Avance aliado en la Segunda Guerra Mundial: Normandía, las Ardenas y el camino a la victoria

Yo digo que, durante muchos años en el porvenir, no solo el pueblo de esta isla, sino de todo el mundo, donde el pájaro de la libertad cante en los corazones, contemplarán lo que hemos hecho y dirán: “No hay que desesperar ni someterse a la violencia y la tiranía”.

El 8 de mayo de 1945, los ciudadanos británicos salían vibrantes a las calles y aclamaban a su primer ministro, Winston Churchill, que, en un discurso épico y emotivo, recordaba los sufrimientos británicos durante los seis largos años de la guerra. Tras la batalla de Stalingrado, entre 1942 y 1943, las progresivas derrotas de las fuerzas de Eje acercaban cada vez más el esperado día triunfante.

Sin embargo, ese camino hacia la victoria dista mucho de concentrarse solo en uno de los acontecimientos bélicos más célebres de la historia contemporánea. Casi siempre en comunión con sus aliados estadounidenses, las fuerzas británicas se mostraron activas durante los últimos años de la contienda.

El Día D, el célebre Desembarco de Normandía, el éxito del asalto a la Francia ocupada, tuvo mucho de punto de inflexión psicológica. El cine ha trasladado la idea de que aquella fue una gesta estadounidense. Y lo fue. Pero no solo. También las tropas canadienses y británicas tuvieron un papel protagonista en las costas de Normandía el Día D. También su valentía inclinó la balanza.

Desembarco de Normandía en 1944

El 6 de junio de 1944, las tropas aliadas lanzaron una operación militar con el nombre clave de Operación Overlord. En ese día, las tropas estadounidenses, británicas y canadienses cruzaron el Canal de la Mancha y desembarcaron en las playas de Normandía, Francia.

La Operación Overlord se organizó bajo el mando del general estadounidense Dwight D. Eisenhower, Comandante Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada. Durante la operación, 133,000 tropas terrestres de los aliados desembarcaron en cinco playas que abarcaban aproximadamente unas 50 millas de la costa de Normandía. Las playas tenían los siguientes nombres clave (de oeste a este): Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword.

Las tropas estadounidenses desembarcaron en las playas Utah y Omaha, mientras las unidades británicas y canadienses asaltaban las playas Gold, Juno y Sword. Durante la noche anterior a los desembarcos anfibios, más de 23,000 paracaidistas estadounidenses, británicos y canadienses aterrizaron en Francia, detrás de las líneas de defensa alemanas, en paracaídas y planeadores.

Al principio, bajo el mando de los mariscales de campo Gerd von Rundstedt y Erwin Rommel, los alemanes mantuvieron la ventaja en las posiciones de batalla. El Séptimo Ejército alemán, con seis divisiones, incluida una división de tanques, estaba colocado para defender el noroeste de Francia contra cualquier fuerza invasora. Sin embargo, los aliados tenían una ventaja abrumadora en poderío naval y aéreo. Además, los aliados habían desplegado un exitoso plan de engaño para hacerles creer a los alemanes que el punto de ataque estaría más al noreste, en la costa cercana a Calais y la frontera belga.

‘Este es el Día D,’, anunció la BBC a las doce. ‘Este es el día’. La invasión ha comenzado... ¿Es este realmente el comienzo de la tan esperada liberación? ¿La liberación de la que tanto hemos hablado, que sigue pareciendo demasiado buena, demasiado parecida a un cuento de hadas como para volverse realidad? ¿Este año, 1944, nos llevará a la victoria? Aún no lo sabemos. Pero donde hay esperanza, hay vida.

Al anochecer del 6 de junio, más de 150,000 soldados aliados habían llegado por aire o por mar al suelo francés. Las tropas aliadas habían sufrido más de 10,000 bajas (militares muertos, heridos o desaparecidos), con 4,400 muertos confirmados. Las fuerzas británicas y canadienses sufrieron alrededor de 3,700 bajas y las fuerzas estadounidenses alrededor de 6,600.

Al principio, durante el Día D en sí, los aliados no lograron cumplir su objetivo planeado de enlazar las cabezas de playa o penetrar tierra adentro hasta una distancia de nueve millas. El 11 de junio, sin embargo, las tropas aliadas vencieron la resistencia alemana. Unieron las playas de la invasión para formar una gran cabeza de playa.

