Stanley Kubrick no fue campeón mundial de ajedrez, pero sí llegó a jugar de forma semiprofesional y mantuvo una relación constante con el juego durante toda su vida. El ajedrez aparece en varias de sus películas, inspira escenas y personajes, y sirve para entender una parte esencial de su método: analizar cada movimiento, controlar el tiempo y anticipar las consecuencias.
La partida más célebre relacionada con Kubrick aparece en 2001: una odisea del espacio, donde la supercomputadora HAL 9000 juega contra el astronauta Frank Poole. La partida reproduce un encuentro real disputado en 1910 por los jugadores alemanes A. Roesch o Rosch y Willi Schlage, aunque contiene errores ajedrecísticos que, según se ha dicho, fueron intencionados por parte de Kubrick.
Kubrick y el ajedrez: una formación basada en el análisis
Stanley Kubrick nació en Nueva York en 1928 y, aunque se cree que tenía un cociente intelectual superior, no fue un estudiante brillante y se formó como cineasta autodidacta. Por el camino llegó a ser un fotógrafo reconocido de la revista Look y sus primeras incursiones en el séptimo arte fueron documentales, hasta que dirigió la película Miedo y deseo, de 1953.
El director jugó en su ciudad natal, Nueva York, en dos clubes y en Washington Square Park con partidas al aire libre, donde se apostaba, desde las 12.00 de la mañana a 12.00 de la noche, con algunos descansos para comer, para ganar entonces unos 20 dólares. En una entrevista contaba: “Jugaba a principios de los años cincuenta en los clubes Marshall y Manhattan en Nueva York, el ajedrez enseña, entre otras cosas, a superar la emoción inicial que produce un movimiento en primer término favorable y a tomarse el tiempo de analizar. (…. ) Te sientas frente a un tablero y repentinamente tu corazón brinca. Tu mano tiembla al tomar una pieza y moverla. Pero lo que el ajedrez te enseña es que tu deber es permanecer ahí con calma y pensar si realmente es una buena idea o si hay otras ideas mejores”.
La reflexión resume una característica que también se asocia a su cine: la observación minuciosa, la paciencia y la búsqueda de alternativas antes de tomar una decisión. Su atención al detalle fue acusada de ser perfeccionista hasta el extremo, una imagen que él siempre rechazó.

La partida de HAL 9000 contra Frank Poole
En 2001: una odisea del espacio, HAL 9000 juega contra el astronauta Frank Poole durante la misión espacial. La escena adelanta lo que sucedió años después, la disputa de una computadora contra el hombre, recordemos las disputas de la supercomputadora Deep Blue con el entonces campeón del mundo, Gari Kasparov.
La partida cinematográfica se basa en un encuentro real jugado en 1910 por dos jugadores alemanes, uno menos conocido, A. Roesch o Rosch y un jugador de segundo nivel, Willi Schlage (1888-1940). Aunque hay errores ajedrecísticos en la cinta se dice que fueron intencionados por parte de Kubrick.
También, en la película aparece un científico soviético llamado Doctor Smyslov, en clara referencia al excampeón mundial de ajedrez, Vasily Smyslov (1921-2010). La alusión convierte el ajedrez en algo más que un detalle visual: lo relaciona con la inteligencia, la rivalidad entre el hombre y la máquina y la tensión científica de la Guerra Fría.
2001: una odisea del espacio y la transformación de la ciencia ficción
Stanley Kubrick inauguró su etapa a color con 2001: una odisea del espacio (1968). Esta película supuso un punto de inflexión en el cine de ciencia ficción, que pasaba de platillos volantes a una aproximación compleja a temas como la relación de los humanos con la tecnología.
Su narración poco convencional, en tres actos y con escasos diálogos, la deja abierta a la interpretación. Destacan los efectos especiales novedosos, que ganaron el Óscar, y la música, que se convirtió en otro sello de Kubrick.
Narra los diversos periodos de la historia de la humanidad, no sólo del pasado, sino también del futuro. Hace millones de años, antes de la aparición del “homo sapiens”, unos primates descubren un monolito que los conduce a un estadio de inteligencia superior. Millones de años después, otro monolito, enterrado en una luna, despierta el interés de los científicos.
Por último, durante una misión de la NASA, HAL 9000, una máquina dotada de inteligencia artificial, se encarga de controlar todos los sistemas de una nave espacial. Aunque recibió críticas diversas, hoy se considera la obra maestra que le elevó a la categoría de genio.
