchos libros escritos por diferentes autores. La palabra «Biblia» viene de la palabra griega biblia, que significa «libros».

Pasaron 1100 años para que todos estos libros fueran escritos; y muchos años más, para que la lista de libros que ahora conocemos como la Biblia se reuniera en un solo libro. Por eso, la fecha de la «primera Biblia» cambia según se hable de los primeros textos, de la formación de sus colecciones, del primer manuscrito completo o de la primera edición impresa en una lengua determinada.

La transmisión oral antes de la escritura

Antes de que la Biblia fuera escrita, las personas contaban las historias sobre Dios y sobre la relación de Dios con su pueblo que ahora leemos en la Biblia. Esta etapa de transmisión de las historias de boca en boca es conocida como la «tradición oral».

Esta etapa duró por muchos años; las familias transmitían las historias de sus antepasados a las nuevas generaciones. En el caso de las escrituras judías (Antiguo Testamento), algunas historias fueron contadas de manera oral durante siglos antes de ser escritas de forma definitiva.

Cuándo comenzaron a escribirse los textos bíblicos

Finalmente, cuando las sociedades del Medio Oriente empezaron a desarrollar formas de escritura que eran fáciles de aprender y de usar (alrededor del año 1800 a. C.), la gente comenzó a escribir historias, canciones (salmos) y profecías que se convertirían después en partes de la Biblia.

Estos fueron escritos en papiro, un material similar al papel, hecho de juncos o en papel vitela, que se hacía de pieles secas de animales. Los libros del Antiguo Testamento no fueron escritos al mismo tiempo. Este proceso duró siglos.

Mientras que algunos libros se escribían y recopilaban, otras historias todavía se transmitían de manera oral. Ya que estas historias fueron escritas a veces de manera fragmentaria o se compilaron más de una versión de la misma historia, partes de la Biblia pueden ser difíciles de entender para los lectores modernos.

Por ejemplo, compare a Génesis 1:1-24 con Génesis 2:5-3:24 y a 1 Samuel 16:14-23 con 1 Samuel 17:55-58. Nunca se han encontrado los manuscritos originales de los libros que componen el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Estos se desgastaron probablemente por el uso continuo o fueron destruidos hace siglos. Sin embargo, copias de estos manuscritos fueron hechas a mano y se convirtieron en posesiones valiosas de las sinagogas, las iglesias y los monasterios.

Cómo se copiaron y conservaron las Escrituras

Antes de que estas copias se desgastaran, nuevas copias fueron hechas; y después se hicieron más copias de estas copias, y así sucesivamente, de generación en generación. Una vez que las historias de la Biblia comenzaron a escribirse, se hizo necesario hacer nuevas copias antes de que las copias más viejas se desgastaran por el uso y llegaran a ser ilegibles.

A veces, varios escribas hacían copias mientras que otro escriba leía el texto en voz alta. Se han conservado algunas copias muy antiguas de los escritos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y ahora se conservan en museos y bibliotecas alrededor del mundo en lugares, como: Jerusalén, Londres, París, Dublín, Nueva York, Chicago, Filadelfia, Ann Arbor, Michigan, Grecia, Italia, Rusia y Sinaí.

La formación de las escrituras judías

No es posible saber con exactitud cuándo se completó la recopilación de los libros de las escrituras judías. Algunos de los escritos de las escrituras judías pueden remontarse hasta el año 1100 a. C., pero el proceso de reunir los libros no comenzó probablemente hasta alrededor del año 400 a. C.

Esta recopilación de los libros continuó mientras que nuevos libros fueron escritos en fechas tan tardías como el siglo II a. C. El proceso para decidir cuáles libros serían parte de las escrituras judías oficiales continuó hasta poco antes del año 100 d. C.

Este trabajo era realizado a menudo por rabinos judíos (maestros). La forma en que se decidió qué libros eran lo suficientemente sagrados como para ser incluidos en las escrituras judías no es del todo claro.

Sabemos que alrededor del año 100 d. C., un grupo de eruditos judíos se reunió en Jamnia, un centro de aprendizaje judío al oeste de Jerusalén. Durante este tiempo, los eruditos debatieron qué libros debían ser incluidos en las escrituras judías.

