Los chistes sobre la Segunda Guerra Mundial mezclan humor militar, sátira política, juegos de palabras y humor negro. Muchos se burlan de la incompetencia atribuida a determinados ejércitos, de los errores de los mandos, de la propaganda y de las situaciones absurdas que surgían en medio del conflicto.
Este tipo de humor no debe confundirse con una descripción objetiva de la capacidad militar de cada país: buena parte de estos chistes son estereotipos, bromas de barracón y relatos transmitidos de forma oral. Su valor está sobre todo en mostrar cómo los soldados y los civiles utilizaban la ironía para enfrentarse al miedo, la censura, la derrota y la incertidumbre.
Chistes militares sobre los ejércitos de la Segunda Guerra Mundial
Un soldado en medio del campo ve a lo lejos una formación de soldados. Están demasiado lejos para reconocer el color de su uniforme. ¿Cómo puede saber a qué Ejército pertenecen?
La solución es disparar un tiro en dirección a los desconocidos. Su respuesta te dejará bien clara su nacionalidad:
- Si te responden con una descarga de fusilería perfectamente coordinada, son británicos.
- Si la respuesta es una ráfaga de ametralladora, son alemanes.
- Si responden con una salva de artillería, son rusos.
- Si cargan a la bayoneta, son japoneses.
- Si se rinden, son italianos.
- Si no hacen nada, pero cinco minutos después cae sobre tu posición un ataque aéreo devastador, son estadounidenses.
La guerra vista desde el humor de los soldados
-¡Capitán, capitán! Se acerca un grupo de soldados por el este.
-Pero a ver, García. ¿Son amigos o enemigos?
-Yo creo que son amigos, mi capitán, porque vienen todos juntitos.
Los soldados alemanes en Normandía decían: «Si ves un avión plateado es americano. Si ves un avión verde es inglés. Si no ves nada es la Luftwaffe».
Después de varios incidentes de fuego «amigo», los soldados aliados decían: «Si llega la RAF, se esconden los alemanes. Si llega la Luftwaffe, nadie se esconde. Si llega la aviación americana, se esconden todos».
Chistes sobre la aviación y los bombardeos
Durante la guerra, la aviación se convirtió en uno de los principales motivos de temor, pero también en una fuente habitual de bromas entre los combatientes. La visibilidad de los aviones, la precisión de los bombardeos y los episodios de fuego amigo daban lugar a frases fáciles de recordar.
Los soldados alemanes en Normandía decían: «Si ves un avión plateado es americano. Si ves un avión verde es inglés. Si no ves nada es la Luftwaffe».
Después de varios incidentes de fuego «amigo», los soldados aliados decían: «Si llega la RAF, se esconden los alemanes. Si llega la Luftwaffe, nadie se esconde. Si llega la aviación americana, se esconden todos».
Los tripulantes de los bombarderos navales A3D «Skywarrior», como el avión no disponía de asientos eyectables y tenía una tripulación de tres miembros -piloto, copiloto y navegante, bombardero o artillero-, decían que A3D eran las iniciales de «All Three Dead» («Los tres, muertos»).
El chiste de Hitler y Göring en la torre de radio
Hitler y Himmler visitan una nueva torre de radio, muy alta, altísima, cuyas emisiones llegarán a toda Europa.
Hitler comenta:
-Me gustaría usar esta nueva torre de radio para dar una gran alegría al pueblo alemán.
Y Himmler le dice:
-Pues, salte.
Otra versión del mismo chiste presenta a Hitler y a Hermann Göring en la torre de radiodifusión de Berlín. Hitler dice que quiere darles una alegría a los berlineses, a lo que Göring le contesta: «¡Entonces, salta desde la torre!».
Este chiste, hoy manido y carente incluso de gracia, fue demasiado para un nacionalsocialista convencido como era el compañero de trabajo y amigo de Marianne.
