Los animales desempeñaron un papel crucial durante la Segunda Guerra Mundial. Caballos, perros, palomas, mulas, renos, camellos, gatos y elefantes fueron utilizados para transportar suministros, mantener las comunicaciones, detectar minas, rescatar heridos, patrullar, acompañar a los soldados e incluso participar directamente en acciones contra el enemigo.
Sin embargo, su participación no fue voluntaria. En un escenario de violencia extrema y condiciones inhumanas, los animales se convirtieron en una pieza más de la maquinaria militar tanto de las potencias del Eje como de la Unión Soviética. Millones murieron por los combates, el agotamiento, las enfermedades, la falta de alimento y las inclemencias del terreno, mientras que otros se convirtieron en símbolos de valor y lealtad para los ejércitos que los emplearon.
La guerra total también alcanzó a los animales
Cincuenta millones de personas murieron en la II Guerra Mundial, la mayor masacre en la historia de la humanidad. También el reino animal pagó un alto precio, a pesar de que no hay registros oficiales de víctimas.
Entre los afectados hubo animales de combate, de apoyo a los ejércitos, los destinados al consumo humano, los que constituían símbolos y los que servían para el entretenimiento o la compañía. El uso de animales en todo tipo de misiones durante la Segunda Guerra Mundial era algo muy frecuente.
En conflictos pasados, los caballos, elefantes y camellos transportaban a hombres y provisiones, las palomas llevaban mensajes; los perros seguían a los enemigos y protegían a las tropas. Sus esfuerzos ayudaron a cambiar el rumbo de las batallas y las fortunas de muchos soldados de combate.
Siguiendo con esta tradición, las fuerzas armadas estadounidenses usaron miles de animales durante la Segunda Guerra Mundial. Éstos se encontraban en cada parte de la guerra: eran trabajadores y guerreros, eran acompañantes y compañeros de batalla.

Los caballos y la dependencia de la tracción animal
La maquinaria de guerra alemana, símbolo de la modernidad bélica, dependía de manera sorprendente de la tracción animal. A pesar de la fama tecnológica de la que gozaba, la Wehrmacht movilizó, en la Operación Barbarroja, alrededor de 750.000 caballos.
Lanzada el 22 de junio de 1941, la Operación Barbarroja supuso la apertura del frente oriental en el curso de la Segunda Guerra Mundial. Estos animales eran esenciales para el transporte de suministros, artillería y equipos a través de un terreno inmenso, donde no abundaban las carreteras y las condiciones climáticas resultaban extremas.
El barro de las estepas, las lluvias de otoño y el invierno ruso paralizaban los vehículos motorizados, pero no a los caballos. La logística del ejército alemán en el Este tuvo que echar mano de métodos arcaicos, y su éxito inicial se sostuvo, en buena medida, gracias a la resistencia de los equinos.
Con todo, el sufrimiento de estos animales fue atroz. Millones de caballos murieron durante la campaña por la falta de forraje, el agotamiento, las enfermedades y los combates.
Los caballos llevaron a los soldados en misiones de patrullaje en Europa y en batalla en las Filipinas. Las mulas, entrenadas en los Estados Unidos y enviadas por miles a las zonas de guerra, contribuyeron con su fuerza y sudor a la batalla.
Cargaron sobre sus espaldas la comida, las armas y, a veces, a los hombres de unidades enteras de la infantería.
Los perros soviéticos: rescate, comunicaciones y detección de minas
Alrededor de 60.000 perros de diversas razas, así como mestizos comunes, fueron reclutados por el Ejército soviético. Los perros ayudaron en todos los frentes: buscaron minas, sacaron a los heridos de los escombros o los evacuaron en el fragor de la batalla.
Durante el desfile del Día de la Victoria en Moscú, el 24 de junio de 1945, vehículos militares y regimientos combinados de todos los frentes fueron seguidos en la Plaza Roja por perros, que caminaban junto a sus adiestradores en perfecta alineación.
Utilizados para rescatar a los heridos, localizar minas e incluso destruir tanques enemigos, estos canes especialmente entrenados desempeñaron un papel vital en las victorias obtenidas por el Ejército soviético.
Con trineos durante el invierno o con pequeñas carretas en verano, los perros llevaban munición al frente de batalla y a los heridos cuando regresaban. Cada equipo de perros sustituía a tres o cuatro camilleros.
Los perros rescataron a más de 600.000 personas del campo de batalla. Cuando los enfermeros no podían alcanzar a un hombre herido a causa del fuerte fuego enemigo, el perro se arrastraba hasta él boca abajo y le mostraba su costado, de donde colgaba una bolsa médica.
