Cómo hacer una buena selección de un burro

Para hacer una buena selección de un burro hay que valorar su salud, edad, tamaño, temperamento, sociabilidad, nivel de entrenamiento, conformación física y finalidad prevista. No todos los burros son apropiados para montar, trabajar, reproducirse o convivir como animales de compañía.

El burro es un animal inteligente y sociable que puede padecer dolencias muy humanas como son el estrés o la obesidad. Tener un burro es un compromiso importante pero muy gratificante. Pero el burro no es ni un juguete ni un capricho. Tiene mucho de persona con sus necesidades afectivas.

Definir primero para qué se necesita el burro

El burro o asno, cuyo nombre científico es Equus africanus asinus, pertenece a la familia de los equinos y está considerado como un animal doméstico que si bien desde tiempos remotos ha sido empleado para trasladar cargas, en la actualidad también se utiliza para realizar terapia de monta, resultando ésta favorecedora para niños con trastornos afectivos y personas con distintos grados de discapacidad.

A pesar de no ser tan conocido como el caballo, el humilde burro es un excelente animal para una amplia gama de usos, desde un animal de compañía, hasta un guardia para el ganado de una granja. El burro se utiliza para el porteo de mochilas y de niños en la práctica del senderismo. Cada vez está más presente en el Camino de Santiago, para aliviar y acompañar al viajero.

Resurge el uso agrícola del burro en superficies reducidas y para la agricultura ecológica, sobre todo de hortalizas y especialmente en invernaderos. El burro se utiliza para el tiro de carros pequeños, de dos o cuatro ruedas, pudiendo arrastrar una carga de hasta 500 kg.

El burro se utiliza para prácticas terapéuticas con personas con problemas de integración social (mediación, asinoterapia). Existen granjas de cría de burras de ordeño para la producción de leche (consumo humano, cosméticos).

Cada día aparecen nuevos usos, pero el principal no deja de ser el de animal de compañía para disfrutar con su carácter dócil, su fácil manejo y su entrega al trabajo. Quien elige tener un burro en lugar de un poni o de un caballo lo hace por motivos distintos pero y sobre todo por lo siguiente:

  • Menor coste de mantenimiento
  • Alojamiento más modesto
  • Otro tipo de relación persona-animal

Comprobar que la convivencia sea viable

Un aspecto muy importante en el cuidado de este animal es su alta sociabilidad, si un burro no se encuentra en compañía de otro animal de su misma especie puede sentirte triste y abatido, repercutiendo esto directamente sobre su salud. No es recomendable tener un burro, sino dos, pudiendo optar por las siguientes combinaciones:

  • 2 burros hembra
  • 2 burros macho esterilizados
  • 1 burro hembra y 1 burro macho, siempre esterilizando al macho si no queremos reproducirlos

Debemos tener en cuenta que la decisión de mantener a más de un burro debe ser sostenida en el tiempo, ya que estos animales crean vínculos muy profundos, y privarle posteriormente de la presencia de un compañero también resultaría contraproducente.

El burro suele tener un amigo (o amiga) formando sólidas y duraderas relaciones. En su defecto, un burro puede convivir con perros, ovejas, cabras, caballos, vacas, etc. Un burro solitario puede deprimirse perdiendo su natural alegría y salud.

Si convives con perros debes saber que el burro no está especialmente predispuesto a tener una buena convivencia con los canes, exceptuando aquellos casos donde ambos animales son criados juntos desde las primeras etapas de vida. Por esta razón, una idea buena es mantener siempre una cerca entre burros y otros animales de granja a menos que ellos pastoreen activamente.

Elegir el sexo y valorar la castración

Al igual que los caballos, el temperamento de los burros difiere en función de su sexo. Encontrar un burro con un buen temperamento para ser montado tendrá un gran impacto en la experiencia de montar.

  • Capón: son burros machos que han sido castrados. Tienden a tener un temperamento suave y muy adecuado para ser montados.
  • Jenny: son burras. Por lo general, tienen un temperamento domesticado y suave.
  • Jack: son machos sin castrar. Generalmente son muy salvajes para montar.

