Los acuerdos políticos de la Segunda Guerra Mundial fueron el conjunto de pactos, conferencias, actas de capitulación y tratados que organizaron la victoria de los Aliados, establecieron las condiciones de posguerra, modificaron las fronteras y crearon instituciones destinadas a preservar la paz. Los principales acuerdos se prepararon durante el conflicto y se formalizaron después de 1945, especialmente mediante los Tratados de París de 1947, el Tratado de San Francisco de 1951, el Tratado de Estado austríaco de 1955 y el Tratado 2+4 de 1990.
Estos acuerdos no produjeron un orden completamente estable, porque la cooperación entre los vencedores se quebró al terminar la guerra y dio paso a la Guerra Fría. Por eso, junto con la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los tratados de paz también consolidaron la división de Alemania, la expansión territorial soviética, la reorganización de Europa y la formación de dos grandes áreas de influencia política.
El origen de la guerra y el fracaso del sistema de Versalles
Sin lugar a dudas, la Segunda Guerra Mundial ha sido el conflicto armado más devastador de la historia de la humanidad. Se calcula que entre 55 y 60 millones de personas murieron durante los seis años que duraron los enfrentamientos armados que se extendieron por todo el mundo, desde Europa hasta Asia y desde África hasta Oceanía.
Para entender los orígenes de la Segunda Guerra Mundial debemos retroceder a finales de la Primera Guerra Mundial, también conocida como Gran Guerra, que culminó con la firma del Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919. Este hecho sería, al menos en parte, el detonante de los acontecimientos que se desarrollaron durante los años siguientes y que acabarían por llevar a Adolf Hitler al poder y terminar desencadenando un nuevo conflicto que acarrearía episodios tan terribles como el Holocausto.
La firma del tratado era un duro golpe de encajar para la delegación alemana. Tanto los representantes del país vencido, así como los periódicos y la población general, entendían que se trataba de un acto de imposición más que de una negociación.
El artículo 231 reconocía la responsabilidad moral de Alemania por la guerra y su imputabilidad legal por los daños ocasionados. Por otra parte, el artículo 232 reconocía implícitamente su incapacidad económica para satisfacerlos.
Desde la derecha alemana se utilizó este artículo como el elemento central de la campaña contra el tratado. Destacados oficiales del Ejército y sectores conservadores de la sociedad alemana se mostraron reacios a firmar las condiciones impuestas por los vencedores, aun a sabiendas de que la alternativa era la reanudación de las hostilidades y la invasión del suelo alemán.
Finalmente Alemania tuvo que renunciar a todas sus colonias y acceder a la entrega de los territorios invadidos a países como Francia, Dinamarca o Polonia. En el Tratado de Versalles se incluyeron una serie de cláusulas militares que obligaban a reducir drásticamente el Ejército alemán.
También se puso fin al servicio militar obligatorio, se suprimió la aviación, la artillería pesada y los submarinos. El tratado no establecía una cantidad a pagar, sino que se dejaba para una comisión que la fijaría en 1921, pero sí se haría antes un pago de 20.000 millones de marcos oro.
Posteriormente, la cantidad establecida por la Comisión de Reparaciones fue de 132.000 millones de marcos de oro (unos 33.000 millones de dólares). El sistema de pagos se dividió en bonos A y B, que sumaban unos 50.000 millones, y bonos C, que sumaban el resto (82.000 millones), a empezar a pagar al cabo de 36 años.
En la conferencia de Lausana de 1932 quedó claro que Alemania ya no haría más pagos, ascendiendo el total efectuado hasta el momento a entre 20.000 y 21.000 millones. Los pagos totales durante los 13 años de la República de Weimar supusieron una carga del 2,72% para la economía alemana.
Así pues, en realidad, las indemnizaciones no frenaron la reactivación, y la hiperinflación no tuvo que ver con ellas, sino con el hecho de que Alemania había financiado tanto la guerra y la posguerra como la resistencia a la ocupación del Ruhr por franceses y belgas entre 1923 y 1925 emitiendo papel moneda.
Lo que provocó el ascenso del nazismo y del comunismo en Alemania fueron las consecuencias de la crisis de 1929, que llegó después que un período de estabilidad política, económica y social.
El ascenso del nazismo y la política expansionista
A finales de la década de 1920, los países del centro de Europa empezaron a experimentar una gran inestabilidad política provocada por la inestabilidad económica, especialmente devastadora para Alemania. Esta inestabilidad acabó convirtiéndose en un terreno fértil para que movimientos políticos de índole extremista y con ánimo de revancha lograran un importante eco entre la población.
Entre todos aquellos grupos sobresalió el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, dirigido por Adolf Hitler, que poco a poco iba sumando simpatizantes y seguidores deseosos de revertir lo firmado en Versalles y situar a Alemania en el sitio que consideraban que le correspondía.
