La Primera Guerra Mundial (1914-1918), conocida en su momento como la Gran Guerra, fue uno de los conflictos bélicos más destructivos y de mayor impacto geopolítico de la historia. Se estima que se movilizaron casi 70 millones de soldados, provenientes principalmente de una veintena de países.
La Primera Guerra Mundial comenzó en Europa el 28 de julio de 1914 y se extendió a lo largo de cuatro años, hasta el 11 de noviembre de 1918. En estos años se enfrentaron los ejércitos de la Entente y las Potencias Centrales, mientras el conflicto se extendía por tierra, mar y aire a Europa, África, Asia, Oriente Medio, Oceanía y los océanos.
¿Qué fue la Primera Guerra Mundial?
La Primera Guerra Mundial marcó el primer gran conflicto internacional del siglo XX. La guerra enfrentó a dos alianzas: la Triple Alianza y la Triple Entente. Si bien cada una se formó al inicio por tres países, otras naciones se fueron uniendo en los años posteriores.
La magnitud del conflicto fue tal que costó la vida de alrededor de 16 millones de personas de diferentes nacionalidades y cambió el equilibrio de poder en el mundo, incluida la caída de cuatro imperios.
Conocida también como la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial fue uno de los conflictos más letales de la historia, un enfrentamiento que se extendió por tierra, mar y aire y que abarcó prácticamente la totalidad del Viejo Continente.
Los bandos enfrentados
La Entente o los Aliados
La Entente reunía inicialmente a Francia, el Reino Unido y Rusia, junto a países involucrados como Serbia, Montenegro y Bélgica. Más tarde se sumaron otros países, como Japón, Italia, Portugal, Rumania, Estados Unidos y Grecia.
- Gran Bretaña.
- Francia.
- Serbia.
- Rusia Imperial, también llamada Rusia Zarista.
- Japón.
- Italia.
- Portugal.
- Rumania.
- Grecia.
- Estados Unidos.
- Bélgica.
Rusia abandonó la guerra tras la Revolución de Octubre de 1917. España, por su parte, mantuvo su posición de neutralidad durante toda la Primera Guerra Mundial.
Las Potencias Centrales
Las Potencias Centrales eran el Imperio alemán, el Imperio austrohúngaro, el Imperio otomano y el Reino de Bulgaria, junto con sus aliados estratégicos en África y Asia.
- Alemania.
- Austria-Hungría.
- Imperio otomano.
- Bulgaria.
La Triple Alianza se formó en 1882 por Alemania, el Imperio austrohúngaro e Italia, aunque Italia se acabaría uniendo al bando contrario tras el inicio de las hostilidades.
Las Potencias Centrales se basaban en una alianza entre los imperios alemán y austrohúngaro, a la que se había unido Italia en la llamada Triple Alianza, hasta que el gobierno italiano se pasó al bando de la Entente en 1915.
Las causas de la Primera Guerra Mundial
Las principales causas de la Primera Guerra Mundial fueron la competencia industrial y colonial de las potencias europeas, el auge del nacionalismo, el sistema de alianzas, la carrera armamentística y las tensiones acumuladas en los Balcanes.
La competencia imperial y colonial
A lo largo del siglo XIX, Europa consolidó su dominio económico, tecnológico y militar sobre gran parte del mundo y varios de sus países se constituyeron en potencias coloniales con posesiones en África, Asia y Oceanía.
Sin embargo, el reparto territorial no fue equitativo: países como el Reino Unido y Francia, que habían desarrollado su industria y alcanzado un predominio colonial más tempranamente, aventajaban a países como Alemania, que se había industrializado con fuerza durante el siglo XIX y tenía ambiciones imperiales.
Esto condujo a un escenario de conflicto entre las potencias coloniales y a la formación de alianzas entre naciones que competían por razones políticas o económicas.
La unificación de Alemania en el año 1871 la había convertido en una gran potencia que amenazaba de manera directa los intereses económicos tanto de Francia como del Reino Unido. Alemania se hallaba en plena búsqueda de nuevos mercados y pretendía ampliar su imperio colonial.
Tanto Francia como el Reino Unido eran dueños de amplias posesiones por todo el mundo, e incluso algunas naciones más pequeñas y no tan ricas como Bélgica y Portugal dominaban zonas mucho más extensas que sus propios estados nacionales.
