Copiapó campeón escolar de fútbol en 1976

La Asociación de Fútbol de Copiapó es una de las instituciones más antiguas de la región, cuyas actividades se remontan a tiempos que ya son muy lejanos, no tanto por la sucesión cronológica de los años, sino por la cadena innumerable de trabajos denodados, de luchas románticas y ardorosas, afanes humildes y silenciosos, de fogosos entusiasmos y hondos desalientos que se han sumado a través de muchos años para moldear y dar estructura definitiva a la masa futbolística copiapina.

En 1976, la organización del fútbol copiapino estaba encabezada por Ernesto Miranda Rojas, quien presidió la Asociación de Fútbol Copiapó durante los años 1976-1977, en una tradición deportiva que se había iniciado oficialmente décadas antes y que también había impulsado la formación de jóvenes futbolistas en la ciudad.

El fútbol copiapino antes de 1976

Fue en el lejano 12 de julio de 1917 cuando el pionero gestor y propulsor de toda actividad deportiva generada en Copiapó, don Luis Valenzuela Hermosilla, maestro por vocación, deportista de corazón y espíritu empapado de generosas virtudes al servicio de la comunidad, vio cristalizado su esfuerzo y su siembra de enseñanzas, cuando un grupo de sus discípulos, entusiasmados con la práctica de este nuevo deporte para ellos desconocido hasta ese entonces, se reunió y redactó la primera acta que decretó el nacimiento de la Liga de Fútbol de Copiapó.

El primer directorio lo integraron el propio Luis Valenzuela Hermosilla, como presidente; Carlos Campusano, vicepresidente; Nicolás Astorga Romero, secretario; Eliseo Ralph Latorre, prosecretario; Ramón Hevia, tesorero; Pedro Villagrán Arroyo y Simón Arestizábal Porcile, directores.

En aquellos incipientes años del balompié copiapino se jugaba en una cancha ubicada en “La Máquina del Cerro”, un terreno situado contigo a la antigua cárcel, con un entusiasmo contagioso entre los primeros clubes que se formaron y que dieron vida a la naciente Liga.

Algunos de ellos fueron el Deportivo “Atacama”, donde destacaban los hermanos Eduardo y Luis Guaita, los hermanos Francisco y Misael Escuti, Luis Iglesias, Luis Marín, entre otros; el “Ferrocarril”, con valores como Víctor Ávila, Camilo González, Jorge Arancibia, Luis Cisternas, etc.; el Club “Escuela Normal”, dirigido personalmente por Luis Valenzuela, y con jugadores como Luis Tirado, Eleodoro Guerra, Desiderio Oviedo, Mauricio Marín y otros; el “Chile Star”, donde actuaban Clemente Vassart, Felipe Risi, José Millacay, Manuel Castillo, Julio Fernández, y Luis Iribarren, por citar algunos; el Club “Bomberos”, con elementos como José Valenzuela, Marcos Guerén, Roberto Mercado y otros; el team “Escuela de Minería”, compuesto por José Seacord, los hermanos Rosauro y Raúl Santana, Victorio Viscki, etc.; el “Victoria Royal”, con notables jugadores, como Pedro Gravano, Humberto Astorga, Carlos Arancibia, Heriberto Sánchez, Humberto Navarro, Julio Malbrán y otros; el “Unión”, con Domingo Sánchez, José Camplá, Francisco Porcile, Eduardo Videla y Abilio Alarcón.

La tradición escolar en el fútbol de Copiapó

Jugadores y técnicos del Club “Libertad”, integrada por estudiantes del Liceo de Hombres de Copiapó.

La Escuela Normal, de la mano del profesor Luis Valenzuela Hermosilla, destacó en la competencia de la liga copiapina. Entre los hombres de ofensiva se observa al que llegaría a ser un gran técnico: Luis Alamos.

La Escuela Normal tiene un magnífico equipo de fútbol, con una gran cantidad de adeptos y de cultores de grandes condiciones. Se destacan con relieves nítidos, entre esos muchachos promisorios, Luis Álamos, centro forward; Horacio Arancibia, jugador completo, pues juega en cualquier puesto con igual eficacia, y Eduardo Pizarro. interior derecho, hermano del crack del Badminton, de la capital, que le sigue sus pasos, para nombrar sólo a los más caracterizados y a aquellos que cuentan con mayor número de admiradores en la región.

