El casco americano de la Primera Guerra Mundial surgió como respuesta a las nuevas condiciones del combate de trincheras, en el que la cabeza del soldado quedaba expuesta al fuego de ametralladoras, rifles, metralla y otros peligros del frente.
Cuando Estados Unidos entró en el conflicto, sus fuerzas todavía necesitaban tiempo para organizarse, equiparse y formar unidades propias. Hasta estar en condiciones de crear unidades propias, las tropas norteamericanas recibieron apoyo, experiencia y materiales procedentes de los ejércitos aliados.
La entrada de Estados Unidos en la guerra
El acontecimiento del “Lusitania” tuvo una importancia decisiva en la evolución de la opinión pública estadounidense. El imponente vapor de la Línea Cunard (30.395 Tm. arrastrando 1.198 pasajeros y tripulantes) fue torpedeado, y el torpedeamiento del “Lusitania” provocó una fuerte reacción internacional.
Estados Unidos protestó enérgicamente ante Alemania. La pérdida de los pasajeros y la evolución de la guerra contribuyeron a reforzar la idea de que el país no tenía otra alternativa que tomar las armas.
El general John J. Pershing llegó a tierra francesa en noviembre. Bajo el mando del general Pershing se organizaron las fuerzas estadounidenses que formarían la American Expeditionary Forces (A.E.F.).
Las fuerzas norteamericanas pasaron de los 212.000 hombres en abril de 1917, a 1.430.000. Esta movilización exigió una industria militar en constante desarrollo, que estaba alcanzando unas cifras muy considerables.
El reclutamiento afectó a los hombres de 21 a 31 años. También se organizaron unidades de “negros” que eran mandadas por oficiales blancos.
| Aspecto | Información |
|---|---|
| Fuerza expedicionaria | American Expeditionary Forces (A.E.F.) |
| Mando | General John J. Pershing |
| Hombres en abril de 1917 | 212.000 |
| Fuerza alcanzada | 1.430.000 |
| Reclutamiento | Hombres de 21 a 31 años |

La necesidad de un casco propio
Los resultados se hicieron esperar. Estados Unidos todavía no contaba con un casco de acero plenamente desarrollado y adaptado a las exigencias del frente moderno.
Las tropas norteamericanas en marcha hacia el frente utilizaron inicialmente soluciones inspiradas en los modelos aliados, sobre todo en el casco británico. El casco americano de la Primera Guerra Mundial era idéntico salvo muy pequeñas diferencias al MK-I inglés.
El modelo estadounidense conservó las características básicas del casco británico: una forma sencilla, una protección amplia para la parte superior de la cabeza y una silueta preparada para la producción masiva.
El casco tenía un zuncho de acero, con una serie de cortes. La guarnición encerada y la red de algodón formaban parte del sistema interior.
La guarnición se ajusta mediante una cinta que la recorre. El conjunto debía ofrecer una combinación razonable de protección, practicidad y comodidad para el soldado.
El barboquejo utilizaba una hebilla de bucle. Esta solución permitía sujetar el casco durante los desplazamientos, en las nuevas posiciones y en las situaciones apuradas para los aliados.
El casco M1917 y sus características
El casco M1917 fue el principal casco estadounidense empleado durante la Primera Guerra Mundial. Su diseño derivaba directamente del casco británico MK-I, que había demostrado ser una solución práctica para el combate de trincheras.
El modelo estadounidense mantuvo la estructura general del casco británico, con diferencias reducidas y relacionadas principalmente con la fabricación, los materiales y algunos elementos interiores.
Los materiales más sencillos, así como su barboquejo de tejido, permitieron fabricar el casco en grandes cantidades. En algunas variantes se emplearon materiales de inferior calidad, magnética.
La producción y el suministro de cascos formaban parte de los preparativos para proseguir su envío masivo hacia los campos de batalla de Francia.
Las unidades estadounidenses necesitaban equiparse y desplazarse hacia allí con mayor rapidez, especialmente cuando los franceses estaban abandonando el frente y las nuevas posiciones requerían refuerzos.
Organización y presencia de las tropas estadounidenses
La llegada de las fuerzas estadounidenses provocó simpatías hacia los recién llegados. El volumen de tropas y la capacidad industrial del país representaban una ayuda enorme y nunca conocida hasta el momento.
Los soldados estadounidenses fueron enviados al frente Oeste, donde participaron en las operaciones aliadas y contribuyeron a aliviar situaciones apuradas para los aliados.
Los alemanes apodaron a los norteamericanos Dogs, “perros del diablo”, por parte del enemigo. La denominación reflejaba la impresión causada por la llegada de tropas frescas, mejor abastecidas y en constante aumento.