Hitler fue nombrado canciller de Alemania el 30 de enero de 1933 por el presidente Paul von Hindenburg. El 27 de febrero tuvo lugar el famoso incendio del Reichstag y al día siguiente Hindenburg firmó el “Decreto del Presidente del Reich para la Protección del Pueblo y del Estado”, por el cual las libertades individuales quedaban totalmente suspendidas “hasta nuevo aviso”.
Una vez en el poder, Hitler contravino lo pactado en el Tratado de Versalles y ordenó de inmediato el rearme del país. De hecho, incrementó el gasto armamentístico hasta los 18.000 millones de marcos entre 1934 y 1938.
Hitler defendía que el pueblo alemán necesitaba garantizarse un “espacio vital” o Lebensraum, lo que implicaba devolverle a Alemania las zonas de Europa habitadas por alemanes. El Lebensraum se convirtió en un principio ideológico del nazismo que justificaba su expansión territorial por Europa Central y Europa del Este.
Así, el este de Europa y el mundo eslavo se veían como el Lebensraum propio de una Alemania a la que el Tratado de Versalles había impuesto unos límites que hacían inviable el desarrollo del pueblo alemán.
El Anschluss y la crisis de los Sudetes
Las zonas más próximas a Alemania eran Austria y la región checoslovaca de los Sudetes, por lo que Hitler presionó a ambos países para que cedieran esos territorios. Tras meses de coacciones y ante la amenaza de una invasión nazi, el Gobierno austriaco accedió en marzo de 1938 a que su país se unificara con Alemania.
La anexión de Austria, conocida como Anschluss, tuvo lugar mediante una operación que incluyó unas elecciones con el propósito de legalizar la anexión. A Austria le siguieron los Sudetes, una zona fronteriza de Checoslovaquia habitada por tres millones de alemanes.
La unificación con Austria y la crisis económica que azotaba los Sudetes azuzaron el nacionalismo de los alemanes de la región. El Partido Alemán de los Sudetes, filial local del Partido Nazi, exigió al Gobierno checoslovaco el derecho de autodeterminación, contemplado en el Tratado de Versalles.
Hitler recogió esa demanda y ordenó a las tropas entrar en Checoslovaquia el 1 de octubre de 1938 si su Gobierno no cedía. La crisis de los Sudetes devolvió a Europa a la tensión previa a la Primera Guerra Mundial y fue la antesala de la Segunda.
La política de apaciguamiento
Francia y el Reino Unido respondieron al expansionismo de Hitler con una política de apaciguamiento. Su máximo defensor era el primer ministro británico, Neville Chamberlain, quien deseaba evitar a toda costa otra guerra incluso si eso suponía ceder ante las reclamaciones de Alemania y violar el Tratado de Versalles.
En virtud de esa política, los Gobiernos británico y francés no prestaron ayuda a Austria, que fue la primera víctima de la expansión alemana. Seis meses después era Checoslovaquia la que padecía las presiones del Reich.
Una nueva guerra parecía inminente y ni el Reino Unido ni Francia estaban preparadas para luchar. Por ello, Chamberlain era partidario de que Checoslovaquia renunciase a los Sudetes si así Hitler dejaba al resto de Europa en paz.
El primer ministro francés, Édouard Daladier, recelaba del líder alemán, pero tampoco hizo grandes propuestas de apoyo al Gobierno checoslovaco. Ante el temor de que Alemania lanzara una invasión, Chamberlain y Daladier accedieron a reunirse con Hitler en su propia casa de Múnich para negociar.
Los Acuerdos de Múnich de 1938
Al encuentro asistió el dictador italiano, Benito Mussolini, en calidad de mediador, pero no se permitió la entrada a ningún representante checoslovaco ni de la Unión Soviética. Francia y el Reino Unido acordaron presionar al presidente Beneš para que cediese, confiando en que eso contendría el avance nazi por Europa.
Los aliados de Checoslovaquia iban a permitir que se desmembrara el país y habían excluido a su Gobierno del proceso. Los checoslovacos bautizaron este pacto como “la traición de Múnich”.
Con los Acuerdos de Múnich, las potencias occidentales accedieron a todas las demandas de Hitler a condición de que respetase la integridad territorial del resto de Checoslovaquia.