El éxito logístico sin precedentes que implicó Normandía supuso, como indica Ricardo Artola en La II Guerra Mundial. De Varsovia a Berlín, «la apertura de un segundo frente, tan solicitado por Stalin durante tiempo y tan temido por Hitler».

La intención de las fuerzas angloestadounidenses era avanzar hacia Alemania y superar la llamada línea Sigfrido, un sistema de defensa alemán, que se extendía por 630 kilómetros entre la ciudad de Cléveris, en la frontera con los Países Bajos y la ciudad de Weil am Rhein, en la frontera con Suiza. Más de 18.000 túneles, trampas y búnkeres se repartían por dicha línea de defensa.

Si bien los aliados avanzaban hacia Alemania, la resistencia alemana y los problemas de acceso a combustible y provisiones ralentizaron los progresos. En su avance imparable soldados estadounidenses se abren paso a través de la Línea Sigfrido o Muro del Oeste, penetrando en el interior del territorio alemán.

Mientras los aliados progresaban a gran velocidad desde Normandía, las esperanzas de terminar la guerra antes de la Navidad de 1944 aumentaban. Al rápido avance inicial se oponía la tenaz resistencia alemana que se iba endureciendo a medida que los atacantes se aproximaban a la frontera con Alemania y Hitler adoptaba una actitud más defensiva. La incapacidad de embolsar a los alemanes facilitó la retirada de tropas veteranas, posibilitando así futuros contraataques. Por otro lado, el efecto de los combates en Italia, Francia y especialmente el frente del Este se hacían sentir en Alemania y sus reservas humanas.

Operación Market Garden y el intento de abrir el Rin

El mariscal de campo británico Bernard Law Montgomery, al mando del XXI Grupo de Ejércitos británico, abogaba por poner en marcha la llamada Operación Cometa, que debía significar una acometida casi concluyente al territorio alemán y la superación de la línea Sigfrido. Iba a consistir en un asalto que llevarían a cabo unidades aerotransportadas con el apoyo de fuerzas de tierra. Para Montgomery, la operación sería el golpe definitivo que ayudaría a dar por terminada la guerra en Europa. Sin embargo, las vacilaciones del general estadounidense Ike Eisenhower impidieron que se llevara a cabo con la presteza que deseaba el mariscal británico.

En realidad, lo que se planteó fue una doble operación que combinaba las fuerzas aéreas con un posterior apoyo por tierra. Por un lado, la Operación Market buscaba que las fuerzas aerotransportadas estadounidenses y británicas ocupasen los principales puentes de Holanda, de manera que quedase libre el cruce del río Rin y, de este modo, las fuerzas aliadas tuviesen el paso franco hacia Alemania.

Casi 35.000 paracaidistas se lanzarían sobre los puntos estratégicos y, posteriormente, defenderían estos puentes hasta la llegada de las fuerzas terrestres, principalmente compuestas por el XXX Ejército Británico. La maniobra comenzó en la madrugada del día 17 de septiembre de 1944. La imagen era espectacular. Una enorme flota aérea de alrededor de 150 km de longitud volaba en busca del objetivo.

La meta estaba clara: poner las bases para atravesar el Rin, penetrar en Alemania y dar el golpe definitivo a la Alemania nazi. En un primer momento, todo salió según lo previsto. La mayor parte de los puentes se ocuparon sin demasiadas dificultades.

Sin embargo, algo falló. La 1º División Aerotransportada británica, comandada por el Mayor General Robert E. Urquhart, era la encargada de llegar al punto clave de la operación: la ciudad y los puentes de Arnhem, sobre todo el que definía el punto de entrada en Alemania. Pero la comunicación por radio se convirtió en algo imposible, lo que imposibilitó la conexión con los bombarderos británicos, que debían ayudar en el control de la zona.

La resistencia alemana tuvo tiempo de frenar la ofensiva británica e impedir que se aproximaran al objetivo de Arnhem. Las acometidas británicas fueron detenidas por las fuerzas alemanas, que lograron avanzar en la recuperación del terreno perdido. Tras unos días infernales, el 25 de septiembre Urquhart recibió la orden de retirada. La carnicería fue espantosa. En apenas unos días, de los 10.000 hombres que formaban parte de la 1ª División Aerotransportada tan solo unos 2.000 regresaron con vida.

