La cancha maya del juego de pelota era un espacio ceremonial construido dentro de las ciudades y centros rituales. Su forma más característica era la de una doble «T»: un pasillo central alargado, delimitado por dos muros laterales, con cabezales o corredores perpendiculares en sus extremos.
En estos recintos se practicaba el pok a pok, pok ta pok, pokolpok o pitz, un juego en el que dos equipos golpeaban una pelota maciza de caucho con las caderas, los antebrazos, los hombros, los muslos o los codos, según la variante regional. La cancha no era únicamente un escenario deportivo: representaba el plano terrestre y se encontraba unida simbólicamente al inframundo y al cielo.
Forma y organización arquitectónica
La arqueología revela que los juegos de pelota ocupaban un espacio importante en los centros ceremoniales, de hecho, después de los templos y montículos escalonados, eran los elementos principales en la arquitectura mesoamericana. Inconfundibles por sus espacios rectangulares, a veces hundidos o rodeados de muros, de plataformas y otros monumentos, formando en el interior un pasillo estrecho desde donde se levantan largos y anchos taludes que cierran en sus extremos con otros pasillos perpendiculares y de menor tamaño, formando la icónica planta de doble T.
Las canchas del juego de pelota maya se construían dentro de las ciudades y centros ceremoniales, y eran auténticas obras de ingeniería. Tenían forma de doble “T”, con largos muros laterales inclinados y, en muchos casos, aros de piedra colocados en altura.
En náhuatl, la cancha del juego de pelota era llamada tlachtli o tlaxtli, de forma más común como tlachco; en tarasco su nombre era querehta, en hñähnu maxei, en maya pokolpok o poktapok, y en quiché hom, cuyo significado también es ‘cementerio’.
Muros, taludes y dimensiones
Los cronistas coincidieron en que el ulama se jugaba en un espacio con una arquitectura especialmente diseñada; sus recintos estaban delimitados por dos muros de dos metros y medio de alto, en promedio, más anchos de abajo que de arriba (taludes), separados por seis o nueve metros de ancho y doce o quince metros de largo.
Para jugar mejor, las paredes estaban encaladas y lisas, al igual que el suelo. Una raya marcaba la mitad del terreno y, a esa altura, a la mitad de los muros se encontraban empotradas dos piedras circulares con el centro perforado, tlachcomalacatl, marcadores o anillos de piedra, lo suficientemente amplias para que en su interior pasara la pelota.
Los largos muros laterales formaban los paramentos de la cancha. Su inclinación hacia el interior permitía que la pelota rebotara y que los jugadores pudieran devolverla durante las jugadas. La superficie lisa del suelo y de las paredes favorecía el desplazamiento de la pelota de caucho y reducía las irregularidades que podían modificar su trayectoria.
La cancha de Chichén Itzá
En Chichén Itzá los mayas construyeron la más grandiosa y elegante cancha para el juego de pelota que, según los arqueólogos, corresponde al final del periodo Clásico y marca con su presencia el inicio de una nueva época, de gran florecimiento, conocida como Posclásico temprano.
La cancha del juego de pelota se ubica en el costado poniente de la gran plaza norte, limitándola en aquella sección. En su mayor longitud presenta la misma orientación que la pirámide de El Castillo (Kukulcán), es decir que su eje norte-sur tiene una desviación de 17 grados hacia el oriente.
Sus dimensiones son espectaculares: 168 metros de largo y 70 de ancho. Otra descripción arqueológica señala que el Gran Juego de Pelota de Chichén Itzá ostenta alrededor de 120 metros de largo por 30 metros de ancho.
| Elemento | Característica |
|---|---|
| Ubicación | Costado poniente de la gran plaza norte |
| Orientación | Eje norte-sur con una desviación de 17 grados hacia el oriente |
| Forma general | Patio en forma de doble «T» |
| Longitud descrita | 168 metros |
| Anchura descrita | 70 metros |
| Construcciones principales | Dos estructuras laterales y dos cabezales |
| Variante practicada | Golpeo de la esfera de caucho con el antebrazo |

La estructura en su conjunto se compone de cuatro construcciones que dan forma al característico patio en forma de doble «te». Las estructuras oriente y poniente son las de mayor longitud y constituyen los paramentos o muros verticales, y en el exterior tienen gradas por las que ascendían los espectadores del vistoso deporte ritual.
En la parte interna, la que da a la cancha, se encuentran las conocidas banquetas con relieves de los jugadores y los anillos de piedra colocados a gran altura, los cuales van decorados con la imagen de dos serpientes emplumadas ondulantes, cuyos cuerpos se entrelazan y forman consigo mismas el símbolo del movimiento.
