Las canchas de fútbol en la obra de Nemesio Antúnez

En la obra de Nemesio Antúnez, las canchas de fútbol aparecen como espacios vacíos, delimitados por líneas blancas y arcos, en los que el artista veía una dimensión poética y metafísica. Más tarde, especialmente durante los años setenta, esos mismos espacios incorporaron multitudes y adquirieron una relación inquietante con la imagen del campo de concentración.

“Me gusta el fútbol (…) Pero cuando he pintado las canchas de fútbol, las pinto sin el juego, vacías. Es que veo poesía, algo metafísico, en el rectángulo verde bien delimitado, con sus líneas blancas y sus arcos. Esas canchas me conmocionaban. Pero después -en los años setenta- puse multitudes dentro, estadios oscuros con mucha gente dentro de la cancha, visto como desde un avión. Y ahí la cancha pasó a ser campo de concentración”.

Cancha de fútbol vacía vista desde arriba

La cancha vacía como imagen poética

La primera representación de las canchas de fútbol se concentra en el espacio más que en el juego. El rectángulo verde, las líneas blancas y los arcos organizan una composición de gran claridad formal, pero también producen una sensación de silencio y suspensión.

La ausencia de jugadores transforma la cancha en un lugar contemplativo. Ya no se trata de registrar una jugada ni de representar una competencia, sino de mostrar un espacio delimitado que parece existir por sí mismo.

“Hay gente para quienes mis cosas son abstracciones. Yo no lo siento así, pues siempre parto de una imagen; va evolucionando hasta que adquiere una forma más separada de la realidad. Nunca me he preocupado de saber qué significa o porqué me sale así. Brota de acuerdo a uno y a lo vivido. Por eso digo que mi pintura es autobiográfica”.

Del rectángulo verde al campo de concentración

La serie de canchas experimenta un cambio decisivo durante los años setenta. El espacio abierto y vacío comienza a llenarse de multitudes, y la mirada elevada, semejante a una vista desde un avión, modifica completamente la interpretación de la escena.

“Pero después -en los años setenta- puse multitudes dentro, estadios oscuros con mucha gente dentro de la cancha, visto como desde un avión. Y ahí la cancha pasó a ser campo de concentración”.

La cancha conserva su geometría, pero deja de ser únicamente un espacio ordenado y contemplativo. La concentración de personas, la oscuridad de los estadios y la distancia de la mirada introducen una dimensión histórica y política en la imagen.

Estadio oscuro con multitud visto desde arriba

Una pintura vinculada a la experiencia

La interpretación de las canchas se relaciona con la manera en que Antúnez entendía su propia pintura. El artista no concebía sus imágenes como abstracciones desligadas de la experiencia, sino como formas que partían de una imagen concreta y se transformaban durante el proceso pictórico.

“Yo soy yo: un tipo de la cordillera de Los Andes con los recuerdos de Chile que he mutado en altos lagos y volcanes transparentes. La arquitectura y el grabado me han enseñado a pintar y ver las cosas, mi plástica está al servicio de la poesía, de lo lírico”.

“Para mí el problema de lo nacional es primordial. Mi regreso a Chile se originó por una necesidad de enriquecer mi pintura con estos elementos que no podía encontrar en otra parte. Dentro de mis planes está viajar al norte y sur del país para saturarme de nuestras regiones y costumbres. Quiero pintar al chilote y al pampino, dentro de su propio medio, en su verdadera expresión”.

La obra registrada el 27 de septiembre de 1973

Un registro de obra pictórica fechado el 27 de septiembre de 1973 corresponde a la representación de una cancha de fútbol con personas. Se trata de un negativo doble con dos tomas de la misma pintura.

En la imagen hay un rectángulo blanco que parece un arco. Al fondo se ven montañas y un círculo en el cielo.

CaracterísticaDescripción
Tipo de registroNegativo doble con registro de obra pictórica
Número de tomasDos tomas de la misma pintura
Tema representadoUna cancha de fútbol con personas
Elemento centralUn rectángulo blanco que parece un arco
FondoMontañas y un círculo en el cielo
Fecha de creación1973-09-27

Montañas, cielo y territorio

La presencia de montañas detrás de la cancha vincula la escena con un paisaje amplio y reconocible. El campo deportivo no aparece aislado de su entorno, sino relacionado con un horizonte en el que se distinguen formaciones montañosas y un círculo en el cielo.

Esta relación entre espacio construido y paisaje se conecta con la importancia que Antúnez concedía a los elementos nacionales y a los recuerdos de Chile. En sus palabras, esos recuerdos podían transformarse en lagos, volcanes y formas transparentes.

“Yo soy yo: un tipo de la cordillera de Los Andes con los recuerdos de Chile que he mutado en altos lagos y volcanes transparentes”.

La evolución de una imagen

La cancha de fútbol permite observar el procedimiento mediante el cual una imagen reconocible puede adquirir una forma cada vez más separada de la realidad. El punto de partida continúa siendo identificable, pero la composición cambia según las experiencias, las asociaciones y las inquietudes del artista.

“Hay gente para quienes mis cosas son abstracciones. Yo no lo siento así, pues siempre parto de una imagen; va evolucionando hasta que adquiere una forma más separada de la realidad”.