Las discusiones de estos eruditos fueron probablemente determinantes en la decisión de la comunidad judía de que treinta y nueve libros deberían formar la lista santa: «el canon». Siete libros llamados deuterocanónicos (que significa «la segunda lista») no fueron incluidos en la primera lista.

Hoy en día, la mayoría de las iglesias protestantes siguen la lista original de treinta y nueve libros y lo llaman el Antiguo Testamento. Las iglesias católica, anglicana (episcopal) y ortodoxa oriental incluyen los libros deuterocanónicos en su Antiguo Testamento.

La Septuaginta: las Escrituras judías en griego

Fue durante este tiempo que las escrituras judías fueron traducidas al griego. Esta traducción es llamada la «Septuaginta», que significa «setenta» y a menudo se identifica por el número romano para setenta (LXX).

La leyenda de cómo la Septuaginta fue hecha y de cómo obtuvo su nombre se narra en un documento llamado «Carta de Aristeas». La leyenda dice que setenta y dos eruditos comenzaron a traducir las escrituras judías del hebreo, todos al mismo tiempo.

La carta continúa diciendo que todos acabaron al mismo tiempo, en setenta y dos días, y que todos los setenta y dos eruditos descubrieron que sus traducciones eran exactamente idénticas. Todos los números «setenta y algo» que aparecen en la historia le dieron el nombre a la traducción.

Esta versión griega de la Biblia fue utilizada por el pueblo judío que estaba disperso por todo el mundo romano, porque la mayoría de ellos hablaba griego en vez de hebreo. Las copias más antiguas de la Septuaginta datan del siglo II a. C., más de cien años antes del nacimiento de Jesús.

La Septuaginta fue también la principal versión de las escrituras judías utilizadas por los cristianos primitivos. Su importancia fue decisiva porque proporcionó una forma ampliamente utilizada de las Escrituras judías en el entorno lingüístico del Mediterráneo antiguo.

La escritura y recopilación del Nuevo Testamento

Jesús y la mayoría de sus seguidores eran judíos, y utilizaron y citaron las escrituras judías. Después de que Jesús murió y resucitó alrededor del año 30 d. C., las historias acerca de Jesús, así como sus enseñanzas, fueron transmitidas de manera oral.

No fue hasta alrededor del año 65 d. C. que estas historias y enseñanzas comenzaron a ser recopiladas y puestas por escrito en los libros conocidos como los Evangelios, que constituyen aproximadamente la mitad de lo que los cristianos llaman el Nuevo Testamento.

Sin embargo, los primeros escritos del Nuevo Testamento son probablemente algunas de las cartas que el apóstol Pablo escribió a los grupos de seguidores de Jesús que estaban dispersos en todo el imperio romano. La primera de estas cartas es seguramente 1 Tesalonicenses, que puede remontarse a una fecha tan antigua como el año 50 d. C.

Otros escritos del Nuevo Testamento fueron escritos en el siglo I o en los primeros años del siglo II d. C. Los libros del Nuevo Testamento fueron escritos en griego, una lengua internacional durante este período del imperio romano.

A menudo los libros y cartas se transmitían y leían por separado. Por casi trecientos años (del 100-400 d. C.), los líderes y los concejos de la iglesia primitiva argumentaron acerca de cuáles libros deberían ser considerados sagrados y ser tratados con el mismo respeto dado a las escrituras judías.

En el año 367 d. C., el obispo de Alejandría, llamado Atanasio, escribió una carta en la que se incluían veintisiete libros y decía que los cristianos deberían considerarlos autoritativos. Su lista fue aceptada por la mayoría de las iglesias cristianas y los libros que él incluyó son los mismos 27 libros que hoy llamamos Nuevo Testamento.

Las primeras traducciones cristianas

Cuando los libros del Nuevo Testamento fueron escritos, el idioma griego era el idioma hablado por la mayoría de personas del mundo mediterráneo. Pero al final del siglo II d. C., los idiomas locales se estaban volviendo populares de nuevo, especialmente en las iglesias locales.

Entonces, se hicieron traducciones de la Biblia en latín, la lengua de Roma; copto, un idioma de Egipto; y siriaco, una lengua de Siria. En el año 383 d. C., el papa Dámaso asignó a un sacerdote erudito llamado Jerónimo para elaborar una traducción oficial de la Biblia en latín.