El burro entero es sexualmente muy activo. En un rebaño, el cupo suele ser de cuatro burras para un burro. Dos burros enteros no criados juntos pueden pelear de forma muy violenta.

Nunca juntar dos sementales: las peleas son muy violentas, con coces y mordeduras. Tener un semental en un rebaño puede suponer un acoso excesivo para burras y pollinos (con los que el burro intentará aparearse), dando lugar a accidentes tales como ruptura de miembros o desencajes de cadera.

Un semental puede convivir con burras adultas siempre que estas tengan espacio y vigor suficientes para mantenerlo a raya. Los machos se suelen castrar entre los 6 y los 18 meses si no han de ser usados como sementales.

Seleccionar una raza o un burro común

Existe una gran variedad de razas de burro, de muy diferentes tamaños y colores. Para que un burro se identifique como perteneciente a una raza reconocida, debe estar registrado como tal. En caso contrario, se denomina “burro común”. Los burros comunes representan más del 95% del censo asnal.

En España están reconocidas seis razas: el burro Andaluz , el Asno de las Encartaciones (País Vasco y Santander), el burro Zamorano-Leonés, el burro Catalán, el burro Mallorquín (Baleares) y el burro Majorero (Canarias).

Raza o tipoDato de tamaño indicado
Asno de las EncartacionesMide entre 105 y 120 cm en la cruz
Burro catalánHasta 160 cm
Burro comúnRepresenta más del 95% del censo asnal

El más pequeño es el asno de las Encartaciones que mide entre 105 y 120 cm en la cruz y el más grande es el burro catalán, de hasta 160 cm. La elección de una raza debe relacionarse con el tamaño, la finalidad del animal, el clima, la disponibilidad de atención especializada y la facilidad para encontrar un compañero compatible.

Valorar la edad y el grado de madurez

Se trata de un animal muy longevo cuya esperanza de vida oscila entre los 30 y 40 años, por lo tanto, su adopción es sinónimo de adquirir una gran responsabilidad, no obstante, posee un amable y dulce carácter y es capaz de entablar fuertes vínculos con otros animales.

Un burro joven puede ser inteligente, juguetón y trabajador, pero requiere educación constante y una persona capaz de establecer límites claros. El burro lleva el trabajo en los genes y trabaja espontáneamente si comprende lo que solicitamos de él.

La educación del burro es objeto en Francia de muchas exhibiciones y concursos que muestran y premian la compenetración entre burro y dueño. Los ejercicios sosegados y reiterativos son el mejor aprendizaje para el animal y su dueño.

Un burro joven al que se deja suelto sale corriendo dando coces con las patas traseras, de pura alegría. Ojo con no estar demasiado cerca. Aunque mimemos un burrito juguetón, no dejar que se exceda, mordisqueando, alzando las patas etc. Son malas costumbres para el futuro.

Examinar el temperamento

El burro posee una inmerecida fama de testarudo que en nada se corresponde con la realidad, ya que se trata de un animal muy inteligente a la vez que amable y contemplativo, que únicamente requiere de paciencia y afecto para aprender determinadas órdenes básicas, como por ejemplo dejarse pasear con correa o dejarse montar.

Los burros tienen la reputación de ser tercos, sin embargo, realmente solo necesitan tiempo para evaluar cada situación y decidir cómo responder. Son grandes pensadores. A los burros les agrada lo familiar y obtienen su reputación de terquedad debido a que no reaccionan bien ante situaciones desconocidas.

Ambientes nuevos y situaciones inhabituales pueden estresar e inhibir al burro que debe ser educado para diferentes circunstancias. En una gran mayoría de casos un burro que no obedece es porque no entiende lo que le pedimos y es por error nuestro.

Al burro hay que tratarle con dulzura y cariño, sin agresividad. Nuestra relación con él se basa en la confianza mutua y el cariño. La voz y el gesto firme son suficientes para la reprimenda y solo se precisa con burros jóvenes y ardientes.