Alemania se anexionó más de 16.000 kilómetros cuadrados donde vivían tres millones y medio de personas. Además, aprovechó la indefensión checoslovaca para permitir a Polonia anexionarse el territorio de Teschen y a Hungría hacerse con una franja de Eslovaquia y Rutenia, todas regiones checoslovacas.
| Aspecto | Consecuencia |
|---|---|
| Sudetes | Alemania se anexionó más de 16.000 kilómetros cuadrados. |
| Población afectada | Vivían tres millones y medio de personas en los territorios anexionados por Alemania. |
| Otras pérdidas territoriales | Polonia se anexionó Teschen y Hungría obtuvo una franja de Eslovaquia y Rutenia. |
| Pérdidas totales de Checoslovaquia | Perdió cinco millones de habitantes y una tercera parte de su territorio. |
La opinión pública internacional consideró a Chamberlain y Daladier héroes que habían impedido la guerra, pero los Acuerdos no frenaron el expansionismo alemán, sino que lo facilitaron.
La absorción de los Sudetes reforzó la posición de Alemania, que pronto firmó pactos económicos con Hungría, Rumanía y Bulgaria, y fortaleció su amistad con la Italia de Mussolini.
Menos de un año después, en marzo de 1939, la debilitada Checoslovaquia desapareció. Las tropas alemanas invadieron y anexionaron las regiones de Bohemia y Moravia, y en el resto del país se fundó la República Eslovaca, un Estado satélite del Tercer Reich.
La anexión de Checoslovaquia confirmó al Reino Unido y Francia que el expansionismo nazi no se podría frenar con negociaciones. Cuando las tropas alemanas invadieron Polonia el 1 de septiembre, los Gobiernos francés y británico le declararon la guerra a Alemania. Había estallado la Segunda Guerra Mundial.
El camino hacia la invasión de Polonia
Una vez ocupada Checoslovaquia, Hitler exigió también el corredor de Danzig, un territorio creado tras el Tratado de Versalles que se extendía por la desembocadura del río Vístula y que servía para que Polonia tuviera acceso al mar Báltico.
Tras la negativa del Gobierno polaco a ceder su soberanía, y después de que Alemania y Rusia firmasen un pacto de no agresión el 23 de agosto de 1939, Alemania invadiría Polonia una semana después.
“Esta noche, soldados regulares polacos han disparado por primera vez contra nuestro territorio”. Con esta mentira, Adolf Hitler intentaba justificar que al ejército alemán no le quedaba más remedio que invadir Polonia el 1 de septiembre de 1939.
En realidad, el plan para llevar a cabo la invasión de Polonia se esbozó el 31 de agosto de 1939 en el marco de la Operación Himmler, cuando media docena de miembros de las SS, fingiendo ser unos agitadores, irrumpieron por la fuerza en una emisora de radio de Gleiwitz.
Los asaltantes conectaron el micrófono para que un intérprete empezara a lanzar proclamas patrióticas y antialemanas en polaco: “¡Atención! Esto es Gleiwitz. La emisora está en manos polacas”.
Para hacer que la escena fuera aún más creíble, los asaltantes llevaron hasta allí a un nacionalista polaco llamado Franz Honiok. Lo arrastraron hasta la emisora completamente drogado y, nada más llegar, le pegaron un tiro en la entrada de la emisora para que todo el mundo pudiera verlo.
Para que no hubiera ningún tipo de confusión, vistieron a Honiok con un uniforme del ejército polaco que previamente habían robado. Antes de escapar de la emisora, el comando de las SS subió el cadáver de Franz Honiok a la sala de retransmisión, donde le tomaron unas fotos que posteriormente serían publicadas en toda la prensa.
A pesar de que la parte de la emisión que pudo escucharse no anunciaba la falsa invasión de Alemania, aquello fue suficiente para que Adolf Hitler tuviera su tan deseado casus belli y así justificar la invasión del país vecino.
La invasión de Polonia y el inicio de la guerra
Finalmente, la mañana del 1 de septiembre de 1939, y con la justificación de lo que había ocurrido el día anterior, el poderoso ejército alemán avanzó hacia Polonia a través de distintos puntos fronterizos.
Polonia tenía un ejército fuerte y sus efectivos eran superiores en número a los invasores, pero no había decretado la movilización general a petición de franceses y británicos, que creían que eso podía ser la excusa para que Hitler atacara.
Esta incapacidad de defenderse fue todavía mayor cuando el 17 de septiembre la URSS invadió Polonia, lo que hizo imposible toda resistencia, repartiéndose el país entre la URSS y Alemania.
Hitler deseaba iniciar la guerra contra este país desde hacía mucho tiempo, pero lo que no previó es que en cuestión de pocos días Gran Bretaña y Francia se pondrían del lado polaco y le declararían la guerra. La Segunda Guerra Mundial había empezado.
Los acuerdos aliados durante la guerra
Antes de vencer en la guerra, los Aliados ya habían estipulado acuerdos de posguerra. Los resultados negativos de los tratados de paz firmados tras la Primera Guerra Mundial, sumados al hecho evidente, al menos desde 1943, de que los Aliados iban a ganar la Segunda Guerra Mundial motivaron que, incluso antes de que terminara la guerra, los futuros vencedores empezaran a construir un marco jurídico para diseñar el mundo de posguerra.