Traducir toda la Biblia le tomó a Jerónimo casi veintisiete años. Su traducción llegó a ser conocida como la Vulgata y sirvió como la versión estándar de la Biblia en Europa occidental por los siguientes mil años.

El Códice Sinaítico: la Biblia cristiana completa más antigua conservada

El «Códice Sinaítico» es un manuscrito del siglo IV d.C. hecho en pergamino y que contiene la versión más antigua de la Biblia, escrita en griego. Fue copiado a mediados del siglo IV, entre 330 y 350 d.C., por un grupo de al menos tres copistas que lo escribieron en griego de manera simultánea.

De hecho, se trata del manuscrito más antiguo existente que contiene la Biblia cristiana en griego, y el mejor y más antiguo testimonio de algunos de los libros de la versión griega del Antiguo Testamento como la Septuaginta o Biblia de los Setenta.

En origen, este manuscrito uncial (todo el texto está escrito en letras mayúsculas) contenía tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento (incluidos los apócrifos bíblicos) en un único y gran volumen, aunque hasta nosotros solo ha llegado este último.

La obra, asimismo, no solo es famosa por algunas variantes textuales inusuales (como la falta del relato de la Resurrección de Cristo al final del Evangelio de San Marcos), sino porque su texto también contiene una cantidad considerable de correcciones.

Códice Sinaítico manuscrito bíblico antiguo

Características materiales del códice

Escrito sobre pergamino, originalmente en hojas dobles, el Códice Sinaítico, compuesto por un total de 346 folios escritos en cuatro columnas y con unas medidas de 380 mm de alto por 345 de ancho, resulta fundamental para la comprensión de la historia de la Biblia cristiana.

De hecho, es uno de los tres primeros manuscritos en los que se copió la colección completa de libros que contiene la Biblia cristiana antigua. Así, aparte de la Septuaginta y el Nuevo Testamento, la obra cuenta asimismo con algunos libros adicionales como los Macabeos y la Sabiduría de Eclesiástico, la llamada Epístola de Bernabé y una colección de textos conocida como el Pastor de Hermas que aparece al final del Nuevo Testamento.

Con todo, se sabe muy poco del origen de este códice. Algunos historiadores especulan con que pudo haber sido escrito en Alejandría o en Roma, e incluso lo han asociado con las cincuenta copias de las escrituras que se dice que encargó el emperador Constantino.

El hallazgo en el monasterio de Santa Catalina

Este manuscrito, que recibe su nombre del monasterio de Santa Catalina, al pie del monte Sinaí, en Egipto, donde se conservó hasta mediados del siglo XIX, es un tesoro de incalculable valor.

En cuanto a su descubrimiento, este se debe a Konstantinvon Tischendorf, un teólogo protestante, lingüista e investigador de manuscritos alemán, que en 1844 viajó hasta el monasterio de Santa Catalina. En su biblioteca descubrió 129 hojas del Antiguo Testamento arrojadas en una papelera, junto con otros manuscritos que habían sido desechados.

Esas hojas eran lo que quedaba del Códice Sinaítico. Al preguntar al bibliotecario del monasterio sobre aquellas páginas, este le contestó que "son basura. Deben ser destruidas quemándolas en los hornos del monasterio".

El primer gran volumen bíblico conservado

¿Cómo estaba encuadernado el Códice Sinaítico? El manuscrito está conformado por cuadernos de ocho hojas dobles colocadas unas encima de las otras y dobladas por la mitad para formar un bloque completo, un formato que en la Edad Media fue extremadamente popular.

Asimismo, la mayoría de los cuadernillos contienen cuatro hojas, salvo dos que contienen cinco. Como hemos visto, los folios se habían elaborado en pergamino, usando principalmente pieles de becerro y de oveja (se estima que para la confección de los folios fueron necesarias las pieles de unos 360 animales).

Sin embargo, Tischendorf, su descubridor, pensó en un principio, viendo su excelente calidad, que el pergamino había sido confeccionado con piel de antílope. El tamaño del manuscrito también es sorprendente.

