La final de la Zona Americana Grupo I entre la Argentina y Chile, disputada en el Parque O’Higgins de Santiago el 7 de abril de 2000, terminó convirtiéndose en uno de los episodios más oscuros de la historia de la Copa Davis. El partido entre Nicolás Massú y Mariano Zabaleta fue suspendido cuando el público local comenzó a arrojar monedas, botellas, piedras, vidrios, palos y sillas contra los jugadores, la hinchada argentina y los árbitros.
La Argentina abandonó Chile al considerar que no estaban garantizadas las condiciones de seguridad, mientras que el árbitro general resolvió inicialmente darle la serie por perdida por 5-0. Posteriormente, Chile fue sancionado con dos años sin ejercer la localía y quedó fuera de aquella edición del torneo.

El contexto de la serie entre Chile y Argentina
El sorteo del grupo 1 de la Zona Americana arrojó ese duelo en los primeros meses de 2000. Argentina comenzaba a navegar aguas turbulentas en la gestión del presidente Fernando de la Rúa, con una recesión económica creciente. Al otro lado de los Andes, Ricardo Lagos asumía como presidente de Chile tres semanas antes de esa serie.
El 29 de marzo, en el Monumental, la selección argentina de Marcelo Bielsa goleó por 4-1 a Chile por la primera fecha de las eliminatorias sudamericanas con una excelente actuación. En la prensa chilena, la serie copera empezaba a ser considerada como la oportunidad del “desquite”.
El clima en Santiago de Chile dejaba en evidencia que la serie de Copa Davis entre argentinos y chilenos era, del otro lado de la cordillera, una "cuestión nacional". Pocos días antes hubo una goleada en fútbol de Argentina sobre Chile y esta serie, con entradas muy baratas, se empezó a vender como “La Revancha”.
En las radios era "el" tema de la semana; los programas de televisión tenían mesas de "opinólogos" sobre el partido. A toda hora y en cualquier tipo de emisiones, porque no solo era tema de debate en las tiras deportivas: a la tarde, en el "horario de la mujer", también se hablaba de la Copa Davis en Santiago.
Era, en principio, una serie pareja, sin favoritismos marcados. El Chino Ríos lideraba el equipo local como número 8 del mundo, acompañado por Nicolás Massú, que recién asomaba en el circuito, y era el 90° del ranking.
Del lado argentino, los singlistas eran Mariano Zabaleta, que atravesaba su mejor momento y era el 21° de la clasificación, acompañado por Hernán Gumy (71°); Sebastián Prieto y Mariano Hood estaban listo para el dobles.
Para esta serie, que se jugaba a continuación del Masters Series de Miami, Chile eligió jugar en cemento y bajo techo, una situación que, en principio, debía favorecer a Ríos, su figura principal.
Los equipos y los cambios en la conducción argentina
Hacia aquella ciudad partió el conjunto argentino integrado por Hernán Gumy, Mariano Zabaleta, Mariano Hood y Sebastián Prieto, con la conducción de Franco Davin y los juveniles Guillermo Coria y Juan Pablo Guzmán para sumar experiencia.
Los locales, por su parte, apostaron a Marcelo Ríos, Nicolás Massú y Fernando González, bajo la capitanía de Patricio Cornejo.
El capitán argentino era Franco Davin, que debió irse de Santiago y volar a Miami un par de días antes de la serie por un problema familiar de urgencia; lo reemplazó el Colorado Alejandro Gattiker, que ya había conducido el equipo con anterioridad.
La semana había comenzado complicada, pues Davin tuvo que viajar de urgencia a Miami para asistir a una operación coronaria de su padre, José María, a quien le practicaron cuatro by-pass.
Su puesto fue ocupado interinamente por Alejandro Gattiker, quien se encontraba en Santiago asistiendo a sus jugadores, Gumy, Hood y Prieto (Zabaleta contó con su coach, Eduardo Infantino). El “Colo” conocía el tema, pues ya había estado en la silla en 1989-90.