Los cabezales norte y sur
Las secciones norte y sur de la cancha del juego de pelota, que corresponden a los cabezales, están limitadas por un muro de mediana altura y por dos construcciones a manera de templos.
El del sur desafortunadamente está muy destruido y suponemos que, por sus amplias dimensiones, con pilastras que sustentaban el techo, servía para alojar y proteger del sol y de las inclemencias del tiempo a la alta jerarquía que presenciaba el espectáculo.
El templo del norte, de menores dimensiones, ostenta relieves ornamentales que lucían sus alfardas y un techo donde se hace referencia a los árboles sagrados y a un complejo ceremonial donde abundan animales, plantas y un monumento de carácter fálico. Se lo ha considerado el santuario por excelencia de los ritos de la fertilidad, asociados al calor del Sol y a la fecundidad de la tierra.
Así, los cabezales cumplían una función arquitectónica y ceremonial. Cerraban el espacio alargado de la cancha, organizaban sus límites norte y sur y vinculaban el juego con templos, ceremonias de fertilidad y la presencia de la alta jerarquía.
Gradas y espacios para los espectadores
Las estructuras oriente y poniente tenían gradas exteriores por las que ascendían los espectadores del deporte ritual. La cancha podía reunir a una multitud de señores y caballeros, mientras el resto de la población asistía para admirar y reconocer la fuerza y las habilidades de los jugadores.
Imagina una escena vibrante: el público reunido en las gradas, tambores resonando en el aire, y los jugadores ataviados con tocados de plumas y ornamentos rituales, compitiendo bajo la mirada de sus comunidades y deidades.
El juego de pelota era un espectáculo que atraía a grandes multitudes, celebrando la cultura y la comunidad. Las victorias eran celebradas con festividades, mientras que las derrotas podían llevar a rituales de sacrificio, lo que demuestra la importancia espiritual del juego.
Anillos de piedra y marcadores
A la mitad de los muros se encontraban empotradas dos piedras circulares con el centro perforado, llamadas tlachcomalacatl. Estos marcadores o anillos de piedra estaban colocados a una altura suficiente para convertir el paso de la pelota en una proeza excepcional.
El objetivo podía variar según la época o la zona, pero en algunas versiones el reto consistía en hacer pasar la pelota por un aro de piedra vertical colocado en las paredes de la cancha. El equipo que lograba esto último era el que obtenía la victoria y el partido concluía de manera inmediata.
El juego terminaba si uno de los jugadores metía la pelota por uno de los aros, pues se entendía que los dioses habían determinado sus designios. Como esto era sumamente difícil, el juego se desarrollaba en el suelo y ganaban quienes más rayas o puntos realizaban conforme a un número previamente acordado.
Por las dimensiones de los anillos de piedra y por la altura a la que están colocados, hoy se sabe que la variante del juego de pelota que se realizaba en la gran cancha de Chichén Itzá era aquella en que se golpeaba la esfera de caucho con el antebrazo.
Banquetas y relieves
Las banquetas estaban situadas en la parte interna de los paramentos, frente al corredor central. Además de contribuir a la configuración del espacio de juego, sus superficies fueron decoradas con escenas relacionadas con los jugadores, la pelota sagrada, la muerte, la fertilidad y el poder ritual.
Son seis los relieves a los que hemos hecho referencia párrafos arriba, tres por banqueta, en los extremos y en el centro de cada una de ellas, y prácticamente son idénticos en ambas.
Las figuras son catorce, siete en cada lado de la escena, cuyo centro se halla marcado por un disco, la pelota sagrada, que lleva en su interior un cráneo humano ricamente adornado y del que sale la vírgula de la palabra.

Uno de los equipos representa a los jugadores victoriosos. Los siete individuos caminan uno detrás de otro portando un complicado atavío ritual, en el que se distingue principalmente un enorme ornamento de plumas que sale de sus espaldas.
Seis de los jugadores llevan en su mano derecha una insignia en forma de bolsa de copal, estilizada con la cabeza de un animal, probablemente un felino o una serpiente. Del séptimo jugador se intuye que es el capitán del equipo, al frente de la procesión, con la mano derecha sujeta un navajón y con la izquierda toma del cabello la cabeza del jugador decapitado.
Del otro lado de la esfera-cráneo se halla el jugador decapitado, arrodillado, en actitud todavía vital, no obstante que del corte del cuello salen seis serpientes, en medio de las cuales, como séptimo elemento, brota una planta con frutos y flores en plenitud.
Detrás de este jugador sacrificado hay otros seis personajes en fila que suponemos son el equipo que fue vencido. Todos ellos también están ataviados con gran lujo y portan los objetos en la mano a manera de bolsa de copal, a la que incluso algunos interpretan como una manopla para el juego. Estos jugadores carecen del ornamento de plumas en la espalda que identifica al equipo contrario.