De hecho, el manuscrito del Códice Sinaítico es uno de los primeros libros de gran formato encuadernados que ha sobrevivido desde la Antigüedad tardía. Al contener la totalidad de la Biblia cristiana en un solo volumen evidencia una gran innovación, ya que a partir de entonces los libros encuadernados con páginas de pergamino empezaron a sustituir a los rollos de papiro imperantes hasta el momento.

La importancia de su encuadernado podría compararse con la introducción de la imprenta siglos después. El Códice Sinaítico resulta fundamental para comprender de la historia de la Biblia cristiana.

La división actual y la digitalización

Actualmente, el códice se encuentra dividido en cuatro partes, que están repartidas en diferentes instituciones. Una parte se halla en poder de la Biblioteca Británica, en Londres, y consta de 347 folios que contienen el Nuevo Testamento al completo.

Doce hojas y 14 fragmentos más se conservan en el Monasterio Santa Catalina; pertenecen al inicio y el final del códice. Otras 43 hojas se encuentran en la Biblioteca de la Universidad de Leipzig, y, por último, los fragmentos de tres páginas se conservan en la Biblioteca Nacional Rusa de San Petersburgo.

La importancia de este manuscrito para los estudiosos y todos aquellos interesados en temas bíblicos es tanta que en el mes de junio de 2005 se anunció la creación de un consorcio (The Codex Sinaiticus Project), en el que participaron las cuatro bibliotecas que lo conservan, con el objetivo de elaborar una edición digital del códice.

Este proyecto ha digitalizado las imágenes y empleado una tecnología hiperespectral para permitir la búsqueda de posibles textos ocultos en los pergaminos, producto de las correcciones, o textos que se han perdido debido al paso de los siglos. Se encuentra disponible en línea desde el 6 de julio de 2009.

La Biblia de Gutenberg y el comienzo de la impresión europea

En la edad media, solamente los eruditos podían leer y entender el latín. Pero por el tiempo en que Johannes Gutenberg inventó la imprenta moderna (alrededor del año 1456), el uso de las lenguas vernáculas (locales o nacionales) era aceptable y generalizado en ámbitos oficiales, educativos y religiosos.

Johannes Gutenberg creó una revolución hace casi 600 años. Con la invención de la imprenta con tipos metálicos móviles en la década de 1450, este herrero y editor alemán hizo que en Europa los textos se volvieran más accesibles.

Pero el invento de Gutenberg fue diferente. Con él fue posible imprimir muchas copias del mismo texto rápidamente (para ese entonces). Y el libro que Gutenberg eligió para iniciar su producción en serie fue la Biblia.

Se cree que la Biblia de Gutenberg fue completada en el año 1455 y se convirtió es el primer gran libro impreso en Europa con una imprenta con tipos metálicos móviles. Su texto era la traducción latina conocida como "Vulgata", que fue hecha por San Jerónimo en el siglo IV.

Imprenta de Gutenberg y Biblia latina

Por qué la Biblia de Gutenberg fue decisiva

La elección de Gutenberg de imprimir la Biblia no fue una decisión obvia, ya que el libro religioso completo no era central en la vida diaria de la Iglesia en el siglo XV. Partes de la Biblia se usaban en la iglesia todos los días, pero no en el orden en que aparecen en la Biblia de Gutenberg, señala la Biblioteca Británica en la página de internet especial que tiene dedicada al famoso libro.

"Quizás Gutenberg se dio cuenta de que, para que un proyecto de impresión a gran escala tuviera éxito comercial, tenía que apuntar a un mercado más amplio con potencial de vender en toda Europa occidental", señala la Biblioteca, que conserva dos de los ejemplares completos de la Biblia.

La producción de esta Biblia dio comienzo a la impresión masiva de textos en Occidente, marcando así un punto de inflexión en la transición de la Edad Media al mundo moderno. Todas las copias de la Biblia de Gutenberg se vendieron incluso antes de que se completara la impresión, señala la Biblioteca Británica.

Gutenberg no ganó dinero con su invento, pero su método tuvo un gran potencial comercial y se convirtió en la base del éxito de muchos impresores y editores posteriores. Luego de 50 años de su uso, los libros impresos se extendieron a lo largo de las rutas comerciales de Europa occidental.