En la conferencia de prensa previa, Cornejo dejó conocer el sentimiento de su conjunto frente a aquel imponderable: “La salud está antes que todo. Somos seres humanos y tenemos buen corazón. Todo el equipo chileno espera la recuperación del papá de Franco”.
Guillermo Coria, vestido con la camiseta de River del chileno Marcelo Salas, era uno de los sparrings de la formación argentina.
El Parque O’Higgins y las condiciones del estadio
Chile eligió como sede el Parque O’Higgins, un estadio nuevo, con capacidad para más de 10.000 espectadores, y que hoy es conocido como el Movistar Arena de Santiago.
La final de la Zona Americana Grupo I entre la Argentina y Chile, en el Parque O’Higgins de Santiago (con capacidad para 12.000 espectadores), originalmente programada entre el viernes 7 y el domingo 9 de abril de 2000, fue un verdadero bochorno por las actitudes de un sector de público local y no llegó a completarse.
Pero entonces era tan flamante que, de hecho, no había terminado de construirse, y por eso las sillas no estaban fijas; sólo había asientos de plástico.
El estadio no estaba terminado, del lado de las graderías, no tenía las butacas. Habían puesto unas hileras de sillas blancas, todo separado por unas cuerditas.
Las entradas las habían puesto muy baratas. Y lo que más me llamó la atención es que vendían cerveza a morir.
Tras el episodio, la existencia de miles de sillas plásticas sin fijar se convirtió en uno de los elementos centrales del desastre ocurrido en el recinto.
El primer partido: Marcelo Ríos derrota a Hernán Gumy
La extracción de los papelitos en la tradicional ceremonia del sorteo, realizada en el Sheraton Hotel, indicó que los encargados de abrir la serie serían Ríos y Gumy, a partir de las 11 de Santiago (las 12 en la Argentina) del primer día.
El mejor jugador de aquel país estuvo fuera de los entrenamientos el martes de esa semana, al tener que declarar en el Primer Juzgado del Crimen en la ciudad de Coquimbo, a unos 500 kilómetros de Santiago, por la querella por lesiones graves que presentó su ex preparador físico, Manuel Astorga, donde uno de los testigos fue el argentino Luis Lobo, por entonces coach de Ríos.
A pesar de la dispersión por ese acontecimiento inusual, pudo superar a Gumy por 6-4, 6-3, 4-6 y 6-1 sin mayores novedades, e incluso se abrazaron, red de por medio, cuando culminaron, pero con el ambiente algo cargado por más de 10.000 personas, que quizá se aplacaron por el triunfo del quien fuera número uno del mundo.
Marcelo Ríos le había ganado el primer punto a Hernán Gumy (6-4, 6-3, 4-6 y 6-1) y Zabaleta estaba 7-5, 2-6, 7-6 y 3-1 ante Massú cuando explotó todo.
En un clima tenso, Ríos le dio el 1-0 a Chile al ganarle a Gumy por 6-4, 6-3, 4-6 y 6-1, un resultado lógico.
“La verdad es que el ambiente ya estaba caldeado de entrada. Con el Chino siempre jugamos batallas. Le gané una sola vez, la final de (el ATP de) Santiago (en 1996). Pero después me ganó siempre él. En ese partido tiraron una naranja, después una botellita plástica de Coca-Cola, todavía medio llena. Pero bueno, no pasó nada más hasta ahí. El estadio estaba explotado y Chile ganaba”, cuenta Gumy.
Las primeras señales de hostilidad
No todo parecía estar bien. De hecho, incluso sin disputarse un tanto, se soportó un “anticipo” de lo que vendría más tarde: “En el primer punto del primer partido, cuando estaba por sacar Gumy contra Ríos, un espectador chileno le gritó: ‘Argentino concha de tu madre’, y ni siquiera había comenzado. ”, contó el periodista chileno Juan Pablo Salas en el programa “Había una vez”, de Televisión Nacional.
