Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad

«Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas». La frase, asociada a Milton Friedman, plantea que una sociedad que intente imponer la igualdad material sacrificando las libertades individuales terminará perdiendo ambas: habrá menos libertad y tampoco logrará una igualdad real sostenible.

En cambio, si una sociedad protege primero la libertad individual -libertad económica, de expresión y de elección-, entonces puede surgir también un mayor bienestar general y una cierta igualdad de oportunidades. La idea central no consiste en negar toda forma de igualdad, sino en distinguir entre igualdad ante la ley, igualdad de oportunidades e igualdad de resultados.

El significado de la frase de Milton Friedman

Milton Friedman fue un economista y filósofo político estadounidense nacido en 1912 y fallecido en 2006. Es una de las figuras más influyentes del liberalismo económico y del pensamiento de libre mercado del siglo XX.

En concreto, esta frase aparece en la obra de Friedman y serie televisiva Free to Choose («Libertad de elegir»), publicada y emitida en 1980. Friedman era una figura que siempre hablaba sobre todo de libertad económica: crear empresas, comerciar y elegir trabajo, además de propiedad privada, menor intervención estatal, así como de libertad política y civil.

La afirmación se refiere a la relación entre dos valores políticos fundamentales: la igualdad y la libertad. Según Friedman, cuando el Estado intenta igualar por la fuerza los ingresos o la riqueza de la población, necesita ampliar los impuestos, las regulaciones y la redistribución, con lo que restringe la autonomía individual.

Igualdad ante la ley, de oportunidades y de resultados

Cuando habla del término igualdad, hay una distinción importante, ya que se refiere a igualdad ante la ley, igualdad de oportunidades e igualdad de resultados. La igualdad ante la ley significa que todas las personas reciben el mismo trato jurídico, mientras que la igualdad de oportunidades expresa la posibilidad de progresar.

La igualdad de resultados pretende que todos tengan ingresos o riqueza similares. Para Friedman, estas tres formas de igualdad no son equivalentes y pueden entrar en conflicto cuando se intenta imponer un resultado económico uniforme mediante la acción estatal.

Tipo de igualdadSignificado
Igualdad ante la leyMismo trato jurídico para todos
Igualdad de oportunidadesPosibilidad de progresar
Igualdad de resultadosQue todos tengan ingresos o riqueza similares

Frente a la idea extendida de que la desigualdad es un problema que debe ser corregido por el Estado, los Friedman sostienen que la igualdad más importante es la igualdad ante la ley y la libertad para aprovechar las oportunidades, no la igualdad de resultados.

Libertad negativa y libertad positiva

El argumento se basa en la distinción entre libertad positiva y libertad negativa, conceptos fundamentales en la filosofía política que fueron desarrollados por Isaiah Berlin. La libertad negativa implica la ausencia de restricciones externas: ser libre significa que nadie impide mis acciones.

La libertad positiva se entiende como la capacidad real de alcanzar ciertos fines, lo que a menudo se traduce en la necesidad de una acción estatal para garantizar recursos mínimos. Así, Friedman sostiene que lo importante es la libertad negativa.

Más aún, defiende que, cuando el Estado se centra en promover la libertad positiva, lo hace a costa de la libertad negativa, restringiendo la autonomía individual mediante impuestos, regulaciones y redistribución de riqueza.

Desde esta perspectiva, la libertad económica incluye la posibilidad de crear empresas, comerciar y elegir trabajo. También abarca la protección de la propiedad privada y la reducción de la intervención estatal, junto con la libertad política y civil.

Por qué Friedman rechazaba la igualdad de resultados

El capítulo también ilustra, de manera sencilla pero contundente, la falacia de buscar la igualdad de resultados. Friedman compara la desigualdad económica con la desigualdad de talentos.

Es evidente que no todos nacemos con las mismas capacidades para la música, el deporte o las matemáticas. Si aplicáramos el mismo criterio que algunos defienden para la riqueza, deberíamos suprimir las escuelas de música para jóvenes talentosos o prohibir que los más dotados en un ámbito aprovechen sus habilidades.

Por absurdo que parezca, la lógica de “nivelar” lleva a este tipo de consecuencias. La analogía pretende mostrar que la existencia de diferencias no demuestra por sí misma que haya una injusticia que deba ser eliminada.

En lugar de centrarnos en las diferencias de resultado, Friedman insiste en que debemos fijarnos en el proceso: si las reglas del juego son justas y permiten a todos competir en igualdad de condiciones, entonces las desigualdades que surjan son naturales y aceptables.

Lo contrario sería un intento de ingeniar artificialmente una sociedad sin diferencias, lo que inevitablemente conduce a la restricción de la libertad. La intervención necesaria para asegurar que todos obtengan el mismo resultado exige controlar decisiones, ingresos, intercambios y oportunidades individuales.

