Las fuentes reunidas no documentan una serie de dibujos de alemanes torturados durante la Segunda Guerra Mundial, sino principalmente dibujos realizados por niños judíos recluidos en el campo-gueto de Theresienstadt y fotografías de víctimas de la persecución nazi, prisioneros y sobrevivientes torturados por los alemanes.
Una fotografía en blanco y negro, probablemente tomada en la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial, captura un momento de profundo sufrimiento humano y compasión. Muestra a un civil demacrado, posiblemente un sobreviviente del Holocausto, de pie entre dos soldados estadounidenses, uno de los cuales lleva un casco de la Cruz Roja y le ofrece ayuda.
El texto de archivo confirma que el joven fue torturado por los alemanes y está protegido por la Cruz Roja Americana. La imagen, marcada por la ausencia de las manos del civil, resalta las brutales consecuencias de la guerra y la persecución, resonando con las secuelas inmediatas de la tragedia mundial y el contexto histórico del Holocausto y su impacto.
Qué representan los dibujos conservados
Una muestra en Reino Unido exhibirá los dibujos realizados por niños judíos en un campo de concentración de la ex Checoslovaquia durante la Segunda Guerra Mundial. Las imágenes ofrecen una mirada a la traumática experiencia de los niños, muchos de los cuales murieron a manos de los nazis.
La muestra incluye 40 dibujos de niños recluidos en el campo de concentración Theresienstadt. Theresienstadt era, tal y como lo describe el Museo del Holocausto de Estados Unidos, "un campo-gueto", un sitio de tránsito para los judíos que "funcionaba como un asentamiento, un campo de reunión, un campo de concentración".
Unos 140.000 judíos fueron recluidos en este recinto, 15.000 de ellos niños. Según el Museo, "aproximadamente el 90% de estos niños murieron en los campos de la muerte".

Los dibujos como testimonio infantil
Brian Devlin, el curador de la muestra, explicó que las familias en el campo comprensiblemente "trataron de ocultar a los niños el horror de su situación ocupando su tiempo libre con juegos, actividades educativas y dibujos".
El resultado es que se hicieron muchos dibujos, y Devlin dice que los trabajos ofrecen una mirada a las mentes de los niños que los realizaron. "Un dibujo es casi una página negra, pero puedes distinguir la línea de un tren negro que, supongo, está rodeado por la oscuridad de la perdición que les esperaba", explica.
"Incluso el Sol está rodeado de negro". "Otro dibujo muestra a una madre y un padre y sus hijos siendo llevados a través de los campos a Theresienstadt".
"Están rodeados de granjeros furiosos que los amenazan con horquetas. Te hace pensar mucho", añade el curador.
No todas las imágenes son desoladoras. También hay muchos dibujos con momentos felices, que muestran a niños jugando, así como un dibujo de una fiesta de Pascua.
Autores y escenas representadas
Helga Weissova, de 14 años cuando fue liberada, retrató el cuarto de las mujeres antes de la inspección de Cruz Roja. Pavel Sonnenschein, fallecido a los 13 años, dibujó los interiores del ghetto.
Malvina Lowova, asesinada a los 12 años, dibujó a su familia siendo deportada por guardias armados con granjeros amanazándolos con horquetas. Ruth Cechova, muerta a los 13 años, dibujó sus recuerdos sobre tomar el sol.
Vilem Eisner, muerto a los 13 años, dibujó una de sus lecciones en el dormitorio. "Es siempre valioso ver el mundo a través de los ojos de un niño", dice.
"En este arte veo voces a través de las décadas". "Muy pocos (en Theresienstadt) sobrevivieron y los nazis trataron de erradicar su recuerdo por completo. Este arte les da voz a las víctimas".
Las obras fueron cedidas en préstamo por el Museo Judío de Praga y después de ser exhibidas en Lancashire, Reino Unido, se expondrán en otras partes de este país. Devlin afirma que los dibujos son, sin ninguna duda, conmovedores y tristes, pero también muy importantes.
