El accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya es una de las tragedias aéreas más impactantes de la historia del deporte. El avión transportaba al equipo amateur de rugby Old Christians Club de Montevideo, junto con familiares, amigos y miembros de la tripulación, cuando se estrelló en la cordillera de los Andes durante el viaje hacia Santiago de Chile.
Aquel accidente dio origen a una lucha por la supervivencia que se prolongó durante 72 días de temperaturas bajo cero, hambre, avalanchas y desesperación. La historia volvió a instalarse en la conversación pública con el estreno de La sociedad de la nieve, la película dirigida por Juan Antonio Bayona y basada en el libro homónimo de Pablo Vierci.
El viaje del equipo de rugby hacia Chile
El plantel del equipo amateur de rugby Old Christians Club de Montevideo y familiares y amigos de ellos se trasladaban para enfrentar a Old Boys Club, un conjunto inglés, que había viajado hasta Sudamérica para la contienda.
El avión transportaba al equipo uruguayo de rugby del «Old Christians» a Santiago de Chile, donde se debía enfrentar con los «Old Boys».
El vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya debía aterrizar en Santiago de Chile el 12 de octubre de 1972. Pero las condiciones climáticas no eran las indicadas y la tripulación optó por desviar la ruta y pasar la noche en Mendoza a la espera de que los vientos fuertes y la alta nubosidad amainaran al día siguiente.
Cuando despertaron, el piloto, el coronel Julio César Ferradas, y su copiloto, el teniente coronel Dante Héctor Lagurara, dudaron si era conveniente volar, pero confiaron en que la meteorología del viernes 13 de octubre les iba a permitir llegar a destino sin inconvenientes después de consultar con un piloto que acababa de aterrizar procedente de Chile.
Sin más preámbulos, citaron a todos los pasajeros a las 13. Una hora y 18 minutos después despegaría el avión Fairchild, cuyo nombre sería recordado más de medio siglo después ligado a una tragedia que devino en una historia de supervivencia sin precedentes.
El avión y las condiciones del vuelo
La película La sociedad de la nieve narra la historia del trágico vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya. El avión, un Fairchild FH-227D, despegó de Montevideo con destino a Santiago de Chile el 13 de octubre de 1972, llevando a bordo a miembros del equipo de rugby del Christian Club, sus familiares y otros pasajeros.
El Fairchild era un avión doble turbohélice de la Fuerza Aérea Uruguaya, que ese día trasladaba 40 pasajeros y cinco miembros de la tripulación.
La ruta prevista por el vuelo 571 establecía cruzar la cordillera de los Andes a 6 mil metros de altura, sobrevolar Curicó, una pequeña ciudad chilena, y recién entonces tomar dirección norte hacia Santiago.
En condiciones meteorológicas adversas y volando a una altitud de 5500 metros, los pilotos del vuelo 571 no pudieron verificar visualmente su posición. Confiando en la navegación por radio, creyeron erróneamente estar cerca de Curicó. Sin embargo, aún estaban a 60-70 km de distancia.

El error de navegación en la cordillera
La meteoróloga española Mar Gómez, doctora en física, indagó en las condiciones climáticas que forzaron el choque.
“Las áreas de montaña, en general, ofrecen dificultades en el pronóstico meteorológico ya que los cambios de tiempo que se producen en ellas son muy locales y repentinos”, explicó en diálogo con Infobae.
En las áreas montañosas las turbulencias se vuelven recurrentes.
“Cuando sopla viento de componente este, el aire se ve forzado a ascender por encima de la cordillera y se encuentra con aire más húmedo procedente del pacífico. La interacción de las masas de aire de diferentes características genera inestabilidad y puede dar lugar a frentes tormentosos y turbulencias como las vividas”, advirtió.
Cuando el reloj marcaba las 15:08 giraron para tomar la ruta sobre los Andes. En sus planes estimaban llegar al Planchón, que es el sitio en el que se pasa el control de tránsito aéreo de Mendoza, a las 15:21.
