Moisés fue primero que Jesús en el sentido histórico y cronológico. Según los cálculos más aceptados, Moisés nació aproximadamente en el año 1526 a.C., mientras que Jesucristo nació aproximadamente en el año 5 a.C. Por tanto, Moisés vivió alrededor de quince siglos antes del nacimiento de Jesús en Belén.
Sin embargo, la respuesta requiere una distinción importante. Desde la perspectiva de la existencia humana en la historia, Moisés fue anterior. Desde la perspectiva cristiana sobre la naturaleza divina de Jesús, Cristo no comenzó a existir en Belén, porque es presentado como eterno. Por eso, la pregunta puede responderse de dos maneras: Moisés fue primero como personaje histórico humano; Jesús es anterior a Moisés en cuanto al origen eterno que le atribuye la fe cristiana.

¿Cuándo vivió Moisés?
La cronología de la Biblia es infinita y eterna, como el relato de la creación (fecha desconocida; Génesis 1:1-31) hasta el final de los tiempos (Mateo 28:20).
Desde un punto de vista más práctico, y donde la mayoría de los eruditos concuerdan, la cronología de la Biblia comenzó con el llamado de Abram, a quién Dios llamó "Abraham" (Génesis 17:4-6) en el año 2166 a.C. y termina con la escritura del libro de Apocalipsis aproximadamente en el año 95 d.C.
Dentro del período comprendido entre el nacimiento de Abraham y el escrito del libro de Apocalipsis por parte del apóstol Juan, la historia nos ayuda a fijar una fecha para muchos de los acontecimientos y las personas descritas en el Antiguo y Nuevo Testamento.
Por ejemplo, se calcula que el nacimiento de Moisés fue en el año 1526 a.C., y que Josué entró en la tierra prometida aproximadamente en el año 1406 a.C.
Moisés fue el líder hebreo que liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto y lo condujo durante el éxodo. Su vida pertenece al período del Antiguo Testamento, muchos siglos antes del nacimiento de Jesús.
El período de los diez jueces de Israel terminó aproximadamente en el año 1052 a.C., en el inicio del reinado del rey Saúl. El rey Saúl, el famoso rey David (de cuya familia nacería Jesucristo), y el sabio rey Salomón hijo de David, administraron un reino unido de Israel.
En el año 931 a.C., después del reinado del rey Salomón, se dividió a Israel en el reino del norte y el reino del sur.
El exilio de Judá duró hasta el año 538 a.C. aproximadamente, cuando Ciro el rey persa le ordenó a Esdras regresar a Israel y construir un templo para Dios en Jerusalén (Esdras 1).
Los judíos restauraron Israel entre este momento y aproximadamente el año 432 a.C., cuando se escribió el último libro del Antiguo Testamento (Malaquías).
¿Cuándo nació Jesús?
Jesucristo, el Mesías de Israel, nació aproximadamente en el año 5 a.C.
Después de la muerte de Herodes el grande en el año 4 a.C., Jesús y Sus padres volvieron a Nazaret en Galilea (Mateo 2:19-23).
No se tiene ningún registro de la vida de Jesús en los siguientes diez años, hasta que podamos ver a Jesús a una edad de doce años sorprendiendo a los doctores de la ley en el templo (Lucas 2:40-52).
Jesús comenzó Su ministerio público alrededor del año 27 d.C, empezando con Su bautismo (Mateo 3:13-17).
En el período del año 29-30 d.C, Jesús pasó la mayor parte de Su tiempo en Judea, predicando, enseñando, haciendo milagros, incluyendo la resurrección de Lázaro de entre los muertos, y formando a los discípulos para que continuaran después de Su muerte.
A comienzos del año 30, Jesús hizo el firme propósito de ir a Jerusalén.
Durante la última semana de Su vida, Jesús celebró la pascua con Sus amigos, donde instituyó la cena del Señor (Lucas 22:14-20) y dio Su discurso de despedida.
