El activismo gay y LGBTI se ha convertido en un asunto central de la política mundial porque las leyes, los discursos y las prácticas que afectan a la orientación sexual y la identidad de género también expresan relaciones de poder entre Estados, religiones, movimientos sociales y proyectos culturales. La disputa no se limita al reconocimiento de derechos privados: incluye la ciudadanía, la libertad de expresión, la identidad, la migración, la democracia y la definición de los valores que deben organizar la sociedad.
En este nuevo escenario mundial conviven avances jurídicos, globalización del activismo, reacciones ultraconservadoras y nuevas formas de criminalización. El caso de Rusia muestra cómo un Estado puede presentar al activismo LGBT como una amenaza extranjera y política, mientras que la historia de África, Asia y América Latina demuestra que la diversidad sexual no es una invención reciente de Occidente y que muchas leyes homofóbicas fueron impuestas durante la colonización europea.
El activismo LGBT como cuestión geopolítica
Como resultado de procesos históricos y sociales, el trabajo en favor de los derechos civiles de las parejas del mismo sexo ha suscitado debates internacionales que se manifiestan en las relaciones políticas en el escenario mundial. Tal es el caso de la homofobia de Estado, expresada en las leyes que criminalizan las relaciones afectivas y sexuales entre personas del mismo sexo, como se ve en el informe que año con año publica la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales (ILGA) (Carroll e Itaborahy, 2015).
Entre estas tensiones políticas internacionales, el cuerpo se convierte en un campo de batalla geopolítico, cuya discusión es el objetivo de este artículo. El cuerpo se encuentra configurado por los procesos de constitución del poder y del sistema político global, de modo que no es un espacio neutro o transparente; de hecho, se vive de forma intensamente personal (mi cuerpo) y, a la vez, es producto y copartícipe de fuerzas sociales que lo hacen visible (o invisible) a través de nociones de género, sexualidad, raza, clase y pertenencia (en términos de ciudadanía, por ejemplo, o estado civil o migratorio), entre otros (Taylor y Fuentes, 2011).
La orientación sexual y la identidad de género pueden vivirse como dimensiones íntimas, pero sus consecuencias son públicas cuando determinan el acceso al empleo, la educación, la vivienda, la salud, la justicia, la participación política o la posibilidad de formar una familia. De esta forma, la diversidad sexual y de género cuestionan el orden establecido porque presentan nuevas explicaciones a la relación entre poder y las configuraciones genitales.
De hecho, aunque hay una dimensión privada en la orientación sexual y la identidad de género, como estableció en 1994 el Comité de Derechos Humanos en su pronunciamiento sobre el caso Toonen, esas opciones también transcienden “al campo público y constituyen una identidad política, porque permite a las personas que se revelen a sí mismas con completa libertad en sus trabajos, en sus escuelas, en sus entornos y en sus familias compartiendo la riqueza de una vida que tiene dignidad”.
Qué se entiende por nuevo orden mundial en este debate
El nuevo orden mundial puede entenderse aquí como la reconfiguración de las relaciones internacionales después de la expansión de los derechos humanos, la globalización de las comunicaciones, la formación de redes transnacionales y el enfrentamiento entre proyectos políticos universalistas y discursos de soberanía cultural. En ese marco, los derechos LGBT se convierten en un indicador de la relación de cada Estado con la democracia, la ciudadanía y la protección de las minorías.
El colonialismo, en este sentido, además de ser una invasión territorial, es la colonización del tiempo y del espacio, de las subjetividades y, lo que resulta más importante para esta investigación, de los cuerpos. Se trata, en este caso, de una reconfiguración geopolítica que opera a través de normas sexo-genérico-raciales que jerarquizan los cuerpos, con la finalidad de naturalizar y normalizar un orden mundial.
La disputa contemporánea no enfrenta de manera simple a un Occidente liberal contra sociedades no occidentales conservadoras. Dentro de cada región existen movimientos favorables a los derechos LGBT, fuerzas homofóbicas, instituciones religiosas inclusivas, gobiernos represivos, organizaciones comunitarias y actores internacionales con posiciones contradictorias.
Martel plantea […] desestimar la idea de que estamos en medio de una confrontación de civilizaciones, de Occidente contra Oriente, sino más bien entender que dentro de cada contexto hay simpatías y hostilidad. En ese sentido, Martel plantea recomendaciones sobre las líneas que se deberían seguir en esta “revolución” por la nueva frontera de los derechos humanos.
La periodización del activismo LGBTI
El propósito de este estudio fue construir una periodización del activismo LGBTI en el mundo occidental entre 1897 y 2024. A partir de una revisión, no exhaustiva ni definitiva y siempre abierta a la posibilidad de incorporar nuevas fuentes históricas, se seleccionaron publicaciones académicas y no académicas, informes, ficciones, documentales y testimonios en artículos y libros, logrando construir ocho momentos donde se identificaron personajes y/o instituciones sobre la diversidad sexual y de género.