A esa hora, el copiloto Lagurara se comunicó con la torre de control chilena para informar que atravesaban el paso Planchón y que once minutos después sobrevolarían Curicó.
Aunque Lagurara se precipitó. Tomó contacto otra vez con la torre de control y les dijo que ya veían Curicó. Pidió permiso para girar en dirección norte, pero aún estaban dentro de la cordillera.
El permiso fue concedido y entonces, tras la aprobación, descendieron a 3.500 metros de altura, asumiendo que los Andes ya habían quedado detrás.
Pronto reconocieron que, en realidad, seguían en el medio de la cordillera. La rebaja en la velocidad hizo que las maniobras de emergencia y los intentos desesperados por volver a elevar al avión fueran en vano. Además, la aeronave ingresó en una bolsa de nieve que lo hizo caer más metros.
El ala derecha del Fairchild terminó impactando contra una montaña.
“Los pilotos se basaron en el reporte meteorológico que informaba que, a primera hora de la tarde, la situación mejoraría. La cobertura de nubes seguía siendo densa y eso generó un error en la navegación muy grave”, señaló Gómez, quien cree que, con la tecnología de hoy, hubiera sido menos probable que ocurriera el accidente.
“Primero porque contamos con información meteorológica más precisa y segundo porque los instrumentos hubieran determinado con precisión la distancia a las montañas”.
El impacto del Fairchild
Cuando la tripulación indicó a los pasajeros que se abrocharan los cinturones, hubo risas, incluso bromas ante las primeras turbulencias. Pronto el pánico se apoderó de la nave.
Los sacudones se volvieron cada vez más fuertes y los rugbiers se dieron cuenta de que estaban volando demasiado cerca de las montañas.
Los pasajeros escuchaban el rugido del motor a máxima potencia, pero veían que los intentos eran inútiles: el avión no levantaba vuelo.
Entonces se produjo la primera explosión, la del ala derecha, que se quebró con el impacto de una montaña y rompió, a su vez, la cola del avión.
Dos tripulantes y varios pasajeros volaron por los aires. Para peor, a los pocos segundos, cedió también el ala izquierda que, antes de caer, rasgó el fuselaje.
El avión, lo que quedaba de él, se dirigía hacia su fin. Siguieron gritos desgarradores, horror y la sensación de muerte inminente.
Al darse cuenta de su error crítico, los pilotos trataron de ganar altitud aplicando la máxima potencia, pero no fue suficiente. La aeronave continuó, perdiendo luego el ala izquierda, y dos pasajeros más fueron expulsados del fuselaje abierto.
El fuselaje del avión se detuvo en un lugar que después se llamó el Valle de las Lágrimas.
Aquel 13 de octubre de 1972 fue un día de excepciones. Ni el más agorero esperaba que el avión se estrellara y, una vez ocurrido el accidente, ni el más optimista esperaba salir con vida de aquel fuselaje quebrado, que se dirigía a toda marcha sobre la nieve y que se detuvo a las 15:34 después de impactar contra una montaña.
Frenó a 3.570 metros de altura, entre el volcán Tinguiririca de Chile y el Cerro Sosneado de Argentina, en un lugar que después se llamaría el Valle de las Lágrimas.
“Fue un error grosero de pilotaje, un error imperdonable de la tripulación”, afirmó Jorge Polanco, de una extensa trayectoria como comandante, consultor y asesor aeronáutico.
“No tiene nada que ver aquí la torre de control. Es un error de navegación, de cálculo, que terminó en una tragedia. No se calculó el viento, no se tuvo en cuenta que el avión no puede volar arriba de los 26 mil pies, que sería lo mínimo para cruzar la Cordillera. El error siempre es humano. Aquí no fue más que la incapacidad del hombre. Al mando estaban dos pilotos sin la experiencia necesaria”, expresó a Infobae.
¿Era adecuado el avión para cruzar los Andes?
El Fairchild no era el avión más conveniente para atravesar la Cordillera de Los Andes.