Por su parte, el Imperio austrohúngaro carecía de colonias mientras que Alemania únicamente pudo conseguir, tras muchas presiones, Togo, Camerún, el desierto de Namibia y la actual Tanzania, cuatro territorios africanos sin apenas riquezas y con escasas oportunidades económicas.
En particular, Alemania se presentaba en la escena internacional como elemento perturbador de los equilibrios en Europa, donde la competencia con Francia, con respecto a los territorios de Alsacia y Lorena, representaba uno de los puntos de fricción más fuerte en el corazón del continente.
Además, el antagonismo marítimo con Inglaterra, la política imperialista de Berlín y la voluntad de ver reconocidos sus intereses en África determinaban tensiones también extraeuropeas y llevaron a las dos crisis marroquíes en 1905 y 1911.
El surgimiento de nuevas potencias industriales
La Revolución Industrial comenzó en Inglaterra en el siglo XVIII. Poco después, países como Bélgica y Francia iniciaron sus propios procesos de industrialización.
Entre 1870 y 1914, la llamada Segunda Revolución Industrial introdujo novedades técnicas y tecnológicas y vio el ascenso de nuevas potencias industriales, principalmente Alemania, Estados Unidos y Japón.
La aparición de nuevas potencias industriales intensificó la competencia económica, política y colonial, pues la industria promovía el crecimiento económico, impulsaba el desarrollo y la modernización del armamento militar y, al mismo tiempo, demandaba materias primas que en muchos casos eran obtenidas en las colonias de Asia, África o el Pacífico.
El nacionalismo
La idea de un país como un Estado-nación con una cultura, una identidad y un proyecto político propios surgió en el siglo XVIII y se consolidó en el siglo XIX. Ello dio origen a nuevas tensiones de tipo étnico o nacional, especialmente en Europa del Este.
En el ámbito político, la paulatina penetración de idearios nacionalistas en buena parte de Europa contribuyó a la creación de un clima prebélico. Las proclamas nacionalistas incidían en la unión sin reservas de toda la ciudadanía contra la amenaza de un supuesto enemigo exterior.
Los actos patrióticos se multiplicaron, e incluso la prensa puso su grano de arena para descalificar a los supuestos enemigos de la nación.
El fuerte espíritu nacionalista presente en la mayoría de discursos políticos acabó eclipsando los planteamientos de los líderes socialistas y los sindicatos obreros.
Las reivindicaciones territoriales que proponía el nacionalismo francés, como la devolución de Alsacia y Lorena, en poder de Alemania, o el nacionalismo italiano, que reclamaba la devolución de las regiones del norte de Italia, en poder del Imperio austrohúngaro, calaron de tal manera que la ciudadanía creyó en la necesidad imperiosa de hacer lo imposible por liberar e incorporar de nuevo esas regiones a sus respectivos países.
Entre las ideologías nacionalistas destacaron el pangermanismo alemán, cuyo fin era volver a reunir en un gran imperio a todos los pueblos de origen germánico, y el paneslavismo serbio, apoyado por sus “hermanos” eslavos rusos, que proponía la unión bajo un mismo Estado de todos los pueblos eslavos.
Las tensiones en Europa Oriental y los Balcanes
En Bosnia y Herzegovina, antiguos territorios otomanos reclamados por el Imperio austrohúngaro, existían proyectos de Estados eslavos autónomos o de anexión al Reino de Serbia, aliado del Imperio ruso.
Entre 1912 y 1913 la región balcánica, a la que pertenecían Bosnia y Herzegovina, vivió dos guerras locales y se la conoció como “el polvorín de Europa”, pues se consideraba que en cualquier momento podía encenderse y volver a estallar.
Europa central y oriental no fueron una excepción. Las minorías que vivían en los Balcanes empezaron a reclamar la creación de un Estado propio, mientras que Serbia y Bulgaria pretendían ampliar sus fronteras para acoger a todas aquellas personas que habían emigrado en el pasado.
Las reivindicaciones de los pueblos eslavos fueron apoyadas por Rusia, que a su vez buscaba una salida geoestratégica al Mediterráneo.
Finalmente, la mecha prendió en los Balcanes, convertidos en un polvorín y en el principal objeto del deseo del Imperio austrohúngaro, que al carecer de colonias y de una salida al mar vio en este territorio un gran mercado por conquistar.