La paciencia es una virtud cuando se trata de montar burros. Trata de entender la personalidad del burro para que así ambos puedan trabajar en equipo y tener juntos un paseo mucho más placentero. Si no eres del tipo paciente, necesitarás un burro que sea excepcionalmente receptivo. Es posible que puedas considerar elegir un poni o un caballo pequeño.

Probar al burro antes de elegirlo

Muchos burros son grandes mascotas, pero no todos son apropiados para uno los monte. Averigua si fue entrenado para llevar una silla de montar y para seguir órdenes. Consigue un burro que haya sido entrenado para ser montado, no solo para ser dirigido.

Los burros primero deben aprender a ser dirigidos con un ronzal, luego deben aprender a llevar una silla de montar y a seguir órdenes. Entrenar a un burro es similar que entrenar a un caballo, sin embargo, necesitan un entrenador que sepa lo que hace ya que los burros tienen habilidades diferentes.

Si estás pensando en comprar un burro, pasa tiempo paseando y montándolo para asegurarte de que es un buen candidato. Nunca elijas un animal únicamente por su apariencia, color o tamaño sin observar cómo responde al manejo.

Si nunca antes has montado un burro, asegúrate de estar con alguien que sabe lo que hace. Si nunca has tomado clases de montar, una idea buena es tomar algunas. De este modo, puedes aprender la forma correcta de ordenar a un burro para un viaje más tranquilo.

Comprobar las respuestas básicas

Durante la visita conviene observar si el burro permite acercarse, tocarlo, colocarle un ronzal y caminar con él sin mostrar miedo excesivo o agresividad. Un animal adecuado debe poder aprender órdenes básicas mediante señales verbales y no verbales.

Las órdenes verbales y no verbales, como señales con las manos y toques al burro, son maneras de hacerle saber lo que quieres que haga. Los azotes y las patadas duras son ineficaces. Solo servirán para deteriorar la confianza que tú tienes con él.

Lo más importante a recordar es que no debes intentar hacer que un burro haga algo que no quiere. Debes convencerlo amablemente de que siga en movimiento en lugar de utilizar la fuerza.

Elegir un burro para montar

Generalmente los burros son muy pequeños para que uno los monte. Es muy importante no montar un burro demasiado pequeño para soportar tu peso ya que podría resultar herido. Una buena regla a seguir es que un burro puede llevar de manera segura 20 % de su peso corporal.

Los burros miniatura no son aptos para uno los monte, a menos que un niño pequeño los monte bajo supervisión. Los burros de tamaño mediano son adecuados para los niños, sin embargo, necesitarán encontrar un burro más grande a medida que ellos crecen. Los burros mamut son suficientemente grandes para llevar adultos.

Montarlos puede ser placentero siempre y cuando ello no te ocasione apuro alguno y tú no intentes sacarlos de su zona de confort. Montar un burro es una experiencia única, especialmente agradable si no tienes las mismas expectativas que tendrías si se tratara de un caballo.

La experiencia de montar un burro es agradable, pero no necesariamente emocionante. A diferencia de los caballos, a los burros no les interesa saltar troncos o galopar por los campos. Los burros poseen una zancada más corta que la de los caballos y tienden a moverse lentamente. No son físicamente capaces de realizar proezas de agilidad como los caballos.

Los burros son maravillosos para montar en paseos largos cuyo ritmo es lento y constante. Debido a su gran resistencia, a menudo se los utiliza como animales de carga y para atravesar senderos difíciles. Les gusta mucho el ejercicio y, por lo general, están dispuestos a dar un paseo largo o uno corto alrededor de una propiedad.

Los burros responden menos al entrenamiento, por lo que su paso no es elegante. El paso más cómodo para un burro es una marcha lenta y pesada. Los burros son extremadamente confiables y dulces, además, no son tan quisquillosos como los caballos. Son geniales para los niños que desean montar.