El hilo conductor fue el activismo LGBTI como marco ontológico y teórico de las diversidades sexo genéricas. En un primer momento destaca la figura de Magnus Hirschfeld y sus intentos por combatir la patologización y criminalización de la homosexualidad. En un segundo momento resaltan los testimonios de hombres que llevaban un triángulo rosa.
Un tercer momento describe el movimiento homófilo que buscaba apegarse a “las buenas costumbres”. Un cuarto momento destaca el movimiento de liberación gay lésbico (LG). En un quinto momento se describe la encrucijada entre la despenalización de la homosexualidad y la estigmatización del sida.
El sexto momento inicia con la exclusión de la homosexualidad del manual de Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS); destacando, luego, la globalización del movimiento activista (LGBT) y la “lucha contra el sida”. En un séptimo momento aparece en escena el matrimonio igualitario como termómetro de las democracias en un contexto activista (LGBTI).
El octavo momento, arranca con la exclusión de la transexualidad del manual CIE de la OMS, continúan los logros activistas a la par del surgimiento de los neo fundamentalismos.
De la patologización a los derechos humanos
La historia del activismo LGBTI puede leerse como una disputa contra varias formas de clasificación institucional: la homosexualidad como delito, la diversidad como enfermedad, las identidades no normativas como amenaza moral y las expresiones sexuales o de género como una importación extranjera.
Los cinco objetivos clave -despenalización, despatologización, reconocimiento de la identidad de género, inclusión cultural y empatización- solo podrán ser cumplidos con una alianza mundial más amplia.
Muntarbhorn señaló que el principio de no discriminación está en el corazón de su mandato y está claramente establecido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y desarrollado por las leyes y prácticas internacionales de derechos humanos. Ya se ha realizado cierto progreso hacia la promoción y protección de los derechos de las personas LGBTI, por ejemplo a través de resoluciones, procedimientos y estudios de las Naciones Unidas, pero subrayó que se necesitaba mucho más trabajo para poner fin a la violencia y la discriminación en el año 2030, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS).
El cuerpo como territorio de poder
Las fuerzas sociales y conexiones sociopolíticas citadas constituyen una manera de abordar lo propuesto por la teoría de la performatividad de Judith Butler (1993), es decir, la práctica reiterativa y referencial mediante la cual el discurso de la diferencia sexual produce los efectos que nombra.
Esta teoría ha revolucionado la manera de comprender la relación entre sexo y género al mostrar una discontinuidad radical entre cuerpos sexuados y géneros culturalmente construidos. Lo que nos lleva a la pregunta por la materialidad del sexo: "Si todo es discurso, ¿qué pasa con el cuerpo? Si todo es un texto, ¿qué decir de la violencia y el daño corporal?" (Butler, 1993:54).
Butler se desmarca de esta última lectura afirmando que se trata de un malentendido: el género no es una mera representación, porque no hay un sujeto previo a la representación que pueda adoptar o desentenderse de un determinado rol, además, estas representaciones de género están reguladas en el marco de un sistema jerárquico y coercitivo.
Las normas de género se traducen en leyes, códigos criminales o protocolos psiquiátricos, desde los cuales se patologiza y se expone a la privación de derechos a las personas excluidas por tales normas.
Sin embargo, el sexo no es el único parámetro para normalizar los cuerpos, éste opera junto con otros requerimientos, por ejemplo la racialización. La homosexualidad, entre otros, se juzga una amenaza en aquellas coyunturas donde el sistema heteronormativo funciona al servicio de la pureza racial.
En conjunto, estas normas determinan qué cuerpos importan más que otros, qué vidas se conciben como vidas, cuáles son las condiciones de las vidas que están consideradas fuera de la normalidad y que, de modo paradójico, son necesarias para constituirla (Butler, 1993).
De esa forma, aunque hay una dimensión privada en la orientación sexual y la identidad de género, como estableció en 1994 el Comité de Derechos Humanos en su pronunciamiento sobre el caso Toonen, esas opciones también transcienden “al campo público y constituyen una identidad política”.
Colonialismo, raza y jerarquización de los cuerpos
Desde esta perspectiva, es prácticamente imposible separar el sistema sexo-género de la racialización, puesto que confluyen en el proceso de jerarquización de las poblaciones a través de la clasificación de los cuerpos, lo que ha sido un factor clave en la configuración del mundo moderno.
De acuerdo con Castro Gómez (2005), la "limpieza de sangre" fue el primer discurso universalista de los tiempos modernos. Este discurso, vinculado con la mentalidad aristocrática cristiana, operó en el siglo XVI como el primer esquema de clasificación de la población mundial; aunque surgió durante la Edad Media cristiana, se tornó "mundial" gracias a la expansión comercial de España hacia el Atlántico y el comienzo de la colonización europea.
Esto significa que, en virtud de la hegemonía mundial adquirida por España durante los siglos XVI y XVII, una matriz clasificatoria perteneciente a la cultura cristiana medieval europea se convirtió en global y sirvió para tipificar a las poblaciones según su posición en la división internacional del trabajo.