El ajedrez en Atraco perfecto
Anteriormente hace otro guiño ajedrecístico en otra de sus películas, Atraco perfecto (1956). El encuentro para preparar el atraco se produce en el club de Manhattan, Chess and Checkers House -conocida como la casa de las pulgas, The flea house en inglés- a la que iba Kubrick.
El personaje de Maurice Oboukhoff comenta: “Cuando necesito algo de dinero, salgo a luchar. Pero sobre todo estoy aquí, perdiendo mi tiempo jugando al ajedrez” dice a Johnny Clay, que interpretó el actor Sterling Hayden (1916-1986).
Con esta impecable adaptación de una novela de Lionel White, Kubrick se puso en el mapa del cine de los 50 y se demostró como un narrador prodigioso. Con un presupuesto muy bajo y pocos recursos, logró sacar adelante un thriller de atracos que mezclaba la crueldad y la compasión, y mostraba sus armas de una forma fascinante.
Johnny Clay (Sterling Hayden) es un hombre de mediana edad que acaba de cumplir una condena en prisión. Su primer pensamiento consiste en dar un golpe que le solucionaría el resto de su vida. El plan consiste en robar dos millones de dólares de la caja del hipódromo el mismo día en el que se disputa el Gran Premio.
Maurice es interpretado por Kola Kwariani (1903-1980), natural de Georgia, profesional de la lucha libre, -participó en más de 550 combates- amigo y rival de ajedrez de Kubrick, quien moriría en 1980 como consecuencia de las heridas sufridas en una pelea contra cinco chicos de una pandilla, precisamente cuando se disponía a entrar en el Chess and Checkers House.
Los tableros como metáfora del poder y del sacrificio
Asimismo hay guiños en Senderos de Gloria (1957) usando una especie de tablero de ajedrez en la sala donde son juzgados los soldados que serían una metáfora de los peones sacrificados de una partida.
La primera película de éxito de Stanley Kubrick fue Senderos de Gloria (1957), un drama de la Primera Guerra Mundial, en la que Kirk Douglas interpreta a un coronel francés que se ve forzado a llevar a sus hombres a un ataque suicida contra los alemanes y trata de defenderlos ante sus superiores.
La película denuncia la guerra y sus élites con un claro mensaje antibelicista. El controvertido retrato del Ejército francés provocó que no se estrenara en Francia hasta 1975.
Podemos considerar esta la primera gran obra maestra de Stanley Kubrick, y una de las mejores películas de guerra de la historia del cine que, además, era todo un alegato antimilitarista. Ambientada en las asfixiantes trincheras de la Primera Guerra Mundial y rodada en blanco y negro, la película protagonizada por Kirk Douglas disecciona los valores que conforman la mentalidad militar, y también su profunda irracionalidad.
La influencia del ajedrez en los rodajes
Por último, hay que recordar que Kubrick también jugaba en los rodajes y así ganó a actores como George C. Scott (1927-1999), Malcom Mc Dowell (1943), Shelley Duvall (1949) y Tony Burton (1937-2016) así como Arlisss Howard (1954), mientras filmaba, respectivamente, ¿Teléfono rojo? volamos hacia Moscú (1963), La naranja mecánica (1971), El resplandor (1980) y La chaqueta metálica (1987).
De ellos, George C. Scott discrepaba del papel del personaje pero resolvieron sus diferencias ante un tablero de ajedrez. Pero la relación más curiosa fue con Burton, quien tuvo un pequeño papel en El resplandor y le amplió su contrato de una a cinco semanas ya que jugaban juntos.
«Disfrutó mucho, de hecho, le gané una partida, la primera o segunda que jugamos, algo que no volvería a pasar» rememoró el actor.
La relación entre Kubrick y los actores no se limitaba, por tanto, a la dirección de las escenas. El tablero podía funcionar como espacio de negociación, competencia y convivencia durante producciones especialmente exigentes.
El ajedrez en Lolita
También recordar el rodaje de Lolita (1962), basado en el libro de otro más que gran aficionado al ajedrez, el escritor Vladimir Nabokov (1899-1977), y donde al inicio hay una escena con un tablero y una jugada simbólica entre Humbert-James Mason (1909-1984) y Charlotte Haze-Shelley Winters (1920-2006).
Para sus obras siguientes, Stanley Kubrick cambió el tono y se alejó de los dramas históricos. Primero lo hizo con Lolita (1962), la adaptación de la novela de Vladímir Nabókov -quien participó en el guión-, que cuenta la historia de atracción sexual de un profesor de cuarenta años, Humbert Humbert, hacia una adolescente llamada Lolita.