En un inicio sólo se escucharon pifias e insultos contra el trasandino, sin pasar a mayores. La debacle vendría después.
La verdad es que el ambiente ya estaba caldeado de entrada.
Mariano Zabaleta toma ventaja ante Nicolás Massú
En el segundo partido, Zabaleta se medía con Massú en un punto crucial para el desarrollo de la serie. El tandilense tomó una buena ventaja: 7-5, 2-6, 7-6 (7-1) y 3-1.
Acto seguido, Zabaleta consiguió una ventaja -luego de tres horas de partido- sobre Nicolás Massú de 7-5, 2-6, 7-6 (1), 3-1, 15-0 y su saque cuando el match no pudo continuar por varios incidentes.
La previa del partido fue espectacular, fue una semana de preparación hermosa, de armonía para el equipo. Para mí era una responsabilidad muy grande, porque era el número uno del equipo y estaba jugando muy bien.
Estaba en mi mejor momento tenístico, con mi mejor ranking. Y la verdad es que lo viví con mucha alegría, mucha tranquilidad. Estaba muy entusiasmado con ese partido y tenía mucha confianza de que iba a ser un gran partido contra Massú.
Y no la erré, porque estaba jugando muy bien y estaba prácticamente encaminada la victoria.
Los proyectiles contra la hinchada argentina
Ya en el 1-1 del segundo set parte del público local le arrojó proyectiles a la hinchada argentina. Uno de ellos, una pila, la tomó el árbitro general, se la mostró a Cornejo, y el capitán chileno fue hasta el banco de Gattiker para hablarle y luego tomar el micrófono y decirle a su gente: “Yo le pido al público que se manifieste cuando corresponda”, aunque sin mayor resultado.
Años después, el “Pato” explicó en aquel programa televisivo: “Fue un momento de advertencia, pero que de todas maneras no fue ciento por ciento escuchado porque no todo el público era de tenis. Además, los micrófonos no andaban bien y se escuchaba solo hasta la mitad del estadio”, aseguró.
Tuvo el apoyo de Ríos, quien también se acercó para pedir calma: “No sacamos nada con seguir gritando, estamos advertidos y con una advertencia más nos van a descalificar. Así que, por favor, les pedimos que. No es lo que queremos, vamos 1-0 arriba y queremos ganar este partido, por favor si nos pueden apoyar y no seguir gritando, gracias”.
En medio del encuentro, el capitán Cornejo y Ríos habían tenido que dirigirse al público por los altoparlantes para pedirles tranquilidad y un mejor comportamiento: “Hagan silencio, queremos ganar este partido en la cancha. Si no, puede haber una sanción por el equipo chileno”.
Los hinchas argentinos la pasaban realmente mal, agredidos en varios momentos.
Las sanciones a Nicolás Massú
Con el tanteador 3-1 en el cuarto set y el saque de Zabaleta 15-0, llegó otro punto de penalidad para Massú, pues el argentino intentó sacar, pero los gritos del público le impedían concentrarse.
Entonces, el umpire, el brasileño Roberto Almeida, decidió la segunda pena (30-0 Zabaleta) ya que anteriormente, en el segundo set, Massú había recibido la primera advertencia.
Massú se enojó y dejó pasar varios segundos antes de sacar, mientras Cornejo protestaba ante el juez de silla y el supervisor.
No tuvo eco para calmar a los espectadores locales, quienes tuvieron una reacción negativa: parte de ellos, entre los que habría barra bravas del fútbol chileno según algunos informes posteriores, comenzó a tirarle algunos objetos al jugador argentino.
Los capitanes, Gattiker y Cornejo, le solicitaron a Zabaleta que sirviera igual, aunque Massú no estaba preparado.
Ante la insistencia de los capitanes, Zabaleta sacó en forma débil, pero Massú no contestó. El punto no se tuvo en cuenta.
Y el argentino continuó practicando más servicios, como una manera de mantenerse en el partido hasta que todo se calmara.