Así, el colonialismo hunde sus raíces en la clasificación jerárquica de las poblaciones realizada desde el siglo XVI, que encontró su mayor legitimación en el uso de modelos naturalistas en el siglo XVII y biologicistas en el XIX, a través de aquellas taxonomías que dividían a la población mundial en diversas "razas", asignándole a cada una de ellas un lugar fijo e inamovible en el interior de la estructura social.
Aunque la idea de "raza" se venía gestando desde las guerras de reconquista en la península ibérica, en el siglo XVI se convierte en la base del poder colonial y de la formación de un sistema-mundo global, con la cultura europea al centro y todas las demás como su periferia.
La idea de Europa como centro de este sistema es desmitificada por Dussel (2000), quien señala que es doblemente falsa, en primer lugar porque en los hechos todavía no había historia mundial sino historias yuxtapuestas y aisladas, en segundo lugar porque en términos geopolíticos Europa no podía ser el centro, sino el límite occidental del mercado entre Europa, África y Asia. De ahí la concepción actual de "Occidente".
África y la descolonización del debate LGBT
África es el continente con mayor número de países con leyes homofóbicas, que penalizan la homosexualidad con prisión y en ocasiones con la pena de muerte, con el argumento de que la homosexualidad no es "africana" sino una importación "occidental".
Quienes sostienen esta idea ignoran que muchas de estas legislaciones tienen su origen en la colonización europea en África y desconocen la vasta historia de prácticas homoeróticas y de intimidad entre personas del mismo sexo en este continente.
Paradójicamente, estas prácticas eran vistas por los colonizadores como primitivas y salvajes, lo que servía como justificación para la invasión colonial. En la actualidad, la homofobia de Estado en las excolonias africanas a veces es utilizada con fines neocoloniales, al condicionar ayudas internacionales con la finalidad de modificar estas leyes (Chothia, 2011).
Más bien, es la homofobia la que se importó de Occidente, pues fueron las potencias coloniales europeas las cuales, bajo el influjo del puritanismo victoriano y las biopolíticas de control de fines del siglo XIX e inicios del XX, establecieron las leyes homofóbicas en Asia y África.
Así, cuando políticos como Robert Mugabe en Zimbabwe o Yoweri Museveni en Uganda abogan por la penalización de la homosexualidad, básicamente toman el artículo 377 del código victoriano, paradójicamente para defenderse de una “práctica occidental antiafricana”.
La homofobia en África es muchas veces circunstancial. No está inscrita en nuestra historia. […] Y el riesgo no es el de una África supuestamente retrógrada, que aún está en la época feudal, como creen algunos, sino al contrario, una evolución ultramoderna, a la americana, la de los neovangélicos exaltados. (p. 183)
La homofobia legalizada es otro de los rezagos negativos que dejó el colonialismo occidental en el mundo. Y justamente para evitar que un nuevo colonialismo cultural se imponga, ahora a través de las políticas afirmativas de Occidente, Martel recomienda que la estrategia global, y asumo que también la local, considere cada vez más las particularidades de cada situación, sin dejar de lado las articulaciones globales.
Una perspectiva africanista para la descolonización
De acuerdo con el historiador Ki-Zerbo (1982), la palabra África tiene un origen difícil de aclarar, y apunta las versiones más verosímiles. Considera que esta palabra se impuso a partir de los romanos en lugar del término de origen griego o egipcio, Libia, país de los Lebú o Lobín, del Génesis.
El trabajo de Ki-Zerbo (1978) ha servido para cuestionar los mitos acerca de la historia de este continente, de los cuales, el más radical consiste en negar su existencia.
En este sentido, África constituye un receptáculo supremo de la obsesión de Occidente y su discurso circular sobre la "ausencia", la "falta" y el "no-ser", de la identidad y la diferencia, de la negatividad, en definitiva, de la nada (Mbembe, 2001).
Sylvia Tamale (2011), académica de la Universidad Makerere en Kampala, Uganda y activista por los derechos sexuales, nos ofrece una respuesta al aclarar que este término es utilizado para destacar aquellos aspectos de ideología cultural ampliamente compartidos entre la inmensa mayoría de gente en la entidad geográfica bautizada como "África" por los cartógrafos coloniales.
Más trascendente aún es el uso político de este término para llamar la atención sobre algunos legados históricos comunes inscritos en la región por fuerzas como el colonialismo, el capitalismo, el imperialismo, la globalización y el fundamentalismo.
La geografía mundial del activismo gay
Uno de los aportes del autor se sitúa en una especie de geografía del activismo gay. Esto le permite agrupar las regiones del mundo según su postura ante los derechos LGBT: por un lado, los países gay friendly (Europa occidental, Norteamérica y algunos países de Latinoamérica y Oceanía), luego los países neutrales (gran parte de Latinoamérica, partes de Asia oriental, Europa central y oriental, Sudáfrica) y el sector hostil a la causa LGBT (el mundo árabe, partes del Asia oriental, el África evangélica y, de alguna manera, Rusia).