Pese al escándalo y la censura que provocó, fue un éxito en taquilla. Además, consolidó una característica del cine de Kubrick: su predilección por adaptar historias ya escritas.
La trayectoria cinematográfica de Stanley Kubrick
Le siguieron El beso del asesino (1955) y Atraco perfecto (1956). Aunque tuvieron escaso éxito, estas películas llamaron la atención de James B. Harris, con quien Stanley Kubrick montó una productora y empezó a dirigir sus primeros éxitos.
Su legado de trece películas le ha convertido en uno de los directores más influyentes de la historia del cine, ya que revolucionó desde cómo se entendía la ciencia ficción hasta el uso de la música y los efectos especiales.
| Película | Año | Rasgo destacado |
|---|---|---|
| Miedo y deseo | 1953 | Debut en el largometraje |
| El beso del asesino | 1955 | Thriller y boxeo |
| Atraco perfecto | 1956 | Thriller de atracos y ajedrez |
| Senderos de Gloria | 1957 | Drama antibelicista |
| Espartaco | 1960 | Superproducción histórica |
| Lolita | 1962 | Adaptación de Vladimir Nabokov |
| ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú | 1964 | Sátira de la Guerra Fría |
| 2001: una odisea del espacio | 1968 | Ciencia ficción y partida de HAL 9000 |
| La naranja mecánica | 1971 | Violencia y reeducación social |
| Barry Lyndon | 1975 | Recreación visual del siglo XVIII |
| El resplandor | 1980 | Terror y uso de la steadicam |
| La chaqueta metálica | 1987 | Guerra de Vietnam |
| Eyes Wide Shut | 1999 | Última película del director |
De Espartaco a ¿Teléfono rojo?
Para su siguiente película, Espartaco (1960), Kubrick volvió a contar con Douglas, quien interpreta al esclavo y gladiador romano que se rebeló contra las élites romanas. La película fue aclamada por la crítica, pero también se considera uno de los trabajos más anónimos de su director, que tuvo poco control sobre su producción.
Kirk Douglas, padre de Michael, había emprendido el proyecto de hacer una gran película épica. La moda de Hollywood en los 60, eran las superproducciones históricas, y Douglas como productor, quería sacar partido.
En principio sería Anthony Mann, director famoso por sus westerns, quien dirigiría la cinta, pero luego debido a las constantes peleas con Douglas, éste terminó ofreciéndole el proyecto a Kubrick. Spartacus es una película de grandiosidad épica, que lo hizo reconocido mundialmente por su maestría, no dejó nunca satisfecho al perfeccionista director.
La última película de su etapa clásica fue ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964), en la que trató la idiosincrasia de la Guerra Fría en tono satírico y que le valió su primera nominación a los Óscar a mejor director y mejor película.
Esta sátira sobre la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética se sirvió de la locura y el sentido del humor de Stanley Kubrick y la novela de Peter George en la que se basa para criticar el momento histórico en el que se enmarcaba.
La etapa de color y la consagración
Tras 2001, Stanley Kubrick dirigió La naranja mecánica (1971), adaptación de la novela de Anthony Burgess sobre las vivencias de un joven ultraviolento que da rienda suelta a sus instintos hasta que se somete a una experiencia de reeducación.
Junto con Lolita, es su película más controvertida y censurada. El nombre de Kubrick se asoció definitivamente a esta adaptación magistral de la novela de Anthony Burgess The Clockwork Orange.
El estilo psicodélico, la Novena Sinfonía de Beethoven adaptada por Walter Carlos, y Malcolm McDowell encarnando al antisocial Alex Lelarge, líder de los “drugos”, se convertirían en un hito y en un tabú para generaciones de La Naranja Mecánica.
Alex, un individuo violento y con fuertes impulsos de golpear y atacar sexualmente, va a ser sometido a un nuevo tratamiento. Se trata de Ludovico, un método que el gobierno ha decidido aplicar para reinsertar socialmente a los delincuentes y criminales, con la intención de descongestionar a la numerosa población reclusa.
Le siguieron Barry Lyndon (1975), sobre la vida de un joven irlandés en la Inglaterra del siglo XVIII, y El resplandor (1980), basada en la novela de Stephen King.