Los intentos de controlar al público
El presidente de la Federación Chilena de Tenis, José Ramón de Camino, también tomó la palabra: “Silencio por favor, silencio, que van a suspender el partido. Silencio, que van a ganar en la cancha. ”.
No ayudó, porque la tensión creció y el umpire penalizó a Massú una vez más, al ver que una moneda cayó cerca de Zabaleta: 40-0.
Mientras el titular de la Federación volvió a pedir silencio, Zabaleta advirtió otro elemento que cayó cerca de sus pies, un prendedor metálico, que fue hábilmente arrebatado del piso por un ball boy cuando Zabaleta estaba a punto de tomarlo para mostrárselo a las autoridades.
El chico se lo guardó entre sus manos, Zabaleta se lo reclamó, y el ball boy se desentendió y tiró el objeto fuera de la cancha.
Zabaleta, irritado, lo tomó del buzo para recriminarlo y eso despertó mayor ira en el público.
Desde una cabecera comenzaron a arrojar monedas, naranjas y otros proyectiles hacia el lado de Zabaleta. El argentino se acercó a tomar uno de los objetos -una piedra- para mostrárselo al umpire, pero un alcanzapelotas se anticipó, lo tomó y lo escondió.
Zabaleta increpó al joven, pero la acción del tandilense pareció encrespar aún más los ánimos.
La lluvia de sillas y objetos
Ya nada se pudo hacer. Llovieron adminículos a la cancha, como frutas, botellas, más monedas, vidrios, piedras, palos, etc.
La caldera ya no resistía más. Un asiento cayó desde lo alto, rebotando sobre el cemento. De inmediato, cientos de sillas plásticas volaron por el aire del Parque O’Higgins.
Los chilenos que llegaron hasta el Parque O’Higgins, precisamente al Movistar Arena, decidieron lanzar sillas, cervezas, objetos cortopunzantes y hasta envases de yogurt hacia el equipo de Argentina.
Muchos de los presentes empezaron las provocaciones, gritos, desafíos y las sillas que empezaron a volar desde las tribunas.
El escándalo desatado en Santiago llegó a ser identificado como la “batalla de los sillazos”, una imagen que quedó asociada para siempre a aquella serie de Copa Davis.

La evacuación de los jugadores y los árbitros
El argentino salió corriendo hacia su silla y entraron los carabineros para llevárselo cubierto con sus escudos, mientras les caían sillas arriba de sus cuerpos.
Lo mismo con el árbitro general. El estadio techado fue mudo testigo de una ‘horda’ de gritos y odio hacia los argentinos.
Gattiker quedó en medio de la cancha, rodeado por los escudos de los carabineros mientras seguía lloviendo de todo.
El capitán fue el último en dejar el terreno; el resto del equipo argentino buscó refugio en las entrañas del estadio, del que salió varias horas más tarde, con una fuerte custodia policial.
“Todo era un caos. Salimos de la cancha y fuimos al pasillo, que era como un embudo. La policía no nos dejaba entrar a nuestro vestuario.
Ojo que las sillas no vinieron del lado del que pagaba, por decirte, 5 dólares la entrada. Vinieron desde la platea en la que costaban 20.
Desde donde estaba, bajé y me fui para el vestuario. Mis viejos quedaron arriba, al papá de Zabala (Zabaleta) le abrieron la cabeza con un sillazo”, recuerda Gumy.
La agresión contra Carlos Zabaleta
Luego de 25 minutos de suspensión, y en medio de la barbarie, el padre de Zabaleta, Carlos, recibió un golpe en la cabeza por parte de un hombre con camisa blanca y barba “candado” y tuvo que ser atendido por el médico argentino, Javier Maquirriain, quien le dio 12 puntos de sutura en el cuero cabelludo.
El más lastimado fue Carlos Zabaleta, padre del tenista, que sufrió un severo corte en la cabeza. Como pudo, el médico del equipo, Javier Maquirriaín, le dio 17 puntos de sutura.