Esta contextualización ayuda a comprender los matices de la vida de las minorías sexuales en cada parte del mundo, así como las coordenadas políticas a partir de las cuales se articulan las metodologías del activismo gay.
| Espacio político y cultural | Características descritas |
|---|---|
| Países gay friendly | Europa occidental, Norteamérica y algunos países de Latinoamérica y Oceanía |
| Países neutrales | Gran parte de Latinoamérica, partes de Asia oriental, Europa central y oriental, Sudáfrica |
| Sector hostil a la causa LGBT | El mundo árabe, partes del Asia oriental, el África evangélica y, de alguna manera, Rusia |
Esta clasificación no elimina las diferencias internas de cada país. La existencia de leyes favorables no garantiza por sí sola la seguridad cotidiana, y la ausencia de reconocimiento estatal no impide que existan redes de solidaridad, expresiones culturales y formas locales de resistencia.
Barrios, cultura y circulación global de modelos
Dentro de esas particularidades de la vida de las poblaciones de la diversidad sexual, quisiera destacar la cartografía que plantea sobre los barrios gay (gayborhoods) en Estados Unidos: elcluster (agrupamiento de espacios gays en un barrio concreto tipo Chelsea en Nueva York), elvillage (lo mismo que el anterior, pero en una zona más céntrica de la ciudad, como Castro en San Francisco o Greenwich Village en Nueva York), el strip (locales gays a lo largo de una avenida como en West Hollywood en Los Ángeles), la colonia (zonas aisladas en donde han decidido asentarse los gays como Key West en Florida), el barrio alternativo (barrios semiabandonados que se “gentrifican” a partir del establecimiento de la población gay y de los artistas como East Village en Nueva York) y finalmente el sprawl (es decir, la diseminación por toda la ciudad de los espacios gays, como ocurre en Atlanta o Miami).
Estos modelos de agrupamiento se han propagado en otras partes del mundo, en particular en la zona gay friendly del planeta: Le Marais en París, Chueca en Madrid, Soho en Londres, la Zona Rosa en México D. F., el Chapinero en Bogotá o Silom en Bangkok son ejemplos de ello; y ciudades como Tel Aviv y Ámsterdam sobresalen ya como ejemplos del sprawl en el mundo.
Resalto esto porque una de las ideas básicas de Martel es que el modelo de vida gay norteamericano es, de alguna manera, el paradigma de los modelos de vida soñados o construidos por las poblaciones LGBT en el mundo.
Aunque cada una tiene peculiaridades, la “cultura gay” que se irradia desde los centros de producción cultural mediática de Estados Unidos ha conformado una especie de maistream cultural (o gaystream) que ejerce una gran influencia en las performances gays locales.
Rusia: la prohibición del “movimiento LGBT internacional”
Oficialmente no existe como una entidad jurídica, pero eso no impidió que el Tribunal Supremo de Rusia declarara como una organización extremista al “movimiento público internacional LGTB”. Además, prohibió cualquiera de sus actividades en todo el país a raíz de un proceso impulsado por una moción del Ministerio de Justicia.
La audiencia se celebró a puerta cerrada sin la presencia de “la parte demandada”, aunque sí se permitió la entrada de periodistas para escuchar la decisión del tribunal.

Hace tres años la Constitución rusa fue modificada para dejar claro que el matrimonio se refiere a la unión entre un hombre y una mujer. Las relaciones entre personas del mismo sexo no están reconocidas en la Carta Magna rusa.
La comunidad LGBT rusa lleva años sometida a una presión cada vez mayor por parte de las autoridades. En 2013, se aprobó una ley que prohibía "la propaganda [dirigida a menores] de relaciones sexuales no tradicionales". El año pasado, esas restricciones se ampliaron a todos los grupos de edad en Rusia.
Las referencias al colectivo LGBT se han eliminado de libros, películas, anuncios y programas de televisión. A principios de este mes, un canal de televisión ruso decoloró un arco iris en un vídeo de una banda de kpop surcoreana para evitar ser acusado de violar la ley de "propaganda gay".
Los temores de la comunidad LGBT rusa
Antes de la sentencia, le pregunté a Sergei Troshin, diputado municipal en San Petersburgo, qué efecto tendría. "Creo que esto significará que cualquiera que el Estado considere activista LGBT podría recibir una larga pena de prisión por 'participar en una organización extremista'", dijo el funcionario que se declaró homosexual el año pasado.
"Para el organizador de un grupo así, la pena de prisión será aún mayor”, agregó. "Esto es una represión real. Hay pánico en la comunidad LGBT de Rusia. La gente está emigrando con urgencia. La palabra real que estamos utilizando es evacuación. Estamos teniendo que salir de nuestro propio país. Es terrible", lamentó Troshin.
Personas como Sergei Troshin, diputado municipal en San Petersburgo, temen que tendrán que abandonar su país. La posibilidad de que una categoría jurídica amplia sea aplicada contra individuos, organizaciones, expresiones públicas o símbolos aumenta la incertidumbre entre quienes trabajan en defensa de los derechos LGBT.
La defensa de los “valores tradicionales”
Desde que Vladimir Putin gobierna Rusia, el Kremlin se ha volcado en defender una ideología centrada en el pensamiento conservador y los "valores familiares tradicionales". Para las autoridades rusas el activismo LGBT es algo inherentemente occidental y que es hostil a las costumbres de Rusia y la presión que ejercen sobre la comunidad la presentan como un medio para defender la estructura moral del país.