Los austríacos no veían con buenos ojos las aspiraciones serbias de reunificar a todos los pueblos eslavos. El Imperio otomano, que durante siglos había controlado la zona, quería seguir conservando su prestigio e influencia en la región. Por su parte, Rusia, que anhelaba una salida al mar Mediterráneo, se erigió en la gran defensora de los eslavos.
Entre octubre y diciembre de 1912 y entre julio y agosto de 1913, los actores regionales, montenegrinos serbios, búlgaros y griegos trataron de ampliar sus territorios quedando, al final, básicamente insatisfechos.
Las guerras balcánicas produjeron solo el efecto de agitar y mezclar los nacionalismos, obligando a la monarquía de los Habsburgo a reconsiderar su política hacia el área.
Sobre todo, la afirmación de una Serbia victoriosa y la significativa presencia eslava en el imperio austro-húngaro convencieron a los Habsburgo de la necesidad de actuar antes de que Serbia representara una fuerza de atracción para los pueblos aún sometidos al Imperio.
El sistema de alianzas
La guerra adquirió una dimensión mundial porque muchas naciones se vieron arrastradas al conflicto. Esto sucedió debido a la existencia de tratados de alianza y asistencia mutua entre los integrantes de ambos bandos desde fines del siglo XIX y comienzos del XX.
La Entente fue el resultado de una sucesión de acuerdos que habían comenzado con la alianza franco-rusa de 1893, la Entente cordiale franco-británica de 1904 y la Triple Entente de 1907.
Las Potencias Centrales se basaban en una alianza entre los imperios alemán y austrohúngaro de 1879, a la que se había unido Italia en la llamada Triple Alianza de 1882, hasta que el gobierno italiano se pasó al bando de la Entente en 1915.
Durante las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, las potencias europeas habían configurado una política de alianzas que dio lugar a la aparición de dos bloques antagónicos.
En 1882, la recién unificada Alemania firmó un tratado de colaboración militar con su aliado tradicional, el Imperio austrohúngaro, para aislar a su gran enemiga: Francia. A este acuerdo se uniría más adelante Italia, por lo que el pacto pasó a conocerse como Triple Alianza.
Ante la perspectiva de quedar aislada diplomáticamente, Francia buscó la amistad del imperio ruso, que rivalizaba con Alemania y Austria por el control del este de Europa.
El miedo al poderío militar de los imperios centrales también era compartido por el Reino Unido, partidario históricamente de un equilibrio de poder continental que favorecía sus intereses.
Así Francia y Gran Bretaña firmaron en 1907 la Entente Cordiale, un tratado de no agresión que ponía fin a las disputas coloniales de estos dos enemigos tradicionales.
La paz armada y la carrera militar
En previsión de un conflicto europeo en el futuro inmediato, la mayoría de las potencias de fines del siglo XIX y comienzos del XX dedicaron su poderío industrial a fabricar y desarrollar armamento de guerra, durante un período que fue conocido como la “paz armada”.
La “paz armada” fue, en realidad, una escalada armamentista que duró entre 1871 y 1914. Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, la mayoría de gobiernos hizo grandes inversiones para fortalecer y modernizar sus ejércitos, a los que se dotó de los últimos avances armamentísticos con la excusa de la defensa.
A finales del siglo XIX, tanto Gran Bretaña como Alemania habían comenzado una carrera armamentista y empezaron una producción masiva de tanques, aviones y buques de guerra.
La política de bloques y la carrera armamentística mantenían el continente en un equilibrio precario en el que la mutua desconfianza solo necesitaba la chispa de un conflicto local para convertirlo en una guerra total.
El detonante: el asesinato de Francisco Fernando
El detonante de la guerra fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero al trono austrohúngaro, en la ciudad de Sarajevo, en Bosnia y Herzegovina. El hecho ocurrió el 28 de junio de 1914.
Francisco Fernando visitó Sarajevo acompañado de su esposa Sofía. Un grupo de militantes de la organización revolucionaria Joven Bosnia, vinculada a la organización secreta Mano Negra, se había reunido en la calle por donde estaba previsto que pasara la comitiva del archiduque con la intención de asesinarlo.
En el preciso momento en que la comitiva se cruzó con Nedeljko Čabrinović, este lanzó una granada contra el coche en el que viajaban el archiduque y su esposa, pero falló.