Al enterarse el jugador, que estaba entrando a los vestuarios, tuvo otro altercado con la gente que merodeaba la zona hasta que todos estuvieron dentro de los camarines, si bien se registraron corridas en las calles entre locales e hinchas y familiares argentinos.
La decisión de no seguir la serie fue más que obvia, por todo lo que había pasado en general, pero además porque le habían pegado a mi padre en la cabeza con una silla y se la habían abierto.
O sea, yo no estaba emocionalmente preparado para seguir jugando y mantener el temple en un partido con toda la carga emocional que había, en una serie como Chile-Argentina, con la histórica rivalidad y con mi viejo herido.
La verdad es que no era coherente y sentí un apoyo muy fuerte de todo el equipo.
El testimonio de Sergio Morgenstern
En ese momento, el jefe de prensa de la AAT, el periodista Sergio Morgenstern, estaba al lado del progenitor del tandilense: “Mirábamos desde el pasillo que daba a la cancha y no podíamos creerlo.
En un momento, Carlos decidió entrar para ver más de cerca y tuvo ese problema, con el tipo que le tiró una silla blanca, de plástico, con toda la furia.
Yo volví a los vestuarios y luego los dirigentes de la Asociación me informaron que el equipo no volvía a la cancha.
Alguien me preguntó cuando regresé al pasillo interno, ya con todo suspendido, y los periodistas se tiraron encima de mí… Necesitaban saber qué pasaba, porque todo era confusión.
Al volver al país armé una carpeta con recortes de los medios chilenos y argentinos, pedí videos, etc. para que la AAT lo presentara como descargo en Londres”, contó a diez años de los acontecimientos.
La reacción de Mariano Zabaleta
Zabaleta, cuando pudo hablar con los periodistas, fue terminante en su postura: “Hay un vuelo mañana -por el sábado 8 de abril- y lo voy a tomar.
Todos estamos de acuerdo en que acá no se pude seguir jugando. Corremos el riesgo de perder la vida.
Puede entrar uno con un revólver y nos pega un tiro. No puede ser que por perder un partido los tipos se vuelvan tan locos.
A mi viejo lo cosieron, al árbitro lo cagaron a trompadas. ”, enfatizó el tandilense, quien por entonces era el primer singlista.
Gattiker, por su lado, lo defendió: “Le estaban tirando monedas y otras cosas desde atrás. El no provocó a nadie, pero si te caen cosas desde la tribuna es bastante difícil de soportar”.
La posición del equipo argentino
Ya en el hotel, el equipo argentino se reunió, y de común acuerdo se decidió no continuar la serie, alegando falta de garantías de seguridad.
Nos ofrecieron jugar sin gente al otro día, pero todo el equipo coincidió en que no debíamos jugar.
Los jugadores no podían seguir jugando en un estado emocional afectado por los hechos de violencia.
Después que pasó todo, yo quería competir, pero no se podía, los chicos estaban consumidos emocionalmente. Para el tenis fue algo fuerte.
Por ahí en el futbol están más acostumbrados. Pero la gente estaba muy agresiva, más caliente que de costumbre. Fue una situación inusualmente violenta.
Los carabineros y sus escudos trataron de proteger a los protagonistas mientras el equipo argentino abandonaba el terreno y permanecía bajo custodia policial.
La propuesta de continuar a puertas cerradas
Los directivos de la Federación Internacional de Tenis (FIT), en una de las tantas conversaciones que mantuvieron con las autoridades en Santiago, indicaron, ya cercana la medianoche chilena, que el match debía continuar al día siguiente, pero a estadio cerrado, sin público, solo con los periodistas y familiares de los tenistas.
Los chilenos no aceptaron jugar en esas condiciones y el conjunto argentino se fue de Chile, considerando que no tenía asegurada la integridad física.
Del otro lado, Chile ofreció continuar jugando la serie a puertas cerradas.
Desde la Federación Internacional llegó la orden del vicepresidente, el español Juan Marguets, de continuar el partido sin público. Pero la Argentina ya tenía su decisión tomada.