El humor como delito durante el nazismo
Marianne Elise K. fue llevada ante el Tribunal del Pueblo acusada de derrotismo por bromear con la figura del Führer.
Dicen los expertos que las carcajadas alargan la vida y que aprender a reírse de uno mismo es bueno para la autoestima. Sin embargo, no debió pensar lo mismo Adolf Hitler cuando, a través de uno de sus bien conocidos Tribunales del Pueblo, condenó a muerte a una mujer alemana por contar un inocente chiste crítico con su figura.
Amante de la censura y poco amigo de las bromas, el Führer prefirió guillotinar a la «exaltadora» acusándola de derrotismo y, así, cortar el problema de raíz en plena Segunda Guerra Mundial.
Corría por entonces el año 1943, una época de decadencia para el nazismo en términos militares. Y es que, por un lado, el eterno aliado italiano de Hitler -Benito Mussolini- andaba a tiros con unos invitados poco deseados: los Aliados, quienes habían decidido entrar en la tierra de la pizza por mar a base de fusiles y granadas.
No iban mejor las cosas en el norte de África donde, después de años a cañonazos, el Afrikakorps había tenido que retirarse a tierras más seguras. Para terminar, la situación tampoco había mejorado para el Führer en el último gran frente de guerra: Rusia, un páramo congelado en el que los soldados alemanes tocaban a retirada con los soviéticos pisándoles la esvástica.
Con este panorama, ni todo el equipo de comunicación de Goebbels -el responsable de la propaganda nazi- valía para apaciguar a los alemanes, los cuales sentían cada vez más cerca la derrota del, hasta ahora, genio militar Adolf Hitler.
«A pesar de todas las jugadas maestras propagandísticas, el Gobierno alemán no podía ocultar que la guerra no iba precisamente viento en popa. […] La generación que había tomado parte en la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, comenzó a tener la sospecha de que Hitler se había excedido definitivamente con el ataque a la Unión Soviética».
La persecución de los chistes políticos
Bajo una tensión constante por la más que posible derrota del Reich y el final del nacionalsocialismo, Adolf Hitler dio entonces rienda suelta a su desconfianza y decidió cargar contra el enemigo «interior»; es decir, todo aquel que pusiera en duda la victoria del ejército nazi dentro del territorio alemán.
Así pues, si con las primeras victorias el clima era de absoluta tranquilidad -¿quién es capaz de poner mala cara ante un triunfo?-, las derrotas fueron provocando, poco a poco, la persecución de todo aquel que osara criticar o burlarse del Führer, de sus ideas o, si la situación lo requería, de su «perfecto» e incorruptible bigote.
Había comenzado, en definitiva, la radicalización interna del país.
La obsesión de Hitler por evitar a los críticos llegó hasta tal punto que ordenó a uno de sus subordinados favoritos, el sádico general Wilhelm Keitel -en cuyo currículum había ejecuciones masivas de prisioneros de guerra-, crear una ley que castigara a aquellos que osaran atacar a Alemania con la palabra.
Para ser más concretos, en la norma se podía leer lo siguiente: «Se aplicará la pena de muerte en caso de desmoralización de las fuerzas defensivas […] a aquel que exhorte o incite a rehusar el cumplimiento del deber de servicio en el ejército alemán o de uno de nuestros aliados o a quién intente públicamente paralizar o socavar la voluntad del pueblo alemán o de alguno de sus aliados».
Así pues, la temible Gestapo se puso manos a la obra y, a base de chivatazo por aquí y denuncia por allá, capturó y asesinó de todo tipo de formas a cualquiera que se atreviera a hablar en contra del nazismo.
Los primeros en ser atrapados fueron aquellos con la suficiente valentía como para contar un chiste sobre Hitler delante de un nutrido grupo de gente, un acto que podía parecer inocente pero que, al igual que otros tantos, podía ser castigado con un amplio abanico de métodos.
Éstos incluían desde la mera amonestación hasta la pena de muerte en los casos más extremos.