Polanco cruzó más de mil veces la Cordillera con un avión comercial, con un Boeing o un Airbus o mismo con aviones Jet, y asegura que atravesarla no atañe ningún tipo de riesgo.
Solo hay dificultades cuando los aeropuertos se ven afectados por las fuertes ráfagas de viento o lluvias intensas y desvían los aviones.
“Este avión no tenía la capacidad de sortear esas condiciones hostiles y volar tan alto”, asegura.
“Hoy un accidente de estas características es poco probable que ocurra. La tecnología actual te permite cruzar con mucha más precisión, más previsibilidad, y convierte el sobrevuelo por la Cordillera de los Andes en una tarea rutinaria de todos los días, sin peligro”, afirmó Polanco.
Las primeras horas de supervivencia
De las 45 personas que iban en el avión, 13 murieron inmediatamente.
Durante la primera noche, fallecieron cuatro personas debido a las gélidas temperaturas y sus graves heridas.
En las semanas posteriores, murieron doce más, la mayoría por un alud.
Murieron 29 de sus pasajeros. Aquel día comenzó una lucha por la supervivencia que se prolongó durante 72 largos días de temperaturas bajo cero, hambre y desesperación.
A 4.500 metros de altitud y 15 grados bajo cero, dieciséis hombres se apiñaban contra la estructura del pequeño bimotor Focker uruguayo estrellado en los Andes, en un intento de darse calor.
Los que se quedaron en la zona del siniestro se protegían del frío, de la nieve y de los aludes en uno de los pedazos del fuselaje del avión, concretamente en el de la parte delantera.
El fuselaje convertido en refugio se originó después de que el piloto del avión, atrapado en la niebla y en las bolsas de aire, viera que no le quedaba más remedio que jugársela y tratar de aterrizar el avión como fuera posible en una ladera nevada de la montaña.
En el fuselaje convertido en refugio, los sobrevivientes enfrentaron hambre y frío extremo.
La decisión de recurrir a la antropofagia
Agotadas las provisiones, recurrieron a medidas desesperadas para sobrevivir, incluyendo la antropofagia -comer carne humana-, una decisión tomada tras escuchar por radio que los equipos de rescate habían abandonado la búsqueda.
“Ya no nos quedaban alimentos, habíamos agotado prácticamente las escasas provisiones de que disponíamos. Teníamos un hambre atroz al cabo de unos pocos días de no probar bocado. Estábamos en grave peligro de morir de inanición. Por otra parte, necesitábamos comer para tener calorías que nos permitieran resistir al frío. Estábamos desorientados y no sabíamos qué camino seguir”.
“Todo ser humano hubiera hecho lo mismo. Hay que tener en cuenta que lo hicimos con todo el respeto, dignidad y cristiandad que tenemos dentro”.
La decisión de las autoridades de sepultar en los Andes los restos de los pasajeros fallecidos fue una prueba más de que los dieciséis supervivientes practicaron antropofagia.
“La identificación de los cadáveres sería imposible”, señaló el entonces encargado de negocios de Uruguay en Chile, César Charlone.
La traumática experiencia unió para siempre a los dieciséis jóvenes en la convicción de que “no tuvimos otra elección: vivir o morir”.
Sin embargo, su actuación golpeó las conciencias en todas las direcciones. Teólogos y psiquiatras “absolvieron” a los supervivientes ante la situación límite a la que se enfrentaron.
La avalancha y el aislamiento
En las semanas posteriores, murieron doce más, la mayoría por un alud.
Las 29 víctimas quedaron sepultadas en la falda del volcán Tinguiririca y los restos del avión fueron quemados por apenas diez expertos de alta montaña, acompañados de un sacerdote y un oficial de la Fuerza Aérea uruguaya.
Una enorme cruz anaranjada con la inscripción «El mundo a los hermanos uruguayos» quedó como homenaje a las víctimas.