Más tarde, cuando la pareja real se dirigía a un hospital para visitar a los heridos por el atentado, la comitiva se equivocó de ruta y giró por una calle donde se hallaba apostado Gavrilo Princip.
Al ver el coche del archiduque, Princip disparó contra Francisco Fernando y Sofía, causándoles la muerte.
El autor del atentado fue el serbobosnio Gavrilo Princip, perteneciente a la organización nacionalista serbia Mano Negra.
Tras el asesinato, las autoridades austrohúngaras alentaron a la población a llevar a cabo manifestaciones antiserbias en Sarajevo y se organizaron acciones violentas contra los serbios fuera de la ciudad.
Los ataques contra los serbios fueron en aumento y se extendieron a otras ciudades de la actual Bosnia, Croacia y Eslovenia.
La crisis de julio
Tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando, entre el 28 de junio y el 6 de agosto de 1914 tuvo lugar lo que ha dado en conocerse como Crisis de Julio, un período en el que las principales potencias europeas llevaron a cabo diversas iniciativas diplomáticas para evitar males mayores, pero que terminó con el estallido de la Gran Guerra.
El gobierno austrohúngaro hizo responsable al gobierno de Serbia y le envió un ultimátum. El 23 de julio de 1914 el Gobierno austrohúngaro dio un ultimátum a Serbia en el que exigía diez demandas que justificaban una declaración de guerra.
El 25 de julio, Serbia ordenó asimismo la movilización general e informó de que aceptaba todos los términos del ultimátum a excepción del artículo sexto, que exigía al Gobierno serbio aceptar el envío de una delegación austríaca a Sarajevo para participar en las investigaciones del asesinato.
Austria rompió relaciones diplomáticas con Serbia y el 28 de julio de 1914 el Imperio austrohúngaro declaró la guerra a Serbia.
Como Serbia tenía un acuerdo de apoyo mutuo con Rusia, el ejército ruso se movilizó con la intención de apoyar a los serbios contra Austria-Hungría, y eso promovió a su vez la entrada en guerra de Francia, pues era aliada de Rusia.
Por su parte, Alemania apoyó al Imperio austrohúngaro, declaró la guerra a Rusia e invadió Bélgica para llegar hasta Francia.
Dado que Bélgica era un país neutral, su invasión significó una transgresión de los tratados internacionales y eso motivó al Reino Unido a declarar la guerra a Alemania.
Para el 4 de agosto de 1914, las principales potencias europeas estaban implicadas en la guerra.
Desarrollo y etapas de la guerra
La Primera Guerra Mundial duró cerca de cuatro años y los historiadores la dividen en tres periodos: guerra de movimientos, guerra de trincheras y segunda guerra de movimientos.
| Etapa | Periodo | Características |
|---|---|---|
| Guerra de movimientos | Agosto-noviembre de 1914 | Facilidad de traslado de los ejércitos hacia el frente de batalla. |
| Guerra de trincheras | Noviembre de 1914-marzo de 1918 | Zanjas de posiciones protegidas con púas, sacos de arena y minas subterráneas. |
| Segunda guerra de movimientos | Marzo-noviembre de 1918 | Los ataques volvieron a ser frontales antes de la rendición. |
La guerra de movimientos en 1914
Al principio, todos los bandos estaban entusiasmados y confiaban en una victoria rápida y decisiva. Este entusiasmo se desvaneció a medida que la guerra se empantanó y se convirtió en un punto muerto de costosas batallas y guerra de trincheras.
Las tropas partieron para el frente entre la multitud festiva, convencidas de “regresar a casa para Navidad”, demostrando que nunca una guerra había empezado con un malentendido tan fundamental acerca de su naturaleza.
La batalla de Tannenberg se libró entre el 26 y el 30 de agosto de 1914 entre Alemania y Rusia en Prusia Oriental, con la victoria de la primera.
En la batalla de Marne, desarrollada del 5 al 12 de septiembre, los países de la Entente evitaron el avance de Alemania sobre Francia. A partir de aquí comenzó la guerra de trincheras.
En octubre, el Imperio otomano decidió unirse a las Potencias Centrales y declaró la guerra a la Triple Entente.
La guerra de trincheras
El sistema de trincheras y fortificaciones de Europa occidental se extendía en total unas 475 millas. Abarcaba aproximadamente desde el Mar del Norte hasta la frontera de Suiza.