Aunque no se volvieron baratos inmediatamente, los precios de los libros pronto comenzaron a caer. Y para el año 1500, el acceso a los textos impresos había cambiado profundamente dando lugar a más acceso a la información, a la discusión y la crítica generalizada a las autoridades.

De hecho, la Reforma protestante, el movimiento religioso cristiano iniciado en Alemania en el siglo XVI por Martín Lutero y que provocó la división de la Iglesia católica, se inició en parte gracias a la imprenta, por la rápida distribución de la doctrina del protestantismo con el documento conocido como Las noventa y cinco tesis de Wittenberg.

Materiales, tirada y ejemplares conservados

Es una realidad que la imprenta de Gutenberg no podría haber tenido éxito económico sin el papel, que se inventó originalmente en China y luego se extendió al oeste a través del mundo musulmán.

Antes de esto, los libros europeos se escribieron sobre vitela, un tipo de pergamino de superficie pulida, que tenía la característica de ser delgado y duradero fabricado a partir de la piel de terneros.

Se estima que la imprenta de Gutenberg creó 180 ejemplares de la Biblia: 135 en papel y 45 en vitela. Según la Biblioteca Británica, en la actualidad existen 48 copias de la Biblia de Gutenberg, aunque no todas están completas, de algunas solo quedan fragmentos.

La Biblia de Gutenberg está considerada una obra maestra de la impresión fina artesanal por su tipografía gótica delicadamente impresa en cada página. Cada una de las 1.282 páginas tiene42 líneas.

La mayoría de las biblias fueron encuadernadas en piel de cerdo blanca y divididas en varios volúmenes. Solo quedan tres copias completas hechas en vitela de la Biblia de Gutenberg en el mundo.

La Biblia en castellano antes de 1569

Durante siglos se realizaron traducciones parciales al castellano desde la traducción latina. Digna es de mención la Biblia Alfonsina, traducida al castellano desde la Vulgata latina en el año 1280 de nuestra era por orden del rey Alfonso X.

Realizar la traducción al castellano desde el latín hacía perder en el camino algunas palabras y conceptos escritos en los idiomas originales al realizar la traducción al castellano de otra traducción. Todavía no existía una traducción completa de la Biblia al castellano desde los idiomas originales.

Por siglos se había contado con Biblias en latín, pero este era el idioma de los privilegiados, no de la gente común. Las Biblias disponibles en España solo estaban en latín, por lo que la mayoría de la gente no podía leerlas.

A medida que más personas aprendieron a leer, creció la demanda de nuevas Biblias en las lenguas vernáculas. Traductores como Martín Lutero, William Tyndale, Casiodoro de Reina y Giovanni Diodati comenzaron a traducir la Biblia a los idiomas que la gente utilizaba en su vida cotidiana.

Casiodoro de Reina y el proyecto de una Biblia castellana

Todo eso cambió en el siglo XVI cuando entró en escena un joven llamado Casiodoro de Reina. Casiodoro de Reina nació en 1520 en Montemolín, actual Badajoz (España), que pertenecía en aquella época al Reino de Sevilla.

Además de leer la Biblia, Casiodoro hizo un voto de traducirla a su lengua vernácula para que todo español pudiera leerla en castellano. Algo que todavía no era posible.

Con unos 26 años de edad, Casiodoro ingresó en el Monasterio de San Isidoro del Campo de la orden de los Jerónimos. Durante el siglo XVI en el monasterio de San Isidoro del Campo se desarrolló el estudio de las enseñanzas de la Biblia.

La mayoría de los monjes de aquel extraordinario convento dedicaban más horas a leer las Escrituras que a sus deberes canónicos. El estudio de la Biblia modificó sus opiniones, de modo que rechazaron algunas doctrinas católicas tales como la veneración de imágenes y la creencia del purgatorio.

Cipriano de Valera, compañero y amigo de Casiodoro de Reina, dijo posteriormente de dicho monasterio que “Si Dios algún día hace misericordia a Sevilla, será razón que este monasterio de San Isidoro del Campo se convierta en Universidad”.

La Inquisición y la huida de los monjes

La Santa Inquisición reprimía el más mínimo atisbo de heterodoxia, por lo que el deseo de Casiodoro de traducir la Biblia al castellano no solo pondría su vida en peligro, sino la de sus amigos y colaboradores.