Otro aspecto es la popularidad de estas medidas de cara a las elecciones presidenciales del próximo marzo. "Creo que [la audiencia judicial] está relacionada”, opinó Sergei Troshin. "[Las autoridades] están creando un enemigo artificial".
"Dicen: 'Estamos luchando contra Occidente'. La batalla contra las personas LGBT encaja en esta retórica antioccidental. Luchar tanto contra Occidente como contra la comunidad LGBT es popular entre la parte conservadora y antioccidental de la sociedad. Así que este tema se impulsará en el periodo previo a las elecciones", agregó.
En la Duma, la cámara baja del Parlamento ruso, Vitaly Milonov, famoso diputado del partido gobernante y que es conocido por sus posturas homófobas, afirmó que la prohibición de los grupos LGBT "no tiene que ver con las minorías sexuales ni con la vida privada de las personas".
"Se trata más bien de la agenda política proclamada por este movimiento internacional LGBT", me dijo. "Tienen sus propias tareas, sus propios objetivos. Actúan como una fuerza política, una estructura política, y los objetivos de esta estructura contravienen la Constitución rusa", aseguró.
En ese momento le aclaré que “no existe un movimiento llamado 'Movimiento público internacional LGBT'. ¿Cómo puedes prohibir algo que no existe?". "Oh, es fácil", respondió Milonov. "Podemos prohibir cualquier actividad de las organizaciones internacionales LGBT aquí en Rusia. Eso está muy bien. No las necesitamos”, dijo asegurando que todavía no había llegado al final de su lucha.
"Estoy deseando dar el siguiente paso: prohibir la bandera arco iris de seis colores. No necesitamos esta bandera. Es un símbolo de la lucha contra la familia tradicional. Espero que nadie pueda mostrar esta bandera en Rusia", concluyó.
La salida urgente del país
Maxim Goldman, quien trabaja para una organización rusa que ofrece apoyo personas transgénero y no binarias, añade que "intentan distraer la atención de problemas más importantes, en los que las autoridades rusas no quieren que la gente piense".
"En cuanto nos enteramos de la vista en el Tribunal Supremo, las personas que dirigen nuestra organización se dieron cuenta de que tendríamos que abandonar el país urgentemente. Se convirtió en una emergencia", contó Goldman.
Hablé con Maxim, que se identifica como no binario, en su último día en Rusia. Había hecho una pequeña maleta y estaba a punto de dirigirse al aeropuerto. "Me siento totalmente rechazado por mi propio país", lamenta.
"Se supone que aquí tenemos una democracia. Se supone que la gente que ponemos en el poder debe cuidar de nosotros”.
La retórica antioccidental y la construcción del enemigo
El caso ruso muestra cómo la defensa de la familia tradicional puede integrarse en una estrategia más amplia de confrontación con Occidente. El activismo LGBT es presentado como una estructura política internacional, incluso cuando no existe una organización jurídica única con ese nombre.
La creación de un enemigo artificial permite vincular la diversidad sexual con la influencia extranjera, la decadencia moral y la desestabilización política. De ese modo, una discusión sobre derechos civiles se transforma en una cuestión de seguridad nacional y soberanía cultural.
Para las autoridades rusas el activismo LGBT es algo inherentemente occidental y que es hostil a las costumbres de Rusia y la presión que ejercen sobre la comunidad la presentan como un medio para defender la estructura moral del país.
La misma estructura argumental aparece en otros contextos: determinados gobiernos afirman que la homosexualidad es una imposición extranjera, mientras que sectores internacionales presentan la defensa de los derechos LGBT como una condición de cooperación, ayuda o reconocimiento diplomático.
Esto puede producir una paradoja. La crítica legítima a la homofobia estatal puede convertirse, si ignora las historias locales, en una forma de intervención cultural que permite a los gobiernos represivos presentar a las personas LGBT como agentes extranjeros.
El orden binario y los mecanismos de exclusión
Victor Madrigal-Borloz señala que, en los últimos años, estos grupos han ido creando un discurso que socava los derechos relacionados con el género y la sexualidad y han intensificado sus actividades con la esperanza de hacer retroceder esos avances.
Tal discurso alienta la percepción de las personas LGBT como “los otros”, promueve su exclusión y aumenta las agresiones nacidas del odio.
La diversidad sexual y de género ha existido en toda cultura y en todo los confines del mundo. La violencia y la discriminación “siguen manifestándose en todas las esquinas del mundo”, según dijo Madrigal en una entrevista con Noticias ONU.
La criminalización de la identidad de género y de la orientación sexual sigue vigente en 69 Estados. Y ello pese a que “la diversidad sexual y de género ha existido en toda cultura y en todos los confines del mundo”, indica Madrigal en la entrevista frente a quienes sostienen que tal variedad es “una agenda occidental o del norte global” y niegan la existencia de gais, lesbianas, bisexuales, trans y otras minorías en sus Estados.