Para la mayoría de los combatientes norteamericanos y de Europa occidental, su experiencia fue la de la guerra de trincheras.
Por otra parte, la vasta extensión del frente oriental impedía la guerra de trincheras a gran escala, pero el alcance del conflicto seguía siendo igual al del frente occidental.
Este tipo de batalla consistía en zanjas de posiciones establecidas donde los soldados blindaban las entradas con púas, sacos de arena y minas subterráneas.
En 1915 tuvo lugar la batalla de Ypres, entre abril y mayo, en la que Francia, Gran Bretaña, Australia y Canadá hicieron retroceder a Alemania en el territorio de Bélgica.
Fue la primera vez que el ejército alemán hizo uso del gas venenoso.
La batalla de Gallipoli, también conocida como la Campaña de los Dardanelos, se desarrolló entre abril de 1915 y enero de 1916. Inglaterra y Francia intentaron apoderarse de Turquía, pero fueron derrotadas por el Imperio otomano.
Después de declararse neutral, Italia decidió unirse a la Triple Entente.
Alemania comenzó una guerra en el mar con submarinos de alta tecnología. Como consecuencia, el Lusitania, barco británico de pasajeros, fue hundido y fallecieron más de mil personas, incluyendo importantes empresarios estadounidenses.
Las grandes batallas de 1916
La batalla de Verdún se desarrolló del 21 de febrero al 1 de diciembre de 1916. Los ejércitos franceses y alemanes se enfrentaron en el noroeste de Francia.
La batalla fue una de las más largas y mortíferas de la Primera Guerra Mundial. Se registraron más de un millón de muertos.
La batalla de Jutlandia, librada el 31 de mayo, fue uno de los combates marítimos más grandes de la historia moderna, entre las flotas alemana y británica en las costas de Dinamarca.
El Imperio británico consiguió dominar el campo de batalla.
La batalla del Somme se desarrolló del 1 de julio al 18 de noviembre. Con la idea de distraer a las tropas alemanas de Verdún, el ejército inglés y el francés se unieron para enfrentarlo.
El 1° de julio de 1916 se produjo la mayor pérdida de vidas humanas en un solo día. En este día, tan solo en el Somme, el ejército británico sufrió más de 57.000 bajas.
La entrada de Estados Unidos y la Revolución Rusa
En abril de 1917 se produjo un cambio decisivo en las hostilidades.
Estados Unidos se unió a la guerra del lado de la Entente el 6 de abril, después de interceptar un telegrama alemán dirigido al presidente mexicano Venustiano Carranza para ofrecerle una alianza a cambio de atacar a su vecino.
Citando la política alemana de guerra submarina sin restricciones y su intento de aliarse con México, Estados Unidos le declaró la guerra a Alemania el 6 de abril de 1917.
Las nuevas tropas y materiales de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense, al mando del general John J. Pershing, junto con el bloqueo cada vez más estricto de los puertos alemanes ayudaron a la larga a cambiar el equilibrio del esfuerzo bélico en favor de los aliados.
En 1917, Rusia, una de las principales potencias aliadas, se vio sacudida por dos revoluciones. En la primera se derrocó al gobierno imperial. La segunda llevó a los bolcheviques al poder.
Estos acontecimientos se conocen colectivamente como la Revolución Rusa.
La pobreza y la escasez en Rusia se agravaron con el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Las muertes de soldados y las sucesivas derrotas militares incrementaron el descontento con el gobierno zarista.
La Revolución de Febrero derrocó al zar Nicolás II y poco después triunfó la Revolución de Octubre, que instauró un régimen comunista liderado por los bolcheviques.
El efecto inmediato de la Revolución Rusa en el escenario europeo fue una brutal y prolongada guerra civil en territorios que anteriormente habían estado gobernados por Rusia, entre 1917 y 1922, y la decisión del nuevo liderazgo bolchevique de hacer una paz separada con las Potencias Centrales.
El resultado final fue un tratado de paz firmado el 3 de marzo de 1918 en Brest-Litovsk, actualmente Brest, Bielorrusia.
De conformidad con este tratado, Rusia, que ya entonces estaba bajo control bolchevique, renunció a sus pretensiones sobre Finlandia, Ucrania, Estonia y Letonia.