«La norma había sido formulada con bastante vaguedad intencionadamente […] La justicia hizo uso en abundancia de esa carta blanca para actuar con la más sangrienta arbitrariedad. Los jueces, por ejemplo, hicieron una interpretación creativa de la palabra “públicamente”. Incluso las observaciones críticas que se expresaban en el más estrecho círculo familiar fueron clasificadas por los tribunales como “sedición y desmoralización” […] Uno no podía sentirse seguro en ningún lugar».
El caso de Marianne Elise K.
Una de las personas que sufrió este tipo de persecuciones por parte del nazismo fue Marianne Elise K., una viuda de guerra alemana de ascendencia checa que trabajaba en una fábrica de armas.
La pesadilla de esta dibujante técnica residente en la región de Berlin-Mariendorf comenzó durante un día de trabajo normal. Tras varias horas dedicándose a su labor, cometió un error que cambió su vida: contó un inocente chiste relacionado con Hitler y Hermann Göring, el comandante de la «Luftwaffe», a uno de sus compañeros.
Este, por su parte, la acusó de derrotismo ante las autoridades locales.
«Un colega de la fábrica de armamento en la que trabajaba la denunció por haber contado el siguiente chiste: “Hitler y Göring están en la torre de radiodifusión de Berlín. Hitler dice que quiere darles una alegría a los berlineses. A lo que Göring le contesta: ¡Entonces, salta desde la torre!”».
Acusada de ser una antipatriota, su caso fue remitido al «Tribunal del Pueblo», conocido por los alemanes como el «Volksgerichtshof», una audiencia nazi que se encargaba de juzgar los delitos políticos y de derrotismo y que, para desgracia de Elise, también se vanagloriaba de ser uno de los más crueles y despiadados de la época.
Por si fuera poco, se informó a la mujer de que su juicio sería presidido por Roland Freisler, un excéntrico abogado que gozaba del favor de Hitler y que no parpadeaba a la hora de enviar a los reos a la muerte con independencia del delito que hubieran cometido.
Según la leyenda popular, era conocido por burlarse de los acusados durante los procesos judiciales, los cuales convertía en una pantomima por haber tomado su decisión antes de escuchar los alegatos.
Las cosas, en definitiva, pintaban mal para Elise K., quien tenía muchas posibilidades de acabar bajo tierra.
La condena por contar un chiste
Tras un juicio más parecido a una función de circo que a un verdadero proceso judicial, el 26 de junio de 1943, el «Tribunal del Pueblo» dictó la siguiente sentencia:
«La Sra. Marianne K., en su condición de viuda alemana de guerra, ha intentado socavar nuestra sólida moral de defensa y nuestro trabajo eficiente en aras de la victoria en una fábrica de armas haciendo uso de palabras malévolas contra el Führer y el pueblo alemán, expresando con ello el deseo de que perdamos la guerra. Por eso, y debido a que se ha comportado como una checa, aunque es alemana, se ha situado al margen de nuestra comunidad patriótica. Ha perdido el honor para siempre y por lo tanto es condenada a muerte».
Dicho y, para desgracia de una inocente, hecho. A los pocos días, Elise fue pasada por la guillotina.
De nada sirvió que su marido hubiera combatido y muerto por el Führer en la guerra a la hora de atenuar su condena, sino que, de hecho, fue un agravante.
¿La razón? El «Tribunal del Pueblo» consideró que había cometido un mal todavía mayor al manchar la memoria de su marido.
Sin duda, con esta condena Freisler hizo honor a lo que su predecesor le había escrito antes de abandonar el cargo: «En general, el juez del Tribunal del Pueblo se debe habituar a considerar que lo primordial son las ideas e intenciones del Gobierno y lo secundario el destino humano que está en sus manos».
La retirada alemana y el metro de Berlín
Hitler se instaló en el Führerbunker en Berlín el 16 de enero de 1945 desde Prusia Oriental.