La Carta del Atlántico
La Carta del Atlántico se firmó el 14 de agosto de 1941 por Winston Churchill, primer ministro británico, y Franklin D. Roosevelt, presidente de Estados Unidos.
Este documento manifestaba el rechazo a las ambiciones territoriales y proponía la cooperación internacional y el respeto a las formas de gobierno elegidas por los pueblos. Fue incluida en la Declaración de las Naciones Unidas aprobada el 1 de enero de 1942.
Las conferencias aliadas
Las actas de las diversas conferencias que se celebraron a lo largo de la guerra recogieron las decisiones tomadas por los “Tres Grandes”, es decir, los líderes de la Unión Soviética, Estados Unidos y el Reino Unido.
| Conferencia | Fecha | Participantes principales |
|---|---|---|
| Moscú | octubre de 1943 | Estados Unidos, Reino Unido y Unión Soviética |
| Teherán | diciembre de 1943 | Estados Unidos, Reino Unido y Unión Soviética |
| El Cairo | noviembre de 1943 | Estados Unidos, Reino Unido y China |
| Yalta | febrero de 1945 | Estados Unidos, Reino Unido y Unión Soviética |
| Potsdam | julio y agosto de 1945 | Estados Unidos, Reino Unido y Unión Soviética |
También fueron importantes las actas de la conferencia de El Cairo, celebrada por los líderes de Estados Unidos, el Reino Unido y China. En conjunto, estas reuniones establecieron compromisos sobre la organización de la paz, la ocupación de los territorios vencidos, las fronteras y la futura cooperación internacional.
La Carta de las Naciones Unidas
El primer borrador de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas fue redactado en la Conferencia de Dumbarton Oaks, en agosto de 1944, y fue finalmente aprobada en la Conferencia de San Francisco el 26 de junio de 1945.
La Organización de las Naciones Unidas nació en la Conferencia de San Francisco en junio de 1945. Esta organización internacional, que venía a reemplazar a la fallida Sociedad de Naciones creada en 1919, se fijó el objetivo de garantizar la paz y seguridad de las naciones a partir del principio de cooperación internacional.
Las capitulaciones de Alemania y Japón
Las actas de capitulación incondicional fueron firmadas por Alemania el 7 y 8 de mayo de 1945 y por Japón el 2 de septiembre de 1945.
La rendición incondicional puso fin a las operaciones militares de las potencias del Eje, pero no resolvió de inmediato todas las cuestiones jurídicas, territoriales y económicas derivadas de la guerra. La redacción de los tratados de paz se prolongó durante los años siguientes y estuvo condicionada por la ruptura entre los Aliados.
El Directorio de los Tres Grandes
El Directorio de los Tres Grandes nació en la Conferencia de Moscú en octubre de 1943, cuando los Gobiernos de Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética se comprometieron a mantener la unidad de acción para mantener la paz y la seguridad internacional.
El mecanismo previsto era el denominado Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores, con sede en Londres, que debía reunir a los ministros de asuntos exteriores de los países vencedores.
Este compromiso se reafirmó en las conferencias de Yalta y Potsdam. Sin embargo, el aparato jurídico elaborado por los vencedores para la organización de la paz se encontró con un obstáculo cuando, luego de concluida la guerra, se rompió la unidad en el bando de los Aliados y comenzó la Guerra Fría.
Vencedores y vencidos
Los vencedores
Los vencedores en la Segunda Guerra Mundial fueron los Aliados: Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido, Francia y China.
Los primeros cuatro países ocuparon Alemania y Austria, que en la posguerra permanecieron divididas en dos grandes áreas, una bajo control de las potencias occidentales y otra bajo control soviético.
Los Aliados también ocuparon durante un tiempo otros países derrotados, tanto en Europa, como Italia y algunos países de Europa oriental, como en Asia, donde ocuparon Japón, Tailandia, Corea y otros territorios vinculados al desaparecido Imperio del Japón.
Los vencidos en Europa
En Europa, los vencidos en la Segunda Guerra Mundial fueron Alemania, Italia, Finlandia, Rumania, Hungría y Bulgaria.
El resultado inmediato, antes de la firma de los tratados de paz, fue generalmente la ocupación militar de estos países. Alemania fue ocupada por las tres potencias vencedoras, Reino Unido, Estados Unidos y Unión Soviética, a las que se unió Francia.
Rumania, Hungría y Bulgaria fueron ocupadas por la Unión Soviética. Italia fue ocupada por Estados Unidos y el Reino Unido. Finlandia, tras firmar el armisticio con la Unión Soviética en 1944, no fue ocupada militarmente.