La diferencia entre dibujos de víctimas y representaciones de tortura
Los dibujos de Theresienstadt no son ilustraciones realizadas por alemanes torturados, sino testimonios creados por niños judíos perseguidos y encarcelados por el régimen nazi. Su valor histórico reside en mostrar cómo percibieron la deportación, la separación familiar, el encierro, la violencia y los momentos cotidianos dentro del campo-gueto.
La documentación disponible también incluye fotografías de prisioneros sometidos a trabajos forzados, deportaciones, castigos y condiciones extremas en campos de concentración y exterminio. Estas imágenes permiten comprender el sistema de persecución en el que se produjeron los testimonios infantiles.
| Tipo de documento | Personas representadas | Contenido histórico |
|---|---|---|
| Dibujos infantiles | Niños judíos de Theresienstadt | Deportación, encierro, vida cotidiana, miedo y recuerdos |
| Fotografía de posguerra | Sobreviviente torturado por los alemanes | Consecuencias físicas de la tortura y asistencia de la Cruz Roja |
| Fotografías de campos | Prisioneros y deportados | Trabajos forzados, traslados, barracas y condiciones de reclusión |
| Fotografías tomadas por fuerzas alemanas | Víctimas judías y población ocupada | Humillaciones, ejecuciones, abusos y propaganda |
Fotografías alemanas y registro de la violencia nazi
Es probable que la hayas visto antes. Es una imagen icónica del Holocausto.
Fue tomada cuando las tropas de las SS -la organización paramilitar del partido nazi-, de la Wehrmacht (Fuerza Armada de la Alemania nazi) y agentes de la policía lograron sofocar el alzamiento del gueto de Varsovia, ocurrido entre abril y mayo de 1943.
Durante 20 días, los judíos allí recluidos decidieron ocultarse en búnkeres improvisados y resistirse de forma organizada para evitar ser deportados a los temidos campos de exterminio.
Luego de varios días de enfrentamientos, los nazis decidieron incendiar el gueto para obligar a los resistentes a salir de sus escondites y rendirse. Esa brutal estrategia funcionó y permitió la captura y deportación de unos 50.000 judíos, la mayor parte de los cuales fueron asesinados antes de finales de ese año.
El Stroop Report
Lo que quizá no sepas es que esta foto formaba parte de un álbum conmemoratorio conocido como el Stroop Report, que fue elaborado por los propios nazis.
"Encuadernado en cuero, el informe pretendía ser un álbum de recuerdo para que Heinrich Himmler (jefe máximo de las SS) celebrara la victoria ganada con tanto esfuerzo", relata en su web el Museo del Holocausto de EE.UU. en un texto publicado sobre esta imagen.
Este tipo de fotografías son conocidas como trophy photos (fotos trofeo) y, en el contexto del Holocausto, se trata de imágenes tomadas por las propias fuerzas alemanas en las que ellos mismos retrataban los crímenes y abusos que cometieron.
Durante la II Guerra Mundial se hicieron tres ejemplares del Stroop Report, uno de los cuales fue presentado durante los juicios de Núremberg, sirviendo así como evidencia para la condena de altos jerarcas nazis.
Años más tarde, la fotografía que viste más arriba también ayudó a identificar al miembro de las SS Josef Bloesche (el hombre que aparece de segundo de derecha a izquierda con una arma que apunta hacia el niño que se está entregando con la manos en alto), quien fue condenado a muerte en 1969 por crímenes contra la humanidad.
Así, paradójicamente, aquellas imágenes tomadas por los nazis y encuadernadas en un álbum para celebrar su éxito al someter el gueto de Varsovia terminaron sirviendo para demostrar su responsabilidad en delitos atroces.

Por qué los soldados alemanes fotografiaban la violencia
"Los soldados en todas las guerras toman fotos de matanzas, de sus trofeos, porque sus trofeos son el enemigo. Es un trofeo, un recuerdo de la guerra. No creo que los soldados alemanes fueran excepcionales porque los soldados toman fotos en sus guerras, como hicieron los estadounidenses en Irak", dice Janina Struck -fotógrafa, investigadora independiente y autora del libro "Fotografiando el Holocausto"- a BBC Mundo.