Los berlineses hicieron correr el chiste de que este Cuartel General era mucho más práctico porque Hitler podría ir en metro del Frente del Este al Frente del Oeste.
Blitzkrieg y Sitzkrieg
Tras la invasión de Polonia, británicos y franceses declararon la guerra a Alemania, pero no atacaron ni pasó gran cosa durante semanas.
El periodista publicó: «Los alemanes hacen la Blitzkrieg. Los Aliados hacen la Sitzkrieg».
El juego de palabras contrapone la Blitzkrieg, o «guerra relámpago», con la Sitzkrieg, literalmente una «guerra sentada», para burlarse de la falta de acción aliada durante las primeras semanas del conflicto en el frente occidental.
También se definía al Estado Mayor como «chairborne soldiers».
Chistes sobre los tanques franceses
-¿Por qué los tanques franceses tienen cinco marchas atrás y solo una marcha hacia delante?
-Porque de alguna manera tendrán que huir cuando les atacan por la retaguardia.
Chistes sobre Italia y el ejército italiano
Una parte especialmente conocida del humor militar de la Segunda Guerra Mundial se construyó alrededor de estereotipos sobre el ejército italiano. Estas bromas presentan a Italia como un país poco dispuesto a combatir, más preocupado por retirarse o dispuesto a cambiar de bando cuando la situación se complica.
-¿Has visto el nuevo diseño de tanque italiano? Tiene cinco marchas para retroceder y una para avanzar.
-¿Y eso?
-Por si atacan por la retaguardia.
-Han vuelto a modificar el diseño del tanque italiano, solo han dejado una marcha.
-¿Y eso?
-Para impedir que salgan corriendo.
-¿Cómo es la bandera que usan los italianos?
-Cruz blanca sobre fondo blanco.
-¿Por qué los barcos de la nueva marina italiana tienen el fondo de cristal?
-Para no chocar con la Armada italiana.
-¿Por qué las tres piezas de la bandera italiana están unidas por dos velcros?
-Para estar preparados cuando empiecen los combates.
-¿Cuál es la estrategia de Italia para ganar las guerras?
-Cambiar de bando cuando las cosas se ponen feas.
-¿Por qué Italia nunca se apresura a alzarse con la victoria?
-Porque prefiere apresurarse a ayudar a quien la alcanza.
-¿Cuáles son los dos movimientos básicos en la instrucción militar italiana?
-Presentar armas e izar la bandera.
-Un soldado dice a su general: «Mi general, ¿una división italiana avanza sobre nosotros?».
-¿Y todavía no se han rendido?
-¿Cuál es el lema de los Marines?
-Semper fidelis.
-¿Cuál es el lema del ejército italiano?
-Para, déjalo caer y corre.
-¿Por qué no se pueden usar tarjetas de crédito en Italia?
-Porque desconocen el significado del verbo «cargar».
-¿Cómo anuncian la venta de una remesa de rifles italianos de segunda mano?
-Never been used, only dropped once.
-¿Quién disparó las tres balas en el cuerpo de Mussolini?
-Tres mil francotiradores italianos.
-¿Por qué los italianos no hacen la ola en los partidos de fútbol?
-Porque ese movimiento está reservado para el campo de batalla.
Rommel y los soldados italianos
Tropas italianas a Rommel durante el ataque a Tobruk, después de darse la vuelta y huir: «¡Mamma mia! ¡Esos no son ingleses, son australianos!».
Un soldado italiano le dice a Rommel: «General, ¿por qué no luchan ustedes los alemanes y nos dejan a nosotros el trabajo de construir las carreteras?».
Rommel le dice a su hijo: «Verdaderamente no se puede decir que sean buenos en la guerra. Pero no debemos juzgar a todos en este mundo solo por sus cualidades como soldados o la civilización no existiría».
Italia y el cambio de alianzas
Conversación entre un diplomático alemán y uno inglés meses antes de la Segunda Guerra Mundial:
-¿Se da usted cuenta de que si hay guerra Italia estará de nuestro lado?