El adiestramiento de adiestramiento es cada vez más popular entre los que montan burro. El adiestramiento del burro es similar al del caballo, pero resaltan las cualidades y habilidades únicas del primero.

Revisar el equipo y la conformación

El cuerpo de los burros posee una estructura diferente a la de los caballos. Consigue una silla de montar y otros equipos fabricados para burros, en lugar de para caballos. Los burros pueden llevar mucho peso, sin embargo, el lomo de ellos es más ancho que el del caballo, por lo que la construcción de la silla es diferente.

Una silla de montar que no se ajuste correctamente puede ocasionar problemas de salud para el burro. Los bocados y demás aperos también se deben adaptar a las necesidades del burro. Las anteojeras comúnmente se utilizan para mantener a los burros centrados en el camino que tienen por delante, sin embargo, algunos entrenadores recomiendan no usarlas.

Los mejores aparejos son los que se hacen “a medida”. Para burro se pueden usar aparejos de poni pero las proporciones corporales son diferentes. En el mercado existen aparejos específicos para burro, pero más bien en Francia.

Si deseas utilizar alforjas pesadas, haz que el burro practique con ellas en casa antes de iniciar un paseo largo. Comprueba que la carga quede equilibrada, estable y bien sujeta antes de comenzar la marcha.

Valorar la salud antes de adquirirlo

Asegúrate de que el burro esté saludable para que no se lesione cuando den un paseo. Los burros necesitan un refugio seco y cálido, alimentación adecuada y bastante agua, así como atención para sus pezuñas y dientes.

Los especialistas coinciden en que, debido a su estoicismo, el diagnóstico precoz de cualquier afección en un burro solo se consigue por la pericia del dueño y su conocimiento del animal. Dicen los que saben que el burro, como presa de depredadores en su estado silvestre, sabe disimular al extremo sus debilidades para no llamar la atención.

Cuando se deprime o está enfermo, la procesión va por dentro y solo un ojo avizor y un profundo conocimiento de este compañero permiten un diagnóstico precoz. Antes de adoptar a un burro debes informarte previamente del lugar y los profesionales que te pueden prestar la atención veterinaria que este animal precisa.

Aspectos físicos que deben observarse

La valoración inicial debe incluir el estado general del animal, su forma de moverse, la calidad del pelaje, la condición corporal y la ausencia de signos evidentes de dolor o enfermedad. La obesidad no es conveniente y se detecta por los depósitos de grasa, sobre todo, en el cuello.

Los dientes deben revisarse porque el veterinario deberá revisar periódicamente los dientes del burro para descartar cualquier alteración en el crecimiento. Las pezuñas también deben examinarse, ya que los cascos de los burros necesitan cuidados periódicos.

Conviene observar al burro mientras camina y permanece quieto, prestando atención a posibles cojeras, rigidez, resistencia a desplazarse o dificultades para apoyar las extremidades. Asegúrate de revisar la salud del burro antes de sacarlo a un viaje largo.

Historial veterinario y prevención

Se le deberá administrar anualmente la vacuna contra el tétanos, la gripe y el moquillo. Según el área geográfica puede ser necesario administrarle otras vacunas.

Las heces del burro deben analizarse periódicamente para descartar la presencia de parásitos intestinales. Antes de elegir un animal, conviene conocer sus antecedentes sanitarios y confirmar qué tratamientos preventivos ha recibido.

La veterinaria del caballo y del burro son distintas y existen veterinarios especializados en burros. En España todavía, a penas existen veterinarios especializados, ni tampoco herradores, por lo que el propietario de un burro debe tener conocimientos mínimos en cuanto a cuidados básicos.

Comprobar que el alojamiento sea adecuado

Los burros son animales muy resistentes pero siempre sienten predilección por el clima cálido, entre otros motivos, porque su pelaje no es impermeable y el agua por lo tanto les produce un enfriamiento general que puede desencadenar el desarrollo de neumonía y bronquitis.