Para el experto, en la raíz de esa violencia y discriminación está el hecho de que la mera existencia de estas personas cuestiona las relaciones de poder con los órdenes primarios establecidos en la sociedad.
Una sociedad binaria
“Nuestros mundos están construidos de una manera importante sobre la base de una concepción binaria de la sociedad, que otorga ciertas consecuencias inmediatas a configuraciones genitales. Si uno nace con pene y testículos o si uno nace con vagina, existen ciertos roles sociales que son automáticamente atribuidos”, explica.
Algunas de esas cuestiones pueden parecer muy básicas, como la atribución colores el rosa para las niñas, el celeste para los niños: “Asuntos que no tienen asidero en una lógica objetiva”, pero que “llevan a una serie de consecuencias y conclusiones que, aumentadas y acumuladas”, conducen a la concepción de cuáles son los papeles y el lugar que cada uno debe desempeñar en la familia, en el hogar o en los estratos laborales.
“Mi teoría es que, en la base de la violencia y discriminación que pretenden silenciar, invisibilizar y eliminar la diversidad sexual, existe una defensa de estos órdenes primarios de la sociedad, en la misma forma que la lucha que enfrentan quienes trabajan en la erradicación de la violencia contra la mujer, porque también en la base de esta violencia existe una defensa de estos órdenes”, sostiene.
Negación, estigma, religión y medicina
Ese trabajo por mantener las actuales relaciones de poder y el orden establecido se manifiesta a través de ciertos mecanismos: la negación, la idea de que estas personas no existen; el estigma, que se instrumenta mediante la criminalización y la prohibición; la idea de que la existencia diversa es de alguna manera pecaminosa, que se instrumenta a través de la religión; la noción de que estas minorías son de alguna manera enfermizas, que se instrumenta a través de la medicina.
“Y todos estos órdenes han estado históricamente al servicio de eliminar esta noción de que la diversidad es una contribución útil y valiosa al tejido social”, afirma.
La criminalización “es un obstáculo fundamental a la erradicación de la violencia y la discriminación. Además, la Corte interamericana de Derechos Humanos, estableció un estándar importante sobre no discriminación que en, en su opinión, va a tener efectos en la región.
Ultraconservadurismo y retroceso de derechos
El auge de los ultraconservadores pone en jaque a la comunidad LGBT, asegura experto independiente. En un reciente informe dirigido a la Asamblea General, el experto independiente sobre la protección contra la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género asegura que “el auge de grupos ultraconservadores y ultranacionalistas, que reivindican ‘identidades’ a expensas de las minorías sexuales y de género, ha puesto en jaque los avances logrados en varios países y ha impedido la elaboración de leyes y políticas que incluyan a las personas LGBT”.
La defensa de la familia tradicional puede funcionar como una herramienta política para consolidar identidades nacionales, movilizar a sectores religiosos y reforzar la autoridad estatal. En ese proceso, las personas LGBT aparecen como una minoría que supuestamente amenaza la continuidad cultural, demográfica o moral de la nación.
En Rusia, la batalla contra las personas LGBT encaja en esta retórica antioccidental. En otros lugares, el discurso se articula alrededor de la religión, la defensa de la soberanía, la lucha contra el colonialismo cultural o la oposición a las políticas internacionales de igualdad.
Finalmente, es la Norteamérica evangélica la que ha producido los mayores difusores de la homofobia reciente.
Activismo global y particularidades locales
Martel advierte que debemos tener cuidado con las lecturas políticas que se pueden hacer a partir de la influencia anglosajona en la vida de las poblaciones de la diversidad sexual y en el activismo gay.
Esto porque, por un lado, en el sector homofóbico del mundo se suele afirmar que la homosexualidad es un producto de Occidente, y que todas sus expresiones culturales relacionadas son la manifestación de la decadencia del secularismo occidental frente a la cual se levantan los estandartes de los particularismos culturales, los nacionalismos o la defensa de los valores religiosos.
Esto ocurre a nivel de la geopolítica mundial, cuando se escucha que gobiernos islamistas del Medio Oriente o líderes religiosos del África evangélica promueven leyes homofóbicas en nombre de sus valores culturales nativos, asumiendo que la defensa de los derechos LGBT es una imposición cultural occidental.
Pero también ocurre en Occidente, cuyas fuerzas conservadoras suelen levantar las banderas de la tradición religiosa cristiana como el núcleo cultural de sus sociedades para atizar la homofobia.
Frente a este argumento, Martel explica cómo la práctica de la homosexualidad ha estado inmersa dentro de las culturas no occidentales desde siglos atrás, y con sorprendentes niveles de tolerancia en muchos casos.
La estrategia global, y asumo que también la local, debe considerar cada vez más las particularidades de cada situación, sin dejar de lado las articulaciones globales.
La diversidad de la diversidad
Percibo que Martel nos quiere decir que los activistas LGBT deberían pensar menos en emular a Harvey Milk o a Stonewall, y más bien recuperar las microhistorias de tantos centenares de héroes locales o de hitos históricos propios, a partir de los cuales puedan construir sus propias estrategias.