También renunció a reclamar territorios polacos y lituanos que antes estaban bajo el dominio imperial ruso.
La ofensiva final de 1918
El Tratado de Brest-Litovsk liberó a Alemania para concentrar sus fuerzas en el frente occidental.
Para finales de julio de 1918, ya habían avanzado hasta situarse a 50 millas de París, lo cual llevó al káiser Wilhelm II a asegurarle al pueblo alemán que la victoria estaba a su alcance.
En agosto, sin embargo, las fuerzas aliadas, ahora reforzadas con dos millones de soldados estadounidenses, detuvieron la ofensiva alemana y comenzaron a hacer retroceder constantemente a las líneas alemanas en lo que se conoció como la “Ofensiva de los Cien Días”.
La Segunda batalla de Marne, desarrollada del 15 de julio al 6 de agosto, permitió que Francia y Estados Unidos detuvieran la última gran ofensiva de Alemania.
La batalla de Amiens, librada el 8 de agosto, fue llamada la Ofensiva de los Cien Días.
La rendición de tropas alemanas puso fin a la guerra de trincheras.
La batalla de Caporetto, el 24 de octubre de 1917, terminó con la derrota de Italia frente al Imperio austrohúngaro.
Gran Bretaña bloqueó los puertos de los países aliados, provocando escasez de comida y combustible.
Las Potencias Centrales comenzaron a rendirse, comenzando con Bulgaria y el Imperio otomano en septiembre y octubre de 1918, respectivamente.
Bulgaria se rindió el 29 de septiembre. El Imperio otomano firmó su rendición el 30 de octubre. El 3 de noviembre, las fuerzas austrohúngaras firmaron una tregua cerca de Padua, Italia.
El armisticio del 11 de noviembre de 1918
A finales de septiembre, los líderes militares alemanes le informaron al káiser que la guerra estaba perdida y que Alemania debía pedir un armisticio.
El 4 de octubre, el canciller alemán le envió un telegrama al presidente estadounidense Woodrow Wilson con una petición para negociar la paz con los aliados.
La noticia de que Alemania había pedido la paz conmocionó al pueblo alemán y provocó descontento con el gobierno.
A finales de octubre, el amotinamiento de marineros alemanes en Kiel desencadenó una revuelta generalizada en las ciudades costeras alemanas y en las principales áreas municipales de Hannover, Frankfurt del Meno y Múnich.
El 9 de noviembre de 1918, en medio del malestar generalizado, se anunció la abdicación del káiser. Ese mismo día se proclamó la república alemana.
El 8 de noviembre, el gobierno alemán envió a Francia una delegación encabezada por Matthias Erzberger para recibir y aceptar las condiciones de los Aliados para poner fin a la guerra.
Dos días más tarde, Erzberger se reunió con una delegación de los aliados victoriosos bajo el mando del mariscal de campo francés Ferdinand Foch, comandante general de las fuerzas aliadas, en un vagón de ferrocarril en el bosque de Compiègne y aceptó las condiciones del armisticio.
La dureza de estas condiciones, que incluían la ocupación aliada del territorio alemán de Renania, la rendición a los aliados de toda la flota alemana y la continuación del bloqueo naval de Alemania, presagiaba los términos del Tratado de Versalles.
El 11 de noviembre de 1918 a las 11:00 a. m. cesaron los combates en el frente occidental. La “Gran Guerra”, como la llamaban sus contemporáneos, había terminado.
El alcance mundial de la guerra
Este fue el primer conflicto bélico que involucró a naciones de todo el planeta. Aunque principalmente fueron ejércitos europeos los que llevaron las directrices, participaron países desde América hasta Oceanía.
También se produjeron intensos combates en otros lugares de Europa, como en el norte de Italia, los Balcanes, Grecia y la Turquía otomana.
Además hubo combates en África, Asia, Oriente Medio y las islas del Pacífico, en el mar y, por primera vez, en el aire.
Los combates comenzaron en agosto de 1914 y continuaron en varios continentes durante los cuatro años siguientes.
Las pérdidas humanas y materiales
Pérdidas militares
La Primera Guerra Mundial representó una de las guerras más destructivas de la historia. Más de 8,5 millones de soldados murieron como resultado de las hostilidades, una cifra que supera las muertes militares de todas las guerras entre potencias europeas del siglo XIX.