Esperaban a que el caído se vendara la herida, y sólo entonces pasaban al siguiente herido. Si un hombre estaba inconsciente, el perro le lamía la cara hasta que recobraba el sentido.
Además de rescatar a los heridos, los canes también fueron utilizados para llevar a cabo otras tareas esenciales como el mantenimiento de las comunicaciones. Durante la guerra, los perros mensajeros entregaron más de 20.000 correos y colocaron unos 8.000 km de cables telefónicos por lugares donde era imposible que pasara un soldado.
Además, los perros también demostraron una aptitud inestimable para detectar minas terrestres. Más de 300 grandes ciudades fueron desminadas con la ayuda de estos animales.
Los perros antitanque
Los soviéticos, conscientes de sus limitaciones materiales frente a la poderosa maquinaria del Eje, recurrieron a una mezcla de ingenio y desesperación para oponerse a los alemanes. Entre las estrategias que aplicaron, el uso de perros antitanque destaca por su dramatismo.
Adiestrados para correr bajo los vehículos enemigos con explosivos atados a su lomo, los perros representaron una de las respuestas soviéticas más desesperadas ante la invasión alemana.
El entrenamiento de estos animales resultaba brutal. Privados de alimento, se les acostumbraba a encontrar comida bajo los tanques. Cuando se los liberaba en el campo de batalla, corrían instintivamente hacia los vehículos blindados de los enemigos, con la consecuente detonación de la carga explosiva.
A veces incluso fueron usados como kamikazes: perros envueltos en explosivos fueron entrenados para correr y colocarse bajo los tanques enemigos.
Una anécdota de la Batalla de Moscú, en el otoño de 1941, cuenta que un grupo de tanques enemigos que atacaba las líneas soviéticas supuestamente se dio la vuelta cuando los tanquistas vieron unos perros corriendo hacia ellos.
El miedo estaba justificado, y es que estos animales habían sido entrenados para volar tanques. Durante la guerra, los perros del Ejército Rojo destruyeron más de 300 tanques alemanes, lo que equivale a dos divisiones blindadas.
Tanto los aliados como los miembros del Eje utilizaron los perros para detectar minas o incluso para detonar explosivos en el campo enemigo.

Los perros estadounidenses
Más de 20.000 perros se incorporaron en el ejército de los Estados Unidos, la Guardia Costera y los Marines. Ellos vigilaban y protegían sus campamentos y provisiones, llevaron mensajes y rescataron a pilotos caídos.
Los perros de búsqueda llevaron a las tropas por los territorios de sus enemigos, descubriendo emboscadas y salvando las vidas de pelotones de hombres.
En medio del combate, los perros de guerra demostraron su inteligencia, valentía y fiel lealtad una y otra vez. Muchas de las fotografías conservadas en los Archivos Nacionales documentan las hazañas y el sacrificio de los animales guerreros de América.
Los perros como compañeros de los soldados
Muchas de las unidades militares estadounidenses adoptaron mascotas durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque tradicionalmente fueron consideradas como figuras de buena suerte, en realidad eran mascotas que pertenecían a todos los hombres de un escuadrón, compañía o barco.
Las fotografías militares muestran que algunos soldados individuales también tenían sus propias mascotas. Algunos las trajeron en secreto de los Estados Unidos, sin embargo, más frecuentemente las mascotas eran animales de la zona de guerra que fueron abandonados por causa de la guerra.
Para el perro, gato o pájaro adoptado, estar bajo los cuidados del soldado significaba que podrían sobrevivir, mientras que para el soldado su mascota significaba consuelo y compañía en los brutales campos de batalla de la guerra.
Los perros ofrecían compañía y un atisbo de normalidad en medio de la barbarie. También las unidades militares podían considerar a estos animales parte de su vida cotidiana, aunque su presencia no eliminaba los riesgos del frente ni la dureza de las condiciones de guerra.
El perro Dick y la detección de minas
En la hoja de servicio de un collie llamado Dick puede leerse: “Reclutado en Leningrado y entrenado para el trabajo de detección de minas. Durante la guerra, localizó más de 12.000 minas, participó en el desminado de Stalingrado, Lisichansk, Praga y otras ciudades”.
Dick realizó su mayor hazaña en el suburbio de Pávlovsk en Leningrado, detectando una mina terrestre mecánica de 2,5 toneladas una hora antes de que ésta explotase.