El equipo de rugby Old Christians viajaba con familiares y amigos a Chile para un partido cuando su avión se estrelló, dejándolos varados en las montañas, donde enfrentaron tormentas de nieve, avalanchas y hambre.
La expedición para cruzar la cordillera
Después de 72 días de aislamiento, la determinación de Nando Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintín llevó a dos de ellos a emprender una peligrosa caminata a través de los Andes.
Recuerda que él y dos de los compañeros supervivientes decidieron dejar atrás los restos del avión accidentado y sepultado por la nieve e intentar el milagro de cruzar la Cordillera de los Andes.
Llegados a esta altura y después de vivir el peor de los dramas imaginables, Fernando Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintín se aventuraron a lo imposible.
“Salimos tres, pero ‘Tintín’ volvió. Pensamos que si nos quedábamos dos teníamos más comida, así que él regresó”, recordaba Canessa al programa Desayunos informales del canal de televisión uruguayo Teledoce.
“Caminabas tres pasos y te faltaba el aire. Yo había perdido 30 kilos. Fue demencial. Demencial, sí. Inimaginable, también”.
Las probabilidades de que estos dos jóvenes, Roberto y Fernando, desnutridos, mal equipados, sin experiencia en la nieve y muy desmejorados físicamente pudieran cruzar la Cordillera de los Andes, cruzarse con alguien y pedir que les auxiliara a ellos y al resto de compañeros eran mínimas.

El encuentro con Sergio Catalán
Tras diez largos días de caminar y al final de sus fuerzas, llegaron al río Azufre y quiso el azar que se encontraran con un hombre que iba a caballo.
Respondía al nombre de Sergio Catalán, quien, tras salir de su asombro e intercambiar mensajes envueltos en piedras con Roberto y Fernando, decidió dejarlos allí e ir a por ayuda.
Tan rápido como pudo se personó en la comisaría de Puente Negro, en La Paz, y lo hizo con un papel en el que se podía leer estas palabras de Fernando Parrado:
“Vengo de un avión que cayó de las montañas. Soy uruguayo. Hace diez días que estamos caminando. En el avión quedan 14 personas heridas. No tenemos comida. Estamos débiles”.
El rescate de los supervivientes
El propio Parrado viajó a bordo de uno de los dos helicópteros que partió en búsqueda de los restos del avión y de los supervivientes.
Tras gritar “allá está el manchón”, los helicópteros encontraron los restos del fuselaje y a los 14 supervivientes, gritando, con los brazos levantados y llorando los que aún les quedaban lágrimas después de que lograran sobrevivir nadie sabe cómo.
Aquel día fueron rescatados en helicóptero después de que dos de ellos, Nando Parrado y Roberto Canessa, caminaran durante diez días hasta un poblado chileno y lograran dar el aviso.
Fue una tragedia, la tragedia de los Andes, sí, pero también un milagro, el milagro de los Andes, del que surgió una historia de leyenda que ha maravillado e inspirado a millones de personas.
Como reconocía Canessa, “somos leyenda para la gente”.
Cómo se ha contado la tragedia de los Andes
La historia de la tragedia se ha contado numerosas veces.
Se ha hecho referencia a ella en programas de televisión como Seinfeld, dramatizado en innumerables películas como Alive -¡Viven!- de 1993 con Ethan Hawke, sirvió como tema de documentales y obras de teatro e incluso inspiró Yellowjackets, la serie de Showtime nominada al Emmy.
Dos años después, Piers Paul Read recogía su historia en el libro ¡Viven! La tragedia de los Andes, precursor de la película del mismo nombre que Frank Marshall rodó en 1993.
El realizador estadounidense aseguró entonces que la cuestión del canibalismo “no constituyó la pregunta más delicada. No lo necesitaba saber, era secundario”.
El superviviente Fernando “Nando” Parrado, que asesoró a Marshall, no ha tenido ninguna secuela psicológica.
Varios documentales y también otras películas han intentado mostrar esta historia de superación, pero pocos se acercan al relato puro y estremecedor que cuenta Pablo Vierci en La sociedad de la nieve.