Entre las unidades norteamericanas se encontraba la apodada Lincoln o División de Railsplitters.
También participaron capellanes y, dentro de la A.F.S., miembros de la A.A.F.S. (American Ambulance Field Service). La presencia estadounidense incluyó asimismo a negros estadounidenses en Francia, en mayo de 1918.
Algunas unidades emplearon material capturado. Existen referencias a norteamericanos con lanzallamas capturados a los alemanes.
El fuego y su regreso a Estados Unidos forman parte de la experiencia de numerosas unidades que, después de combatir en Europa, volvieron al país.
El casco americano frente a otros modelos
La comparación con otros cascos de la Primera Guerra Mundial permite comprender mejor las decisiones técnicas adoptadas por Estados Unidos.
El casco británico MK-I
El casco americano era idéntico salvo muy pequeñas diferencias al MK-I inglés. La influencia británica fue fundamental porque Estados Unidos necesitaba equipar rápidamente a sus fuerzas antes de disponer de un modelo completamente propio.
El diseño británico ofrecía una solución relativamente sencilla y adecuada para la fabricación industrial. Su estructura podía adaptarse a la producción estadounidense sin introducir modificaciones radicales.
El casco francés M15 Adrian
Este casco fue diseñado a partir del modelo M15 Adrian, primer casco estándar del Ejército francés.
Además de añadir esta protección visual, creó una serie de aleaciones metálicas diferentes, ya que consideraba que el “Adrian” tenía una fabricación muy deficiente en términos de su calidad ante el impacto y la perforación de una bayoneta.
Los cascos alemanes del frente
Los cascos alemanes del frente representaban otro punto de referencia para el desarrollo de protecciones individuales. La experiencia alemana con armaduras y cascos de trinchera influyó en los estudios estadounidenses.
Los alemanes introdujeron el “Grabenpanzer” (armadura de trinchera) en 1916. Era un peto hecho de acero blindado conectado en la parte inferior con placas posteriores como una cola de langosta.
El Grabenpanzer fue usado principalmente por unidades de primera línea, reconocimiento y francotiradores, y, posteriormente, fue relegado a unidades de ametralladora o centinelas por dificultar la movilidad.
Existían dos modelos diferentes, el primer modelo es simple, el segundo tiene dos ganchos y un soporte para el rifle.
El peto está conectado con dos placas de hombro, con tres remaches cada una. Las dos placas intermedias y la placa inferior están aseguradas por dos correas.
El desarrollo de cascos experimentales estadounidenses
Durante el conflicto, Dean fue comisionado como Mayor de artillería y se le encargó elaborar cascos protectores y armaduras para las tropas estadounidenses.
Fabricó 15 modelos de cascos. Sus propuestas buscaban resolver problemas específicos que el M1917 no podía solucionar por completo.
Los diseños experimentales se orientaron a mejorar la protección del rostro, la resistencia frente a impactos y la utilidad del casco en ataques frontales, cargas a bayoneta, tripulaciones de carros de combate y servicios especiales.

El casco americano modelo número 7
Casco Americano Modelo No. 7, Casco de Centinela 1918 (foto: MET Museum).
Dean diseñó este casco para su uso en ataques frontales y cargas a bayoneta, tratando de proteger la cabeza del soldado del fuego de ametralladoras y rifles de corto alcance en esa primera línea de fuego.
El modelo estaba destinado a situaciones en las que el soldado debía avanzar directamente contra posiciones enemigas, exponiéndose a disparos desde distancias reducidas.
El casco pretendía proporcionar una protección superior a la de los modelos estándar, aunque los requisitos de protección debían equilibrarse con la movilidad, la visibilidad y la comodidad.
El casco americano modelo número 8
Este casco, como el anterior, fue diseñado por Bashford Dean entre 1917 y 1918.
Tiene una visera elevable para proporcionar la máxima protección al rostro y al mismo tiempo permitir una buena visibilidad.
El interior está acolchado con cuero y lana. El sistema interior buscaba mejorar el contacto del casco con la cabeza y hacerlo más tolerable durante el uso prolongado.
Fue diseñado como un posible reemplazo del casco “M1917” de las Fuerzas Expedicionarias Estadounidenses.
Aproximadamente 1.300 de estos cascos se fabricaron en 1918.
Muy pocos Modelo 8 sobrevivieron a las pruebas de campo, y este es un ejemplo extremadamente raro prácticamente intacto.
El Modelo No. 8 constituye una de las piezas más singulares del desarrollo estadounidense de cascos durante la guerra, tanto por su visera como por el acolchado interior y su planteamiento de protección facial.
El papel de Bashford Dean
Armadura y casco experimentales desarrollados por el Departamento de Artillería del Ejército de los Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, estando Bashford Dean al mando.