En las canchas, esa evolución se manifiesta en el contraste entre dos momentos: primero, el espacio vacío, geométrico y silencioso; después, la aparición de multitudes agrupadas dentro de estadios oscuros y observadas desde una perspectiva distante.

El color y la construcción de la composición

La organización visual de estas escenas también puede relacionarse con la importancia que Antúnez atribuía al color y al modo de iniciar una pintura. La cancha aparece como una superficie definida, donde el verde, las líneas blancas, los arcos, el cielo y el paisaje forman un conjunto estructurado.

“Parto de la idea del color y del lugar donde lo pongo. Suelo comenzar en una esquina, como una mujer que inicia su bordado… Para pintar hay que atravesar un momento de cierta exaltación. Los momentos negros no permiten crear”.

En la etapa de los estadios oscuros, el color y la atmósfera dejan de cumplir solamente una función descriptiva. La oscuridad contribuye a modificar el sentido del espacio y a convertir la multitud en una presencia compacta y amenazante.

La cancha como espacio colectivo

La cancha no es únicamente una superficie para practicar un deporte. Su forma puede reunir, ordenar y contener a un gran número de personas, y esa capacidad de concentración modifica su significado.

En las primeras imágenes, la ausencia de jugadores intensifica la percepción de las proporciones, los límites y la estructura del campo. En las obras posteriores, la presencia de multitudes hace visible la tensión entre el espacio abierto de la cancha y la concentración de cuerpos en su interior.

La mirada desde arriba refuerza esa tensión. La distancia reduce las figuras individuales y permite percibir la cancha como un conjunto, como una superficie ocupada por una masa humana.

Vista aérea de cancha con personas y montañas

La dimensión autobiográfica

La afirmación de que su pintura era autobiográfica ayuda a comprender por qué una cancha podía convertirse en una imagen cargada de significados. El artista no necesitaba establecer una explicación única para cada forma, porque las imágenes brotaban de acuerdo con él y con lo vivido.

“Nunca me he preocupado de saber qué significa o porqué me sale así. Brota de acuerdo a uno y a lo vivido. Por eso digo que mi pintura es autobiográfica”.

La cancha aparece así como una imagen reconocible, pero abierta a transformaciones. Puede ser un espacio vacío de contemplación, un escenario rodeado de paisaje o un lugar oscuro ocupado por una multitud.

El fútbol dentro de los temas de Nemesio Antúnez

El interés por las canchas forma parte de un conjunto más amplio de motivos que Antúnez abordó desde una perspectiva personal. Sus pinturas también se ocuparon de las camas, las parejas, el tango, los paisajes y las experiencias ligadas a Chile.

“Me preguntan ¿qué te pasa con las camas?; pero si las camas son humanas, allí nacimos, amamos, enfermos nos refugiamos y también allí morimos. Ocho de las veinticuatro horas de cada día las pasamos en cama, si tienes 30 años, has pasado diez en cama, ¿por qué no pintar algo tan importante?”.

“Lo que pasa es que el tema de la pareja es algo que a mí me obsesiona. Un tema recurrente. Y en el tango es donde la pareja debe funcionar como un todo armónico o no hay baile. Los cuerpos deben moverse simultáneamente y en movimientos que exigen perfecta coordinación. Eso me encanta, es grandioso. Me gusta la conversación de los cuerpos que se da en el baile, cuerpos al unísono…”

Frente a las camas y las parejas, las canchas introducen otra clase de relación entre cuerpos y espacio. En ellas, el cuerpo puede desaparecer por completo, como sucede en los campos vacíos, o integrarse en una multitud difícil de distinguir individualmente.

La cancha entre poesía y violencia

La transformación de la cancha vacía en campo de concentración revela uno de los contrastes más fuertes de esta serie. La misma estructura geométrica que inicialmente producía una impresión poética puede adquirir un sentido de encierro y violencia cuando se llena de personas y se oscurece el entorno.

“Es que veo poesía, algo metafísico, en el rectángulo verde bien delimitado, con sus líneas blancas y sus arcos”.

“Y ahí la cancha pasó a ser campo de concentración”.

Entre ambas afirmaciones se encuentra el desplazamiento central de estas imágenes: la cancha continúa siendo reconocible, pero su significado se modifica por la presencia o ausencia de cuerpos, por la iluminación, por la perspectiva y por el contexto histórico.

Una imagen abierta a distintas lecturas

Las canchas de fútbol de Nemesio Antúnez no se reducen a una representación deportiva. El fútbol constituye el punto de partida visible, mientras que la pintura explora las relaciones entre geometría, paisaje, memoria, multitud y experiencia.

El registro fechado el 27 de septiembre de 1973 muestra una cancha con personas, un elemento blanco semejante a un arco, montañas y un círculo en el cielo. La descripción permite reconocer una escena concreta, pero no agota las posibilidades de interpretación de la obra.

La cancha vacía puede sugerir silencio y contemplación; la cancha ocupada puede evocar concentración y pérdida de individualidad; el paisaje puede vincular la escena con Chile; y la perspectiva elevada puede convertir el campo en una figura abstracta, aunque siempre originada en una imagen real.

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