Aunque es difícil determinar con precisión las estadísticas de las bajas, se calcula que 21 millones de hombres resultaron heridos en combate.
Las enormes pérdidas en todos los bandos del conflicto se debieron en parte a la introducción de nuevas armas y tácticas militares, como la artillería de largo alcance, los tanques, el gas venenoso y la guerra aérea.
Los líderes militares tampoco lograron ajustar sus tácticas a la naturaleza cada vez más mecanizada de la guerra. Las políticas de la guerra de desgaste, particularmente en el frente occidental, les costaron la vida a cientos de miles de soldados.
Alemania y Rusia sufrieron la mayor cantidad de muertes de militares: aproximadamente 1.773.700 y 1.700.000, respectivamente.
Francia perdió el 16% de sus fuerzas movilizadas, la tasa de mortalidad más alta respecto a las tropas desplegadas.
Pérdidas civiles
Ningún organismo oficial llevó una cuenta minuciosa de las bajas civiles durante los años de la guerra, pero los estudiosos afirman que hasta 13.000.000 de no combatientes murieron como resultado de las hostilidades, principalmente por hambre, enfermedades, acciones militares y masacres.
Se estima que casi nueve millones de soldados y siete millones de civiles murieron durante los cuatro años que duró la Primera Guerra Mundial. Esto representaba casi el 1% de la población mundial de la época.
Las muertes fueron consecuencia tanto de la violencia bélica propiamente dicha como de las hambrunas y enfermedades que trajo consigo la guerra, incluido el efecto del gas mostaza y otros agentes tóxicos usados durante la guerra.
La cantidad de heridos y mutilados se calcula en veinte millones.
Como consecuencia del conflicto, millones de personas fueron desarraigadas o desplazadas de sus hogares en Europa y Asia Menor.
Las pérdidas industriales y de propiedades fueron catastróficas, especialmente en Francia y Bélgica, donde los enfrentamientos habían sido más intensos.
La gripe española
La mortalidad de las poblaciones de militares y civiles llegó a su punto máximo al final de la guerra, debido al brote de la “gripe española”, la más mortífera epidemia de influenza de la historia.
Debido al intenso movimiento de tropas y al hacinamiento y las condiciones insalubres en las trincheras, la Primera Guerra Mundial contribuyó a la propagación de un nuevo tipo de infección respiratoria, conocida como la “gripe española”, que se convirtió en una pandemia a inicios de 1918.
Este virus de la gripe tipo A no se originó en España, pero recibió su nombre debido a que fue informado por la prensa española mientras los países beligerantes censuraban la información para no dañar la moral de las tropas.
Provocó la muerte de decenas de millones de personas entre 1918 y 1920.
El Tratado de Versalles
Una vez terminada la guerra, los países vencedores firmaron junto a Alemania el Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919.
Mediante este tratado se responsabilizó a Alemania por la guerra y se le impusieron unas condiciones muy severas que incluían el pago de costosas reparaciones de guerra, la pérdida de territorios y diversas prohibiciones, como la que impedía superar una determinada cantidad de efectivos militares.
Los países de la Triple Entente y sus aliados llamaron a una cumbre en Versalles donde se obligó a las naciones vencidas a firmar tratados de paz.
- Desarme de sus máquinas de guerra.
- Desmilitarización en territorios de otros países.
- Cesión de territorios a otras naciones.
- Pago de reparaciones a los países de la Entente.
Sin derecho a la negociación, Alemania fue obligada a firmar el Tratado de Versalles, a pesar de que no tenía las condiciones económicas para cumplir con todos los puntos estipulados.
Consecuencias políticas y geopolíticas
La caída de cuatro imperios
Como resultado del conflicto cayeron imperios y sus respectivas dinastías gobernantes.
- El Imperio alemán, gobernado por los Hohenzollern, se derrumbó poco antes de la firma del armisticio de noviembre de 1918 y dio paso a la República de Weimar.
- El Imperio austrohúngaro, de la Casa de Habsburgo-Lorena, se disolvió y su territorio se dividió en diversas naciones, entre ellas Austria y Hungría.
- El Imperio otomano, encabezado por la dinastía de Osman, quedó disgregado y en 1922 fue disuelto por los nacionalistas turcos que fundaron la República de Turquía.