A pesar de las múltiples heridas sufridas, Dick ganó muchas exposiciones caninas después de la victoria. El veterano perro vivió hasta una edad madura y fue enterrado con todos los honores militares.
Dzhulbars, el perro zapador condecorado
A pesar de las numerosas hazañas de los soldados caninos durante la guerra, un alsaciano llamado Dzhulbars fue el único perro que recibió una Medalla por el Servicio de Combate.
Durante el último año de la guerra, este perro zapador encontró un total de 7.468 minas y 150 proyectiles no detonados. Además, participó en la limpieza de minas de los palacios del Danubio, los castillos de Praga y las catedrales de Viena.
El adiestrador de Dzhulbars era Dina Volkats, la futura esposa del principal cinólogo del país, el teniente coronel Alexander Mazóver. Antes de la guerra, Volkats se convirtió en entrenadora de perros de servicio en su Járkov natal, en la actual Ucrania.
En 1941, la joven de 18 años fue enviada a la Escuela Canina de Servicio Central para entrenar soldados. Después de recibir el rango de subteniente, Volkats se puso a trabajar.
Habiendo elegido un perro, se lo mostró al jefe del departamento. Dzhulbars parecía tan patético que el jefe sólo gruñó: “¿No podrías encontrar un perro peor que ése? ¿Puedo saber en qué te basas para elegirlo?”. “En sus ojos”, dicen que respondió Volkats.
Al final de la guerra, Dzhulbars fue herido y no pudo participar en el Desfile de la Victoria en Moscú el 9 de mayo de 1945. El mariscal Konstantín Rokossovski informó de esto a Stalin, quien ordenó que el perro fuera llevado a la Plaza Roja en su abrigo.
El alsaciano fue transportado en los brazos de Alexander Mazóver, quien fue eximido de la necesidad de desfilar con paso alto y saludar. Esto se debió a que era el responsable de la seguridad de un soldado muy valioso de la 14.ª Brigada de Ingenieros de Asalto.
Las palomas mensajeras
Aunque la imagen más frecuente de la guerra aérea presenta a los bombarderos y cazas en combate, lo cierto es que las palomas mensajeras también jugaron un rol fundamental en las comunicaciones militares.
Ellas fueron las responsables de transportar mensajes cuando las radios fallaban o eran interceptadas por los enemigos. Tanto los alemanes como los soviéticos mantenían unidades especiales dedicadas al entrenamiento y uso de estas aves.
La fiabilidad de las palomas era asombrosa. Podían recorrer largas distancias en condiciones extremas y encontrar su destino incluso en medio de bombardeos y temporales.
En el frente oriental, donde las comunicaciones se veían constantemente interrumpidas, las palomas permitieron mantener activa la coordinación entre unidades aisladas. Algunos ejemplares llegaron a ser condecorados tras la guerra por su servicio.

La Medalla Dickin
En lugar de castigar a los animales por un mal comportamiento, se les premia con una distinción reservada a los héroes. Se trata de la Medalla Dickin, una condecoración que empieza a otorgarse desde 1943 a los animales que destacaban por su valor durante la Segunda Guerra Mundial.
La idea partió de Maria Elisabeth Dickin, que en 1917 ya había creado el Sanatorio popular para animales enfermos, donde se proporcionaba ayuda y cuidados a los animales enfermos y heridos de las personas necesitadas.
El uso de animales en todo tipo de misiones durante la Segunda Guerra Mundial era algo muy frecuente y a Maria se le ocurrió una condecoración para premiar los servicios que hacían y la gran valentía que muchas veces demostraban tener.
No era la primera vez que se tomaba una medida de estas características. La paloma Cher Ami fue galardonada por Francia con la Cruz de Guerra por ayudar a salvar a casi 200 hombres en 1918, en la batalla del Argonne.
A pesar de haber recibido un disparo, estar ciega de un ojo y tener una pata colgando, Cher Ami logró volar casi veinte kilómetros y entregó el mensaje que salvó a los soldados.
Como ya había ocurrido con Cher Ami, las primeras Medallas Dickin fueron también entregadas a tres palomas, White Vision, Winkie y Tyke, por su valor en la entrega de diversos mensajes que ayudaron a salvar numerosas vidas.