-Por supuesto. Además, sería lo justo. La última vez nos tocó a nosotros.
Un general francés, antes de la Segunda Guerra Mundial, comunica a su Estado Mayor: «Si Italia permanece neutral necesitaré cinco divisiones para asegurar la frontera. Si se unen al Eje necesitaré diez divisiones para manejar la situación, pero si entran de aliados nuestros voy a necesitar al menos quince divisiones para socorrerlos».
Chistes sobre la marina y los buques de guerra
El humor negro de los militares también se centraba en las condiciones de servicio, la vulnerabilidad de los buques y las posibilidades de supervivencia de sus tripulaciones.
Los tripulantes de los buques de desembarco LST -Landing Ship, Tank, buque de desembarco de tanques- decían que LST significaba «Large, Slow Target» («Blanco Grande y Lento»).
Por su parte, los de los portaaviones de escolta tipo CVE -«CV» son las siglas de la US Navy para portaaviones, y la E por «Escolta»- decían que CVE significaba «Combustible. Vulnerable. Expendable», es decir, «Inflamable. Vulnerable. Prescindible».
No olvidemos a nuestro venerable submarino S-31 «Almirante García de los Reyes», que, al ser el único realmente operativo de la fuerza submarina, en vez de «El Treintayuno», se le llamaba «El Treintayúnico».
Del mismo modo que al acorazado «Pelayo», al ser el único de su tipo que tuvo la Armada durante muchos años, se le conocía como «El Solitario».
Y dos buques patrulleros de la posguerra, el «Proción» y el «Pegaso», se construyeron aprovechando las máquinas de un buque que se desguazaba, el «Kanguro».
Por eso, ambos patrulleros recibieron los motes de «Porción» y «Pedazo».
El chiste gallego de la Segunda Guerra Mundial
Antes, los ingleses decían «Good bye!». Ahora, dicen «¡Alá vai Hood!».
«Alá vai» en gallego significa «allá va» en castellano. Pero los gallegos lo usan mucho como exclamación al presenciar un accidente.
Por ejemplo, ante una botella que se cae y se estrella contra el suelo, o un coche que golpea al otro al aparcar, es muy probable que un gallego diga «¡Alá vai!».
La Gheada es una particularidad dialectal propia de las zonas rurales del oeste de Galicia, y consiste en pronunciar la G como J.
Es decir, un hablante de la Gheada pronunciará «Santiago» como «Santiajo» y «Galicia» como «Jalicia».
El remate «¡Alá vai Hood!» juega con la expresión gallega y el nombre del buque británico Hood.
Chistes de reclutas y disciplina militar
Este chiste se encuadra en el campo de entrenamiento de los reclutas, uno de ellos algo «graciosillo», de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana.
El sargento entra en el barracón y empieza a decir nombres:
Pedro Martínez, presente.
Romero Estévez, presente.
Clemente Bellotas.
Y responde: «¡Me tocas las pelotas!».
El sargento, enfurecido y rojo de rabia, se va a dar parte al teniente.
El superior le ordena al sargento, para evitar que la situación se repita, que nombre a los reclutas diciendo primero el apellido y luego el nombre.
Así, al día siguiente, el sargento vuelve a entrar en el barracón.
Martínez Pedro, presente.
Estévez Romero, presente.
Bellotas Clemente.
«¡Me las tocas igualmente!».
Al parecer, tras cumplir un castigo de quince días de prevención, el recluta graciosillo fue uno de los mejores pilotos de «Las Águilas Aztecas», al mando de un P-47D Thunderbolt, aunque la disciplina nunca fue su mejor característica.
Humor negro y chistes de guerra
Pese a lo crítica que pueda ser una situación, las personas siempre encontramos tiempo para crear un chiste y tomárnosla con humor.
Eso es exactamente lo que hicieron algunos alemanes durante los últimos meses del conflicto en los que todo estaba perdido para ellos.