En ese sentido, leer las breves historias de tantos personajes interesantes en el mundo que lucharon o aún luchan por los derechos de las minorías sexuales es también uno de los grandes aportes de Martel: Edwin Cameron en Sudáfrica, Wan Yanhai en China, Georges Azzi en Líbano y tantos otros más, que desde las precariedades de sus existencias y sus propias ambivalencias luchan en el día a día por los derechos de quienes incluso no los conocen, y que a veces ni los aprecian.
En segundo lugar, que es importante potenciar las singularidades locales de las subculturas LGBT. Como él mismo lo dice, “existe un valor más poderoso aún que el de la diversidad: el de las diferencias dentro de las propias minorías. Yo la denomino la diversidad de la diversidad” (p. 317).
La pluralidad interna impide reducir a las poblaciones LGBT a una identidad única, una estrategia política uniforme o un modelo cultural exportable. Las experiencias de personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, trans, no binarias e intersexuales están atravesadas por la clase social, la raza, la ciudadanía, la religión, la edad, la migración y el territorio.
América Latina: avances legales y violencia persistente
Madrigal indica que en la región existe una confluencia de factores: “Los Estados de América Latina se han visto bajo influencia de movimientos sociales que de una manera vigorosa durante los últimos 20 años han demandado visibilidad y respeto para las personas LGBT y de manera muy interesante algunos Estados de la región son los que han emitido política pública y legislaciones que se consideran como mejor práctica a nivel mundial”.
El experto menciona, en concreto, el ejemplo de la legislación argentina y uruguaya en materia de reconocimiento de identidad de género, y también destaca el hecho de que el matrimonio entre personas de un mismo sexo ya ha sido recibido en muchas de las jurisdicciones de la región.
Por otro lado, Madrigal destaca que América Latina “es una región en la cual ha existido un ejercicio sistemático de recopilación de información y datos, que no existe en otras parte del mundo, pero la realidad que esta data revela es muy preocupante, porque muestra que hay niveles de violencia muy hondos y muy intensos”.
La coexistencia de avances normativos y violencia demuestra que el reconocimiento legal no elimina automáticamente los prejuicios, las agresiones ni las desigualdades sociales. Las leyes pueden modificar las obligaciones del Estado, pero la transformación cultural requiere instituciones, educación, participación pública y mecanismos eficaces de protección.
“En esto considero que hay una reacción que ha sido muy responsable por parte de los Estados de la región en apoyar vigorosamente la creación y la renovación de mi mandato porque creo que existe un reconocimiento de que estos son temas que la comunidad de Estados debe estudiar y cuidadosamente considerar”, dijo.
Las recomendaciones internacionales
En 2016, Vitit Muntarbhorn señaló cinco pasos clave para poner fin a la discriminación y la violencia contra la comunidad mundial LGBT.
- Derogar las leyes penales que afectan a las personas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.
- No seguir viendo a las comunidades como víctimas de un trastorno.
- Dar a todas las personas el derecho a que se reconozca su identidad de género en documentos oficiales.
- Trabajar con diferentes culturas y religiones para asegurar prácticas inclusivas.
- Lograr que las y los niños crezcan con la capacidad de empatizar con personas de diferente orientación sexual e identidad de género.
Muntarbhorn, primer Experto Independiente sobre la protección contra la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género, señaló en la conferencia de Bangkok que los cinco objetivos clave -despenalización, despatologización, reconocimiento de la identidad de género, inclusión cultural y empatización- solo podrán ser cumplidos con una alianza mundial más amplia.
Otros pasos clave incluyen dar a todas las personas el derecho a que se reconozca su identidad de género en documentos oficiales, trabajando con diferentes culturas y religiones para asegurar prácticas inclusivas y que las y los niños crezcan con la capacidad de empatizar con personas de diferente orientación sexual e identidad de género (SOGI, por sus siglas en inglés), dijo.
Despenalización y acceso a la justicia
En su informe, el experto independiente ha propuesto varias medidas, entre las que destaca el desmantelamiento del sistema de criminalización de la orientación sexual y la identidad de género.
En 10 de los 69 países en los que está criminalizada, esta diversidad está penada con la pena de muerte. La criminalización “es un obstáculo fundamental a la erradicación de la violencia y la discriminación” porque en esos países donde existe no es posible obtener datos que tengan integridad y por tanto es imposible crear políticas públicas que de una manera efectiva se dirijan a la erradicación de la violencia y la discriminación.
“He hecho un llamado consistente a un mundo libre de criminalización para el año 2030 porque considero que existe una relación íntima e inextricable entre la descriminalización y seguir las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, declara Madrigal.
Una segunda recomendación es que los Estados analicen las instancias en que es necesaria la adopción de legislación que proteja contra la discriminación.
Y una tercera es garantizar el acceso a la justicia para que se estas leyes y políticas públicas se vean reflejadas en la existencia de un recurso efectivo y eficiente en el que las personas LGBT puedan hacer valer sus derechos ante jueces independientes e imparciales.