El burro puede ser alojado en una cuadra o un prado pero necesita cobijo contra la intemperie y un rincón oscuro para, en verano, librarse de las moscas que le resultan muy molestas. Por lo tanto el burro debe contar con un cobertizo o granero perfectamente cubierto y lo suficientemente amplio para que pueda ejercitarse durante el invierno sin necesidad de estar expuesto a climas adversos.

Los suelos deben ser duros y de madera y posteriormente deben ser cubiertos de paja para aportar una mayor calidez. Además de cuadra, es bueno que el burro disponga de un espacio de esparcimiento para corretear y relacionarse. Sobretodo, los burros jóvenes.

El granero del burro debe limpiarse un día sí y otro no. Debes mantener en perfectas condiciones higiénicas el área destinada a su alimentación.

Considerar la alimentación y el riesgo de obesidad

El burro es un animal sobrio, oriundo de zonas semi desérticas en los que la vegetación es pobre. Su cría en la Europa húmeda con ricos pastos requiere controlar su alimentación. El ambiente mediterráneo le conviene perfectamente.

La alimentación del burro debe ser rica en fibra y baja en azúcar, prestando siempre especial importancia a no sobrealimentarlo, ya que fácilmente podríamos situar su organismo en un estado de obesidad y mermar por lo tanto su salud.

El burro necesita ingerir poca cantidad de alimento, pero hacerlo con la suficiente frecuencia, la mejor opción es basar su alimentación en paja cebada y que el pasto sea un complemento adicional pero sin llegar a constituir la mayor parte de su dieta.

Además de su dieta habitual, es bueno que el burro tenga siempre a disposición forraje poco calórico, por ejemplo, paja. Si nos encontramos en invierno o si por varios factores el burro no dispone de suficiente pasto, entonces sí es posible suplementar su dieta con heno de prado, evitando siempre la alfalfa, a excepción de que se trate de un burro en gestación o lactante.

La comida debe ser variada pero no demasiado rica, de alfalfa, paja, heno, hierba, hojas verdes o secas (otoño) y ramajes (olmo, olivo). Como es natural, si el burro trabaja con regularidad, la alimentación ha de ser más abundante, lo mismo que para las burras gestantes y lactantes.

Conviene que la ración diaria, fraccionada en hasta tres comidas en burros estabulados, sea variada. Hierba fresca, heno, paja (de trigo o cebada; la de maíz no les gusta mucho), alfalfa, grano (maíz, trigo, avena, cebada, pero de forma moderada y para burros que trabajan o burras gestantes y/o lactantes), ramajes, restos de huerto y de poda, hojas de otoño: al burro le gusta la variedad pero hay que racionarla.

Un equido en reposo (sin trabajar) consume alrededor de 1,3 kg de materia seca al día para cada 100 kg de peso. Cuando trabaja, la cifra aumenta hasta 2,3 kg. El burro recupera entre 1,5 y dos veces más energía del forraje que un poni del mismo peso.

De esta manera, los aportes alimenticios recomendados para un burro serán un 25% menores que para un caballo del mismo peso. A groso modo se puede decir que un burro necesita 1kg de alimento en seco para cada 100 kg de peso.

SituaciónNecesidad indicada
Equino en reposo1,3 kg de materia seca al día para cada 100 kg de peso
Equino cuando trabaja2,3 kg de materia seca al día para cada 100 kg de peso
Burro pequeño de 150 kg1,5 kg de heno al día
Hierba fresca equivalente7,5 kg de hierba fresca
GestaciónAlrededor de 12 meses, a veces, 13

Un burro de tamaño pequeño, de 150 kg, necesita pues 1,5 kg de heno al día, que en verde serian 7,5 kg de hierba fresca. Estas cifras dan una idea bastante exacta de las necesidades alimenticias de un burro.

En cuanto a ramajes, al igual que las cabras, comen olmo, fresno, rosal y un largo etc. No gustan de la hiedra, ni del ciprés. Se comen el aligustre, pero a los pocos días de cortarlo, más que fresco pues es muy fuerte y debe contener toxinas, sobre todo el aligustre del Japón.