Años después, en sus Memorias, Montgomery asumía parte de la culpa, pero apuntaba otras razones para el fracaso: «si la Operación hubiera sido respaldada desde su concepción y provista con las aeronaves, fuerzas terrestres y recursos necesarios, habría tenido éxito, a pesar de mis errores, del clima adverso o de la presencia de las Waffen SS en Arnhem», señaló.

Las Ardenas: la última gran ofensiva alemana en el oeste

Pese al fracaso de la Operación Market Garden, el frente occidental continuaba siendo una amenaza para Alemania, que veía cómo los aliados estaban en disposición de aplastar sus núcleos de resistencia al este y al oeste. El punto de mira se puso en las Árdenas, una región compartida por Bélgica y Luxemburgo.

El ejército del Führer consideró concentrar por detrás de la línea Sigfrido un total de 45 divisiones, al tiempo que infiltraba varios comandos entre las tropas aliadas. Alrededor de 200.000 soldados, 3.000 aviones y 2.500 tanques iban a ser los encargados de llevar el caos a las fuerzas estadounidenses y británicas y hacerles sufrir una derrota que los llevase a negociar un armisticio. El sigilo y la sorpresa eran esenciales para el éxito alemán.

Los movimientos percibidos por los aliados en los días anteriores fueron valorados como simples acciones dirigidas a prepararse para la defensa de Alemania. Nada más lejos de la realidad. El desconcierto fue máximo cuando, alrededor de las 05:30 h del 16 de diciembre, se produjo el impetuoso ataque del ejército del Tercer Reich en la región boscosa de las Árdenas, en un frente que se prolongaba en un entorno de unos 140 kilómetros.

Pero el clima también desempeña un papel crucial en la guerra. Un soldado alemán muerto y cubierto de nieve en el camino hacia la ciudad de La Roche durante la Batalla de las Ardenas.

La feroz resistencia estadounidense en Bastoña, ubicada en la actual Bélgica, fue clave para impedir que las fuerzas nazis alcanzaran sus objetivos y las obligaron a frenar su progreso. Otro punto a favor de los aliados fue la mejora del clima, que permitió que los bombardeos aliados mermaran las fuerzas atacantes, al tiempo que proveían de suministros a su ejército de tierra.

Las tropas comandadas por el mítico general Patton consiguieron romper el cerco a Bastoña el día 26 de diciembre. Mientras, en los primeros días de la batalla, Bernard Montgomery había conseguido reunir sus tropas en torno a los puentes clave que cruzaban el estratégico río Mosa para evitar su toma por los nazis.

Una vez frenada la ofensiva alemana llegaba el momento de contraatacar. Las fuerzas de Patton, por el sur, y las de Montgomery, por el norte, provocaron el retroceso rápido de los alemanes. Hitler ordenaría la retirada el 7 de enero.

Tradicionalmente, las Árdenas ha sido considerada una victoria estadounidense, si bien, como hemos visto, también participaron fuerzas británicas. La batalla de las Árdenas supuso un golpe militar y, sobre todo, moral para Hitler. No cabía tomar la iniciativa para recuperar terrenos perdidos.

Del avance aliado al colapso del Tercer Reich

Mientras, en el frente oriental, las fuerzas soviéticas avanzaban con celeridad. Aún quedaban meses de guerra, de enconada resistencia alemana y, por supuesto, de muerte. Pero, tras las Árdenas, la victoria aliada parecía un poco más cerca.

Hasta tal punto lo estaba que apenas un mes después, del 4 al 11 de febrero de 1945, se iba a celebrar la Conferencia de Yalta. De izda. a dcha., Churchill, Roosevelt y Stalin en el antiguo palacio imperial de Livadia durante la Conferencia de Yalta, celebrada entre el 4 y el 11 de febrero de 1945.

Conferencia de Yalta Churchill Roosevelt Stalin

Top Photo: From left to right: Joseph Stalin, Franklin D. Roosevelt, and Winston Churchill on the portico of the Soviet Embassy during the Tehran Conference. November 28, 1943. Signal Corps photo.

World War II was the most destructive conflict in human history and claimed the lives of millions of people all over the world. It was a complicated war that included entire countries being occupied, shifting alliances, and the redrawing of national borders. Answering the question of which side a country was on in the war can be surprisingly complicated and often depends on the period. This article provides an overview of the countries on the Allied side of the war, some of the key leaders, and the major events that shaped the political landscape of the war.

