Selección española de waterpolo: medallas y etapas de un palmarés histórico

La selección española de waterpolo, tanto la masculina como la femenina, son dos equipos que ilusionan a España en las grandes competiciones, así como en los Juegos Olímpicos, la gran cita deportiva por excelencia.

Su gran potencial la convierte en una de las selecciones más laureadas. La selección masculina de waterpolo ha conseguido este jueves con el oro en el Mundial de Singapur su vigesimoprimera medalla en un gran campeonato. Un historial espectacular fraguado durante más de tres décadas que dejan a España entre las grandes referencias históricas de este deporte.

Son cuatro etapas, cada una de ellas de más o de menos duración, las que han construido la identidad del palmarés español. Todas ellas, así como los periodos sin medallas que las han separado, han construido la identidad de una España que sigue consolidada como un equipo único.

Las medallas de la selección masculina de waterpolo

El bronce europeo de 1983: el primer paso hacia la élite

La primera etapa del medallero fue, quizá, la más complicada en el deporte: la que abre las puertas para comprobar que, lo que parecía imposible, puede hacerse realidad.

España se colgó el bronce en el Campeonato de Europa de 1983, en un evento disputado en Roma en el que no partía entre las candidatas a subir al podio.

Lolo Ibern era el seleccionador que se encontraba al frente de aquel equipo con Rafa Aguilar, Toni Aguilar, Albert Canal, Manuel Delgado, Manel Estiarte, Félix Fernández, Mariano Moya, Josep Lluís Morillo, Jordi Neira, Diego Odena, Jordi Payá, Pere Robert y Jordi Signes.

En un campeonato con formato de liguilla, solo la URSS y Hungría superaron al equipo español.

La generación dorada entre 1991 y 2001

Si se había hecho una vez, se podía repetir. Incluso, también, ampliar.

Por eso, España siguió insistiendo tras aquel primer podio y encontró el mayor rédito que cualquier generación en el deporte olímpico español ha alcanzado jamás: el dominio con puño de hierro en su década mágica, ubicada entre 1991 y 2001.

En ella se consiguieron dos oros mundiales, dos platas mundiales, una plata europea, un bronce europeo y, también, el cielo absoluto de la plata olímpica primero y del oro olímpico después.

Todo arrancó con la llegada de un hombre clave en la mentalidad del waterpolo español, el croata Dragan Matutinovic.

Imprimió una mentalidad de hierro al equipo nacional para prepararlo para los Juegos de Barcelona 1992.

Además, formó el grupo cuya columna vertebral fue clave en todos los éxitos conquistados en aquella época.

A sus mandos se consiguieron la plata mundial de Perth 1991, la plata europea de Atenas 1991, la plata olímpica de Barcelona 1992 y el bronce europeo de Sheffield 1993.

Tomó entonces el relevo en el banquillo Joan Jané para perfeccionar aquella identidad.

Con él llegaron la plata mundial de 1994, el eterno oro olímpico de Atenas 1996, el oro mundial de Perth 1998 y el oro mundial de Fukuoka 2001.

Una trayectoria absolutamente inmaculada.

La selección masculina es dueña de oro. Lo ganaron en Atlanta 96 al hacerse con la victoria contra Croacia 7-5.

En esa edición, el bronce fue para Italia.

Los españoles se quitaron la espinita de los anteriores Juegos Olímpicos, Barcelona 92, ya que se tuvieron que conformar con la plata.

Tras estos dos éxitos, el equipo masculino ha estado cerca de hacerse de nuevo con otra medalla olímpica, pero se le resiste el ampliar palmarés.

Fraguada, en gran parte, por una generación única de jugadores.

Jesús Rollán, Manel Estiarte, Pedro García Aguado, Dani Ballart, 'Chava' Gómez, Jordi Sans, Sergi Pedrerol y Miki Oca formaron la columna vertebral del equipo.

Ballart y el 'Chava' fueron los únicos presentes en las ocho medallas conquistadas en aquellos años mágicos.

Porque la renovación del equipo fue prodigiosa.

Marco Antonio González, Ignacio Lobera, Rubén Mitjavila, Josep Picó, Ricardo Sánchez, Manel Silvestre y Joan Valls fueron otros pilares de la primera parte de estos diez años.

Tomaron el equipo después Miguel Ángel González, Iván Pérez, Guillermo Molina, Javier Sánchez-Toril, Daniel Moro, Gabi Hernández, Gustavo Marcos, Josep Maria Abarca, Iván Moro, Jordi Payà, Carles Sanz y Ángel Andreo para constituir la identidad de un equipo único.

El regreso a los podios

Tras haberlo ganado absolutamente todo, España se vio obligada a un proceso de reconstrucción en los siguientes años, en los que tocaba volver a empezar.

Pero este no duró mucho, porque en la segunda parte de la década de los 2000 la selección dejó su aviso: era un grande y esa identidad no la iba a perder nunca.