Explica que ya desde la guerra de los bóeres, a finales del siglo XIX, los soldados tomaban este tipo de fotos que también se hicieron durante la Primera Guerra Mundial.
Lo que probablemente haya hecho diferencia en el caso del Holocausto fue la magnitud y gravedad de las atrocidades cometidas y, por otra parte, el grado de masificación que había alcanzado la fotografía.
En las décadas de 1920 y 1930, la fotografía se había vuelto muy popular en Alemania. "Entonces era muy fácil conseguir una cámara portátil, la leica de bolsillo, que llegó al mercado en la década de 1930, cuando la fotografía crecía como un hobby favorito entre los alemanes: 10% de la población del país poseía una cámara propia para 1939", señala Wendy Lowell, profesora de Historia del Claremont McKenna College (California) y autora de The Ravine, un libro sobre la fotografía de la masacre de una familia judía en Ucrania.
Además, los propios jefes militares alemanes estimularon el uso de la cámara fotográfica por parte de los soldados. "Mientras se preparaban para la guerra que estalló en 1939 y, luego, para la gran campaña contra la Unión Soviética, en 1941, los líderes nazis permitían anuncios en las revistas dirigidas a los soldados y en otro tipo de medios promoviendo el uso de la cámara por parte de las tropas", dice Lowell a BBC Mundo.
"Era un objeto que podían llevar en la mochila. Los soldados iban a estar haciendo historia y esta podría ser documentada por el soldado común; y esas fotos iban a poder ser compartidas con sus seres queridos en su país para celebrar esta victoria. Eso es lo que ellos imaginaban", agrega.
De la fotografía cotidiana a la documentación de crímenes
Pero este panorama cambia en 1941, cuando Alemania se lanza a la conquista de la Unión Soviética. "A partir de entonces, la guerra se libra en dos frentes: había un conflicto convencional en el campo de batalla contra el Ejército Rojo e, inmediatamente después, en las zonas que eran conquistadas y ocupadas, ellos empezaron a asesinar a la población judía en masa", apunta Lowell.
Así, cuando los soldados alemanes invadieron Polonia, muchos de ellos -que llevaban cámaras- comenzaron a fotografiar lo que hacían mientras arrasaban con ese país.
"Tomaban fotos como soldados y como turistas, porque de algún modo también lo eran. Así que hacían fotos de los paisajes y hacían fotos de las matanzas. Tomaban fotos de sus amigos, de sus novias y así", apunta Janina Struck.
"En términos del Holocausto, los soldados tomaron fotos de ahorcamientos a los que asistieron y, a veces, se paraban junto a la persona que había sido colgada para tomarse una foto a su lado. Así que eso era un trofeo. Es una forma de demostrar su poder y el del ejército invasor. Pero no creo que eso fuera muy específico solamente de los alemanes", agrega.
Juergen Matthaus, director de investigación aplicada del Centro Mandel del Museo del Holocausto de Estados Unidos, señala que muchas de estas imágenes fueron tomadas en parte por las mismas razones que se aplican a la fotografía en general.
"Podía ser como 'déjame mostrarte algo espectacular' o 'aquí hay algo realmente inusual'", apunta.
En el caso concreto de las fotos que retrataban abusos y matanzas, había un tráfico constante con estas imágenes y muchas veces los soldados las intercambiaban entre sí.
"La mayor parte de estas ejecuciones, matanzas al aire libre, ocurrieron en las zonas de la Unión Soviética y de Polonia que habían sido ocupadas por los alemanes. Y desde allí había imágenes que eran enviadas por los testigos, que a veces simplemente estaban de paso por ese lugar, a sus familias en Alemania y Austria, donde la película era revelada y las imágenes incluso eran integradas en alguna colección familiar. Muchas de estas fotos terminaron en álbumes de fotos o en colecciones privadas", explica.
La humillación como trofeo y propaganda
Aunque los soldados alemanes tenían acceso y podían tomar fotografías de las matanzas y de los abusos, no significa que estuvieran obligados a hacerlo y mucho menos que debieran enviarlas a sus familias.