Unlike the Axis, the Allies were not united by a treaty before the war. France and the United Kingdom-two of the Allies from World War I-declared war on Germany after the invasion of Poland in 1939. In spring and summer 1940, Germany invaded and defeated Belgium, the Netherlands, and France. Some members of their governments, including the French General Charles de Gaulle, fled abroad and declared themselves to be governments-in-exile, refusing to surrender and leading resistance movements against Nazi occupation from the outside.

With the defeat of France in June 1940, virtually all of Western Europe fell under Nazi occupation. Britain was left to fight Germany with the support of its overseas empire including Canada, Australia, New Zealand, South Africa, and India. But the empire was far-flung across the globe, and Britain was reliant on shipping to provide needed supplies and men. German U-boats inflicted heavy losses on British ships and, in fall 1940, German bombers began attacking London in what became known as the Blitz.

In June 1941, Germany invaded the Soviet Union in violation of the Nazi-Soviet Pact, a 1939 non-aggression agreement that called for a period of extended peace between the countries and lay the groundwork for the division of Poland later that year. Despite the obvious ideological animosity between the anticommunist Hitler and the leader of the Soviet Union, Joseph Stalin, the leaders struck a deal that appeared to be in both of their short-term interests. Now this betrayal by Hitler brought Stalin into the war on the British side.

The United States was still neutral but provided critical military equipment to both Britain and the Soviet Union through the Lend-Lease program. President Franklin D. Roosevelt conducted secret diplomacy with British Prime Minister Winston Churchill during this period and began to prepare the United States for possible entry into the war. However, American public opinion was still firmly against entering the conflict.

In August 1941, Roosevelt and Churchill met secretly and issued a statement of postwar goals known as the Atlantic Charter, but this was not a formal alliance.

On December 7, 1941, Japan attacked the United States at Pearl Harbor. The United States responded by declaring war against Japan but not the other Axis powers. However, both Germany and Italy declared war against the United States on December 11, bringing America into conflict with all three Axis powers; the United States was now in a global war.

Bulgaria, Hungary, and Romania declared war on America shortly after, but the United States did not declare war in return until June 1942.

In December 1941, Churchill traveled to meet with Roosevelt personally in Washington, DC, and on January 1, 1942, they proclaimed the formation of the United Nations against the Axis powers. There were 26 original signers including the United States, the United Kingdom, the Soviet Union, and China; British dominions including Australia, Canada, India, and South Africa; numerous countries in South and Central Latin America; and various European governments-in-exile that had fled German occupation. Another 21 countries, including France, would join the United Nations before the end of the war.

The leaders of the United States, the United Kingdom, and the USSR-Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill, and Joseph Stalin-were often referred to as the “Big Three” as a reflection of their overall leadership.

The term “Allies” can be applied to any country that fought as part of the United Nations during the war, including the United States, the United Kingdom, the Soviet Union, and China. Countries occupied by the Germans during the war including Poland, Norway, the Netherlands, France, and Belgium (and their respective empires) were aligned with the Allies when their governments-in-exile signed the United Nations Declaration or joined the alliance after liberation.

Outcomes from World War II

All the Axis powers were defeated in the course of World War II and left the conflict at different times. Mussolini was deposed following the invasion of Sicily in 1943, and Italy formally changed sides and joined the Allies later that year, though Rome would not be liberated until June 1944. Hitler initially propped up Mussolini as the head of a German puppet state in the north of Italy, but the Allied advance continued and in 1945 the former Italian dictator was captured and killed by partisans. Facing a Soviet onslaught in the East, Hungary, Romania, and Bulgaria each attempted to exit the war or join the Allies in 1944 as the Red Army approached and eventually occupied them.

Soviet forces entered Berlin in April 1945, prompting Hitler to commit suicide. Germany formally surrendered to the Allies on May 8, 1945, ending the war in Europe. Japan surrendered in August 1945 following the atomic bombings of Hiroshima and Nagasaki, marking the end of the Axis and the war itself. The postwar world would be shaped by the victorious Allies.