Finalmente, fue traicionado, arrestado, juzgado, crucificado y resucitó (Mateo 26:36-28:8).
| Persona o acontecimiento | Fecha aproximada |
|---|---|
| Llamado de Abram | 2166 a.C. |
| Nacimiento de Moisés | 1526 a.C. |
| Entrada de Josué en la tierra prometida | 1406 a.C. |
| Inicio del reinado de Saúl | 1052 a.C. |
| División del reino de Israel | 931 a.C. |
| Fin aproximado del exilio de Judá | 538 a.C. |
| Nacimiento de Jesús | 5 a.C. |
| Inicio del ministerio público de Jesús | 27 d.C. |
| Muerte y resurrección de Jesús | aproximadamente 30 d.C. |
| Escritura del Apocalipsis | 95 d.C. |
Nota: Todas las fechas son aproximadas.
La diferencia cronológica entre Moisés y Jesús
Como Moisés vivió cronológicamente 13 siglos antes que naciese en Belén, sus palabras lucen temerarias.
La Enciclopedia Británica dice del célebre judío: “Moisés: hábil líder hebreo, liberó su pueblo de la esclavitud en Egipto, 13 siglos antes de Cristo”.
Esta referencia permite establecer la diferencia histórica fundamental: Moisés pertenece a una generación anterior a Jesús por aproximadamente trece siglos, aunque las fechas calculadas para el nacimiento de Moisés y Jesús permiten hablar de una separación cercana a quince siglos.
La diferencia entre ambas cifras se explica porque se trata de aproximaciones cronológicas y de distintos modos de calcular el período que separa la vida de Moisés del nacimiento de Cristo.
Moisés y Jesús en la relación entre la Ley y el Mesías
Jesús declaró que Moisés al escribir la Torá habló de él: “…de mí escribió él…” (Juan 5: 46).
Jesús no dijo que Moisés escribió sobre él a gente neófita sino a fariseos, sabios de la Ley mosaica, que con orgullo decían: “somos discípulos de Moisés” (Juan 9: 28).
Jesús reconoció su saber al decir: “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos” (Mateo 23: 1).
Y los desafió al decirles: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5: 39).
El fariseo Nicodemo le dijo: “sabemos que has venido de Dios…” (Juan 3: 2).
¿Cómo desconocer al Mesías señalado de Génesis a Malaquías al hablar con él?
Jesús usó argumentos contundentes: “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, sabrá si la doctrina es de Dios, o si hablo por mi propia cuenta”.
Pese a que sus discípulos no tenían estudios, les dijo: “¡Oh, insensatos y tardos de corazón para creer todo los que los profetas han dicho!” ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y entrara en su gloria?
Y empezando con Moisés, y siguiendo con todos los profetas, les declaraba todo lo que la Escrituras dice de él” (Lucas 24: 25 - 27).
Después de su resurrección, Jesús explicó nuevamente la relación entre su misión y las Escrituras anteriores:
“Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lucas 24: 44).
Tras una pausa, “les abrió el entendimiento, para que entendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas” (Lucas 24: 45 - 46).
Las profecías relacionadas con el nacimiento de Jesús
Unos extranjeros preguntaron a Herodes en su palacio: “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle” (Mateo 2: 2).
El rey pensó que sería un competidor y se turbó: “Convocados los principales sacerdotes… les preguntó dónde había de nacer el Cristo” (Mateo 2: 4).
Israel sentía que era hora de cumplirse una profecía de Moisés: “Saldrá ESTRELLA de Jacob (nombre que Dios cambió por Israel en Génesis 32: 28), y se levantará cetro en Israel…” (Números 24: 17).
Los magos vieron en la estrella de Belén una señal divina: nacía quien tomaría el cetro de Israel.
Para estar seguro, preguntó al clero: ¿dónde dice la Biblia que nacería Cristo?
La respuesta de los fariseos, que dirigían el Sanedrín, fue contundente: “En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta” (Mateo 2: 5).
El verso estaba en boca de todos: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será el Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5: 2).
Aún se recordaba el inusual relato de unos pastores: “Se les presentó un ángel del Señor… [que] les dijo: No temáis; que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor… y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios…” (Lucas 2: 9 - 13).
Días después la profetisa Ana, mujer que “no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones… daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén” (Lucas 2: 36 - 38).
Ella reconoció al Redentor y lo proclamó a quienes esperaban la redención en Jerusalén.