"Aquí hay muchas cosas. En primer lugar, ellos saben que es un evento histórico, algo que merece la pena fotografiar. También hay una fascinación espeluznante con la violencia, con el sufrimiento, con el tipo de voyeurismo asociado a eso", dice Wendy Lowell.
"¿Por qué alguien llegaría al lugar donde ha ocurrido un asesinato en masa y decidiría tomar fotos? También se debe al antisemitismo. Es por una sensación de triunfo porque si tú apoyas plenamente esa ideología y ese es tu espíritu de lucha, entonces estás viéndolo hacerse realidad en esta escena horrible. Si tú eres tan antisemita y crees en la ideología nazi, entonces estás fotografiando esto como un momento de triunfo", añade.
Janina Struck señala que una escena "muy popular", muy fotografiada, era la de los soldados alemanes humillando a los hombres judíos, sometiéndolos y cortándoles los bucles de la cabellera o la barba como se ve en una de las fotografías que acompañan este texto.
Esa imagen fue captada en Polonia en 1939 y está disponible en la biblioteca digital de Yad Vashem, el Museo del Holocausto en Israel. Quienes aparecen riendo en grupo mientras le cortan la barba a un judío son soldados de la Wehrmacht.
"Al constatar que un soldado del ejército tomó esta foto, y no las SS, que tradicionalmente eran mucho más antisemitas, podemos entender que la propaganda generalizada creada por los nazis también pasó factura entre los 'hombres comunes'", apunta en el texto que acompaña esa imagen en la web de Yad Vashem.
La construcción del enemigo
Y es que desde la llegada al poder de los nazis en 1933, la población alemana comenzó a recibir grandes dosis de propaganda y de adoctrinamiento antisemita, cuya figura más emblemática eran los ostjuden, los judíos orientales, quienes a diferencia de los judíos que vivían en Viena o Berlín no se habían asimilado completamente a las culturas locales.
"Los judíos orientales, los de Polonia y la Unión Soviética, parecían confirmar los estereotipos antisemitas que los nazis usaban en su propaganda. Muchos (…) eran judíos religiosos y vestían ropa tradicional, incluidas largas gabardinas negras y vestimentas rituales como los chales de oración (talit), junto con barbas pobladas y rizos largos de cabello a los costados de la cabeza. Parecían 'diferentes'.
"Muchos vivían en condiciones de pobreza impuestas a lo largo de los siglos por gobernantes indolentes y gobiernos antisemitas. Hablaban un idioma extraño y gutural llamado yiddish. Ellos realmente eran el 'otro'", escribe la educadora sobre el Holocausto, Liz Elsby, en un texto sobre la fotografía en el frente oriental de la II Guerra Mundial publicado en la web de Yad Vashem.
Agrega que entonces, a partir de la invasión de Polonia y de la Unión Soviética, esos alemanes que habían sido objeto durante años de la propaganda antisemita nazi se convirtieron en los policías y soldados del territorio habitado por estos judíos a quienes odiaban y temían.
"Al pueblo alemán se le enseñó no solo a odiar a los judíos, también se les enseñó a temerlos. Los judíos eran malvados. Eran amenazantes. Eran parte de una conspiración para apoderarse del mundo.
Entonces, cuando estos soldados se encontraron con los judíos orientales y fueron capaces de humillarlos primero y, luego, fotografiarlos, la fotografía se convirtió en un trofeo, una prueba de que ellos, miembros de la raza aria superior, se habían encontrado con el enemigo, lo habían sometido, humillado y dejado sin poder", apunta Elsby.
"Las fotografías fueron tomadas para una audiencia que, teniendo un fondo antisemita, habría apreciado, disfrutado y probablemente admirado los esfuerzos de sus camaradas por subyugar a su víctima judía y todo lo que representaba", agrega.
De imágenes de propaganda a pruebas judiciales
Además de estimular a sus soldados para que hicieran fotos, la Alemania nazi desplegó un verdadero ejército de fotógrafos oficiales que registraban lo que ocurría en la guerra tanto con fines de propaganda como con fines de documentación.
"Los nazis estaban obsesionados con la documentación. Básicamente, con fotografiar sus crímenes. Ellos querían documentar casi todo lo que hacían", comenta Janina Struck, quien distingue entre este tipo de imágenes como las del Stroop Report de las trophy potos hechas por los soldados.