La escena íntegra es de una gran complejidad. El fondo del relieve muestra un gran movimiento por la presencia de la ondulación de la planta, supuestamente de calabaza, y el cuerpo estilizado de una serpiente; para algunos autores esta planta-serpiente es el árbol del universo.
La función de la cancha en la cosmovisión maya
A la llegada de los españoles el juego de pelota era fundamentalmente recreativo pero, al tratarse de una práctica con al menos dos mil años de antigüedad, conservaba significados rituales que incluso han llegado a nuestra época por medio de mitos en los que, por ejemplo, el tlachco funge como escenario para combates cósmicos.
En efecto, dentro de los universos nahuas, mayas y de otros grupos originarios, en el juego de pelota se efectuaban batallas que representaban el acto cosmogónico de creación, el momento atemporal en el que el orden sucede al caos, explicado a través de un sacrificio original, y en donde los actores son seres sobrenaturales o incluso dioses.
La cancha evocaba el plano terrestre y se encontraba unida a otras regiones cósmicas, al inframundo y al cielo. El pok a pok era un rito solemne cuyo carácter astral lo vinculaba directamente con el enfrentamiento de los elementos contrarios del universo, en especial con la eterna lucha de la luz y la oscuridad.
Así, el espacio, cancha o patio donde se jugaba tenían una connotación semejante a los planos celestes, de tal manera que los jugadores se transformaban en seres luminosos u oscuros como el Sol, la Luna y las estrellas.
La cancha como escenario del Popol Vuh
Los pueblos de habla quiché pertenecientes a la gran familia lingüística mayanse crearon este voluminoso conjunto de relatos y mitos que, a la llegada de los españoles, se integró en un libro que hoy conocemos como Popol Vuh.
En el mito maya-quiché descrito en el Popol Vuh, Huan-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, al jugar a la pelota producían demasiado ruido y temblores, lo cual irritó a los señores del Xibalbá, quienes para castigar su atrevimiento, enviaron mensajeros a retarlos y disputar con ellos un partido en su cancha del inframundo.
En el Polo Vuh se dice que los hermanos divinos retaron a los dioses de la muerte y bajaron al inframundo para realizar el deporte ritual conocido en la lengua maya como pok a pok, el juego de pelota, que debía su nombre al curioso sonido que producía la pelota contra los pisos y las paredes de las canchas, o cuando los jugadores la golpeaban con sus antebrazos o con sus caderas, según el tipo de juego.
El juego de pelota tiene un sentido iniciático. En efecto, los hermanos fueron sacrificados, para más tarde transformarse en el Sol y la Luna de la época actual.
Evidentemente, aquel antiguo mito del juego de pelota que se relata en el Popol Vuh está presente en estos relieves: la vida y la muerte, el enfrentamiento entre la luz y la oscuridad, y la planta que simboliza el número siete, que es la fertilidad. Todos los elementos nos recuerdan que del sacrificio surge la vitalidad que dará continuidad a la existencia de los hombres en este complicado mundo creado por los dioses.
El juego que se desarrollaba en la cancha
El juego de pelota maya, también conocido como pok ta pok o pitz, era un deporte practicado por los antiguos pueblos mesoamericanos, especialmente por los mayas. Se trataba de mucho más que un simple entretenimiento: combinaba competición, religión y política.
A grandes rasgos, dos equipos se enfrentaban en una cancha alargada y trataban de mantener en juego una pelota de caucho macizo, pasándola de un lado a otro sin que tocara el suelo. La gracia y la dificultad del asunto era que no podían usar las manos ni los pies, sino que golpeaban la pelota con las caderas, los hombros, los muslos o los codos.
El argumento del juego de pelota consiste en que los integrantes del equipo luminoso golpearán la pelota con sus caderas o con sus antebrazos buscando efectuar jugadas que sean imposibles de responder por el equipo contrario, y con ello lograr el triunfo de la luz y el nacimiento del Sol, mientras que el otro equipo buscará el predominio de la oscuridad.
El juego de pelota es una especie de oráculo, ya que al momento de llevarse a cabo la suerte queda echada; todo se reduce al movimiento de la esfera, que de un lado al otro es golpeada constantemente hasta que uno de los jugadores realiza un movimiento inesperado y ahí se suspende el juego.
Protecciones y equipamiento de los jugadores
Para jugarlo era necesario llevar protecciones: una faja de cuero y gamuza que se colocaba, a manera de calzón, para amortiguar y golpear la pelota, así como guantes y vendas, también de cuero, en manos, brazos y pies para no rasparse al momento de arrojarse de nalgas al suelo, en movimientos rápidos para recibir y regresar la pelota.