Reina y los otros monjes aprendieron sobre el movimiento protestante iniciado por Martín Lutero en 1517. Los monjes comenzaron los estudios bíblicos en Sevilla y sus alrededores y también exploraron la posibilidad de traducir las Escrituras a la lengua vernácula de la época.

Estas fueron ideas de reformadas que alentaron a los laicos a participar en la formación de la fe al tener acceso a las Escrituras. “La idea de que la gente común pudiera leer la Biblia y discernir sus lecciones sin la guía de las autoridades de la iglesia amenazaba a los líderes de la iglesia”, dijo Rafael Serrano, autor de "La historia de la Biblia en español" y director principal de los Ministerios Latinoamericanos en Bible League International.

"Esas personas (que estudiaron la Biblia por su cuenta) fueron llevadas a la Inquisición española y fueron asesinadas, quemadas en la hoguera y los escritores también fueron quemados", dijo Serrano.

A finales de 1557 un hombre que, por error, recibió un libro “sospechoso” de manos de Julián Hernández (Julianillo), desató la persecución inquisitorial sobre los monjes de San Isidoro del Campo y la huida de algunos de ellos a Ginebra (Suiza).

Consiguieron huir del monasterio de San Isidoro del Campo junto a Casiodoro, por lo menos, once monjes. En el libro de registro de los habitantes de Ginebra de aquellos años se señala que el 14 de octubre de 1557 fueron registrados cuatro inmigrantes sevillanos; el 10 de octubre de 1558, nueve inmigrantes más.

Temiendo a la Inquisición española, los monjes en el Monasterio de San Isidoro de los Campos huyeron en diferentes direcciones, prometiendo encontrarse en un año en Ginebra, Suiza. Reina y su compañero, el monje Cipriano de Valera, quien luego editaría la traducción de Reina, se encontraban entre quienes mantuvieron ese compromiso.

Julián Hernández y el contrabando de libros

Comenzaron a aprender lo que sucedía fuera de España, principalmente a través de un hombre que con su madre trajo libros a España en lo que se suponía que eran botellas de vino. Este hombre se detuvo en este monasterio y muchos de los monjes quedaron impresionados por él.

Posteriormente, la Inquisición española lo capturó y lo quemó. La persecución también estuvo vinculada a Julián Hernández, Julianillo, quien introdujo de manera clandestina libros, manuscritos y cartas que mantenían en contacto a los protestantes españoles exiliados y los que se habían quedado en España.

Julián Hernandez, Julianillo, nació en Villaverde, en Castilla, pasó su infancia en Alemania, donde conoció el movimiento reformista. Parece ser que tenía un cuerpo pequeño y carácter vivaz e inquieto.

Fue condenado a ser quemado vivo por la Inquisición en el auto de fe del 22 de diciembre de 1560 calificado como hereje, apóstata, contumaz y dogmatizante.

La persecución de Casiodoro de Reina

Como la Inquisición no consiguió atrapar a Casiodoro de Reina antes de su huida, lo quemaron en efigie en un auto de fe en 1562 en Sevilla. “Casiodoro de Reina fue influenciado por ellos, por algunos otros libros, incluyendo publicaciones de Lutero, lo que le llevo a sentir una comprensible afinidad con los luteranos”.

Ginebra se estaba volviendo cada vez más estricta y finalmente quemaron a Miguel de Servet, el médico español que tanto protestantes como católicos consideraban un hereje. Entonces, Casiodoro de Reina se huyó y peregrino por varios lugares, terminando en Inglaterra.

Reina se casó en Inglaterra y se convirtió en pastor de una iglesia. El embajador español alertó al Rey Felipe de España que Reina todavía estaba trabajando en una traducción de la Biblia.

"(El rey Felipe) le envió un mensaje de vuelta instándole a detener a Reina, por las buenas o por las malas, de manera de que se asegurase de llevarlo de vuelta ante la Inquisición como le correspondía. Lo acusaron de sodomía, lo que constituía un delito capital y tuvo que huir", explicó González.

Advertido de su inminente arresto, Reina dejó abruptamente a su esposa y el trabajo de traducción de la Biblia y huyó a Flandes en Bélgica, disfrazado de marinero. Posteriormente su esposa escapó y se unió a él.