Se puede observar que uno de los cascos es el Modelo No. 8.
Dean desarrolló numerosos modelos porque la guerra exigía soluciones diferentes para soldados sometidos a funciones y niveles de exposición distintos.
Sus trabajos muestran que el M1917 no fue el único camino estudiado por el Ejército de los Estados Unidos. Paralelamente al casco de fabricación masiva, se ensayaron diseños más especializados.
El casco experimental de Aron Polack
Esta es una versión experimental del casco diseñado por Aron Polack, del modelo 1918 y destinado a tripulaciones de carros de combate.
Polack, o Pollack, estaba destinado en la “Dirección para invenciones y estudios experimentales técnicos”.
En ella era responsable de los estudios y las invenciones del Servicio de Salud, Servicio veterinario, de la Intendencia, de la Caballería, y otros estudios diversos.
Por esta razón desarrolló diferentes tipos de casco adaptados a todo tipo de necesidades.
El casco destinado a las tripulaciones de carros de combate debía responder a condiciones diferentes de las experimentadas por la infantería: espacio reducido, golpes contra el interior del vehículo, visibilidad limitada y necesidad de mantener la cabeza protegida durante el movimiento.
Armaduras y protecciones corporales experimentales
El desarrollo de cascos formaba parte de un programa más amplio de protección individual. Durante la Primera Guerra Mundial también se probaron armaduras destinadas a proteger el torso y otras partes del cuerpo.
La Brewster Body Shield
Con un diseño bastante extravagante, la “Brewster Body Shield” era una armadura de cromo-níquel de 18 kilogramos que convertía al soldado en un personaje de aspecto bastante fantástico.
A pesar de su gran resistencia y ser casi antibalas, usar esta cosa limitaba prácticamente cualquier movimiento, excepto caminar.
El problema principal de esta armadura era el compromiso entre protección y movilidad. Una protección muy pesada podía resistir impactos, pero dificultaba avanzar, agacharse, arrastrarse, saltar o reaccionar con rapidez.
Las armaduras italianas Farina
Los italianos, durante aquella guerra, se equiparon con la armadura “Farina” que pesaba entre 9-10 kg.
Fue asignada a la fuerza especial de élite del ejército italiano, los Arditi, consideradas las primeras tropas de choque modernas.
El soldado podía saltar, gatear y agacharse con ella.
Usaban hachas, cuchillos y cizallas para cortar las alambradas.
Arditis efectuando acciones de sabotaje.
Ya que hemos mencionado la armadura, no podemos dejar de lado al “casco Farina”, complemento original de la armadura antes citada.
En octubre de 1915 fue adoptado por los “Arditi”.
El casco pesaba 2,85 kg y se usaría sobre una gorra de tela acolchada.
El Grabenpanzer alemán
Los alemanes introdujeron el “Grabenpanzer” (armadura de trinchera) en 1916.
Era un peto hecho de acero blindado conectado en la parte inferior con placas posteriores como una cola de langosta.
El Grabenpanzer fue usado principalmente por unidades de primera línea, reconocimiento y francotiradores, y, posteriormente, fue relegado a unidades de ametralladora o centinelas por dificultar la movilidad.
Existían dos modelos diferentes, el primer modelo es simple, el segundo tiene dos ganchos y un soporte para el rifle.
El peto está conectado con dos placas de hombro, con tres remaches cada una.
Las dos placas intermedias y la placa inferior están aseguradas por dos correas.
El casco como respuesta a la guerra de trincheras
La guerra de trincheras modificó por completo las necesidades de protección del soldado. La monotonía del frente convivía con la posibilidad constante de ataques, bombardeos, fuego de ametralladoras y acciones de asalto.
El casco debía proteger especialmente la parte superior de la cabeza, que quedaba expuesta por encima del parapeto o durante los desplazamientos entre las posiciones.
Al mismo tiempo, el soldado necesitaba poder moverse, observar y utilizar su armamento. Por ello los modelos demasiado pesados o voluminosos quedaban bastante recortados en términos prácticos y de comodidad.
La experiencia de los ejércitos aliados mostró que el mejor casco no era necesariamente el más pesado, sino el que ofrecía una combinación equilibrada de protección, producción, disponibilidad y uso cotidiano.
Fabricación, materiales y evolución posterior
El zuncho de acero, la guarnición encerada y la red de algodón formaban un sistema relativamente sencillo y adecuado para la producción en grandes cantidades.
El empleo de materiales más sencillos, así como su barboquejo de tejido, respondía a la necesidad de equipar a un ejército en expansión.
Algunas piezas utilizaban acero de inferior calidad, magnética. También aparecen referencias a materiales CD, de baja calidad.