“Si jugamos y ganamos, o si jugamos y gana Chile, el episodio se puedo olvidar. Y este episodio no se puede olvidar nunca para el bien del deporte, porque tiene que quedar latente que esto no suceda nunca más.
Hay que evitar que en el tenis se repita esto, porque lo que pasó fue una vergüenza, que nunca la vi en el mundo”, expresó el recordado Enrique Morea, entonces presidente de la Asociación Argentina de Tenis.
La salida de Chile y la denuncia policial
El conjunto argentino, efectivamente, regresó a su país en un vuelo de Aerolíneas Argentinas que partió de Santiago el sábado 8 de abril de 2000 a las 19.25.
Antes se elevó la declaración frente a la policía, llevada a cabo por Gumy, Zabaleta, Hood, Gattiker, Morea y Carlos Zabaleta, que fue presentada el lunes siguiente por el cónsul general argentino en Santiago, Alfredo Rescic.
En el destacamento quedaron, además, cinco detenidos. Y dos policías heridos.
Mientras tanto, rodeado de camionetas de Gendarmería, el equipo argentino partía al aeropuerto y regresaba a Buenos Aires.
El fallo inicial de 5-0
El sábado, el árbitro general resolvió dar por perdido el partido a la Argentina por 5-0 (tomando la postura de los visitantes como no presentación), ya que estimó que la serie se podía seguir jugando a puertas cerradas.
El sábado, en un estadio desierto, el árbitro general anunció: “Chile ha ganado la serie por no presentación, pero hay que esperar, porque la Argentina presentó un certificado médico en el cual expone que por razones anímicas, físicas y psicológicas no está en condiciones de continuar jugando.
El resultado es 5 a 0, sujeto a una ratificación de la Federación Internacional de Tenis”.
El domingo, el árbitro general fue al estadio O’Higgins y allí estaba el equipo chileno, dispuesto a continuar.
Por esa razón, en principio, elaboró un informe con la victoria de Chile por 5-0 (el punto de Ríos y cuatro abandonos), aunque la Argentina había presentado un certificado médico exponiendo razones anímicas, físicas y psicológicas que le impedían proseguir, tema legal que sujetó la resolución oficial definitiva para más adelante.
La apelación ante la Federación Internacional
Más tarde, desde la sede de la FIT en Londres, llegó un comunicado advirtiendo que posiblemente Chile fuera descalificado (no podría jugar el repechaje para acceder al Grupo Mundial 2001) y también suspendido de la Copa Davis por uno o dos años.
El dirigente argentino Enrique Morea, entrada la noche, le dijo a los enviados de prensa de nuestro país: “No seguimos de ninguna manera. Esto es un precedente muy serio y hay que hacer valer nuestra posición.
Apelaremos el fallo y para eso iremos a la reunión con la FIT en Londres aportando videos. Era una locura seguir en estas condiciones.
Eso sí, antes de irnos, haremos una denuncia penal por todas las agresiones sufridas en esta bochornosa jornada”.
Pasando al plano de las negociaciones, tanto el presidente de la AAT como el de la Federación Chilena, hicieron sus presentaciones por el caso en la sede de la FIT, en Londres, el jueves 13 de abril de 2000.
Frente a seis integrantes del Comité de Copa Davis, Morea apeló el resultado de 5-0 en favor de Chile, expresando: “Los jugadores no podían seguir jugando en un estado emocional afectado por los hechos de violencia”.
Y le restó importancia a la recomendación del vicepresidente de la FIT, el español Juan Margets, quien telefónicamente le había indicado al árbitro general que continuara el encuentro a puertas cerradas.
“Por teléfono no se puede medir el grado de gravedad que se vivió”, aseguró Morea, quien buscaba una “resolución ejemplificadora”.
De Camino, por su lado, enfocó la apelación en el comportamiento del tandilense: “Queremos demostrar que Zabaleta agredió al ball boy, a un carabinero y a nuestro médico”.