El caso particular de Austria
En la Conferencia de Potsdam se acordó que, pese a ser considerado víctima del nazismo y a ser reconocida su independencia, Austria debía ser ocupada por los Aliados bajo una comisión aliada.
En noviembre de 1945 se celebraron elecciones legislativas, pero el país continuó dividido en zonas de ocupación y la comisión aliada continuó a cargo de diversas funciones, como la desnazificación, hasta la firma definitiva de un tratado, que tuvo lugar diez años después.
Los vencidos en Asia
En Asia, los vencidos fueron Japón y Tailandia, también llamada Siam. Japón fue ocupado por los estadounidenses y Tailandia fue ocupada por los británicos.
Corea, antiguo territorio dominado por el Imperio del Japón, fue dividida en dos zonas de ocupación: los soviéticos al norte y los estadounidenses al sur.
Respecto a las antiguas colonias europeas en Asia, que habían caído bajo el dominio japonés y ahora quedaban liberadas de dicha dominación, se dieron múltiples situaciones.
La Unión Soviética ocupó Manchuria, además del norte de Corea, y la antigua Indochina francesa quedó ocupada al norte del paralelo 16º por China y al sur por el Reino Unido.
La guerra civil china y el triunfo comunista en 1949 complicaron aún más la situación. Tanto Francia como los Países Bajos tuvieron grandes dificultades para recuperar el control de sus antiguos territorios coloniales en Indochina, que finalmente expulsó a los franceses en 1954, e Indonesia, que vio reconocida su independencia respecto a los Países Bajos en 1949.
China pudo recuperar algunos territorios previamente ocupados por Japón, como Taiwán, pero pronto se reinició la guerra civil entre el ejército nacionalista y las fuerzas militares del Partido Comunista Chino, encabezadas por Mao Zedong, que culminó con el triunfo comunista en 1949.
Los Tratados de París de 1947
En septiembre de 1945, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, los ministros de Asuntos Exteriores de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, la Unión Soviética y China se constituyeron en Consejo Permanente y, como había estipulado la Conferencia de Potsdam, se reunieron en Londres para redactar los tratados de paz con los vencidos.
La reunión fue un fracaso, lo que llevó en diciembre a una nueva reunión en Moscú, esta vez de los ministros de Asuntos Exteriores de Estados Unidos, James F. Byrnes, la Unión Soviética, Viacheslav Molotov, y el Reino Unido, Ernest Bevin. Allí se acordaron los procedimientos para redactar los tratados de paz.
En 1946 se reunió en París una conferencia de los ministros de Asuntos Exteriores del Reino Unido, la Unión Soviética, Estados Unidos y Francia.
Posteriormente, de julio a octubre de 1946, se celebró la Conferencia de Paz de París, a la que asistieron los representantes de los veintiún Estados miembros de las Naciones Unidas que habían luchado efectivamente en la guerra contra el Eje.
- Reino Unido.
- Unión Soviética.
- Estados Unidos.
- Francia.
- China.
- Bélgica.
- Grecia.
- Noruega.
- Países Bajos.
- Polonia.
- Checoslovaquia.
- Yugoslavia.
- Australia.
- Canadá.
- India.
- Nueva Zelanda.
- Unión Sudafricana.
- Brasil.
- Etiopía.
- Bielorrusia.
- Ucrania.
Estas dos repúblicas soviéticas fueron reconocidas individualmente. El proceso culminó en Europa con la firma de los Tratados de París el 10 de febrero de 1947 entre los vencedores y los países satélites de la Alemania nazi: Italia, Rumania, Hungría, Bulgaria y Finlandia.
Los principales tratados decidieron las fronteras y las reparaciones de guerra de Hungría, Bulgaria, Finlandia, Italia y Rumania. Estos acuerdos definieron las condiciones de paz de los antiguos aliados europeos de Alemania y establecieron las obligaciones territoriales, militares y económicas que debían asumir.
El Tratado de San Francisco de 1951
En el caso del tratado de paz con Japón, el triunfo de la revolución comunista en China en 1949 y la llegada al poder de Mao Zedong complicaron el proceso, que culminó recién con la firma del Tratado de San Francisco en 1951.
Este tratado fue firmado por Japón y cuarenta y ocho países del bando aliado, liderados por Estados Unidos pero sin la participación de la Unión Soviética, India y China, y redujo a Japón a sus fronteras de 1854.
La reducción del territorio japonés fue ratificada con la firma del Tratado de San Francisco. La denominada declaración de Moscú de 1956, firmada por los primeros ministros de Japón y la Unión Soviética, puso fin al estado de guerra que aún existía oficialmente entre ambos Estados.