Un obispo de la Iglesia Anglicana salvó el proyecto de traducción al reunir los documentos de Reina y enviárselos a él en Flandes. La historia de la traducción estuvo marcada por huidas continuas, acusaciones y dificultades para conservar los manuscritos.

La traducción y publicación de la Biblia del Oso

La Biblia del Oso fue el resultado de diez años de duro trabajo, de dificultades con la financiación, de huidas continuas a diferentes países y de haber recibido acusaciones varias. Parece ser que realizó la mayor parte de la traducción solo.

Reina se centró en el Antiguo Testamento, porque una versión en español del Nuevo Testamento había sido publicada en España. "Cuando estaba terminando el Antiguo Testamento y la impresión estaba casi completa, se enteraron de que toda la edición del Nuevo Testamento había sido confiscada . y quemada", dijo González.

Entonces Reina tradujo el Nuevo Testamento lo más rápido que pudo, entregando la copia página por página mientras la impresora esperaba. "Fue todo un logro, especialmente si consideramos que este trabajo, realizado con tanta prisa, ha sido aclamado como parte de la literatura clásica española", dijo González.

Según Serrano, “la precisión de la Biblia de Reina fue ‘muy buena para su tiempo’. Eso es porque usó los primeros manuscritos que pudo obtener. Por ejemplo, para el Nuevo Testamento, usó la versión en griego escrita por Erasmo”.

Por su parte, para el Antiguo Testamento, Reina consultó a eruditos judíos. Del trabajo realizado por Reina es importante destacar su valor literario por dos motivos: primero, por la calidad de su lengua, que la convierte en un monumento de la literatura iberoamericana; y segundo, por su extrema fidelidad al original, ya que recoge el tono primordial de las tradiciones hebreas.

La fecha y el lugar de publicación

El 28 de septiembre de 1569 Casiodoro de Reina, con unos 49 años de edad, publicó en Basilea (Suiza) la Biblia del Oso la primera traducción completa de la Biblia al castellano.

Lo hizo sin mencionar al traductor ni el lugar de impresión. En 1569 salió publicada la primera traducción completa de las Sagradas Escrituras al castellano. A más de 440 años de haber visto la luz, la Biblia del Oso, primera versión completa de las Sagradas Escrituras al castellano, traducida desde los idiomas originales, es considerada una obra cumbre dentro de la literatura española.

Edición o manuscritoFechaImportancia
Códice Sinaítico330-350 d. C.Manuscrito más antiguo existente que contiene la Biblia cristiana en griego.
Biblia de Gutenberg1455Primer gran libro impreso en Europa con tipos metálicos móviles.
Biblia del Oso28 de septiembre de 1569Primera traducción completa de la Biblia al castellano desde los idiomas originales.
Biblia del Cántaro1602Primera revisión de la traducción de Casiodoro de Reina, realizada por Cipriano de Valera.

Por qué se llama Biblia del Oso

Se le llama así por la imagen de la portada, un oso intentando atrapar un panal de miel. La primera publicación fue denominada la Biblia del Oso por el emblema que aparecía en su portada: un oso junto a un árbol, tratando de alcanzar una colmena para beber su miel, logotipo del impresor bávaro Mattias Apiarius.

Esta ilustración se utilizó dado que se quería evitar el uso de íconos religiosos, porque en aquella época estaba prohibida cualquier traducción a lenguas locales de las Sagradas Escrituras (La traducción oficial existente era el latín).

Sin embargo, se mantiene el misterio de la ilustración de un oso buscando una olla de miel en la portada, lo que le dio origen al nombre de "La Biblia del Oso". "Eso ha sido debatido en múltiples oportunidades. Algunos argumentan que hay una referencia en Proverbios acerca de ‘dulce para mi boca es tu palabra como miel’; esa es una teoría. La otra teoría es que la impresora tenía la ilustración a mano”, dijo González.

Serrano también cree que la ilustración era algo que la imprenta tenía convenientemente disponible, pero desearía que hubiese razones de más sustanciales sobre el uso de la ilustración en la portada: “La Biblia es tan dulce como la miel, ¿no?; eso fue un lema para su comercialización en el siglo XVI".