Inclusión social y participación pública
Por último, los grandes hallazgos del mandato del experto independiente incluyen el hecho de que hay gran campo que cubrir en lo que se refiere a la inclusión social de las personas LGBT: “la inclusión de estas personas en todos los aspectos y ámbitos de la vida pública es lo que va a asegurar que la riqueza del aporte de estas personas al tejido social se manifiesto en su plenitud”.
“Me pregunto por qué una sociedad se negaría el aporte de esta diversidad que evidentemente enriquece el progreso de la sociedad y el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, concluye.
Cultura, educación, religión e Internet
En tercer lugar, resaltar que el activismo político no es la única manera de lograr el reconocimiento de los derechos LGBT, sino que en el ámbito de la cultura también hay mucho por hacer y lograr.
En ese sentido, recomienda aprovechar el movimiento educativo, el turismo, el crecimiento económico de las clases medias y, sobre todo, las posibilidades de Internet y la revolución tecnológica para abrir espacios que permitan un avance del reconocimiento de los derechos LGBT sin descuidar el lado político.
Esto me parece interesante, teniendo en cuenta que en nuestro contexto nacional existen ciertos sectores del activismo que parecen considerar a la acción política, muchas veces confrontacional, como la única vía legítima para defender los derechos de la población LGBT, desaprovechando las posibilidades de la producción cultural.
La cultura permite disputar las imágenes de la normalidad, recuperar memorias borradas y crear lenguajes de reconocimiento. El cine, la literatura, la música, el periodismo, la educación y las redes digitales pueden producir espacios de visibilidad incluso cuando la acción política formal está bloqueada.
Religiones y resignificación de lo simbólico
El único panorama sobre lo religioso que ofrece Martel es su lectura sobre el fundamentalismo evangélico norteamericano, bastión de la homofobia occidental.
Hubiera sido interesante explorar los procesos dentro de las grandes denominaciones protestantes, como la anglicana o la luterana, en cuyos senos se está dando una lucha importante por los derechos LGBT, así como el creciente movimiento de comunidades cristianas inclusivas en diversas partes del mundo.
Y lo mismo con respecto a los grupos judíos e islámicos que, ubicados en el ala progresista de sus confesiones, desarticulan desde dentro el discurso religioso homofóbico.
Esto es importante, pues el mismo autor señala que el fundamentalismo evangélico y el integrismo islámico son los principales enemigos de la causa de los derechos LGBT en el mundo.
Entonces, si la religión es uno de los fundamentos del discurso religioso global, es crucial analizar los procesos internos de resignificación de lo simbólico hacia una comprensión más inclusiva de la fe.
Eliminar lo religioso de la esfera pública no es una manera eficaz de combatir la homofobia, en especial en las sociedades no occidentales, sino más bien comprender la complejidad del fenómeno religioso y valorar los procesos de deconstrucción del discurso conservador.
Redes transnacionales y defensa de los derechos humanos
El mandato avanzará con el compromiso de “no dejar a nadie atrás” de la nueva Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, comentó el Relator.
“El nuevo mandato da voz a nuestro mensaje global: tratar a la gente decentemente, respetuosamente, amablemente, humanamente cualquiera que sea su origen, o nuestros orígenes”, dijo a las y los participantes.
Todas las personas son invitadas a “abrir sus corazones y mentes a la belleza de la diversidad”, incluyendo en áreas de orientación sexual e identidad de género, expresó.
Muntarbhorn destacó que los defensores de derechos humanos que trabajan con personas LGBT también están siendo atacados. “Se requiere una acción resuelta para detener la violencia y la discriminación que afecta no solo a las comunidades LGBT, sino también a los defensores de derechos humanos que trabajan con ellos”, declaró el experto.
“Esto va de la mano con las aspiraciones más amplias de los derechos humanos, las libertades, la democracia y las sociedades pacíficas e inclusivas”.
Las redes internacionales permiten documentar abusos, compartir estrategias, acompañar a personas perseguidas y trasladar conflictos locales a instituciones regionales y globales. Sin embargo, también pueden ser presentadas por gobiernos autoritarios como prueba de una conspiración extranjera.
La tensión entre solidaridad internacional y autonomía local exige formas de cooperación que no borren las historias de cada comunidad. La defensa universal de la dignidad humana puede articularse con estrategias construidas desde las condiciones concretas de cada sociedad.
La política de los límites y las contradicciones
El activismo LGBT se desarrolla en espacios de tensión: entre lo privado y lo público, lo local y lo global, la soberanía y los derechos humanos, la religión y la inclusión, la memoria y el silencio, la ciudadanía y el exilio.
“Nadie sabe dónde están realmente los límites. Así que he continuado empujándolos y colándome entre las contradicciones del régimen”.
La frase de Wan Yanhai resume una forma de acción política que no depende exclusivamente de instituciones favorables. Los límites pueden desplazarse mediante la organización comunitaria, la producción cultural, el litigio, la educación, la memoria histórica, las redes digitales y la presencia cotidiana de personas que reclaman existir sin esconderse.
Intuyo que los activistas de todo el mundo seguirán colándose entre las contradicciones de sus regímenes para construir otros nuevos, menos injustos y más esperanzadores.