La coalición aliada y sus principales miembros

Los Aliados fueron el conjunto de países opuestos política y militarmente a las Potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Más concretamente se suele referir con este término a la coalición militar liderada a partir de 1941 por el Reino Unido, la Unión Soviética, los Estados Unidos, y China (denominados con el término de «Cuatro Policías») contra las Potencias del Eje; la Alemania nazi, el Imperio del Japón y la Italia fascista (hasta su derogación en 1943).

Al comenzar la guerra el 1 de septiembre de 1939 tras la invasión a Polonia, la coalición enfrentada a Alemania consistía en la República Francesa, Polonia y el Reino Unido, al cual se unieron poco después algunos dominios del Imperio británico y el resto del Imperio (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, el Dominio de Terranova y la Unión Sudafricana), el Raj británico y el Reino de Nepal.

En 1940, se unieron la Francia Libre, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Luxemburgo, los Países Bajos, el Reino de Grecia y el Reino de Yugoslavia. En junio de 1941, la llamada Operación Barbarroja propició que la URSS se uniera a los Aliados. Estados Unidos, que ya había apoyado a los aliados en los primeros años de la guerra, se unió activamente en diciembre de 1941, tras el ataque japonés a Pearl Harbor, que además propició la incorporación de otros países, incluidos algunos del continente americano como México y Brasil.

En el frente asiático, la República de China ya se encontraba en plena guerra sino-japonesa, la cual se convertiría en el frente asiático de la Segunda Guerra Mundial.

Durante la década de 1920 el gobierno del Kuomintang fue asistido por la Unión Soviética, la cual ayudó a reorganizar el partido junto al modelo leninista de la unificación del partido, Estado y ejército. Sin embargo, tras la unificación de China, el generalísimo Chiang Kai-Shek purgó a los izquierdistas de su partido y rehusó aliarse con el Partido Comunista de China para luchar contra los nipones; en su lugar, optó por luchar con ambos a la vez.

Siguió siendo así aún después del incidente de Mukden y el régimen títere de Manchukuo establecido por las tropas japonesas en 1931. Las campañas anticomunistas de Chiang continuaron mientras luchaba en conflictos pequeños e incesantes contra Japón a lo largo de los años 1930.

En los primeros años de la década de 1930, Alemania y la República de China se hicieron socios muy cercanos en las áreas del intercambio industrial y militar. La Alemania nazi proveyó la más grande proporción de importaciones de armas y pericia técnica chinas.

Después del incidente del Puente de Marco Polo del 7 de julio de 1937, China y Japón se enfrascaron en una guerra a gran escala que duró hasta 1945. En un principio, Alemania no denunció los crímenes de guerra en China, tales como la masacre de Nankín de 1937. No obstante, Alemania reconoció también que Japón era más capaz de luchar contra la Unión Soviética, y la cooperación con China se rompió en mayo de 1938.

A pesar de que China había estado luchando más tiempo que cualquiera de las fuerzas aliadas, sólo se unió a los Aliados, de manera oficial, después del ataque a Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941. Chiang Kai-shek sintió que la victoria aliada estaba asegurada con la entrada de los Estados Unidos en la guerra y declaró la guerra a Alemania y a las otras naciones de las Potencias del Eje. Sin embargo, la ayuda aliada permaneció baja mientras se cerraba el camino a Birmania y sufrieron una serie de derrotas militares contra Japón en el comienzo de la campaña. El grueso de ayuda militar no llegaría hasta la primavera de 1945.

El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia. El Reino Unido y Francia le dieron dos días a Alemania para retirarse de Polonia. Una vez que pasó la fecha límite, el 3 de septiembre, el Reino Unido, Australia, y Nueva Zelanda le declararon la guerra a Alemania, seguidos rápidamente por Francia, Sudáfrica y Canadá.

En la madrugada del 1 de septiembre de 1939, sin previa declaración de guerra, invadió Polonia desde varios puntos del oeste del país. El 17 de septiembre, la Unión Soviética, siguiendo su acuerdo secreto con Alemania, invadió Polonia desde el este, convirtiendo las defensas polacas en un caos mediante la apertura de un segundo frente. Alemania y Unión Soviética ocuparon todo el territorio polaco en tan solo 36 días.

El Reino Unido fue el principal enemigo de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Luego de la invasión nazi a Polonia, el 1 de septiembre de 1939, los británicos (junto con los franceses), fueron los primeros en declararle la guerra a Hitler el día 3. Posteriormente, Mussolini, el aliado de Hitler, le declaró la guerra a los británicos.