El diseño básico no presentó ninguna modificación hasta los años 30.
Posteriormente se introdujo una nueva guarnición, que será perfeccionada en 1.936.
También se desarrolló uno nuevo de tejido quick release, ya introducido en 1.918.
La evolución posterior continuó hasta 1.942, cuando las exigencias de la Segunda Guerra Mundial y de los nuevos escenarios operativos impulsaron cambios adicionales.
| Elemento | Características |
|---|---|
| Casco M1917 | Basado en el MK-I inglés |
| Guarnición | Guarnición encerada y red de algodón |
| Ajuste | Cinta que la recorre |
| Barboquejo | Tejido y hebilla de bucle |
| Modelo 8 | Visera elevable, cuero y lana |
| Producción del Modelo 8 | Aproximadamente 1.300 en 1918 |
| Nueva guarnición | Perfeccionada en 1.936 |
| Tejido quick release | Ya introducido en 1.918 |
Emblemas, colores y unidades
Algunos cascos fueron pintados en el frente. Los colores y emblemas podían identificar unidades, servicios o formaciones concretas.
Entre las marcas aparece el rojo del 3º Ejército, con fondo blanco dentro de un círculo rojo.
También se menciona Kentucky y la familia de los cascos de DC.
En determinados casos, los cascos fueron fabricados expresamente para ese servicio.
La identificación visual podía resultar útil para distinguir unidades en condiciones de baja visibilidad y para mantener símbolos propios dentro de un ejército en expansión.
El Metropolitan Museum of Arts y los cascos experimentales
Varios de estos diseños pueden estudiarse en el Metropolitan Museum of Arts, de Nueva York.
El museo conserva ejemplos especialmente importantes de la experimentación estadounidense durante la Primera Guerra Mundial, entre ellos el Casco Americano Modelo No. 7 y el Modelo No. 8.
El Modelo No. 8 es un ejemplo extremadamente raro prácticamente intacto. Su visera elevable, el acolchado de cuero y lana y su producción limitada lo convierten en una pieza excepcional.
El conjunto de cascos y armaduras permite observar la búsqueda de soluciones para ataques frontales, cargas a bayoneta, tripulaciones de carros de combate y servicios especializados.

El casco americano después del conflicto
Las fuerzas norteamericanas continuaron su presencia en Europa después de las operaciones de la guerra.
Quedando hasta 1946 como tropas de ocupación, mantuvieron durante años parte de la experiencia adquirida en el frente europeo.
El casco M1917 y sus derivados representan una etapa de transición: fueron concebidos para resolver con rapidez una necesidad urgente, pero también sirvieron como base para posteriores mejoras en la guarnición, los materiales y los sistemas de ajuste.
Su desarrollo posterior muestra que el diseño básico podía mantenerse durante años sin perder utilidad, siempre que se modificaran los elementos interiores y los accesorios que afectaban directamente a la comodidad y a la sujeción.
Otros experimentos y rarezas de la Primera Guerra Mundial
No podemos rematar este artículo sobre este tipo de “rarezas” en la Primera Guerra Mundial sin mencionarlos.
Afirmaban ser herederos de caballeros cruzados georgianos.
La verdad detrás de los orígenes de los cruzados de Khevsurs no se conoce con exactitud, pero lo que no se discute es que se presentaron hacia 1915 para luchar contra los turcos, en las filas rusas, durante la Primera Guerra Mundial con sus armaduras y cotas de malla de cruzados.
Los ojos de la gente casi se salen de sus órbitas.
Obviamente, no era una compañía de teatro.
¡Eran cruzados!
Los Khevsurs lucharon junto al ejército ruso no solo en la Primera Guerra Mundial, se suele decir que es poco probable que sus aliados rusos les permitan enfrentarse a sus enemigos con espadas y cotas de malla de cruzados.
La protección individual entre tradición e innovación
La Primera Guerra Mundial reunió soluciones muy diferentes para un mismo problema: proteger al combatiente sin impedirle luchar.
Los cascos americanos de producción masiva, los modelos experimentales de Bashford Dean, el diseño de Aron Polack, la Brewster Body Shield, la armadura Farina y el Grabenpanzer muestran respuestas muy distintas a las exigencias del campo de batalla.
Las nuevas posiciones, los ataques frontales, las cargas a bayoneta, el fuego de ametralladoras y rifles de corto alcance, las alambradas y los carros de combate obligaron a estudiar formas especializadas de protección.
En ese proceso, los modelos más prácticos y de comodidad tuvieron mayores posibilidades de mantenerse en servicio, mientras que los diseños excesivamente pesados o difíciles de utilizar quedaron limitados a pruebas, unidades concretas o funciones especiales.