El Tratado de Estado austríaco de 1955
En 1955 se firmó en Viena el Tratado de Estado austríaco, que acabó con la ocupación aliada de Austria.
Este país recuperó su independencia por primera vez desde el Anschluss, la anexión alemana de Austria, de 1938. El acuerdo puso fin a la administración aliada y reconoció nuevamente la soberanía austríaca.
La partición de Alemania y el Tratado 2+4
En Alemania, la rendición sin condiciones del 7 y 8 de mayo de 1945 y la ocupación de su territorio por parte de las potencias aliadas, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y la Unión Soviética, fueron seguidas de importantes pérdidas territoriales y el pago de indemnizaciones.
Sin embargo, el estallido de la Guerra Fría llevó a unos resultados no previstos por los Aliados. En 1949, la partición de Alemania en dos Estados enfrentados entre sí, cada uno alineado con una de las dos superpotencias vencedoras, Estados Unidos y la Unión Soviética, se oficializó con la creación de la República Federal de Alemania (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA).
Esta situación impidió la firma de un tratado de paz entre los vencedores y Alemania. Dado que Alemania fue particionada en dos Estados, el tratado definitivo con esta nación no se produjo hasta 1990, cuando se realizó la reunificación.
El tratado entre las potencias vencedoras, Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido y Francia, y Alemania se firmó recién el 12 de septiembre de 1990 y tomó el nombre de Tratado 2+4, pues lo firmaron las cuatro potencias vencedoras con los dos Estados alemanes: la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana.
El tratado otorgó plena independencia a Alemania, que se reunificó el 3 de octubre de 1990, 45 años después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial.
Los cambios territoriales en la Europa de posguerra
El principio general que rigió los acuerdos y tratados posteriores a la Segunda Guerra Mundial fue el retorno a las fronteras europeas de 1937, es decir, antes de que comenzara la expansión de las potencias del Eje.
Sin embargo, había tres excepciones principales: la reducción del territorio de Alemania, el engrandecimiento del territorio soviético y el “desplazamiento” del territorio polaco en torno a 225 kilómetros hacia el oeste. Estas tres excepciones estaban estrechamente relacionadas entre sí.
La expansión territorial de la Unión Soviética
La Unión Soviética obtuvo de Finlandia gran parte de la región de Carelia, con la ciudad de Vyborg, y, en el norte, el puerto de Petsamo, Pechenga, lo que hizo que la Unión Soviética tuviera frontera con Noruega.
También obtuvo los tres Estados bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, que habían sido independientes de 1918 a 1940.
La reorganización territorial de Polonia
El desplazamiento del territorio polaco hacia el oeste estuvo relacionado con la expansión soviética y con la reducción territorial de Alemania. Polonia perdió territorios orientales y recibió zonas situadas más al oeste, de modo que sus fronteras cambiaron aproximadamente 225 kilómetros hacia el oeste.
La reducción territorial alemana
La reducción del territorio de Alemania fue una de las consecuencias centrales de los acuerdos de posguerra. A las pérdidas territoriales se sumaron la ocupación militar, las reparaciones de guerra, la desnazificación y la división política del país.
La relación entre los acuerdos de guerra y la Guerra Fría
Los acuerdos de posguerra fueron concebidos para evitar la repetición de los errores cometidos después de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la cooperación entre los vencedores comenzó a deteriorarse cuando Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y la Unión Soviética desarrollaron proyectos políticos y económicos incompatibles para Europa.
La división de Alemania en la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana convirtió el territorio alemán en uno de los principales espacios de confrontación entre las dos superpotencias.
En 1946, Ernest Bevin promovió junto a su par de Estados Unidos, James F. Byrnes, la integración de las zonas de ocupación estadounidense y británica en Alemania, en vigor desde enero de 1947 y conocida como Bizona.
Un año después se integró también la zona francesa hasta que en 1949 quedó fundada la República Federal de Alemania o Alemania Occidental.
Para facilitar la recuperación económica y militar de Europa occidental, Bevin promovió en 1948 el Tratado de Bruselas, alianza del Reino Unido, Francia, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo, y la creación de la OECE, Organización Europea de Cooperación Económica.
Al año siguiente fue uno de los firmantes del Tratado del Atlántico Norte que dio origen a la OTAN. Estos acuerdos mostraron que la paz de posguerra no se estructuró únicamente mediante tratados con los países vencidos, sino también a través de alianzas destinadas a contener la expansión soviética.
Los principales negociadores de la posguerra
Ernest Bevin
Ernest Bevin (1881-1951) fue un sindicalista y político británico que asumió como ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido en julio de 1945.
Abandonó su actitud optimista ante la Unión Soviética y se manifestó en contra del reconocimiento de los gobiernos prosoviéticos establecidos en los Balcanes.