Entre 1943 y 1949 el galardón fue otorgado a 54 animales, entre los que se incluían 32 palomas, 18 perros, tres caballos y un gato. Este último recibió la distinción por haber eliminado una plaga de ratas a pesar de haber sido herido por una bala de cañón, elevando la moral de las tropas.
| Animales con Medalla Dickin entre 1943 y 1949 | Cantidad |
|---|---|
| Palomas | 32 |
| Perros | 18 |
| Caballos | 3 |
| Gatos | 1 |
| Total | 54 |
Aunque la distinción dejó de otorgarse en junio de 1949, en el año 2000 volvió a recuperarse para premiar a título póstumo a Gander, un perro que durante la Batalla de Hong Kong había recogido una granada de mano lanzada por un soldado japonés y había corrido con ella hacia el enemigo, muriendo en la explosión y salvando la vida de varios soldados canadienses heridos.
En 2002 se entregó por primera vez sin haber un conflicto bélico de por medio, al premiar al perro Appollo en nombre de todos los perros que habían ayudado en la búsqueda y rescate de las víctimas del 11S.
Renos en el Ártico soviético
Las peculiaridades geográficas del frente oriental llevaron a incorporar especies animales poco habituales en los conflictos europeos.
En el Ártico soviético, donde las temperaturas podían descender por debajo de los -40 °C, el Ejército Rojo utilizó renos para transportar suministros y evacuar heridos.
Estos animales, adaptados a los rigores polares, ofrecían una movilidad imposible para los vehículos motorizados.
Camellos en las regiones meridionales
En las regiones más meridionales, como Crimea y el Cáucaso, los soviéticos emplearon camellos bactrianos para el transporte de cargas.
Con su resistencia natural al calor y la falta de agua, estos animales resultaban ideales en las operaciones en terrenos áridos, donde las unidades motorizadas alemanas, diseñadas para el clima europeo, encontraban enormes dificultades.
Los rusos también utilizaron camellos para moverse en las zonas más áridas.
Elefantes y otros animales en las fuerzas aliadas
El documental, con imágenes de archivo parcialmente coloreadas, muestra cómo perros, caballos, elefantes y palomas se convirtieron en los mejores amigos de los soldados de la II Guerra Mundial.
Los animales no sólo fueron incorporados a las unidades militares por sus capacidades físicas. En muchos casos, también se convirtieron en compañeros de los soldados y en símbolos de la vida cotidiana dentro de los ejércitos.
La documentación fotográfica y la memoria
Su presencia generalizada en los campos de batalla fue documentada por fotógrafos oficiales del gobierno que cubrían la guerra.
Hoy en día, cientos de fotos de perros, gatos y caballos se pueden encontrar entre las retenciones de la Segunda Guerra Mundial en la Still Picture Branch de la NARA, la Administración de los Archivos y Récords Nacionales, en College Park, Maryland.
En 1993 la NARA inauguró “Amigos: Soldados y animales en la Segunda Guerra Mundial”, una exhibición de 36 de esas imágenes. Como parte de la conmemoración de NARA del aniversario número 50 de la Segunda Guerra Mundial, la exhibición se presentó en varios museos de todo el país.
El precio de la participación animal
Más allá de su contribución al desarrollo del conflicto, la participación de los animales en la Operación Barbarroja resultó trágica. Millones de caballos, perros, palomas, renos y camellos perecieron en el conflicto, víctimas de la violencia humana y de las inclemencias del terreno.
La crueldad inherente al frente oriental se extendió también a ellos: no existían protocolos de protección ni cuidados sistemáticos para los animales.
Su sufrimiento fue invisible en los informes oficiales, pero crucial en el desarrollo del conflicto. Sin la resistencia de estos seres, muchas operaciones militares no habrían podido ejecutarse.
Los animales fueron trabajadores, mensajeros, exploradores, detectores de minas, transportistas, rescatistas, compañeros y, en algunos casos, armas. Cada una de esas funciones implicó riesgos extremos y una exposición constante a la violencia.
Una memoria todavía incompleta
Hoy en día, la historiografía sobre la Segunda Guerra Mundial comienza a reconocer lentamente el rol de los animales en los conflictos humanos.
La Operación Barbarroja ofrece un ejemplo extremo de cómo, en la guerra total, ninguna vida, ni siquiera la animal, quedó al margen de la movilización bélica.
Desde los caballos que jalaban piezas de artillería hasta los perros entrenados para destruir tanques, pasando por las palomas que mantenían vivas las comunicaciones y los renos que desafiaban el hielo polar, su participación fue indispensable.
En un frente donde la modernidad y la arcaicidad se entrelazaban de manera brutal, los animales recordaron a los combatientes y a nosotros hoy que la guerra no respeta ninguna frontera, ni siquiera la que separa al ser humano del resto de las criaturas vivas.
Recordar a estos animales sirve para reconocer su participación forzada en uno de los conflictos más atroces de la historia.