La película de Juan Antonio Bayona
La película La sociedad de la nieve, dirigida por Juan Antonio Bayona, se ha convertido en un éxito rotundo en Netflix.
El drama de Bayona está basado en el libro homónimo de Pablo Vierci y sigue la historia del desastre de un avión de la Fuerza Aérea uruguaya.
Al abordar la compleja historia de resiliencia y supervivencia, Bayona quería hacer algo más que dirigir una interpretación dramática de una tragedia de la vida real: quería contar una historia que honrara a los sobrevivientes y víctimas del accidente y su cultura uruguaya.
“Es más una reflexión que un libro de acción, y al final me ayudó mucho a entender a los personajes”, dijo el director español sobre el libro de Vierci. El escritor es productor asociado de la cinta.
La película de Bayona busca honrar la historia y se aleja de embellecer o presentar con sensacionalismo los horrores que soportaron los pasajeros y miembros de la tripulación.
Más allá de hablar con los sobrevivientes, los seres queridos de las víctimas y visitar el lugar del accidente, entrelaza música de candombe uruguayo en los puntos más altos de tensión y agrega la canción favorita de Turcatti, de una popular banda uruguaya, en una de las primeras escenas felices de la película.
“Me interesó mucho meterme en la cultura de Uruguay, en la cultura de la época”, dijo el director.
Su enfoque también incluyó a sobrevivientes del accidente, como Carlitos Páez, quien cumplió 19 años mientras estaba varado en la nieve y en la película interpreta a su padre.
“Quería acercarme lo más posible a la realidad”, dijo Bayona, quien sometió a su elenco a un programa de pérdida de peso supervisado por un médico y filmó las escenas de la avalancha en condiciones heladas.
Con un presupuesto de 60 millones, La sociedad de la nieve se ha convertido en la película más cara de producir de la historia del cine español.
Grabar en el lugar donde sucedió el accidente, a 4000 metros de altura, fue imposible.
La perspectiva de los supervivientes y las víctimas
Cuando Gustavo Zerbino vio La sociedad de la nieve, el sobreviviente del accidente aéreo de 1972 sintió como si lo estuvieran sumergiendo “en agua hirviendo”, al revivir los más de 70 días que él y sus compañeros de equipo de rugby estuvieron varados en las montañas nevadas de los Andes.
Zerbino elogió la película cruda y sin filtros de J. A. Bayona, que se estrenó en la plataforma de streaming Netflix en Estados Unidos y Latinoamérica, pero también sintió las mismas ansiedades y emociones que experimentó mientras estaba varado como un joven atleta hace más de 50 años.
“Por suerte, el filme termina en dos horas y media”, dijo a la agencia de noticias The Associated Press en octubre pasado.
“Siempre habíamos sentido que faltaban cosas”, dijo Zerbino, reflexionando sobre proyectos anteriores.
“El libro ‘La sociedad de la nieve’ es un libro que puso lo que faltaba”.
La película nominada al Globo de Oro es narrada por Numa Turcatti, quien murió poco antes del rescate y es interpretada por Enzo Vogrincic.
“Siempre me atrajo esa posibilidad y necesidad de contarlo desde el punto de vista de los muertos”, dijo Vierci.
“Es una historia pequeña en el sentido de que son 45 personas perdidas en un avión hace 51 años, pero es tan emblemática, es tan simbólica; es tan bueno tener esa ventana donde podemos mirar y ver ahí cómo estos chicos, soportando las adversidades mayúsculas, construyeron una sociedad donde la compasión y la misericordia era lo que predominaba”, agregó el autor.
Cuando Vogrincic escuchó por primera vez sobre el proyecto, el actor uruguayo supo que tenía que ser parte de la historia.
“Es una historia en Uruguay con la que nacés, con la que de alguna manera te acercás desde muy chico”, dijo el actor.