- El Imperio ruso, gobernado por la dinastía Romanov, cayó en 1917 cuando la Revolución de Febrero derrocó al zar Nicolás II y la Revolución de Octubre instauró un gobierno bolchevique.
Los territorios del Imperio otomano en Medio Oriente fueron repartidos entre el Reino Unido y Francia en la forma de mandatos de la Sociedad de Naciones.
La reorganización territorial de Europa
Con el colapso de los antiguos imperios en el tramo final de la guerra, los vencedores se dedicaron a reordenar el territorio de Europa y los movimientos nacionalistas impulsaron en muchos casos la independencia.
Así surgieron nuevas naciones, como Checoslovaquia, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Yugoslavia, inicialmente llamada Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos.
También se establecieron como naciones independientes Austria y Hungría.
Además de ceder parte de sus territorios en Europa, el Imperio alemán perdió sus colonias en África, Asia y Oceanía.
La Primera Guerra Mundial cambió radicalmente la fisonomía del mapa europeo y dejó cuestiones irresueltas que desembocaron trágicamente en la Segunda Guerra Mundial.
La Sociedad de Naciones
Otra consecuencia del Tratado de Versalles fue la fundación de la Sociedad de Naciones, que entró en vigor en 1920 y fue el organismo precursor de la Organización de las Naciones Unidas.
Su función era contribuir a la solución pacífica de las tensiones internacionales y evitar el estallido de una nueva “gran guerra”.
Sin embargo, no pudo evitar que veinte años más tarde comenzara la Segunda Guerra Mundial.
El fortalecimiento de Estados Unidos
Gracias a su despliegue económico y militar, Estados Unidos asumió una posición de gran importancia junto a las otras potencias.
La entrada de Estados Unidos y el peso de sus tropas y materiales ayudaron a cambiar el equilibrio del esfuerzo bélico en favor de los aliados.
La Revolución Rusa y el comunismo
La instauración de un régimen comunista en Rusia significó la irrupción del comunismo como una fuerza política de importancia en el panorama europeo y mundial.
Este hecho inspiró a numerosos partidos de izquierda revolucionaria y se convirtió en el principal rival ideológico del fascismo y el nazismo en las décadas de 1920 y 1930.
Consecuencias económicas y sociales
La crisis alemana
El Tratado de Versalles provocó en Alemania deudas y dificultades económicas que generaron descontento entre la población.
El Tratado de Versalles provocó un enorme empobrecimiento a Alemania, lo que originó una caída económica y social.
Esta circunstancia fue aprovechada por el nazismo, un movimiento nacionalista que basó parte de su discurso político en la crítica al Tratado de Versalles y que llegó al poder en 1933.
La transformación de la guerra
La Primera Guerra Mundial impulsó el desarrollo y el uso de nuevas armas de destrucción.
Los desarrollos científicos y tecnológicos creados en esta guerra, como el gas venenoso, las aeronaves militares y los submarinos, se siguieron utilizando en los conflictos subsiguientes.
La introducción de la artillería de largo alcance, los tanques, el gas venenoso y la guerra aérea aumentó enormemente la capacidad destructiva de los ejércitos.
La emancipación de la mujer
La participación activa de las mujeres en la vida económica al ocupar puestos de trabajo en fábricas y plantíos las impulsó a luchar por nuevos derechos.
La movilización general y la ausencia de millones de hombres en los frentes modificaron las funciones sociales y económicas desempeñadas por las mujeres durante el conflicto.
Importancia histórica
La Primera Guerra Mundial fue uno de los acontecimientos más importantes de la historia mundial, pues de ella se derivaron múltiples efectos que desembocaron en nuevos conflictos.
El profundo impacto de la Primera Guerra Mundial en las esferas internacionales, políticas, económicas y sociales resonaría durante décadas.
El conflicto no solucionó los problemas con el Tratado de Versalles, sino que dejó cuestiones irresueltas y consecuencias desestabilizadoras que continuaron afectando los equilibrios mundiales.
La guerra tuvo un carácter más radical en los territorios herederos de políticas imperiales seculares, donde se convirtió en una lucha por la libertad y la autodeterminación de los pueblos.
Mientras que en la parte occidental se discutía sobre modificaciones fronterizas sin poner en cuestión la existencia de los Estados, en el Este la supervivencia de un imperio o de las diferentes nacionalidades dependía del resultado de las hostilidades.