Al final, la circulación constante de las imágenes captadas por los soldados alemanes de los crímenes que estaban cometiendo terminó convirtiéndose en un problema, por lo que los jerarcas nazis intentaron prohibir estas fotografías.
"No estaba permitido retratar estas ejecuciones masivas, pero en la práctica no había forma de hacer cumplir esa prohibición. Estos crímenes no se cometían en secreto, prácticamente cualquiera que estuviera allí podía verlos, no solamente los alemanes sino también la población local", cuenta Juergen Matthaus.
Señala que algunas de estas imágenes se volvieron muy conocidas entre la población en Alemania, tanto porque las personas las habían visto como por los rumores que circulaban en relación con estas.
"Es posible encontrar incluso en diarios de judíos en Alemania entradas en las que mencionan que ellos habían escuchado hablar sobre estas imágenes y que soldados alemanes habían sido testigos de estas matanzas. Así que este era una suerte de secreto oficial muy bien conocido", agrega el experto.
La circulación clandestina
Muchas de estas imágenes llegaron hasta la resistencia clandestina y fueron puestas en circulación e incluso llegaron hasta los Aliados.
"Algunas fotos cayeron en manos del movimiento de resistencia y se convirtieron en una forma poderosa de evidencia documental que inspiraba a la gente, a través de la indignación y del miedo, a luchar con más fuerza contra los nazis", comenta Wendy Lowell.
Se trataba, justamente, de la reacción que los jerarcas nazis querían evitar. Pero muchas imágenes como la que retrata la de muerte de Sorella Epstein, publicada en esta nota, tuvieron que esperar hasta el final de la guerra para tener un efecto distinto al previsto por los nazis.
El caso de Sorella Epstein
Entre el 15 y el 17 de diciembre de 1941, miles de judíos de la ciudad de Liepaja, en el oeste de Letonia, fueron detenidos y enviados a una zona de dunas próxima al mar Báltico.
Allí, junto a una larga zanja, fueron obligados a desvestirse y fueron ejecutados bajo las órdenes del comandante de las SS Fritz Dietrich. Se estima que entre 2.700 y 2.800 judíos fueron ejecutados allí.
La mayor parte eran mujeres y niños. Una de esas víctimas fue Sorella Epstein, una niña de 10 años de edad, que fue asesinada junto a otras mujeres de su familia.

Otros registros visuales de la persecución
La documentación fotográfica también registra diferentes espacios y momentos de la persecución nazi: prisioneros haciendo trabajos forzados, deportaciones, barracas, canteras, inspecciones y traslados hacia campos de exterminio.
- Prisioneros haciendo trabajos forzados. La fotografía fue tomada durante una inspección de las SS. El campo de concentración de Dachau, Alemania, el 28 de junio de 1938.
- Entrada principal al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Polonia, fecha incierta.
- Vista de las barracas del campo de Majdanek. Polonia, fecha incierta.
- Judíos del ghetto de Lodz subiendo a los trenes de carga para su deportación al campo de exterminio de Chelmno. Lodz, Polonia, entre 1942 y 1944.
- Deportación del campo provisional de Westerbork. Holanda, 1943-1944.
- Trabajos forzados en la cantera del campo de concentración de Mauthausen. Austria, fecha incierta.
- Un cartel afuera del campo provisional de Breendonk avisando que los intrusos serán fusilados. Breendonk, Bélgica, 1940-1944.
- Afeitando a un prisionero en el campo de concentración de Sachsenhausen. Alemania, 1942.
- Vista, a través del alambre de púas, de las barracas en el campo de concentración de Flossenbürg. Alemania, 1942.
- Vista del campo de Gurs desde una torre de agua. Gurs, Francia, c. 1941.
- Vista de la cantera en el campo de Gross-Rosen, donde los prisioneros fueron sujetos a trabajos forzados. Gross-Rosen, Alemania, 1940-1945.
- Prisioneros judíos en el campo de Drancy. Francia, entre 1942 y 1944.