En 1946 promovió junto a su par de Estados Unidos, James F. Byrnes, la integración de las zonas de ocupación estadounidense y británica en Alemania, en vigor desde enero de 1947 y conocida como Bizona.
Sus planes para conseguir una federación árabe-israelí o una partición diferente de Palestina fracasaron ante el estallido del conflicto árabe-israelí. A diferencia de Estados Unidos, Bevin hizo que el Reino Unido reconociera la República Popular China en 1950.
Motivos de salud motivaron su renuncia al cargo en 1951.
James F. Byrnes
James F. Byrnes (1879-1972) fue un político estadounidense del Partido Demócrata que formó parte del grupo de consejeros que asesoró al presidente Roosevelt durante el New Deal.
Poco después del ingreso de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, fue nombrado director de la Oficina de Movilización de Guerra. Entre 1945 y 1947 se desempeñó como secretario de Estado del Gobierno de Harry Truman, a quien acompañó en la Conferencia de Potsdam de 1945.
Su experiencia en tratar con los soviéticos, especialmente sobre el complicado tema de la reunificación alemana, hizo que pasara de ser un partidario de una relación amigable con Moscú a convertirse en un defensor de la línea dura en la naciente Guerra Fría.
Defendió el mantenimiento de las tropas estadounidenses en Europa para frenar la expansión soviética en el continente y promovió junto a Ernest Bevin la creación de la Bizona que integró las zonas de ocupación del Reino Unido y Estados Unidos en Alemania.
Byrnes renunció a su cargo en 1947 por desacuerdos con Truman. Continuó su carrera política en la década del cincuenta y murió en 1972.
Chile ante la guerra y el nuevo sistema internacional
La posición de Chile durante la Segunda Guerra Mundial estuvo relacionada con sus vínculos económicos y diplomáticos con Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania, así como con la evolución del conflicto europeo y del sistema interamericano.
Chile padeció en la primera mitad del siglo XX una influencia directamente proporcional al aumento de las inversiones estadounidenses y a la orientación, esta también siempre más decidida, de su comercio exterior hacia el mercado norteamericano.
A partir de 1915 Estados Unidos empezó a ser el principal importador de productos chilenos y la primera fuente de abastecimiento de Chile, reemplazando rápidamente a Gran Bretaña.
A Estados Unidos se debe esencialmente el comienzo de una fase de conspicuas inversiones en el sector del cobre, que consolidó aún más el poder de Washington en la vida económico-política chilena, teniendo en cuenta que ese mineral representó, a partir de 1930, el principal producto de exportación del país andino.
Si Gran Bretaña había representado el primer país en relación a las inversiones en el sector del salitre, ahora Estados Unidos lo era en el del cobre. Al final, esta fase también demuestra la agudización de la dependencia chilena para con el mercado financiero norteamericano, que substituyó al británico.
El papel de Alemania no fue central en el proceso de transición de Gran Bretaña a Estados Unidos, pero es importante evidenciar el significativo crecimiento de la presencia comercial alemana entre las dos guerras.
La Primera Guerra Mundial interrumpió solo momentáneamente el comercio alemán con Chile. Después del conflicto, de hecho, los exportadores alemanes volvieron rápidamente a los principales mercados de América Latina.
La relación entre Chile y Alemania se basaba no solo en un notable intercambio comercial, sino también en la presencia de muchísimos inmigrantes alemanes y en el papel ejercido por Berlín en la formación del Ejército chileno.
La crisis de 1929 y la búsqueda de nuevos socios
Durante los años veinte Chile tenía que haber considerado un cambio sustancial en las relaciones internacionales y, sobre todo, una acentuada asimetría en las relaciones con el vecino del norte.
Esta tendencia se agudizó con la grave crisis de 1929, la cual afectó seriamente a Chile. En 1931, Chile había suspendido, por primera vez en su historia, el pago de la deuda externa.
Se buscaron otros socios comerciales, y se refrendaron nuevos acuerdos con una docena de países entre los cuales destacaba Alemania, que en 1936 había sustituido a Estados Unidos como principal socio comercial en importaciones desde Chile.
Se trataba de una consecuencia de la Gran Depresión, que llevaba al centro de la agenda política la “reanimación de los flujos comerciales”. Washington se opuso a esta línea y manifestó al Gobierno chileno su contrariedad por la política comercial de los chilenos, sobre todo respecto a las relaciones comerciales con Alemania y a los controles decretados por La Moneda sobre los intercambios chileno-estadounidenses.
Otro tema que generó tensión fue el de los aumentos de la presión fiscal decididos por el Gobierno chileno en el sector del cobre, que afectó principalmente a las empresas norteamericanas.