La revisión de Cipriano de Valera

Posteriormente, en 1602, su compañero de huida desde el monasterio de San Isidoro del Campo, Cipriano de Valera, publicó la primera revisión de la traducción de Casiodoro de Reina, la llamada Biblia del Cántaro. Por su parte, Valera dedicó 20 años de su vida a la revisión del trabajo de su compañero de claustro.

Como resultado, la referida versión salió publicada en 1602 y fue llamada la Biblia del Cántaro, porque en la portada podía verse estampada la imagen de dos hombres: uno que está plantando un árbol, mientras el otro lo riega con agua que sale de un cántaro.

Según algunos expertos, esta ilustración fue tomada en alusión al texto bíblico de la Primera Carta a los Corintios 3:6:«Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios».

Asimismo, se considera una referencia a que con la primera edición (Biblia del Oso), realizada por Reina, se había plantado la semilla de la Palabra de nuestro Señor y, nuevamente, en la revisión de Valera, se contribuía a regar lo sembrado, con el propósito de que creciera y fructificara.

Las revisiones posteriores llegaron a conocerse como Reina-Valera por sus apellidos. La citada revisión es una de las más admiradas, tanto para eruditos protestantes como para aquellos que aunque no participan en esta interpretación de las Sagradas Escrituras, consideran la excelente calidad de la misma.

Importancia histórica, religiosa y literaria

"Es la Biblia la que ha salvado a los/as protestantes de habla hispana durante generaciones, en su idioma y en su comprensión de la realidad", dijo Justo González, un erudito bíblico y pastor jubilado metodista unido.

La prosa de esta traducción, también se compara con otra literatura española en lo que fue una época dorada que incluía clásicos como "Don Quijote", dijo González. Antonio Muñoz Molina, académico de la Real Academia Española, definió la Biblia del Oso como “la obra maestra escondida” y preguntaba, ¿qué habría sido la literatura en inglés sin la King James Bible?

Gran parte de la literatura inglesa no existiría. Lo mismo ocurría con el idioma castellano sin la Biblia del Oso. Por su calidad lingüística, su fidelidad a los textos antiguos y su influencia posterior, la traducción de Reina ocupa un lugar destacado en la historia de la lengua española.

Samuel Escobar Aguirre, presidente honorario de Sociedades Bíblicas Unidas y catedrático de Misionología en el Seminario Teológico de Pennsylvania, destaca que ambas publicaciones tuvieron lugar en la Europa del siglo XVI, en especial porque el culto protestante tenía como tema central la lectura y explicación de la Biblia.

Por otra parte, la conversión era un desafío, pues en aquella época muy pocos sabían leer y escribir, ya que durante la Edad Media dicho conocimiento había estado restringido al clero y, en alguna medida, a la nobleza.

De manera que quienes sí podían hacerlo, encontraron un insuperable estímulo para crear programas de alfabetización, con la finalidad de que la Palabra de Dios, con sus sabias enseñanzas, pudiera llegar a todos.

Una respuesta breve según el criterio utilizado

  • Primeros textos bíblicos: comenzaron a escribirse cuando las sociedades del Medio Oriente desarrollaron formas de escritura fáciles de aprender y usar, alrededor del año 1800 a. C.
  • Escrituras judías recopiladas: su formación se desarrolló durante siglos, desde aproximadamente el año 400 a. C. hasta poco antes del año 100 d. C.
  • Nuevo Testamento: sus primeros escritos se remontan aproximadamente al año 50 d. C.; los Evangelios comenzaron a ponerse por escrito alrededor del año 65 d. C.
  • Primera Biblia cristiana completa conservada en un volumen: el Códice Sinaítico, copiado entre 330 y 350 d. C.
  • Primer gran libro bíblico impreso en Europa: la Biblia de Gutenberg, completada aproximadamente en 1455, en latín.
  • Primera Biblia completa en castellano desde los idiomas originales: la Biblia del Oso, publicada por Casiodoro de Reina en Basilea el 28 de septiembre de 1569.

La Biblia es un libro muy antiguo que ha llegado a nosotros gracias a que muchos hombres y mujeres han trabajado arduamente para copiar y estudiar los manuscritos, examinar importantes artefactos y ruinas antiguas y traducir textos antiguos a lenguas modernas. Su dedicación ha ayudado a mantener viva la historia del pueblo de Dios.

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