Libertad, prosperidad y movilidad social

Por tanto, la idea central de esta frase es que si un gobierno intenta imponer igualdad material, es decir, igualdad de resultados económicos, sacrificando libertades individuales, terminará perdiendo ambas: habrá menos libertad y tampoco logrará una igualdad real sostenible.

En cambio, si una sociedad protege primero la libertad individual -libertad económica, de expresión, de elección-, entonces puede surgir también un mayor bienestar general y una cierta igualdad de oportunidades.

Si queremos prosperidad, movilidad social y autonomía, la libertad debe ser la prioridad. Intentar igualar los resultados a la fuerza solo conduce a menos libertad y, paradójicamente, a sociedades más desiguales y menos justas.

El contexto histórico de la afirmación

El contexto histórico de esta frase surgió en plena Guerra Fría, cuando había una gran discusión entre las economías capitalistas liberales, como Estados Unidos, y las economías socialistas o comunistas centralizadas, como la Unión Soviética.

En ese contexto, Friedman defendía que la libertad económica constituía una base importante de la libertad política. La posibilidad de crear empresas, comerciar, elegir trabajo y conservar la propiedad privada limitaba la concentración del poder estatal sobre la vida de los ciudadanos.

Por tanto, la conclusión de Friedman sostenía que los sistemas que intentaban imponer igualdad económica desde el Estado terminaban derivando en burocracia, autoritarismo y menor prosperidad.

La preocupación central era que la búsqueda de la igualdad material pudiera convertirse en una justificación para ampliar indefinidamente el poder de las instituciones públicas. Una vez que el Estado asume la tarea de corregir todos los resultados económicos, necesita intervenir en un número cada vez mayor de decisiones particulares.

El debate sobre la redistribución y la libertad real

No obstante, algunos filósofos y economistas discuten esa afirmación. Pensadores socialdemócratas argumentan que sin cierto grado de redistribución no existe libertad real para quienes nacen en pobreza.

Desde esta perspectiva, la libertad negativa no basta cuando una persona carece de recursos mínimos, educación o posibilidades efectivas de progresar. Para quienes sostienen este argumento, la acción estatal puede ampliar la capacidad real de elección de las personas que parten de condiciones desfavorables.

Mientras que otros sostienen que desigualdades extremas terminan concentrando poder y reduciendo también la libertad. Una acumulación excesiva de riqueza puede otorgar a determinados grupos una influencia económica y política capaz de limitar las opciones de los demás.

Finalmente, autores como John Rawls defendieron combinar libertades básicas con mecanismos de justicia distributiva. También se critica que la frase presenta «libertad» e «igualdad» como si fueran opuestas necesariamente, cuando muchas democracias modernas intentan equilibrarlas.

Las distintas perspectivas ideológicas

La discusión que sigue a la exposición del capítulo en la serie televisiva Free to Choose es una de las más acaloradas de toda la serie. Enfrenta a economistas, políticos y académicos con posturas irreconciliables sobre la igualdad y el papel del Estado.

La razón de este intenso debate radica en que cada contertulio analiza la realidad con unas “gafas ideológicas” distintas. Quienes ven la desigualdad como un fallo moral tienden a enfatizar la necesidad de redistribución.

Por otro lado, aquellos que priorizan la libertad entienden que el intervencionismo es más peligroso que la propia desigualdad económica. El choque es inevitable porque no se discute un problema técnico, sino una cuestión de valores.

El desacuerdo, por tanto, no se limita a determinar qué política produce más ingresos o crecimiento. También implica decidir qué riesgos son más graves: la desigualdad económica, la concentración del poder privado, la intervención estatal o la pérdida de autonomía individual.

La tensión entre igualdad y libertad

Una sociedad que ponga la igualdad por encima de la libertad no tendrá ninguna de las dos. Una sociedad que ponga la libertad por encima de la igualdad tendrá un alto grado de ambas.

El sentido de esta afirmación es que la defensa de la libertad puede favorecer ciertas condiciones de igualdad, especialmente cuando existe igualdad ante la ley y las personas pueden aprovechar las oportunidades. Sin embargo, no afirma que la libertad produzca automáticamente los mismos resultados para todos.

La frase tampoco elimina la importancia de examinar las condiciones sociales en las que las personas toman sus decisiones. Su punto principal es advertir que la búsqueda de resultados idénticos puede exigir restricciones tan amplias que termine destruyendo las libertades que pretendía proteger.

Este capítulo, con su profundidad y su capacidad para desafiar supuestos comunes, sigue siendo de enorme relevancia hoy. Nos recuerda que, antes de dejarnos llevar por el deseo de corregir desigualdades, debemos preguntarnos si lo hacemos a costa de la libertad.

Porque, como advierte Friedman, una vez que se empieza a sacrificar la libertad en nombre de la igualdad, es difícil recuperar ambas.

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