Alimentos que deben evitarse

Debemos evitar que el burro ingiera cereales o granos, ya que son muy ricos en almidones y azúcares, obviamente, bajo ningún concepto le podemos dar carne o pescado ya que se trata de un animal herbívoro.

Puedes premiar a tu burro de forma esporádica con las siguientes golosinas: zanahoria, manzana, plátano (con cáscara incluida) u hojas de menta.

Es importante que vigiles a tu burro para que este no ingiera ciertas plantas que le resultarían tóxicas, siendo las siguientes las más peligrosas: tejo, hierba cana, bellotas, hojas de roble y hojas de arce rojo.

Como es lógico, cuanto más verde comen, menos beben; pero en todo caso necesitan agua fresca y limpia a discreción. Obviamente el burro siempre debe disponer de agua limpia y fresca, que en invierno debemos supervisar periódicamente para que no se congele.

Valorar sus necesidades de ejercicio

El burro necesita ejercitarse diariamente y esto le resulta muy positivo, sobre todo para mantener su peso corporal, que como veremos más adelante, aumenta muy fácilmente en caso de sobrealimentación.

Será el propio burro el que se ejercite por su cuenta si dispone de una zona de pastura lo suficientemente grande, en cambio, durante el invierno, debemos ser nosotros el que lo saquemos hacia una zona donde pueda realizar ejercicio.

Los burros son muy trabajadores y tienen bastante reserva de energía. Debido a que fueron originalmente animales de desierto, son expertos al moverse por terrenos difíciles sin muchas pausas.

Los burros pueden ayudar en situaciones de trabajo, principalmente con el pastoreo de cabras y ovejas. Son excelentes pastores. Esta función requiere valorar especialmente su comportamiento con el ganado, su obediencia y su capacidad para respetar límites.

Seleccionar un burro para senderismo y carga

El burro es pequeño pero fuerte: su particular build gives it a bone structure that allows for a carrying capacity far greater than that of horses, while remaining a more compact size. It can carry up to around 40 kg.

El burro es un animal de buen temperamento: detrás de su bien ganada reputación de animal testarudo, los burros son ante todo muy tranquilos y dóciles. Son adecuados para los niños, pero también para cualquier persona que no esté acostumbrada a viajar con un animal.

Los burros son fáciles de alimentar: comen relativamente poco y a menudo se conforman con la hierba seca que encuentran a lo largo del camino, además de algunas ramas con hojas. Los burros motivan a los niños: los niños suelen cansarse de caminar durante las excursiones.

Pero la compañía de un burro los mantiene interesados durante todo el día y hace que el paseo les resulte mucho más fácil. La elección debe centrarse en un animal tranquilo, acostumbrado al manejo, capaz de caminar con carga y habituado a entornos distintos.

Conducta durante la marcha

Los primeros minutos son cruciales para establecer autoridad. A menudo es durante ese primer contacto y los primeros minutos que pasan juntos en el sendero cuando todo se decide con un burro.

Por lo tanto, es esencial establecer límites firmes desde el principio y dejar claro al animal que solo puede comer durante las pausas que usted decida. Un burro es un animal que fácilmente puede plantarse. Cuando se niega a avanzar, no tiene sentido tirar de la cuerda, solo empeorará las cosas.

De hecho, está constantemente pensando e intentando evaluar la situación. Lo importante es mostrarle el camino, tranquilizarlo y animarlo a seguirte. Por último, no tires de tu burro: empújalo como último recurso.

La mayoría de las veces, si caminas delante de él, aunque solo sea a unos pasos de distancia sin sujetar la cuerda de guía, te seguirá sin ningún problema.

Descansos, agua y carga

Planifica pausas de unos 30 minutos cada 3 horas. Si el terreno es muy accidentado, haz una pausa cada dos horas. Intenta encontrar un lugar donde haya algo para pastar y, si es posible, una fuente de agua para refrescarse.