El equipamiento del juego de pelota maya también era específico: los jugadores solían llevar cinturones anchos, protecciones en rodillas y codos, y algunos incluso cascos, hechos con materiales como cuero o madera.
La pelota, que podía llegar a pesar hasta 4 kilos, se movía a gran velocidad por la cancha, poniendo a prueba la agilidad y los reflejos de los jugadores. En otras descripciones, el balón podía pesar entre 3 y 4 kilos.
Variaciones regionales de las canchas
El juego de pelota se practicó en toda Mesoamérica, con diferentes tipos de canchas y reglas, pero siempre empleando la cadera y los glúteos para golpear la pelota. Los mayas construían una o varias canchas en cada una de sus urbes.
Del periodo Preclásico Tardío (400 a.C.-200 d.C.), se han encontrado canchas en la cuenca del Grijalva, en Chiapas, y en la costa noroeste de Yucatán. Los campos de juego, con formas de doble T o I, tuvieron una amplia difusión en el Clásico Tardío (600-900 d.C.), principalmente en la zona maya, teniendo su máxima expresión en Chichén Itzá, durante el Posclásico Temprano (900-1200 d.C.).
Es difícil precisar el origen del juego a través de los vestigios edificados, ya que, aunque es posible que su práctica se remonte a la época olmeca (1200 al 400 a.C.), no se cuenta con evidencias para demostrar su presencia en ese periodo.
En el occidente de México, aunque tampoco hay casos de arquitectura temprana, se cuenta con figurillas representando a jugadores de pelota, así como maquetas de canchas de arcilla, en las que se hallan figurillas practicando y observando el juego, por lo cual, se propone que comenzó a practicarse en esta región a partir del 1200 a.C.
Algunas de las ciudades mayas con juego de pelota más conocidas son Chichén Itzá, donde está la cancha más grande descubierta hasta ahora, Uxmal, con una cancha más pequeña, pero en excelente estado, y Cobá y Tulum, donde también se pueden ver restos bien conservados.
Importancia social, política y ceremonial
El juego formaba parte esencial de la cultura maya y su práctica se extendía por toda Mesoamérica. Era común verlo en ceremonias, rituales y eventos públicos, con un fuerte componente espiritual.
El juego de pelota no solo era un evento deportivo, sino una experiencia sensorial que conectaba a los mayas con su cosmos y su herencia espiritual. También podía servir como medio para resolver conflictos o rendir homenaje a los dioses.
Se creía que la victoria traía honor y prestigio, mientras que la derrota podía ser considerada un mal augurio. Los jugadores de Pok-ta-pok eran atletas altamente entrenados que dedicaban años a perfeccionar sus habilidades.
Estos hombres, considerados guerreros y héroes por su pueblo, se enfrentaban en un juego que requería no solo de fuerza física, sino también de estrategia, inteligencia y resistencia.
Aunque las reglas del juego de la pelota maya variaban entre regiones, había principios básicos que se respetaban en todas sus versiones:
- Dos equipos de entre 2 y 7 jugadores.
- La pelota no podía tocar el suelo; si esto ocurría, el juego se consideraba perdido.
- El objetivo era pasar la pelota a través de un aro de piedra elevado en la cancha.
- Los jugadores no podían usar las manos, solo podían usar sus caderas, muslos y brazos.
Como los orígenes del pok ta pok estaban vinculados al enfrentamiento de los elementos contrarios del universo, en especial con la eterna lucha entre la luz y la oscuridad, en el espacio, cancha o patio donde se jugaba, los jugadores se transformaban en seres luminosos u oscuros.
Sacrificio y significado simbólico
En algunos casos, se cree que los partidos eran utilizados como rituales de sacrificio: el equipo perdedor o incluso el ganador, según la versión, podía ser sacrificado como ofrenda a los dioses. Esto no estaba presente en todos los encuentros, pero demuestra hasta qué punto era un evento simbólico y sagrado.
Sin embargo, el juego de pelota no era sólo un juego, sino un ritual en el que la pelota representaba al sol y los aros del juego, a los sucesos por los que habrá de atravesar la humanidad.
El juego de pelota tiene un sentido iniciático; en efecto, los hermanos serán sacrificados para más tarde transformarse en el Sol y la Luna de la época actual.
Debe recordarse que sacrificar algo es volverlo sagrado, y para el hombre maya no hay nada más sagrado que el Sol y la Luna.
Por eso, más que una competición deportiva, en la cultura maya el juego de pelota era un acto de conexión entre el mundo humano y lo divino.