Con Rafa Aguilar como seleccionador, España se colgó el bronce europeo en Belgrado 2006, el bronce mundial en Melbourne 2007 y la plata mundial en Roma 2009 tras una maldita tanda de penaltis.

Por entonces ya era uno de los líderes de aquella generación Felipe Perrone.

También estaban el actual seleccionador David Martín, Iñaki Aguilar, Xavi García, Marc Minguell, Guillermo Molina, Iván Pérez, Xavi Vallés, Ángel Andreo, Sergi Mora, Kiko Perrone, Óscar Rey, José Rodríguez, Iván Gallego, Svilen Piralkov, Mario García, Albert Español, Blai Mallarach y Dani López Pinedo.

La era David Martín

De nuevo, como tras cada éxito, llegaron años de muchos cuartos de final, de estar rozando las medallas cada vez.

Hasta que todo empezó a cambiar un 30 de diciembre de 2016.

Aquel día, David Martín fue designado nuevo seleccionador español.

Con él a los mandos, España se estrenó con un noveno puesto en el Mundial de Budapest.

Pero aquello tan solo fue para tomar impulso: desde entonces han llegado dos oros (Budapest 2022 y Singapur 2025), una plata (Gwangju 2019) y dos bronces mundiales (Fukuoka 2023 y Doha 2024), además de un oro (el primero de la historia de la selección, en Zagreb 2024), dos platas (Barcelona 2018 y Budapest 2020) y un bronce (Split 2022) europeos.

CompeticiónMedallas destacadas
Campeonato de Europa de 1983Bronce
Mundial de Perth 1991Plata
Europeo de Atenas 1991Plata
Juegos Olímpicos de Barcelona 1992Plata
Europeo de Sheffield 1993Bronce
Juegos Olímpicos de Atlanta 1996Oro
Mundial de Perth 1998Oro
Mundial de Fukuoka 2001Oro
Europeo de Belgrado 2006Bronce
Mundial de Melbourne 2007Bronce
Mundial de Roma 2009Plata
Mundial de Budapest 2022Oro
Mundial de Singapur 2025Oro

La medalla olímpica que se resistió en Tokio, especialmente (cuarto puesto), y en París (sexto) es lo único que le queda a esta generación para coronar su inmenso palmarés.

No podrá lograrla ya su grandioso líder, Felipe Perrone, quien cuelga el gorro tras este Mundial de Singapur.

Pero sigue adelante todo el núcleo duro de este periodo, al que Martín ha sido tremendamente fiel.

Además de Felipe, siguen en el equipo con respecto a la plata de Barcelona 2018 Alberto Munárriz, Álvaro Granados, Miguel de Toro, Marc Larumbe, Sergi Cabanas, Roger Tahull, Álex Bustos y Edu Lorrio.

Se han ido añadiendo con el paso de los años Bernat Sanahuja, Unai Aguirre, Fran Valera, Unai Biel, Biel Gomila y Javi Bustos, estos quince los históricos medallistas de Singapur.

Han formado parte también de este equipo jugadores en activo como Alberto Barroso, Niko Paul o un Martin Famera presente en gran parte de las medallas.

Se fueron despidiendo tras enormes carreras deportivas Dani López Pinedo, Marc Minguell, Fran Fernández, Blai Mallarach y Adrià Delgado.

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La selección femenina: las guerreras del agua

Las dos platas restantes pertenecen al equipo femenino, a las «guerreras del agua», en las que las medallas olímpicas son solo parte de un extenso palmarés de éxitos, al que recientemente se ha unido el oro olímpico en París 2024 en una final emocionante contra Australia.

Unos datos muy buenos, ya que son tres medallas en cuatro participaciones en Juegos Olímpicos.

El waterpolo femenino es olímpico desde Sídney 2000 y España tiene representación desde Londres 2012.

Precisamente ese mismo año se hicieron con la plata.

En su debut en unos Juegos, cayeron contra Estados Unidos 8-5 en la final.

No contó con la misma fortuna la Selección en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, allí consiguieron el quinto puesto.

Fue en los siguientes Juegos, en Tokio, cuando repitieron metal.

De nuevo cayeron en la final contra la todopoderosa selección de Estados Unidos, con un resultado abultado y doloroso (14-5).

A estos Juegos de París llegaron con un equipo que mezcla la veteranía y la juventud, aunque todas como jugadoras bastante experimentadas.

El oro olímpico de París 2024

Avanzaron como un río.

Laura Ester, Isabel Piralkova, Anni Espar, Bea Ortiz, Nona Pérez, Paula Crespí, Elena Ruiz, Pili Peña, Judith Forca, Paula Camus, Maica García, Paula Leiton y Martina Terré.

Juntas, en su nombre y en nombre de aquellas que las precedieron y ya no están, ofrecieron una exhibición de sintonía, fueron un torrente de voluntad, de fuerza, de resistencia y de ingenio imparables.

Australia siempre nadó contra corriente en el último acto de la piscina olímpica de La Défense.