“Hay una sensación de orgullo que te acompaña porque son uruguayos, pero a medida que vas entrando en la historia y a medida que vas profundizando, y los vas conociendo a ellos, también empiezas a descubrir que la historia es mucho más grande, que la historia es humana”.
Zerbino vio la película con otros supervivientes del accidente y familiares de las víctimas. Los créditos finales fueron recibidos con una gran ovación, dijo.
Según el exjugador de rugby, esta era la primera vez que los familiares de muchas víctimas se involucraban en el recuento de lo ocurrido.
“No habían leído ni habían visto películas, porque no querían sufrir”.
Otros accidentes aéreos relacionados con equipos deportivos
Son muchas las desgracias que acompañan a la historia del deporte. Pero hay muchas más desgracias que se han cebado con equipos deportivos, como el accidente de avión en Colombia en el que viajaba la plantilla del Chapecoense para disputar la final de la Copa Sudamericana ante el Atlético Nacional de Medellín.
| Fecha | Equipo o deportistas | Lugar o circunstancia |
|---|---|---|
| 4 de mayo de 1949 | Torino | El avión se estrelló contra el campanario de la Basílica de Superga, cerca de Turín. |
| 6 de febrero de 1958 | Manchester United | El avión se estrelló al despegar del aeropuerto de Múnich. |
| 15 de febrero de 1961 | Equipo completo de patinaje artístico de Estados Unidos | El avión se accidentó en el trayecto Nueva York-Bruselas. |
| 15 de febrero de 1970 | Selección femenina de voleibol de Puerto Rico | El accidente ocurrió cuando regresaban de un torneo en República Dominicana. |
| 14 de noviembre de 1970 | Marshall American College | Murieron los 45 miembros del equipo de fútbol estadounidense. |
| 13 de octubre de 1972 | Old Christians | El avión de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló en la cordillera de los Andes. |
| 14 de marzo de 1980 | Equipo de boxeo de Estados Unidos | Murieron 22 miembros del equipo y sus acompañantes. |
| 8 de diciembre de 1987 | Alianza Lima | El avión se precipitó al mar cerca de Ventanilla, Perú. |
| 27 de abril de 1993 | Selección de Zambia | El avión cayó al mar poco después de recargar combustible en Libreville. |
| 7 de septiembre de 2011 | Lokomotiv | El equipo de hockey sobre hielo murió en un accidente en la región de Yaroslavl. |
| 21 de enero de 2019 | Emiliano Sala | El avión pequeño en el que viajaba desapareció entre Francia e Inglaterra. |
La tragedia del Manchester United
El 6 de febrero de 1958, la aeronave de British Airways que debía transportar de vuelta al Manchester United no lograba despegar de una pista nevada y helada.
Tras dos intentos frustrados, en la tercera tentativa de despegue el avión terminó estrellándose.
En total, hubo 23 muertos: ocho de ellos futbolistas, tres técnicos y varios periodistas.
El entrenador Matt Busby resultó gravemente herido, mientras que el portero Harry Gregg ejerció de enfermero improvisado sobre la misma pista, entrando a la aeronave para rescatar a sus compañeros.
Sir Bobby Charlton también sobrevivió.
El accidente del Torino
El 4 de mayo de 1949, el avión de Italian Airlines en el que regresaba el equipo italiano del Torino, luego de jugar en Lisboa, Portugal, se estrelló contra el campanario de la Basílica de Superga, muy cerca de la ciudad de Turín.
Las condiciones meteorológicas y un error de navegación, como se determinó posteriormente, causaron uno de los accidentes más terribles de la historia del deporte.
La selección italiana también acusó el terrible accidente: la mayoría de los titulares provenían en aquellos tiempos del Torino, por lo que tuvo que reconstruir su escuadra para el Mundial de 1950 y las siguientes citas internacionales.
La tragedia de la selección de Zambia
Otro de los terribles momentos que vivió el deporte fue el que acabó con la vida de todos los integrantes de la selección de Zambia de fútbol.