Stanley Kubrick siempre quiso hacer un biopic sobre Napoleón, pero el proyecto terminó por quedar en la nada. Habiéndose documentado sobre la época, el genial director decidió adaptar la obra homónima de William M. Thackeray.
La minuciosidad en el vestuario, la ambientación y la fotografía, llevaron al cineasta al extremo de conseguir unas lentes especiales de la NASA para grabar con escasa iluminación. Barry Lyndon es una obra maestra del cine que transporta al espectador al siglo XVIII y lo hace sentir como si estuviera viendo un film contemporáneo.
El resplandor, convertida en un clásico del cine de terror, fue de las primeras en usar la steadicam, que permitía grabar con más fluidez. Basada muy libremente en la novela de Stephen King, es un viaje a la locura del aislamiento y la historia colectiva escrita en sangre.
La guerra y la violencia como temas recurrentes
Con La chaqueta metálica (1987), Kubrick volvió a tratar el drama de la guerra, esta vez en Vietnam. Improvisar nunca era una opción para Kubrick hasta que se topó con Ronald Lee Ermey, el sargento retirado que interpreta al sargento de la película, y le dio rienda suelta para idear una de las broncas más famosas de la historia del cine.
Adaptación de la novela de Gustav Hasford, Kubrick siguió fiel al estilo que había venido marcando en sus producciones y criticó duramente la brutalidad del ejército estadounidense y la guerra de Vietnam.
El interés de Kubrick en la violencia gravitó sobre la condenación de la guerra -un tema recurrente en su trabajo, en películas como La patrulla infernal, Dr. Insólito y Full Metal Jacket- y la ultraviolencia de La naranja mecánica.
Pero también hay un tema recurrente de combate mano a mano. Espartaco y Barry Lyndon tienen escenas de peleas filmadas con el mismo ojo inventor que alguna vez siguiera los jabs y ganchos de Walter Cartier.
Kubrick y el boxeo: del fotoperiodismo al cine
El romance visual de Kubrick con la dulce ciencia comenzó cuando estaba trabajando en la revista Look a finales de los cuarenta. El joven fotógrafo -contratado recién salido de la preparatoria- fue enviado a seguir a un prospecto boxeador nacido en el Bronx llamado Walter Cartier, mientras se preparaba para sus próximas dos peleas.
Cartier ganó una de las peleas, pero fue Kubrick quien surgió a partir de la experiencia como un contendiente en su campo. El resultado de esa asignación fue publicado como «Prizefighter» («Peleador por dinero»), un ensayo fotográfico de ocho páginas en el tomo de enero de 1949 de la revista Look.
Mientras que Kubrick era adepto a capturar la acción en el ring, estaba igualmente interesado en el entrenamiento y la preparación que se anticipa a esos efímeros momentos del combate, y «Prizefighter» es un retrato que reflexiona sobre todos esos elementos filmados tanto con el minucioso ojo del periodista como con la curiosidad ilimitada del fanático.
La sección dedicada al «día de la pelea» es particularmente notable, con su yuxtaposición de desayuno familiar y pesajes, ir a la iglesia y hacerse exámenes de la vista. Es una sutil celebración del ritual previo a la pelea y la sicología, capturada por alguien que está casi tan intrigado por las horas previas al combate como por el combate mismo.

Day of the Fight y la construcción de la tensión
Kubrick le sacó provecho a esta fascinación con su debut como director, un cortometraje llamado Day of the Fight. Estrenado dos años después de su ensayo fotográfico, el cortometraje era esencialmente una nueva versión en vivo de «Prizefighter», y una vez más siguió a Cartier en las horas previas a su última pelea.
Pero hay una gran diferencia entre «Prizefighter» y Day of the Fight: la segunda es un acercamiento más profundo a la mentalidad del sujeto previo a la pelea.
Como Jon Dieringer describe en un artículo de Time sobre el filme: «Day of the Fight es un trabajo distintivamente cinematográfico; particularmente de destacarse es la habilidad de Kubrick para controlar el tiempo y agregar un elemento de suspenso al presentar la anticipación de Walter a la pelea, una característica faltante en ‘Prizefighter’».
La versión corta disponible como material de archivo, el que parece ser más comúnmente compartido entre los eruditos y fanáticos de Kubrick, se salta la introducción salaz y comienza con tomas de los posters de peleadores alrededor de la ciudad.
«Esta es la historia de una pelea y de un peleador», promete el narrador. «Walter Cartier. Hoy es la pelea. Esta noche a las diez en punto será uno de los momentos que justifiquen su difícil vida».