Las versiones enfrentadas ante la FIT
El jueves 13 de abril, a las 14 de nuestro país, la FIT dio su primer veredicto, que no fue en absoluto lo que esperaban los dirigentes argentinos que fueron a negociar y presentar pruebas, tanto Morea como el Dr. Eduardo Moliné O’Connor y el periodista Guillermo Salatino, quien formaba parte del Comité de Prensa de la FIT.
De Camino, por su lado, enfocó la apelación en el comportamiento del tandilense.
“Queremos demostrar que Zabaleta agredió al ball boy, a un carabinero y a nuestro médico”.
El exdirigente, hace unos años, dio su punto de vista en una entrevista con ATON Chile: “Fue lo peor que me pasó en mi vida deportiva.
Fue algo impensado, como una pandemia, que empezó de a poco y que se esparció por toda la gente que había en el estadio.
Fue tremendo y no había cómo pararlo.
Nosotros terminamos el estadio bastante bien, pero no alcanzamos a atornillar todas las sillas, que eran miles, y jamás pensamos que iba a ser motivo de usarlas para tirarlas a la cancha y herir a alguien (…) Íbamos a jugar [el sábado] sin gente, pero hablé con el presidente de la Asociación Argentina y los jugadores de ellos no quisieron, estaban súper descontrolados y se equivocaron, porque si jugábamos sin gente no habría pasado nada, habríamos seguido y lo hubiésemos ganado en cancha (…) Si los argentinos hubiesen colaborado, la historia sería distinta tanto para ellos como para nosotros, porque ellos pensaron que retirándose nos iban a ganar, y no fue así. A ellos los dieron como perdedores”.
Las sanciones a Chile
Debido al lamentable hecho, Chile fue sancionado con no participar en aquella edición del torneo y perdió dos años la localía.
Por el bochorno, Chile no pudo ser local por dos años y a Argentina se le dio por perdida 0-5 la serie al no presentarse a jugar el sábado.
Chile fue sancionado con no participar en aquella edición del torneo y perdió dos años la localía.
El castigo se produjo por la conducta del público local, los objetos arrojados al campo, las agresiones y la falta de garantías para que el equipo visitante pudiera continuar disputando la serie.
Las disculpas de jugadores y dirigentes
El Pato Cornejo nos vino a pedir disculpas en el vestuario. Luego, Massú y Ríos hicieron lo mismo, vinieron al hotel a ver cómo estábamos, con ellos no hubo ningún problema.
El único que no se disculpó fue el presidente de la Federación Chilena.
Esa misma noche, el Chino Ríos y su padre me llamaron para ver cómo estaba, para preguntarme si necesitaba algo.
Me dijo que se sentían muy avergonzados con lo que había pasado y que me apoyaban en cualquier decisión que tomara, más allá de lo que decidiera la ITF.
La verdad es que se portó muy bien. Con Nicolás Massú estuve como dos años sin hablarme en el circuito, hasta que un día él se acercó y me ofreció disculpas.
Después volví a tener una relación excelente con Nico, con quien ya la había tenido hasta ese momento.
Fue algo lamentable, porque estaba jugando contra Mariano, uno de mis mejores amigos en el circuito. Argentina es mi segunda casa, viví allí mucho tiempo, siente hermandad con ellos.
Lo que ocurrió fue muy fuerte. Yo era muy joven”, dijo Massú tiempo después.
El reconocimiento de la gravedad de los hechos
El presidente de la Federación, De Camino, reconoció varios años después, en el programa chileno “Había una vez”, la gravedad de los hechos: “Yo lo conocía al capitán argentino desde la época en que jugábamos; lo ayudé a salir del estadio cubriéndolo porque veía que si la gente nos podía matar, nos mataba.
Nunca vi algo igual”.
Y algo similar expresó en el mismo medio Cornejo: “Toni Hernández me llamaba en cada cambio de lado o me hacía gestos diciéndome que nos penalizaría.
Yo le decía que si nos penalizaba, con el ambiente como estaba, sería la gota que rebasaría el vaso.