El agua que consagró a los héroes de la natación en los Juegos de París despidió la competición el sábado con una final que las nadadoras de España inscribieron en la piedra de las hazañas inolvidables para cerrar con un oro la saga que comenzaron en los Juegos de Londres dirigidas por el inescrutable Miki Oca, una leyenda del waterpolo que tuvo la habilidad de mantenerse en un segundo plano.

Después de una plata en 2012, un quinto puesto en 2016, y otra plata en 2021, hicieron cumbre.

Solo Estados Unidos ha producido una dinastía más longeva y gloriosa en la historia del waterpolo.

La final contra Australia

Dos muchachas de Rubí, un pueblo próximo a Barcelona, marcaron los ritmos del juego.

La veterana, Bea Ortiz, tercera máxima anotadora de la competición con 19 goles; y su escolta, la joven Elena Ruiz, de 19 años, la cuarta máxima goleadora de París con 18 tantos, un prodigio de mente fría como un témpano y una actividad cognitiva a pleno rendimiento en un cuerpo más bien menudo.

Las dos, que se conocen desde niñas, se juntaron en el punto más crítico para multiplicarse ellas y amplificar las capacidades de sus compañeras.

Jugaban con una facilidad pasmosa pasándose la pelota con velocidad y alimentando a las extremos y a las boyas a un ritmo inalcanzable para las australianas cuando llegado el tercer cuarto quebraron la resistencia.

Tres goles de Bea Ortiz y una parada de Martina Terré a Abby Andrews en el transcurso de una secuencia de dos minutos prodigiosos fueron la gota que rompió la roca amarilla.

Lo explicó la boya Paula Leiton, autora del 1-1, la señal de carga, una cuchara de revés que puso el agua en ebullición.

“El momento en que nos vamos de dos goles y pasamos de 2-3 a 2-4 y 2-5 es el más importante”, dijo Paula.

“Fue cuando rompimos la dinámica que llevábamos, de mucho rato sin marcar”.

Los partidos de waterpolo son corrosivos.

Un proceso de desgaste, de agua que ahoga, de piernas que patean, de manos que azotan y agarran.

Si las españolas salieron airosas del borbollón de espuma y tensión fue porque consiguieron pensar con más claridad hasta dar el golpe de mano en ese tercer cuarto, cuando el equipo pasó de ganar por 2-3 a ponerse 2-5 por delante.

“Los goles están bien, pero hay cosas que están mejor”, decía Elena Ruiz.

“Todo eso que no son goles es lo que hay que trabajar mucho más, como por ejemplo la defensa y algunos pases que son clave para que otras solo tengan que empujar la pelota”.

Cualquiera hace goles.

Todo fluye en España.

No hay líderes definidos.

No hay un conductor.

A veces la gran Maica García, otras Anni Espar, veteranas de 2012, en ocasiones Bea Ortiz, la segunda generación, y a veces la última, la que representan Elena Ruiz y la portera Martina Terré, dos monolitos de serenidad.

Dos piezas decisivas que no estaban en Tokio y que en París ayudaron a inclinar la final del lado propio.

“Hemos ido cambiando el equipo y el espíritu es el mismo: ir a ganar”, dice Martina, la portera.

“Las jóvenes aportamos esta inocencia de no haber jugado ninguna final, no tenemos dolores de cabeza por saber que antes hemos perdido finales. Intentamos aportar ese sentimiento de ir a disfrutar sin que nos tiemble nada y ayudar a las veteranas también con el empuje”.

Marina Terré, de 21 años, jugaba su primera final olímpica.

No se arrugó.

Encauzó el partido con dos primeros cuartos que quedarán para los anales de la lectura en anticipación de los tiros.

Las veía venir y se movía antes al ángulo en el que interceptaría la trayectoria del balón, como si lo descubriera en el lenguaje gestual de las australianas.

Donde Gabriella Palm, su contraparte, paró siete de 18 tiros, el 39%, la catalana paró 15 de 24, el 63%.

“Estaba muy tranquila conmigo misma”, ponderó, con la medalla de oro ya colgada en el pecho; “me puse más nerviosa contra Holanda porque llevábamos varios campeonatos que nos hacían caminar por la cuerda floja. Contra Australia no creo que haya parado tanto. Con lo bien que defienden mis compañeras es muy fácil encontrar los huecos para parar. Ellas cierran con los brazos una parte de la portería y al final me dejan mi lado y ya está”.

Gracias al empeño solidario de todas y a la inspiración de Martina Terré en nueve acciones espléndidas frente a Williams y Andrews, Arancini, Kearns, Armit y Gofers, el equipo acabó los dos primeros cuartos con ventaja de 2-3.

Ni contra una menos, cuando España perdía una jugadora por sanción, podía prosperar el ataque australiano.

“Las inferioridades las hemos defendido de una manera increíble”, dijo Paula Leiton.

“Martina ha decidido que hoy se cerraba la persiana y se ha cerrado la persiana”.

Martina para empezar y Maica García, autora del 6-9 y el 7-11, para matar el partido.

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