La gente también expresó una expectativa mesiánica: “La gente… aclamaba… ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (Mateo 21: 9).
¿Qué escribió Moisés acerca de Jesús?
Jesús afirmó que las Escrituras de Moisés daban testimonio de él. La interpretación cristiana considera que distintos elementos de la Torá apuntan hacia la persona, la misión y la obra de Cristo.
Como hay que empezar por algún lado, buscaremos el significado de los nombres los 10 patriarcas -de Adán a Noé- en hebreo antiguo, cosa fácil de hacer usando el texto de James Strong.
Buscaremos el significado, no la traducción, de los patriarcas desde la Creación al Diluvio, y al copiar consecutivamente el significado estaremos ante una estremecedora frase.
La frase de los 10 patriarcas empezó cuando “Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue un ser viviente” (Génesis 2: 6).
Con él comenzó la historia: era el año 1.
Su Padre, Dios, le eligió nombre: “…Adán, hijo de Dios” (Lucas 3: 38).
Y así como Dios hizo a Adán y Eva a su imagen y semejanza -Génesis 1: 26- Adán “engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen” (Génesis 5: 3).
Toda la humanidad procede de Adán, pero no de Set al tener Eva otros “hijos e hijas” (Génesis 5: 4).
El primero, tras Caín y Abel, fue Set: “Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set. Porque Dios -dijo ella- me ha substituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín” (Génesis 4: 25).
Set fue visto como ‘citado’ en lugar de Abel, substituto.
Dar nombre a un hijo es dar dirección a su destino.
En el año 235 nació Enós.
El nombre del primogénito de Set, Enós, significa ‘hombre mortal, frágil’.
La Biblia dice que fue en tiempos de Enós que “los hombres empezaron a invocar el nombre de Jehová” (Génesis 4: 26).
El nombre de Mahalaleel incluye la voz EL, una de las denominaciones más importantes de Dios en la Biblia.
La voz EL fue usada por Dios al dar nombre a los ángeles más importantes: Miguel y Gabriel.
La usó también al cambiar el nombre de una gran figura: Jacob, por Israel.
Se usó en el nombre de ilustres profetas: Samuel, Ezequiel, Daniel y Joel.
Samuel significa ‘el oído por Dios’; Ezequiel, ‘Dios fortalece’; Daniel, ‘Dios es mi juez’ y Joel, ‘Jehová es Dios’.
Al usar EL como sufijo al crear nombres, Dios da un toque de sí mismo al receptor.
Al nacer el primogénito, Jared -año 460, edad de Adán, de quien era chozno-; tataranieto de Set, de 330 años; bisnieto de Enos (240 años); nieto de Cainan (195 años a cuestas); e hijo de Mahalaleel, (65 años).
Mahalaleel sorprendió al escoger ‘descenderá’.
Si dice que el nombre de Jared debe verse como ‘descender de Dios’, no opina, traduce; y lo hace respetando la letra y el espíritu de la Torá, que firma Moisés.
Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” y dice clarito “Yo soy el pan que descendió del cielo” (Juan 6: 32 - 33 y 41).
Otro autor ratifica: “Jared means to descend”.
Seguro que los fariseos, ocupantes de la cátedra de Moisés -Mateo 23: 2- sufrieron al ser descubiertos, porque con precisión Jesús les dijo: “si creyeseis a Moisés, me creerías a mí, porque de mí escribió él” (Juan 5: 46).
Se entiende parafraseando dos versículos: “El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos hablaron a lo largo de la historia a través de los profetas, y en estos postreros tiempos nos habló personalmente el Hijo”. (Ver Hebreos 1: 1 -2)
Ergo, cuando Moisés -u otro- escribía, Jesucristo inspiraba.
La importancia de distinguir entre Moisés histórico y Jesús eterno
La cronología histórica coloca a Moisés mucho antes que Jesús. Moisés nació aproximadamente en el año 1526 a.C.; Jesús nació aproximadamente en el año 5 a.C.
Pero la afirmación cristiana sobre Jesús no se limita a su nacimiento humano. Jesús es presentado como más que un ser humano.
Por esa razón, la pregunta “¿quién fue primero, Moisés o Jesús?” debe considerar dos planos:
- En el plano histórico: Moisés fue primero.