Y eso sería mucho más caótico de lo que estaba ocurriendo en ese momento”.
Y agregó: “Yo hice todo lo que pude, pero dijeron que no hice todo lo que podría eventualmente haber hecho.
Cómo voy a controlar a 10.000 o 12.000 personas sentado allá abajo cuando esa es la labor de un árbitro o del juez de silla”.
“Esto era gravísimo y podría costar una sanción muy grande”, comentó Fernando Solabarrieta en un antiguo episodio de "Los 2000", programa especial transmitido en plena pandemia del coronavirus.
Por su parte, Juan Cristóbal Guarello expresó que "fue un bochorno total, una vergüenza. Un castigo bien ganado".
"El castigo era más que merecido. Es un partido, no es una batalla ni una guerra. No hay registros que haya pasado algo así en el mundo", recordó Fernando González, singlista del equipo chileno de Copa Davis que vivió el momento en primera persona.
El impacto psicológico y deportivo
Zabaleta recuerda las horas posteriores al escándalo: “Yo estuve durante meses mirando los videos que pasaban en todos los países del mundo, porque había sido una catástrofe deportiva”.
“Hoy no sé si tengo un recuerdo que sea más fuerte que otro. Me tocó estar en un momento justo, con una situación que fue una catástrofe a nivel tenístico, sin un historial previo ni posterior, porque nunca más pasó en la historia.
O sea, tuve un poco la mala suerte de estar en ese momento, cuando se desató eso.
Y el recuerdo que tengo es triste, porque me afectó mucho psicológicamente”.
Un día de furia, caos, descontrol, malas decisiones y nacionalismo exacerbado alcanzaron para hacerle un lugar en el lado oscuro de la Copa Davis a la serie que Argentina y Chile protagonizaron el 7 de abril de 2000.
¿Un solo día? Sí. Eso fue lo que duró lo que tenía que ser un encuentro deportivo y se convirtió en lo que, aún hoy, es uno de los grandes escándalos en los 125 años del mayor trofeo por equipos que tiene el tenis.
La rivalidad previa entre ambos países
En ciertas ocasiones, las series de Copa Davis en la región tuvieron momentos de tensión, con clásicos como Brasil-Argentina o Argentina-Chile, dos países que durante los años 70 protagonizaron duelos parejos, entretenidos, a veces ásperos, días en los que Guillermo Vilas brillaba en la formación albiceleste y del otro lado estaban Patricio Cornejo y Jaime Fillol, abuelo de Nicolás Jarry, figura actual del tenis chileno.
Más cerca en el tiempo, en abril de 1998, el Chino Marcelo Ríos recién había subido al número 1 del mundo en el Lipton de Key Biscayne y llegó al Buenos Aires Lawn Tennis en esa condición.
Aparecieron algunos duelos verbales entre los hinchas, pero nada más allá de silbidos y abucheos, algún insulto aislado.
Ríos ganó el primer punto, pero se lesionó, no pudo jugar el cuarto partido y la Argentina se adueñó de esa llave.
Como corresponde al reglamento, la serie siguiente entre ambos debía jugarse en Chile.
Una jornada que quedó asociada a la Copa Davis
El deporte chileno también tiene episodios para el olvido, esos que dan vergüenza recordar. Un 7 de abril del año 2000 el público chileno que asistió al Arena Santiago desató su ira contra los representantes de Argentina en la Copa Davis.
12 mil espectadores vieron sin problemas el partido y victoria de Marcelo "Chino" Ríos por sobre Hernán Gumy.
El exnúmero uno del mundo ganó en cuatro sets, dándole el primer punto a Chile en la serie.
Fue el duelo de Nicolás Massú contra Mariano Zabaleta el que caldeó los ánimos de los asistentes.
Un bochorno que llegó a todo el mundo.
La serie quedó marcada por la violencia del público, la suspensión del partido, la retirada de la Argentina, el fallo inicial de 5-0 y las sanciones posteriores contra Chile.