La relación con Estados Unidos fue, pues, primordial en la política exterior chilena durante los años treinta. Esto se evidencia sobre todo si se tiene en cuenta el principal objetivo de aquel período, que fue el de “recrear los vínculos económicos con el mundo” para salir del abismo en que se encontraba a causa de la Gran Depresión.
La relación con Estados Unidos fue solo una parte, importante, del proceso, dado que Santiago tuvo que considerar las circunstancias de la economía mundial y de los vínculos y condicionamientos de la política mundial.
Santiago tuvo que buscar caminos alternativos para favorecer el desarrollo económico interior. Análogamente, reaccionó a las tensiones políticas internacionales tratando de encontrar una colocación que la alejara de los vientos de guerra.
En su relación con Europa, el mayor interés era de tipo económico, porque en las cuestiones políticas e ideológicas se trataba de implicarse lo menos posible en las vicisitudes del viejo continente.
La influencia nazi en Chile
La ofensiva comercial alemana había recomenzado, tras haberse detenido durante los años veinte, a mediados de la década siguiente. En 1934 se envió a América Latina una delegación económica para tantear la factibilidad, auspiciada por Berlín, de importar a América Latina “materiales estratégicos y productos coloniales” y de “promover las relaciones comerciales con los Estados de América del Sur”.
Entre las finalidades principales figuraba la de contrastar la competencia de Estados Unidos y Gran Bretaña para “conquistar los mercados del continente americano”. Los medios encontrados para reconquistar los mercados continentales eran los acuerdos comerciales basados en la compensación y el trueque.
A excepción de Bolivia y Paraguay, se visitaron todos los países latinoamericanos y se firmaron acuerdos comerciales, o tratados con Bancos Centrales, con Argentina, Brasil, Uruguay y Chile.
Estados Unidos y Gran Bretaña trataron, por supuesto, de obstaculizar la iniciativa comercial alemana. La ofensiva norteamericana se habría acentuado en los años siguientes consiguiendo reemplazar completamente la presencia alemana, pero en 1937-39 la situación era incierta y la expansión comercial quedaba como objetivo primario de Berlín en América Latina.
Otro objetivo era el de consolidar los vínculos con las comunidades alemanas y nazificar las organizaciones en el extranjero, proceso que, sin embargo, no habría tenido que perjudicar los intercambios comerciales ni tampoco poner en peligro las relaciones diplomáticas.
El primer objetivo político de los jefes nazis era el de mantener en los países de la región una postura neutral ante las crisis de los años treinta y sobre todo la Segunda Guerra Mundial.
A tal efecto, las colonias de inmigrantes alemanes, o la llamada “quinta columna”, representaban un recurso eficaz de la política exterior nazi. Habrían de cooptarse y adoctrinarse para extender la influencia del nacionalsocialismo en el mundo.
Durante los años treinta los descendientes de origen alemán en Chile eran más de 35.000. El primer grupo local oficial del NSDAP se constituyó en Santiago a principios de 1932; a este siguieron los de Concepción, Osorno y Valparaíso.
La comunidad alemana acogió favorablemente el ascenso del nazismo, aunque sin manifestaciones de particular júbilo. La obra de adoctrinamiento ideológico que desarrollaron los núcleos nazis se dirigía básicamente a las variadas asociaciones e instituciones ya existentes, como la Liga Chileno-Alemana, las escuelas o las parroquias luteranas.
En Chile, como en otros lugares, el instrumento de presión preferido fue la propaganda y el mayor aliado el cuerpo diplomático. A partir de 1933 desde Alemania se enviaron al país andino también personalidades del NSDAP con el encargo de coordinar y acentuar la obra de alineamiento político.
La influencia del nacionalsocialismo también se extendía a las escuelas, que a mediados de los años treinta eran 52 con más de 5.000 alumnos, financiadas en parte por organizaciones locales pero sobre todo directamente por el Reich, y al mundo juvenil.
En este sector, Chile fue el único país latinoamericano en donde surgió, incluso antes del ascenso al poder del nazismo en Alemania en enero de 1933, una asociación con una fuerte huella nazi, la Juventud Chileno-Alemana.
También en el sector religioso el nazismo tuvo su influencia, dado que la Iglesia protestante alemana en Chile se adhirió enteramente al nazismo.
Antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el balance en Chile en relación con la penetración ideológica y el alineamiento político de las organizaciones existentes era para la estructura local del NSDAP y para los jefes del Auslandsorganisation en Berlín más que positivo.
A mediados de los años treinta, a nivel político-diplomático, las relaciones chileno-alemanas eran esencialmente amistosas. Esto no quiere decir que no hubiera roces con Alemania, los cuales podían ser tanto de índole comercial como política.
En este último caso, las resistencias chilenas las causaba principalmente la adhesión a la línea política continental y la voluntad de no deteriorar las relaciones con Washington y Londres.