Kubrick filmó todo previo a la pelea por su cuenta. Para el encuentro, aunque enlistó a otros dos camarógrafos -uno al lado del ring y el otro en las gradas- para ayudar a capturar la acción.
El boxeo es un deporte inherentemente cinematográfico, pero Kubrick nunca regresó a simplemente filmar la pelea de frente y dejar a Cartier y a su oponente hacer todo el trabajo por él. Filmó desde un ángulo afuera de la lona, obligando a la audiencia a mirar a través de las cuerdas como niño cautivado con asientos de primera fila.
El beso del asesino: el boxeo convertido en lenguaje visual
Kubrick regresó al ring con El beso del asesino, su segundo largometraje y el primero que no odió en retrospectiva. El filme de cine negro de 1955 con una historia de secuestro comienza con su personaje principal, un peso wélter llamado David Gordon, preparado para su última pelea, pasando por muchos de los mismos movimientos y rituales que Cartier hizo en «Prizefighter» y Day of the Fight.
Kubrick también revisitó muchas de las mismas tomas y trucos que utilizó en su ensayo fotográfico y cortometraje y algunas mejoras. Documentar peleas reales puede darle al fotógrafo o cineasta una intensidad que la acción coreografiada nunca podría imitar en realidad, pero los encuentros planeados le ofrecen a los cineastas talentosos una plétora de tomas creativas que serían imposibles en un combate.
Como uno de los cineastas más talentosos de todos los tiempos, Kubrick ciertamente utilizó sus oportunidades cuando estaba realizando El beso del asesino, saltando al ring con los actores y llevando el trabajo único de Day of the Fight a otro nivel de creatividad e innovación.
Ver las escenas de box en El beso del asesino es como ver a Kubrick convertirse en un cineasta establecido. Hay muchas escenas maravillosas en el filme, pero la mayoría son bastante estáticas en naturaleza, como si están encuadradas y tomadas desde la vista del fotógrafo.
Cuando Kubrick y sus personajes se suben al ring, puedes, por primera vez, ver el floreciente resplandor de la visión del director en movimiento. El boxeo es como el monolito en 2001: el joven cineasta se tropieza con el deporte, interactúa con él, y luego de pronto tiene ganancias intelectuales y artísticas.
Davey Gordon es un boxeador de Nueva York que está abandonando su profesión, conoce a la bailarina Gloria Price y comienzan un romance. Sin embargo, su relación en ciernes se ve interrumpida por el violento jefe de Gloria, Vincent Rapallo, que tiene los ojos puestos en su empleada.
La influencia del boxeo en el resto de su obra
Kubrick se alejó del boxeo luego de El beso del asesino, pero la influencia de esos días es evidente en todo lo demás que realizó. En un exhaustivo artículo en su sitio, la escritora Juli Kearns hace un argumento impresionante sobre la manera en la que Day of the Fight predijo todo desde El resplandor hasta su último filme, Ojos bien cerrados.
También puedes ver la influencia del periodo de boxeo de Kubrick en el trabajo de otros directores prominentes. Vean Toro salvaje de Martin Scorsese, por ejemplo.
Luego regresé y vi los créditos iniciales de Toro salvaje, esa legendaria toma que genera anticipación de Robert De Niro como Jake LaMotta, haciendo sombra en la esquina. Además del ángulo de la toma -Kubrick hubiera movido la cámara hacia arriba- es totalmente al estilo de Day of the Fight.
Lo importante e innegable es que Scorsese evidentemente no pudo haber realizado Toro salvaje sin Kubrick.
El ajedrez, la violencia y la estructura del cine de Kubrick
La relación de Kubrick con el ajedrez, el boxeo y la guerra permite observar una misma preocupación desde distintos ángulos: la estrategia, el enfrentamiento y el control de la conducta humana.
En el ajedrez, cada movimiento modifica el tablero y obliga a prever respuestas. En el boxeo, cada golpe depende del ritmo, la distancia y la anticipación. En la guerra, las decisiones de los estrategas recaen sobre cuerpos concretos. Kubrick trasladó esas tensiones a películas sobre máquinas inteligentes, ejércitos, parejas, familias, criminales y sociedades sometidas a sistemas de control.
La muerte del director Stanley Kubrick en 1999 dejó al cine huérfano de uno de los grandes del arte de realizar películas. A lo largo del tiempo, pese a los avances de la técnica y la aparición de nuevos cineastas, el legado de Kubrick sigue tan vigente como hace 20 años.