Como se deduce del orden en que se fueron sucediendo los campeones, la competencia resultaba pareja en la liga copiapina, a pesar que pudo haber predominado la Escuela Normal dirigida por el profesor Luis Valenzuela, quien aplicaba un fútbol “científico”, como se llamaba en aquellos años al planteamiento táctico que estaba acompañado de la debida preparación física.

Esta tradición permite entender la importancia que tuvieron los equipos vinculados con establecimientos educacionales en la historia futbolística local y el contexto en que se inscribe el campeonato escolar de fútbol ganado por Copiapó en 1976.

Los primeros campeones de la Liga de Copiapó

Los diez primeros conjuntos que resultaron campeones oficiales de la Liga Copiapó fueron los siguientes:

AñoCampeón
1917Ferrocarril
1918Deportivo Atacama
1919Escuela Normal
1920Chile Star
1921Escuela de Minería
1922Regimiento O´Higgins
1923Victoria Royal
1924Escuela Normal
1925Ferrocarril
1926Escuela Normal

El registro muestra que la formación de futbolistas jóvenes y la competencia entre instituciones educativas ya constituían una parte relevante de la vida deportiva de Copiapó mucho antes de 1976.

Equipo escolar de fútbol de Copiapó 1976

La organización del fútbol local en la década de 1970

Los presidentes de la Asociación de Fútbol Copiapó, desde su creación, hasta mediados de la década de los setenta, fueron los siguientes: 1917-1919: Luis Valenzuela Hermosilla; 1920-1921: Nicolás Astorga Romero; 1922-1924: Carlos Arena Benavides; 1924-1926: Pedro Villagrán Arroyo; 1926-1927: Emilio Muño Mena; 1927-1928: Alberto Sierralta Sierralta; 1929-1930: Guillermo Dunstan Jory; 1930-1931: Humberto Cristi Labra; 1932-1948: Humberto Astorga Ramos; 1949-1950: Eduardo Cuello Ruiz; 1951-1952: Hernán Cortés Guerra; 1953-1954: Néstor Möller Alvarez; 1954-1955: Guillermo Pinto Monárdez; 1956-1958: José Vásquez Zamora; 1958-1959: Amable Cabrera Rodríguez; 1959-1960: Hernán Sepúlveda Contreras; 1960-1962: Amable Contreras Rodríguez; 1962-1963: Ricardo Farah Díaz; 1963-1964: José Vásquez Zamora; 1964-1966: Julio Pinto Marín; 1966-1967: Héctor Muranda Fajardo; 1967-1968: Fernando Melo Burton; 1968-1970: Hugo Maffei Gallardo; 1970-1974: Luis Carpanetti Fuentes; 1975: Elías Crutchik Waserman; 1976-1977: Ernesto Miranda Rojas.

El campeonato escolar de 1976 se desarrolló, por tanto, dentro de una estructura asociativa con una larga trayectoria, sostenida por dirigentes, clubes, establecimientos educacionales y generaciones sucesivas de jugadores.

El valor formativo de las competencias escolares

El varonil y democrático deporte futbolístico se practica en Copiapó desde hace muchos años. Los clubes “Libertad”, “Escuela Normal», y «Atacama”, entre otros, subsisten mantenidos por nuevos atletas que conservan sus tradiciones y defienden con verdadero cariño los colores de sus uniformes.

A pesar de la pobreza de nuestro estadio, es el punto de reunión obligado de todo el pueblo, sobre todo de la juventud estudiosa, que aquí es muy abundante. Los domingos en la tarde, todo el mundo va a la cancha.

La cultura que han adquirido los deportistas, es como la barra, es un orgullo para la Liga.

La presencia de estudiantes y jóvenes en las canchas convirtió al fútbol escolar en una instancia de formación deportiva, convivencia y representación de los establecimientos de Copiapó.

Copiapó campeón escolar de fútbol en 1976

El título escolar de fútbol obtenido por Copiapó en 1976 representa uno de los hitos de esa tradición formativa. La consagración reunió el trabajo de los establecimientos educacionales, la preparación de los jugadores y la organización de la Asociación de Fútbol Copiapó, presidida ese año por Ernesto Miranda Rojas.

El campeonato también prolongó una historia en la que las instituciones educativas habían desempeñado un papel central, desde los primeros equipos de la Escuela Normal y del Liceo de Hombres hasta las nuevas generaciones que defendieron a Copiapó en la competencia escolar de 1976.