- En el plano del nacimiento humano: Moisés nació aproximadamente quince siglos antes que Jesús.
- En el plano teológico cristiano: Jesús es eterno y existía antes de su nacimiento en Belén.
- En el plano de la relación bíblica: Jesús interpretó la Ley de Moisés como un testimonio que señalaba hacia él.
La vida de Moisés antes y después de su encuentro con Dios
Al igual que otros personajes bíblicos Moisés fue un hombre ordinario, al que Dios transformó en un hombre extraordinario.
Hay un antes y un después en la vida de Moisés, tal y como la hubo en Abraham, Jacob, David, Jeremías, los discípulos, Pablo y otros más.
Moisés asesinó a un hombre y era un fugitivo, a pesar de ello Dios lo llamó y lo utilizó.
Entonces, ¿cuál es la diferencia entre él y el resto?
Bueno, para mí es simple, Moisés pasó mucho tiempo en comunión con Dios.
Tuvo una línea de comunicación directa y constante con el Señor.
Fue un diálogo continuo entre ambos.
Me encanta que caminaran uno al lado de otro.
Que Dios le revelara todos sus planes, que lo usara como medio para anunciarle sus planes al Pueblo.
Que cada vez que Moisés quisiera hablar con Él no hacía cita previa, sino que simplemente llegaba al punto de encuentro que establecieron, es decir, al Tabernáculo de Reunión.
Me encanta que en cada tribulación, problema o necesidad, Moisés sabía hacia donde volver la mirada.
Su relación fue tan estrecha que llevó a Moisés de ser un hombre iracundo a un hombre pacifico.
Moisés se convirtió en un hombre manso, una cualidad significativa e imprescindible delante de los ojos de Dios, Moisés era el hombre mas manso sobre la faz de la tierra (Nm 12:3), humilde (Biblia de Las Américas).
Fue precisamente por esta virtud que Dios dijo de él: en toda mi casa él es fiel. Cara a cara hablo con él, abiertamente y no en dichos oscuros, y él contempla la imagen del Señor, (Nm 12:7).
Mientras que el pueblo observaba cuando Dios se reunía con Moisés en el Tabernáculo y evitaba escuchar Su Voz, Moisés pasaba días enteros a solas con Él.
Para Moisés pasar cuarenta días a solas con Dios no tenían ningún valor significativo, Él sabía que estar delante de la presencia de Dios era mas sublime y mas satisfactorio que cualquier manjar suculento.
Hubo un antes y un después en la vida de Moisés, del hombre temeroso y asombrado que se encontró con Dios en aquella zarza al hombre a quien le resplandecía el rostro por pasar días con Dios, no quedaba mas que el recuerdo escrito en el Pentateuco.
El encuentro con la zarza fue sorpresivo, el encuentro en el Monte Santo era habitual.
Moisés fue transformado, pasó de ser torpe de lengua a ser el profeta de Dios.
Pasó de ser un hombre tímido a un hombre valiente que derrotó a los enemigos de Dios.
Pasó de ser un hombre que intentaba resolver los problemas por sí mismo a ser un hombre que dependía de Dios todo el tiempo.
Moisés no impartió su propias justicia sino que se dejó guiar por la Justicia de Dios.
Dejó de condenar para interceder, aun cuando el pueblo era injusto.
Después del encuentro en la zarza, Moisés aprendió a sentir como Dios sentía.
Llegó a saber cuanto le dolía a Dios ver la incredulidad del pueblo, la frialdad, el negativismo, la insolencia y la capacidad de olvidar que tuvieron.
Moisés sintió lo que Dios sentía al ver como el Pueblo rápidamente se iba en pos de dioses falsos, dioses ficticios.
Supo lo que Dios experimentaba al ver a un pueblo desagradecido.
La Verdadera Historia de Moisés: La Historia del Líder Más Grande de la Biblia / Historia Bíblica
La fe de Moisés y su relación con Cristo
Ahora ¿cómo llego a esta conclusión? Porque Moisés confiaba ciegamente en Dios.
Aun cuando al inició dudó y se intentó excusar, se convenció de cada palabra que salió del corazón de Dios.