Retira la carga de tu burro para darle un descanso adecuado, de lo contrario apenas sentirá que es una pausa. Los burros son animales resistentes que se alimentan de lo que encuentran por el camino, durante las pausas y en los lugares de parada.

Un burro bebe relativamente poco. Dicho esto, ofrécele agua siempre que la encuentres. Por la noche, algunos lugares de parada proporcionan alimento para burros, pero no te preocupes: si hay hierba seca y follaje disponible, será más que suficiente para recargar sus pilas.

Revisar los cuidados que exigirá el animal

Para mantener a un burro en perfecto estado de salud y bienestar es necesario que también tengas en cuenta las siguientes consideraciones. Además de estos cuidados, finalmente debemos volver a recalcar que para un burro es prioritario el afecto y la amabilidad.

  • El granero del burro debe limpiarse un día sí y otro no.
  • El área destinada a su alimentación debe mantenerse en perfectas condiciones higiénicas.
  • Cada 8 semanas aproximadamente el burro necesita que le corten los cascos, ya que son similares a las uñas y van creciendo.
  • El burro no es amigo del agua, para mantener su higiene nada mejor que realizar un cepillado de forma diaria.
  • El animal debe disponer de agua limpia y fresca.
  • Debe contar con atención periódica para sus pezuñas y dientes.

En los lugares de descanso, as soon as you arrive at a stopping point, unload the bags and brush your donkey thoroughly. Then clean its hooves. En el caso de una estancia al aire libre, es importante disponer de un espacio seguro para que el burro pueda descansar y relacionarse.

Considerar la reproducción solo si existe experiencia

El cruce de yegua con burro da lugar a mulas y mulos que son estériles, muy apreciados para el trabajo, más fuertes que los burros y más rústicos que los caballos. El cruce de burra con caballo, más raro, recibe el nombre de burdégano.

La característica más destaca es la larga duración de la gestación, de alrededor de 12 meses, a veces, 13. Los partos múltiples son muy raros. Si la burra lleva dos embriones, suele perder uno, de forma natural y no traumática.

Las burras pueden volver a coger el celo a los cinco días de parir; algunas veces no lo vuelven a coger hasta el destete del burrito, a los seis meses. La reproducción exige separar correctamente a los animales y prevenir peleas, acoso y apareamientos no deseados.

Evitar errores durante la elección y el manejo

  • Nunca juntar dos sementales: las peleas son muy violentas, con coces y mordeduras.
  • Al llevar al burro a la par, cuidado con los pisotones, no serán voluntarios, pero si dolorosos.
  • Ojo con dar golosinas con la mano: que el burro no confunda dedos con comida.
  • Aunque mimemos un burrito juguetón, no dejar que se exceda, mordisqueando, alzando las patas etc. Son malas costumbres para el futuro.
  • Un burro joven al que se deja suelto sale corriendo dando coces con las patas traseras, de pura alegría. Ojo con no estar demasiado cerca.
  • El burro sabe dar coces de manera precisa, por ejemplo, para quitarse una mosca de la tripa. Estar atento y fuera de alcance.
  • Tener un semental en un rebaño puede suponer un acoso excesivo para burras y pollinos.

No te asustes cuando estés cerca de él ni grites ya que esto lo asustará. Asegúrate de usar un casco de equitación al montar un burro. Esto te mantendrá a salvo si el animal se asusta por algo y te lanza al suelo.

El burro, como cualquier mascota, debe ser atendido convenientemente y los cuidados dispensados de forma adecuada se traducirán por un buen estado de salud física y síquica que nos permitirá disfrutar de nuestro burro en un ambiente de sosiego.

Evaluación veterinaria de un burro

La selección debe terminar solo cuando el animal y las condiciones de mantenimiento resulten compatibles. Lanzarse a la aventura de tener un burro sin conocimientos previos entraña ciertos riesgos por los errores que se pueden cometer en cuanto al trato con el animal, su alojamiento, alimentación o soledad.

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