Tan pronto como Winston Churchill llegó al poder, el Reino Unido se convertiría en una amenaza para Alemania. A causa de esto, los alemanes mantuvieron una cruenta guerra aérea, a consecuencia de esto Reino Unido inicia una campaña de bombardeo sistemático a las zonas industriales y principalmente a la población civil alemana.

Al igual que Reino Unido, Francia declaró la guerra a Alemania después de la invasión a Polonia, luchando contra los alemanes e italianos entre 1939 y los inicios de 1940. Sin embargo, después de la batalla de Francia, los alemanes invadieron y dominaron la nación, convirtiéndola en un aliado obligado, y aunque en el sur del país se estableció un gobierno autónomo conocido como Francia de Vichy, los nazis no permitieron alianza entre este y los británicos.

El 23 de agosto de 1939, la Alemania nazi y la Unión Soviética firmaron el Pacto Ribbentrop-Mólotov, por el cual se repartía a Polonia en dos partes: una para cada quien.

El 30 de noviembre de 1939, la Unión Soviética invadió Finlandia, pero los finlandeses lograron frenar el avance, aunque tuvo que cederle territorios a la Unión Soviética.

En octubre y noviembre de 1940, la Alemania nazi y la URSS mantuvieron unas negociaciones para la incorporación de esta última en el Eje, que no prosperaron al no ponerse de acuerdo las partes sobre las condiciones de dicha incorporación.

Finalmente, el 22 de junio de 1941, Alemania y sus sus aliados invadieron la Unión Soviética, iniciando lo que allí se vino a llamar la Gran Guerra Patria. Desde entonces, los alemanes debieron luchar ahora en un enorme Frente oriental contra la Unión Soviética y debieron a su vez asumir la penosa carga de las innumerables bajas por los combates en dicha nación. Entre los alemanes y soviéticos se vivieron las batallas más crueles y sangrientas de toda la Segunda Guerra Mundial y la historia humana, devastando ciudades y asesinando a millones de personas.

Estados Unidos apoyaba a los aliados, aunque no entró en guerra hasta diciembre de 1941, cuando el Imperio del Japón (aliado de los alemanes e italianos) atacó la base de Pearl Harbor en Hawái, los estadounidenses entraron inmediatamente en guerra junto a los Aliados y ayudó en los combates a los británicos. La entrada de los Estados Unidos a la guerra fue muy decisiva, pues este país no estaba desgastado como los demás países beligerantes y se encargaría de ayudar al Reino Unido y la Unión Soviética en su lucha contra Alemania, además de batallar también contra el Reino de Italia.

El generalísimo Chiang Kai-shek, el presidente Franklin D. Iósif Stalin, Franklin D.

El 1 de septiembre de 1939, la invasión de Alemania a Polonia dio inicio la Segunda Guerra Mundial. Alemania inició la operación, mientras Reino Unido, Francia, Australia y Nueva Zelanda le declararon la guerra a Alemania el 3 de ese mismo mes. Nepal, Terranova, Tonga, Unión Sudafricana y Canadá se unieron en los días posteriores, debido a la unión de la isla británica al conflicto bélico junto al Principado de Andorra.

El 17 de septiembre, la URSS invadió Polonia desde el este y el 30 de noviembre, los soviéticos atacaron Finlandia. Al año siguiente, la URSS se anexó los estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) junto con partes del Reino de Rumanía. Los Estados Unidos se unieron a los Aliados tras el ataque a Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941.

Hay constancia de la existencia de, al menos, cuatro unidades militares en el ejército francés y en el británico en las que la presencia de republicanos españoles era mayoritaria.

México envió a cientos de soldados del Escuadrón 201 al Pacífico para observaciones, bombardeos y ametrallamiento de posiciones japonesas, vehículos en convoy y emplazamientos de artillería en Filipinas y Formosa. El país en un inicio tuvo una postura neutral respecto al conflicto, pero tras el hundimientos del barco petrolero Potrero del Llano en mayo de 1942, el gobierno haría una declaración de guerra a los países del Eje.

Brasil envió una fuerza expedicionaria (FEB) a combatir. Entre julio y agosto de 1942, submarinos alemanes hundieron 18 barcos brasileños y hasta el final de la guerra se llegó a 36 buques hundidos y alrededor de 1 100 muertos.

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