- Vista exterior de las barracas del campo de concentración de Ravensbrueck. Alemania, entre mayo de 1939 y abril de 1945.
- Prisioneros recién llegados al campo de concentración de Buchenwald. Alemania, 1938-1940.
La fotografía de los soldados alemanes en guerra
Armados con cámaras Leica y Rolleiflex, algunos de estos soldados fueron comisionados oficialmente como fotógrafos, mientras que sus comandantes les pidieron a otros que tomaran registros de los eventos.
Entre ellos había aprendices que conocían la Bauhaus y otros hombres mayores que recordaban a Weimar. Algunos sobresalieron en el retrato formal, otros fueron narradores, estilistas o humanistas que lloraron por lo que vieron.
El estilo y el contenido de su trabajo cambiaron junto con el estado de ánimo colectivo después de 1942, un cambio que se percibe en las fotografías mismas.
Soldados descansando después de luchar contra los británicos en el sur de Bélgica, mayo de 1940. Alemanes en el verano de 1940, en Malo-les-Bains, cerca de Dunkerque.
Soldado afeitándose en Francia, en el verano de 1940. El fotógrafo, en el Panzer-Regiment 10, solía tomar fotografías fugaces de conversaciones y encuentros.
Adam Diemer y Adolf Fischer juegan a la cartas al oeste de Bryansk, Rusia, en el verano de 1941. Fotografía tomada por un soldado de la 18.ª División Panzer.
Unidad alemana de pie sobre un tanque T-35 soviético en el verano de 1941. Staffelführer Adolf Galland con Unteroffizier Mayer, norte de Francia, año 1940.
Sala de conferencias de la Casa Lenin, Minsk, año 1941. Fotografía de Emil Günther. Fotografía tomada en agosto de 1941 cerca de Tula, al sur de Moscú, por un oficial subalterno de la División de Infantería 23.
El fotógrafo artillero pasó dos inviernos en la región central al suroeste de Moscú. Esta foto fue tomada en el segundo invierno, 1942-43.
Otoño de 1942, regimiento el 394º activo en el área del Cáucaso de Rusia, alrededor de Pyatigorsk y el Canal de Lenin. Edificios en llamas tomadas durante el retiro de febrero de 1944.
Grupo de refugiados en la zona de Rahachow, cerca del río Dnieper, que fue ocupado brevemente por las fuerzas alemanas en el verano de 1941.
Las Imágenes Prohibidas del Fin de la Alemania Nazi
En septiembre de 1939, miles de soldados alemanes fueron liberados en Polonia. En 1940, descendieron sobre Holanda, Bélgica y Francia. En 1941 fueron a los Balcanes y luego a la URSS.
El célebre autor e historiador del arte Ian Jeffrey, autor de Photography: A Concise History y The Photography Book, ha hojeado estos álbumes, seleccionando los más convincentes de estos trabajos para crear un registro íntimo de vidas anónimas que experimentan lo sin precedentes.
Cómo interpretar estas imágenes históricas
Las imágenes de la Segunda Guerra Mundial no tienen todas la misma función ni el mismo grado de espontaneidad. Algunas fueron producidas por fotógrafos oficiales con fines de propaganda; otras fueron tomadas por soldados para conservar recuerdos personales; otras circularon como trofeos; y algunas terminaron convertidas en pruebas de crímenes contra la humanidad.
Los dibujos de los niños de Theresienstadt cumplen una función distinta: no celebran la violencia ni presentan una victoria militar, sino que conservan la percepción de quienes vivieron el encierro, la deportación y la amenaza de muerte.
La fotografía del sobreviviente torturado por los alemanes pertenece a otro momento documental y muestra las consecuencias inmediatas de la violencia. El texto de archivo confirma que el joven fue torturado por los alemanes y está protegido por la Cruz Roja Americana.
Por ello, no resulta históricamente preciso presentar el conjunto como dibujos de alemanes torturados. La evidencia reunida permite distinguir entre dibujos de niños judíos perseguidos, fotografías de víctimas y sobrevivientes, imágenes de campos de concentración y fotografías tomadas por miembros de las fuerzas alemanas durante la persecución y el exterminio.