El autor de Hebreos nos lo confirma al decir: Por la fe Moisés, cuando era ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes de ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado, considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque tenía la mirada puesta en la recompensa (He 11:24-26).
Para comprender los sentimientos de Moisés en la presencia de Dios debemos recurrir a las palabras del apóstol Pablo quien dijo: pero todo lo que era para mí ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo.
Y aun más, yo estimo como perdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo (Fil 3:7-8).
La relación entre Moisés y Jesús no se presenta como una competencia entre dos personajes de la misma época. Moisés fue el mediador histórico de la Ley y el libertador de Israel de Egipto; Jesús, según la fe cristiana, es el Mesías anunciado y el Salvador.
Moisés como figura que conduce hacia Jesús
Jesús afirmó que si sus oyentes creían realmente en Moisés, también creerían en él, porque Moisés escribió acerca de él: “si creyeseis a Moisés, me creerías a mí, porque de mí escribió él” (Juan 5: 46).
La comparación entre ambos también aparece en la manera en que sus vidas transforman la historia bíblica. Moisés condujo al pueblo fuera de la esclavitud en Egipto; Jesús es presentado como quien trae arrepentimiento, perdón de pecados y redención.
Jesús declaró: “De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (Juan 6: 32 - 33).
Y añadió: “Yo soy el pan que descendió del cielo” (Juan 6: 41).
De este modo, la función de Moisés y la identidad de Jesús se relacionan, pero no se confunden. Moisés aparece como siervo, profeta y conductor del pueblo; Jesús aparece como el Mesías y como aquel cuya existencia, según el relato cristiano, precede a su nacimiento terrenal.
La comunión con Dios en Moisés y la comunión con Jesús
Lo que marca la diferencia entre ser seguidor de Jesús y ser seguidor de una religión es la forma en la que nos relacionamos con Jesús.
Porque si bien es cierto que dentro de una determinada religión tu debes llevar a cabo muchos rituales, hacer muchos méritos, y estar inmerso en miles de actividades, en el cristianismo lo único que necesitas es tener una comunión intima con Jesús.
No necesitas hacer mil cosas para tener comunión con tu Señor, al contrario, necesitas tener comunión con tu Señor para llevar a cabo mil cosas.
Moisés intentó salvar a su gente por la fuerza, lo cual fue inútil.
Luego, tuvo una comunión intima con Dios y fue capaz de liberar a su pueblo y conducirlo hacia la tierra prometida.
Primero es la comunión y luego es la acción.
De esa cuenta, mi deseo es que mantengamos una comunión constante con Dios, que le busquemos en oración, en tiempos de paz como en tiempos de angustia, en todo momento.
No por necesidad, ni por costumbre, sino porque hemos comprendido que es mejor pasar a solas con Él cada día.
Porque hemos llegado a entender que es mejor a su lado que lejos de Él.
La transformación espiritual y el ejemplo de Jesús
La meta de cada cristiano es ser como Jesús.
Parecerse a Él, vivir como Él vivió, andar como Él anduvo.
Hacer lo que Él hizo.
Hablar como Él, ser como Él.
Y para lograrlo lo que debemos hacer es dejar que día a día Dios nos vaya transformando.
Entre mas lo busquemos, entre mas caminemos con Él, entre mas anhelemos su presencia en nuestra vida, entre mas nos sujetemos a sus mandamientos, entre mas nos dirijamos hacia Él, mas nos pareceremos a Él.
Nuestro rostro reflejará la gloria de Dios, seremos luz en medio de la oscuridad, seremos como luminares y viviremos como hijos de luz.
Todos los días debemos dejar que la luz de la Palabra de Dios nos inunde y que la Guía del Espíritu Santo nos dirija hacia donde Él quiera que vayamos.
Debemos doblar nuestras rodillas y hablar con Dios siempre.
Esos dos encuentros de Moisés con Dios en la zarza y luego en el Monte Santo circulan en mi mente una y otra y otra vez.
No dejan de impactarme porque marcan un antes y un después en la vida de Moisés.
Muestran que los años que Moisés caminó con Dios tuvieron un efecto en su vida extraordinario.
El Moisés de la zarza no se parece en nada al Moisés que recibió los Mandamientos de Dios en el monte Santo.