La importancia del logro no se limita al resultado deportivo. En el fútbol escolar, el campeonato expresa el desarrollo de jóvenes futbolistas, el compromiso de profesores y entrenadores, la identidad de los establecimientos y la capacidad de una ciudad para organizar una competencia representativa.

La trayectoria de la Escuela Normal, cuyos equipos habían destacado en la liga copiapina, constituye uno de los antecedentes más claros de la relación entre educación y fútbol en la ciudad. Esa continuidad ayuda a situar el título de 1976 dentro de una tradición local más amplia y no como un hecho aislado.

La continuidad de la formación futbolística

El fútbol copiapino se desarrolló con recursos limitados, pero con una participación constante de dirigentes, profesores, estudiantes y aficionados.

La Liga cuenta para sus trabajos con escasísimos recursos. Todo lo que se había logrado adquirir en mejoras del estadio fue destruido por el terremoto de noviembre de 1922. El pueblo está muy pobre y las personas de dinero no demuestran interés por estas cosas.

En fin, tenemos lo principal: un campo de juego, facilitado incondicionalmente por el señor rector del Liceo, don Horacio Arce; buenos reglamentos y entusiastas dirigentes.

Ese esfuerzo permitió que el fútbol escolar se mantuviera vinculado con la comunidad y que los campeonatos juveniles funcionaran como espacios de competencia y proyección.

De la competencia escolar al fútbol competitivo

La historia posterior de Deportes Copiapó muestra cómo la tradición futbolística local continuó generando representantes competitivos para la región.

Nace tras querer tener un representante del fútbol competitivo para la región tras el extinto Región de Atacama, cuadro también representativo de Copiapó, equipo que descendió a Tercera División en 1998, tras una seguidilla de malas administraciones que lo llevaron a la quiebra.

El 9 de marzo de 1999, se constituyó la primera Sociedad anónima Deportiva del país, llamándose Club de Deportes Copiapó S.A., cuyo primer presidente fue don Ítalo González.

El equipo participaría en la Tercera División de Chile de ese mismo año.

El campeonato de Tercera División de 2002

Fue un permanente animador de la competencia de Tercera División de Chile donde llegó a disputar tres finales de manera consecutiva: 2000, 2001 y 2002, con Unión La Calera, Lota Schwager y Malleco Unido respectivamente.

Las primeras dos finales terminaron en derrota, pero finalmente la tercera final fue favorable para Deportes Copiapó que definieron con Malleco Unido y lo doblegó con una histórica goleada (7-1) jugada el día 18 de diciembre de 2002 en la comuna de Puente Alto con goles de David Cubillos, triplete de Jorge Lagunas, Doblete de Francisco Moscoso y Marco Álvarez al mando del DT Gerardo Silva.

Deportes Copiapó se consagró así merecidamente como el campeón de la Tercera división chilena y logró con esto el ansiado ingreso a la Primera División B del fútbol chileno, participando por primera vez en ella desde el año 2003.

El salto al profesionalismo

Su debut el profesionalismo no pudo ser mejor ya que debuta en la temporada 2003 con una goleada 0-5 a domicilio a Deportes La Serena en el Estadio «La Portada» obteniendo hasta el día de hoy el reconocimiento de ser el mejor debut de un club proveniente del fútbol amateur.

Al finalizar la temporada inaugural el balance es bastante positivo ya que logra una destacada campaña para ser su primer año en el fútbol profesional y jugando con básicamente el mismo plantel campeón de Tercera División el año anterior.

La evolución posterior del fútbol copiapino confirma la relevancia de los procesos formativos y de las competencias locales, cuya base se había construido durante décadas en escuelas, liceos, clubes y asociaciones deportivas.

Una tradición que conecta generaciones

La historia del campeonato escolar de fútbol de Copiapó en 1976 se relaciona con una tradición iniciada oficialmente en 1917, fortalecida por los equipos escolares de las primeras décadas y continuada por las instituciones que representaron a la ciudad en competencias posteriores.

Desde los primeros clubes hasta el fútbol profesional, el desarrollo deportivo de Copiapó estuvo acompañado por la participación de estudiantes, profesores, dirigentes y familias que encontraron en la cancha un lugar de encuentro para la comunidad.

El título escolar de 1976 ocupa así un lugar significativo en la memoria deportiva copiapina: expresa la importancia de la formación juvenil, la identidad de los establecimientos educacionales y la continuidad de una cultura futbolística que se proyectó desde la competencia local hacia los escenarios nacionales.

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