Ocurrió el 27 de abril de 1993, cuando Zambia se disponía a medirse a Senegal de cara a la clasificación para el Mundial de Estados Unidos de 1994.
Eran favoritos: cinco años antes, en los Juegos de Seúl, habían logrado derrotar a la todopoderosa Italia y, de cara a la cita mundialista, se perfilaban como una de las grandes sensaciones del continente africano.
Un avión de la Fuerza Aérea de Zambia que se dirigía a Senegal cayó al mar poco después de haber recargado combustible en la ciudad de Libreville, Gabón.
El accidente de Alianza Lima
El 8 de diciembre de 1987, el primer equipo del Alianza Lima, líder entonces del campeonato peruano, perdió la vida en el accidente aéreo que causó la muerte de un total de 43 personas en Ventanilla, Lima.
Un avión de la Marina de Guerra de Perú en el que viajaba el club de fútbol Alianza Lima se precipitó al mar cuando llegaba a la localidad de Ventanilla.
El equipo regresaba de jugar un partido en la ciudad de Pucallpa.
De hecho, el 8 de diciembre de 1987 ocurrió un accidente que también aún hoy es recordado con el mismo tipo de avión, el Fokker F27, que trasladaba al club peruano de fútbol Alianza Lima.
Por un error de navegación, la nave se hundió en el mar a pocos kilómetros del aeropuerto donde iba a aterrizar y dejó un saldo de 43 muertos.
Otras tragedias aéreas del deporte
El 15 de febrero de 1961, el equipo completo de patinaje artístico de Estados Unidos, integrado por 18 miembros, murió en un accidente de avión ocurrido en el trayecto Nueva York-Bruselas, cuando se encontraba a solo seis kilómetros de la capital belga, a punto de aterrizar. En total, murieron 72 personas.
El 26 de septiembre de 1969 ocurrió otra tragedia de un avión que salió de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.
El 15 de febrero de 1970, la mayoría de los integrantes de la selección femenina de voleibol de Puerto Rico fallecieron cuando regresaban de un torneo en República Dominicana.
El 14 de noviembre de 1970 murieron los 45 miembros del equipo de fútbol estadounidense Marshall American College, tras estrellarse el avión de Southern Airways en el que volaban a Huntington, Virginia Occidental.
El 14 de marzo de 1980, 22 miembros del equipo de boxeo de Estados Unidos y sus acompañantes murieron en un accidente aéreo ocurrido entre las ciudades polacas de Okecie y Varsovia. Habían partido desde Nueva York.
El 7 de septiembre de 2011, todos los integrantes del equipo de hockey sobre hielo Lokomotiv, menos uno que murió cinco días después, fallecieron al estrellarse el avión en el que viajaban en la región de Yaroslavl, unos 200 kilómetros al norte de Moscú.
El golfista Payne Stewart también murió en un accidente aéreo. Fue en 1999, cuando se subió a su avión privado, un Learjet 35 de 10 plazas, y un fallo técnico o un brusco cambio meteorológico hizo que el avión subiera mucho más alto de lo que alcanzan los vuelos comerciales.
El que fuera campeón del mundo de rallies Colin McRae y su hijo de cinco años murieron en septiembre de 2007 por un accidente de helicóptero al sur de Escocia.
Según reveló la investigación, que no fue capaz de determinar las causas del suceso, el piloto habría realizado una “maniobra arriesgada” antes del accidente.
El 9 de marzo de 2015, diez personas murieron cuando dos helicópteros se estrellaron en la provincia argentina de La Rioja, en el norte del país suramericano.
El 21 de enero de 2019, un avión pequeño en el que el futbolista argentino Emiliano Sala viajaba entre Francia e Inglaterra desapareció durante la noche.
Comenzó una operación de búsqueda en la costa de Guernsey, en el Canal de la Mancha. La búsqueda fue temporalmente suspendida después de que se determinara que las probabilidades de encontrar al piloto y al jugador eran pocas.
Posteriormente se hallaron dos asientos del avión y luego parte del fuselaje bajo el agua.