El humor negro de los militares no eliminaba el peligro, pero podía ofrecer una forma breve de expresar miedo, cansancio, rabia o desprecio hacia los mandos.
Los chistes sobre la guerra suelen funcionar mediante una inversión: el ejército poderoso aparece como torpe, el general como un cobarde, el arma como un peligro para sus propios soldados y la propaganda como algo incapaz de ocultar la realidad.
Algunos chistes negros de ambiente bélico
Dos cazadores están en el bosque cuando uno de ellos se desmaya. Su compañero llama inmediatamente a emergencias.
-Mi amigo no respira -grita al teléfono-. ¿Qué debo hacer?
-Tranquilo -le dice el operador-. Puedo ayudarle. Primero, asegurémonos de que está muerto.
Se hace el silencio y luego suena un disparo.
El tipo vuelve a coger el teléfono y dice:
-Vale, ¿y ahora qué?
Quiero morir tranquilamente mientras duermo, como mi abuelo. No gritando, como los pasajeros de su autobús.
No necesitas un paracaídas para hacer paracaidismo. Necesitas un paracaídas para hacer paracaidismo dos veces.
«¿Recuerdas cuando eras joven y pensabas que tu padre era Superman? Y luego creces y te das cuenta de que solo es un borracho que lleva una capa».
«Si alguna vez viera que ahorcan a un amputado, me pondría a gritarle letras».
«La vida es una mierda, cuando la miras. La vida es una risa y la muerte es una broma, es verdad. Verás que todo es un espectáculo. Haz que se rían a tu paso. Tan solo recuerda que la última risa es a tu costa».
Por qué se contaban chistes durante la guerra
Los chistes de humor negro pueden ser una forma divertida de romper el hielo en reuniones con amigos, siempre y cuando se cuenten en el contexto adecuado.
Sin embargo, los chistes sobre la Segunda Guerra Mundial tienen además una dimensión histórica: algunos circularon entre soldados, otros entre civiles y otros fueron utilizados para ridiculizar a líderes políticos o a ejércitos enteros.
El humor podía servir para reforzar la camaradería, soportar la tensión y crear una distancia momentánea frente a la violencia.
En los regímenes totalitarios, además, contar un chiste político podía convertirse en una forma de desafío, aunque fuera una forma extremadamente arriesgada.
La persecución de Marianne Elise K. muestra hasta qué punto una dictadura puede considerar peligrosa una simple frase. El chiste no cambia el resultado de una batalla, pero puede cuestionar la imagen de autoridad que el poder intenta imponer.
Por eso, algunos chistes de la época deben leerse en dos niveles: como piezas cómicas y como testimonios de una sociedad sometida a la propaganda, la censura y el miedo.

Cómo interpretar estos chistes
Los chistes sobre británicos, alemanes, rusos, estadounidenses, japoneses, franceses e italianos recurren con frecuencia a caricaturas nacionales. No describen de manera equilibrada a los ejércitos ni sustituyen el estudio histórico del conflicto.
Su estructura suele ser breve y directa: una pregunta, una respuesta inesperada y un remate basado en una debilidad atribuida al grupo objeto de la broma.
Algunos se apoyan en hechos concretos, como la guerra relámpago, la inmovilidad del frente occidental, los bombardeos, la retirada alemana o la actividad del Tribunal del Pueblo.
Otros son bromas de barracón que podrían haberse contado en distintos conflictos y que solo incorporan uniformes, armas o nombres de la Segunda Guerra Mundial.
La diferencia entre ambos tipos es importante: los primeros ayudan a entender el clima de una época, mientras que los segundos pertenecen sobre todo a la tradición del humor militar.
También conviene tener en cuenta que los chistes sobre tragedias, muerte, dictaduras o grupos nacionales pueden resultar ofensivos. Los chistes de humor negro no son para todo el mundo, y el contexto determina en gran medida cómo se reciben.